UNIVERSELLES LEBEN e.V. – 3. January 2014, 13:11
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Índice de esta página:

Prólogo

«Los curas no han podido escarnecer a la religión cristiana de modo más vejatorio que con este culto a los santos.»

Tampoco «La Santísima Trinidad» es una creación de la silla de san Pedro

¿Hacia dónde conduce el Papa «infalible» que reina en la silla de san Pedro? Terribles asesinatos masivos después de torturas en Argentina en 1983 (!) con conocimiento y por sugerencia de la Iglesia

Canonización del Papa Juan Pablo II: se está esperando aún el «milagro» debido

¿Por qué un «Santo» padre fallecido todavía ha de ser canonizado?

«Curiosa» continuidad en la elección de Papas

El nombre «Benedicto» – ¿casualidad o «continuidad»?

La cascada de crímenes a través de los siglos: descendientes de descendientes de descendientes

«En esta Iglesia hace tiempo que ya no se puede salvar nada, sino sólo a uno mismo y a otros de ella.»

Dios-Padre en 1997: «¿No sabéis que en el Reino del interior
no hay santos…?»

Prólogo

Nuestra serie de programas «Para personas con buena capacidad analítica. ¿Quién está sentado en la silla de san Pedro?» ha despertado gran interés en todo el mundo. Hemos puesto al descubierto innumerables hechos sobre la silla de san Pedro y hemos mostrado también las pruebas correspondientes. Muchos oyentes están impresionados e indignados por la brutalidad y la desfachatez con que la casta sacerdotal pagana abusa del nombre de Jesús, el Cristo. Muchos oyentes nos plantean también preguntas muy interesantes en sus cartas. Algunas de ellas queremos contestar en este programa de hoy.

«Los curas no han podido escarnecer a la religión cristiana de modo más vejatorio que con este culto a los santos.»

La primera pregunta:
«Ustedes han dicho que los primeros cristianos no conocían la adoración a los santos. ¿Cómo fue a parar entonces este culto pagano al cristianismo?»

Respuesta: Los primeros cristianos sólo recordaban en agradecimiento, por ejemplo, a los mártires que habían ido a la muerte por su creencia en el Cristo vivo, pero jamás veneraron a estos hombres. Ellos sabían que Cristo vive con Su fuerza en cada persona y que por ello no tiene sentido orientarse a seres humanos, sino que sólo había que orientarse a Cristo. De este recuerdo se hizo después con el tiempo un culto. Los primeros signos de ello los encontramos ya en el siglo II, en el que ocurrió lo siguiente: los cristianos de la ciudad de Esmirna, la actual Izmir de Turquía, sacaron los restos mortales del mártir san Policarpo de las cenizas de la hoguera, donde había sido quemado su cadáver, y le tributaron homenaje y culto.39 Fue allí entonces donde se inició el paganismo. Esto fue por el momento sólo un caso aislado, al que más tarde le siguieron sucesos de una naturaleza semejante. En el siglo IV tal veneración de los llamados «santos» se había extendido ya ampliamente.40
Tal vez en este punto podemos citar un extracto del libro: «El espejo de los frailes», de Otto von Korvin, que se publicó en 1845. El autor dice: «Los cristianos de los primeros siglos no sabían nada de santos. Ciertamente respetaban a los mártires o a los que habían dado testimonio de fe con su propia sangre. Los nombraban en sus reuniones y los presentaban como modelos ejemplares en su comunidad; y esto era muy natural y algo que se puede aprobar. Sólo cuando Constantino se convirtió al cristianismo y se traspasaron muchos elementos del paganismo a la Iglesia cristiana, se adoptó también el culto a los santos. Los paganos estaban acostumbrados a rendir sacrificio a sus héroes, y los sacerdotes cristianos traspasaron esta usanza a sus héroes de la fe.
Mientras toda persona creía estar igualmente cerca de Dios, el culto a los santos tenía que considerarse como algo carente de sentido. Pero cuando los curas se impusieron como intermediarios entre Dios y el resto de los seres humanos, no estaba lejos el dar un paso hacia la fe disparatada de que en el Cielo los santos forman la corte de Dios, al igual que ministros y chambelanes, y que quien deseaba conseguir algo de su majestad celestial, sólo tenía que sobornar a aquellos con oraciones y ofrendas.
Los curas no han podido escarnecer a la religión cristiana de modo más vejatorio que con este culto a los santos.»

Aquí sería conveniente añadir la siguiente pregunta de un oyente:
«Ustedes han insinuado que los santos de la Iglesia fueron tomados en muchos casos directamente del paganismo. ¿Podrían nombrar algunos ejemplos de ello?

Respuesta: Existen efectivamente algunos ejemplos. Karlheinz Deschner, el gran historiador y crítico alemán de la Iglesia, en su libro «Abermals krähte der Hahn»41 («Y una vez más cantó el gallo»), nombra a algunos de estos santos, por ejemplo, el dios griego Apolo pasó a formar parte de la Iglesia como «san Efebo». Apolo tenía el apodo de «Ephoibios», del que resultó «san Efebo». El dios de los griegos, Dionisio, tenía el sobrenombre de «Eleuterios» (el Redentor) y éste se tomó igualmente como «san Eleuterio». Incluso el padre de los dioses, Zeus, entró al cielo de los santos cristianos. Él tenía el apodo de Nikeforos, y de éste resultó «san Nicéforo».
O sea que los dioses griegos cambiaron directamente sus funciones convirtiéndose así en «santos». Hay otro ejemplo, que es el de los semidioses griegos Cástor y Pólux. También ellos fueron acogidos, aunque se les cambió el nombre, convirtiéndose en «Cosme» y «Damián». Pero los campos de acción de dichos santos siguieron siendo los mismos, siendo venerados en los mismos lugares donde antes habían sido venerados los dioses griegos, ahora bajo representación eclesial. También se les atribuyó la capacidad de hacer milagros semejantes, esto es, que podían provocar sanaciones. Incluso se llevaron a cabo ritos parecidos a los anteriores, por ejemplo, encender velas, poner estatuas, vender pequeñas vasijas de arcilla para aceite.42 En el tiempo en que todavía había cultos paganos existían empresas que construían tales vasijas, tanto para cultos paganos como al mismo tiempo para la Iglesia.43
Vemos entonces que existe aquí una relación directa. Karlheinz Deschner escribe lo siguiente en su «Historia criminal del Cristianismo»: «Sólo pocas iglesias han sido construidas en algún lugar de la Tierra, donde antes no hubiera habido un templo pagano.»44 Se llegó incluso tan lejos que hasta se apoderaron de las fiestas. Por ejemplo, el calendario católico de fiestas cita la Fiesta de la «Candelaria» el 2 de febrero. Esta fecha se corresponde exactamente con la fiesta de la diosa griega «Deméter». La Ascensión de María se celebra el 15 de agosto; esta fue originalmente la fecha de la fiesta de la diosa Diana. Diana era una diosa-madre, que después se transformó directamente en María, la madre de Dios.
En la región alemana de Franconia se celebra en agosto la costumbre del «Würzbüschel» (el ramillete de hierbas): en esa ocasión se recogen determinadas hierbas, se las ata formando un ramito y se las lleva a la iglesia. Esta era originalmente una costumbre de los germanos en honor de la diosa del amor y la fertilidad «Freya». Esto ya no lo sabe nadie, y por eso se dice que se trata de una tradición de la Iglesia en honor a «santa María».
Incluso las «Navidades» eran originalmente la fiesta del dios sol del culto a Mitra. El 24 de diciembre es sin duda alguna la fecha en que en el culto a Mitra –y también en otros cultos, p. ej., en Egipto–, se celebraban grandes fiestas.

