
  Carta dirigida a las Comunidades Islámicas

Carta de Vida Universal dirigida a la Unión de Comunidades Islámicas de España. Así como a la Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas.
20.09.06
Respetados Señores:
Nos permitimos dirigirnos a Ustedes a raíz del actual debate sobre las expresiones del papa Benedicto XVI sobre el tema del Islam y cristianismo.
Somos cristianos originarios que se sienten comprometidos con la enseñanza original de Jesús de Nazaret, quien rechazó toda violencia. Como tales, consideramos un escándalo el hecho de que el dirigente máximo de la Iglesia de Roma –en nombre de Jesús de Nazaret– se arrogue el derecho de emitir un juicio sobre otras religiones. Por este motivo, como cristianos originarios nos distanciamos del Vaticano.
Nada menos que el Vaticano emite tales juicios. No sólo se trata de que el papa Ratzinger haya citado a un emperador bizantino, sin distanciarse al mismo tiempo de su eminentemente negativo juicio sobre el Islam. Por lo menos él ha lamentado entretanto esta omisión.
Desde nuestro punto de vista es igualmente inaceptable que el papa quiera causar la impresión de que su religión, por decirlo así, haya acaparado para sí la no violencia. Esto no corresponde ni a la Iglesia del Imperio de Oriente, cuyos cómplices y ejecutores públicos eran los emperadores bizantinos, quienes en muchos casos eran conquistadores y sojuzgaban sangrientamente a minorías cristiano-originarias, como, por ejemplo, a los bogumilos en los Balcanes. Sobre todo esto tampoco corresponde a la Iglesia de Roma misma, cuyo pasado extremadamente sangriento el señor Ratzinger no mencionó con ninguna palabra. Cruzadas, Inquisición, quemas de brujas, la conquista de América… guerra y terror en nombre de Dios es algo que los representantes de la Iglesia romana ya trajeron hace siglos al mundo. Y en el mismo siglo XX ellos estuvieron también comprometidos ya fuera en el genocidio a los serbios ortodoxos en la Croacia católica (1941-1943), como en el genocidio de Ruanda (1994) o durante las sangrientas batidas en Argentina (1976-1983). Además, hasta estos días la Iglesia no ha anulado en su catecismo su concepto de la «guerra justa», defendido por ella.
Igualmente retórico, más bien, hipócrita, es el hecho de que el líder máximo del Vaticano reclame para su Iglesia el que ésta predique una religión de la razón y del juicio. En la antigüedad, la Iglesia de Roma luchó contra la filosofía de la Grecia antigua acusándola de «pagana», habiendo también asesinado a muchos de sus representantes. Los dogmas de la Iglesia católica están llenos de elementos irracionales. Nosotros cristianos originarios creemos también que las leyes de Dios no contradicen a la razón. Pero precisamente por ello, nosotros no podemos aceptar como verdadero, p. ej., el dogma de la trinidad, según el cual Dios-Padre, Cristo y el Espíritu Santo serían la misma «persona».
La Iglesia de Roma, ya en los primeros siglos después de la muerte de Jesús, todo lo que Él enseñó lo transformó prácticamente en lo contrario. Jesús no fundó ninguna Iglesia ni instituyó a sacerdotes. No obstante, la Iglesia romana se estableció como una Iglesia jerárquica de poder con un único cabecilla al frente, el que se adorna con títulos e insignias paganas. «Pontifex maximus» es poco más o menos el título del máximo sacerdote pagano de Roma. Todo esto no es ninguna casualidad.
Nosotros cristianos originarios nos atenemos a la enseñanza original del Nazareno, sobre todo al Sermón de la Montaña. Entre otras cosas, se puede leer allí: «Saca primero la viga de tu propio ojo. Después de eso puedes ayudar a sacar la paja del ojo de tu hermano.» Esto significa en este caso que aquel que quiere criticar a otras religiones, primero debería analizar sus propios errores.
Sobre todo queremos dejar en claro que el papa Joseph Ratzinger por cierto que puede hablar en nombre de la Iglesia de Roma, pero no así en nombre del cristianismo o de Cristo. Puesto que su Iglesia hace ya 1800 años que traicionó y vendió la enseñanza del Nazareno.
Más informaciones sobre este tema los pueden encontrar en un libro, que publicamos recientemente y en el que nos ocupamos de la pregunta: «¿Quién está sentado en la silla de san Pedro?»
Un cordial saludo.
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