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de Gabriele Nr. 4

Las Iglesias “cristianas” sólo han traído
dolor, necesidades y muerte a los hombres,
a la naturaleza y a los animales



Más de un lector se preguntará: ¿son las Iglesias real­mente el auténtico cómplice, el poder desastroso que es cul­pable de todo, también del sufrimiento de los animales?

Las Iglesias, que se ven a sí mismas como autoridad com­petente cristiana, han traído desde que existen solamente sufrimiento, necesidad y muerte sobre los hombres, la natu­raleza y los animales. Pensemos sencillamente en las cruza­das, en la Edad Media, en la denominada quema de brujas; pensemos en la esclavitud y en las últimas masacres de los católicos croatas contra los ortodoxos serbios entre 1941 y 1943 en Yugoslavia.

Las Iglesias institucionales aprueban también las deno­minadas guerras defensivas y la guerra y el asesinato a los animales. Han traicionado la enseñanza de Jesús, haciendo lo contrario de lo que Jesús enseñó. Han mezclado la clara enseñanza del Nazareno con el culto pagano. En el teletexto del canal televisivo alemán ARD del 8 de abril del 2003 ba­jo la rúbrica de todo el mundo se pudo leer al respecto lo si­­guien­te:

“Vudú en Haití reconocido como religión. Unos 200 años des­pués de la independencia de Haití ha sido allí reconocido oficial­mente el Vudú como religión. El presidente Bertrand Aristide dio a conocer un decreto correspondiente. En una ley el Vudú tiene que ser jurídicamente equiparado a las confesiones cristianas. Tres cuartas partes de los ocho millones de Haitianos se consideran seguidores del culto Vudú. Se trata de una religión politeísta que trajeron en el siglo XVIII los predecesores de los actuales habitantes, esclavos traídos de Africa, y que mezclaron con elementos cristianos”.

¡La enseñanza de Jesús no tiene verdaderamente nada que ver con los “elementos cristianos” en el Vudú! Se trata de elementos de las Iglesias institucionales, que mezclaron y barajaron su magia de cultos pagana con la enseñanza de Jesús, el Cristo. La enciclopedia Brockhaus informa sobre esto: “En el Vudú están fundidos elementos de las religiones traídas desde el siglo XVI por esclavos negros del África occidental y del catolicismo ... se adora a ... seres divinos del mundo de imágenes africano, a los cuales en parte se traspasaron rasgos de santos ca­tólicos”.

Toda esta mezcolanza de cultos se lleva a cabo en parte con la denominación de “cristiana”. Afirmaciones tales o parecidas a decir que la religión del Vudú contiene elemen­tos cristianos, muestran cómo se deforma la enseñanza de Jesús, el Cristo.

El profesor de teología Dr. Erich Gräßer, que antes era ca­tedrático numerario de teología del Nuevo Testamento en la universidad de Bonn, y que ahora enseña en la facultad de teología de la universidad de Greifswald,  también cons­tató ya a comienzos de los 90 que la Iglesia es la causante de la necesidad, del sufrimiento y de la matanza de los ani­males. En una conferencia se refiere a una afirmación del antiguo presidente de la asociación alemana de pro­tec­ción de los animales, el Dr. Andreas Grasmüller, según la cual la protección de los animales no es ningún motivo de ale­­gría, sino una invitación a avergonzarse de que la ne­ce­sitemos. Esa vergüenza, según el teólogo, no es compartida por las Iglesias cristianas: ”¿qué hay de la Iglesia y la protección de los animales?... Si alguna vez se escribe la historia de nuestra Iglesia, el tema “Iglesia y protección de los animales” en el siglo XX será un capítulo tan negro como lo fue una vez el tema de “Igle­­­sia y quema de brujas” en la Edad Media. Y tal como las Igle­­sias fracasaron en el siglo XIX en la cuestión social, echando fue­ra de la Iglesia a los trabajadores, fracasan actualmente en la de­­fensa de los animales y de la naturaleza, echando fuera de la Igle­­sia a los defensores de los animales; pues la Iglesia no se con­sidera competente en la protección de los animales”.