Otra pregunta va en la misma dirección:
«¿Qué dioses o ídolos del paganismo corresponden a los actuales santos?»

Respuesta: Muchas personas que pertenecían a una religión pagana, y que fueron convertidos al cristianismo por los misioneros de la Iglesia, tal vez siendo en parte obligados a ello, se negaron a separarse de sus dioses, a no ser que en el «cristianismo» romano pudiesen encontrar un sustituto satisfactorio. Así fue como las diosas y los dioses cambiaron de nombre para convertirse en santos. Por ello el culto a los santos de hoy corresponde al culto a los dioses de antaño.

O sea que aquí tenemos que enfrentarnos a una idolatría. Cuando el paganismo se mezcló con el cristianismo, y la Iglesia hizo convertir en «santos» a algunos dioses paganos, los proveyó sencillamente con nombres de sonido parecido. Así fue, por ejemplo, con la diosa Victoria, que era venerada al pie de las montañas de los Alpes franceses y ahora se llama Sainte Victoire, «santa Victoria». Al dios pagano Cheron o Sheron se le cambió el nombre por «san Jenaro». La diosa Brighit, que era venerada y presentada como hija del dios sol con un niño en brazos, habría sido en realidad el modelo adecuado para María, pero para ello ya se había elegido a Diana, y por ello fue nombrada entonces «santa Brígida».
En tiempos paganos, en su templo más importante en la localidad de Kildare, en Irlanda, servían las llamadas vestales, que eran las sacerdotisas que en estos templos estaban a cargo del fuego sagrado. Más tarde sus templos fueron simplemente transformados en conventos y las vestales se convirtieron en monjas. Ellas continuaron cuidando del fuego ritual, pero ahora se llamó el fuego de «santa Brígida». De este modo mucho de lo que era pagano fue transformado en católico, pero no por ello se convirtió en cristiano. Lo que fue pagano sigue siendo pagano, aunque ahora se llame católico. Pero cristiano no es.
Esto llegó hasta tal punto que en el año 610, el Papa de aquella época, Bonifacio IV, convirtió en iglesia «cristiana» el Panteón de los romanos, un santuario de todos los dioses del Imperio romano, y en esa ocasión el Papa introdujo también al mismo tiempo la fiesta de «Todos los santos». Por tanto, también en este caso se trata de una incorporación directa de esta colección de todos los dioses en la fiesta de Todos los santos, y con las bendiciones de esta Iglesia.

Estos pocos ejemplos muestran que la silla de san Pedro convirtió a los dioses paganos en santos. ¿Cómo se hace esto compatible con el mandamiento «No adorarás a otros dioses aparte de Mí», que Dios dio a través de Moisés? Esto es absolutamente lo contrario. Es simple y llanamente un increíble escarnio de este Mandamiento.
Así, más de una persona que hasta ahora no sabía nada de esto, se indignará al enterarse de que para estos fines tan miserables se haya puesto ante el carro pagano al gran maestro, al maestro del amor y de la paz, Jesús, el Cristo.

Tampoco «La Santísima Trinidad» es una creación de la silla de san Pedro

Una pregunta que nos ha llegado dice lo siguiente:
«En vuestro último programa se habló de los santos. Al escucharlo tuve que pensar en La Santísima Trinidad, que existe tanto en la Iglesia católica como en la luterana. ¿De dónde viene “La Santísima Trinidad”?»

Respuesta: tampoco en el caso de La Santísima Trinidad se trata de una creación de la Iglesia católica. Ya en tiempos de los sumerios, unos tres mil años antes de Cristo, se adoraba a una trinidad: eran los dioses An, Enki y Enlil. En relación con esto se entiende también mejor por qué Dios a través de Moisés hizo hincapié en el hecho de que hay solo un Dios. Tenía entonces su razón de ser el que Dios dijera a Moisés con tanta claridad: «Yo soy el Señor, tu Dios, no tendrás otros dioses aparte de Mí.»
En aquel tiempo había alrededor de 3.000 dioses. Todos ellos tenían a su vez sus clasificaciones especiales. Había una diosa del amor y de la maternidad, un dios de los fenómenos atmosféricos, un dios constructor, una diosa de los cereales, un dios de los animales y muchos otros. Aquí se reconoce una distribución de tareas similar a la que se encuentra en la actualidad en la Iglesia católica entre los denominados santos.
Así se puede decir con toda claridad que los santos de la Iglesia católica tienen su origen en el paganismo.
Hay otros ejemplos, como la diosa germánica Frik, la diosa de la fertilidad; en la Iglesia católica hay una santa para la fertilidad: Marina de Antioquía. O Gefion, que en la mitología germánica es la diosa de la familia y de la felicidad. Hoy el santo para la familia es san José, como se desprende de un santoral católico. También había diosas protectoras para la medicina en la mitología egipcia, por ejemplo, Seket. Correspondientemente existen también en el catolicismo santos para curanderos y médicos, como san Blas, Ciro, Cosme y Lucas. Esta enumeración podría continuarse interminablemente.

