 |
|
 |

  Uso de los animales, pero "sin ser separado del respeto a las exigencias morales". "No debes amar a los animales"

En la página 527 del catecismo de la Iglesia católica se puede leer además: El uso de los recursos minerales, vegetales y animales del universo no puede ser separado del respeto a las exigencias morales.
¿A qué se referirá la Iglesia con la expresión exigencias morales? Posiblemente a nuestros mataderos, verdaderos cementerios de animales torturados y asesinados que como cadáveres sirven a la "sociedad moralmente elevada". ¿Con "exigencias morales" quizá se refieran también a no matar a los animales ante los ojos de sus consumidores, a no hacerles oír los gritos de muerte sino a ocultar todos estos procesos criminales tras las gruesas paredes de un matadero? Imaginémonos que el cliente de un hotel que ha pedido un "filete Stroganoff" tuviese primero que mirar los ojos llenos de pavor del animal y ver cómo éste es sacrificado, que es lo mismo que descuartizado, siendo cortado con rapidez mientras su cuerpo sigue temblando, después despellejado, destrozado con una sierra y hecho trocitos mientras que un penetrante olor a sangre envuelve al fino cliente, hasta que por fin los trozos del cadáver, los necesarios y bien escogidos trozos de carne son pasados al cocinero del hotel para que éste elabore la exquisita comida. ¿Podría ser posible que al final el cliente del hotel ya no deseara más el menú? En este caso tener consideración sería por cierto una "exigencia moral" justificada. ¿O tal vez su sentido estético se vería alterado desagradablemente y él podría pensar que semejante exigencia atenta contra las normas de los buenos modales? ¿Se le revolvería al cliente bajo ciertas circunstancias tal vez no sólo el estómago sino también el "tacto moral"? Por ello con toda razón no se debería dejar de lado el mencionado "tener en consideración las exigencias morales" en la "explotación de los animales", mejor dicho en la utilización de los trozos de cadáveres. ¿Podría ser también una exigencia moral el que la utilización de animales para fines científicos, para su explotación masiva, para utilizarlos como suministradores de pieles u otras formas de utilización y aplicación ocurriera a ser posible sin afectar a aquellos que sufren de un sistema nervioso débil o a los que tienden al sentimentalismo? ¿Posiblemente haya también que agradecer al hecho de tener en consideración las exigencias morales el que a los animales en los laboratorios y espacios destinados a experimentos por ejemplo con perros, monos, cerdos, etc. le sean cortadas las cuerdas vocales para fines científicos? Sus gritos, lloros, quejas, suspiros y otros sonidos podrían escandalizar a los peatones que pasan por la calle. O bien los sonidos articulados por los animales "utilizados" podrían irritar incluso a los guardas, ayudantes de laboratorio, médicos y a otros que colaboran al desarrollo de la ciencia, que con seguridad tienen nervios de acero, un ánimo inamovible y no tienen cargos de conciencia, si estos en algún momento tuviesen un mal día. Esto le puede pasar a cualquiera de vez en cuando, ¿no es así?
Más adelante se puede seguir leyendo: Los animales son criaturas de Dios, que los rodea de su solicitud providencial. Por su simple existencia, lo bendicen y le dan gloria. Y: Dios confió los animales a la administración del hombre ... Si esta hipocresía paranoica no viniese de la institución Iglesia, uno se tendría que preguntar si Dios ha perdido tal vez la visión sobre el hombre y el animal. ¿Pues quién que no sea la institución Iglesia confiaría los animales "a la administración del hombre", en vista de una sociedad humana salvaje y con sentidos tan bajos que mata, asesina, tortura animales de forma bestial y los sacrifica de forma cruel? Dios creó al hombre a Su imagen, para que este se convirtiera en Su imagen y semejanza, tal y como Jesús dijo: Sed, pues, perfectos, como perfecto es vuestro Padre celestial (Mateo 5, 48).