El profesor Gräßer también se refiere luego a la historia de ese desprecio de la Iglesia hacia los animales: “¿De dónde vie­ne en la Iglesia ese olvido de los animales? Proviene de que la éti­ca, tanto la teológica como la filosófica, cree que ella sólo tiene que ver con el comportamiento de los hombres con otros hombres y con la sociedad”. El profesor Gräßer cita a Albert Schweitzer, quien en una ocasión dijo que los pensadores europeos, co­mo meticulosas amas de casa,“vigilan que los animales no les entren en la ética”. Gräßer añade: “Los disparates que se per­­­miten para conservar la estrechez de corazón que se les ha trans­mitido y reducirla a un principio, rayan lo increíble. O quitan del todo la compasión por los animales, o cuidan de que se reduzca a un resto insignificante. Lo que hoy vivimos es un horrible juego in­fernal discurrido con el lápiz de cálculo, en el que con la ex­plotación de ganado en masa degradamos a nuestros animales úti­les convirtiéndolos en máquinas animales. La enorme cantidad de huevos, carne y mantequilla que de esta manera producen las so­­ciedades del bienestar occidentales,  se paga maltratando a los ani­­ma­les de un modo indigno de hombres. Frente a esta mons­truo­­sidad, practicada impunemente en todas partes, la ética de Albert Schweitzer del respeto por la vida se lee como un mensaje de otra estrella. ¡Y una Iglesia que calla respecto a todo esto, declara con ello en quiebra su predicación de la misericordia!” (Fuente: círculo de trabajo contra la vivisección, Interlaken)

¡Claras palabras de un cristiano que piensa por sí mismo, que ha comprendido lo que quería Jesús, el Cristo, lo que en­­señó y la responsabilidad que atañe a todo verdadero cris­tiano!

Dicho sea de paso el profesor Gräßer también hace pre­gun­tas críticas que podrían impulsar a cualquier contem­po­­­rá­neo e igualmente a más de un cristiano de Iglesia a pen­­­sar por sí mismos o incluso hacerles comprender. Por ejemplo:

“¿Qué sabemos sobre el Jesús histórico?¿De qué tipo son nues­tras fuentes? ... ¿No debemos tener ningún ámbito histórico, sino sólo testimonios de fe?¿Se convierte la fe incluso en incredulidad cuando se hace dependiente del conocimiento histórico? Yendo más allá: ¿es el Jesús histórico la medida de todas las cosas, o con su anunciación él sólo forma parte de los requisitos de la teología del Nuevo Testamento?”

Los resultados de la investigación historico-crítica res­pecto a la vida y la enseñanza de Jesús de Nazaret, no los co­nozco. Pero hay una obra en la que Él mismo, Cristo, que pasó por esta Tierra siendo Jesús, informa detallada­men­­te sobre ello. Se denomina “Ésta es Mi Palabra. Alfa y Ome­­ga. El Evangelio de Jesús. La manifestación de Cristo que los verda­deros cristianos han llegado a conocer en todo el mundo”.

Gräßer también plantea por ejemplo la siguiente inte­re­san­­te pregunta: “¿qué es válido: Jesús y Pablo, Jesús o Pablo?”

 

Volviendo al tema de la protección de los animales en de­­claraciones de representantes de la Iglesia, desde hace al­gún tiempo algunos van captando que el desprecio a los animales implantado por su institución contradice los Mandamientos de Dios de forma crasa. Un ejemplo de ello es el consejero de la Iglesia evangélica luterana Helmut Breit, que en el programa de la emisora de radio de Baviera Una pa­labra ha llamado la atención sobre el triste destino de un animal, que, de muchas maneras, acontece diariamente en nues­tras carreteras:

“Los faros apenas le alumbran. En medio de la carretera se en­cuentra tendido un erizo atropellado. Aplastado por innu­mera­bles ruedas de coche ya no se puede distinguir su singular contor­no. Me acuerdo del cuento del erizo y la liebre, en el que el erizo, más astuto, engaña a la liebre y al final queda como vencedor. Con­tra el hombre no tiene ninguna oportunidad.

¿Quién puede en la naturaleza enfrentarse a los hombres? “¿Estaría ya muerto?”, me pregunto. ¿Acaso lo habrá sentido, el eri­zo? ¿Acaso tendrá familia, quizás hijos? ¿Notarán éstos la falta de uno de sus padres? Tal vez diga usted: curiosos pensamientos... ¡Un erizo! Pero ¿cuántas personas mueren constantemente por el tráfico?