Dado que antes hablamos de dioses y de diosas, tal vez deberíamos ocuparnos otra vez de una pregunta que nos es planteada con frecuencia y que dice:
«Habéis hablado de los santos. María también es venerada como una santa. ¿Enseñó esto Jesús?»

Respuesta: Ya en emisiones anteriores se dijo que Jesús no veneró a su madre María como santa, y que no enseñó nada en ese sentido. Con mucha claridad lo describe el autor alemán August Bebel en su libro «La mujer y el socialismo»: «Con la introducción del culto a María, la Iglesia católica introdujo con calculadora astucia a María, en lugar del culto a las diosas paganas que existía en todos los pueblos por los que se extendía en aquellos tiempos el cristianismo. María ocupó el lugar de Cibeles, Melita, Afrodita, Venus, Ceres, etc. de los pueblos meridionales, y el lugar de Freya, Frigga, etc. de las divinidades germánicas. Sólo que fue idealizada en el sentido espiritual cristiano.»
En la Biblia, en Lucas 11, 27-28, puede leerse una explicación muy clara. En la situación descrita, Jesús hablaba a las gentes reunidas, y una mujer de la multitud Le dijo: «Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron». Y Jesús le respondió: «Dichosos más bien los que oyen la palabra de Dios y la guardan.»
Esta respuesta corresponde seguramente de forma plena al sentido de lo que quería María, pues ella era una mujer sencilla y modesta, y jamás habría aceptado que se hiciera un culto de su persona así como hoy se lleva a cabo en la Iglesia.

Según la enseñanza de la Iglesia, se debe rezar a los santos, y es de imaginar que muchas personas invocan también a los llamados santos. Pero si observamos el mundo actual, uno se pregunta: ¿Tienen acaso los santos acceso a Dios? La situación de nuestro mundo actual muestra todo lo contrario.
Al respecto más de alguien pensará que existe al parecer un problema de comunicación. Pues en realidad si se piensa en cuántas personas rezan supuestamente a los santos para protegerse de inundaciones, de sequías, de tormentas, etc., resulta extraño que de una actuación de los santos se note tan poco. Puesto que, como todo el mundo sabe, la situación de nuestra Tierra es desastrosa.
También para rechazar las enfermedades se invoca a los santos, y tampoco en este sentido ha mejorado el estado actual del mundo, sino que por el contrario, ha empeorado. El santo competente para las enfermedades de los animales es Bernardo de Claraval. No obstante, una mirada al mundo muestra que las enfermedades de los animales van aumentando. Aún cuando no se sabe cuántos le rezan para que haga algo en contra de ello, parece que eso no funciona. Valdría tal vez la pena preguntarse qué es lo que «funciona» de todo lo que está ocurriendo.

¿Hacia dónde conduce el Papa «infalible» que reina en la silla de san Pedro? Terribles asesinatos masivos después de torturas en Argentina en 1983 (!) con conocimiento y por sugerencia de la Iglesia

¿Hacia dónde conduce el Papa «infalible» que reina en la silla de san Pedro? Terribles asesinatos masivos después de torturas en Argentina en 1983 (!) conUna pregunta de otro oyente:
«Habéis dicho ya varias veces en vuestros programas que el Papa permite que se le denomine “conductor del orbe terrestre”, a pesar de que hasta ahora realmente ha conducido al mundo al caos. ¿De dónde viene este concepto?»

