Usted está aquí: Página inicial > Profecía > Publicaciones > Cartas de Gabriele > Cartas
de Gabriele Nr. 1

Navidad y Año Nuevo



Queridos amigos en todo el mundo:

Tenéis una Carta de Gabriele en vuestras manos y seguramente os preguntaréis: ¿Dónde están las otras? – Poco a poco os irán llegando las siguientes.

Las Cartas de Gabriele quieren hacer que el hombre despierto se haga consciente de la medida en que nuestra sociedad se ha convertido en una sociedad sin carácter y esquizofrénica, y de que la masa de los seres humanos, simplemente sin pensar y con indiferencia, acepta todo lo que los altos rangos de la sociedad les ponen por delante. Desgraciadamente son muy pocas las personas que se ejercitan en la autocrítica; por esta razón tampoco pueden observar su entorno con actitud crítica, ni tampoco adivinar las intenciones de aquellos que –dicho claramente– se burlan de ellos tomándoles el pelo.

Las Cartas de Gabriele no quieren ejercer influencia en ninguna persona. Estimulan a que uno se encuentre a sí mismo y se autoevalúe, de modo que aquel que observe con atención el trajín de este mundo, pueda dar una orientación a su vida.

No os encojáis de hombros ya de partida, no os adhiráis resignados y abandonados al destino, al cántico sombrío de los súbditos dóciles que argumentan: “Pero si en realidad no se puede cambiar nada”.

Es verdad que nadie puede cambiar al otro. Pero cada uno en particular no tiene por qué seguir siendo ingenuo. Cada uno puede empezar por sí mismo a cuestionar las formas de pensamientos ya anquilosadas, cortando las costumbres rancias y paganas, para contribuir de esta manera a que cada vez despierten más personas, para que en última instancia también le vaya mejor a la Madre Tierra con sus plantas y animales, que han sido tan maltratados por los hombres.

 Es tiempo de Adviento. Una vez más estamos próximos a celebrar la Navidad, aquella fiesta de la Iglesia que es celebrada con todo su despliegue, derroche y costumbres por todo el mundo, sea de la opinión de la Iglesia o no. Por eso, observemos todos juntos con más atención la tradicional fiesta navideña y el tiempo de Adviento.

Las instituciones eclesiásticas tienen en muy alta estima las tradiciones. En el Bertelsmann Handlexikon alemán (Diccionario manual de Bertelsmann) se lee lo siguiente sobre la tradición: “Religión: Para muchas religiones la base conservada oral o escrita de sus enseñanzas. En el catolicismo se valora la tradición oral y la Biblia como fuente común de la manifestación divina. Las iglesias evangélicas protestantes hacen valer la tradición junto a la Biblia sólo como una recopilación de fuentes.

Las enseñanzas básicas de la Iglesia católica son ante todo los dogmas y las costumbres”.

En el Diccionario manual de Bertelsmann leemos, por tanto: “En el catolicismo se valora la tradición oral y la Biblia como fuente común de la manifestación divina.” Reflexionar sobre esto en particular sería pérdida de tiempo, sabiendo que para las Iglesias la Biblia es sólo un libro de exhibición, el cual naturalmente se lee, pero cuyos contenidos y declaraciones la mayor parte de los “dignatarios” eclesiásticos no los viven. ¿Por qué tendrían entonces que atenerse a ello los creyentes?

Las Iglesias consisten de tradición y costumbres. El manto que ponen por encima se llama “cristiano” y “Biblia”.

El Adviento y la Navidad se han transformado en una costumbre tradicional pagana. El Occidente cristiano, sumergido en el torbellino navideño, en el delirio de los regalos, del resplandor y centelleo, ha olvidado el hecho sin igual que sucedió hace 2000 años: La encarnación del Hijo de Dios en un cuerpo humano. El Hijo de Dios vino a nosotros los hombres. El Adviento y la Navidad, sin embargo, ya no tienen nada que ver actualmente con la venida del Señor y con Su enseñanza. El “rebaño cristiano” de la Iglesia, que se ha tornado insensible e indiferente, celebra una fiesta pagana eclesiástica tradicional, cuyas raíces se encuentran en la creencia en ídolos de tiempos pasados.

