Usted está aquí: Página inicial > Profecía > Publicaciones > Cuadernos
«El Profeta»
 > «El Profeta» Nr. 15

Declaraciones sobre animales en el
catecismo luterano-protestante



    El catecismo luterano-protestante habla poco sobre los animales. Para las instituciones eclesiásticas los animales son poco menos que un objeto y por ello no merecen mayor atención. Esto es lo que se puede extraer del artículo "Carne del cordero de Dios" de la revista ZEIT. Ahora paso a citar las pocas referencias que hace el catecismo luterano-protestante para adultos (quinta edición, 1989):

    El hombre tiene el encargo de "construir y cuidar" el jardín. Por consiguiente el trabajo corresponde al hombre desde su comienzo. Con este trabajo el hombre debe explorar el entorno que se le ha confiado (animales, plantas, agua, aire) y al mismo tiempo cuidar de él. A ello corresponde también la narración de la creación de los animales. Dios da a los hombres los animales y los confía a su cuidado... amor y honra hacia el Creador deben permanecer reconocibles en la forma del cuidado de la creación. El hombre permanece responsable ante el Creador por todo su comportamiento (pág. 40).
    Esta declaración del catecismo luterano al parecer tiene la función de blasfemar a Dios si se compara con aquel artículo de la revista ZEIT.
    Seguimos con el catecismo luterano:

    ...precisamente en el animal encontramos lo profano, el descaro libre de tabús en relación a la procreación, al nacimiento y a la muerte como lo más inhumano y lo más ajeno al ser. Solamente con el sentido del pudor y con los ritos funerarios comienza realmente la historia del hombre. Ningún animal oculta sus genitales, ninguno honra ni entierra a sus muertos (el teólogo Illies, pág. 508).

    Precisamente el catecismo luterano habla de lo profano, del descaro libre de tabús en relación a la creación, mientras que el venerable creador de esta religión usaba un lenguaje increíblemente vulgar, por ejemplo: ¿Por qué no eruptáis ni ventoseáis, es que no os ha gustado? (hablando en la mesa). O de las calumnias a los judíos: El diablo se ha cagado en los pantalones y ha vaciado el estómago varias veces. Esto es algo sagrado que los judíos y aquello que sea judío debe besar, comer, beber y adorar, y el diablo debe comer y beber otra vez lo que semejantes discípulos vomitan y pueden arrojar por arriba y por abajo ...El diablo devora después con su hocico inglés, y devora con ganas, lo que los judíos vomitan y salpican por arriba y por debajo del hocico. (Edición de Erlangen de los Escritos de Lutero XXXII, pág. 282). O bien: Aquí en nuestra capilla de Wittenberg hay una cerda esculpida en piedra; debajo de ella se encuentran cochinillos y judíos que maman; tras la cerda hay un rabino que levanta la pata derecha de la cerda y con su mano izquierda le tira las tetas hacia sí, se inclina y mira con gran esfuerzo a la cerda debajo de sus tetas y dentro del Talmud, como si quisiera leer o vislumbrar algo fuerte o especial ...
    Así pues se habla entre los alemanes de uno que dice poseer gran inteligencia, sin tener motivos para ello: ¿Dónde ha leído todo? Dicho directa y vastamente: en el culo de la cerda (ibid., pág. 298).
    Aquel que lea sobre el descaro libre de tabús en relación a la procreación, al nacimiento y a la muerte como lo más inhumano y lo más ajeno al ser, piensa inevitablemente en la sexualidad libre de tabús y sin pudor de los seres humanos que recomiendan su desenfreno en la televisión y en internet y lo hacen público en los periódicos. El animal procrea en determinados períodos de tiempo, el ser humano agota sus energías vitales y da salida a sus apetitos sensuales con quien y donde le apetece.