Respuesta: resulta desconcertante constatar que los santos sirven de poco y el «conductor del orbe terrestre» no acierta en nada. ¿Cuál es el motivo de esto? Uno llega al fin y al cabo una y otra vez al resultado de que lo único que sirve de algo es la oración a Dios, nuestro Padre, que uno hace que se convierta en una oración de hechos. Pues da igual si se reza a dioses o a sus descendientes, a los santos o a un Papa, ninguno de ellos puede conducir el orbe terrestre.
El concepto de «conductor del orbe terrestre» procede, como casi todo en el catolicismo, del paganismo. El emperador romano Augusto, que vivió en tiempos de Jesús, era venerado todavía en vida como «conductor del orbe terrestre» y «padre de la humanidad». Tras su muerte en el año 14 d. C., el hombre más poderoso de la Tierra fue elevado a dios por acuerdo del senado romano: «Divus Augustus», el divino Augusto.
¿No recuerda esto de alguna forma a las canonizaciones de la Iglesia católica? Un paralelismo se encuentra igualmente en el hecho de que Augusto no llevó precisamente una vida santa: Él impuso su voluntad mediante guerras y era al mismo tiempo «un genial actor que escenificaba perfectamente su papel de gobernante justo y lleno de virtudes. Era un frío estratega, que utilizaba a su familia, a sus amigos y el culto a los dioses como medio comprobado para conseguir fines políticos. También era un maestro del marketing de sí mismo, que eternizó sus hechos haciéndolos esculpir en piedra, anunciándolos por todo el Imperio.» Así se expresó en un documental de la segunda cadena alemana de televisión ZDF.
El paralelismo con el papado actual es evidente. En aquel tiempo Augusto no aportó nada positivo con sus guerras. No condujo el orbe terrestre hacia el bien, y el papado actual tampoco lo hace.
Cuán absolutista es el papado lo muestra, por ejemplo, una cita de Gregorio VII, quien declaró en su edicto papal: «Nadie en la tierra puede juzgar al Papa. La Iglesia romana jamás se ha equivocado y hasta el final de los tiempos no puede equivocarse. Sólo el Papa puede destituir a obispos ... Él puede destituir a emperadores y reyes y dispensar a sus súbditos del seguimiento. Todos los príncipes tienen que besarle los pies... Un Papa elegido legítimamente es sin duda un santo por los méritos de s. Pedro.»45
¿Qué es esto sino una mera dictadura? Y al mismo tiempo es una «enseñanza infalible», más aún, una ley de la Iglesia católica, el que nadie puede administrar justicia por encima del Papa. Esto lo ha acogido la Iglesia en su obra de enseñanza. (Codex iuris canonici, can. 1404)
Por consiguiente, se puede hacer con todo derecho la pregunta: ¿Hacia dónde nos conduce «el Papa infalible» que reina en la silla de san Pedro?
A esta pregunta podría dar respuesta un hecho que ha mencionado un radioyente en una carta. Él nos escribe que hace algún tiempo vio en la televisión alemana, en el noticiero «Heute-Journal» (El diario del día), a las 21:45 horas, una transmisión en la que se decía que durante la dictadura militar en Argentina, de 1976 a 1983, no sólo se torturó a personas, sino que a continuación éstas fueron narcotizadas, cargadas en aviones, y –dicho literalmente– arrojadas al mar con la bendición de la Iglesia.
Se trata de una afirmación tan increíble que el oyente nos pregunta si puede ser cierta.
Desgraciadamente esta noticia corresponde a la verdad y procede de la grabación de una transmisión de radio de la Radio del Sudoeste de Alemania del 14.06.2001, preparada por el equipo de redacción de nombre «Religión, Iglesia y Sociedad», esto es, de una redacción que con seguridad no es excesivamente crítica con la Iglesia. En este programa se informó que la dictadura en Argentina, entre 1976 y 1983, fue apoyada por la Iglesia católica ya desde sus inicios. «La señal que sentó las bases de todo vino de las altas esferas. Adolfo Tortolo, presidente de la Conferencia Episcopal de Buenos Aires, se reunió el 23 de marzo de 1976 –un día antes del golpe militar– con el jefe de la junta Jorge Rafael Videla y con el almirante Eduardo Masera.»
El arzobispo Tortolo exigió en aquella ocasión «colaborar con el nuevo gobierno militar». Con ello, la junta se sintió apoyada por la Iglesia. El obispo militar argentino Victorio Bonamin, en un discurso público ante generales dijo textualmente lo siguiente: «Los militares se han purificado en el Jordán lleno de sangre para ponerse a la cabeza de todo el país. Quién sabe si Cristo no hubiese querido algún día que las fuerzas armadas tomaran una función adicional, que sobrepase sus tareas normales.»
El mismo obispo militar dijo, además, lo siguiente: «La lucha contra la guerrilla es una lucha por la República Argentina, pero también por sus altares. …Esta lucha defiende la moral, la dignidad humana.» ¡Esto es algo inconcebible! Aquí se está defendiendo con el concepto de «dignidad humana» un proceder que de forma increíble pisoteó precisamente la dignidad humana.
Esto fue en el año 1976. Del mismo obispo militar Bonamin procede la expresión: «Esta lucha es al fin y al cabo una lucha por la defensa de Dios... por ello pido el apoyo divino en esta guerra sucia en la que hemos sido involucrados.»
Una de las víctimas de las torturas realizadas fue el cineasta Alcides Chiesa, quien llegó a sobrevivirlas. Él dijo en este programa: «Si la Iglesia hubiese tenido otra actitud con la dictadura militar, no se habría llegado a una dictadura militar.» Y un representante de la Oficina Central de la Misión franciscana de la ciudad alemana de Bonn dijo al respecto: «La Iglesia católica incitó a que se llevara a cabo el golpe militar.» Se llegó tan lejos que en los sótanos de tortura aparecían capellanes militares. Una de las víctimas de las torturas informó que después de la tortura, un capellán militar dijo: «La tortura sólo es un pecado si dura más de 48 horas. Hijito mío, ¿qué quieres? Al fin y al cabo tú no estás cooperando con las autoridades.»
Y en lo referente a aquellas crueles ejecuciones, en las que se narcotizó a personas y se las arrojó al mar, se transmitió en ese programa la declaración de un defensor de los derechos humanos de la Coalición contra la impunidad, de Nuremberg, una organización ecuménica, quien dijo lo siguiente: «Los militares preguntaron a la gente de la Iglesia si podían matar a sus enemigos. Los obispos dijeron: "El matar en un combate militar no es cristiano. Mejor háganlo así: Denle a los prisioneros una inyección de drogas y después vuelen sobre el mar. Un vuelo mortal".»
Hay un testigo presencial, un testigo principal, que en aquel entonces estaba involucrado como militar en el transporte de esas personas. Él informó que después de estas matanzas –fueron de 1.500 a 2.000 las personas asesinadas de este modo–, los capellanes militares hablaban con los que habían llevado a cabo esta acción, para consolarlos. Uno de los capellanes dijo que había sido una muerte cristiana porque ellos, las víctimas, «no sufrían». Y añadió que «la guerra es guerra, y también la Biblia dice que hay que separar la paja del trigo.»46 Y que también en la Biblia se puede leer que es preciso «pagar ojo por ojo».47
Se ve entonces que la Iglesia estaba involucrada directamente en estos asuntos y que posiblemente incluso la incitación a las ejecuciones vino de parte de los representantes de la Iglesia.
Todo eso ocurrió a partir de 1983, es decir, hace pocos años, y bajo ese régimen militar fueron asesinadas unas 30.000 personas. ¿Es tal vez este caso realmente una respuesta a la pregunta de cómo conduce la silla de san Pedro el orbe terrestre? El Papa afirma de sí mismo que es el conductor del orbe terrestre, y de lo expuesto arriba se deduce cómo él y sus inmediatos subordinados estaban involucrados, p. ej., en la conducción los destinos de la Argentina. ¿No es este un ejemplo impactante de lo que hay que entender bajo el título de «conductor del orbe terrestre»? Y no olvidemos que estas crueldades, que conocemos suficientemente de otros capítulos de la historia, estos miles de millones de muertos, con la erradicación de pueblos enteros, de los que ya hemos hablado, y que pesa sobre la conciencia de la silla de San Pedro, no son hechos que se remontan a 2.000 o a 1.500 años atrás, sino que son actuales. Son acontecimientos del pasado más reciente.