Sólo unos pocos quieren que se les recuerde esto. ¡Todo es tan bellamente festivo y sentimental. Como que se trata de la fiesta de la familia!

Bonito sería si fuese la fiesta de la familia intacta, cuando justamente la familia de José y María simboliza una familia realmente pacífica. ¿Pero qué pasa en muchas familias tradicionales? Quizás –pero sólo quizás– se finge durante un par de horas un mundo ideal, especialmente cuando todos reunidos consumen carne de pavo, ganso, pato o un trozo de ciervo, un asado de jabalí, bacalao o en otro lugar una exquisitez en base a carne. Al abrir los regalos empieza ya a crujir la tensión. No es que se tenga nada en contra de los regalos, mientras vengan del corazón y sobre el regalado no penda de antemano la herradura de la suerte de la “feliz” expectativa.

Sobre el altar de la tradición eclesiástica, durante estas fiestas “santas” se lleva a cabo una matanza de millones de animales, para mantener a lo más por tres o cuatro horas el sentimental resurgimiento del sentido de familia. ¡Se trata, claro, de Navidad!

Navidad ya no es la fiesta de la encarnación del Señor, del Cristo de Dios, en lo temporal. Tampoco es la fiesta familiar en conmemoración de María y José, sino que es la adoración del dios-sol de la Iglesia, que se ha cubierto con la capa de “cristiano”– el mismo que representa la Iglesia católica a través de su “Padre santo” en Roma y que la Iglesia evangélica protestante venera en el “relicario” de Lutero.

El dios-sol es una divinidad masculina que los hombres de tiempos pasados veneraban en el sol con simpleza y la mayor naturalidad. Actualmente las Iglesias han establecido una figura simbólica, a la que hay que ofrecerle sacrificios, no sólo participando personalmente en una entrega de fe, sino también pagando impuestos a favor de la Iglesia, además a través de la matanza de innumerables animales.

En tiempos pasados se sacrificaban animales a los dioses para tornarlos bondadosos y amables, o “para ofrecerle al Señor un aroma agradable”, como se lee en Moisés, o bien: “¡Matad al carnero, coged su sangre y regadla alrededor del altar! ¡Descuartizad al carnero en sus partes, lavad sus entrañas y sus piernas y depositadlas sobre sus restos y sobre su cabeza!¡Después quemadlo en el altar! Un holocausto es para el Señor un perfume tranquilizante, es un sacrificio ardiente para el Señor” (Moisés 2, Éxodo, 29, 16-18).

En el pasado sólo los sacerdotes podían regocijarse con porciones escogidas de las criaturas de Dios masacradas – hoy el dios-sol respectivo permite que sus seguidores también puedan comer los trozos de cadáveres rancios y manidos. Esa es la fiesta de Navidad de los “cristianos”.

 Más de alguna persona de buena fe podría hacer notar, por otro lado, que ésta es de todos modos la fiesta de la familia, y que justamente la familia está protegida por el Estado. Esto hace surgir en mí la siguiente imagen:

Es cierto que la familia está protegida por parte del Estado. Un niño tiene que nacer en un matrimonio, en una familia. El padre y la madre tienen que cuidar al niño o a los niños y educarlos con amor y protección, de forma semejante como fue en la familia de María y José. La familia está protegida por lo tanto con razón por el Estado. Pero si pensamos en las guerras en todo el mundo, vemos que este hecho, como muchos otros, es una paradoja. Pues a la guerra son enviados los padres y sacrificados por un interés, tal vez también por el petróleo de un país. Debido a la muerte del padre, por ejemplo, se desintegra la familia. La madre y los niños tienen entonces que arreglárselas solos. Si falta el principal responsable de la alimentación familiar, la madre se ve obligada a trabajar por el sustento. A menudo se siente sobrecansada y los niños tienen que arreglárselas en gran parte por sí mismos. ¿Qué tiene que ver esto con sentido familiar y con protección familiar? Y en caso de una amenaza de guerra, ¿dónde hacen valer su autoridad hablando a favor de la familia las instituciones eclesiásticas, que por otra parte se oponen con vehemencia a cualquier intento de abortar la vida en formación, es decir, que defienden la vida que aún no ha nacido?

