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  El joven y el profeta

El joven:
¡Buenos días! ...
¡Hola! ...
Disculpa, pero cuando pienso que nuestra conversación va a ser grabada como base para un escrito, no se me ocurre absolutamente ninguna manera de cómo dirigirme a ti. Cuando nosotros los jóvenes hablamos de ti o contigo, te llamamos simplemente "Gabriele" o "Gabi".
Tú nos dices a menudo que eres nuestra hermana y así hablas también con nosotros. Pero en edad podrías ser, al fin y al cabo, nuestra madre. Por Cristo y por ti sabemos que todos nosotros -visto desde el Espíritu- somos hermanos y hermanas. Esto ya lo hemos entendido. También en nuestra familia, o en las diversas reuniones, o en las empresas cristiano-originarias, nos tuteamos todos (Ndt.: esta forma de trato no es usual en Alemania). Y si trabajamos juntos en algo o hablamos con alguien por teléfono, no importa en realidad cuántos años tiene. Se trata de René, Walter, Uli o Gabi, del uno o el otro, de él o de ella, que están naturalmente del mismo modo aquí por nosotros que nosotros lo estamos por él o por ella. Pero, ¿en público? ¿Cómo te he de tratar? ¿De "querida profetisa", de "Gabriele", o sólo "Gabi"?
El Profeta:
¿Por qué tanta complicación? Por nuestras muchas conversaciones sabes que el ser profeta no es ningún título, sino la expresión con la que se denomina a aquél que exhorta con seriedad a los hombres. El profeta, que es instrumento de Dios, tiene que expresar lo que Dios quiere decir, y esto no es siempre del agrado de los hombres.
Hasta ahora no he tenido la impresión de que vosotros los jóvenes me hayáis vivido como una persona que exhorta, y así como yo lo veo, siempre nos hemos encontrado como hermanos, a pesar, como decías, de la gran diferencia de edad, p. ej. de 18 y 64 años. Si el corazón permanece joven, porque el alma se ha vuelto clara, es decir, está traspasada por la luz de Dios, la edad carece de importancia. La consciencia espiritual permanece activa y nos transmite una y otra vez que el cuerpo espiritual, el alma luminosa, no puede envejecer, porque el Espíritu de Dios es la vida eterna, y por consiguiente, la juventud eterna. Como Dios, el Padre celestial, es el Padre de todos los hombres, en Su Espíritu todos somos hermanos y hermanas. Así que no nos compliquemos, y obremos más bien como es el Espíritu de Dios: Tú y vosotros los jóvenes llamadme sencillamente "Gabriele" o "Gabi".
El joven:
Me parece bien. Gracias.
Había pensado hacerte algunas preguntas concretas y tal vez también algunas delicadas. ¿Puedo hacerlo?
El Profeta:
¡Adelante! Me parece bien. Así que sin timidez y sin cohibirse. Me voy a preparar entonces para lo que pueda venir.
El joven:
Vivimos en un mundo, que nosotros los jóvenes a menudo no entendemos. El que anda mirando y buscando valores éticos y morales, ha de reconocer que éstos apenas se pueden encontrar ya. ¿Dónde está aún lo auténtico y verdadero? Todo, absolutamente todo, está esquematizado y apenas uno se descuida, se está convirtiendo en un imitador, o ya se ha convertido en uno, que en muchos ámbitos de la vida se deja encasillar para ser dirigido o se conforma con todo.
Si una persona joven intenta vivir de forma individual, según las ideas y criterios que valora, es etiquetado de excéntrico, y pronto ya no tendrá más amigos. Pero se necesitan amigos y también se quieren tener personas que sirvan de ejemplo. Bueno, yo tengo amigos, pero conozco a muchos que dicen que es difícil encontrar verdaderos amigos.
Gabi, tú nos has dicho: "Procurad no orientaros a personas, sino que haced surgir una y otra vez ante vuestro interior la imagen de Jesús de Nazaret, lo que enseñó y cómo vivió. Traspasad Sus enseñanzas y Su vida al presente, pues ésa es la medida de valor para todas las épocas y para toda la eternidad".
Gabriele, tú también eres una persona y sabes que a menudo no resulta fácil poner a Jesús de Nazaret como medida para el transcurso de nuestra vida actual. Yo me imagino a veces cómo sería la vida y el comportamiento de Jesús de Nazaret si El viviera hoy entre nosotros, por ejemplo como un joven. Gabriele, te quiero hacer la siguiente pregunta: Si tuvieras nuestra edad, unos 20 años, ¿cómo sería tu vida?
El Profeta:
Para ello tengo que mirar un poco hacia atrás. En la época de los 16 a los 20 años, nuestro país (Alemania) aún se encontraba en muchos aspectos bajo los efectos de la Segunda Guerra Mundial. Muchas cosas estaban destrozadas por los bombardeos. En las ciudades reinaba aún el caos en muchos sentidos, y sin embargo aquí y allá comenzaba poco a poco la reconstrucción. La mayoría de las personas tenían poco dinero, y aquello que cada familia poseía lo necesitaba para lo personal. También en aquel entonces eran escasos los puestos de aprendizaje. No todos los que habían terminado la escuela con buenas notas podían acudir a escuelas de estudios superiores, ya que por un lado faltaban las posibilidades de transporte y por otro el dinero. Por la radio sólo se transmitían unos pocos programas y no todas las familias tenían un receptor de radio. No existían ni los televisores, ni los ordenadores. No habían ni discotecas ni conciertos al aire libre, ni todo esto con lo que se divierten los jóvenes hoy en día. No se preguntaba por las tendencias de la moda, uno se vestía con lo que tenía o recibía. Pero también nosotros los jóvenes teníamos ideales y opiniones, que por cierto no eran tan inalcanzables y exigentes como en general es el caso en la actualidad.
¿Cómo era mi vida a los 18 ó 20 años?
Yo era un tipo de persona espontánea, divertida, alegre y deportista. A los 10 ó 12 años no había árbol suficientemente alto para mí, me tenía que subir a todos, no había aguas demasiado profundas para mí, en las que yo no me tirase. Todo tipo de deporte que entonces había, lo incluía en mi vida. Tanto si se trataba de balonmano, de carreras de resistencia o contrarreloj, de gimnasia en la barra fija o en las anillas, todos los deportes típicos de entonces eran parte de mi vida. Mi viveza y alegría de vivir, así como también mi fuerza física y dinamismo encontraron en ello una forma adecuada de expresión. Siempre tuve muchos amigos, pero también muchos deseos, por ejemplo deseaba para cuando fuese mayor un hogar propio y una familia propia. Aunque te cueste creerlo, para una joven como yo, era impensable soñar con un automóvil o una moto como los que tenéis en la actualidad, sino que mi mayor deseo era una bicicleta nueva, pues destrocé la bicicleta tan bien conservada de mi padre. Esta, como todas las bicicletas de chico, tenía una barra central que para mí era demasiado alta y sobre la que yo no podía alzar tan deprisa mi pierna derecha. Así que como un "acordeón", iba yo medio torcida sobre la bicicleta pasando la pierna derecha bajo la barra, para dar con el pie en el pedal. Hasta que logré mantener el equilibrio, no sólo me caí al suelo muchas veces, sino que mis rodillas estaban más dañadas que la bicicleta, sobre la cual naturalmente estos accidentes dejaron huellas. Mi padre no se alegró en absoluto con esto y decidió que yo debía utilizar la bicicleta de mi madre. Pero esta era un mamotreto viejo, un "gran cacharro", a cuyo sillín yo no podía llegar. Con el dinero que gané mientras estudiaba compré más adelante mi propia bicicleta, de la cual estaba muy orgullosa.
A los 17, 18 años llegó la edad en la que se iba a salas de baile. Entonces no existían cursos de baile; se miraban los pasos de baile de los más mayores. También los carnavales eran una ocasión esperada entre nosotros los jóvenes para conocer amigos con los que luego se iba a bailar, lo que significaba que se mandaba coser un "traje de cocktail", es decir, un traje de baile.
Como sabes, yo crecí en una ciudad pequeña en la que aún todo tenía que ser recatado y decente. Las amistades con los muchachos se quedaban la mayoría de las veces en amistades. No degeneraban en sexo, al menos conmigo no, pues yo era una chica traviesa que se dejaba llevar poco por fantasías románticas ni por ningún tipo de sentimentalismos, y que estaba entregada mucho más a los deportes, incluída la natación. Pero también amaba la vida social. Si miro vuestra vida de hoy en día y la transfiero a aquella época en la que tenía 16-20 años, y la sopeso con mi mundo de sentimientos de aquel entonces, es más que probable que yo también hubiese ido a discotecas, a conciertos al aire libre y a lo que se hubiera presentado.
Si por el contrario traspaso mi conocimiento espiritual actual a aquella época en la que tenía 18, 20 años, se ve el tipo de joven que era Gabriele, que hubiera sopesado y medido todo y no se hubiera orientado a las masas. Mi afán innato por la libertad y mi amor por la verdad hubieran colaborado a alcanzar una autonomía interna y una verdadera consciencia de mi misma, y posiblemente me hubieran ayudado a lograr más tempranamente una cierta soberanía. También el matrimonio y la familia que vinieron con el tiempo los hubiera vivido de otro modo al que lo hizo Gabi, la católica, que no tenía ni idea de las legitimidades más finas de Dios, que precisamente hacen valiosos el matrimonio y la familia.
Como no sabía nada respecto a la vida interna, es decir sobre los valores y leyes espirituales, cometí muchos errores, también con mis amigos y más tarde en el matrimonio y la familia. Si entonces hubiera sabido lo que hoy sé sobre las legitimidades divinas, de ningún modo me hubiera vuelto una imitadora, como lo fue en algunos aspectos Gabriele, la jovencita, porque no conocía otra cosa. Precisamente el imitar me sacaba a menudo de quicio y provocó algunas peleas, descontentos y desacuerdos. Como persona joven con conocimientos espirituales nunca me ataría, de ningún modo, a una persona ni tampoco a la propia pareja. No la utilizaría para mis propios fines. Mi empeño y mis esfuerzos serían ser una compañera con el mismo valor en la relación, que pudiera hablar de todo con su esposo. También a mis hijos les dejaría libres y no les ataría a mí, me esforzaría en guiarlos y no en educarlos como se hacía entonces.
Yo soy del tipo de personas del signo Libra, que son muy sociables. Así que si yo fuera ahora joven, tendría amigos, pero no mantendría "noviazgos", que son aquellas "familiaridades" superficiales y la mayoría de las veces egoístas.
En todas las situaciones, ya en aquel entonces, era importante para mí la fidelidad. Fidelidad es lo contrario de la atadura. Mantener la fidelidad significa ser libre. Mantener la fidelidad es también hoy en día la libertad que me da la posibilidad de poder hablar sobre todas las cosas. Si no es de forma directa, entonces indirecta, según con quién esté hablando y dependiendo de cuánto esté esta persona dispuesta a aceptar y de cuánto pueda soportar y elaborar.
El joven:
Gabriele, me he quedado muy serio escuchando la descripción de tu juventud. Me resulta difícil imaginar la época de tus años jóvenes después de la Segunda Guerra Mundial, pues yo no he vivido algo así. Me doy cuenta que quien no lo ha experimentado, no puede comprender las experiencias de una persona que, por ejemplo, ha vivido la guerra o la época de la posguerra. Ahora comprendo lo que nos enseña el Cristo de Dios, que el que no tenga experiencia o no tenga un mundo de programas en situaciones o cosas, no puede comprender a los otros en estos puntos.
