Usted está aquí: Página inicial > Profecía > Publicaciones > Cuadernos
«El Profeta»
 > «El Profeta» Nr. 15

Instrucciones para llevar a cabo violencia
y guerras en el Antiguo Testamento.
Jesús: "Amad a vuestros enemigos".
Jesús reprende la hipocresía
de los escribas y fariseos



    Jesús no colaboró al ablandamiento de nuestra conciencia. El tampoco nos pidió adormecerla ni hacerla callar con artimañas, trucos ni con formulaciones sutiles. Esto sólo lo hace quien está y actúa en contra de Dios y ya ha transformado la Palabra de Dios a través de Moisés en lo contrario. Otro ejemplo de ello:
    En el segundo libro de Moisés, El Exodo, traducción unificada alemana, está escrito: El que hiera mortalmente a otro será castigado con la muerte (Exodo 21, 12).

    El que hiera a su padre o a su madre será muerto. El que robe a un hombre, háyalo vendido o téngalo en su poder, será muerto. El que maldijere a su padre o a su madre será muerto (21, 15-17).
    En el Exodo 21, 24 se sigue diciendo:

    Ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, cardenal por cardenal.
   Y esto fue utilizado bastante a menudo literalmente para legitimar actos de venganza de todo tipo.
    Jesús no habló de ello en el Sermón de la Montaña. Aquí dice: Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente. Pero yo os digo: No resistáis al mal, y si alguno te abofetea en la mejilla derecha, dale también la otra; y al que quiera litigar contigo para quitarte la túnica, déjale también el manto, y si alguno te requiriera para una milla, vete con él dos. Da a quien te pida y no vuelvas la espalda a quien desea de ti algo prestado (Mateo 5, 38-42).
    De Jesús leemos por consiguiente palabras totalmente distintas de las del "Dios" de los "Libros de Moisés". Quien desee ser un cristiano honesto, tendría que tomar la decisión: o bien a favor de Dios a través de Jesús, el Cristo, o a favor del Dios de la institución Iglesia, pues no se puede servir a dos señores. El Dios falso nos hará caer algún día. El mejor ejemplo para ello es nuestra sociedad indiferente e inmisericorde.
    En el quinto libro de Moisés, el Deuteronomio, se habla entre otras cosas, de la ley del talión:

    No tendrá tu ojo piedad; vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie (Deuteronomio 19, 21).
   La guerra y los guerreros. Cuando vayas a hacer la guerra a tus enemigos, al ver los caballos y los carros de un pueblo más poderoso que tú, no los temerás, porque el Señor, tu Dios, que te sacó de Egipto, está contigo. Cuando se vaya a dar la batalla, avanzará el sacerdote y hablará al pueblo, y le dirá: ¡Oye, Israel! Hoy vais a dar la batalla a vuestros enemigos; que no desfallezca vuestro corazón; no temáis, no os asustéis ni os aterréis ante ellos, porque el Señor, vuestro Dios, marcha con vosotros para combatir con vosotros contra vuestros enemigos, y El os salvará (20, 1-4).
    Hoy se hace de forma similar, como si Jesús no hubiese estado en esta Tierra desde entonces: los sacerdotes de hoy bendicen las guerras e incluso las armas en la creencia de que los que han sido bendecidos por ellos tienen a Dios a su lado en contra del "enemigo".
    En el mismo libro de Moisés se dice:

    La conquista de las ciudades.
   Cuando te acerques a una ciudad para atacarla, le brindarás la paz. Si la acepta y te abre, la gente de ella será hecha tributaria y te servirá. Si en vez de hacer las paces contigo quiere la guerra, la sitiarás; y cuando el Señor, tu Dios, la pusiere en tus manos, pasarás a todos los varones al filo de la espada, pero las mujeres, los niños y los ganados y cuanto haya en la ciudad, todo su botín, lo tomarás para ti y podrás comer los despojos de tus enemigos, que el Señor, tu Dios, te da. Así harás con todas las ciudades situadas lejos de ti, que no sean de las ciudades de estas gentes. Pero en las ciudades de las gentes que el Señor, tu Dios, te da por heredad, no dejarás con vida a nada de cuanto respira (Deuteronomio 20, 10-16).
    Los cruzados de la Edad Media vadeaban en la sangre de aquellos a los que habían vencido en nombre de la Cruz. Entre 1941 y 1943 no fue muy distinto en Croacia. La Iglesia lo hace realidad: El Antiguo Testamento "ilumina" el Nuevo Testamento, ¡pero no con la luz de Dios, que Cristo anunció y hoy anuncia de nuevo!
    Dios es la paz. Cristo vino como Jesús para traer la paz a todos los hombres. El vendrá de nuevo –en espíritu– como Príncipe de la Paz, eso es seguro.
    Jesús habló en Su Sermón de la Montaña del amor a los enemigos. En Mateo leemos:

    Habéis oído que fue dicho: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo.
    Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre, que está en los Cielos, que hace salir el sol sobre malos y buenos, y llueve sobre justos e injustos. Pues si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen esto también los publicanos? Y si saludáis solamente a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen eso también los gentiles? Sed, pues, perfectos, como perfecto es vuestro Padre celestial.
    Jesús reprendió la hipocresía de los escribas y fariseos en Mateo 23:

    Entonces Jesús habló a las muchedumbres y a sus discípulos, diciendo: En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y fariseos. Haced, pues, y guardad lo que os digan, pero no los imitéis en las obras, porque ellos dicen y no hacen. Atan pesadas cargas y las ponen sobre las espaldas de los hombres, pero ellos ni con un dedo hacen por moverlas. Todas sus obras las hacen para ser vistos por los hombres. Ensanchan sus filacterias y alargan los flecos; gustan de los primeros asientos en los banquetes, y de las primeras sillas en las sinagogas, y de los saludos en las plazas, y de ser llamados por los hombres rabí (maestro). Pero vosotros no os hagáis llamar rabí, porque uno sólo es vuestro Maestro, y todos vosotros sois hermanos. Ni llaméis padre a nadie sobre la Tierra, porque uno sólo es vuestro Padre, el que está en los Cielos. No os hagáis llamar doctores, porque uno sólo es vuestro Doctor, el Mesías. El más grande de vosotros sea vuestro servidor. El que se ensalce será humillado, y el que se humillare será ensalzado.
    ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas, que cerráis a los hombres el reino de los cielos! Ni entráis vosotros ni permitís entrar a los que querrían. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas, que recorréis mar y tierra para hacer un solo prosélito, y luego de hecho, le hacéis hijo de la gehenna dos veces más que vosotros! ¡Ay de vosotros, guías ciegos, que decís: Si uno jura por el templo, eso no es nada; pero si jura por el oro del templo, queda obligado! ¡Insensatos y ciegos! ¿Qué vale más, el oro o el templo, que santifica el oro? Y si alguno jura por el altar, eso no es nada; pero si jura por la ofrenda que está sobre él, ése queda obligado. Ciegos, ¿qué es más, la ofrenda o el altar, que santifica la ofrenda? Pues el que jura por el altar, jura por él y por lo que está encima de él. Y el que jura por el templo, jura por él y por quien lo habita. Y el que jura por el Cielo, jura por el trono de Dios y por el que en él se sienta.
    ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas, que diezmáis la menta, el anís y el comino, y dejáis lo más grave de la Ley: la justicia, la misericordia y la lealtad! Bien sería hacer aquello, pero sin omitir esto. Guías ciegos, que coláis un mosquito y os tragáis un camello. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas, que limpiáis por fuera la copa y el plato, que por dentro están llenos de rapiñas y codicias! Fariseo ciego, limpia primero por dentro la copa, para que también su exterior quede limpio.
    ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, que os parecéis a sepulcros blanqueados, hermosos por fuera, mas por dentro llenos de huesos de muertos y de toda suerte de inmundicia! Así también vosotros por fuera parecéis justos a los hombres, mas por dentro estáis llenos de hipocresía y de iniquidad.
    ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas, que edificáis sepulcros a los profetas y adornáis los monumentos de los justos, y decís: Si hubiéramos vivido nosotros en tiempo de nuestros padres, no hubiéramos sido cómplices suyos en la sangre de los profetas! Ya con esto os dais por hijos de los que mataron a los profetas. Colmad, pues, la medida de vuestros padres. Serpientes, raza de víboras, ¿cómo escaparéis al juicio de la gehenna?
    Por esto os envío yo los profetas, sabios y escribas, y a unos los mataréis y los crucificaréis, a otros los azotaréis en vuestras sinagogas y los perseguiréis de ciudad en ciudad, para que caiga sobre vosotros toda la sangre inocente derramada sobre la Tierra, desde la sangre del justo Abel hasta la sangre de Zacarías, hijo de Baraquías, a quien matasteis entre el templo y el altar. En verdad os digo que todo esto vendrá sobre esta generación (Mateo 23, 1-36).
    Jesús dijo, entre otras cosas: No llaméis padre a nadie sobre la Tierra, porque uno sólo es vuestro Padre, el que está en los Cielos (Mateo 23, 9).
    ¿Por qué existe entonces el "Santo Padre" en la Tierra? Quien como católico crea en las palabras de Jesús se tendría que hacer la pregunta de si no está aclamando a un "mascarón de proa" y con ello está de acuerdo en difamar el nombre de Jesús y Sus enseñanzas, en poner en ridículo al mayor profeta de todos los tiempos, que es nuestro Redentor.

    Jesús habló contra los sacerdotes: Pero vosotros no os hagáis llamar rabí, porque uno sólo es vuestro Maestro, y todos vosotros sois hermanos (Mateo 23, 8).
    Jesús se hacía llamar Maestro, o sea, maestro de sabiduría. La Iglesia católica hizo a Jesús sacerdote, en contra de Su enseñanza y contra Su voluntad. En el catecismo católico, número 1548, leemos: "En el servicio eclesial el ministro ordenado es Cristo mismo, quien está presente en su Iglesia como Cabeza de su cuerpo, Pastor de su rebaño, sumo sacerdote del sacrificio redentor y Maestro de la verdad".
    El catecismo católico dice: "... y Maestro de la verdad". Esto es de nuevo una blasfemia contra Jesús, el Cristo, por parte de los dignatarios actuales de la Iglesia. Ellos hablan del maestro de la verdad, pero no hacen lo que Jesús enseñó y quiso.

 

siguiente capítulo / índice de capítulos

 

 

© 2007 Universelles Leben e.V. • E-Mail: info@universelles-leben.orgImpressum