 Quien observe este mundo con los ojos muy abiertos, sabe que la perversión no es ilimitada, pero sí mundial. Debido a esta sociedad pervertida sufre también la Madre-Tierra y muy especialmente sufren los animales. ¿Por qué tienen que estar los animales a disposición para cualquiera fiesta? Esto está muy claro: Porque no se han dejado ni se dejan adoctrinar impositiva y dogmáticamente, como la masa de los hombres ha permitido y sigue permitiendo que se haga con ella. Los animales no se convirtieron ni en católicos ni en luteranos, no pertenecen a ninguna institución eclesiástica, ellos permanecen fieles al verdadero Dios.

Para los mencionados dioses-sol esto es una atrocidad. O uno se sacrifica a la tradición pagana o estará y seguirá estando desamparado por las leyes, como por ejemplo los animales. Ellos son criaturas sin derechos, a los que se les caza en los bosques y se les mantiene como mercancía cárnica en las empresas de engorde. Los dioses paganos exigen por lo tanto su tributo, y el pueblo se sacrifica permaneciendo “creyente” –es decir, sigue colaborando para que se mantenga el poderío de las instituciones aparentemente cristianas, continuando asiduamente con el pago de contribuciones, esto es, impuestos en sus sacos más que repletos–, y sacrifica al mundo animal carente de derechos dejándolo matar a tiros y descuartizándolo en homenaje a las costumbres, a la tradición, y para el bien de aquellos que se enriquecen con esto.

Esto no tiene nada que ver con Jesús, el Cristo.

Viéndolo así, la Navidad es paganismo puro.

Quiero contaros un ejemplo de las fanfarronerías de los cazadores. En una granja de cereales, que está en las afueras del núcleo urbano, rodeada de bosques y campos, se carga cereal una vez por semana, si no más a menudo, en grandes camiones de transporte de granos. Los camiones son cargados directamente del silo. En este proceso caen granos a la tierra y quedan allí tirados. Los jabalíes, que en muchos aspectos son más listos que más de un ser humano, han notado esto. Su hambre –pues es tiempo de otoño e invierno– los conduce a la granja, hacia los agricultores, y recogen los granos que están en la tierra. Los agricultores que trabajan en esta granja ven a los animales hambrientos. Para ellos es lo más natural el dejar para los animales los granos que no se ha llevado el camión. Además de los jabalíes se interesan por ellos también las gallinas. Estas picotean y cogen lo que necesitan. Como vemos, los cereales en el suelo tienen sus clientes. Los jabalíes notan que estos granjeros no los persiguen. Los animales tienen simplemente hambre. En el tiempo de Adviento, el llamado tiempo del amor, sucedió lo siguiente: Estos jabalíes ya no sentían más la “opresión del cazador”, por lo que se tornaron dóciles. Dicho espiritualmente significa que ellos sentían la unidad entre hombre y animal. Dado que los animales son criaturas de Dios y sienten la paz y la unidad como vida interna divina, tampoco huían de los paseantes. Para los cazadores de las cercanías que, supongo, son católicos y luteranos, esto es un asunto muy peligroso. Los animales salvajes
–así se dice– son animales salvajes normales sólo cuando huyen de los hombres. Es algo perverso el hecho de que como ya que no se les puede atribuir la peste porcina, la que, entiéndase bien, viene exclusivamente de los establos de engorde de los campesinos, se les atribuye entonces la peligrosidad, porque supuestamente son mansos. Entonces el lema es: Hay que cazarlos, ellos tienen que temer al hombre y huir de él. ¿Cuál es uno de los muchos motivos? Los cazadores quieren que los animales caigan en el estrés de la cacería, pues sólo así produce placer el matarlos a tiros. Por lo tanto, hay que perseguirlos hasta que estén medio muertos, para que el cazador católico o el luterano tengan su excitante y emocionante momento de tensión nerviosa. “Muerto” o “cazado” significa entonces el expresar triunfalmente el saludo tradicional de “¡Viva el cazador”. Y aquellos que consumen los trozos de cadáver de un animal que fue acorralado así, expresan a su vez, masticando con deleite, la tradicional expresión de agradecimiento de “¡Gracias al cazador!”[1] . El mismo destino sufren las liebres, los ciervos y en general todo lo que se mueve en el bosque y en los campos. Esto es tiempo de Adviento y de Navidad.