En relación a esto volvamos de nuevo a un punto que se menciona una y otra vez en las cartas de nuestros oyentes. A menudo hemos citado disposiciones de enseñanza de la Iglesia católica contenidas en el libro de Neuner-Roos. Hace un tiempo hablábamos de que la Iglesia quería «extirpar» todo lo que se le oponía. Como recordatorio, ocupémonos una vez más este aspecto. En el Neuner-Roos, bajo el n° 382, se dice: «La Iglesia, debido a su fundación de origen divino, tiene la obligación de preservar con el mayor cuidado el bien de la fe divina sin merma y en su totalidad, y vigilar constantemente con gran celo la salvación de las almas. Por eso, con extremo cuidado ha de extirpar y destruir todo lo que está en contra de la fe o lo que pudiese perjudicar de algún modo la salvación de las almas. Por consiguiente, a la Iglesia, con motivo del poder absoluto que le ha sido transmitido por el fundador divino, le corresponde no sólo el derecho sino también la obligación de no tolerar cualquiera de las enseñanzas equivocadas, y sobre todo de prohibirla y condenarlas, si lo exige la integridad de la fe y la salvación de las almas.»
En el diccionario alemán Duden, (así como en el de la RAE), se describe lo que significa «extirpar», a saber: «arrancar de cuajo o de raíz». Cada vez más claramente se muestra que la Iglesia en su tradición –en su pasado lejano, en su pasado reciente y en sus indicaciones más actuales– ha hecho suya la definición de extirpar «con extremo cuidado» y «gran celo». Este es, pues, el arte eclesiástico de «fidelidad» en la continuidad, especialmente en relación al trato con los que tienen una fe diferente.
En el catolicismo, no importa hacia dónde se mire, nos encontramos con paganismo, con deidades idólatras. Es obvio que todo esto no tiene nada que ver con Jesús, el Cristo, sino lo contrario: el paganismo de otros tiempos se ha convertido hoy en día en un paganismo criminal.
En lugar de paganismo se debería hablar mejor entretanto de criminalidad. Lo que se dijo antes sobre Argentina, no permaneció de ninguna manera en secreto, sino que trascendió a la opinión pública. Y puesto que se hizo público algunos años después de los hechos, cabe hacerse una pregunta. Los sucesos transcurrieron durante el pontificado de Juan Pablo II, concretamente a finales de la década de los 70 y se dieron a conocer a principios de la década de los 80. La pregunta es: ¿actuó Juan Pablo II en contra de aquellos obispos y en contra de aquellos sacerdotes? ¿Se manifestó él públicamente al respecto, o dijo más bien algo en contra de que en nombre de su Iglesia muchas personas fueran arrojadas al mar y asesinadas con la bendición de los sacerdotes?
¡Claramente no! Los responsables de estas abominaciones siguen estando en sus cargos. Nadie ha sido acusado, hubo una amnistía. Los archivos del Vaticano están, como siempre, bajo llave. En el año 2.000 hubo una «disculpa» no muy convincente por parte de la Iglesia católica en Argentina, diciendo que ésta no se había posicionado con claridad del lado de las víctimas. Que esto es una hipocresía tremenda, lo nota cualquier persona. La Iglesia se colocó muy claramente al lado de los opresores, y de manera muy decisiva. Y luego añadió aún que lamentablemente hubo muchos hijos de la Iglesia que participaron en las torturas, en la traición y en muertes absurdas.48 También esto es minimizar enormemente el asunto, es una burla desorbitada, pues es sabido que los representantes de la Iglesia intervinieron en gran medida en estos hechos, decidiéndolos con los gobernantes.
Incluso puede decirse que el establecimiento de aquella dictadura estuvo promovido muy conscientemente. Existen claros indicios de que los hilos fueron tendidos por el Opus Dei, una organización radical de derechas dentro de la Iglesia católica que actúa por todo el mundo y que ha movido los hilos en toda América latina para llevar al poder dictaduras como las de Chile y Argentina. Y el Opus Dei estaba directamente bajo la protección de Juan Pablo II.
 conocimiento y por sugerencia de la Iglesia

Canonización del Papa Juan Pablo II: se está esperando aún el «milagro» debido

Esto nos conduce a otra pregunta, que tal vez puede ser respondida en relación a ello:
¿Qué probabilidades hay de que el último Papa sea canonizado?

Respuesta: Este hombre, que junto con otros tiene que representar los acontecimientos de los últimos 40 años, tiene que ser ahora beatificado y luego canonizado. Uno se pregunta: ¿debe ser por esa razón beatificado y canonizado?
Lamentablemente hay que decir que esto es muy posible, pues a raíz de los acontecimientos del pasado hemos visto que continuamente fueron canonizados muchos Papas que habían servido al catolicismo. Y parece que en estos casos los creyentes sufren de pérdida del sentido de la realidad, y reprimen sencillamente estos hechos, dependiendo de un pensamiento de deseo: desean a un gobernante que hable de paz, y piensan que éste sólo actúa de forma pacífica. Precisamente acabamos de escuchar que bajo el mandato del último Papa fueron llevadas a cabo tales crueldades, y sabemos cómo funciona la jerarquía católica hasta en lo más mínimo. Podemos partir de la base de que el Papa Juan Pablo II tenía conocimiento de los hechos hasta en los más mínimos detalles; en el catolicismo las órdenes vienen siempre desde los rangos más altos. Por eso es aún mucho más aterrador cuando un personaje semejante ha de ser beatificado o canonizado. Y si el proceso de santificación no está aún cerrado, es de esperar que se lleve a cabo con suma celeridad. ¿Por qué? Porque esto sirve al prestigio y a la popularidad de la Iglesia romana; dicho vulgarmente: publicidad es al mismo tiempo revalorización, para la Iglesia.
La condición previa para una beatificación, también para Juan Pablo II, sigue siendo la realización de un milagro, por lo general una sanación que no tenga explicación médica. Todos los creyentes son ahora instados a que informen en una página web del postulador para la canonización, monseñor Slawomir, o por otros medios, acerca de milagros y de otros acontecimientos desacostumbrados que estén en relación con el fallecido Papa.

Pregunta: «¿Por qué el Papa que falleció últimamente no se pudo sanar con la virgen para raspar o con las imágenes para tragar que ya habéis comentado antes en vuestros programas? ¿Por qué fue al médico y a una clínica cuando la llamada virgencita, o la que llamáis imagen para tragar, pueden llevar a cabo tales milagros?»

