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«El Profeta»
 > «El Profeta» Nr. 15

El espíritu de los Libros de Moisés
sopla hoy en las Iglesias.
Paralelismos con las ceremonias
sangrientas de la magia del vudú.



Jesús vino, como El dijo, para cumplir la Ley de Dios. El lo hizo con Su vida y Sus obras. Y El enseñó cómo nosotros los hombres podemos cumplir la Ley de los Cielos en cada paso de la vida diaria; el testimonio esencial de ello es Su Sermón de la Montaña.
    Antes de pasar a la pregunta de cómo fue posible que el verdadero camino cristiano, el camino del seguimiento de Jesús, no fuese recorrido por muchos de los así llamados cristianos, volvamos una vez más a los Libros de Moisés. Las enseñanzas e instrucciones registradas en ellos, así como el sistema de poder religioso-social, siguieron teniendo vigor hasta que Cristo en Jesús viniera a esta Tierra, a pesar de que Dios había enviado una y otra vez a Sus mensajeros, los profetas, para aclarar al pueblo y moverlo hacia la fe y vida verdaderas. La ceguera y la carga de los hombres que resultó de ello, fue una de las mayores razones del por qué Jesús no fue acogido ni aceptado por Sus contemporáneos y del por qué tuvo que recorrer el camino hacia el Gólgota. Además, también después de Su muerte física, a los primeros cristianos originarios pronto se les unieron corrientes contrarias a la Ley de Dios que finalmente se impusieron.
    El nuevo cristianismo, que por cierto se hacía llamar así, tomando el nombre de Cristo, pero no estaba con Cristo, se muestra así de forma diferente a la vida religiosa y social descrita en los Libros de Moisés. ¿Pero cómo son las raíces? Estas siempre traen frutos de igual naturaleza, con el mismo contenido. Y Jesús dijo: "Por sus frutos los reconoceréis".

    Qué espíritu sopla en las ceremonias, que se pueden leer en los Libros de Moisés, lo podemos extraer de la siguiente cita del tercer libro de Moisés, el Levítico:

    Si su ofrenda es de holocausto de ganado mayor, será de un macho inmaculado; lo traerá a la puerta del tabernáculo del testimonio, para que sea grato al Señor; pondrá su mano sobre la cabeza de la víctima, y será aceptada ésta para expiación suya, e inmolará la res ante el Señor. Los sacerdotes, hijos de Arón, llevarán la sangre y la derramarán en torno del altar que está a la entrada del tabernáculo de la reunión. Desollará el holocausto y lo descuartizará. Los hijos del sacerdote Arón pondrán fuego en el altar y dispondrán la leña sobre el fuego, y ordenarán sobre ella los trozos con la cabeza y el redaño sobre la leña que arde en el altar, las entrañas y las patas, lavadas antes en agua, y todo lo quemará el sacerdote sobre el altar. Es holocausto, ofrenda encendida de suave olor para el Señor.
    Si la ofrenda es de ganado menor, holocausto de oveja o cabra, ofrecerá un macho inmaculado, y lo inmolará al lado del altar que mira al norte ante el Señor; y los sacerdotes, hijos de Arón, derramarán la sangre en torno al altar. Lo descuartizarán, y con la cabeza y el sebo lo dispondrá el sacerdote sobre la leña encendida del altar. Las entrañas y las patas se lavarán en agua, y todo lo quemará el sacerdote sobre el altar. Es holocausto, ofrenda encendida de suave olor para el Señor.
    Si la ofrenda al Señor fuere un holocausto de aves, ofrecerá tórtolas o pichones. El sacerdote llevará la víctima al altar, y quitándole la cabeza, la quemará en el altar; la sangre la dejará correr sobre un lado del altar; los intestinos con sus excrementos los tirará junto al altar, al lado de oriente, en el lugar donde se echa la ceniza. Le romperá las alas, y sin separarlas del todo, el sacerdote la quemará sobre la leña encendida en el altar. Es holocausto, ofrenda encendida de suave olor para el Señor (1, 3-17).

    "De suave olor para el Señor". ¿Por qué habría que calmar al Señor con el así llamado "suave olor", que seguramente no era ningún olor agradable, sino más bien un hedor? Según las enseñanzas de Jesús, Dios es el amor, la reconciliación, la compasión y la bondad, el equilibrio en todas las cosas. ¿Por qué debe ser, pues, tranquilizado? Como bien es conocido, los así llamados animales salvajes –nosotros los denominamos a menudo bestias- son tranquilizados con trozos de carne o son conducidos así hacia una trampa. ¿Se pensaba acaso o se quería dar la impresión, de que Dios, el Absoluto eternamente existente, puede ser manipulado, como a menudo lo podemos ser nosotros los hombres, o como se piensa en manipular a otros? Un intento semejante da testimonio de lejanía de Dios.
    Dios no tiene debilidades. Por ello tampoco se Le puede manipular.
    En el tercer libro de Moisés, el Levítico, seguimos leyendo:

    Quien ofrezca al Señor una oblación de ofrenda incruenta, su oblación será de flor de harina, sobre la cual habrá derramado aceite y pondrá incienso. La llevará a los sacerdotes, los hijos de Arón, quienes, tomando un puñado de la harina con aceite y todo el incienso, la quemarán sobre el altar, como combustión, en memoria, en olor suave para el Señor.
    Lo que resta de la oblación será, para Arón y sus hijos, cosa santísima de las combustiones del Señor (2, 1-3).

