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«El Profeta»
 > «El Profeta» Nr. 15

Ceremonias con sacrificios "tal y como
el Señor se lo había mandado a Moisés".
La ley de causa y efecto era conocida
en el Antiguo Testamento.
Jesús estaba en contra de sacrificios de animales



Volvamos a los sacrificios de animales en el Antiguo Testamento. Quien desee leer aún más sobre magia al estilo del vudú, puede encontrar en el Levítico lo siguiente:

    Hizo que acercaran el carnero del holocausto, y Arón y sus hijos le pusieron sus manos sobre la cabeza. Moisés lo degolló, y derramó su sangre en torno al altar. Lo descuartizó, y Moisés quemó la cabeza y los trozos y el sebo. Se lavaron en agua las entrañas y las patas, y Moisés quemó todo el carnero en el altar; era holocausto de suave olor, un sacrifico por el fuego, como se lo había mandado el Señor a Moisés.
    Hizo que acercasen el otro carnero, el de la inauguración, y Arón y sus hijos le pusieron la mano sobre la cabeza. Moisés lo degolló, tomó su sangre y untó con ella el lóbulo de la oreja derecha de Arón, el pulgar de su mano derecha y el de su pie derecho. Hizo acercar los hijos de Arón, y untó de la sangre el lóbulo de su oreja derecha, el pulgar de su mano derecha y el de su pie derecho, derramando luego la sangre en torno del altar. Tomó después el sebo, la cola, todo el sebo que cubre las entrañas, la redecilla del hígado, los dos riñones con su sebo y la pierna derecha. Tomó del cestillo de los ácimos, una torta ácima amasada con aceite y un frisuelo, y los puso sobre el sebo y sobre la pierna derecha; y después de haber puesto todo esto en las manos de Arón y sus hijos, lo balancearon éstos como ofrenda al Señor. Moisés lo tomó de sus manos y lo quemó en el altar encima del holocausto, pues era el sacrificio de inauguración de suave olor, combustión al Señor (8, 18-28).

    A quien aún no le sea suficiente con estas escenas macabras, puede seguir leyendo en el Levítico:

    Arón se acercó al altar y degolló el novillo, víctima del sacrificio por el pecado, ofrecido por él. Los hijos de Arón le presentaron la sangre, y mojando él su dedo, untó de ella los cuernos del altar y la derramó al pie del altar. Quemó en el altar el sebo, los riñones y la redecilla del hígado de la víctima por el pecado, como el Señor se lo había mandado a Moisés; pero la carne y la piel se quemó fuera del campamento. Degolló el holocausto, y sus hijos le presentaron la sangre, que él derramó en torno al altar. Le presentaron el holocausto descuartizado, con la cabeza, y él los quemó en el altar. Lavó las entrañas y las patas y las quemó encima del holocausto (9, 8-14).

    Más adelante dice así:

    Y el sebo del toro y del carnero, la cola, el sebo que recubre las entrañas, los riñones y la redecilla del hígado, las partes grasas las puso sobre los pechos. Arón quemó los sebos en el altar, después balanceó los pechos ante el Señor, y la pierna derecha en ofrenda balanceada, como lo había mandado Moisés (Levítico 9, 19-21).
    "Como el Señor se lo había mandado a Moisés..." ¿Y hoy en día? Se bautiza a los bebés, aparentemente por recomendación de Cristo; se coloca a los sacerdotes por encima de los sencillos creyentes, aparentemente con el poder que les ha sido otorgado a través de Jesús, el Cristo; se perdonan los pecados, aparentemente por encargo de Jesús, el Cristo; se elige a un "Santo Padre" y se afirma que Jesús le ha escogido para ello, etc., etc., etc. ...

    Jesús se distanció de la tradición de los sacrificios. El citó en dos ocasiones al profeta Oseas ante los fariseos: Misericordia quiero y no sacrificio (Mateo 9, 13 y 12, 7), a través del cual Dios habló en el Antiguo Testamento: Pues prefiero la misericordia al sacrificio, y el conocimiento de Dios al holocausto (Oseas 6, 6).

    En Esta es Mi Palabra leemos:

    ...He venido para terminar con los sacrificios y las fiestas de sangre. Si no cesáis de sacrificar y comer carne y sangre de animales, la ira de Dios no cesará de venir sobre vosotros, tal como en el desierto vino sobre vuestros padres, los cuales, ávidos del disfrute de la carne, se llenaron de podredumbre y fueron destrozados por plagas (pág. 214).

    En la página 78 de esta gran manifestación de Dios encontramos:

    ... pues quien ponga su vida en la filiación de Dios, no matará ni a hombres ni a animales.

