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de Gabriele Nr. 4

Hombres matan a animales.
¡Dios es la vida!



Quien en el acontecer del día se toma el trabajo de ana­lizar lo que realmente significa entender, se volverá a en­con­trar muy pronto con las palabritas “por qué”. ¿Por qué esto es así y no de otra manera? ¿Por qué no es tal como se lo ha imaginado el entendimiento? ¿Por qué la sociedad ac­tual, que se ha convertido en una sociedad intelectual, se ha vuelto tan brutal? ¿Por qué nos cuesta tanto a nosotros los hombres entender a otras culturas, o ni siquiera las en­tendemos? ¿Por qué el uno está enfermo y el otro sano? ¿Por qué nosotros los hombres consumimos partes de cadá­veres de animales, siendo así que deberíamos ser los reyes de la Creación? Si queremos ser los reyes de la Creación, ¿por qué no podemos crear vida? ¿Por qué el hombre siem­pre necesita una base de vida, una sustancia vital, para poder construir sobre ella? ¿Por qué no podemos crear por no­sotros mismos ninguna base, ninguna sustancia vital?  Aún habría innumerables preguntas por hacer.

Para muchos hombres sigue habiendo preguntas abier­tas, como por ejemplo: ¿por qué hay hombres que quitan la vida a otros hombres? ¿Por qué hay hombres que matan a animales? ¿Por qué los hombres destruyen la naturaleza? ¿Por qué no pueden crear la base, la sustancia de la vida?

El hombre intelectual jactancioso no puede crear ninguna hierba, ninguna flor, ningún árbol, ningún arbusto, ningún animal; él necesita siempre la sustancia vital, la base de la vida. ¿Quién es la sustancia vital? Es únicamente Dios.

Si Dios es la vida: ¿le está permitido al hombre matar? ¿Cree el hombre poder matar a otros hombres porque la Iglesia ha permitido el matar? ¿Cree el hombre poder matar a animales porque la Iglesia ha permitido el matar? ¿O es de la opinión de que dado que los animales no tienen enten­dimiento, sólo “instinto”, le está permitido? Las Iglesias es­tán a favor del matar, porque todo lo que no sigue sus hue­llas, las huellas de la forma de pensar de la Caída, les resulta peligroso o podría volverse peligroso. Sin embargo Dios dijo a través de Moisés: “No matarás”. El adversario de Dios ha dicho a través de las autoridades eclesiásticas: se te permite matar, pero no asesinar.

 

Quien sin egolatría se ponga a investigar el denominado instinto de los animales, tarde o temprano reconocerá que el “instinto” abarca mucho más que el entendimiento.

La definición de instinto en el diccionario es la siguiente: “Estímulo de la naturaleza. Impulso de la naturaleza. Propulsión natural a determinadas formas de comportamiento, dirigida in­cons­cientemente y sin necesidad de práctica. Capacidad, espe­cial­­mente de los animales, de reaccionar en determinadas situa­ciones de una manera determinada, también guiada de forma cons­ciente, de mostrar un determinado comportamiento (en especial pa­ra mantener la vida y la especie): el instinto animal de la incu­bación, de la reproducción y el instinto maternal. El animal se de­ja conducir por su instinto”.

Si reunimos los hechos sobre el instinto y los analizamos, reconoceremos que las formas de comportamiento de los ani­males se acoplan a los procesos de la naturaleza. Los ele­mentos y la Madre Tierra, todo lo que vive en la Tierra y sobre la Tierra sin cargas, es decir, sin tendencias egoístas, es conducido por el Espíritu universal, la vida. Las plantas, los minerales y los animales son por tanto traspasados por el Espíritu universal, por el Espíritu de la naturaleza. El Es­píritu eterno, la ley eterna, Dios, actúa y gobierna en la naturaleza terrenal.

 

Comprendamos la diferencia entre “conducido” y “ma­nipulado”. La manipulación tiene lugar por medio de fuer­zas que no son divinas y siempre lleva a la debilidad, a la degeneración, a la ruina, a la perdición, al derrumba­mien­to, y finalmente a la muerte. Eso corresponde a la forma de pensar de la Caída.