¿Tiene el hombre más valor que un erizo? Naturalmente, afir­maremos todos al valorarnos a nosotros mismos. Pero éste es nues­tro error, nuestro error en la forma de pensar. La vida siempre es igual de valiosa, y los cristianos deberían saberlo. Dios es mi crea­dor y fue el creador de ese erizo muerto. Respeto por la vida, así lo denominó una vez Albert Schweitzer, y tenía razón. Respeto por la vida. En la Biblia está escrito que la naturaleza gime bajo los hom­bres y espera la redención llena de añoranza. También ese erizo”(Del: Boletín del erizo, edición del 9 de mayo de 1993).

La irreflexión con que el hombre interviene en la vida de sus semejantes y de las otras criaturas, los animales, es sor­­prendente. Impasible utiliza a su prójimo y al prójimo ani­mal para sus fines. Según lo necesita les extrae por ejem­plo partes del cuerpo para alargar artificialmente a una per­sona su existencia en esta Tierra, que se acercaba a su fin sin consi­de­rar si ello estaba previsto en el plan para su vida o si ese pa­ciente puede siquiera aprovechar esos años te­rrenales adicionales de forma conveniente y beneficiosa en el sentido de su vida eterna.

Actualmente se deplora que cada vez más agentes pa­tógenos, virus, que provocan en la humanidad enfer­me­da­des contagiosas epidémicas graves, se han traspasado de determinadas clases de animales a los hombres –una evo­lu­ción que la medicina y la ciencia afrontan desvalidas y con preocupación–. Pero reflexionemos: ¿quién ha empe­za­do a anular la barrera natural entre el organismo del hom­bre y el del animal, a través, por ejemplo, de los trasplantes de órganos?

Por parte de la Iglesia se apoya el trasplante de órganos. De un tiempo a esta parte también algunos teólogos se dan cuenta de cuánto infringe ese apoyo las leyes de Dios. Así el encargado de cursos de ciencia de la religión en las uni­ver­sidades de Hildesheim y Kiel, ponente en academias ca­tólicas y luteranas y en centros de educación para adultos, Doctor en teología Erhard Meier, que entre otras cosas ha ana­lizado intensamente la ética de la protección de los ani­males, hizo constar en una conferencia:

“El Vaticano (academia para la vida) no tiene ningún reparo básico contra el trasplante de órganos de animales a hombres”. En el siguiente comentario de E. Meier se dice: “El trasplante de un órgano (por ejemplo el corazón) de un cerdo muerto a un hom­bre enfermo lo rechazo como una posibilidad insostenible. El hom­bre no debe, en una actitud de poder ciega –puesto que los ani­males no se pueden defender– invadir la vida de otras criaturas. Eso lo prohíbe la Sagrada Escritura, en la que también se hace re­ferencia a la protección del débil y del más débil.

El rasgo espiritual fundamental de la Biblia se puede ver en los sucesos del Cristo: nacimiento, vida, obra, muerte, resu­rrec­ción, ascensión a los cielos y regreso del Hijo de Dios Jesús el Cris­to, es de­cir, el Mesías, el regreso del cordero de Dios, al cual ado­raremos. Aquí Dios nos manifiesta una historia de salvación que lo abarca todo, que tiene validez para la salvación de todas las criaturas. En Romanos 8, 18 ss así como en el apocalipsis está ex­presado con­densadamente lo que es el rasgo espiritual fundamental de la re­velación, precisamente el respeto al misterio de la vida en sí –y el cambio necesario de que las criaturas vivas se tengan estima con sentimientos de amor.

Yo como hombre no tengo ningún derecho de tomar para mí el órgano de un animal (ni el de otro hombre), pues cada criatura específica porta el misterio de la vida, del cual todos participamos EN LA MISMA MEDIDA. Precisamente a la vista de las faltas infinitamente extensas y tenebrosas de los hombres (entre otras el terrorismo), ahora es el momento de mirar hacia el interior, de ver con claridad QUIÉNES SOMOS NOSOTROS LOS HOM­BRES: con una dignidad que no tenemos de nosotros mismos, sino sólo por la misericordia de Dios...”

 

El resumen del científico de la religión: “yo abogo por la re­flexión, el análisis, la meditación, el ascetismo, la oración, el ve­getarianismo...”

Las palabras con las que E. Meier concluye son dignas de reflexión: “La calidad de vida y la alegría verdaderas las trae la mirada a las bellezas ya existentes de la Creación de Dios”.

 

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