    Jesús habló de una forma más que clara contra las instrucciones de los "Libros de Moisés". De forma parecida también habló Dios, como ya oimos, a través del profeta Jeremías.
    En las declaraciones de Jesús, el Cristo de Dios, captamos que el nombre del profeta Moisés fue utilizado para el culto pagano y cruel. En el libro Esta es Mi Palabra está escrito, manifestado por Cristo mismo:

    "He venido para terminar con los sacrificios y las fiestas de sangre", significa: he venido a enseñaros el evangelio, la ley del amor, y a vivirlo con Mi ejemplo, para que comprendáis que interiormente sólo es rico en fuerza espiritual aquel hombre que guarda las leyes de Dios. A los hombres que posean valores internos nada les faltará, ya que quien sea rico en su corazón, estará de parte de su prójimo y no contra él –y con ello a favor de Dios, la Vida, que es la plenitud–. Los hombres con valores internos están también de parte de los reinos animal y vegetal, y no contra lo que Dios ha creado. Quien esté contra su prójimo, luchará contra él y lo matará. Y quien esté contra su prójimo, no estará a favor de otras vidas –ni de la de los animales, ni de las plantas y piedras.
    Quien está contra la vida en Mí, el Cristo, tiene hambre y sed de éxito, riquezas, poder y prestigio. Para sus fiestas y sus gustos del paladar mata animales y come su carne. Con ello está mostrando que está lejos de Dios.
    Para Dios, el Eterno, también el sacrificar animales es una atrocidad. El no quiere que se Le sacrifiquen o consagren animales. Dios ha dado la vida a todas las formas de SER, también por tanto a los animales. ¿Por qué hay que sacrificárselos, si El mismo, la Vida, habita en ellos?
    Pero si el hombre sacrificara su yo humano, sus pasiones y su avidez a Mí, el Cristo, y aspirara a una vida como Dios quiere, es decir, consagrada a Dios, y la siguiera, eso contribuiría a la unidad de todas las formas de vida. ¡Dios es el espíritu del amor y de la libertad! Por eso cada hombre debería sacrificar voluntariamente su yo. Sólo entonces llegará a ser manso y de corazón humilde y hallará la gran unidad: Dios. Este desarrollo del hombre hacia El, lo ama Dios en Sus hijos.
    Y quien se entregue al eterno Dios Padre-Madre, transformando lo humano que haya en él en divino, no matará animal alguno para comer su carne, y tampoco matará animal alguno deliberadamente. Tales hombres también tratarán con amor desinteresado al reino vegetal, ya que es igualmente un regalo que Dios ha creado para Sus hijos humanos. Las plantas y los frutos del campo y del bosque se regalan gustosos al hombre y quieren servirle como alimento y como medios curativos para su cuerpo enfermo.

    La "ira de Dios", viene al mundo de ideas de los paganos, que en la Antigua Alianza todavía era muy vivo: se creía que los "dioses" se vengaban de los hombres. Sería bueno que el hombre pecaminoso comprendiera que él mismo ha creado la llamada "ira de Dios". El "Dios iracundo" es el yo humano que ejerce venganza por lo que él mismo ha causado; pues lo que el hombre siembre, es lo que cosechará.
    También las palabras, "ojo por ojo, diente por diente", han sido y son erróneamente interpretadas. El hombre no debe vengarse de su prójimo, desquitándose a base de hacerle lo mismo. Se le ha mandado perdonar a su prójimo, pedirle perdón y no hacer más algo igual o parecido. Quien no cumpla este mandamiento, se estará poniendo él mismo bajo la ley de la expiación, que dice: "ojo por ojo, diente por diente". En este caso cosechará –"ojo por ojo, diente por diente"– lo que haya sembrado (pág. 214-216).
    La ley de siembra y cosecha, que nos permite reconocer las causas de nuestro destino, ya la había enseñado Dios a través de los antiguos profetas. En Isaías, por ejemplo, encontramos: ¡Ay de los que arrastran el pecado con cuerdas de falsedad y como con coyundas de carro! (Isaías 5, 18). En la traducción alemana unificada podemos leer del Libro de la Sabiduría en el Antiguo Testamento: Para que conocieran que por donde uno peca, por ahí es castigado (11, 17).
   Dios no castiga ni da instrucciones que sean pecado. Nuestro pecado es nuestro castigo creado por nosotros mismos, nuestro tribunal personal.

    Jesús quería abolir por consiguiente las crueldades para con hombres y animales. Sin embargo, los representantes de las instituciones eclesiásticas actuales permiten que éstas sigan ejerciéndose con personas y animales, sólo que con otros métodos, que a decir verdad son aún más crueles. Con ello están afirmando lo que hoy ocurre a este respecto. El esfuerzo de unos pocos a favor de los animales es la excepción que confirma la regla.

 

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