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«El Profeta»
 > «El Profeta» Nr. 15

La Palabra de Dios anteayer,
ayer y hoy; ¿verdad o no?


Dios rehabilita a
Moisés a través de otros profetas


Han pasado 2.000 años desde Jesús de Nazaret. El Hijo de Dios vino a nosotros como hombre, como el Hijo del hombre, para traernos el mensaje de Dios, Su Padre, que es también nuestro Padre. El mensaje que Jesús nos trajo de Dios, Su y nuestro Padre, es el amor.
    El camino hacia el amor comienza con la reconciliación entre los hombres, y entre los hombres, los animales y la Tierra. Unicamente de esta manera el hombre llega a la unidad con Dios y con toda Su creación, incluyendo el universo.
    Dios es el amor. Su ser infinito es por lo tanto amor. Jesús dijo a los hombres que Su Padre y El, Jesús, el Cristo, son uno. Con ello Jesús quería decirle a los hombres que Su mensaje es la verdad que viene de los Cielos, de Dios, Su Padre, que también es el Padre de todos los hombres. Jesús nunca mantuvo distancia alguna entre sí y los hombres, sino que en su calidad de hijos e hijas de Dios los puso como a Sus iguales, expresando palabras del siguiente sentido: Debéis llegar a ser perfectos como lo es vuestro Padre en el Cielo (Mateo 5, 48). El nos dió además la oración que comienza con la frase: Padre nuestro, que estás en los Cielos ...

    Jesús nos dió entre otras la siguiente indicación transcendental que igualmente es transmitida en la Biblia: No penséis que he venido para abolir la Ley o los Profetas; no he venido a abolirla, sino a consumarla … Pasarán cielo y tierra antes que falte una jota o una tilde de la Ley hasta que todo se cumpla. Si, pues, alguno descuidase uno de esos preceptos menores y enseñare así a los hombres, será tenido por el menor en el reino de los cielos; pero el que practicare y enseñare, éste será tenido por grande en el reino de los cielos (Mateo 5, 17-19).

    Jesús habló con estas, Sus palabras, de la Ley eterna, y con ello del Dios eterno invariable. Con ello expresó, sin dar cabida a equívocos, que los profetas enviados por Dios hablaron legítimamente, o sea la verdad, que es Dios, que anunciaron por medio de la palabra profética.

    Quien compara los "libros de Moisés" del Antiguo Testamento con las enseñanzas de Jesús, se planteará muy pronto la pregunta: ¿Habló Jesús legítimamente, también cuando dijo que El cumpliría la palabra de los profetas? ¿O aquello que se puede leer en Moisés es la verdad? ¿Y cómo es en este sentido con los profetas que vinieron después de Moisés? El contenido de sus declaraciones fue en muchos casos muy diferente a las palabras transmitidas por Moisés; en parte decían lo contrario. ¿O es que a través de los profetas de la Antigua Alianza hablaron diferentes deidades? Las diferencias entre las declaraciones e indicaciones de los profetas nos hacen llegar a la conclusión de que hay varios dioses. Y por otra parte Jesús nos enseñó un Dios diferente al "Dios" que, por ejemplo, habló a través de "Moisés".

    Quien ahora piense que las iglesias "cristianas" podrían tener una respuesta convincente y que además le podrían ayudar a alcanzar claridad y seguridad en toda esta confusión e inseguridad, sufrirá una decepción: ellas nos aclaran más o menos que cada palabra de la Biblia es la verdad de Dios, de lo cual se deduce que lo que Dios habló a través de Moisés se encuentra en la Biblia en su forma auténtica. Según ello, Dios ordenó, entre otras cosas, matar animales en sacrificios sangrientos y crueles para ofrecérselos a El. El, el Señor, habría escogido a determinadas personas, los sacerdotes, para que llevaran a cabo los actos de sacrificio en rituales detallados y ya prescritos, "tal y como el Señor se lo ordenó a Moisés".
    Si seguimos las enseñanzas de las Iglesias, esto sería entonces la verdad.
    ¿Pero cómo es ahora con los otros profetas del Antiguo Testamento, como por ejemplo Amos, Isaías, Jeremías y muchos otros, a través de los cuales Dios habló en contra de sacrificios de fuego, de matanza y similares? Jesús, el profeta más grande de todos los tiempos, también se manifestó contra las declaraciones e indicaciones que supuestamente Dios habría anunciado a través del profeta Moisés.
    La contradicción que está contenida en estas diferentes "declaraciones de Dios" es evidente. ¿Es que entonces ambas cosas deberían ser verdad, según lo afirma la doctrina de la Iglesia?

    Observemos una vez más las diferentes imágenes de Dios:
    Jesús nos enseñó el Dios de los Diez Mandamientos, que es un Dios bondadoso y sabio, un Dios del amor y de la reconciliación, un Creador que está a favor de la vida de los animales y de toda la naturaleza.
    El "Dios" de los Libros de Moisés sería en comparación un Dios duro, cruel y brutal, que impone castigos duros a los hombres, incluso les castiga con la muerte, pero que sobre todo permite que el mundo animal sea torturado y masacrado de forma indecible, para poder calmarse con el humo de los sacrificios. ¿Se puso por consiguiente el "Dios" de los Libros de Moisés en el Antiguo Testamento con sus instrucciones sobre prácticas crueles por encima del Dios de los Diez Mandamientos?
    Una y otra vez nos encontramos ante la pregunta: ¿es el Dios del Antiguo Testamento –principalmente el Dios de los "Libros de Moisés"– un Dios diferente al del Nuevo Testamento? Si es el mismo y único Dios, o bien el Antiguo Testamento tiene que haber sido falsificado –especialmente los "Libros de Moisés", o Jesús no ha dicho la verdad. ¿O es que acaso Dios cambia?
    En su edición número 13 de Abril de 1998, El Profeta trató esta pregunta en un diálogo con un experto en teología católica y con otro en teología protestante-luterana. Esta pregunta será retomada aquí de nuevo, pero en especial relación con el sacrificio de animales.

