
  La “Majestad negra” dice: ¡someted la Tierra violentamente!

De nuestro ámbito de experiencias todavía habría muchas cosas bonitas y conmovedoras que contar. Desgraciadamente tampoco nosotros nos libramos de situaciones desagradables y bestiales. Pero aquí prefiero no hablar de que hay cazadores y carniceros que literalmente atentaron contra la vida de nuestros hermanos animales, haciéndolos morir de forma cruel... Quien quiera ver o hacerse por sí mismo una imagen de las aberraciones crueles y bestiales, de los crímenes que se comenten contra los animales, puede solicitar el vídeo correspondiente a la presente carta de Gabriele.
¿Quién tiene la culpa principal en el comportamiento brutal y horroroso para con los animales? Los culpables principales son las Iglesias institucionales, que incluso bendicen a los animales descuartizados así como a sus matadores y matarifes bípedos. En lo que se denominan “misas de Hubertus”, la “Majestad negra” se da a conocer. El siguiente culpable es el Estado, que se ha sometido a las “Majestades negras” para ejecutar lo que determinan los “expertos en vudú”. Sin embargo, quien señale con el dedo a las “Majestades negras” y a sus sirvientes, debería preguntarse primero a sí mismo si él no tiene también parte de culpa.
Para facilitar el autorreconocimiento a quienes deseen autorreconocerse, puede ser de ayuda la siguiente exposición de legitimidades espirituales fundamentales.
Tu verdadero Padre eterno, al cual rezas en el Padrenuestro y al cual regresarás como ser inmortal a través de Jesús, el Cristo, es el amor universal.
En el amor universal están la libertad y la unidad, que son valores de la existencia eterna.
Dios, tu Padre, es la vida en ti, el ser humano, y en tu alma inmortal. Dios es el Creador del infinito, y también el Creador del planeta Tierra con todos sus seres vivos y todas las formas de vida de la naturaleza: los animales, las plantas y los minerales.
Dios es la fuerza en los elementos, que suministran a la Madre Tierra luz, agua y aire.
Dios, tu Padre eterno, es la omnipresencia, porque Él es la vida universal, el amor universal.
Dios está presente en todo el infinito.
Él, Dios, tiene en Sus manos los enormes movimientos de los astros.
Dado que Dios es omnipresente, es también la unidad, la cooperación de todas las fuerzas positivas.
Las fuerzas positivas son las energías de la vida en todos los hombres, seres vivos y formas de vida de la naturaleza, en todo planeta.
Así pues, Dios respira a través de ti, el ser humano, a través de cada animal, a través de todas las plantas y minerales, a través de todos los astros. La respiración es el hálito de Dios, la vida.
Pregúntate si tienes el derecho de quitarle la vida a un ser vivo o a una forma de vida de la naturaleza. ¿Has dado tú la vida a alguno de estos seres?
Por eso nunca mates intencionadamente a un animal. No mates a ningún árbol, a ninguna planta. No las arranques de la Madre Tierra ni tales ningún árbol que esté lleno de savia, en medio de la vida.
No hagas matar para ti a los animales, que son tu prójimo de los reinos de la naturaleza, tus hermanos animales. No consumas el cadáver de tus hermanos animales. No seas un caníbal de animales.
No golpees a ningún animal. No exijas demasiado de ningún animal, cuando esté trabajando para ti. Comparte el trabajo con él, y sentirás el afecto del animal.
Respeta y valora tu vida, que te ha dado Dios, tu Padre. Respeta y valora a todos los seres vivos y a todas las formas de vida, pues portan la misma respiración que tú, la vida.
Aprende cada día de nuevo a entenderte como ser en Dios, tu Padre; entonces conocerás a tus hermanos animales y a todas las formas de vida de la naturaleza.
Y si te dicen que Dios nos ha mandado a nosotros los hombres que “sometamos” a la Tierra –en el sentido de dominar, de someter con violencia–, ya sabes a quién tienes ante ti: a un miembro de la “Majestad negra”.
