 |
|
 |

  Las Sagradas Escrituras – el Antiguo y el Nuevo Testamento– "están inspiradas por el Espíritu Santo"

La verdadera religión cristiana, la del caminar hacia dentro para alcanzar el reino del interior, para abrir el corazón para todos los hombres, también para los animales y para el mundo vegetal y mineral, fue sacrificada por la casta sacerdotal a Saulo y al emperador pagano Constantino. Y todas estas y otras actuaciones terribles, pasando por la Edad Media hasta nuestro tiempo, fueron supuestamente mandadas por Dios. Esto lo corrobora el Vaticano en el Concilio Vaticano Segundo:
Dios es el autor de las Sagradas Escrituras. "Las verdades reveladas por Dios, que están contenidas y se manifiestan en las Sagradas Escrituras, se registraron por inspiración del Espíritu Santo". La santa madre Iglesia, fiel a la fe apostólica, reconoce que todos los libros tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento en su totalidad y con todas sus partes son sagrados y canónicos (es decir: pertenecen a la palabra manifestada de Dios), en cuanto que, escritos por inspiración del Espíritu Santo tienen a Dios como autor, y como tales han sido confiados a la Iglesia. (Concilio Vaticano Segundo: "Dei Verbum" 11, citado según el catecismo de la Iglesia católica, número 105).
Dios ha inspirado a los autores humanos de las Sagradas Escrituras. "En la composición de los libros sagrados, Dios se valió de hombres elegidos, que usaban de todas sus facultades y talentos; de este modo, obrando Dios en ellos y por ellos, como verdaderos autores, pusieron por escrito todo y sólo lo que Dios quería" (número 106).
Aparentemente las Sagradas Escrituras son veneradas por la Iglesia. Del catecismo de la Iglesia católica tomamos entre otras las siguientes afirmaciones: La Iglesia ha venerado siempre las divinas Escrituras como venera también el Cuerpo del Señor. No cesa de presentar a los fieles el Pan de la vida que se distribuye en la mesa de la Palabra de Dios y del Cuerpo de Cristo (número 103).
En la Sagrada Escritura, la Iglesia encuentra sin cesar su alimento y su fuerza... (número 104).
"Como todo lo que afirman los hagiógrafos, o autores inspirados, lo afirma el Espíritu Santo, se sigue que los libros sagrados enseñan sólidamente, fielmente y sin error la verdad que Dios hizo consignar en dichos libros para salvación nuestra" (número 107). Que la Iglesia siempre encuentra "su alimento y su fuerza" en Las Sagradas Escrituras viene fundamentado con las palabras "En los Libros Sagrados, el Padre, que está en los Cielos, viene amoroso al encuentro de Sus hijos y mantiene un diálogo con ellos (Concilio Vaticano Segundo: "Dei Verbum" 21, Número 104) – en relación a los Libros de Moisés, de los cuales ya hemos leído algunas cosas, habría que preguntarse sin embargo, si es el Padre celestial el que allí nos viene al encuentro, y en consideración a las instrucciones crueles, a las intenciones macabras así como a las duras amenazas de castigos, seguro que no se puede hablar de que sea "amoroso". Aquí no debemos ni podemos ocuparnos de todas las expresiones que se burlan de la verdad – y de Dios, el Uno universal, que es la verdad. Lo absurdo de la enseñanza de la Iglesia está tan claramente puesto a la luz, que uno sólo se puede sorprender de que sean tan pocos los que hasta hoy se hayan dado cuenta de ello, y de que sean tantos los que lo aceptan sin objetarlo. En el catecismo de la Iglesia católica sigue así:
El Antiguo Testamento es una parte de la Sagrada Escritura de la que no se puede prescindir. Sus Libros son libros divinamente inspirados y conservan un valor permanente, porque la Antigua Alianza no ha sido revocada (número 121).
"El fin principal del plan de salvación del Antiguo Testamento era preparar la venida de Cristo, redentor universal". "Aunque contienen elementos imperfectos y pasajeros", los libros del Antiguo Testamento dan testimonio de toda la divina pedagogía del amor salvífico de Dios: Contienen "enseñanzas sublimes sobre Dios y sabiduría salvadora acerca del hombre, encierran tesoros de oración y esconden el misterio de nuestra salvación" (número 122). Esto sin duda lo podemos confirmar: esconden, sí, lo esconden muy bien ...
