 |
|
 |

  Suntuosidad y ceremonias para la consagración e investidura de sacerdotes en los Libros de Moisés

Jesús, el sencillo hombre en el pueblo de Israel, un judío con una túnica sencilla de lino, el Hijo del Hombre, como es llamado, el hijo de un carpintero, era totalmente lo contrario de los sacerdotes de entonces y de los actuales. Los sacerdotes de entonces llevaban túnicas correspondientes a su dignidad y a sus pretensiones, y también los cardenales, obispos curas y sacerdotes de nuestro tiempo actual se presentan en togas majestuosas. Dios dejó sin embargo caminar por esta Tierra a Su hijo, el Corregente de los Cielos, con una túnica sencilla, sin bienes, como carpintero. ¿Por qué no vistió Dios a Jesús, Su hijo, con una túnica sacerdotal, y por qué no le hizo prestar Sus servicios en el Templo de Jerusalén? ¿Hace Dios excepciones? Leamos lo que dijo el "Dios a través de Moisés" y cómo "El" otorgó el sacerdocio a Arón y a sus hijos, y cómo les invistió como sacerdotes. En el libro del Exodo podemos leer:
La sobretúnica. La tela de la sobretúnica del efod la harás toda entera de jacinto. Tendrá en medio una abertura para la cabeza, y esta abertura tendrá todo en torno un refuerzo tejido como el que llevan las orlas de los vestidos para que no se rompan. En la parte inferior pondrás granadas de jacinto, de púrpura y de carmesí, alternando con campanillas de oro, todo en derredor; una campanilla de oro y una granada sobre la orla de la vestidura, todo en torno. Arón se revestirá de ella para su ministerio, para que se haga oír el sonido de las campanillas cuando entre y salga del santuario del Señor; si no tiene que morir (28, 31-35).
Y sigue así:
La diadema. Harás una lámina de oro puro, y grabarás en ella como se graban los sellos: "Santidad del Señor". La sujetarás con una cinta de jacinto a la tiara por delante. Estará sobre la frente de Arón, y Arón llevará las faltas cometidas en todo lo santo que consagren los hijos de Israel en toda suerte de santas ofrendas; estará constantemente sobre la frente de Arón ante el Señor, para que hallen gracia ante El (28, 36-38).
Las indicaciones del "Dios a través de Moisés", que están en absoluta contradicción con lo que se dice sobre la enseñanza y la forma de vida del Hijo de Dios entre los hombres, debemos repetirlas detalladamente en el siguiente texto, para que a aquél que lo lea con el corazón, le resulte más fácil la decisión de seguir a los dignatarios de la Iglesia o a Jesús, el Cristo. Sobre la vestimenta de los sa-cerdotes dice así:
La túnica la harás de lino y una tiara también de lino y un cinturón de varios colores. Para los hijos de Arón harás túnicas, cinturones y tiaras, para gloria y ornamento. De estas vestiduras revestirás a Arón, tu hermano, y a sus hijos. Los ungirás, les llenarás las manos y los santificarás, para que me sirvan de sacerdotes. Hazles calzones de lino para cubrir su desnudez, que lleguen desde la cintura hasta los muslos. Los llevarán Arón y sus hijos cuando entren en el tabernáculo de la reunión y cuando se acerquen al altar para servir en el santuario; así no incurrirán en falta y no morirán. Es ley perpetua ésta para Arón y para sus descendientes después de él (Exodo 28, 39-43).
Purificación, investidura y unción. Haz a Arón y a sus hijos avanzar a la entrada del tabernáculo de la reunión y lávalos con agua. Después, tomando las vestiduras, viste a Arón la túnica, la sobretúnica, el efod y el pectoral, y cíñele el efod con el cinturón. Pon sobre su cabeza la tiara, y en la tiara la lámina de la santidad. Toma el óleo de unciones, derrámalo sobre su cabeza y le unges. Haz que se acerquen sus hijos, y les revistes las túnicas, los ciñes con los cinturones y les pones las tiaras. A ellos les corresponderá el sacerdocio por ley perpetua. Tú consagrarás a Arón y a sus hijos. Trae luego el novillo ante el tabernáculo de la reunión, y Arón y sus hijos pondrán sus manos sobre la cabeza del novillo. Degüella el novillo ante el Señor, a la entrada del tabernáculo de la reunión; toma la sangre del novillo, y con tu dedo unta de ella los cuernos del altar, y la derramas al pie del altar. Toma todo el sebo que cubre las entrañas, la redecilla del hígado y los dos riñones con el sebo que los envuelve, y lo quemas todo en el altar. La carne del novillo, la piel y los excrementos los quemarás fuera del campamento. Este es el sacrificio por el pecado.