Con las palabras que se han transmitido “someted la Tierra”, Dios jamás se estaba refiriendo al comportamiento bestial de muchos hombres que obran cruel y brutalmente contra el planeta Tierra, contra la naturaleza, contra los animales y no en menor medida contra otros hombres.
Quien cumple la voluntad del Creador universal, nuestro Padre celestial eterno, por amor a Él, es feliz. Si Dios hubiera querido las cosas como creen los hombres cuando dicen “someted la Tierra”, la Tierra debería ser feliz y tener afecto al hombre; pues para los hombres “someter la Tierra” significa explotar a la Madre Tierra, maltratar bestialmente a los animales, matarlos, criarlos en ghettos para animales, inseminarlos artificialmente, quitarles los terneros para que la humanidad tenga leche y queso suficientes, y matar diariamente miles y miles para que el caníbal de animales hombre pueda consumir el cadáver de los animales. “Someted la Tierra” debería significar también que los agricultores esparzan el veneno más grande por los campos, matando innumerables animales pequeños o diminutos. La Tierra debería ser feliz cuando en las guerras fratricidas caen bombas devastadoras, produciéndole inmensas heridas de cráter, o cuando los hombres cambian los cursos de las aguas al construir enormes presas. Se podrían enumerar aún muchas formas de cómo los hombres “someten” a la Tierra, es decir, de cómo torturan, violentan, ultrajan, explotan, mutilan, ensucian y destruyen a la Tierra y a la naturaleza.
Si con las palabras “someted la Tierra” Dios hubiera querido las cosas verdaderamente así, la Madre Tierra debería estar en realidad satisfecha. Pero ¿por qué entonces más de un científico dice que la guerra de los hombres contra la naturaleza no la pueden ganar los hombres, que la naturaleza y con ella la Tierra será la vencedora? ¿Qué es lo que no concuerda? ¿Cómo quería Dios las cosas y cómo las quiere el hombre? El hombre siempre tiene una justificación. Raras veces se atiene a las afirmaciones verdaderas que también hay en la Biblia. Él entresaca sólo una o varias que sirvan a su bien, que sin embargo, como estamos viendo, se convertirán en su dolor.
La Tierra es la madre para los hombres, los animales y la naturaleza. Da innumerables frutos que pertenecen tanto a los hombres como al mundo animal. Los animales son una parte de la Madre Tierra y llevan en sí la consciencia de su Creador, que es unidad. Ellos quieren ser amigos de los hombres, quieren servir con su fuerza al hombre. Servir también significa que el hombre y el animal tienen que trabajar juntos, si bien algunos animales poseen más fuerza que el hombre. El animal aporta con gusto esa fuerza. El amor de Dios es unidad.
Los hombres, los animales y la naturaleza deben vivir entre sí en unidad y en paz, apoyarse mutuamente, ayudarse y servirse unos a otros. El hombre ha de cuidar los bosques, trabajar los campos según el orden de la vida, según la voluntad divina, es decir, llevar a cabo un cultivo como lo desea Dios, pacífico, de forma que no sólo el hombre pueda alimentarse de ello, sino también el mundo animal, que forma parte del hombre, tal como el hombre, el animal y la naturaleza forman parte de Dios, nuestro Padre eterno y Creador.
Distánciate de todo horror llevado a cabo por el hombre, también cuando sea presentado como algo natural o por ejemplo justificado como tradición. ¡No colabores!
Los diez Mandamientos de Dios y las enseñanzas de Jesús, el Cristo, te ayudan a alcanzar una visión amplia, una visión de tu entorno, la libertad y a sentir profundamente lo que siente el prójimo. Entonces ves, oyes y sientes bien con el corazón.
La sabiduría de Dios es primero el conocimiento divino de que el hombre no necesita ninguna Iglesia de piedra porque él mismo es el templo de Dios, y de que en este templo, en el hombre, vive el Espíritu de su Padre, el Padre de todos nosotros.
El corazón del alma es Dios.
Deseo de corazón a todos los lectores que encuentren a Dios en su interior, pues entonces se abre el portal al corazón; entonces nos guía el corazón del alma, Dios; y entonces se ve, se oye y se siente bien con el corazón.
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