Sigamos leyendo en el catecismo católico. En él se lee que es legítimo servirse de los animales para el alimento y la confección de vestidos. ¿Ha escuchado usted cantar alguna vez a un mirlo? El canta maravillosamente. Algunas personas opinan que en este sentido podría competir sin problemas con el aún más famoso ruiseñor. En el sur de Europa se colocan redes de captura y otras trampas para los pájaros cantores, los cuales, preparados de forma correspondiente, son considerados como un manjar exquisito para los gourmets; es decir que aquí alguien se sirve" de estos animales para "el alimento". Por consiguiente "está permitido" cazarlos, matarlos y comerlos sin necesidad de tener mala conciencia. Con la aprobación de la Iglesia "le estuvo permitido" así al mirlo que vemos en la foto (pág. 86) morir estrangulado en una red de crin después de una lucha horrible con la muerte. "Lo que no quieras que otros te hagan a ti, no lo hagas tú a otros". ¿Hará la ley de causa y efecto una gran diferencia si es una persona o un animal el que sufre por nuestra causa? También nuestro prójimo animal es nuestro prójimo, un ser de la creación. La ley causal no mira a la persona, es impersonal. Dolor es dolor, sufrimiento es sufrimiento, asesinato es asesinato, crueldad es crueldad. Y el sibarita que se deleita con el pajarito muerto, ¿sabe a quién o qué tiene sobre el plato? Dureza de corazón y frialdad de sentimientos no surgen por casualidad. El hombre ha dejado de lado de forma consciente y deliberada muchos impulsos de su conciencia, antes de que ésta calle. El que no aspire al cumplimiento de la ley de Dios, que es amor, tampoco debería apoyarse en la expresión del Señor: Llenad la tierra y sometedla ... (Génesis 1, 28, traducción de Lutero) Poblad la tierra y sometéosla... (Traducción unificada alemana) El paranoico llamado hombre actúa en muchos casos conscientemente contra la ley de Dios, contra el amor a Dios y al prójimo. En el relato sobre la creación, el primer libro de Moisés, el Génesis, leemos: Y vio Dios lo que había creado, y vio que era bueno. (1, 31) ¿Cómo podemos nosotros hombres atrevernos a pisotear, maltratar, matar y cambiar intencionadamente lo que Dios afirma como Su creación y ve como algo bueno? Al hombre le gusta referirse a la expresión: Someteos la tierra para justificar su falta de humanidad. ¿No han explicado investigadores y científicos ya hace tiempo que en el gran circuito de dar y recibir el uno influye en el otro? El hombre sin embargo no piensa en regalarle amor a la tierra, sino que se dedica a explotarla para el bien de su cuerpo y para el sufrimiento de la vida sobre y en la tierra, en el aire y en el agua. La Iglesia es naturalmente de la opinión de que no solamente es legítimo servirse de los animales para la alimentación y la confección de vestidos, sino que también se les puede domesticar para que ayuden al hombre en sus trabajos y en sus ocios. Pero atención: esto lo dice la Iglesia, mas no Dios. Las instituciones eclesiásticas se autodenominan "cristianas". Ofrecen a sus creyentes muchas excepciones, mucho paganismo y poco de cristiano. La palabra "cristiano" se pierde a causa del intenso movimiento de la hélice del barco del Estado de culto pagano, cuya tripulación enrola a todos aquellos que son de un pensar débil. El "hacer uso" de los animales llega incluso a "diversiones en el tiempo libre" extremas como luchas de perros, de gallos, corridas de toros y similares, hasta llegar a matar a estas criaturas. La tripulación del barco del Estado de culto pagano y todos los que se amontonan en cubierta y se sienten bien allí, se dejan preparar los cadáveres sacrificados para luego consumirlos con cuchillo y tenedor en mesas noblemente decoradas o, por ejemplo, pollo, pavo y similares con los dedos, donde tienen anillos de oro y plata, partiéndolos a tirones para llevarlos a sus paladares de gourmets y llenarse el estómago, para que el tamaño del cuerpo del que es la "imagen y semejanza de Dios" sea cada vez más ancho. Y si por causa de ello el antiguo y valioso abrigo de pieles se queda pequeño, ya se tiene al próximo en vista para el "bien" del "hombre de sociedad". Las nutrias que tienen que perder su piel y su vida para este fin estarán posiblemente sufriendo mientras tanto en las estrechas jaulas de las "granjas de piel de animales". Con el "domesticar" a los animales las Iglesias seguramente se referían a pegarles, darles palizas, hacerlos sumisos para ponerlos al servicio del hombre en su tiempo libre, para mantenerlos así como esclavos sin voluntad propia o para encontrarles un uso adecuado en el trabajo. Esto es orden de la Iglesia, pero no la voluntad divina. ¡Jesús no habló de ello! Seguimos leyendo: Los experimentos médicos y científicos en animales, si se mantienen en límites razonables, son prácticas moralmente aceptables, pues contribuyen a cuidar o salvar vidas humanas. Primeramente deberíamos preguntarnos: ¿qué significa "límites razonables" y qué es "moralmente aceptable"? ¿Es "moralmente aceptable" torturar animales y matarlos para cuidar y salvar vidas humanas? Dios nos dió a los hombres plantas curativas y minerales que ayudan a sanar. Para la alimentación El nos dió los frutos del campo y del bosque. El verdadero Dios no dió a los hombres ningún mandamiento que diga: Matad a vuestro prójimo animal y comed sus cadáveres. O bien: torturadlos de forma bestial haciendo vuestros experimentos con ellos para ayudar a vuestros similares y curarles. Quien se oriente a las indicaciones de los dignatarios eclesiásticos está en contra de Dios. Más adelante dice: "Es contrario a la dignidad humana hacer sufrir inútilmente a los animales y sacrificar sin necesidad sus vidas". Esto es una contradicción muy clara de lo que se ha dicho anteriormente, que experimentos médicos y científicos con animales, si se mantienen en límites razonables, son prácticas moralmente aceptables, pues contribuyen a cuidar o salvar vidas humanas. Todo experimento con animales es hacer sufrir y matar. Utilizar animales para la alimentación y la confección de vestuario es hacer sufrir y matar.