Me tuve que reir cuando contabas con tanta viveza cosas de tu juventud y de tus escapadas en bicicleta, del subirte a los árboles y de lo que contabas de tu vida deportiva como joven, hasta llegar al sincero reconocimiento de que también cometiste muchos errores por la ignorancia que te trajo el catolicismo en lo que respecta a las legitimidades espirituales divinas. Ahora veo claramente por qué puedes ponerte tan bien en el lugar de nosotros los jóvenes de la actualidad. Con los conocimientos divinos actuales, de la Sabiduría divina, has observado tu juventud, para poder comprendernos mejor a nosotros los jóvenes de ahora. Así nos puedes ser de gran ayuda con estos conocimientos -mejor dicho, sabiduría. Por eso te estamos muy agradecidos por tus consejos y ayudas.
El Profeta:
Tengo mucho gusto en ayudar a mis hermanos más jóvenes. Claro que os puedo dar consejos y algunas ayudas, es decir, ofrecéroslas; pero si las aceptáis o no es cosa de cada uno de vosotros. Sobre todo el actuar, el llevar las cosas a cabo, es decir el traspasarlas a la verdadera realidad, lo tiene que hacer cada uno por sí mismo. Esto es así para todos, tanto para los jóvenes como para los adultos, por la ley del libre albedrío.
El joven:
¿Puedo hacerte otras preguntas de la larga lista que he traído?
Si con la Sabiduría divina desarrollada piensas y sientes en la época de tu juventud, ¿qué harías después del trabajo? ¿Qué cosas te interesarían? Como joven, ¿cómo intentarías cambiar el mundo?
El Profeta:
Sobre vuestra primera pregunta:
¿Qué haría yo, siendo joven, después del trabajo?
En mi época no había tanto tiempo libre en la vida laboral como en la actualidad. Siempre se trabajaba hasta las 6 ó 6.30 de la tarde, los sábados normalmente hasta las 2 ó las 3 del mediodía. Pero tú me preguntas qué haría yo si hoy fuera tan joven como tú y tuviera los conocimientos espirituales.
Para mí sería importante hacer un balance de mi día, después de mi jornada laboral, sopesándome en la balanza de mis sensaciones: ¿Qué fue hoy más o menos bien, qué menos bien y qué tal vez abominable? A estos tres aspectos: lo bueno, lo menos bueno y lo que fue abominable, les pasaría revista ante mí. Sobre lo bueno me alegraría y lo fortalecería en mi consciente afirmándolo. Lo malo lo miraría más de cerca preguntando: ¿Qué hay en mi subconsciente que una y otra vez juega una mala pasada a mi consciente, es decir, a mí? Pues has de saber que el subconsciente se puede comparar con un asesino que está al acecho para "asesinar" una y otra vez los buenos propósitos que hay en el consciente, o sea para destruirlos y llevarnos al mal en el aspecto propuesto. Lo que fue abominable lo movería hasta el fondo con todas las fuerzas de que dispusiera, sobre todo con la fuerza del Cristo de Dios, es decir seguiría su rastro hasta llegar a la raíz, para erradicarlo con la ayuda del Espíritu de Cristo. Precisamente lo abominable nos puede llevar a cometer actos que no queremos hacer en absoluto con nuestro consciente. Lo abominable es por tanto un asesino gigante, que constantemente está al acecho para matar nuestros buenos propósitos y dirigir nuestro desarrollo hacia lo negativo.
O sea que con la ayuda del Cristo de Dios haría el balance de mi día y seguiría el camino que Jesús de Nazaret nos mostró: Reconoce tus pecados, arrepiéntete de ellos, purifícalos y no los hagas más. El no hacerlos más es lo decisivo. Para ello necesitamos una dosis de fuerza con que mantener las legitimidades divinas en el subconsciente, pues el subconsciente asesino, en el que aún está anidado y vivo lo malo y abominable, siempre intenta capturar al consciente, o sea llevarnos a repetir las viejas costumbres, las cosas malas, que pesan sobre nuestra alma, sobre nuestro verdadero ser. Tal y como lo hubiera hecho durante mi juventud con mi punto de vista actual es como lo hago ahora con más edad: a diario hago el balance de mi día.
El joven:
¿A este subconsciente asesino se le podría llamar el "tentador"?
El Profeta:
Tienes mucha razón. Dicho exactamente es como sigue:
Tanto nuestros datos contrarios a la ley divina no resueltos como nuestros datos positivos están grabados en el subconsciente. En primer lugar el subconsciente da una y otra vez impulsos de nuestras cosas grabadas al consciente para que piense de igual manera o similar, porque lo negativo, que normalmente predomina en el subconsciente, tiene hambre de más energías negativas. Por tanto el "tentador", lo negativo en el subconsciente, tienta una y otra vez al consciente para incitarlo a pensar cosas contrarias a la ley divina que son de la misma índole. Si el hombre, el consciente, actúa de tal modo, el consciente estará dando más potencial energético negativo al subconsciente, en aquello que ya existía. Si el "tentador" consigue incitar una y otra vez al consciente para que actúe de modo contrario a la ley de Dios, el subconsciente se llenará cada vez más con dichas energías. En tanto que éstas no sean disueltas llegará un día en el que el subconsciente, en ese ámbito, se llene con estos datos.
Si el hombre sucumbe constantemente a "la tentación", a los impulsos contrarios a las leyes de Dios que vienen de su subconsciente, como si los obedeciera, estará alimentando dicho complejo de energía negativo, lo vivificará y edificará haciéndose éste cada vez más fuerte. Si finalmente el subconsciente se llena en esta zona, se convertirá en el gobernante y por tanto también será el que actúe. Esto quiere decir que el subconsciente tendrá el poder sobre el consciente y determinará ahora al hombre para que haga esto o lo otro, esto es, gobernará al hombre. A partir de entonces éste será arrastrado, y no será más dueño de sí mismo en lo que respecta a dichos caracteres pecaminosos.
También podríamos decir que el subconsciente es ahora autónomo, el hombre lleva a cabo aquello que durante mucho tiempo ha introducido en el subconsciente.
Si el hombre se propone algo bueno en lo que se refiere a una debilidad específica, respecto a una característica pecaminosa, el buen propósito se encontrará primeramente en el consciente. Debido a que este propósito está privado de poder, apenas puede conseguir nada frente a las grabaciones ya demasiado poderosas que hay en el subconsciente. Las reflexiones y reparos del consciente no tienen eficacia, el hombre no puede mantener sus propósitos positivos, de hacer por todos los medios aquello que es bueno. El subconsciente "asesino" por tanto hace fracasar el paso hacia la dirección positiva, "asesina" lo bueno que el hombre se había propuesto, y el hombre no llevará más a cabo su buen propósito.
El balance consciente del día sirve entre otras cosas para analizar lo que se ha reconocido de negativo, también aquello que está activo en el subconsciente, es decir, encontrar la raíz, eliminarla y no repetir más lo mismo, antes de que el subconsciente se haya llenado. Lo bueno, lo positivo, nos lo hemos de proponer una y otra vez hasta que nuestro programa positivo, por ejemplo una Ley de Dios, pueda "enraizar" en nosotros.
Volviendo a tu pregunta:
¿Qué haría hoy en día si fuera joven?
Llevaría a cabo todo lo que me interesase mucho, por ejemplo pintar, nadar, hacer deporte, como por ejemplo tenis u otros tipos de deportes que hay en la actualidad, y precisamente aquellos en los que no dependiese de otros, por ejemplo no haría deportes de competición para ganar dinero. Por un lado el deporte de competición exigiría demasiado a mi mundo de sentimientos, por otro lado dependería de un entrenador, también de personas que estarían pagando mis horas de entrenamiento y por último del público, que me tendría que animar para que cada vez consiguiese más éxitos.
También cuidaría mi círculo de amigos, reuniéndome con amigos para hacer cosas juntos y conversar. Si entablase una amistad estrecha, me esforzaría en verlo todo desde el aspecto de la libertad que tanto aprecio, no me ataría jamás a los deseos -sean también los deseos sexuales-, ni a los míos ni a los deseos del otro. Mi libertad sería para mí lo más elevado; de ello deriva también que dejaría la libertad a mi prójimo, ni le obligaría ni le convencería de nada, tampoco si los deseos sexuales me apremiasen. Para mí sería importante aclarar de dónde viene ese apremio, es decir, investigar qué hay detrás de mis deseos acuciantes.
Además yo era y sigo siendo una persona a la que le gusta la música. Aprendería a tocar un instrumento que correspondiese a mis talentos. Durante los años de la guerra, en los que aún era una niña, aprendí a tocar un instrumento diatónico. Como fue una adquisición de segunda mano tenía que ser reparado y afinado una y otra vez. Con el tiempo ya no recibimos ninguna pieza más de repuesto y tuve que dejar de practicar. Más tarde, siendo ya una jovencita, comencé a practicar con el piano. Después llegó la llamada como profeta. Y nuevamente comencé a practicar. De mayor, con unos 50 años, no había dejado la música; y una vez más comencé a acompañarme con el canto y a practicar yo misma. También hoy en día toco de vez en cuando el piano, claro que sólo en casa. Me gusta ir a conciertos de música armoniosa. Como ves para los músicos no hay límites de edad.
Me preguntas si siendo joven con el conocimiento espiritual actual, intentaría cambiar el mundo.
¡Por qué no! Pero no saldría a las calles a protestar, organizándome especialmente para esto, para provocar miedo y asustar a mis semejantes. Mi deseo sería cambiarme primero a mí misma, tener claro qué es lo que quiero de verdad y si mi meta de vida puede contribuir a la formación de una sociedad mejor, más espiritual, soberana y franca. No me entregaría a ideas utópicas, sino que me pondría metas éticas y morales claras y cercanas, por las que intentaría luchar. Sabes, querido Martín, quien comienza a realizar en sí mismo las elevadas metas éticas, en las cosas pequeñas, es decir quien se cambia a sí mismo y no sólo quiere cambiar a los demás, se convierte en un buen ejemplo y con el tiempo atraerá a aquellas personas que quieren las mismas cosas o similares. Si ellas después cumplen lo que se han propuesto, en esto no podrás intervenir. Pero entre ellas siempre habrá personas que lo mantengan como tú y así encuentren los valores que consigan una sociedad orientada éticamente, viable y estable.
El joven:
Gabi, ¿qué harías si se te "tomase el pelo" o si a menudo viniese un cliente que te invita a tomar un café, pero tú notas que tiene otras intenciones? No puedo contrariarlo siempre. ¿Cómo te comportarías? ¿Qué aconseja aquí la sabiduría divina?
El Profeta:
Con las palabras "tomar el pelo" seguramente que te refieres a cuando se te toma por tonto, como si fueras asediado. Una persona con un poco de inteligencia y sabiduría, pasaría por alto tales "intentos" o aclararía lo que piensa al respecto. Tenemos que aprender a reconocer que cada persona tiene un estado de consciencia diferente y que cada uno ha programado y programa su consciente y subconsciente, su cuerpo y también su alma de modo correspondiente a sus sensaciones, sentimientos, pensamientos, palabras y obras. Los programas que tiene cada persona son su estado de consciencia. De acuerdo a ellos siente, piensa y obra. Esto quiere decir que nadie puede comprender completamente al otro, porque cada uno de nosotros tiene precisamente un estado diferente de consciencia. Si nos hacemos conscientes de esto y tenemos presente este reconocimiento, nos alteraremos mucho menos cuando alguien, como tú dices, nos "tome el pelo". También conoces la ley de la analogía: Aquello que me altera de otros, lo mismo o similar lo tengo en mí.
Has dicho que un cliente te invita a menudo a un café, y que sientes que con ello quiere otra cosa. Con la frase que "no puedes contrariarlo" constantemente, tienes razón. No se puede rechazar una invitación sin motivos fundamentados. ¿Como sería si tú invitases al cliente a tomar un café y al mismo tiempo le anuncias que traerás algunos amigos? Cómo reaccione el cliente será cosa de él. De ello podrás sacar tus conclusiones.
