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de Gabriele Nr. 4

Se ha conjurado el peligro



Allí los hermanos cons­truyen un tablado en el que poder ordeñar a la vaca ma­dre, para dar la leche al ter­ne­rito.

También esto tiene éxito y el ternerito “Chasry” se vuel­ve más vivaracho de día en día. Cuan­do vemos que Chas­ry por sí mismo bebe una buena canti­dad de la ma­dre, todos res­pira­mos alivia­dos: se ha conjurado el peli­gro. Después de contar es­to al dueño, nos dice que el año an­terior un ternerito murió, por­que probablemente hubo las mis­mas dificultades, u otras similares.

En el tiempo transcurrido, trabajando día y noche, se ha vallado un prado grande en las tierras pacíficas, se ha construido un establo e instalado agua. La familia Maese puede mudarse...

Meter a los animales en un camión de transporte no resulta nada fácil. Seguro que aún está muy vivo en ellos el recuerdo del trans­porte de los miembros de su familia al matadero; pero mucha paciencia y la confianza en la ayuda de los seres de la naturaleza posibilitan el traslado al nuevo entorno.

Llegados allí, Maese y Rine observan muy interesados su nuevo hogar. La promesa de no tener que marcharse nunca más de allí les hace ganar confianza y examinar sin demora su bosque, el gran prado y la linda casa.

Durante los siguientes días “ponen orden” a conciencia en el bosquecillo y nos damos cuenta de que el ganado vacuno también necesita hojas y ramas para poder desarrollarse bien.

Obviamente se sienten bien, ganan confianza hacia los her­ma­nos que se cuidan de ellos, y se interesan por todos los trabajos que se llevan a cabo en su entorno. Al atardecer inspeccionan el pra­do de más arriba, disfrutan de la amplia vista y probablemente también de la tranquilidad y casi “sagrado silencio” de esas tierras.

 

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