Usted está aquí: Página inicial > Profecía > Publicaciones > Cuadernos
«El Profeta»
 > «El Profeta» Nr. 15

Pablo de Tarso destruyó el
cristianismo originario vivo,
falsificó las enseñanzas de Jesús y
estableció el fundamento para una religión
estatal y una Iglesia de culto exteriorizada



    De un teólogo escuchamos: Saulo de Tarso, en el Asia Menor, un fariseo judío, era un enemigo encarnizado de Jesús de Nazaret y que también persiguió a la comunidad de los primeros cristianos. Saulo explicó un día haber oído una manifestación de Cristo en sí. El también contó que Le había visto en una visión. Después de esto Saulo cambió de orientación, pretendiendo ahora querer luchar por El, ya no más contra El. El fariseo judío Saulo no se hizo sin embargo miembro de la comunidad cristiano-originaria, sino que comenzó con sus prédicas sin haber hecho preparativos, sin haber hablado anteriormente con los apóstoles y sin saber lo que el espíritu profético manifestaba en la comunidad originaria.
    Pronto se comprobó que Saulo, quien después de su supuesta conversión pasó a llamarse Pablo, mezclaba la enseñanza de Jesús, el Cristo, con sus ideas romanas y se enemistó con algunos grupos cristiano-originarios que surgían en diversos lugares. Saulo, ahora supuestamente Pablo, no se deja corregir ni por cristianos originarios ni por el espíritu profético en las comunidades cristiano-originarias, sino todo lo contrario: el cuenta de "manifestaciones" propias. Y a raíz de la discusión que tuvo con Pedro, a quien Pablo acusa abiertamente de actuar con hipocresía (Gálatas 2, 11-13), se avivan otras diferencias, también en relación con el consumo de carne y con la comida cristiano-originaria.
    También se trataba de la validez de normas de fe judías en las comunidades cristiano-originarias, a lo que también pertenecen normas sobre la comida. Pablo reprocha a Pedro de no haber participado de comidas en comunidad con paganos convertidos a causa de sus ideas judías, y que también ha seducido a Barnabás, el acompañante de Pablo. ¿Se atuvo Pedro por consiguiente a las normas judías sobre la comida, con un consumo de carne reducido? ¿O renunció por completo a la alimentación cárnica, tal y como lo había aprendido junto con los otros apóstoles de Jesús?
    Pablo por el contrario no había conocido a Jesús y no sabía cómo Jesús había enseñado a sus discípulos. Pablo también era judío, pero gozaba al mismo tiempo de los derechos de un ciudadano romano y comía carne sin limitación alguna, al igual que otros romanos, sobre todo los de buena clase. El no tenía ninguna consciencia para comprender que alguien renunciara al placer de la carne por amor y unidad al prójimo animal. Tampoco le importaba si la carne había sido sacrificada a "dioses" paganos antes de ofrecerla en venta en el mercado, pues según Pablo no existen dioses. Pablo también apoyó el comer carne en las comidas de las comunidades cristiano-originarias y posiblemente también en las cenas en memoria del Señor, mientras nadie pusiese objeciones. Sólo entonces prescindiría de ello. El escribió: "Todo cuanto se vende en el mercado comedlo sin hacer averiguaciones para que no carguéis la conciencia" (1 Corintios 10, 25). Con ello él no pensaba en el sufrimiento de los animales, sino en el sacrificio a dioses paganos.
    Los cristianos rezan en el Padrenuestro: Venga a nosotros Tu Reino, hágase Tu voluntad. Si el Reino de Dios debe venir a los hombres, el hombre debe prepararse para ello. En el Reino de Dios no se come ninguna carne.
    La Iglesia sin embargo facilita mucho las cosas a sí misma y a sus creyentes, asegurando: El nuevo mundo que viene y por ello también la paz con la naturaleza, son para la fe cristiana la obra de Dios. Los hombres no pueden elevar las condiciones que existen en el Reino de Dios. Esto dice la Iglesia protestante-luterana de Alemania en su declaración del año 1991 sobre la responsabilidad del hombre hacia el animal como criatura, pág. 9.

