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  Jesús de Nazaret sobre el tema de los "animales" en la manifestación de Cristo "Ésta es Mi Palabra"

La Iglesia calla, pero Jesús, el Cristo, habla y se manifiesta también en nuestro tiempo. En el libro Esta es Mi Palabra también manifiesta entre otras muchas cosas la ley eterna del amor en relación con los animales. Quisiera repetir aquí algunos extractos de las muchas indicaciones, enseñanzas y explicaciones sobre los animales.
Sed por eso considerados, bondadosos, compasivos y amables, no solamente con vuestros semejantes sino también con todas las criaturas a vuestro cuidado; pues para ellas sois como dioses a los que alzan la vista en sus necesidades. Guardaos de la ira, porque muchos pecan cuando están airados, arrepintiéndose de ello cuando su ira ha pasado (pág. 184).
Benditos vosotros los del círculo interior, vosotros los que oís Mi palabra, a los que son revelados los misterios, vosotros los que no encerráis o matáis a criatura inocente alguna, sino que buscáis lo bueno en todo, porque a tales pertenece la eterna vida (pág. 200).
Sólo el alma y el hombre que están llenos de Mi espíritu guardan lo que les he mandado. Los hombres del espíritu no capturarán, mantendrán cautiva o matarán a criatura inocente alguna. Quien vive en la Verdad, sabe que en cada criatura opera y actúa el amor infinito (págs. 201-202).
El hombre egocéntrico, el hombre dominador, espera que sus semejantes le sirvan. También exige del animal que le sirva por encima de sus posibilidades y fuerzas. El mismo manda –en vez de servir–. Por eso ocasiona torturas indecibles a hombres y animales. Si el hombre hace a sus semejantes dependientes de él –en cierto modo esclavos–, también subyugará a los animales. Quien ya no escuche a su conciencia, se volverá duro de corazón para con hombres y animales... Tampoco sentirá ya lo que su prójimo y el animal necesitan. Cuando los sentidos del hombre se han embrutecido, todo el hombre tiene poca sensibilidad (págs. 207-208).
Iba Jesús hacia Jerusalén y se encontró con un camello, pesadamente cargado con madera. El camello no la podía arrastrar monte arriba, y el camellero le golpeaba y maltrataba cruelmente, pero no podía hacer avanzar al animal. Y viéndolo Jesús, le dijo: "¿por qué pegas a tu hermano?" El hombre replicó: "no sabía que fuera mi hermano. ¿No es un animal de carga, hecho para servirme?" Y Jesús dijo: "¿no ha creado el mismo Dios de igual sustancia a este animal y a tus hijos que te sirven?, y ¿no tenéis vosotros el mismo aliento de vida que todos habéis recibido de Dios?" (Pág. 428). ¿No está escrito en los profetas?: ¡Cesad vuestros sacrificios de sangre y vuestros holocaustos! Dejad de comer carne, pues no hablé de ello a vuestros padres ni se lo ordené, cuando les saqué de Egipto... (Pág. 440).
En la ley de Dios no figura nada sobre sacrificios de sangre ni holocaustos, ni sobre el matar conscientemente a animales, y tampoco sobre el consumir la carne de animales... Es ley: el hombre practicará la justicia y la misericordia y caminará humildemente al Reino de Dios del interior, donde está el verdadero y eterno Hogar del alma... Desde el principio dio Dios al hombre los frutos, las semillas y las hierbas para su alimentación... (Pág. 442).
Quien derrama sangre inocente, quien come carne, es inmisericorde y tendrá que padecer en sí mismo su inmisericordia (pág. 443).
Jesús entró en un pueblo y vio a un gatito que no tenía dueño, y tenía hambre y Le gemía. El lo levantó, lo puso dentro de Su túnica, dejándolo reposar en Su pecho. Y mientras pasaba por el pueblo dio de comer y de beber al gato, que comió y bebió y Le mostró su agradecimiento. Y El lo dio a una de sus discípulas, a una viuda llamada Lorenza, que cuidó de él (págs. 446-447).
Y algunos de Sus discípulos vinieron a El y Le hablaron acerca de un egipcio, hijo de Belial, que enseñaba que no es contrario a la ley atormentar a los animales, cuando sus sufrimientos son de provecho para los hombres... (pág. 469).
