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de Gabriele Nr. 3

¿Las instituciones llamadas Iglesia
están en contra de la guerra?
¿Violencia para conseguir la paz?



Leemos y escuchamos hablar del amor a Dios y al prójimo. Así se plantea la pregunta: ¿Es el hijo de Dios un jefe del ejército que hace de los hombres soldados, a los que les enseña el arte de matar? A los seres, para que se hicieran seres humanos, Dios no les dio ningún talento de ese tipo. Dios les dio a los hombres los Mandamientos, uno de los cuales dice: No matarás.

Algunos lectores pensarán que las Iglesias están en contra de la guerra. ¿Lo están verdaderamente? Se podría pensar así si se lee el SPIEGEL ONLINE (revista alemana virtual) del 1 de febrero de 2003, donde dice:“Bush despierta la santa ira de la Iglesia. George Bush se presenta con gusto como una persona profundamente religiosa; las Iglesias alemanas condenan, sin embargo, su política en Irak con palabras desa­costumbradamente mordaces. La mayor autoridad protes­tante denomina a la amenazante guerra de ser “moralmente no permisible”, y la mayor autoridad católica encuentra que Bush no es mejor que los fundamentalistas islámicos ...

En el periódico alemán “Bild am Sonntag” escribe el obispo de Maguncia, el cardenal Karl Lehmann, presidente de la conferencia episcopal alemana, que desde el punto de vista de la Iglesia, la guerra sólo debería ser considerada en situaciones extremas. Puede servir como defensa a un ataque directo, o como lucha contra un crimen en contra de la humanidad, como el genocidio“.

“Miedo terrible” dice el título que sigue a continuación.

“En el caso de Irak no se cumplen esos criterios: Una guerra para derrocar un régimen tirano y amenazante o para prevenir peligros, a veces también denominada ´guerra preventiva moralmente no está permitida´, escribe Lehman. … “

Lo escrito a pie de imagen resume la opinión del cardenal Lehmann en la frase:

“La guerra es sólo legítima en situaciones extremas”.

En el texto se continúa diciendo: “Kock, el presidente del consejo de la Iglesia evangélica protestante de Alemania (EKD), ya había criticado antes fuertemente a Bush. El presidente de los EE.UU., dice Kock, es un´fundamentalista religioso´.

Bush se presenta como si tuviera que cumplir una misión religiosa. Los islamistas que quieren llamar a la guerra santa argumentarían de forma parecida.

Kock dijo en el periódico alemán´Stuttgarter Zeitung´: ´Un motivo así me produce un miedo terrible´. La sensatez lo tiene difícil para luchar contra una postura irracional tal, continuó Kock. El tiene poca esperanza de que se pueda evitar la guerra. Washington no se esfuerza en absoluto en encontrar seriamente una solución diplomática al conflicto de Irak”.

Lo que dicen los hombres de la Iglesia se corresponde con todos aquellos que están poco o en absoluto convencidos de la existencia de Dios o que nunca se han ocupado en pensar sobre el amor a Dios y al prójimo. Por ejemplo los teólogos Kock y Lehmann rechazan una guerra en Irak por motivos teológicos. Bien entendido: por motivos teológicos. El obispo Lehman dijo: “…  Desde el punto de vista de la Iglesia, la guerra sólo debería ser considerada en situaciones extremas”.

Ahora, desde el “punto de vista de la Iglesia”, ¡no de acuerdo con la voluntad de Dios! Los hombres de Iglesia hablan de su Iglesia. Parece ser que no dan ningún valor a los Mandamientos de Dios y a la enseñanza de Jesús. O sea que la Iglesia determina si hay guerra o paz. Jesús enseñó algo totalmente diferente a lo que la Iglesia le vende literalmente a sus creyentes. Jesús nos enseñó: “... todos los que cojan la espada, morirán bajo la espada“.