    Lo que resta de la oblación, que era para Arón y sus hijos, era seguramente la mejor parte. ¿Es hoy diferente? Los más pobres comen de las migajas que caen de la mesa de los ricos, entre los que se pueden contar también a los "altos dignatarios" de la Iglesia.
    Lo "sagrado", incluso lo "santísimo" le correspondía a los sacerdotes. ¿Lo había ordenado Dios, por ejemplo a través de Moisés? Ellos mismos se otorgaron el mérito de lo "sagrado", y esto incluso de forma hereditaria, sin tener que considerar el "merecimiento" de cada uno.
    En el Levítico seguimos leyendo:

    Quien ofreciere un sacrificio pacífico, si lo ofrece de ganado mayor, macho o hembra, sin defecto lo ofrecerá al Señor. Pondrá la mano sobre la cabeza de la víctima y la degollará a la entrada del tabernáculo de la reunión; y los sacerdotes, hijos de Arón, derramarán la sangre en torno del altar. De este sacrificio pacífico ofrecerá al Señor en combustión el sebo que envuelve las entrañas y cuanto hay sobre ellas, los dos riñones, con el sebo que los recubre y el que hay entre los riñones y los lomos, y el que hay en el hígado sobre los riñones, y lo quemarán los hijos de Arón en el altar, encima del holocausto puesto sobre la leña encendida. Es sacrificio de combustión de suave olor para el Señor.
    Si lo que ofrece es ganado menor, macho o hembra, en sacrificio pacífico al Señor, lo ofrecerá inmaculado. Si es cordero, lo presentará ante el Señor, pondrá su mano sobre la cabeza de la víctima, y la degollará ante el tabernáculo de la reunión. Los hijos de Arón derramarán la sangre en torno del altar. De este sacrificio pacífico ofrecerán al Señor en combustión la cola toda entera, que se cortará desde la rabadilla; el sebo que envuelve las entrañas y cuanto hay sobre ellas, los dos riñones, el sebo que los recubre y el que hay entre ellos y los lomos, y la redecilla del hígado sobre los riñones. El sacerdote lo quemará sobre el altar. Es alimento de combustión para el Señor.
    Si ofreciere una cabra, la presentará al Señor, pondrá su mano sobre la cabeza de la víctima y la degollará a la entrada del tabernáculo de la reunión, y los hijos de Arón derramarán la sangre en torno al altar (3, 1-13).
    Con semejantes instrucciones para llevar a cabo ceremonias sangrientas y otras parecidas, con carácter de magia, uno piensa automáticamente en magia de vudú. En el diccionario encontramos sobre magia de vudú lo siguiente: Culto secreto mágico-religioso sincrético en la isla de Haití, procedente del Oeste de Africa y combinado con elementos católicos. En la enciclopedia alemana de Meyers leemos: Nombre de un culto secreto sincrético extendido sobre la isla de Haití, en el que tienen una especial importancia danzas de éxtasis que deben conducir a los participantes a la identificación con las deidades.
Si la magia vudú está combinada con elementos católicos, seguramente que este "enriquecimiento" del culto no ha ocurrido por casualidad. ¿Impera aquí posiblemente la ley de la atracción de cosas iguales? De este modo, los que pagan impuestos a la Iglesia deberían pensar para qué los están pagando.

    En el Levítico podemos leer:

    La piel del novillo, sus carnes, la cabeza, las piernas, las entrañas y los excrementos, lo llevará todo fuera del campamento a un lugar puro, donde se tiran las cenizas, y lo quemará sobre leña. Se quemará en el lugar donde se tiran las cenizas (4, 11-12).
    O sea que aquí se nos dice lo que es un "lugar puro".
    Quien desee seguir leyendo otras historias macabras de la tradición pagana más oscura, puede echarle una mirada a lo siguiente:

    Si uno pecare, oyendo a otro imprecar, y siendo testigo de la imprecación, porque lo vio, o de otro modo lo conoció, y sin embargo no lo denunció, contrayendo así culpa, o si tocare sin darse cuenta algo impuro, sea el cadáver impuro de una bestia, sea el cadáver impuro de un reptil, haciéndose impuro él mismo y contrayendo culpa; o tocare sin darse cuenta cualquier impureza humana, dándose cuenta de ello después, contrayendo así culpa; o vanamente jurare de ligero hacer algo, de mal o bien, de lo que uno suele jurar vanamente, sin darse cuenta, y cae después en ella: el que de uno de estos modos incurre en culpa, por la culpa de uno de estos modos contraída confesará su pecado, y ofrecerá al Señor por su pecado una hembra de ganado menor, oveja o cabra, y el sacerdote le expiará de su pecado.
    Si no pudiese ofrecer una res, ofrecerá al Señor dos tórtolas o dos pichones, uno por el pecado y otro en holocausto, y los llevará al sacerdote, que ofrecerá primero el que es por el pecado, quitándole la cabeza sin separarla del todo, y haciendo con la sangre la aspersión de un lado del altar, dejando que el resto fluya al pie del altar; es sacrificio por el pecado (Levítico 5, 1-9).

 

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