UNIVERSELLES LEBEN e.V. – 5. October 2013, 18:41
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La Palabra de Dios dada a través
de los profetas del Antiguo Testamento.
La Palabra de Dios hoy dada a través
de Su Profeta actual

La Palabra del Eterno que Gabriele recibió el 19.04.2005 sobre la situación mundial actual, la pueden leer a continuación:

Yo Soy Dios, el Eterno.
Yo Soy el Dios de Abrahán, Isaac y Jacob.
Yo Soy el Dios de todos los profetas justos.
Mi Palabra es la palabra viva, la verdad, la ley eterna del amor.

En todos los tiempos tomé a seres humanos y los convertí en Mis portavoces, en profetas de Dios. A través de ellos hablé a los hombres que abrieron su corazón para Mí, el Eterno, y emplearon su entendimiento para sopesar y medir, para encontrar la verdad en sus corazones, en el fondo del alma. Ellos se esforzaron y se siguen esforzando hoy en vivir la ética y moral del interior, que se derivó y se desprende de Mis Mandamientos y también de las orientaciones, de las enseñanzas legítimas que anunció Mi Hijo, llamado Jesús, el Cristo, a quien envié a los hombres para que estos encontraran el camino hacia el hogar eterno.  

Únicamente Cristo es el Camino, la Verdad y la Vida en Mí, el Espíritu del amor y de la libertad.

Jesús, quien según la carne era el hijo de un carpintero, se vestía como el pueblo. También los profetas que envié a los hombres iban vestidos como el pueblo. Ningún ser celestial que se hizo hombre para anunciar como ser humano Mi mensaje, se vistió de púrpura, oro y seda. Y ningún profeta puso sobre sí un suntuoso aparato de poder con el cual, en base a sutilezas teológicas y enseñanzas que contradicen la ley eterna, hechizara al pueblo para que éste venere a personas y crea que a Dios sólo se puede acercar por mediación de «dignatarios» eclesiásticos. Las apariencias externas y las verdades aparentes de la ignorancia eclesial  hicieron desde siempre y siguen haciendo que hombres y almas empobrezcan espiritualmente y queden abandonados.

En todos los tiempos los mandatarios eclesiásticos, adornados con títulos, lujo y poder, infundieron miedo al pueblo, y astutamente lo convirtieron en seres dependientes de su enseñanza de la condenación. El hombre Jesús fue un hombre del pueblo. El provenía del pueblo y permaneció con el pueblo. Jesús aprendió el oficio de su padre carnal y también lo ejerció. Los profetas que en todos los tiempos envié a la Tierra eran hombres provenientes del pueblo y obraron dentro del pueblo como sus iguales. Ellos daban Mi Palabra de forma sencilla. No pretendían ser mejor que todos los demás. Ni pompa, lujo ni afán de poder les di para que llevaran en su recorrido como profetas. Ni fueron ni son intelectuales. Ni coronaron ni coronan sus cabezas, ni se vistieron ni se visten de acuerdo con hábitos elegidos por hombres para provocar veneración de parte del pueblo, de modo que el alma popular les rinda respeto y homenaje y los festeje como a los escogidos de Dios.  

Yo Soy el Dios omnipresente que vive en cada persona y en todas las formas de la Tierra, de todo el infinito. Yo no Soy el Dios de las tradiciones rígidas, de los dogmas y ritos, el Dios que hace dependientes a los hombres y los ata con gestos amenazantes a una religión pagana artificial.

Los cabecillas coronados de la Iglesia toman Mi nombre y el nombre de Mi Hijo. Hábilmente, con retórica teológico-intelectual, orientan al pueblo hacia su enseñanza de la condenación y hacen creer a los hombres que Yo estoy con la enseñanza de los seductores eclesiales, con sus tradiciones y ritos. Sin embargo, su corazón es frío y se caracteriza por su afán de poder. Aquel que pone en escena una llamada representación de dogmas no tiene idea del Uno universal, que Yo Soy, ni de Mi Hijo.

De la escenificación de los actores eclesiales sólo no se dan cuenta aquellos que también quieren actuar con ellos, para poner en escena un papel en el teatro del mundo, que les proporcione dignidad y prestigio en la Iglesia y el Estado. El pueblo, que no ha aprendido a pensar, aplaude y presta obediencia pagando.