El joven:
En mis notas tengo todavía una serie de preguntas. Leeré la siguiente:
Entre nosotros los jóvenes existen tendencias de moda muy marcadas: pelos de colores, pendientes por el cuerpo, ropas y marcas de los años setenta, que todos "han" de tener. ¿Qué harías tú? ¿Andarías también tú con el pelo verde, pantalón de campana y zapatos de plataforma? o ¿llevarías una túnica blanca y ondeante?
El Profeta:
Puedo adentrarme con facilidad en mi mundo de sensaciones de cuando era joven. Tampoco me es extraño vuestro mundo de sentimientos. Como en cada situación ha de ser respetado el libre albedrío, quiero hablar de modo general de lo que predomina en la juventud actual, es decir, yo no os quiero cambiar. Eso ha de venir de cada uno mismo.
¿Cómo me hubiera comportado siendo joven, si en aquel entonces hubiera habido las posibilidades y tendencias de moda actuales y me hubieran faltado los conocimientos de las legitimidades de Dios? Seguramente que también hubiera sido una imitadora, que se habría comportado de un modo similar a como lo hacen muchos jóvenes en la actualidad, para no quedar al fin y al cabo excluida, sin amigos. A lo de "hacerme agujeros para pendientes por el cuerpo" seguro que no me hubiera sometido, pues pincharme o punzarme me resultó siempre desagradable, fuesen las más diversas punzadas en la nariz o en las mejillas. Nunca tuve la intención de marcar definitivamente mi cuerpo de esta manera. Una túnica blanca y "ondeante" no me hubiera puesto, ni tampoco me la pongo ahora, pues quien quiere destacar de la multitud llevando disfraces, está ocultando algunas cosas. Se quiere mostrar de un modo diferente al que es, y quiere ocultar con todas sus posibilidades y artimañas cómo es verdaderamente. Por eso se viste contrastando con la multitud.
De ningún modo os quiero dar una lección a los jóvenes, pues cada persona ha de llegar por sí misma a la raíz de sus sensaciones, sentimientos y deseos que le determinan a cambiarse externamente. Es decir, ¿qué quiere lograr la persona con ello? Si en mi juventud hubiese tenido el conocimiento de las legitimidades divinas, seguramente no me hubiera convertido en una imitadora, pues el conocimiento espiritual divino da, tanto a los jóvenes como a las personas más mayores, la posibilidad de analizar los trasfondos de su comportamiento, trabajarlos, superarlos y con ello volverse independientes y libres. Examinemos ahora juntos los trasfondos de llevar los pelos de colores, pendientes por el cuerpo, ropas y marcas de los años 70, que todos "han" de tener. Comencemos con la naturaleza.
El hombre es un cuerpo natural, compuesto de agua y tierra.
Si observamos el cuerpo natural que es la Tierra, veremos que ésta sólo se transforma según las estaciones del año. En primavera despierta la naturaleza, florece. En verano vivimos los grados de maduración de los frutos y en otoño el retirarse de la savia de la vida. El invierno trae la fase de descanso y aquí y allá un vestido blanco, la nieve. Estas transformaciones en la naturaleza tienen lugar en ciclos, sin la colaboración del hombre. Aunque el hombre intervenga en los procesos de la naturaleza con cruces, manipulación genética y -como está saliendo a la luz en la actualidad- también con clonaciones, si bien podrá transformar las formas externas de la naturaleza, permanecerán los rasgos básicos característicos, las estructuras espirituales divinas.
¿Qué motivos tiene una persona para transformar lo natural en sí misma? ¿Por qué renuncia el individuo a su ser, adaptándose, ocultándose, adoptando programas ajenos, puntos de vista de otros, empleando mucha energía en aparentar lo que no es? Ya que rara vez el hombre analiza sus esquemas y modos de comportamiento, para reconocerse a sí mismo, se convierte en un imitador, o en alguien que se opone a otros o a la sociedad.
Muchos jóvenes dejan que se les encasille en estas categorías. A algunos jóvenes no les gusta por ejemplo cómo se comportan sus padres, lo que piensan y hablan. Tampoco la sociedad en la que viven "les gusta un pelo" en muchas ocasiones. Como el joven con sus ideas, puntos de vista y opiniones no encuentra su lugar entre los padres, entre otras personas que le son de referencia o en la sociedad, ya que experimenta el ser rechazado por incompetente, inexperto e incomprensible, protesta en primer lugar con palabras, gestos y comportamientos. Más adelante, cuando se da cuenta de que a pesar de ello no consigue llevar a cabo sus ideas y opiniones, comienza a rebelarse y se viste muchas veces como rebelde de la sociedad. Algunos piensan: como no soy escuchado y no puedo llevar mis cosas a cabo, es decir, como no soy "respetado" siendo el que soy, van a tener que ver "cómo soy" y tenerme en consideración de este modo. Por eso se tiñen muchas veces los pelos de colores y, apoyándose en el principio de que la unidad hace la fuerza, conectan por imitación con otros de más o menos la misma edad mediante las mencionadas ropas de los años 70, el calzado de plataforma, mediante los comportamientos típicos esquivos, etc., etc...
El joven:
¿Puedo decir algo al respecto?
Nosotros, es decir los jóvenes que yo conozco más, tenemos todos la sensación de que así no está bien, Gabi. Pero, ¿qué se debería hacer? ¿Cómo debería o podría ser de otro modo? Esta es la pregunta sobre la que no sabemos qué hacer.
El Profeta:
La naturaleza nos muestra el transcurso correcto y nada afectado de nuestra vida. Nosotros los hombres queremos determinar a menudo el transcurso de nuestra vida terrenal y nos comportamos en cierto sentido como payasos, que se muestran al público con vestidos relucientes de todos colores. Con esto no me dirijo solamente a los jóvenes, sino sobre todo a aquellos que quieren ser adultos y que dicen ser sociables.
Observemos las estaciones del año. La primavera no quiere ser el verano, ni el verano la primavera. El otoño no quiere ser el verano, ni el invierno el otoño. Pero muchas personas creen tener que ser la primavera cuando llegan a la mitad de su vida, es decir al verano o al verano tardío y se atavían correspondientemente. Escogen un peinado o ropas que corresponden a la juventud, a la primavera, y no a la persona que ha llegado a la mitad de su vida, al verano. Quien llega al otoño de la vida a menudo quiere recuperar la mitad de su vida, el verano. Por ello tiñe sus cabellos y se pone precisamente la ropa que ha sido hecha para gente joven, con la intención de que le rejuvenezca. Para una persona así, no tiene importacia si con ello está mostrando tal vez su inmadurez. Lo importante para él es parecer lo que no es. Quien se encuentra en el invierno de su vida, siendo su cabello ya blanco como la nieve, muy a menudo tampoco quiere aceptarlo. Espera poder disimular los rasgos de la fase de la vida en la que se encuentra, para recuperar al menos el otoño. El enlucido consiste entonces en el cabello teñido de marrón o de rojo, varias capas de maquillaje, y ropas que aún quieren mostrar un poco lo que al fin y al cabo hace tiempo que no es: una pierna delgada en un zapato elegante. Lo que asoma es la pierna envejecida, muchas veces llena de varices, en un zapato que sólo podría adornar la pierna de una persona en el verano de la vida.
Queridos jóvenes, así que no estáis sólos con vuestras indumentarias socialmente inadecuadas. Hay un refrán que dice: "De tal palo, tal astilla". ¿Queréis subordinaros a este dicho, o queréis cambiarlo, poniéndoos en acción y tomando otro lema, por ejemplo: "De ese palo no somos astilla"?
Para vosotros los jóvenes, por ejemplo podría ser digno de tener en cuenta lo siguiente:
Si el hombre tiene respeto de sí mismo, cuidará su cuerpo y se vestirá de acuerdo a ello. No hay nada en contra de los vaqueros y los jerseys, siempre que se utilicen en su debido tiempo. La ropa adecuada sólo puede ser elegida por una persona orientada estéticamente, cuyo cuerpo está cuidado. Una persona así se vestirá adecuadamente, es decir bien. Si te respetas a ti mismo, viviendo conscientemente, prestarás atención a lo que piensas, observarás tu forma de hablar y serás siempre consciente de que con tu forma de sentir, pensar, hablar y actuar, también con todos tus deseos y pasiones creas la imagen de tu persona, con la que actúas sobre tu prójimo.
¿Por qué disfrazamos la edad? Porque el hombre vive raramente en el presente aprovechando sus días y sus horas. Quien en la primavera de su vida no aprovecha los días de la primavera, consiguiendo valores internos, es decir aspirando a una moral y ética más elevadas, y sometiéndose a unas buenas costumbres, se perderá a sí mismo y caerá en el autoengaño.
Una persona así desperdicia de este modo el contenido de vida que ha traído a esta Tierra, reflexionando constantemente sobre lo que quiere, que justamente no tiene y que tal vez tampoco recibirá nunca. Entonces posiblemente se aferre al aparato de televisión para cambiar mentalmente su papel con determinados actores, porque quiere ser como el otro está también representando. O busca su "gloria" con el ordenador, explorando en internet todo lo que el mundo le ofrece y a lo que se podría enganchar para imitar lo que hay en su mundo de necesidades y deseos. Además cambiará su aspecto externo, posiblemente con disfraces y comportamientos exagerados.
Puesto que la minoría de los hombres vive conscientemente las etapas de su vida terrenal y son los menos los que superan y cumplen lo que la energía del día les trae, hay una mayoría que se esfuerza constantemente en recuperar lo que ya hace tiempo es sólo pasado. Como no quieren entenderlo, son de la opinión de que si se disfrazan podrán recuperar algunas cosas.
Queridos jóvenes, ¿queréis ser y seguir siendo una astilla del mismo palo que perdura entre los mayores durante generaciones? ¿O queréis tomar las riendas de vuestra vida sometiéndoos a principios de buena educación y adoptando valores éticos y morales más elevados? Entonces no seréis la astilla de tal palo. A través de vosotros y al fin y al cabo con la ayuda del Espíritu de Dios surgirá una sociedad cristiana valiosa, que estará a favor de la vida, que se muestra cada día de una nueva forma, y también a favor de la vida en los reinos de la naturaleza. De ello surge la unidad con todas las fuerzas positivas del infinito y la igualdad entre los hombres. Entonces desaparecerán la riqueza desmesurada y la pobreza miserable.
Si observamos nuestra sociedad actual -de la que también forman parte los padres- considerando las legitimidades y los procesos legítimos de la naturaleza, encontramos una sociedad disgregada, constituída por una comunidad aislada de creadores de opinión y conformistas, por los denominados adultos, aunque nunca lo serán, pues también son imitadores y payasos para permanecer mal que bien "competentes en la sociedad". Si el joven salta "por encima del listón", si rompe con esta estructura rígida, la sociedad tan sólo sacudirá la cabeza y algunos mirarán despectivamente a aquel que por ejemplo tiene un corte de pelo especial o lleva los pelos de colores, ropas de los años setenta, pantalones de campana, zapatos con plataforma y otras cosas más. Por aquello que se oculta detrás, apenas pregunta ninguno de los adictos a la sociedad, pues ellos -como se explicó en la imagen de la naturaleza-, no se encuentran en el ciclo de su propia fase de vida, en su realidad, sino que en el disfrazarse.
Con la mano en el corazón, queridos jóvenes, aún no habéis madurado, al igual que tan poco lo han hecho los adultos que se aferran enfermizamente a la sociedad. Por eso hay tantos roces entre los jóvenes y los mayores por las diversas opiniones e ideas. Así, más de un joven que fue un rebelde contra la sociedad y contra los adictos a la sociedad, se convierte con 30 años en un conformista y oportunista, se deja envolver por la sociedad con sus reglas de juego y moral aparente y se hace uno de ellos, que también ha perseguido y persigue el prestigio, el éxito, el poder y el dinero. ¿Por qué es así?