¿Por quién es manipulado el hombre? ¿Quién influye sobre sus tendencias egoístas?

Los pájaros vuelan miles de kilómetros, conocen su ruta de vuelo, saben cuándo es tiempo de incubar. En el lugar donde hace un año incubaron, construyen a tiempo sus ni­dos o se instalan en su vivienda del año anterior. En todo el mundo animal se pueden observar cosas iguales o pare­cidas.

Para muchos animales, dos o tres veces al año es tiempo de apareamiento y de incubación. Ahora quedan pendientes las palabritas “por qué”: ¿por qué el hombre no conoce sus límites? ¿Por qué para él es día y noche tiempo para la se­xualidad? ¿Por qué es un fanfarrón egoísta y sexual? ¿Todo este comportamiento proviene de su entendimiento, puesto que se trata de un hombre intelectual? Analizado impar­cial­mente esto significa que el entendimiento está por de­bajo del instinto. La naturaleza es conducida por el Espíritu uni­versal, el hombre es manipulado por sus tendencias inte­lectuales, que están poseídas por la avidez del ego y la pa­sión del ego, por la arrogancia y el impulso sexual. Al en­ten­dimiento le falta el amor a Dios; la naturaleza vive en el amor a Dios y con ello en la unidad.

 

Tocando el punto esencial, puede decirse que si los hom­bres tuvieran un instinto en lugar de un entendimiento, se­rían más listos. Véanse al respecto las siguientes ano­ta­cio­nes de Arthur Schopenhauer (1788–1869), filósofo ale­mán:

“Quien es cruel con los animales, no puede ser un buen hom­bre”.

“La moral cristiana ha limitado sus prescripciones exclusi­va­mente a los hombres y ha dejado al mundo animal sin derechos. Só­lo hay que ver cómo nuestra plebe cristiana obra en contra de los animales, cómo los mata sonriendo y totalmente sin sentido, o có­mo los mutila y martiriza, cómo fatiga al máximo a sus caballos ya viejos para sacarles la última médula de sus pobres huesos, has­­ta que mueren a causa de los golpes. Se podría decir en verdad que los hombres son los demonios de la Tierra y los animales sus al­mas atormentadas”.

“El mundo no es una obra mal hecha y los animales no son un pro­ducto de fábrica para nuestro uso. A los animales no les debemos compasión sino justicia”.

Leonardo da Vinci (1452–1519), pintor italiano y genio uni­versal dijo lo siguiente:

“Llegará un día en el que los hombres juzgarán de la misma ma­nera el dar muerte a un animal, que hoy juzgan el matar a un hombre. Llegará el tiempo en que comer animales será condenado igual que hoy se condena el comerse a nuestros semejantes, el canibalismo”.

De Günther Weitzel (1915–1984), un conocido químico alemán podemos leer:

“La conciencia cristiana no se puede dar por satisfecha con el incumplimiento del quinto mandamiento sobre los animales del matadero. El que ha visitado una vez un matadero suele estar más o menos conmocionado, asqueado por lo que ha visto. Casi to­dos llegan a la conclusión de que la matanza brutal de animales, que antes han sido criados y engordados para acabar siendo co­mi­dos, es algo indigno de la humanidad actual y especialmente de la cristiandad”.

Y León Tolstoi (1828– 1910), escritor y humanista ruso com­­probó que “en tanto existan mataderos, habrá campos de batalla”.

“El vegetarianismo vale como criterio en el que podemos reconocer si un hombre aspira seriamente a una perfección moral”.

Albert Schweitzer (1875–1965), médico, músico y teó­lo­go, premio nobel de la paz en 1952, dijo lo siguiente:

“Respeto a la vida significa rechazo del matar”.

“Dondequiera que un animal sea obligado a servir a los hom­bres, somos todos responsables de los sufrimientos que padezca”.

“Mi punto de vista es que nosotros, los que luchamos por el res­peto a los animales, dejemos totalmente el consumo de carne y tam­bién hablemos en contra de él. De esta manera puede llamarse la atención de más de uno sobre el problema que ha sido planteado tan tarde”.

“Yo hago examen de conciencia de que la costumbre de comer carne no está en concordancia con sentimientos elevados”.

 

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