Respuesta: Esta es una pregunta que se nos ha planteado una y otra vez. Por lo visto, la virgen para rascar y estas imágenes para tragar o estampas para comer, han encontrado una gran acogida. Aclarémoslo brevemente una vez más: se trata de objetos con supuestas fuerzas curativas. Una virgen para raspar es una figurilla de barro cocido, de la que el creyente va rascando un poco y cuya raspadura esparce sobre su comida, es decir que se la come, porque esta virgen, procedente de la localidad alemana de Altötting, está bendecida, y ayuda, según se cree, a recuperar la salud. Ésta era al menos una costumbre hasta el siglo pasado. Y en vista de estas fuerzas curativas «maravillosas», en las que creen mucho hombres, uno se pregunta: ¿por qué el Papa, por ejemplo, no se curó a sí mismo con una de estas vírgenes? ¿Por qué no se curó tragándose una estampita, si él supuestamente puede obrar milagros?
Esto podría ser debido a lo siguiente: si el Papa lo hubiera intentado, toda persona se habría dado cuenta de que no funciona y los creyentes habrían perdido la fe en los devocionarios, en la fuerza milagrosa de los objetos bendecidos por la Iglesia. De esta manera el creyente se queda con la ilusión de que el arte de encantamiento eclesiástico tal vez sí que resulte. Si el Papa lo hubiera probado y no hubiera funcionado, cualquiera se habría dado cuenta de la patraña.

¿Por qué un «Santo» padre fallecido todavía ha de ser canonizado?

La siguiente pregunta, que se podría añadir a la anterior, dice:
«Vuestra serie lleva el título "Para personas con buena capacidad analítica. ¿Quién está sentado en la silla de san Pedro?". Tal vez podríais explicarme por qué todos los Papas, si se hacen llamar «Santos padres», no son automáticamente santos. ¿Por qué los Papas, como el ya fallecido Juan Pablo II, han de ser primero beatificados y luego canonizados, es decir, proclamados santos?

Respuesta: Esta es una pregunta muy justificada. Como personas con capacidad analítica hemos tratado de ir al fondo de este asunto, y nos hemos encontrado una vez más, como en todos los asuntos de la Iglesia católica, con una gran falta de lógica en todo ello. No obstante, hemos consultado también al respecto a un teólogo católico, quien desafortunadamente tampoco ha podido dar una respuesta lógica. Otras averiguaciones hicieron sólo aflorar la trivial respuesta de que con «Santo padre» se refiere uno al cargo y no a la persona – pero la cordura es algo que en realidad no se debería tomar muy en serio en la Iglesia católica. De manera muy especial lo expresó en este sentido Heinrich Heine, un poeta alemán del siglo XIX, cuando dijo:
«Si tu ojo te enfada, arráncatelo.
Si tu mano te enfada, ampútatela.
Si tu lengua te enfada, córtatela.
Y si tu cordura te enfada , ¡hazte católico!»

El exceso de santidad ha ocupado también a uno de nuestros oyentes, cuando descubrió que también hay santos patrones para los Papas. Entonces se ha preguntado en qué consiste el quehacer de estos santos protectores, si ya el Papa mismo dice ser un «Santo padre». El oyente se ha dado a sí mismo la respuesta, diciendo: «Con tanta falsa santidad prefiero atenerme a Jesús de Nazaret, que, siendo el Hijo de Dios –remárquese bien esto–, a un hombre que Le llamó “Maestro bueno”, Él le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno, sino sólo Dios» (Mt. 19,17). Hasta aquí sobre el tema santidad.

«Curiosa» continuidad en la elección de Papas

La pregunta de otro oyente también se refiere a la palabra «santo», y él escribe:
«En la elección del Papa actúa supuestamente el Espíritu Santo a través de los cardenales. ¿Cómo puede ser que se elija entonces a un Papa que se destaca por sus crímenes, y –dicho de manera elegante– por un estilo de vida inmoral?»

Respuesta: Al respecto no cabe duda de que no se puede eludir la pregunta sobre qué espíritu está actuando aquí. Probablemente el espíritu que obra en este caso es tan poco santo como lo fueron y los son los Papas.
Pero sobre la pregunta de quién puede ejercer además influencia en la elección de un Papa, el cardenal alemán Meissner hizo una declaración en un artículo del periódico alemán Die Welt (El Mundo) del 4.7.2005. Meisner expresó: «que la elección de Joseph Ratzinger como Papa Benedicto XVI había sido "un milagro" en el que había tenido participación el fallecido Juan Pablo II. Debido a su intercesión ante Dios, él había influido en la elección del cónclave», así dijo textualmente Meisner a los periodistas. «Cuando un santo entra en el cielo, su radio de acción se vuelve mucho mayor de lo que era. Con Ratzinger como Papa la continuidad es la más perfecta.»
Al parecer, no sólo el Espíritu Santo influye sobre la elección del Papa, sino que también lo hace el espíritu católico en forma de Papas fallecidos. Donde Meisner realmente tiene razón es en la afirmación de que con Ratzinger como Papa la continuidad es la más perfecta. Se sabe que a Ratzinger se le denomina el «Gran Inquisidor de Marktl am Inn» (su lugar de nacimiento), no sólo porque él ostentaba el cargo que antiguamente correspondía a los inquisidores, sino porque también hoy procede de manera extremadamente dura con los que tienen una fe diferente. Como ya se informó anteriormente, en el programa Kontraste de la primera cadena alemana de televisión, ARD, del 3.3.2005, Ratzinger dijo lo siguiente acerca de su continuidad: «Gran inquisidor es una clasificación histórica; de alguna manera estamos en su continuidad. Pero según nuestra conciencia del derecho, intentamos hacer hoy aquello que se hizo con los –en parte criticables– métodos de entonces. Sin embargo, debe decirse que la Inquisición constituyó el progreso de que ya nada podía ser juzgado sin ser inquirido, es decir, que primero tenían que hacerse investigaciones.» ¿Tal vez como se hizo en Argentina, de lo que se acaba de informar?

¡Cuánto desprecio por el ser humano traslucen esas palabras! Pensemos en la Inquisición, en la que millones de personas fueron asesinadas de la manera más brutal. Eran mujeres, incluso en muchos casos niños, los que iban a parar a los molinos de la Inquisición, siendo torturados durante días o semanas y luego quemados en las hogueras. ¡Cuánto sarcasmo hay en las palabras del señor Ratzinger! Es algo inconcebible si uno piensa en las víctimas.

El nombre «Benedicto» – ¿casualidad o «continuidad»?

La siguiente pregunta se ocupa de la elección del nombre del cardenal Ratzinger, que ahora se hace llamar Benedicto. En una de nuestras últimas transmisiones explicamos que los Papas Benedicto XII y Benedicto XIV cometieron crímenes y tomaron parte en la Inquisición. Un oyente escribe:
«¿Es una casualidad que el Papa actual también se llame “Benedicto”?»