Yo no he fundado iglesias de piedra ni tampoco lo hizo Mi Hijo, llamado Jesús, el Cristo. No he llamado a cardenales, obispos, sacerdotes ni curas, ni mucho menos a un representante de Dios. Yo mismo estoy representado en cada persona, en todo el infinito

Yo no he dejado que desde el Cielo le llueva a la inmensamente rica Iglesia su fortuna de miles de millones ni tampoco he vestido a sus representantes de púrpura y piedras preciosas. Los miles de millones provienen del pueblo torturado y maltratado y del Estado, que abre su monedero estatal más para los ricos que para los más pobres entre los pobres.

Lo que la Iglesia multimillonaria ofrece sólo es una efímera obra humana. Aquel que rinde tributo a esta obra de poder no sólo no Me entenderá a Mí, el Eterno, a través de personas sencillas que he llamado y preparado para Mí, para Mi Palabra, sino que los va a perseguir y a calumniar de modo semejante a como lo hizo en todos los tiempos la casta sacerdotal con los profetas y sobre todo con Mi Hijo, Jesús, el Cristo.

El que rinde homenaje a un aparato eclesial de poder y vitorea a personas cuyas estructuras satánicas de poder causan estragos terribles en las almas de los hombres, le ha entregado su modo de pensar y su entendimiento a aquel que abusa de la enseñanza de Jesús, el Cristo y está por tanto contra el corregente de los Cielos, contra Mi Hijo, Jesús, el Cristo.  

Jesús, el Cristo, entre otras cosas recomendó a los hombres que fueran a un aposento tranquilo y cerraran la puerta tras de sí para rezar en silencio a Aquel que vive en el templo de carne y hueso, en el alma de cada persona. El que visita una casa de piedra, que está registrada como iglesia y ha sido decorada de forma fastuosa y magnífica, no Me reza a Mí con el corazón y todos los sentidos, tampoco aunque pronuncie Mi nombre.

Muchos de estos que rezan, a la Iglesia, a los siervos de los «mercenarios alquilados», van en peregrinación hacia sus «pastores», como esclavos hacia sus señores, hacia excelencias y eminencias eclesiásticas. Cuanto más ostentoso se muestre el hábito, tanto más alto es el rango de los peregrinos que van en romería hacia esos sus señores, especialmente cuando los llama uno que dice ser el «santo Padre». A éste tienen que rendirle entonces los honores correspondientes, seguramente que no en vano, ya que el Vaticano tiene más de algo que otorgarles y darles, mensajes de su especie, muchas cosas que tienen como consecuencia más de algo desagradable e incluso cruel.

¿Quién es el llamado «santo Padre» que tendría que ser Mi «representante» en la Tierra? Un anunciador de dogmas que ha transformado en lo contrario las sencillas palabras de Jesús, cometiendo con ello una traición a la enseñanza de Jesús, el Cristo.

Jesús enseñó que sólo Dios, que Yo Soy, es santo, y que el hombre no debería llamar a nadie en la Tierra «padre», fuera de a Aquel que está en el Cielo y que Yo Soy en la palabra a través de la boca de los profetas. Todo lo inmoral que sucede en este mundo, incluyendo lo que hacen los representantes de las instituciones eclesiásticas y sus seguidores, lo tapará la Tierra poco a poco.  

Mi Palabra es la verdad. Lo que manifesté a los hombres que acogen Mi Palabra con corazón y entendimiento, sucederá. El aparato eclesiástico de poder, al que sobre todo se sienten pertenecientes los gobernantes de este mundo, y las ovejas que no se atreven a pensar, que aceptan todo lo que los eclesiásticos ansiosos de poder ponen en escena a través de sus dogmas, a más tardar en el Más Allá van a reconocer como almas que no Me rezaron a Mí, el Dios de eternidad a eternidad, sino que a los ídolos que se presentaron en piel de cordero y entretejieron Mi Nombre en su lana. Es el anticristo, que con toda comodidad se da la gran vida en la riqueza, mientras muchos seres humanos se consumen y mueren de hambre.

La Madre Tierra va a vencer a este mundo. Yo Soy el que Soy, omnipresente, también en cada planeta y con ello también en la Madre Tierra.  

Ésta ha sido Mi Palabra, expresada a través de Mi profeta, la que como todos los profetas pertenece al pueblo y no pertenece a ningún aparato eclesiástico de poder ni a ninguna estructura de poder eclesial. 

Yo Soy el Padre de todos Mis hijos, que en el fondo del alma está unido con todos en amor.