Queridos amigos, ¿os produce tal vez dificultades la lógica de este proceso? Esto no es de extrañar. Mucho de lo que nosotros los hombres pensamos, y las formas de comportamiento que tenemos, resulta ser algo absurdo cuando empezamos a poner en duda lo que para nosotros es totalmente normal. Un cazador también podría hacer esto, en tanto su conciencia todavía reaccione. La pregunta es sólo si él lo desea.

La “tradición” sirve de múltiples maneras como disculpa para aquello que, mirado a plena luz, es decir, analizado críticamente, se muestra como algo monstruoso. La caza tiene una larga tradición ...

Como consecuencia de esto, la caza es una “necesidad” aprobada por el Estado. Entonces hay que cazar, es lo que se dice. A esto se le llama “protección”. El “cuidado” lo cumple el hombre que quita de en medio el cadáver de un animal, de modo semejante a como lo hace un zorro. El hombre lo denomina entonces un delicioso asado para gourmet.

Algo semejante ocurre con todo tipo de aves, con todos los animales a los que se ceba en corrales de engorde. La expresión “corral de engorde” lo dice todo. A los animales se les mantiene en el espacio más estrecho posible, para que su peso al ser matado no se reduzca, por ejemplo a raíz de movimientos inadecuados. Se les alimenta con substancias que son ricas en calorías y concentradas de forma poco natural – precisamente “comida de engorde”. Determinados productos adicionales, substancias químicas mezcladas con mucha imaginación, cuidan además de que el alimento no transforme el cuerpo de los animales preferentemente en materia grasa, sino en masa muscular, la que después, cuando los animales están muertos, da por resultado la carne, la chuleta, el asado, la salchicha. Como la carne blanca es sumamente apreciada, los corrales son mantenidos en lo posible oscuros.

Para hacer sabrosos los trozos de cadáveres de animales, se les fríe, se les asa a fuego lento o se les cuece y exteriormente se les sazona con todo tipo de condimentos. Lo que igualmente se comen los sibaritas de cadáveres de animales son naturalmente los mencionados ingredientes químicos, los medicamentos –hormonas, anabolizantes, antibióticos y otros más–, que el animal aún vivo depositó en sus tejidos, además de los sedimentos no demostrables químicamente, pero sí concretamente existentes energéticamente, de miedo, pánico, agresión, horror, tristeza, dolor y sufrimiento. Todo esto son potenciales de energía negativa que actúan y se manifiestan en aquel que los ingiere al alimentarse de carne.

Los animales de engorde son por lo tanto cebados antes de ser finalmente aniquilados por la alevosa herramienta llamada escopeta, pistola, pistola hincapernos, cuchillo carnicero u otra cualquiera, es decir, se les transforma en cadáveres animales; pues sólo así proporcionan la ganancia deseada y el acostumbrado placer para el paladar.

¡Y todo esto para el bienestar del “hombre pacífico” durante el tiempo de Navidad!