Karl Lehmann continúo argumentando, “... Desde el punto de vista de la Iglesia, la guerra sólo debería ser considerada en situaciones extremas. Puede servir como defensa a un ataque directo, o como lucha contra un crimen en contra de la humanidad, por ejemplo, el genocidio“.

¿Quiénes han sido los ejemplos “extremos” de crímenes en contra de la humanidad y del genocidio? Precisamente en ese catálogo de “ejemplos” está, entre otros, en primer lugar la Iglesia. Ella fue por ejemplo la que llamó a las sangrientas cruzadas, donde se asesinaron cientos de miles de personas de otras creencias. Bajo los auspicios de la Iglesia fueron atormentados y asesinados los nativos en Sudamérica. Todavía en el siglo XX toleró, o mejor dicho, favoreció Pio XII el genocidio bajo el régimen Ustascha en Yugoslavia.

Siempre se debe ir con el buen ejemplo por delante. Si Karl Lehman apoya una guerra en situaciones extremas, entonces debería hacer que se adiestrara a todos los sacerdotes como soldados, enviándolos a luchar a primera línea, según el buen ejemplo.

Según el punto de vista de la Iglesia, la guerra puede ser llevada a cabo en casos extremos. Una guerra, sin embargo, es siempre asesinato al hermano, no importa cómo se la denomine. Jesús nos enseñó la paz. El “cristianismo” está desfigurado y deformado. Se ha convertido en una mezcla de paganismo y opinión de la Iglesia. Si nos queremos ocupar más de la enseñanza de Jesús, el Cristo, primero nos tenemos que apartar de las instituciones llamadas Iglesia y dirigirnos al interior, pues el Cristo de Dios vive en el hombre mismo.

Jesús quería que todos los hombres fueran iguales. El quería la comunidad en El y con El, lo cual significa libertad. El quería que los hombres se convirtieran en la imagen y semejanza de Dios, siguiendo y personificando los Mandamientos de Dios y Su enseñanza, la enseñanza de Jesús, el Cristo. El quería que todos los hombres activaran los talentos que se encuentran en cada uno y con ello contribuyeran a la unidad y así al verdadero bien común. Jesús que­ría la fraternidad y no el fratricidio. Jesús quería justicia y no el derecho. Jesús es el príncipe de la paz, las Iglesias al fin y al cabo no son otra cosa más que un ejército guerrero pagano. El que propicia una guerra en casos extremos no está al lado de Jesús, el Cristo. Esta persona aboga en casos extremos por el fratricidio.

¿Qué significa en “situaciones extremas”? Karl Lehmann se refiere con ello a “los crímenes a la humanidad como lo es el genocidio”. Si Jesús abogara por una guerra, sea una guerra preventiva o una guerra en situaciones extremas, entonces hace tiempo que, con el poder del Espíritu, El hu­biera convertido en escombros y cenizas a las instituciones llamadas  Iglesia, y hubiera matado a los lemings (roedores del Norte de Europa que ciegamente siguen a sus congéneres que van por delante de ellos. Nota de los traductores) eclesiásticos que se apegan ciegamente al paganismo y abusan de Su nombre. ¿Quién ha cometido los crímenes más grandes contra la humanidad? ¡Las Iglesias! Sobre esto, el autor y crítico alemán Karl-Heinz Deschner escribe: “Después de ocuparme intensamente de la historia del cristianismo, no conozco en la Antigüedad, la Edad Media ni en la actualidad, incluido y de forma especial el siglo XX, ninguna organización del mundo que a su vez durante tanto tiempo, tan continuamente y de forma tan atroz se haya cargado de crímenes como la Iglesia cristiana, especialmente la Iglesia católica-apostólica-romana”.