Respuesta: Nosotros cristianos originarios no creemos en las casualidades. El señor Ratzinger seguro que habrá elegido su nombre muy conscientemente, mostrando con ello en qué continuidad está. Los cristianos originarios creemos en la reencarnación, y tal vez Benedicto XVI no sólo está en la misma línea de sus homónimos desde el punto de vista ideológico, sino que ¿quién sabe si en la presente encarnación no intenta tal vez continuar su obra destructiva, comenzada ya en sus encarnaciones anteriores, quizás igualmente bajo el nombre de «Benedicto»?
Ante la opinión pública se quiere dar la impresión de que Ratzinger se refiere a Benedicto XV, que es presentado por la Iglesia católica como el «Papa de la paz». No obstante, éste es una vez más un ejemplo típico de cómo la opinión pública se deja tomar el pelo, sin comprobar por sí misma, sin analizar por sí misma, qué es lo que verdaderamente corresponde a los hechos históricos. Benedicto XV no era precisamente un amigo del imperio austrohúngaro, pero como Papa se mantuvo en la línea del Vaticano, es decir, que una victoria de Alemania y Austria sobre Rusia en la Primera Guerra Mundial habría abierto a la Iglesia católica nuevas posibilidades de realizar una misión en la Iglesia ortodoxa. Por eso en los primeros años de la guerra dirigió efectivamente a la opinión pública dos o tres llamamientos a favor de la paz. En aquel entonces Alemania y Austro-Hungría estaban aún en una posición ventajosa. Una paz habría traído resultados a su favor y habría abierto al Vaticano las posibilidades mencionadas. Pero los adversarios, es decir Francia e Inglaterra, no tomaron en serio esos llamamientos a la paz.
Cuando la guerra dio un giro, las potencias del eje, es decir Alemania y Austro-Hungría, pidieron una vez más al Papa que dirigiera a la opinión pública nuevos llamamientos a la paz. ¿Por qué no volvió a hacerlo? Porque al Vaticano no le gusta estar del lado de los perdedores, y no mueve ni un dedo a favor de estos. Después de que la situación había cambiado, dirigió un solo llamamiento más, después de que en Rusia había tenido lugar la revolución. ¿Por qué? Por el temor de que el Vaticano perdiera sus posesiones en el caso de que el desarrollo posterior de los acontecimientos se extendiera a Italia. Benedicto XV estaba muy estrechamente unido a la nobleza. Él afirmó incluso algo sorprendente, a saber, que también Jesucristo había sido un noble. Karlheinz Deschner cita a este Papa de manera textual: «También Jesucristo era un noble, nobles eran también María y José», y Jesús tenía «extraordinariamente buenas relaciones con la nobleza terrenal.»49
¡Hay que hacerse consciente de semejante disparate! Pero el Papa Benedicto XV hizo además otra cosa: «Después del comienzo de la guerra facilitó inmediatamente la organización de los clérigos militares.»50 Este «Papa de la paz», hizo así posible que en todos los campos de batalla apareciesen los curas de campaña diciendo a sus soldados que debían morir por la madre patria, y antes del combate incluso rezaban con ellos.
Karlheinz Deschner, en su libro «Un siglo de historia de la salvación», plantea la pregunta que no se le ocurrió a ninguno de los periodistas, cual fue: «¿Por qué no prohibió el Papa a los católicos luchar en la guerra? ¿Por qué no hizo por todas partes un llamamiento a tirar las armas?»51
¿No se le ocurren a nadie actualmente estas preguntas tan evidentes?

La cascada de crímenes a través de los siglos: descendientes de descendientes de descendientes

Estimado lector, hemos obtenido una pequeña impresión de lo que ha sido la actuación de los sacerdotes, de los Papas, a lo largo de los siglos. Todo ello se podría considerar como una «cascada de crímenes». También se le puede calificar de «descendientes de descendientes de descendientes».
Esta denominación hace alusión a la tradición de esta institución: en la historia del mundo aparecen siempre una y otra vez personajes iguales o parecidos.
Ya hemos puesto ejemplos de los llamados «Santos padres», quienes obraron como auténticos criminales. Muchos oyentes nos han preguntado si estos sólo han sido casos aislados, si sólo unos pocos de estos llamados «Santos padres» fueron los que se destacaron por sus hechos criminales.
Al respecto hay que decir que se podrían mencionar innumerables ejemplos de estos hechos. Nombremos a continuación sólo unos cuantos casos, para demostrar que se trata realmente de descendientes de descendientes de descendientes los que dieron forma a esta cascada de crímenes. Y tal vez alguien se pregunte: ¿Se trata del mismo o sólo de uno parecido?
Los «Santos padres» que cometieron actos criminales no son casos únicos. Algunos de ellos fueron:
El Santo padre, el Papa Virgilio que gobernó del año 537 al 555, fue, por ejemplo, el asesino de su antecesor.
El Santo padre y Papa Honorio, en funciones del 625 al 638, incitó en España a que se atacara a los judíos e hizo perseguir a personas de otras creencias.
El Papa León I persiguió también de forma inclemente a personas de otras creencias. El profundo conocedor de la historia de la Iglesia y mundialmente conocido historiador alemán Karlheinz Deschner calificó estas persecuciones de «sanguinarias». León I fue también el Papa que enseñó que por boca del Papa hablan Dios y Cristo mismos. Este Papa fue canonizado.
Otro Papa, Pío IX, ejerció funciones como tal desde 1846 hasta 1878, discriminó al judaísmo y estableció el dogma de la infalibilidad.
Bernardo de Claraval no fue ningún Papa, pero sí un «santo» y «doctor de la iglesia»; en 1146 llamó a hacer una Cruzada. De él se ha transmitido la cita: «Un caballero de Cristo mata con buena conciencia. Más tranquilo aún muere él. Cuando muere, se está beneficiando a sí mismo. Cuando mata, beneficia a Cristo.»
San Bernardo llamó claramente a aniquilar a los sarracenos en las Cruzadas, o a convertirlos. La regla era: muerte o conversión. Otra cosa no había. Bernardo de Claraval incitó también contra los eslavos en el este de Alemania. Durante muchos siglos hubo Cruzadas, verdaderas Cruzadas contra los eslavos, que fueron llevadas a efecto por incitación de este «santo».
A propósito de Cruzadas: también las Cruzadas con las que había de recuperarse Jerusalén fueron iniciadas por un Papa, Urbano II. Con este acto él se hizo culpable del asesinato de millones de personas. También Urbano II fue beatificado en 1881.