Además de ello según el catecismo católico es también indigno invertir en ellos, o sea en los animales, sumas que deberían remediar más bien la miseria de los hombres. La preocupación por la "miseria de los hombres" se puede extraer muy claramente de estas palabras. ¿Se decidirán por ello los representantes de la Iglesia a utilizar sus inmensas riquezas para el bien de los pobres? ¿Y dónde quedó la preocupación por la "miseria humana" cuando la Iglesia estuvo por ejemplo en mayor o menor medida a favor de la guerra en Bosnia? Se debería también tener en cuenta lo que cuestan los aparatos médicos para realizar experimentos científicos con animales, así como los elevados salarios de aquellos que se apoyan entre otras cosas en la opinión de la Iglesia en el sentido de que los experimentos con animales en límites razonables son moralmente aceptables para sanar y salvar vidas humanas. ¿Es esto digno? Ya que Dios, el Eterno, no habló de ello, aquellos que defienden la justicia y el amor también para con los animales deberían tomar una decisión clara en lo que se refiere a su relación con la Iglesia, pues no se puede servir a dos señores. En el catecismo encontramos otra blasfemia. En él se encuentra bajo Respeto de la integridad de la creación: Se puede tener afecto a los animales; pero no se puede desviar hacia ellos el amor debido únicamente a los seres humanos (N° 2418). ¿Ha mandado Dios algo así? Querido lector, ¿tiene usted la sensación de cometer un pecado cuando quiere de corazón a sus animales domésticos, cuando no solamente los aprecia superficialmente sino que los ama? Si para usted es entonces importante que le vaya bien al animal; cuando se alegra de que el animal se alegre de verle; cuando usted hace algo con gusto por amor al prójimo animal; cuando usted entiende al animal y éste sabe cómo le va a usted y se adapta a su estado anímico; ¿qué hay de malo en ello? Querido hermano, querida hermana, sólo con el corazón se puede ver y reconocer bien. Dios no nos dió ningún mandamiento que diga: sólo debes tener aprecio a los animales pero no amarlos; el amor sólo corresponde a los seres humanos.
La Iglesia luterana-protestante de Alemania dice en su publicación "Sobre la responsabilidad del hombre hacia el animal como ser de la creación", del año 1991: El amor a los animales y a los seres humanos puede llevar a tensiones entre sí (pág 6). Y en un "Escrito Pastoral de los obispos alemanes" (Futuro de la creación – futuro de la humanidad, 1980) –en este caso católico– se encuentra escrito: A diferencia de los seres humanos como personas, las plantas y los animales no tienen ningún derecho individual e irrefutable a la vida... Nosotros hombres estamos autorizados a disponer del rendimiento y de la vida de los animales. Aunque sigue una limitación: Pero no se puede justificar el hecho de que los animales como seres que sienten sean torturados o matados sin motivos serios, sólo por simple diversión o para elaborar artículos de lujo. ¿Dónde están sin embargo los hechos? El hombre encuentra muchas excusas y sabe presentar los "motivos serios" con mucha astucia y de forma elocuente si se trata de su propio provecho. ¿Y quién se responsabiliza de lo injusto que le ocurre a los animales? Todos los que lo llevan a la práctica, pero también aquellos que lo saben y callan y también los que expresan palabras de advertencia y no se atienen a ellas. Y aquellos que han motivado en gran medida que la conciencia viva se haya perdido en muchas personas. Hacia dónde puede conducir el que la ética y la moral sean mantenidas por tradición tan bajas y el que la conciencia de muchos esté tapada lo muestran las siguientes informaciones publicadas en el periódico Schwäbische Zeitung en su edición del 12 de marzo de 1991. Se trata de ejemplos de crueldades españolas con animales que son mantenidas como "tradición" y frente a las cuales tanto los curas católicos como la policía local permanecen indiferentes.
Aquí encontramos entre otras cosas la pena de muerte por lapidación, sólo que practicada con un animal: Montar en burro en V.: en el último día de la fiesta del pueblo se saca del establo al burro más viejo y más débil del pueblo. El vecino más pesado pasea montado sobre él hasta que el burro se desploma agotado. Entonces se le lapida y golpea hasta que muere. En C. algunos toros son guiados por los callejones. Cientos de personas colocadas a ambos lados de las callejuelas golpean y dan patadas al animal y le rasgan profundas heridas con arpones de hierro. El toro es empujado hasta ocho horas para que corra por los callejones siendo al fin redimido de su sufrimiento matándolo.