En el último párrafo leemos: "Aunque contienen elementos imperfectos y pasajeros, "los libros del Antiguo Testamento dan testimonio de toda la divina pedagogía del amor salvífico de Dios ... De acuerdo con esta afirmación, Dios, que debería ser el Absoluto y Perfecto, ha inspirado algo imperfecto. Además ha manifestado supuestamente algo "pasajero". Si fuera así, las leyes de Dios también serían determinadas por el tiempo y Dios sería un espíritu que va cambiando con el tiempo. Según las palabras de Dios a través de Jeremías fueron sin embargo los sacerdotes de entonces los que se apropiaron del nombre de Moisés e introdujeron el espíritu de aquella época, que aún sigue desplegándose y actuando hasta hoy. Es el culto pagano, la barbarie y el crimen contra animales y personas, personas que por ejemplo en la Edad Media o en Croacia, no se dejaron atar a la Iglesia católica. Para conseguir una visión de las palabras de la casta sacerdotal actual tenemos que leer con el corazón y con el entendimiento. En el catecismo de la Iglesia católica está escrito:
En la formación de los evangelios se pueden distinguir tres etapas: La vida y la Enseñanza de Jesús La Iglesia mantiene firmemente que los cuatro evangelios, "cuya historicidad afirma sin vacilar, comunican fielmente lo que Jesús, Hijo de Dios, viviendo entre los hombres, hizo y enseñó realmente para la salvación de ellos, hasta el día en que fue elevado al cielo" (número 126). Que se note bien: la Iglesia habla de afirmar aquello que el Hijo de Dios, enseñó como hombre; pero ella no dice que ella aplica, o sea, representa la enseñanza de Jesús. En el siguiente texto dice así:
2. La tradición oral Los apóstoles ciertamente después de la ascención del Señor predicaron a sus oyentes lo que El había dicho y obrado, con aquella crecida inteligencia de que ellos gozaban, amaestrados por los acontecimientos gloriosos de Cristo y por la luz del Espíritu de la verdad" (número 126). Supuestamente, los apóstoles transmitieron entonces a sus oyentes después de la ascensión del Señor lo que El mismo había dicho y hecho, con aquella crecida inteligencia de que ellos gozaban. Esto difícilmente puede haber sido posible si Saulo, Pablo, se entrometió e introdujo su punto de vista en la Iglesia católica y en la protestante, pues tanto la Iglesia católica como la protestante se rigen más por Pablo que por los apóstoles. Si los apóstoles transmitieron con la crecida inteligencia de que gozaban aquello que Jesús había dicho y hecho y que ellos habían recibido a través de la experiencia de la glorificación de Cristo y mediante la luz del espíritu de la verdad, ¿para qué entonces Pablo, que no era ningún apóstol? En vez de que los apóstoles sean las personas competentes de las Iglesias institucionales lo es Pablo, el "santo", quien supuestamente había recibido instrucciones de Jesús, el Cristo. Pablo fue el que infiltró el cristianismo originario, en el que hablaba el espíritu profético, con sus "sabidurías" y las aportó a la historia de la Iglesia. Las "Iglesias cristianas" no tienen por tanto el derecho a llamarse cristianas, pues son mayoritariamente paulinas. Además uno se plantea la pregunta de por qué en Roma se encuentra el trono de Pedro y no el trono de Jesús, el Cristo. ¿Está Pedro sobre Cristo o Cristo sobre Pedro? Desde Roma se difunde la enseñanza paulina, a pesar de que Pedro y Pablo raramente estuvieron de acuerdo. ¿Tiene Pedro que ceder ante Pablo o Pablo ante Pedro? ¿O es que ambos se han puesto de acuerdo para falsear la enseñanza de Jesús, la vida cristiano-originaria, en la que flamea el espíritu profético? Más que otras cosas debería asustarnos la afirmación del catecismo de la Iglesia católica que dice:
...El Antiguo Testamento prepara el Nuevo, mientras que éste completa el Antiguo (número 140). Con ello se establece que la Iglesia en cualquier momento puede continuar con sus actos funestos. Si el Nuevo Testamento completa el Antiguo, el Antiguo Testamento, sobre todo en relación con los "Libros de Moisés", fue sólo el comienzo de toda brutalidad, crueldad y violencia. Si los "Libros de Moisés" son consumados en el Nuevo Testamento, en el futuro será mucho peor de lo que ya fue en el pasado y lo es en nuestro tiempo.
Si Jesús, el Cristo, viviera como hombre entre nosotros hombres, ¿estaría de acuerdo con esta argumentación de las Iglesias y con la vida de los cristianos de iglesia, o repetiría lo que dijo hace 2.000 años? (Traducción unificada alemana, Mateo 15, 7-9): ¡Hipócritas! Bien profetizó de vosotros Isaías cuando dijo: "Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí; en vano me rinden culto, enseñando doctrinas que son preceptos humanos". O repetiría de sus `ay de vosotros´ lo siguiente (Mateo 23, 27-28): ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas, que os parecéis a sepulcros blanqueados, hermosos por fuera, mas por dentro llenos de huesos de muertos y de toda suerte de inmundicia! Así también vosotros por fuera parecéis justos a los hombres, mas por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad contra la ley de Dios. Un documento del tiempo después de la Reforma demuestra que los dignatarios de la Iglesia católica son plenamente conscientes de haber falseado la enseñanza de Jesús y que por ello no querían permitir que nadie del pueblo leyera la biblia. Tres obispos escribieron un informe para el Papa Julio III, en el que se puede leer:
A decir verdad, ya no queda ni una sombra de la enseñanza apostólica en nuestra iglesia ... hemos dado lugar a otra enseñanza y disciplina. Lo más importante es procurar que a nadie se le permita leer, especialmente en lo que atañe al idioma común, ni lo más mínimo del evangelio. Es suficiente con lo poco que se lee en la misa. Todo aquel que examine concienzudamente lo que suele suceder en las Iglesias, y lo considere en todos sus detalles, encontrará que nuestra enseñanza es diferente a la del evangelio, más aún, que le es directamente opuesta. (Autor: Hans-Jürgen Wolf, Pecados de la Iglesia, Sociedad editora EFB, primera edición 1995, pág. 151). Ellos saben entonces lo que hacen.
siguiente capítulo / índice de capítulos
|
 |