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  El comer carne - ¿una concesión de Dios a la debilidad humana? ¿Comió Jesús carne?

En el artículo Carne del cordero de Dios también se puede leer una frase importante: El comer carne es ... una concesión divina a la debilidad humana. Esto se acerca a la verdad. Del Cristo de Dios en Esta es Mi Palabra y de otras manifestaciones sabemos que el profeta Moisés, quien tenía que soportar a un pueblo obstinado que añoraba los "cocidos de carne de Egipto", sí que enseñó claramente "No matarás", pero aceptó en silencio que el pueblo sin embargo comiera carne. O sea que es correcto: una concesión a la debilidad humana – pero ninguna concesión divina. Más de uno a quien le gusta comer carne toma como argumento el que Jesús, como se cuenta en la Biblia, también comió el cordero de Pascua. Pero escuchémosle a El mismo referente a esta pregunta:
Ni por los apóstoles ni por los discípulos fue ordenada la matanza de un cordero; pero tanto a Mí como a los apóstoles y discípulos nos fueron servidos, como ofrenda de amor, trozos de un cordero aderezado. Nuestro prójimo nos quiso obsequiar con ello; no sabían hacerlo mejor. Yo bendije la ofrenda y comencé a comer la carne. Mis apóstoles y discípulos lo hicieron igual que Yo. A continuación Me hicieron una pregunta, con el siguiente sentido: debemos abstenernos del consumo de carne. Así nos lo ordenaste. Ahora Tú mismo has comido carne. Yo instruí a los Míos: el hombre no debe matar intencionadamente a ningún animal, ni consumir la carne de animales que han sido matados para el consumo de su carne. Pero cuando hombres que todavía son ignorantes han preparado carne como alimento y se lo ofrecen al huésped como regalo y se lo sirven en la comida, el huésped no debería rechazar la ofrenda; pues hay que diferenciar el hecho de comer el hombre la carne por avidez de la misma, del de comerla en agradecimiento al anfitrión, por su esfuerzo. Sin embargo, el que esto sabe debe, si le es posible y las circunstancias externas y el tiempo lo permiten, dar indicaciones generales al anfitrión, pero sin querer escarmentarle. Cuando el tiempo haya madurado, el anfitrión también entenderá estas indicaciones generales. Al amor desinteresado también pertenecen en este mundo la comprensión y la tolerancia. Dejad al albedrío de cada hombre el querer entender y aceptar, o no, vuestras indicaciones generales. Si siempre pensáis, habláis y actuáis desinteresadamente, permaneceréis en el amor y el amor os bendecirá. Lo que entonces os sea servido como regalo de amor, estará bendecido.
Jesús no comía por lo tanto carne, pues El vivió la ley de Dios.
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