Si analizamos los deseos de la juventud, que la mayoría de las veces por la falta de experiencia, no son comedidos, sino más bien fantasías, nos daremos cuenta de que si bien la juventud quiere cambiar algunas cosas, no tiene ninguna experiencia de cómo hacerlo. Tampoco muchos padres y muchos de los candidatos a la sociedad, con su tendencia a ascender, pueden dirigir en la actualidad a los jóvenes, porque no conocen en sí las cualidades de la vida, que hacen estable una sociedad y le dan calidad, que necesita del bien común en todos los ámbitos de la vida. Todos los adictos a la sociedad sólo quieren cosas para sí, según el principio: "Todo sólo para mí; los demás, en el fondo, no me importan".
Aunque en nuestra sociedad se habla mucho sobre el dar trabajo y ayuda a la juventud, e incluso se hacen algunas cosas al respecto, falta la base sobre la que un joven pueda construir. Bastaría, por ejemplo, con aprender a conocer a los jóvenes y sus características esenciales. Bastaría con profundizar en por qué están protestando y oponiéndose con comportamientos externos. Bastaría con comprender por qué como joven se aúna con otros jóvenes y por qué más tarde, a los 30 años aproximadamente, se deja incluir en la sociedad egocéntrica aparentemente omnirregente, abandona sus por lo menos indicios de ideales y valores, como son la igualdad y la libertad y participa de la "tendencia de la moda" milenaria, que dice: "¡Yo! ¡yo! ¡yo! ¡Todo sólo para mí!".
Muchas personas jóvenes creen en la reencarnación y son conscientes de que los diversos rasgos del hombre son heredados, o son predisposiciones traídas de otras encarnaciones. Cada uno trae a esta vida terrenal diferentes atributos humanos pecaminosos. Los rasgos humanos pecaminosos que están activos en la persona determinan tanto al adulto como al joven.
Tanto los jóvenes como los adultos se someten -unos más, otros menos- a grupos de la misma opinión. Cada uno es de la opinión de que sus medidas de valores sociales son las que servirían a la sociedad. Si miramos detrás del mecanismo de estos grupos de mimetización, sentiremos hacia dónde llevan. O bien se quiere, si es posible, una gran porción del pastel que es la sociedad, o se quiere llegar a ser algo importante o conservar la propia posición y, si se diera el caso, mejorarla. Raramente el adicto a la sociedad se cuestiona si aquello a lo que aspira es moral o inmoral. Y algunos piensan: Es igual lo que sea, agrupados o no, "lo importante es que mi porción del pastel de la sociedad sea lo más grande posible".
Si yo fuera aún joven y tuviera estas perspectivas y al mismo tiempo el conocimiento de los elevados valores espirituales éticos y morales, aspiraría con seguridad a aprender a comprender al prójimo, a aceptarlo, en lugar de despreciarlo, a no ponerme por encima de él, sino a estar a su lado, es decir, a ser benevolente y tolerante con él, o sea aplicar lo que dice el Sermón de la Montaña: "Lo que quieres que otros te hagan, hazlo tú primero a ellos". Me apartaría con seguridad de la moda de imitar. Y me comportaría y vestiría como me lo dicen los valores más nobles éticos y morales. Por mis conocimientos espirituales actuales -p.ej. "las cosas iguales siempre se atraen"- también sería consciente de que encontraría amigos que aspirarían a cosas iguales o similares.
Sólo con la consciencia y el cumpliento de las legitimidades divinas puede construir la juventud una sociedad ética y moral más valiosa, que no piensa únicamente de forma elevada sobre el bien común y dice palabras bonitas sobre él, sino que fomenta activamente el bien común para todos, lo que supone que no podrían existir las graves diferencias entre pobres y ricos. Un joven así, que trabaja sus valores internos -que se encuentran en cada persona- cuando tenga más de 30 años tampoco se adaptará a los demás, es decir, no se dejará envolver por la sociedad egoísta con sus ansias de poder y su pensar fijado en el bienestar personal.
Echemos brevemente otra mirada a la naturaleza. La primavera es la juventud. Ninguna hoja, ni tampoco ninguna flor tomará otro color por impulso propio. Son bellas así como son. Ningún animal tiñe su pelaje o transforma su especie de cualquier otro modo. Es como es, y así es bello. Si el joven se viste como corresponde a su tipo y también según los valores internos que está desarrollando, llegará a expresar sus virtudes y características juveniles. El verano, la madurez y también la ya incipente época de la cosecha, son después el símbolo de la persona que dispone de cualidades y capacidades, es decir, de valores profesionales ya marcados, que ha conseguido con esfuerzo y constancia, pero también mediante un sentido comunitario, así como mediante la aceptación y respeto de los criterios éticos y morales. Estas personas son activas profesionalmente y darán frutos, y no pensarán solamente en sí, sino que también en el bien de todos. Son ricos en experiencias internas y tienen buenos rasgos de carácter. Prefieren el verdadero bien común al bienestar sobresaturado. Estas personas no sólo hablan del bien común, sino que actúan para que a todos les vaya bien, en la medida en la que aspiren también a servir al bien común y a favorecer la calidad de éste.
Cada uno de nosotros sabe que el que daña el bien común se daña a sí mismo; paulatinamente se excluye del desarrollo del bien común y edifica sólo su bien personal. Así actúa la sociedad actual. Y como se está viendo, no tiene consistencia. Si queremos una sociedad más elevada ética y moralmente, debería ser desarrollada a partir de una juventud que no sólo se rebele y se haga notar con los pelos de colores, pendientes por el cuerpo, ropas y marcas de los años setenta que todos "han" de tener, con pantalones de campana y zapatos con plataforma, sino que desarrolle valores internos, es decir más elevados, que fomenten una sociedad con características morales
Esto favorece el sentido por el bien común para todas las personas que desean pensar y actuar en el verdadero bien común y desarrollan capacidades de alta cualidad en la familia y en la profesión.
El joven:
¡Ahora se me aclaran muchas cosas! Por ejemplo, que con manifestar "lo queremos de otro modo" y con rebelarse no se puede crear un mundo mejor y que al fin y al cabo depende de cada uno, de lo que haga de su vida. Nadie puede cambiarse a sí mismo por otro, nadie puede obligar a sus semejantes a tener un buen modo de pensar o valores éticos y morales elevados.
Gabi, has hablado del enfrentamiento de los jóvenes rebelándose contra la sociedad. Pero también con nuestros padres chocamos frecuentemente en el ámbito más personal. Pensamos que reaccionan muy a menudo simplemente "de forma severa" y prohiben.
El Profeta:
Ahora quiero apelaros a vosotros, jóvenes, para que tengáis comprensión por vuestros padres, también por vuestros abuelos. Cuán a menudo se escucha de los jóvenes algo así como lo siguiente: "Mis padres me prohiben todo. Son excéntricos. Son incompetentes en lo que se refiere a la juventud actual". He mirado en el diccionario lo que significa "excéntrico". Excéntrico significa: "Persona con costumbres o principios extraños y ridículos que se aferra a ellos con terquedad; extravagante; caprichoso; singular; loco".
Si pudiérais comparar vuestra generación acomodada con las anteriores generaciones, tendríais más comprensión por vuestros padres y también por vuestros abuelos. No podéis generalizar calificando de "excéntricos" a todos los padres o abuelos, pues en las generaciones pasadas, cuando vuestros abuelos y padres se encontraban en la pubertad, existían unas costumbres de vida muy diferentes. Precisamente en la época de vuestros abuelos existía una etiqueta obligada y rígida; esto se debía hacer y lo otro no. Entonces no había para la juventud peros que valgan. Se decía: "esto se hace" y "esto no se hace", también en lo referente a las costumbres en la mesa, a menudo muy severas, o en el comportamiento en una sociedad que se había acostumbrado, o más bien impuesto, unos determinados modos de expresión. Muchas cosas estaban prescritas para los niños. El chico tenía que hacer una reverencia al saludar a los adultos, en algunos casos también a otros de su misma edad, la chica tenía que inclinarse. Para los domingos se tenían determinados trajes y zapatos, que no se podían usar a diario. Los padres de entonces eran severos con sus hijos, respecto a con quién andaban y para que no mantuvieran relaciones prematrimoniales.
Los niños y también aún los jóvenes en la mayoría de los casos disponían de poca libertad personal. Por lo general tenían que ser obedientes y formales, es decir, adaptarse. La vida desde la infancia hasta la edad adulta estaba marcada por la severidad, por prescripciones y prohibiciones, para que los niños fueran modelos brillantes ante los parientes y amigos.
Los padres de las generaciones de entonces no siempre eran ellos mismos tan intachables como la educación que daban a sus hijos. Lo que ellos se permitían en secreto, se lo prohibían a menudo a sus hijos, que naturalmente tenían que obedecer y en gran medida lo hacían. De su propio comportamiento derivó en gran parte la educación de sus hijos.
Para vuestros padres, en la mayoría de los casos, no fue ya tan formal y estricto como para vuestros abuelos. Pero también ellos recibieron -como vosotros diríais- el aire gruñón de las pasadas generaciones. Así que el comportamiento de vuestros abuelos o también de vuestros padres no podéis calificarlo de forma global de "excéntrico"; muestra las marcas de la educación de antaño, de la que seguramente también algún joven de entonces se escapó, para espanto de los familiares, para quienes era vergonzoso tener una "oveja negra" en su familia. Seguro que los abuelos o los padres podrían contar también cómo de vez en cuando hacían por travesura lo que no debían, cómo inventaban diabluras y muchas cosas más. Pero esto eran excepciones en la sociedad burguesa de aquel entonces.
Vosotros jóvenes, habéis nacido en el florecer del llamado milagro de la economía, en una sociedad en la que se han perdido en gran medida los principios éticos y morales básicos, ni qué hablar de la etiqueta y las buenas maneras. Vuestros padres han crecido en este milagro de la economía, pero recibieron la educación de sus padres, cuyas normas les han marcado decisivamente. Los programas de comportamiento adquiridos en la infancia y la juventud, permanecen a menudo activos en mayor o menor medida durante toda la vida terrenal. Muchos de las generaciones antiguas no pueden comprender el comportamiento actual de la juventud, que por el milagro de la economía ha dado un salto generacional gigante, pues en ellos aún está viva la imagen de la educación de su infancia y juventud. Desde estas impresiones educan a menudo a sus hijos y se dirigen a vosotros los jóvenes con las medidas y normas de entonces.
Si muchos de vosotros pensáis que los padres son unos incompetentes en lo que se refiere a la juventud actual, yo os animaría a reflexionar, pues puede que se trate sencillamente de falta de experiencia. Vuestros padres no conocen vuestro estilo de vida, porque "antes todo era diferente". No os pueden entender en algunos asuntos porque no tienen experiencia en muchas cosas que para vosotros se sobreentienden en esta generación floreciente. Como están inseguros en la educación de sus hijos por este salto generacional, reaccionan demasiado estrictamene, demasiado a la antigua, precisamente desde el potencial de recuerdos y experiencias de la época de su infancia y juventud.
¿Cómo sería si vosotros los jóvenes habláseis sobre esto, teniendo en cuenta que vuestros padres no han ido creciendo como vosotros en una sociedad bien acomodada? Hablad también, si queréis, de que vuestros abuelos y padres en sus años de infancia y juventud tuvieron que vivir una educación exageradamente severa y reglamentada, que se saltaron, por cierto, a escondidas alguna que otra vez, haciendo entonces cosas que en absoluto eran siempre inofensivas y sin peligro, cosas que hubieran preocupado seguramente a sus padres si hubieran sabido de ellas. También estos recuerdos y experiencias de escapar de la estrechez de una educación autoritaria en su juventud influyen en vuestra educación, con la preocupación secreta de que vosotros podríais hacer lo mismo que ellos entonces. El miedo y la preocupación de los padres es a menudo el resultado de querer protegeros de daños. También vuestra forma de conducir coches y motos, que en general es a gran velocidad, causa a vuestros padres motivos de preocupación. Ellos se preocupan de vuestro bien y de vuestra vida.