    Volvamos a Pablo:
    Cada vez se hizo más claro que Pablo falsificaba la enseñanza de Jesús, pues las diferencias entre Pablo, por una parte, y los apóstoles y Jesús de Nazaret, por otra, eran cada vez mayores. Los apóstoles fueron directamente enseñados e instruidos por Jesús. Saulo, el ahora supuestamente Pablo, no conoció a Jesús. O sea que Pablo apenas si tenía una relación interna con el verdadero cristianismo. En lugar de dejar que se le informara sobre Jesús y pudiera orientarse así a El lo más posible, como ejemplo a seguir, Pablo declaró su déficit en relación con las instrucciones de Jesús como algo no esencial. El creía estar ya unido internamente con Cristo (Gálatas 2, 20), y con altiva presunción escribe sobre la situación de los cristianos originarios de su tiempo: Y aunque a Cristo le conocimos según la carne (refiriéndose a los apóstoles), ahora ya no le conocemos (2 Corintios 5, 16). Saulo, que eligió ser Pablo, con su intelectual posición religiosa de base romana reprogramó la enseñanza de Jesús. Por ejemplo Pablo dijo que la sangre derramada por Jesús cuando fue ejecutado tenía un efecto expiatorio ante Dios de una vez por todas (Romanos 3, 25; 6, 10), de forma que ya no eran necesarios más sacrificios de animales. Por consiguiente para él Jesús había sido al mismo tiempo el "animal sacrificado". En la carta a los romanos dice Pablo: Pero Dios probó Su amor hacia nosotros en que, aún siendo pecadores, murió Cristo por nosotros (Romanos 5, 8). Las palabras aún siendo pecadores muestran que para Pablo el sacrifico redentor de Cristo tenía el carácter de la expiación difinitiva.
    Hasta aquí el teólogo.

    Jesús por el contrario predicó una enseñanza completamente distinta. El no quiso en ningún caso "sacrificios expiatorios", sino deseaba que todos los hombres cumplieran los Mandamientos de Dios y el Sermón de la Montaña de Jesús, para poder estar así a favor del prójimo. Pablo dijo entre otras cosas que el hombre ha sido elevado "sin haberlo merecido" a la verdadera vida por la simple fe en la muerte de Jesús como energía de salvación. Este es por supuesto un mensaje agradable para personas que dejan que otros piensen por ellas, que se conforman con palabras, pero sin que éstas vayan seguidas por sus hechos.
    Una gran parte de la enseñanza de Pablo es una mezcolanza de sus ideas que no tiene nada que ver con las enseñanzas de Jesús, el Cristo. Jesús enseñó el cumplir los Mandamientos de Dios y el Sermón de la Montaña, pues los hombres deben alcanzar el Reino de Dios en sí mismos. Quien lo haga, llega a Dios en el núcleo de ser de su alma, a través del seguimiento de la enseñanza de Jesús, el Cristo, sin sacerdotes, o sea superioridades religiosas; él no necesita ningún intermediario.
    Por el motivo que sea, a Pablo le atacó el capricho de tomar la responsabilidad por las comunidades originarias. El introdujo sus ideas intelectuales dentro de la comunidad de pescadores, carpinteros y apóstoles. Los sencillos creyentes que se orientaban a Jesús, el Cristo, aparentemente no tenían mucha práctica en debatir y no puedieron ofrecer resistencia al arrogante fariseo "Pablo". Pablo, muy experimentado en artes retóricas, hizo uso de su saber teológico israelita y cambió con ello imperceptiblemente la enseñanza cristiana, la enseñanza de Jesús. El la infiltró poco a poco.
    Al haberse colocado Pablo al frente de las comunidades originarias y haber introducido en ellas sus ideas, las cuales estaban impregnadas de actos del culto religioso romano, estableció el fundamento para la religión del estado y del pueblo del Imperio Romano, en la que la enseñanza central de Jesús, los Diez Mandamientos y el Sermón de la Montaña, ya no jugaba ningún papel.
    Pablo destruyó así el cristianismo originario vivo en el que actuaba el espíritu profético. El puso la piedra angular para una Iglesia de culto con obispos y sacerdotes que hicieron revivir los antiguos rituales, los ritos, las ceremonias, sotanas, púlpitos y altares, a lo que estaban acostumbradas las personas en sus antiguas religiones. El culto pagano edificó cada vez más una religión externa, en la que cada cual ya no se dedicaba a purificar su templo, el alma y el cuerpo, sino en entregarse a ritos de culto y a escuchar a aquellos que se hacían honrar y celebrar como pastores de la Iglesia de culto.
    La Iglesia de culto, lo exteriorizado, celebró triunfos –la interiorización quedó a medio camino. Sobre el fundamento de la Iglesia de culto Pablo formó una doctrina estatal, en la que con hábiles palabras intelectuales hizo creer a los cristianos que debían obedecer a las autoridades de este mundo, ya que éstas habían sido instauradas y colocadas por Dios, y que "como servidoras de Dios" cumplían con la espada "el juicio de Dios".

    En los casi 2.000 años siguientes la enseñanza de Saulo, de "Pablo", tuvo un efecto nefasto. Todo esto ya no tiene nada que ver con Jesús de Nazaret ni con el cristianismo originario vivo.
    Jesús y los apóstoles enseñaron: Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios (Mateo 22, 21), pero también: Es preciso obedecer más a Dios que a los hombres (Hechos de los Apóstoles 5, 29).

 

siguiente capítulo / índice de capítulos

 

 

© 2007 Universelles Leben e.V. • E-Mail: info@universelles-leben.orgImpressum