    No hay nada que sea más ajeno al ser, o sea ajeno a su ser originario espiritual, que el ser humano mismo. A causa de su vida profana y atea ha llegado a ser lo que hoy es. La mayor parte de culpa la tienen los altos dignatarios de la Iglesia, quienes son tal y como Dios no quiere. Según mi opinión el nacimiento de un animal es una de las cosas más nobles. El animal da a luz según las leyes de la naturaleza. Muy rara vez grita o se queja al nacer como lo hace por ejemplo el hombre. ¿Y cómo es con la muerte? El animal se retira de la manada, va hacia un lugar tranquilo y muere. Muere lleno de dignidad, como corresponde a las leyes de la naturaleza si lo comparamos con algunos seres humanos que al final tienen una verdadera lucha con la muerte, ya que durante su vida estuvieron luchando contra el amor a Dios y al prójimo.

    ¿A dónde ha ido a parar el sentido del pudor? ¡Seguro que no donde los hombres! El animal no necesita ningún sentido del pudor, él vive según las leyes de la naturaleza. Y ceremonias funerarias tampoco las necesita ningún animal. La naturaleza no nos enseña esto, sólo lo hace la Iglesia. Además el animal tampoco necesita ocultar sus genitales porque no peca con ellos en comparación al ser humano, que sí lo hace. ¿O es que debería llevar puestas las llamadas braguitas para no tentar aún más al "diablo" que ya por sí solo se quita las suyas sin mostrar vergüenza alguna?

    El catecismo luterano-protestante nos da una visión aún "más profunda":

    Comparando el comportamiento social del animal y del hombre vemos que ningún animal tiene tras de sí una infancia comparablemente tan larga como tiempo de desarrollo y en los diferenciados procesos de aprendizaje y asimilación cuando alcanza la madurez sexual como en el caso del ser humano (pág. 509).
    ¿Qué etiqueta y qué "dignidad" tiene el hombre a pesar de su larga infancia? A todo lo que conduce la madurez sexual en el hombre serviría para llenar libros. La fanfarronería sexual no debería ser comparada en ningún caso con el animal. El animal tampoco lo consentiría. Si comparásemos los valores y la falta de valores de los seres humanos y de los animales, ¿hacia qué lado pensamos que se inclinaría la balanza?
    El catecismo luterano sigue aclarando:

    Quien piense en los grandes éxitos de los viajes espaciales se preguntará: ¿cómo es posible que solamente el hombre sea capaz de semejante rendimiento? El hombre está concebido por naturaleza para superar sus propios límites (pág. 640).
    El hombre realmente ha superado sus propios límites. El hace todo lo posible para destruir su entorno, al que también pertenecen los animales.
    El progreso de la técnica y de la ciencia hasta ahora no ha ayudado a la humanidad a alcanzar unidad, paz, bienestar para todos, salud y la verdadera felicidad. Si comprendemos el que el hombre supere sus propios límites en el sentido de un orgullo desmesurado y de una locura que no respeta ni a los hombres ni a la creación, sin duda que se puede confirmar que el hombre en este sentido está superando sus fronteras de formas muy variadas y de un modo tan desmedido como nunca lo había hecho hasta ahora.
    Que el hombre haya sido concebido de esta forma por naturaleza corresponde al punto de vista de las Iglesias, pero no a la voluntad de Dios, quien dijo por ejemplo a través de Jesús de Nazaret: Si no os volvéis como los niños... y: Debéis volveros perfectos como vuestro Padre en el Cielo. Con ello quería decirnos que lo que prima es volver a acoger nuestra herencia divina mediante la superación de nuestra naturaleza inferior, de lo no-divino. El no habló de la conquista del espacio por el hombre ni tampoco de la creación de un nuevo hombre sacado de forma artificial, ni de la creación de una nueva naturaleza y una nueva Tierra por medio de la manipulación genética y de otras intervenciones contra el sabio orden de la creación de Dios.
    A aquél que lea todo esto y lo que sigue debería surgirle automáticamente la pregunta de si aún tiene ganas de seguir siendo luterano.

 

siguiente capítulo / índice de capítulos

 

 

© 2007 Universelles Leben e.V. • E-Mail: info@universelles-leben.orgImpressum