Tomarás luego uno de los carneros, y Arón y sus hijos pondrán sus manos sobre la cabeza de aquél; degüella el carnero y riega con su sangre el altar todo en alrededor. Descuartiza el carnero, y lavando las entrañas y las piernas, las pones sobre los otros trozos y la cabeza, y lo quemarás todo sobre el altar. Es el holocausto al Señor de suave olor; el sacrifico al Señor por el fuego.
Toma luego el otro carnero, y Arón y sus hijos le pondrán sus manos sobre la cabeza. Degüella el carnero, y tomando su sangre, unta de ella el lóbulo de la oreja derecha de Arón y el lóbulo de la oreja derecha de sus hijos, el pulgar de sus manos derechas y el pulgar de sus pies derechos, y regarás de sangre el altar todo en alrededor. Toma de la sangre que habrá sobre el altar y el óleo de unción, y rocía y unge a Arón y sus vestiduras, y a sus hijos y sus vestiduras, y así será consagrado él y sus vestiduras, sus hijos y sus vestiduras.
La institución de los sacerdotes. Toma el sebo del carnero, la cola, el sebo que cubre sus entrañas, la redecilla del hígado, los dos riñones con el sebo que los envuelve y la pierna derecha, pues este carnero es carnero de consagración. También el cestillo de ácimos puesto ante el Señor; toma un pan, una torta y un frisuelo, y pon todo esto en las palmas de las manos de Arón y de sus hijos, y haz que las agiten como ofrenda agitada ante el Señor. Luego los tomarás de sus manos y los quemarás en el altar; encima del holocausto, en suave olor ante el Señor, para ofrecérselo. Tomarás el medio pecho del carnero de inauguración que sería de Arón, y lo agitarás como ofrenda agitada ante el Señor; ésa será tu parte. Santificarás el otro medio pecho de agitación y la pierna de elevación, que han sido agitados y elevados del carnero de inauguración, lo que cede en favor de Arón y de sus hijos, y ésa será la parte de Arón y de sus hijos. Esa será la parte de Arón y sus hijos por ley perpetua que guardarán los hijos de Israel, pues es ofrenda de elevación, y en los sacrificios eucarísticos de los hijos de Israel, la ofrenda de elevación es del Señor. Las vestiduras sagradas que usará Arón serán después de él las de sus hijos; con ellas serán ungidos y con ellas serán consagrados. Siete días las llevará el que de sus hijos sea sacerdote en lugar suyo y entre en el tabernáculo de la reunión para ministrar el santuario. Tomarás la carne del carnero de inauguración y la harás cocer en lugar santo.
Comida santa. Arón y sus hijos comerán a la entrada del tabernáculo de la reunión la carne del carnero y los ácimos del cestillo. Comerán lo que ha servido para su expiación, para llenarles las manos y consagrarlos. No comerá de ello ningún extraño porque son cosas santas. Si algo queda de las carnes de consagración o de los panes para el día siguiente, lo quemarás y no se comerá, porque es cosa santa. Cumplirás respecto de Arón y de sus hijos todo cuanto te he mandado. Durante siete días los consagrarás.
Consagración del altar. Cada día ofrecerás el novillo en sacrifico por el pecado sobre el altar, para expiación, y le ungirás y le santificarás. Durante siete días expiarás el altar y lo santificarás, y el altar será santísimo y cuanto a él toque será santo (29, 4-37).
Con el jacinto, la púrpura y el carmesí se hicieron también las vestiduras sagradas para el ministerio del santuario; las vestiduras sagradas de Arón, como lo había mandado el Señor; el efod, de oro, hilo torzal de lino, jacinto, púrpura y carmesí, en obra plumaria. Laminó el oro, y cortó las laminas en hilos para entretejerlos con el jacinto, la púrpura y el carmesí, en obra plumaria; las dos hombreras que unían una a otra las dos bandas por dos extremos: el cinturón del efod que ésta lleva unido y es el del mismo tejido, oro, jacinto, púrpura y carmesí. Talló dos piedras de ónice, encerradas en dos cápsulas de oro, para el engaste, y con los nombres de los hijos de Israel, grabados según el arte de los grabadores de sellos, y las puso a las hombreras del efod, para memoria de los hijos de Israel, como a Moisés se lo mandó el Señor. Se hizo el pectoral, artísticamente trabajado, del mismo tejido del efod, oro, jacinto, púrpura y carmesí, en hilo torzal de lino. Era cuadrado y doble, de un palmo de largo y uno de ancho doble. Se le guarneció de cuatro filas de piedras; en la primera fila, una sardónice, un topacio y una esmeralda; en la segunda, un rubí, un zafiro y un diamante; en la tercera, un ópalo, un ágata y una amatista; y en la cuarta, un crisólito, una ónice y un jaspe. Las piedras estaban engastadas en