«En esta Iglesia hace tiempo que ya no se puede salvar nada, sino sólo a uno mismo y a otros de ella.»

En relación con los Papas de vez en cuando hay también cosas curiosas que mencionar. A este respecto tenemos aquí la aportación de otro oyente, algo que resulta muy sorprendente. Él escribe que en un periódico ha leído lo siguiente: «El boom de Benedicto se mantiene. El último artículo para fans: el muñeco Papa, de la manufactura del sur de Turingia... Coleccionistas disputan para obtener el muñeco con los rasgos faciales de Benedicto XVI, por 139 euros.»
Más de un lector de buena fe se indignará tal vez, pensando: ¿cómo se atreve una fábrica de muñecas a abusar de los derechos de personalidad del Papa y ganar dinero con ello? Probablemente hay que ver esto de otra manera: quien conoce a la Iglesia católica, sabe que nada que sea de naturaleza parecida sucede sin conocimiento y aprobación del titular de la silla de san Pedro. Y podría ser que una gran parte del dinero recogido con ello fluya a sus bolsillos.
Pero volviendo a la pregunta sobre el muñeco, una toma de postura sobre esto dice lo siguiente: «A mi modo de ver esto es algo indigno. ¿Qué diría Jesús al respecto? Poco. Pero yo os digo: Jesús tenía dignidad.»

Mucho de lo que se nos escribe se ocupa con la persona o con la función del titular de la silla de san Pedro. Un oyente nos hace la pregunta:
«En el periódico “La Vanguardia” de Barcelona he leído que 80 sacerdotes católicos le han escrito al Papa y le han exigido que no se siga haciendo llamar más “Santo padre” y que acabe con el lujo y la pompa. Ellos le escribieron que esto “no era cristiano”. Esta es una iniciativa que iría en la dirección que propugnan ustedes, –es decir, en el sentido de los cristianos originarios–; «¿qué piensan ustedes de esta iniciativa de los sacerdotes?»

Respuesta: Puede que este sea un pequeño buen comienzo, el que sacerdotes pidan al Papa que no siga haciéndose llamar «Santo padre». Sólo que este pensamiento debería seguirse consecuentemente. Pues si sólo se plantea la pregunta de si eso es cristiano, los mismos sacerdotes deberían también cuestionarse a sí mismos, pues sabemos que Jesús no quería sacerdotes. Él no fundó ninguna Iglesia. Tampoco introdujo ningún sacramento, ningún culto pagano. Y los sacerdotes catalanes podrían –como propuesta, en el caso de que lo que han hecho para ellos vaya realmente en serio–, luchar para que la Iglesia restituya el oro que robó a los indios. Tal vez se pueda añadir una cita de Karlheinz Deschner para todos los que intentan mejorar o reformar la Iglesia. Karlheinz Deschner, el célebre historiador, dijo: «En esta Iglesia hace tiempo que ya no se puede salvar nada, sino sólo a uno mismo y a otros de ella.»62

En relación a esto hay que mencionar que poco después de la elección del nuevo Papa, en todos los periódicos apareció una noticia que decía que Josef Ratzinger, ahora Benedicto XVI, había declarado públicamente varios años antes que era peligroso, como Papa hacerse llamar «Santo padre». Un obispo alemán escuchó también esta declaración del Papa y la confirmó ante la opinión pública. El Papa sabe entonces lo que hace. Es de suponer que la «peligrosidad» él la vio en relación con la enseñanza de Jesús de Nazaret. Con ello actúa en contra del gran maestro de la humanidad, que enseñó que sólo Uno es nuestro Padre en el Cielo y que sólo Uno puede ser llamado «Padre santo». Es muy peligroso, ha reconocido él.
¿Se dará cuenta tal vez algún día de cuán peligroso es realmente?
Aquí puede añadirse que un cristiano originario también le planteó al Papa actual, poco después de su elección, esa pregunta en una extensa carta, así como muchas otras, que entroncaban directamente con las muchas declaraciones del entonces teólogo Josef Ratzinger. Hasta hoy el cristiano originario no ha recibido ni siquiera un acuse de recibo, ni mucho menos una respuesta.53

Dios-Padre en 1997: «¿No sabéis que en el Reino del interior no hay santos...?»

Queremos resaltarlo una vez más: cada profesión de fe puede llamarse como lo desee, también cada guía religioso, cada religión. Esta libertad la tiene cada persona en nuestro Estado. Sin embargo, nosotros cristianos originarios nos sentimos obligados a alzar nuestra voz cuando alguien se presenta con una religión totalitaria de culto pagano y abusa además del nombre del gran maestro de la sabiduría de la humanidad, del nombre de Jesús, el Cristo. Este es el motivo por el cual nos ocupamos de este tema.

En vista de todo lo que se ha puesto al descubierto, todo aquel que lo desee, tal vez en especial una persona joven, puede reconocer que no tiene que dirigirse más al «Santo padre» en la Tierra, sino que uno puede dirigirse al Único Padre santo, que está en el Cielo y en el interior de cada hombre. Y este Padre no calla, sino que habla también en nuestro tiempo actual a través de la palabra profética. En Noviembre de 1997 Él nos dijo lo siguiente:
«Oh, ved, Jesús, el Cristo, os trajo el amor infinito, que Yo Soy. Él os trajo el Padrenuestro y os enseñó a quién tenéis que rezar: a Dios, vuestro Padre, cuyo Espíritu está en vosotros. Pues vosotros sois el templo de Dios. Pero vuestra casta sacerdotal creó los llamados “santos”. ¿No sabéis que en el Reino del interior no hay santos, sino que sólo Uno es santo, el que Yo Soy? Aquello es dogma, y pertenece a vuestras instituciones eclesiásticas, pero no a los Cielos.
Quien está cerca del Reino del interior, sabe de él . El Reino del interior no es ningún reino de fantasmas, sino un Reino que está poblado por seres de luz, llamados seres espirituales, que tienen un cuerpo más fino, que es la ley del amor; así como vuestro cuerpo de sustancia gruesa es vuestra ley del ego. Pero quien no está cerca del Reino del interior, calla, y con ello aprueba lo que quiere la casta sacerdotal.»

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