Algunos padres se lamentan mirando hacia atrás, porque su juventud quedó ensombrecida por tutelas, obligación de obedecer, por limitaciones, prohibiciones, es decir, por presiones autoritarias. Se alegran de no tener que exigir cosas semejantes a sus hijos e hijas que están creciendo. Otros por el contrario envidian la libertad y libertades de la juventud.
Con estas palabras quiero despertar en vosotros comprensión por vuestros padres. Tal vez aprendáis a comprender a vuestros padres en las conversaciones entre jóvenes, y también junto con vuestros padres. Entonces tal vez podáis comprender y experimentar por qué son así y reaccionan de ese modo. Un esfuerzo sincero por ambos lados, sobre todo también de vosotros los jóvenes, con vuestro mundo de ideas, eliminaría algunos juicios como por ejemplo "excéntricos" e "incompetentes" y os ayudaría a veros a vosotros y a vuestros padres como lo que sois: hermanos más jóvenes y más mayores, que recorren juntos esta vida en la Tierra y que están unidos por algunas cosas positivas.
Si vuestros padres se encuentran ya en el otoño de la vida y vosotros sois ya adultos, estáis trabajando y tenéis quizás ya una familia, algunos de vuesros padres dirán: Si no hubiera reaccionado tan duramente con mis hijos o con mis hijas cuando estaban en la pubertad; si no hubiera dicho esto o lo otro, ni lo hubiera forzado. Aunque mirando hacia atrás, algunos adultos se dan cuenta de que apenas pudo ser de manera distinta a como fue. Entonces fue así y los niños eran así. Quizás alguno de los padres piense en secreto para sí mismo: al fin y al cabo eran muy similares a como yo fui.
El joven:
Reflexionaremos y hablaremos sobre ello.
Otra pregunta: Guiándose por los medios de comunicación, la vida diaria de nosotros los jóvenes gira en torno al "sexo, droga y rock and roll". Participamos más o menos de muchas de estas cosas sin pensarlo mucho, a veces somos también nosotros mismos quienes nos divertimos de verdad "montando una juerga". ¿Cómo saber qué es lo correcto para nosotros?
El Profeta:
Ya hemos hablado de nuestra sociedad, que como he mencionado antes, se ha apartado de las normas éticas y morales. ¿Por qué es así? Quien piense un poco sobre nuestra sociedad actual, sobre los pros y contras de la humanidad, sobre el desarrollo extremo en la investigación y la tecnología, sobre las diversas actividades de los medios de comunicación, sobre todos los vicios como sexo, drogas y rock and roll, sobre cómo hacer dinero, sobre asesinatos y crímenes sexuales, etc., etc., etc., quien examine todo esto según las enseñanzas de Jesús, el Cristo y vea cómo la juventud está entregada a todo ello y es arrastrada, llegará a la conclusión de que la juventud de las generaciones anteriores no tenía ejemplos a seguir. Generación tras generación cada uno se fue orientando a las masas y las masas se orientaron a los ricos. Muchos ricos han llevado y llevan una vida lujuriosa, marcada por el dinero y el poder, de un modo similar a como sucedía antes de la destrucción de muchas llamadas civilizaciones avanzadas.
Quien ponga en sus labios palabras como "yo soy un cristiano" o incluso "soy una autoridad eclesiástica, un cardenal, obispo, cura o sacerdote", etc., debería también ser un modelo o al menos un buen ejemplo sobre el cumplimiento de las enseñanzas cristianas, las enseñanzas de Jesús de Nazaret. Pero como la mayoría de las autoridades eclesiásticas no se guían ellas mismas por los valores básicos éticos espirituales que Jesús nos enseñó, sino que hicieron de su llamada Iglesia cristiana una estructura de poder rimbombante, que alberga muchas concesiones eclesiásticas para los ricos, los llamados pastores de almas han perdido la visión global de las normas cristianas que nos enseñó Jesús de Nazaret. En consecuencia, también su rebaño -sus seguidores, denomínense protestantes o católicos- han perdido esta conexión. Nuestra sociedad actual se encuentra en el nivel más bajo de las pasadas "culturas avanzadas" en el momento de su caída, para destruirse como antaño Roma o Babilonia.
Si el hombre ya no tiene valores éticos y morales, sus necesidades básicas serán poder, apariencia, riqueza, satisfacción del cuerpo mediante el sexo, gula, alcoholismo llegando hasta la drogadicción, perdiendo entonces en muchos casos la sensibilidad para sentir qué es correcto y qué no lo es.
A propósito de sentimientos, si a los hambrientos de sociedad les preguntas qué son los sentimientos, es posible que te contesten: los sentimientos no son modernos. Hay que eliminarlos para poder disfrutar de la vida sin ser molestado. Precisamente los sentimientos -que no hay que confundirlos con el sentimentalismo- son unos dones muy valiosos; es la balanza de nuestra conciencia, en la que podemos sopesar lo que es correcto y lo que no lo es.
Para quien desconecte los sentimientos todo estará bien. Si cada semana tiene dos o tres novias diferentes, si adultera o no, si otros pasan necesidades o sufren por su culpa o incluso se hunden, lo importante es que él tenga la droga, tanto si se llama sexo, gula, alcoholismo, poder, violencia, avaricia, mentira y engaño o la dosis correcta de narcóticos. Si se observan con una cierta distancia los medios de comunicación, las películas y la televisión, uno se da cuenta de que la mayoría de las veces se trata de asesinatos, engaños, amor y sexo. ¿Por qué ha alcanzado nuestra sociedad un nivel tan bajo ética y moralmente? Porque en la sociedad cada uno piensa sólo en sí mismo, o sólo en los que tienen su misma fe, o en su partido político, en su capital, en su provecho y en sus bienes. O sea, todo para su bien personal.
En la mayoría de los casos al resto de las personas no le importa cómo se siente el prójimo o cómo le va, si se arregla a vivir con unos bienes ínfimos; cómo se encuentra el hombre o la mujer que está sólo con sus hijos porque su cónyuge ha iniciado otra relación amorosa; cómo les va a los jóvenes que sufren bajo la influencia de las drogas; cómo se encuentra la familia que tuvo que abandonar casa y bienes porque ya no podían pagar más los intereses; cómo se encuentran los desempleados y los necesitados de ayuda social ... A todos les da igual los demás, lo más importante es que uno mismo esté en el lado"correcto", es decir al lado del hechor y no al lado de la víctima. Aunque los políticos digan palabras caritativas, los necesitados de ayuda social sufren cada vez más bajo los "amigos de las beneficencias".
Jesús, el Cristo, nos enseñó -y esto lo deberían vivir y enseñar también los pretendidos modelos, como cardenales, obispos, curas y sacerdotes-: Reconoce tu comportamiento erróneo, tus pecados, arrepiéntete y pide perdón. Perdona también a tu prójimo que pecó contra ti. Repara los errores cometidos en tanto te sea posible y no cometas más esos pecados. Quien cree en Jesús cumplirá esto poco a poco y como cristiano se hará consciente de que tiene que purificar su comportamiento erróneo, al cual pertenecen todos los vicios, incluido el vicio sexual.
La sexualidad lujuriosa, el abuso de niños, la violencia, la drogadicción indican siempre que la persona no consigue superar sus problemas. Cada alma ha fomentado más o menos estos vicios o vicios semejantes -en pensamientos, en deseos o incluso con actos- en las encarnaciones anteriores, es decir como seres humanos en otra vida en la Tierra; y si no los purifica en los mundos del más allá, los vuelve a traer a su vida terrenal. En lugar de reconocer de raíz, según las enseñanzas de Jesús, estas degeneraciones, estos vicios egoístas, es decir de no hacerlos más, no sólo siguen siendo fomentados, sino que en muchos casos son vividos hasta el exceso.
Si estas anomalías son fomentadas por un lado en imágenes a nivel de pensamientos, y también de otros modos -incluso sobre un objeto-, surgen programas de vicios, que convierten a las personas en seres sin sentimientos y por tanto sin consciencia, manipulados por los vicios, y que llevan a cabo de diversos modos aquello que les empuja, bien sea la codicia, la ansiedad de poder, la dependencia de la pornografía, los deseos sexuales extremos, la tendencia de maltratar a niños, es decir todas aquellas anomalías que llevan una sociedad a la ruina.
El joven:
Se me ocurre la pregunta de ¿qué es lo normal y qué es el vicio? ¿Dónde están las fronteras? ¿Cómo se puede saber qué hay en cada uno? ¿Podrías, por favor, describirlo con más detalle?
El Profeta:
¿Qué son programas de vicios? Comencemos por ejemplo con la sexualidad normal, con un simple vasito de vino, con uno, dos, tres, cuatro, cinco cigarrillos al día. Si en la empresa, con los amigos o en la familia nos surgen pequeñas o grandes dificultades y no las resolvemos, les daremos vuelta una y otra vez en pensamientos. Con ello se incrementa el volumen energético llamado "dificultad". Se convierte en un problema que no sólo nos preocupa, sino que nos tiene atrapados en pensamientos durante días. Como no hablamos sobre ello para resolverlo, va creciendo desde nuestro subconsciente, resultando como consecuencia una presión enorme sobre el consciente.
Pensamos y pensamos. Y estos pensamientos giran una y otra vez alrededor del problema. La presión es cada vez más grande, llegando a chocar con nuestras costumbres normales de la vida. De pronto en lugar de tres cigarrillos diarios ya son diez. Las necesidades físicas normales comienzan a acuciar y a buscar un objetivo sexual. La persona que se encuentra bajo esta presión, sólo se quiere relajar, es decir, descargar. Hasta ahora bebía a diario dos vasitos de vino o dos vasos de cerveza. Ahora toma la botella de vino o tal vez bebidas alcohólicas más fuertes, o han de ser varias botellas de cerveza cada día.
Si se incrementa el problema y de él resultan varios problemas, por ejemplo, partiendo del trabajo llegan hasta la familia, o partiendo de la familia llegan hasta lo profesional, o partiendo del círculo de amigos llegan al trabajo y a la familia, la presión se incrementará cada vez más. El afectado se querrá liberar de ello. En lugar de trabajar en la raíz del mal, que se encuentra en lo empresarial, en lo familiar o en el círculo de amigos, se libera momentáneamente de este campo de energía relajándose y atontándose con el incrementado consumo de tabaco, mediante una sexualidad cada vez más frecuente o mediante el alcohol. De este modo surgen programas de deseos y vicios que por habérseles dado vueltas durante tanto tiempo, han echado raíz en el subconsciente del afectado, pero también en su alma.
Si el subconsciente se ha llenado hasta el punto en que domina al consciente, es decir que se ha vuelto autónomo, los programas de deseos y vicios se tornarán en obsesiones. La persona se ve entonces empujada a potenciar cada vez más los vicios. La mayoría de las veces esto llega tan lejos que apenas si puede poner ya fin a estas malas costumbres. Y las degeneraciones resultantes pueden ser robos, toxicomanía, brutalidad, violaciones de niños o sexualidad y muchas cosas más.
Lo que comenzó en pequeño, con una dificultad que al principio podía haber sido resuelta con facilidad si la persona hubiera hablado sobre ello y hubiera clarificado cuál era su parte en el asunto, si hubiera encontrado y purificado la raíz, se ha convertido ahora en una avalancha que le arrolla y que le empuja a llevar a cabo actos obsesivos.
