Usted está aquí: Página inicial > Profecía > Publicaciones > Cartas de Gabriele > La Gran Carta
de Gabriele Nr. 4

Ganado vacuno encuentra un hogar
en las tierras pacíficas



Este es Chasry, un pequeño ter­nero que ya no viviría si algunos ami­gos de los animales no hubieran ac­tua­do con rapidez. Otra vez fue Gabriele la que reconoció el peligro para el pequeño ternero y también para sus padres y dio el impulso para salvar a la familia vacuna; y como siempre fue ella la primera en conversar frente a frente con el toro Maese y hacerle comprender que ni a él ni a los suyos les volvería a sobrevenir sufrimiento alguno.

Actualmente la familia Maese vive en un bello prado en las tierras pacíficas. Chasry retoza sobre la hierba y explora el bos­que­cillo que linda con el prado...

Imaginémonos que hace frío, llueve, hiela y nieva. Junto a una carretera regional hay un prado. Constantemente pasan vehículos de todos los tamaños, y eso día y noche.

En ese prado hay –con las orejas gachas– un toro y dos vacas, de aproximadamente 10 años de edad. Por un lado están tristes a causa de unos 15 congéneres que han sido recogidos por un gran camión de transporte de ganado, que se marchó en dirección al matadero, y por otro sufren visiblemente bajo el tiempo inestable. El heno está en un pesebre en el que llueve dentro, y la pequeña cabaña de madera de un segundo prado es incómoda y en realidad tiene demasiado poco espacio para alojar los grandes cuerpos con su cornamenta.

Nosotros (nuestra hermana Gabriele y algunos hermanos), cuan­do vamos de camino hacia el bosque de las tierras pacíficas pa­samos una y otra vez por allí, y constantemente viene la pre­gun­ta de Gabriele de si es que nadie se ocupa de esos animales. Una llamada telefónica al dueño es despachada con la lapidaria res­puesta: éstos son animales ancestrales, que están acos­tum­bra­dos a eso. Sin embargo, nadie piensa que desgracia­da­mente en nues­tra Tierra ya no se puede encontrar el correspondiente estado de los orí­genes, deseado por Dios, ni nadie piensa que con la devas­tadora contaminación del medio ambiente la naturaleza no ofrece ya los oligoelementos, minerales y enzimas que los animales en libertad ne­cesitan para desarrollarse. El pelaje se estropea con la “lluvia ácida”, las pezuñas se reblandecen a causa de la falta de mi­nerales. Así pues el frío y la humedad penetran en el cuerpo: los animales sufren, como también los hombres...

Como el mal tiempo se alarga mucho, osamos un nuevo intento: pedimos al dueño que se nos permita poner paja en la cabaña. Él lo permite y ya el primer día los tres grandes animales se cons­tri­ñen en la cabaña...

 

siguiente capítulo / índice de capítulos

 

 

© 2007 Universelles Leben e.V. • E-Mail: info@universelles-leben.orgImpressum