Los primeros cristianos originarios no se preocupaban de semejantes preguntas. Para ellos estaba claro que la palabra, la enseñanza, el mensaje y la vida de Jesús, el Hijo de Dios, el Cristo, era la palabra auténtica de Dios, que corresponde a la voluntad de Dios para hombres y almas y con ello tenía que servir de medida para aquello que en otras partes y en otras épocas había sido y sería presentado como la Palabra de Dios.
    Nosotros los hombres no tendríamos ahora ninguna necesidad de reflexionar sobre "la Palabra de Dios ayer y hoy - ¿verdad o no?", sí, incluso ni siquiera habría sido necesario que Dios tuviera que enviar una vez más a un profeta de enseñanza a la Tierra, si –es decir, si– el desarrollo del cristianismo originario hubiese continuado orientándose hacia Jesús, el Cristo. Sin embargo no se derarrolló así por mucho tiempo, con el resultado de que el mal espíritu atribuido a Moisés, y que Jesús corrigió de muchas formas, aún hoy puede seguir actuando, incluso de forma mucho más penetrante, masiva y "global" de lo que les es consciente a muchos. No obstante, aquello que al hombre no le es consciente, puede influirle y manipularle.

    Dios es amor, bondad y mansedumbre. El no necesita ser apaciguado con costumbres crueles y paganas.
    ¿Como se llegó, pues, a las declaraciones e instrucciones en el Libro de Moisés? ¿Quién podría tener interés en atribuirle a Moisés la ordenanza de costumbres sangrientas y paganas? Es Dios mismo quien da la respuesta. El habló un tiempo más tarde a través del profeta Jeremías:

    Cuando Yo saqué de Egipto a vuestros padres, no fue de holocausto y sacrificios de lo que les hablé y ordené, sino que les dí este mandamiento: Oíd Mi voz y seré vuestro Dios, y vosotros seréis Mi pueblo, y seguid los caminos que Yo os mando, y os irá bien.
    Pero ellos no Me escucharon, no Me prestaron oído, y siguieron los consejos y vicios de su mal corazón, y Me mostraron la espalda y no el rostro. Desde el día que vuestros padres salieron de Egipto hasta hoy os he enviado a Mis siervos, los profetas, día tras día sin cesar, pero no Me escucharon, no me prestaron oído, y endurecieron su cerviz y obraron peor que sus padres.
    Dirás todo esto, y no escucharán; los llamarás, y no te responderán. Díles, pues: Es una nación que no oye la voz del Señor, su Dios; que no acepta corrección. Ha perecido la fidelidad y ha desaparecido de su boca (Jeremías 7, 22-28).

    Por consiguiente Dios ha puesto al descubierto a través de Jeremías la falsedad de los "Libros de Moisés" y con ello ha rehabilitado al profeta Moisés.
    Moisés ha sido igualmente rehabilitado en nuestro tiempo, por un lado por medio de las investigaciones bíblicas modernas, que demuestran que la palabra de Dios por boca de Moisés, tal y como se encuentra en el Antiguo Testamento, no es auténtica, y que el texto más bien fue intencionadamente corregido y "redactado" muchas veces. Grandes partes de la "versión final" transmitida en la Biblia las atribuyen los científicos de forma unánime a los sacerdotes.
    Pero no es sólo esto lo que habla a favor de Moisés. La "Instancia" más elevada, la Inteligencia originaria, la Sabiduría y Justicia divinas, el Espíritu del Cristo de Dios, en la grandiosa obra manifestada "Esta es Mi Palabra. Alfa y Omega. El Evangelio de Jesús. El libro que ya conocen todos los verdaderos cristianos en todo el mundo", que nos regaló el Cristo de Dios a través de Su profetisa del tiempo actual, da un testimonio evidente y aclarador de Moisés con las siguientes palabras:

    Moisés ni ordenó el sacrificio de animales ni lo aprobó. Sin embargo, no interfirió en la voluntad satánica de los que querían comer carne. Les instruyó y enseñó que tanto el consumo como el sacrificio de animales es pecado. Sin embargo, como los obstinados israelitas insistieron en ello, Moisés tuvo que callar, pues también los israelitas eran hijos de Dios y tenían el libre albedrío. Veían todo sólo desde su pecado, y por eso consideraron el callar de Moisés como asentimiento (pág. 591).

    El Espíritu de Dios corrobora en repetidas ocasiones en Su gran manifestación que Moisés era un siervo fiel de Dios y que transmitió la Palabra de Dios a los hombres de su tiempo de forma fidedigna. Por ello Dios rehabilita a Moisés de nuevo.
    Quien lea con el corazón las palabras de Dios a través de Jeremías, llegará al convencimiento de que los "Libros de Moisés" tienen que ser los libros de los sacerdotes de aquel tiempo, quienes atribuyeron a Moisés sus ideas y su culto pagano cruel y asesino. Según parece, los sacerdotes querían seguir ejerciendo lo que había quedado del antiguo paganismo y que los israelitas habían llevado consigo a su esclavitud en Egipto.

 

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