En G. casi lo mismo: los invitados a la fiesta apuntan a un toro con una cerbatana y lo van llevando así hasta la plaza del pueblo. Banderillas adornadas con muchos colores se van clavando en su piel, en la cabeza, en los ojos. Cuando el toro está debilitado por la gran perdida de sangre sufrida, los hombres se "atreven" a acercarse con navajas al animal. T: Algunos novillos son cazados por hombres con largas lanzas, quienes intentan atravesárselas por los costados. C. en la provincia de G.: recipientes llenos de aceite son atados con cuerdas estiradas firmemente en el cuello y en los cuernos de los toros y encendidos con una antorcha. Los toros, ardiendo y casi locos por el dolor, son conducidos hasta la plaza del pueblo donde los hombres ya los están esperando para matarlos definitivamente con puñales y tijeras. ¿Cómo es aquí con la pregunta de quién es responsable de ello? Seguro que no solamente aquellos que se divierten de esta forma tan macabra y perversa. Aquí el hombre verdaderamente se comporta "más animal que cualquier animal". Repito: Dios, el Eterno, no tiene en Su ley eterna ninguna legitimidad que diga: "Ten afecto a los animales, pero no los ames". Dios es el amor. Desde Su ley del amor creó a los animales, que son amados por El, ya que El es el amor. La palabra "afecto" corresponde a la "moral" de la Iglesia, que seguro no puede ser muy elevada, pues si las autoridades eclesiásticas al menos tuviesen afecto a los animales ya se habría acabado el canibalismo con los animales. La Iglesia dice: El amor sólo corresponde a los seres humanos. Comparemos la riqueza sobredimensional de las Iglesias con la pobreza de los países del Tercer Mundo, y así podemos intuir cuán grande es el amor de las autoridades eclesiásticas hacia los seres humanos. ¿Qué dijo Jesús al respecto?: Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que entre un rico en el reino de los cielos (Mateo 19, 24). Como consecuencia de esta aseveración las autoridades eclesiásticas, incluyendo a su instrumento de poder Iglesia, no entrarán en el Reino de los Cielos. Los dignatarios eclesiásticos, incluyendo a su Iglesia estatal, tienen primero que adelgazar, y mucho, para poder pasar por el ojo de la aguja.
En el catecismo católico seguimos leyendo en la página 536, N° 2456: El dominio concedido (al hombre) por el Creador sobre los recursos minerales, vegetales y animales del universo... Esto, como tantas otras cosas, es una arrogancia inconmensurable de los dignatarios eclesiásticos, si se piensa en cómo tiene que sufrir la tierra y los reinos de la naturaleza bajo la sociedad que la explota tan bestialmente. Las palabras que acabamos de citar son completadas con la siguiente declaración de gran pretensión ética: ... no puede ser separado (por el hombre) del respeto de las obligaciones morales frente a todos los hombres, incluidos los de las generaciones venideras. ¿Qué debemos entender bajo "obligaciones morales"? Se nombra a las que tenemos hacia las generaciones venideras. ¿Significa esto que el hombre puede explotar y arruinar la naturaleza, pero por ahora no de forma tan radical que las generaciones venideras no tengan nada para comer ni agua que beber ni aire que respirar? No obstante gracias a la riqueza de inventos de los científicos tampoco en este sentido el hombre tiene que dejarse limitar pues como oímos y leemos todo se hará de nuevo. ¡El dilema –en realidad cada dilema– se podrá resolver con el rendimiento fabuloso de la ingeniería genética! O sea que podemos seguir explotando con toda confianza a la madre tierra, llenándola de ácidos, dejando que se desertice, envenenando la naturaleza, torturándola, enfermándola y matándola –gracias a la ingeniería genética la vida en la Tierra continúa, tal y como oímos incluso mejor que nunca. Pero quizá precisamente mediante la ingenieria genética la humanidad coseche aquello que ha sembrado.
En el número 2457 sigue diciendo: Los animales están confiados a la administración del hombre que les debe benevolencia. Pueden servir a la justa satisfacción de las necesidades del hombre. ¿Cómo va el animal a servir a los hombres, si éstos no respetan ni a los animales ni a las plantas ni a los minerales? En su arrogante egoísmo el hombre destruye todo lo que toma a su disposición. Algún día –correspondiendo a la inamovible ley causal– será azotado una y otra vez por la varilla de castigo que él mismo ha creado, su destino, hasta que haya encontrado el camino hacia las leyes cósmicas del amor a Dios y al prójimo y vuelva a ser la imagen y semejanza de Dios.
siguiente capítulo / índice de capítulos
|
 |