Las “campanas” resuenan alegres, es decir las cajas en las que el extasiado consumidor de carne aporta su dinero para saborear un trozo asado de cadáver durante las fiestas. ¡Buen provecho en la noche de paz, en la noche de amor!

 Por supuesto que ahora podría venir la siguiente observación: En la Tierra hay también animales feroces que cazan y consumen animales, lo que en el lenguaje corriente de la mayoría de la gente se llama “devorar”. Preguntémonos ¿cuántos animales caza para sí un animal feroz en un año, aplicando toda su fuerza, porque tiene hambre? ¿Y cuántas criaturas de Dios, cuántos animales, que son los pequeños hermanos animales del hombre, son liquidados por éste año tras año – sin un esfuerzo especial, de modo sencillo, facilitado por instrumentos de matanza técnicos cada vez más “refinados”, a menudo con un sistema de cadena de fabricación en trabajo a destajo?

¡Y cuántas personas han perdido ya el sentido de proporción en su alimentación, también y especialmente en relación con el consumo de carne! El llamado animal feroz no come nunca más de lo que le hace bien. Caza una presa para alimentarse a sí y a su familia. Para obtener su presa tiene que correr y luchar, y se pone más de una vez en peligro.

Ningún animal fue creado por Dios como animal feroz. Cómo fue que se convirtió en una fiera, lo trataremos en otra carta.

 Los cazadores no corren tras una presa ni se exponen a ningún peligro. Solapados se atrincheran ya sea en un llamado puesto de tiro o en un escondite seguro. Ellos tienen su arma para dispararle con toda tranquilidad al animal, de cuando en cuando con el resultado de una muerte instantánea, pero por desgracia en la mayoría de los casos con una muerte lenta, lo que para la pobre criatura trae consigo inimaginables sufrimientos, dolores, miedo y desesperación.

O instalan trampas, en las que más de algún animal cae sin darse cuenta, hasta que, malherido, puede que perezca atrozmente, tal vez después de muchas horas, o que por un valiente cazador sea por último muerto a palos, acuchillado o liquidado a balazos, justamente “como corresponde a un cazador”.

Hay muchos cazadores que incluso muy cerca de su puesto de tiro, ponen comida –a lo que se llama “cebo para amansar”– para atraer a los animales hambrientos, y para que no haya que fatigarse demasiado al dispararles.

Como ya fue mencionado, el animal feroz tiene que luchar por una presa. ¿Cuántos animales son víctimas de los cazadores en todo el mundo, y en comparación con esto cuántos de las llamada fieras? Con razón se puede decir que ¡la fiera más grande, más cruel y más salvaje es el hombre! Con escopetas, pistolas, pistolas hincapernos, con cuchillo carnicero y otras armas asesina a millones y millones de animales. El no caza a su presa exponiendo su fuerza física, ni mucho menos exponiendo su vida, tampoco por medio de la lucha, sino por la alevosa matanza con un arma.

Seguro que en el honorable club de caza casi nadie se sentirá especialmente afectado porque el cazador incluya también en su cruel y sangriento negocio a perros que son adiestrados especialmente para esta finalidad, es decir, son programados por la fuerza y así alejados de su verdadera naturaleza, abusándose de ellos para una actividad asesina. Hay que suponer que ellos saben muy poco sobre la ley de causa y efecto. Sin embargo, muchos cazadores, especialmente aquellos que son sacerdotes o pastores, deberían conocer el pasaje de su Biblia, en la carta de los Gálatas (6,7), que dice: “No os engañéis; de Dios nadie se burla, pues lo que uno siembre, eso cosechará”.

Por lo visto, la caza no está en oposición a las enseñanzas de las Iglesias “cristianas”. Por el contrario. Se celebran mi­sas en honor de (san) Huberto y se bendice públicamente la “caza” de los cuerpos de los animales matados.

El lema católico y luterano de los cazadores dice: La caza tiene que existir. También tiene que existir lo que se llama “protección de la caza”. De otro modo los animales se multiplicarían excesivamente. Serían demasiados. Pero nadie se pregunta: ¿por qué serían demasiados?