Consultemos el catecismo de la Iglesia católica,  párrafo 2309: “Se han de considerar con rigor las condiciones estrictas de una legítima defensa mediante la fuerza militar”. Podrían surgir muchas preguntas sobre ese punto de vista de la Iglesia. Por ejemplo: ¿Quién lo permite? ¿Y qué? ¿Con qué competencia? ¿Jesús, el Cristo, ha enseñado eso? En el texto del catecismo continúa. Sobre la composición anterior se van desarrollando otras: “La gravedad de semejante decisión somete a ésta en condiciones rigurosas de legitimidad moral. Es preciso a la vez:

- Que el daño causado por el agresor a la nación o a la comunidad de las naciones sea duradero, grave y cierto.

- Que todos los demás medios para poner fin a la agresión hayan resultado impracticables o ineficaces”.

Pensemos, por ejemplo, en los indios. ¿Qué “daños” se les podrían achacar? ¿Qué hicieron de malo? Jesús, el Cristo, le dijo al siervo que lo abofeteó: “¿Por qué me pegas?” Innumerables indios están a la vez simbólicamente en la atmósfera de la Tierra y preguntan: ¿Qué hemos cometido en contra de vosotros? ¿Por qué nos habéis matado?“

- Que el empleo de las armas no entrañe males y desórdenes más graves que el mal que se pretende eliminar. El poder de los medios modernos de destrucción obliga a una prudencia extrema en la apreciación de esta condición.

Hay que plantearse la pregunta de ¿Para qué se construyeron entonces las armas?

“Estos son los elementos tradicionales enumerados en la doctrina llamada de la “guerra justa“.

La apreciación de estas condiciones, la legitimidad moral pertenece al juicio prudente de quienes están a cargo del bien común“.

¿Habló Jesús de una guerra justa? Toda guerra es fratricidio. ¿Es esta la justicia del Dios de la Iglesia? ¿Quién se toma el derecho de hablar de la “guerra justa“? ¿Con qué legitimación? ¿De quién? ¡De Jesús, el Cristo, no! De Dios, no, pues la ley de Dios es el amor a Dios y al prójimo. ¿De quién entonces?

“Los poderes públicos tienen en este caso el derecho y el deber de imponer a los ciudadanos las obligaciones necesarias para la defensa nacional”.

El Estado y la Iglesia estatal están de acuerdo; son uno. Lo que han compuesto juntos tiene validez. Ellos determinan derecho y obligación.

“Los que se dedican al servicio de la patria en la vida militar son servidores de la seguridad y de la libertad de los pueblos. Si realizan correctamente su tarea, colaboran verdaderamente al bien común de la nación y al mantenimiento de la paz ...“

¿Violencia para conseguir paz? ¿Ha enseñado eso Jesús, el Cristo? ¿Quién es el modelo ejemplar para una convicción así, para una postura, un comportamiento tal? Jesús, el Cristo, no lo es. Dios, el Eterno, no lo es. ¿Quién entonces?

“Las acciones deliberadamente contrarias al derecho de gentes y a sus principios universales, como asimismo las disposiciones que los ordenan, son crímenes. Una obediencia ciega no basta para excusar a los que se someten a ella. Así, el exterminio de un pueblo, de una nación o de una minoría étnica debe ser condenado como un pecado mortal“.

¿No participó la Iglesia hasta entrado el siglo XX en todos esos crímenes que aquí son descritos como pecados mor­tales? ¿Valen esas palabras sólo para los profanos? ¿Y la Iglesia puede y tiene el derecho de permitir esto? ¿Está excluida del pecado mortal? - “Existe  la obligación moral de desobedecer aquellas decisiones que ordenan genocidios“.

En su catecismo la Iglesia católica dice:

“Toda acción bélica que tiende indiscriminadamente a la destrucción de ciudades enteras o de amplias regiones con sus habitantes, es un crimen contra Dios y contra el hombre mismo, que hay que condenar con firmeza y sin vacilaciones ... Un riesgo de la guerra moderna consiste en facilitar a los que poseen armas científicas, especialmente atómicas, biológicas o químicas, la ocasión de cometer semejantes crímenes”. ¿Qué dice sobre esto el presidente norteamericano Bush?