cápsulas de oro y correspondían a los nombres de los hijos de Israel, las doce según sus nombres grabados en ellos como se graban los sellos, un nombre en cada una. Se hicieron para el pectoral cadenillas de oro torcidas en forma de cordones; dos cápsulas de oro y dos anillos de oro, y se pusieron los anillos a los extremos superiores del pectoral. Se pasaron los dos cordones de oro por los dos anillos de los extremos del pectoral a las dos cápsulas colocadas delante de las hombreras del efod. Se hicieron otros dos anillos de oro, que se pusieron a los extremos inferiores del pectoral, a la parte baja del efod por defuera; se hicieron otros dos anillos de oro, que se pusieron en las dos hombreras del efod, abajo, en la parte delantera, cerca de la juntura, por encima del cinturón del efod, y fijaron el pectoral, uniéndole por sus anillos a los anillos del efod con una cinta de jacinto, para que se sostuviese el pectoral sobre la cintura del efod, sin separarse de él, como el Señor se lo había mandado a Moisés. Se hizo la sobretúnica del efod, toda de una pieza, tejida en jacinto. Tenía en medio una abertura semejante a la de una cota y con un reborde todo en torno para que no se rasgase. Se pusieron en la orla inferior granadas de jacinto, de púrpura y carmesí, en hilo de lino torzal, y se hicieron las campanillas de oro puro, poniéndolas entre las granadas, en el borde inferior de la vestidura, todo en derredor, una campanilla y una granada, en el borde de la vestidura todo en derredor, para el ministerio, como se lo había mandado el Señor a Moisés (Exodo 39, 1-26).
La diadema. Hicieron de oro puro la lámina, diadema sagrada, y grabaron en ella como se graban los sellos, "Santidad al Señor", y se la ató con una cinta de jacinto a la tiara, arriba, como se lo había mandado el Señor a Moisés (39, 30-31).
Presentaron a Moisés... las vestiduras sagradas para el servicio del santuario, las del sacerdote Arón y las de sus hijos para las funciones sacerdotales. Los hijos de Israel habían hecho todas sus obras conforme a lo que el Señor había mandado a Moisés. Moisés lo examinó todo, viendo lo que habían hecho, y todo lo habían hecho como el Señor se lo había mandado, y Moisés los bendijo (39, 33-43).
Colocación y consagración del santuario. Alzarás el atrio en torno, y pondrás la cortina a la entrada del atrio. Tomarás óleo de unción, ungirás el habitáculo y cuanto en él se contiene; los consagrarás con todos sus utensilios y será santo; ungirás el altar de los holocaustos y todos sus utensilios; consagrarás el altar y será santísimo; ungirás el pilón con su base, y lo consagrarás. Harás avanzar a Arón y a sus hijos cerca de la entrada del tabernáculo, y los lavarás con el agua; y luego revestirás a Arón de sus vestiduras sagradas, y le ungirás, y le consagrarás, y será sacerdote a mi servicio; harás acercar a sus hijos, y después de vestirlos de sus túnicas, los ungirás como ungiste al padre, y serán sacerdotes a mi servicio. Esta unción los ungirá sacerdotes perpetuamente entre sus descendientes (40, 8-15).
Esto último muestra que el adquirir este cargo no era a raíz de cualidades como cercanía de Dios, sabiduría, una elevada madurez moral o similares; había solamente que haber nacido en la familia correcta. Un alma que deja que le vaya bien en una encarnación, a menudo seguirá como alma queriendo vivir de nuevo como hombre allí donde se le ofrecen comodidades, satisfacciones y admiración, y donde la dignidad le sea ofrecida en bandeja. En relación a la pomposidad que era necesaria para vestir a Arón y a sus hijos, de acuerdo con su posición especial, y para honrar su dignidad en ceremonias majestuosas, se pueden encontrar ciertos paralelismos con los actuales dignatarios de la Iglesia.
Las autoridades eclesiásticas de nuestro tiempo actual ya no sacrifican animales para la honra y amansamiento de "Dios". Los sacerdotes de hoy sacrifican animales para fines muchos más directos y cercanos. Ellos dejan que los carniceros –como ya dijimos– maten a los animales en los mataderos, corten sus cadáveres o hagan trocitos de ellos, y que los cocineros y cocineras los preparen para deleitar con el sabor del bocado delicioso de la víctima el "glorificado" paladar y para llenar el cuerpo. Todo esto no tiene nada que ver con las enseñanzas de Jesús, el Cristo, el Hijo de Dios, el Corregente de los Cielos, quien como Hijo del Hombre caminó por esta Tierra y enseñó y vivió como ejemplo a los hombres lo que es verdad y sigue siendo verdad eternamente.
siguiente capítulo / índice de capítulos
|
 |