Por una parte, los hombres les han robado a los animales la tierra, su hogar. Ellos se multiplican de acuerdo con el trozo de tierra que les corresponde. El Creador no dice: Como los hombres les han quitado la tierra a los animales, reduciré entonces la tasa de nacimientos. Los animales reciben tantas crías como la tierra puede soportar, sin considerar el robo de terreno del hombre. Actualmente reciben quizás algunas crías más, lo que por otra parte se debe a la conducta de los hombres, de los campesinos, que esparcen aromas artificiales especiales para excitar la reproducción, para que en los corrales de engorde aumente la producción de animales, es decir, la producción de carne. Lo que luego es transportado por el aire, por el estiércol y los abonos líquidos, es acogido por los animales del bosque y de los campos.

El lenguaje jactancioso de los cazadores se permite por cierto otra explicación para la notoria multiplicación, por ejemplo, de los jabalíes. Esta tendría que ver con el exceso de bellotas y con el clima templado. En el lenguaje fanfarrón del cazador se dice que en los inviernos crudos los animales pequeños y débiles mueren de hambre. Sin embargo, ¿quién es el culpable del cambio actual del clima – el hombre o el animal? Así se confía más bien en los inviernos, que son cada vez menos crudos, para que en lo posible muchos mueran de hambre, en vez de dar a los animales tierra y comida.

Sin remordimientos de conciencia se le corta al animal desamparado la respiración. Cada vez más se le mata a tiros, porque el clima ha cambiado y los inviernos largos y crudos ya no vienen. Los que sufren son los desamparados por la ley, los animales salvajes, a los que se les ha quitado el hogar, y los animales que son encerrados y mantenidos apretados en los corrales de engorde por los campesinos y sirven a la arbitraria producción de carne. ¿Quién piensa ya sobre esto? ¡Si por todas partes es “Feliz Navidad”!

En el día de Navidad se escuchan entonces los dichos y frases de todos los años. Se les llama “discursos navideños”. En el tiempo prenavideño no se nota nada de esto. Quien se ocupe más intensamente de la política y de los políticos, capta muy pronto cuánto “se aman” mutuamente. Los partidos “cristianos” y todos los que pertenecen al clan católico y evangélico protestante, tienen su idioma especial del amor. Se atribuyen todo lo que pertenece a su especial “ética y moral cristiana”. Quien escuche con atención, notará que los dos partidos[2]  no tienen ningún concepto “cristiano”.

Los pasados años de las vacas gordas no han menguado en nada la validez de lo que escribe F. M. Dostojewski en su conocida obra “El gran inquisidor”. Muchas personas tienen todavía la ilusión de que las poderosas instituciones de la Iglesia y los políticos ya encontrarán una solución, para que el paraíso sibarita de “Occidente” siga satisfaciendo “espiritual” y físicamente al hombre. No obstante, la saciedad se ha transformado en acidez y sobresaturación; ahora se están acercando furtiva y lentamente los años de las vacas flacas. A pesar de que el espíritu dominante de la época ya está agujereando su monedero, la masa de las personas todavía no despierta. Continúa siendo subordinada, creyente en la autoridad, cómoda y simple. De esto se aprovechan los buitres. Ellos han impuesto consecuentemente el sistema de poder y gobierno que esbozó Dostojewski. Cito a “El gran inquisidor”:

“... Y así nosotros terminaremos de construirles la torre; pues la construye aquel que satisface a los hombres, y nosotros los satisfaremos en Tu Nombre, pues así lo queremos decir y mentir después, que sucede en Tu Nombre. Jamás, en ningún tiempo podrán satisfacer el hambre sin nosotros. Nunca les dará la ciencia el pan, en tanto permanezcan libres, y el final será que depositarán su libertad ante nuestros pies y nos dirán: ¡Si no es posible de otro modo, hacednos vuestros esclavos, pero satisfacednos! Por fin reconocerán por sí mismos, que la libertad y el pan, ambos juntos, son algo inconcebible, pues los hombres nunca compartirán el pan. Por lo demás, se convencerán de que tampoco pueden ser libres, porque son temerosos, viciosos e insignificantes y se indignan por cualquier cosa. Tú les prometiste el pan celestial, pero yo repito: ¿Se puede comparar este pan celestial en los ojos de este género humano débil, eternamente vicioso y eternamente desagradecido con el pan terrenal? Y si en nombre del pan celestial Te siguen miles y miles, ¿qué pasa con los millones y miles de millones de débiles, que no tienen la fuerza para renunciar al pan terrenal  y tomar el pan celestial? Habla, ¿Amas y Te son tal vez valiosos sólo los diez mil fuertes y grandes, y los millones, innumerables como la arena en el mar y débiles, pero que Te aman, tienen que ser sólo un objeto en las manos de los grandes y fuertes? No, nosotros queremos también a los débiles. Por supuesto que son pecadores y veleidosos, pero al final aprenderán a obedecer. Y nos admirarán y nos considerarán como dioses, porque nosotros, que ahora somos los señores, hemos accedido a acoger la libertad que rechazaron temerosos, y entonces gobernaremos – así de terrible será para ellos el ser libres. Nosotros les aseguraremos, sin embargo, que Te obedecemos y que gobernamos en Tu Nombre. Los en­gañaremos una y otra vez, pues a Ti ahora no Te dejaremos entrar más”.

Queridos amigos, no os pongáis en seguida en una actitud de oposición cuando hayáis leído la declaración de Dostojewski. La oposición me recuerda demasiado a la oposición de un partido “cristiano” que lo rechaza todo, pero que él mismo no tiene ningún concepto, ninguna solución para el dilema económico, sin hablar de la decadencia de todos los valores morales y éticos, algo que se vislumbra ya en todas partes.

A continuación cito una canción del conocido cantante alemán Reinhard Mey[3], en la que él llama a los hombres a estar atentos, a tener claridad sobre las propias normas y valores, a observar y escuchar exactamente, para calificar por sí mismos las frases –por no decir sermones– que los políticos, los economistas, sin olvidar a las instituciones eclesiásticas, nos hacen escuchar especialmente en los días festivos como Navidad y Pascua.

“Mantente atento.
Un cartel de propaganda electoral, destrozado,
sobre el césped mojado.
De viejas y blandas frases sonrisas yo recibo,
y aparentando ser jóvenes de los rostros de longevos,
que alaban la Edad Media cual si fuera el progreso ...
¡Cómo piden al pueblo que se sacrifique y sea sensato!
Lo llaman ´el pueblo´, pero piensan en súbditos,
como antes en esclavos.
Ya no se puede soportar tanto servilismo y engaño.
Si aprendes a traducir lo que realmente han expresado:
El ministro susurra al obispo, tomándolo del brazo:
¡Mantenlos tontos tú, que yo los mantengo pobres
y necesitados!
 

Mantente atento,
¡palabras que has de memorizar!
 

Mantente atento,
¡y por ellos no te dejes engañar!
Cuida de aprovechar tu libertad,
¡pues esta se desgasta si no la quieres aprovechar!

Mantente atento,
¡recuerda bien sus caras!
Mantente atento,
¡actúa con audacia!
 

Mantente atento,
¡Ten cuidado de esa raza!
Enciendes la tele – se quejan y añoran valores buenos y viejos.
Sus valores viejos y buenos son casi siempre falsos y obsoletos.
Y aquellos que en los coloquios gesticulan y gritan,
son los mismos que todos los valores destrozan y pisan:
El dueño de los medios y el que la prensa domina –
los topos más dañinos convertidos en jardineros.
¡Qué maravilla!