A menudo se escucha: "Por una vez no pasa nada". Pero una vez puede ser ya demasiado cuando las pasiones se han mantenido durante mucho tiempo en pensamientos e imágenes de pensamientos, hasta que al final estallan con intensidad venciendo al hombre de manera que pierde el control sobre sus actos. El mundo divino nos dio una ayuda para que nuestros deseos no se conviertan en ansias y vicios. Nos ha enseñado a no alimentar nuestros deseos, tampoco en pensamientos o imágenes de pensamientos, sino a analizarlos: ¿De dónde vienen la presión y el apremio? ¿Qué parte de los problemas familiares, sociales, laborales o escolares de cada uno, o qué debilidades personales son la base de los problemas? Deberíamos preguntarnos qué ganamos permitiendo que las pasiones se conviertan en vicios, por haberlas alimentado una y otra vez.
El mundo divino no nos enseña a combatir la realización de nuestros deseos, anhelos y apetitos, con imágenes o con su práctica, sino a encontrar y sacar las causas, la raíz de estos comportamientos en muchas ocasiones anómalos. Nos indica que no hemos de tomar la sexualidad, la gula, el alcoholismo o la toxicomanía y otros vicios como algo traído por el destino con lo que hemos de vivir. Más bien nos indica que antes de que lo que nos empuja se lleve a cabo, es decir, antes de que el ansia se convierta en vicio, lo sopesemos con la cabeza -pues el mal se encuentra primeramente en la cabeza, es decir en el consciente. O sea que deberíamos hacernos conscientes de hacia dónde nos sentimos empujados y de qué nos sirve.
Por tanto no deberíamos ceder a estos deseos y pasiones acuciantes y permitir que se realicen, sino buscar la raíz para sacarla. Esto debería trascurrir en nuestros pensamientos, es decir en imágenes.
Si hemos examinado y sopesado nuestra situación, si hemos reconocido algunos aspectos de las debilidades y comportamientos erróneos que hay en nuestras inclinaciones específicas, si incluso nos hemos dado cuenta de que nos hemos hecho culpables de algo o no hemos perdonado aún algo por nuestra parte y ahora lo purificamos, reconoceremos también cómo queremos actuar entonces en lugar de aquello. De la decisión de no actuar más así o de no cumplirnos primero estos deseos extremos, surgen propósitos para actuar según valores éticos y morales; y si los desarrollamos y reforzamos pensándolos y afirmándolos repetidamente, pasarán cada vez más a nuestro subconsciente. En consecuencia, el cuerpo aceptará cada vez más fuerzas positivas y vivificantes; y de este modo, la tendencia, posiblemente ya existente, resultante de lo pecaminoso desaparecerá. De esta manera la persona puede liberarse de sus apasionamientos.
Quien cede a sus programas de deseos y vicios, llevándolos a cabo una y otra vez, va introduciendo estos mecanismos en su subconsciente. Con el tiempo actuarán como el mando automático y autónomo del cuerpo. La persona apenas pensará más y permitirá que vayan ocurriendo estas cosas, pues los sentimientos, que sopesan y miden, han sido desconectados. Esta persona actuará entonces violentamente.
Por tanto, deberíamos esforzarnos, es decir, estar atentos en no remover durante mucho tiempo esos o parecidos pensamientos, deseos y vicios, pensando y pensando, deseando y deseando, imaginándonos muchas cosas.
Sabemos que todos los pasos hasta la ejecución de un acto impulsivo comienzan en la cabeza, es decir, en el consciente. La persona también es estimulada -por ejemplo mediante programas de televisión y vídeo u otras impresiones de los sentidos- a pensar determinadas cosas; esto indica que en ella tienen que estar presentes tendencias iguales o parecidas que ha traido con él de otra vida. Si la persona da vueltas a estos sentimientos y pensamientos peligrosos y contrarios a la ley divina, permitiendo que vayan ganando terreno, el subconsciente tomará estas energías que controlarán después de un modo correspondiente las funciones físicas. Si este complejo de energía, contrario a la ley divina, es decir, pecaminoso, es reforzado porque la persona se ocupa continuadamente con estos sentimientos, pensamientos, imágenes y deseos, el complejo va ganando cada vez más poder sobre la persona llegando finalmente a ser controlada por el subconsciente. El hombre es impulsado a llevar estas cosas a cabo sin que lo pueda controlar conscientemente.
Una y otra vez escuchamos que personas que han cometido delitos empujadas por la propia pasión son sentenciadas y encarceladas durante años. Querido Martín, ¿crees que su subconsciente se vacía de tal modo? ¿Crees que un criminal impulsivo se sanará de esta manera, es decir, que construirá un modo de vida verdaderamente positivo, o sea que consiga valores éticos y morales? Debido a que en la cárcel se sigue encontrando a través de la televisión con sus programas de vicios y deseos, que le continúan estimulando, cuando abandone la prisión, después de años o decenios, ¿habrá sanado o habrá que temer que vuelva a hacer cosas iguales o similares? La reclusión puede ser una medida necesaria, pero sin una actuación concreta en el consciente y en el subconsciente para disolver estos programas autónomos, raramente encontrará un criminal la sanación.
El joven:
Encuentro super que nos hayas hablado de esto tan claramente, Gabi. Por lo menos yo voy a estar atento, para darme cuenta inmediatamente de si algo me está impulsando en una u otra dirección. No quiero caer en qué se yo qué vicios o actuaciones obsesivas. Yo me imagino para mí una vida diferente y me he propuesto otras cosas.
El Profeta:
Has dicho: "Yo me imagino para mí una vida diferente y me he propuesto otras cosas". Con ello te refieres a las metas más elevadas de vida que te has propuesto. Una meta clara con un contenido adecuado a la misma es esencial si aspiramos a un desarrollo que lleve a una meta más elevada, a ser una persona con carácter, con valores internos. Sólo será posible una evolución consciente, un desarrollo más elevado, si nos proponemos una meta clara a la que nos orientemos.
Pero volviendo a nuestro tema. Hablabas de "drogas y Rock and Roll". Te quiero hacer una pregunta: ¿Por qué no sólo "rock and roll", sin drogas? ¿Por qué toman drogas tantos jóvenes? Porque no consiguen lograr muchos de sus deseos, de sus pensamientos, de sus pasiones, o porque se han desencantado sin medida de la sociedad, por no poder realizar sus ideas y deseos. Unos se atontan con las drogas, hasta volverse tóxicodependientes, otros se procuran armas ofensivas y golpean indiscriminadamente a su alrededor. Pero todo tiene una causa.
La gente joven debería ser acogida correctamente en nuestra sociedad. Pero ésta está tan ocupada consigo misma que sólo da órdenes a los jóvenes y no se toma tiempo en aprender a comprenderlos. Las ideas y opiniones de la juventud -seguramente estarás también tú de acuerdo- son la mayoría de las veces irreales. Pero esto no quiere decir que la sociedad tenga que rechazar simplemente estas inquietudes aún no maduras. En todo hay un granito de verdad o un granito de sentido realizable. O sea que se deberían reconocer los valores básicos de las ideas y opiniones de la gente joven, es decir extraer lo que se puede realizar y apoyarles en ello, para que puedan reforzar sus aspectos y valores positivos y edificar sobre ellos. Así, de las inquietudes de los jóvenes se desarrollaría lo bueno, constructivo y provechoso, y según la calidad de sus ideas y opiniones poco a poco se incluirían en una buena sociedad con valores éticos y morales.
Me preguntas cómo se puede reconocer qué es lo que fomenta los valores éticos y morales.
Yo preguntaría, ¿qué es esencial para poder llevar a cabo una vida valiosa ética y moralmente? Primeramente sería importante preguntarse a uno mismo ¿qué es lo que quiero? ¿Quiero ser diferente a la masa? O quiero ser como uno que depende de la masa, dejándose llevar por ella, sin hacerse consciente de a qué rebaño pertenece.
Si quieres aspirar a valores éticos y morales más elevados, deberías reflexionar con la cabeza, es decir con el entendimiento, sobre aquello que te preocupa en este momento, observándolo en pensamientos y preguntándote: ¿Qué me trae? ¿Quiero hundirme bajo la masa, "sociedad", desorientada, que se deja llevar y que empuja? ¿Quiero nadar con la corriente del tiempo, la corriente del "mundo" y de lo mundano, para sacar beneficio de los despojos arrojados por el mar que llegan a la orilla? ¿O quiero ser o llegar a ser una persona independiente y de carácter firme que mediante el desarrollo de sus valores internos, que no buscan el provecho propio -es decir, que son desinteresados- quiere convertirse en una roca en el oscilante ir y venir de la sociedad masiva? O sea, ¿quiero proponerme ya hoy normas más elevadas para la sociedad y así ser o llegar a ser una persona que por su consciencia pueda decir: lo que es normal en la sociedad actual ya no corresponde a las medidas de mis valores?
Esto no quiere decir que tengas que reprimir lo que te empuja, sea sexo, drogas o "rock and roll" o las "máscaras" de los que se identifican entre sí, o las "modas" de las que has hablado. Esto no sería correcto. Lo que reprimimos no está resuelto, sino sólo desplazado. En un momento de debilidad llega y nos sobrecoge como una epidemia. Estaremos pasionalmente enfermos y se nos escaparán de las manos las riendas de nuestra vida terrenal. Yo sólo te puedo aconsejar que disuelvas lo que te empuja -la enseñanza cristiana lo llama pecados; nosotros podríamos decir también lo humano pecaminoso, las debilidades, errores, posturas errónes, los comportamientos erróneos-, es decir, encontrar la raíz de la presión y del empuje de los deseos, para sacar su raíz.
O sea que no sirve decir solamente que no a todas las pasiones que surgen, sino que has de proponerte un determinante sí para valores éticos más elevados, para una verdadera vida cristiana, que corresponda a las enseñanzas de Jesús, el Cristo. En ello, si lo deseas, te ayudará el Espíritu del Cristo de Dios que está en cada persona, pues para una vida cristiana está escrito: Pide y se te dará; busca y encontrarás; llama y se te abrirá. Entonces recibes ayuda para acabar poco a poco con lo humano pecaminoso y para edificar una vida cristiana con sus elevadas normas éticas y morales. Entonces ya no serás más una persona que es empujada, sino que serás una persona a favor de la sociedad cristiana que con seguridad vendrá, pues la caída de esta cultura egocéntrica se perfila ya en el horizonte.
Dificilmente te puedes orientar a personas, tampoco a los "dignatarios" eclesiásticos, que en realidad deberían ser modelos cristianos. Si lo deseas, oriéntate a la vida de Jesús, que no fue fácil. También Jesús tuvo sus luchas. Cómo las superó una y otra vez, lo podrás leer seguramente en algunos libros espirituales buenos.
El joven:
Gabriele, estas son respuestas a nuestras preguntas de las que podemos sacar bastante provecho.
Eso de los valores espirituales me interesa y me gustaría saber más al respecto. ¿Cómo son concretamente? ¿Cómo podemos formar y consolidar cada uno de ellos, etc.?
Y, ¿cómo puedo como persona joven, alcanzar valores propios, digamos nuevos, sin tener que orientarme a la forma de vida de los adultos?
El Profeta:
Preguntas por valores éticos y morales elevados. Comencemos con la dosis más pequeña, para luego ir aumentándola cada vez más.
Esfuérzate en escuchar a tu prójimo e intenta darle una respuesta sincera. No te des tanta importancia en las conversaciones. No seas un sabelotodo, sino que piensa si realmente estás capacitado para responder y puedes ayudar y servir con lo que contestas.
Mantén tu cuerpo aseado. Esfuérzate en llevar una ropa limpia y ordenada.
Saluda a tu prójimo con palabras y pensamientos sinceros, y sé consciente de que tú también deseas que te saluden así: con un rostro claro y sincero.
Si estás en la escuela o en el trabajo, no hagas chistes sobre tu profesor o tu profesora o superiores, tampoco sobre tus compañeros y tus colegas. ¿Quisieras que ellos a su vez se rieran de ti?
