El “reencuentro de la familia” quedaba pendiente. Llevamos a Rika y Chasry hasta Maese y Rine. El reencuentro provoca, en los normalmente tranquilos y mesurados animales, un alegre galope a lo largo de todo el prado. Y ya está la familia al completo, siendo aceptado el ternerillo con toda naturalidad.
Ahora pastan juntos, rumian a la sombra de los altos árboles y disfrutan refrescándose las pezuñas y patas... De sus hermanos humanos reciben de vez en cuando algunos manjares, y ellos aceptan con gusto a los bípedos y los regalos. Son animales felices por los cuatro costados, que también causan mucha alegría a sus hermanos humanos y seguro que a los seres de la naturaleza y a los restantes habitantes de las tierras pacíficas...