Añoran crucifijos, costumbres tradicionales
y buenas maneras ...
Embrutecimiento, entontecimiento,
violencia son los mandamientos,
sus dioses son muchas ediciones y espectadores por cientos.
Doblegan la verdad y tergiversan el derecho –
Tantos buenos viejos valores de una vez,
de veras, estoy por devolver ...

Es un tiempo de gran coyuntura para engañadores,

para sinvergüenzas y sobornadores, un tiempo para autoservicios y especuladores, para santurrones, hipócritas y de puestos cambalachadores.
Y todos ellos son altamente estimados y muy reconocidos, y los peores de ellos con nombre de calles y aeropuertos son favorecidos.
 Se aprisiona al ladrón de gallinas y se deja libre al comerciante de armas alevoso, no te puedes comprar un pitillo,  pero sí toda una fábrica de gas venenoso ...
 
Tenemos una Constitución que el Estado de derecho garantiza,
pero de qué sirve, si ellos la manipulan y hacen trizas ...

 Tengo añoranza de gentes que no me engañen,
que con cada discurso no me mientan ni estafen.
Y liberadme de los sinceros engañosos,
los sinceros engañosos – ¡los verdaderos peligrosos!
Tengo añoranza por un poquito de veracidad,
por espaldas derechas en este tiempo de calamidad.
Pero dí la verdad y pronto ya no reirás ...
deja el motor en marcha si dices la verdad,
y dila entonces fuerte, pues nos enseñaron los de antaño,
que quien dice la verdad necesita un caballo veloz y maño.
 

Mantente atento,
¡palabras que has de memorizar!
Mantente atento,
¡y por ellos no te dejes engañar!
 Cuida de aprovechar tu libertad,
¡pues esta se desgasta si no la quieres aprovechar!
Mantente atento,

¡recuerda bien sus caras!
Mantente atento,
¡actúa con audacia!
Mantente atento,
¡Ten cuidado de esa raza!

Queridos amigos, manteneos atentos, y preguntaos justamente en un tiempo en que los cultos paganos tapan la verdad sobre Jesús, el Cristo: ¿Queréis ser verdaderos cristianos, celebrar una Navidad en el sentido de la familia de María y José – o queréis participar del delirio de un culto engañoso, cuya subsistencia no será de muy larga duración, si se considera la situación económica actual? La Tierra con sus catástrofes y guerras hará despertar a más de uno que hoy todavía cree poder seguir durmiendo en el regazo de la política y de la Iglesia.

 Queridos amigos, a cada uno de vosotros os deseo una Navidad en el sentido de la familia de María y José – la Navidad interna, el recogimiento en la paz del corazón, que nos permite sentir y experimentar que no estamos solos. La fuerza de Dios, la luz de nuestro Redentor Cristo, está presente en nosotros en cada momento. La entrega interna a Cristo significa una vida consciente, estando atentos a nosotros mismos. Así conseguimos confianza, estabilidad y fuerza para actuar, y también la visión profunda para las exigencias de la vida diaria.

 Navidad es también la fiesta de la paz. Deseémonos todos la paz del corazón, que significa unidad – la paz con todos los hombres, seres y formas de vida.

 

En esta consciencia

saludo de todo corazón

a todos mis hermanos y hermanas

 

Gabriele

 

[1] Ambas expresiones: “Viva el cazador” (en alemán: Waidmannsheil) y “Gracias al cazador” (Waidmannsdank), son parte integrante de la tradición y costumbres de los cazadores en Alemania, que se vitorean antes y después de la caza. Nota de los traductores.

 

[2] Aquí se refiere a los dos partidos políticos de derechas en Alemania: la Unión cristiano-demócrata (CDU) y la Unión social cristiana (CSU). (N.d.l.T.)

 

[3] Al traducir esta canción desde el alemán, se ha procurado darle una rima castellana, pero por dificultades de traducción cada verso no corresponde necesariamente a la métrica de la canción.

 

Cartas de Gabriele

 

 

© 2007 Universelles Leben e.V. • E-Mail: info@universelles-leben.orgImpressum