Quien cace animales, algún día será cazado él mismo. Quien atormente animales, algún día será atormentado él mismo... Quien atormenta o mata a animales, tiene las manos manchadas con sangre. Quien come carne de animales, o contamina y ultraja a la naturaleza, es impuro. Tales personas no pueden ni cuidar de las cosas sagradas ni saber los llamados "misterios" de los Cielos, y así tampoco enseñar ni explicar la ley de los Cielos (pág. 470). El así llamado clero, que habla contra la naturaleza y contra el amor hacia los animales, que come carne y pescado no puede cuidar de las cosas sagradas ni saber los "misterios" de los Cielos, así como tampoco puede enseñar ni explicar la ley de los Cielos. Se trata de guías ciegos que conducen a otros ciegos al precipicio. Son los muertos espirituales que sólo se ocupan con hombres que igualmente están muertos espiritualmente, los cuales les rodean.
Y os digo de nuevo: todo aquél que trata de poseer el cuerpo de cualquier criatura para alimento, diversión o beneficio, se mancha con ello. Pues quien hace violencia a hombres o animales y desprecia la vida, está pecando contra la vida del hombre o del animal. Lo mismo es válido para plantas, piedras y minerales. Todas las formas de vida llevan en sí mismas la vida que proviene de Dios. Presienten las intenciones que su prójimo tiene para con ellas y sienten eso en forma de alegría o dolor. Lo que el hombre hace a su prójimo o a una forma de vida, recae sobre él (pág. 553).
¿No sabéis lo que está escrito? Mejor es la obediencia que los sacrificios, y, escuchar mejor que la grasa de los carneros. Yo, el Señor, estoy cansado de vuestros holocaustos y vanas ofrendas, pues vuestras manos están llenas de sangre. ¿Y no está escrito: cuál es el verdadero sacrificio? Lavaos y limpiaos y alejad el mal de delante de Mis ojos; cesad de hacer el mal y aprended a hacer el bien. Practicad la justicia con los huérfanos y las viudas y con todos los que son oprimidos. De este modo cumpliréis la ley. Llegará el día en que todo lo que se encuentra en el patio exterior y pertenece a los sacrificios de sangre será abolido, y los adoradores puros adorarán al Eterno, en pureza y verdad (pág. 571).
...El que es sanguinario sigue siendo sanguinario y medita una venganza y quiere seguir derramando la sangre de su prójimo... En su obcecación ve el derramar la sangre de otros incluso como honroso, y tampoco le da reparo ofrecer animales al Eterno, como holocausto. Cada sacrificio de sangre es satánico y una profanación de la vida que proviene de Dios. Mediante tales seres vengativos y que vienen de las tinieblas, las tinieblas quieren escarnecer a Dios (pág. 572).
Os digo que améis a vuestros enemigos, que bendigáis a quienes os maldigan y les déis luz que alumbre sus tinieblas, y que el espíritu del amor habite en vuestros corazones y se derrame sobre todos. Y una vez más os digo: amaos los unos a los otros, y a todas las criaturas de Dios (págs. 814-815).
Los hombres que hayan alcanzado mayores grados de pureza se amarán unos a otros, y a todas las criaturas de Dios, como Yo los he amado y amo (pág. 815).
Jesús, el Cristo, habló contra las normas y el comportamiento del sacerdocio descritos en los "Libros de Moisés" y contra las indicaciones actuales de los altos dignatarios de la Iglesia. En las enseñanzas de Jesús no se encuentra nada, absolutamente nada, que indique que El quisiera consumar el Antiguo Testamento en el Nuevo. Esto es únicamente el pensar institucional del sacerdocio actual. Quien se una a esta forma de pensar ha vendido su libertad a los dominadores orgullosos de la Iglesia de la religión estatal constantina y pagana. La Iglesia no sólo tenía esclavos antiguamente, sino que hoy también. La esclavitud de hoy es más sutil. Al que no hace lo que exige la Iglesia se le impone el signo de la maldición y es condenado por toda la eternidad. La gente sencilla se asusta con ello, los que tienen altos cargos en el gobierno pecan en público contra lo que la Iglesia ha condenado hasta ahora. Frente a las actuaciones de aquel que ante los ojos de la Iglesia tiene una posición importante, ésta hace la vista gorda.
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