¿Por qué no empiezan las Iglesias por la base? El que produce armas, pone en éstas ya la desgracia. ¡O sea que la producción de armas significa guerra!

Dado que las Iglesias no personifican la enseñanza de Jesús, el Cristo, determinan ellas lo que está prohibido y lo que está permitido. Léase y sorpréndase: “La prohibición de causar la muerte no suprime el derecho de impedir que un injusto agresor cause daño. La legítima defensa es un deber grave para quien es responsable de la vida de otro o del bien común”.

Conclusión: ¡La Iglesia toma y acepta las guerras tal cual son y con ello el fratricidio!

Jesús era un pacifista total. Una y otra vez acentúan los representantes de la Iglesia: “Nosotros no somos pacifistas”, o sea que tampoco son cristianos.

Momentaneamente se ocupan muchas personas con la guerra en Irak. En algunos países, también en los Estados Unidos de América, se protesta contra la guerra de Irak. O sea que muchas personas protestan contra la guerra que es contra otras personas. Pocos piensan más allá. Guerra también hay en los bosques y en los campos, en los establos de engorde, en los transportes de animales, en los mataderos, en los laboratorios de experimentación con animales. En todos los sitios donde los animales son maltratados y matados intencionadamente hay guerra. La guerra muestra siempre la debilidad de un país que ataca. Y el que está a favor del asesinato a los animales puede calificarse también de persona débil o incluso de libertino agresivo.

El 7.3.2003 la radio del Vaticano propagó la siguiente información por internet:

“Gran Bretaña

Soldados británicos pueden considerar sus operaciones en una posible guerra en Irak, según la opinión del obispo militar católico, como “moralmente honestas“. La orden para ir a la batalla sería dada para “conseguir una buena meta moral“, dice en una carta pastoral del obispo Tom Burns a los miembros católicos de las fuerzas armadas británicas publicada hoy. A causa de la crisis de Irak todos los participantes, sobre todo en el ejército, tuvieron que hacer un examen de conciencia. Una orden de marcha sólo tendrá lugar cuando todos los medios políticos se hayan agotado, declaró Burns. El obispo militar acentuó que las autoridades eclesiásticas habían depositado en las manos del gobierno la última decisión sobre el momento en el que esa situación se diera. Con ello se trata de una “orden legítima de un gobierno legítimo“. Acatarla no pone a los soldados en un conflicto con la enseñanza de la Iglesia. El cardenal londinense Cormac Murphy O´Connor y el primado anglicano, el arzobispo Rowan Williams, acentuaron hace poco en una declaración conjunta que la legitimación para una guerra contra Irak no se daba por el momento“.

Estas afirmaciones hablan por sí solas.

El verdadero cristiano, el verdaderamente creyente, busca el motivo: ¿Por qué después de todo guerra contra los seres humanos, animales y la Madre-Tierra, si somos cristianos?

¿Cuál es la base para la guerra?

Todo lector que se denomine cristiano debería primero plantearse a sí mismo la pregunta: ¿Vivo en paz con mis semejantes? ¿Están mis pensamientos libres de desprecio a mi prójimo, de enemistad, odio, envidia y avidez de riqueza, posesiones y prestigio?¿O me encuentro en pensamientos y con combates verbales en guerra contra mis familiares, amigos, conocidos, compañeros y compañeras de trabajo? Y no hablemos ya del desastre político.

¿Por qué la matanza de animales? ¿Por qué me como a mis hermanos pequeños, los animales?

¿Por qué en el mundo hay desigualdad, falta de libertad, que con frecuencia tiene su base en la dependencia?

¿Por qué la falta de paz entre los hombres?

¿Por qué la injusticia?

¿Por qué el alejamiento de los Mandamientos de Dios y de las enseñanzas de Jesús?

La guerra en Irak muestra que la cristiandad ha fracasado. Ningún cristiano de Iglesia debería llamarse más cristiano, y mucho menos ningún político.

 

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