Come y bebe moderadamente, y sé consciente de que lo que tomas en alimentos y bebidas es un don del Creador a Sus hijos humanos a través de la madre Tierra. Trata bien a los animales, plantas, sí, a toda la naturaleza, es decir, de una manera similar a como te gustaría que te trataran a ti, pues todas las formas de los reinos de la naturaleza perciben y sienten, porque llevan en sí la vida, el percibir y el sentir. Hazte consciente de que la madre Tierra es la donante de tu cuerpo físico. Quien se respeta a sí mismo mantiene su cuerpo limpio y valora y respeta también a la Madre Tierra. El no causará sufrimiento conscientemente ni a los animales ni a las plantas. Valorará también a los minerales y no los explotará.
Si te encuentras con tu prójimo, sea conocido o desconocido, no lo menosprecies, pues tal y como sea éste momentáneamente, así es su estado de consciencia actual, su individualidad. Tal y como es cada persona, así piensa y así vive, así es su imagen personal, que ella dibuja con sus pensamientos y deseos; así se presenta ante ti y ante su prójimo; así se viste, así decora su vivienda, así vive y se comporta en ella. Cada persona es diferente a la otra. Al hecho de ser diferentes lo llamamos el estado de consciencia de cada uno. También tú eres diferente al otro, tu prójimo. Tú tienes tu estado de consciencia, él el suyo. ¿Cuál de los dos es el "correcto"? Según las leyes divinas ninguno, pues cada uno expone en mayor o menor medida sus predisposiciones pecaminosas, es decir aquello que el "dispone" o lo que está adherido a él. Por eso cada uno habla, opina y juzga sólo a partir de sus propios comportamientos erróneos y por ello se convierte en su propio juez. Jesús dijo al respecto: "No juzguéis para que no seáis juzgados, pues con el juicio con el que juzguéis seréis juzgados, y con la medida con la que midáis seréis medidos".
No le envíes a tu prójimo pensamientos llenos de odio y envidia, pues tú tampoco quieres que otros lo hagan contigo.
Deja libre a tu prójimo. No le obligues a hacer lo que tú quieres y que podrías hacer tú mismo.
Ayuda a tu prójimo cuando reconozcas que necesita ayuda y te pida ayuda. Pero no quieras llamar la atención con ello. Hazlo con la mayor humildad y no exijas del otro ni siquiera su agradecimiento.
No entres en el templo, en el ámbito personal de tu prójimo, queriéndole cambiar tal y como tú crees que él tendría que ser. Cámbiate a ti mismo y logra respeto por tu propia vida y así también adquirirás respeto por tu prójimo.
Si conoces a un amigo o a una amiga, pregúntate qué fin persigues. Y si la meta es la sexualidad para satisfacer tus deseos acuciantes, pregúntate entonces qué te parecería a ti si te utilizaran con igual motivo.
Querido Martín, los nuevos valores, los valores espirituales, como tú los llamas, son una y otra vez los mismos antiquísimos valores que muestran todos los escritos divinos y que Jesús, el Cristo, nos enseñó ampliamente y vivió con su ejemplo. Son las legitimidades divinas para esta Tierra. ¡Justamente en el Sermón de la Montaña, Jesús de Nazaret nos dio tanto! Si seguimos Sus sencillas enseñanzas, tendremos señalado el camino hacia una vida más elevada.
Jesús nos enseñó por ejemplo: "No juzguéis para que nos seáis juzgados". Juzgar significa enjuiciar o menospreciar a otro en pensamientos o con palabras, sin que el que juzga reconozca su propia parte. Con cuánta frecuencia se dice: "Yo no tengo la culpa de esta o aquella situación", o "soy inocente". Sin embargo Jesús nos enseñó otra cosa acerca de la viga y la paja. El dijo: "¿Cómo ves la paja en el ojo de tu hermano y no te das cuenta de la viga en el tuyo? O ¿cómo osas decir a tu hermano: quiero quitar la paja de tu ojo?; y he aquí que hay una viga en tu ojo. Hipócrita, quita primero la viga de tu propio ojo, y sólo entonces verás con claridad para poder quitar la paja del ojo de tu hermano". Con esto El quería decir que en un conflicto no sólamente uno es el culpable. Si se cree en la ley de siembra y cosecha, de causa y efecto, en el caso de una pelea entre dos o más tiene que haber una causa común de fondo en la cual ambos, o varios, tienen parte. Si se busca sólo el echar la culpa a uno, es decir encontrar un culpable, ¿dónde queda el que ha causado esa culpa?
Según la enseñanza de Jesús, véase lo de la viga y la paja, siempre tienen que ser dos o varios los partícipes de un complejo de culpas; no puede haber sólo un culpable. Si queremos evitar una parte de la culpa o hacer que en un proceso judicial se haga justicia, Jesús nos muestra la solución, el camino para nuestro comportamiento: "Todo lo que queráis que otros os hagan, hacédselo también a ellos". O dicho de otra manera: Lo que no quieras que te hagan a ti, no se lo hagas a ningún otro. Seguramente que tú no quieres que otros te juzguen, te enjuicien, te ofendan, te excluyan, te rechacen, etc. Si tú no lo quieres, tampoco lo hagas. De ello resultan valores nobles, es decir los antiguos valores para una sociedad cristiana.
A pesar de que la ley de siembra y cosecha -llamada también ley de causa y efecto- está en la Biblia, muchos cristianos la rechazan, pues ¿a quién le gusta ser partícipe de una culpa? Uno busca siempre para sí la mejor tajada y rápidamente deja de lado la ley de siembra y cosecha. También la Iglesia institucional da un gran rodeo en torno a esta legitimidad "lo que el hombre siembre, cosechará" ¿Por qué será? Si reconocieran esa verdad, los dignatarios estarían constantemente disculpándose ante sus semejantes por cosas del pasado, y también del presente. En esto te puedes dar cuenta en qué fase cultural se encuentra nuestra sociedad. Esta cierra los ojos ante la ley cósmica de causa y efecto, especialmente cuando se trata de cosas personales. Sin embargo, las comprobaciones de la ciencia la reconocen, diciendo: No existe efecto sin causa. Se ve pues que los adultos de la especie humana tendrán primero que madurar para alcanzar una sociedad plena de valores.
El hombre no debería orientarse a ninguna otra persona, sino una y otra vez a la enseñanza de Jesús. Para justificar la supuesta impotencia ante algunas bajezas se alega la frase: Jesús era un hombre perfecto, nosotros sin embargo somos hombres imperfectos. Esta frase es correcta, pero Jesús nos encomendó: "Volveos perfectos, como perfecto es vuestro Padre en el cielo". Esto significa que hemos de conducir a nuestra alma hacia la perfección con la ayuda de nuestro Redentor, Cristo. Jesús también nos encomendó seguirle a El; lo que significa que no debemos seguir a ninguna persona, sino dar los pasos que El nos enseñó. Los pasos hacia una vida llena de valores -que también impregnarían una sociedad estable con normas éticas y morales elevadas- son el cumplimiento paulatino de los mandamientos que nos dió Dios a través de Moisés y en el Sermón de la Montaña de Jesús. De ello resulta poco a poco aquello que nos enseñó Jesús: "Volveos perfectos, como perfecto es vuestro Padre en el Cielo".
Esta frase suya la refiero yo principalmente a nuestra alma, que también puede volverse perfecta en el hombre. El hombre tiene siempre sus programas de vida terrenales, que al fin y al cabo necesita para poder valerse en la existencia terrenal, por ejemplo programas para moverse en las tres dimensiones, para tomar decisiones en el trabajo, para sopesar y medir correctamente, para la geografía y la historia, también los programas de los números, los programas para la música y para la aplicación de más talentos; incluso en la actualidad, si quieres, los programas necesarios para usar ordenadores.
Estos nuestros programas de vida para nuestra existencia terrenal pueden ser medidas de valores para una sociedad cristiana, por ejemplo: ¿cómo le doy forma a mi vida con ellos? Si confronto estos programas con los Mandamientos de Dios y con las legitimidades del Sermón de la Montaña de Jesús, me iré dando cuenta paulatinamente de lo que puedo hacer de mi vida, cómo la puedo conducir cada vez más por cauces más nobles y finos.
El joven:
Gabi, ¿no es ésta una medida demasiado alta para nuestra vida terrenal? Pues no resulta siempre fácil llevar consecuentemente a la práctica las enseñanzas del Sermón de la Montaña. Y a pesar de los esfuerzos, no se avanza tan rápidamente. La perfección desgraciadamente está aún muy lejos de nuestra vista. ¿Qué nos puedes aconsejar?
El Profeta:
Querido Martín, la perfección es la meta. Hacia allí lleva el camino. Camino significa un proceso, un desarrollo. Lo seguimos paso a paso. Tampoco se puede alcanzar de hoy a mañana la elevada ética de la que hablé. Pero sólo la conseguiremos si también lo queremos realmente. Por ello se necesita una decisión básica clara y sincera.
Es decir que primero hay que hacerse la pregunta: ¿Quiero realmente afirmar esta ética? La siguiente pregunta es: ¿Quiero aspirar a ella? Si puedes contestar afirmativamente estas preguntas y estás decidido a luchar por alcanzarlas, también necesitas la meta. Si te has fijado la meta, también te puedes proponer los pasos diarios, que en el camino hacia una vida más elevada son: Lo que hoy me altera notablemente, quiere decirme algo, es el lenguaje de mi consciencia que me dice qué aspectos humanos hay hoy en mí. ¿Cuál es y dónde está la raíz de mi alteración de estado de ánimo. Las sensaciones finas nos indican en la mayoría de los casos dónde se encuentra la raíz. Si se lo pedimos al Espíritu de Dios en nosotros, esa sensación se vuelve más clara y nos muestra entonces cómo se llama la raíz.
Quizás nuestra alteración de ánimo se basa en discordias con nuestros padres, nuestros amigos, o compañeros. No se trata sólo de poner en orden la pelea, la discordia, dándose unos golpecitos en la espalda mutuamente y pensando que todo está ya bien, sino que se trata de la raíz de ello, de lo que hay en el fondo
Encontrar la raíz y quitarla es importante para poder dar los pasos a la elevada meta. Esto ocurre paso a paso. Siempre se dice: Antes de la victoria está la lucha, al fin y al cabo la lucha con nuestra naturaleza demasiado humana. Ten en cuenta esto: quien dé los pasos hacia esta elevada meta, tiene a un acompañante sin igual a su lado. Es el Espíritu del Cristo de Dios, que siendo Jesús nos dijo a todos y a ti -y como Cristo lo repite una y otra vez-: ¡Seguidme!
Lo importante es encontrar la raíz para sacarla del suelo de nuestra alma, para que de ella no vuelvan a surgir los mismos brotes, ésto es lo que nos enseña la naturaleza. Si sólo cortamos las flores o las hierbas, volverá a salir de la raíz la misma planta. Lo mismo vale para nuestra vida: Quien sólo deja a un lado sus programas de pasiones y deseos, sus pensamientos de corazón duro y su ego, su ánimo efervescente, aún no habrá sacado la raíz del suelo de su alma, de su subconsciente. Despacito, sí, a veces casi imperceptiblemente, crece el brote de los pensamientos pecaminosos, del ego, del estado de ánimo efervescente, de las pasiones y los deseos masivos. Comparado con la naturaleza, se puede decir: lo que nuevamente surge de la raíz es mucho más exuberante y fuerte, porque ha sido alimentado durante más tiempo. Bajo determinadas circunstancias puede abordarnos con fuerza y entonces será difícil controlarlo.
El joven:
¿No cuesta esto demasiado tiempo? Una persona así apenas tiene entonces tiempo libre, está ocupado constantemente de sí mismo.
El Profeta:
El camino del autodominio no trae consigo una limitación de la vida. Al comienzo podría parecer así. Pero puedes creerme, pues yo he hecho la experiencia. Los primeros pasos de superación en relación a lo demasiado humano son difíciles, pues más de una costumbre antigua se hace dura de doblegar. Tienes que trabajar en ti, luchar y pelear contigo mismo. Cuando, sin embargo, has dado los primeros pasos hacia la meta más elevada, te vuelves más claro y despierto, tienes una consciencia más amplia y una capacidad de captación más rápida y ligera. Esta te ayuda a tener un grado de atención sobre ti mismo más elevado, de manera que puedes reconocer muy rápidamente lo que te empuja, dónde se encuentra la raíz y cómo la puedes purificar.
Esta purificación rápida te posibilita una vida consciente, pero también un tiempo libre lleno de sentido. Cuando tienes tiempo libre, sabes como aprovecharlo. Precisamente nuestra vida actual ofrece a los jóvenes muchas posibilidades, también para hacer algo productivo o creativo para fomentar los talentos, para realizar los hobbies, por ejemplo hacer deporte, dedicarse a la música, bailar -también rock’n roll, por qué no- junto con amigos, o ir de vez en cuando a la discoteca o a patinar con los Inland Skates o montar en la Mountain Bike u otras cosas más.
Ten en cuenta: Todo esto con moderación y con una meta, no daña a una persona joven. Todo lo contrario: de ello puede adquirir experiencia y madurez para el transcurso de su vida, siempre que no se exceda, que sopese y mida todo. Cuando sea adulta no hablará de sus privaciones, sino de su juventud, de sus experiencias, de las que ha alcanzado la madurez, que le han dado la soberanía para las próximas etapas de su vida.
El joven:
Gabriele, un amigo mío me hizo una pregunta: ¡Me siento inseguro en el trabajo! ¿Cómo puedo afrontar esto?
El Profeta:
La respuesta para tu amigo es:
Pregúntate a ti mismo: ¿Es sólo inseguridad o se trata más bien de falta de ganas para hacer ese trabajo? ¿O lo rechazas quizás totalmente? Las inseguridades en la vida profesional nos están diciendo siempre que tenemos que seguir aprendiendo o -si no es el trabajo apropiado para nosotros- hacer otro que corresponda más a nuestros talentos y capacidades, es decir que nos haga sentirnos más seguros y que podamos llevar a cabo con alegría. Si rechazamos una profesión, sea al estar eligiéndola o durante su realización, podemos decir con seguridad que el futuro no nos traerá alegría, tampoco aunque bajo determinadas circunstancias ganemos mucho dinero. El trabajo debe de estar traspasado por nuestra capacidad de saber hacerlo. Con ello ganamos seguridad y al fin y al cabo también independencia, que nos trae nuevamente la libertad correcta.
El joven:
Otro amigo nos hace la siguiente pregunta: Me encuentro ante la elección de una profesión. Cada uno dice una cosa diferente sobre lo que tengo que hacer. Yo mismo estoy aún inseguro. ¿Cómo he de actuar correctamente?
Respuesta del profeta:
En muchas ocasiones es usual que otros nos aconsejen qué profesión debemos de elegir. No siempre el buen consejo es desinteresado, es decir, exclusivamente un buen consejo, una ayuda. Con frecuencia quien te da el consejo quiere compensar su elección profesional no acertada, su profesión ideal en el hijo, en la hija, en el buen amigo, en la amiga.
Justamente cuando se trata de la elección profesional deberían desarrollar los jóvenes mismos poco a poco el sentido para descubrir qué talentos y capacidades llevan en sí mismos. A la edad en la que los jóvenes tienen que elegir su profesión, también están activos determinados talentos, cualidades y capacidades. El ritmo de la vida de cada hombre lo lleva consigo. No deberíamos permitir que nada ni nadie nos obligue a algo. Los buenos consejos los podemos aceptar, pero al mismo tiempo deberíamos de sopesar qué cualidades o incluso capacidades y talentos tenemos. Para ir sobre seguro de lo que está en cada persona joven, por ejemplo los jóvenes cristianos originarios van a diferentes empresas y talleres de los amigos de Cristo, para colaborar allí o allá, es decir informarse en la práctica qué profesión es la que está en ellos. De esto resulta una determinada seguridad para poder elegir la profesión correcta. Quizás algunos de vosotros, que leéis este folleto, conozcáis a un propietario de una empresa, que pueda ayudaros en este sentido dejándoos realizar un trabajo de prueba en su empresa.
El joven:
Es un buen consejo. Quien quiera tomar las riendas de su vida en sus manos, tendrá que ir mirando tales posibilidades.
Todavía tengo más preguntas, incluso muchas. ¿Puedo leerte la siguiente?
Hablar sobre Dios no está precisamente de moda entre los jóvenes. El Dios de la Iglesia me parece anticuado, no me puedo imaginar que El viva. ¿Es Dios sólamente algo para gente mayor?
El Profeta:
Tú dices que hablar sobre Dios no es común entre los jóvenes y la segunda frase es: "El Dios de la Iglesia me parece anticuado".
Siendo el instrumento de Dios, he tenido muchas, muchas experiencias de Dios, por ello puedo asegurarte por mi propia experiencia que Dios no es el Dios de las Iglesias, el institucionalizado, del que se ha hecho una reliquia, una anticualla. Ya que DIOS, la vida, se ha apartado ya hace tiempo de esa anticualla, del dios de las Iglesias, no es de extrañar que tengas la impresión de que El realmente no viva. Pero El, el verdadero Dios, el Eterno, ¡vive!, porque ¡El es la vida!
A pesar de que se habla mucho sobre Dios, muy pocos Lo han experimentado claramente.
En el mundo occidental definimos a DIOS como la vida, la Existencia eterna, la Fuerza omnipresente, la Corriente primaria. Dios es el Espíritu que traspasa el infinito, que se dio forma a Sí mismo desde la Corriente primaria, la forma-Dios; El es el Padre eterno, que también llamamos Dios-Padre. De la corriente primaria, Dios, Dios-Padre creó los soles y mundos espirituales, los siete veces siete ámbitos celestiales y los reinos espirituales de la naturaleza. El creó los seres divinos, los seres espirituales que viven y actúan en el Reino eterno, Dios. La Corriente primaria es el Hálito, la Vida, que mantiene y traspasa todo.
Ya que Dios, la Vida, está en todo, es también la vida en la materia. En cada hombre, en cada alma, en los cuatro elementos, fuego, agua, tierra y aire y en todas las fuerzas de la materia, en cada átomo, en cada molécula está contenida la esencia de la corriente primaria comprimida, es decir, Dios. Dios es la Palabra a través de todos los grados de consciencia, como por ejemplo en la irradiación de los astros, en los reinos de la naturaleza, en las almas y en los hombres. Dios es por lo tanto la vida en ti, en mi, en cada uno de nosotros.
Ya sólo cuando observas la naturaleza en su variedad y en la primavera el aire de renovación, y cuando experimentas los elementos, la fuerza del canto de los pájaros, la evolución de las formas de la naturaleza en el transcurso de las estaciones del año y al fin y al cabo también el cambio de aquellas personas que elevan sus almas a Dios, para que éstas alcancen la juventud eterna y tengan su existencia en la corriente primaria divina, sientes y reconoces algo de la substancia primaria espiritual, que está en todo y que actúa a través de todo. Entonces sientes la juventud, el fino fluido espiritual en todo. Entonces notas a menudo que más de una persona mayor si bien lleva las huellas de los años, a través de ella brilla la espontaneidad de la corriente primaria, Dios, la juventud eterna.
Dios, que es tu Padre eterno, mi Padre eterno, el Padre de todos los seres divinos, almas y hombres, es la espontaneidad, la variedad, el dinamismo, el dar forma, la fuerza y la fuente de la fuerza; tú lo puedes experimentar en tu dinamismo joven. Eso es Dios, la corriente primaria en ti.
Las Iglesias institucionales han profanado verdaderamente a Dios dando una imagen con rasgos rudos y crueles y de carácter antiguo. No permiten hablar de un Dios dinámico y omnipresente, que en cada uno es el fuego, la luz de la palabra. Los dignatarios de las Iglesias institucionales no solamente tienen en determinados días festivos el mismo ritual anual, sino que cada día está impregnado por la Iglesia institucional. Los sermones tienen cada año con frecuencia las mismas palabras o similares, año tras año. Su misa no es siempre el servicio diario al prójimo, sino en muchas ocasiones el servicio a la Iglesia. Los dignatarios eclesiásticos hablan de Dios, pero no Le dejan hablar a través de ellos, ni muchos menos manifestarse a través de ellos, porque tienen un concepto del Dios institucional que no concuerda con el Padre eterno, es decir con Dios-Padre.
Dios, nuestro Padre, se inclina a todos sus hijos, a ti, a mi, a cada uno. El desea tenernos de nuevo en el Reino eterno, en los cielos eternos. Por ello nos envió a Su hijo, el Corregente del cielo, que se convirtió en nuestro Redentor. Jesús personificó al Padre eterno, pues El dijo, según el sentido: Yo, Jesús de Nazaret, vivo tal como es la voluntad del Padre eterno en los cielos.
Observa la vida de Jesús, hazte presente al hombre joven, espontáneo, dinámico, que caminaba por las calles llenas de polvo con sus apóstoles y anunciaba la Buena Nueva del amor de Su Padre; a El, que se sentía en casa bajo el cielo estrellado, que veía en cada animalito, en cada planta la actuación de Dios; que enseñaba a sus apóstoles, a sus discípulos y discípulas las leyes más finas del Universo; que sentado bajo un árbol les instruía; que estaba en los campos y anunciaba a miles de personas la Buena Nueva de la vida, el Sermón de la Montaña; que subido a una barca con algunos apóstoles remaba en el lago Genazaret; que les decía la verdad claramente a los escribas y fariseos, a los hipócritas. Jesús no era un administrador de palabras huecas. El personificaba la espontaneidad de la vida interna.
Si se observa hoy a los dignatarios eclesiásticos con sus títulos y "honores", con sus talares, hábitos y palacios, cada uno debería de reconocer al fin y al cabo: Aquí hay gato encerrado. Por un lado el sencillo Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios y por otro los "dignatarios oficiales", que representan con "dignidad" algo que Jesús no enseñó. Tal y como ellos son, no lo era Jesús. Tal y como ellos son, no lo quiere Jesús. Tal y como ellos enseñan, hablan, actúan y al fin y al cabo viven, no corresponde a la enseñanza de Jesús de Nazaret.
En cierto modo yo también, independientemente de la edad, puedo sentir esa espontánea fuerza eterna de Dios, la juventud eterna, la frescura del Espíritu, la vida, que es única. Todo aquel que se desprende cada vez más de lo demasiado humano, que lo sacrifica con la ayuda de Cristo y cumple cada vez más lo que Dios quiere, desarrolla la fuente más elevada en sí, que es eternamente fresca, clara y juvenil. Pues Jesús nos dijo: ¡Seguidme! Si Le seguimos, hacemos lo que Dios quiere, y experimentamos dentro de nosotros, en nosotros y a través nuestro cosas similares a como nuestro ejemplo, Jesús, el Cristo. Por lo tanto, no necesitas hablar mucho de Dios. Haz lo que Dios nos ha mandado, y afirma al joven espontáneo, Jesús de Nazaret, entonces alcanzarás la alegría de hacer lo que Dios quiere. Entonces no serás más un imitador de los demás, ningún seguidor de palabras huecas, sino el joven espontáneo que rinde siempre honor a Dios en sus pensamientos y en su comportamiento, preguntándose: ¿Cómo se habría comportado Jesús en esta o en aquella situación del día; qué me quiere decir El a mi en mi comportamiento |