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  "Yo, el Señor, no cambio ... " Palabras de Dios contra el sacrificio de animales a través de profetas después de Moisés

Hagámonos presente una vez más lo que Dios dijo a través de Malaquías: "Yo, el Señor, no cambio..." El es el mismo eternamente; Su ser nos fue explicado por Jesús. Dios se manifestó como Aquel que El es a través de todos los verdaderos profetas. A continuación podemos leer algunas palabras de Dios contenidas en el Antiguo Testamento:
El habló a través de Isaías:
¿Qué tengo que ver Yo, dice el Señor, con vuestros numerosos sacrificios? Harto estoy de holocaustos de carneros, del sebo de vuestros bueyes cebados. No quiero sangre de toros, ni de ovejas, ni de machos cabríos (Isaías 1, 11). Y sigue:
No me traigáis esas vanas ofrendas. El incienso me es abominable (1, 13). O bien, ¿citaría Jesús a Isaías, si El estuviera entre nosotros como hombre?
Cuando alzáis vuestras manos, yo aparto mis ojos de vosotros; cuando multiplicáis las plegarias, no escucho. Vuestras manos están llenas de sangre. Lavaos, limpiaos, quitad de ante mis ojos la iniquidad de vuestras acciones. ¡Dejad de hacer el mal! (1, 15-16). En el primer libro de Samuel podemos leer: ...¿No quiere mejor el Señor la obediencia a sus mandatos que no los holocaustos y las víctimas? Mejor es la obediencia que las víctimas. Y mejor escuchar que ofrecer el sebo de los carneros (1 Samuel 15, 22). Dios habló a través de Oseas: Pues prefiero la misericordia al sacrificio, y el conocimiento de Dios al holocausto (6, 6). Y: Efraím ha multiplicado sus altares para purificarse del pecado; pero sólo para pecar le han servido. Escribí para él las palabras de mi ley, pero las tienen por palabras de extranjeros. ¡Aman los sacrificios, que sacrifiquen!¡Aman la carne, que la coman! El Señor no se agrada en ellos (Oseas 8, 11-13).
Dios habló a través de Amós de nuevo con palabras claras y comprensibles contra las disposiciones de los "Libros de Moisés": Yo odio y aborrezco vuestras solemnidades y no me complazco en vuestras congregaciones. Si me ofrecéis holocaustos y me presentáis vuestros dones, no me complaceré en ellos ni pondré mis ojos en vuestras cebadas víctimas de sacrificio. Aleja de mí el ruido de tus cantos, que no escucharé el sonar de tus cítaras. Como agua impetuosa se precipitará el juicio, como torrente que no se seca, la justicia. ¿Me ofrecisteis sacrificios y oblaciones en el desierto en cuarenta años, casa de Israel? Mas llevaréis (al dios) Sikkut, vuestro rey, y a Kewan, vuestros ídolos, la estrella de vuestro dios que os habéis fabricado. Y os deportaré más allá de Damasco, dice el Señor, cuyo nombre es Dios de los ejércitos (Amós 5, 21-27). A través de Jeremías habló Dios lo siguiente: ¿A mí qué el incienso de Saba y las cañas aromáticas de tierras lejanas? Vuestros holocaustos no me son gratos, vuestros sacrificios no me deleitan (6, 20). Y: Cuando yo saqué de Egipto a vuestros padres, no fue de holocaustos y sacrificios de lo que les hablé y ordené, sino que les di este mandato: Oíd mi voz y seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo, y seguid los caminos que yo os mando, y os irá bien. Pero ellos no me escucharon, no me prestaron oído, y siguieron los consejos y vicios de su mal corazón, y me mostraron la espalda y no el rostro. Desde el día en que vuestros padres salieron de Egipto hasta hoy os he enviado a mis siervos, los profetas, día tras día sin cesar, pero no me escucharon, no me prestaron oído, y endurecieron su cervíz y obraron peor que sus padres. Dirás todo esto, y no escucharán: los llamarás, y no te reprenderán. Diles, pues: Es una nación que no oye la voz de el Señor, su Dios; que no acepta corrección; ha perecido la fidelidad y ha desaparecido de su boca (7, 22-28). Del profeta Miqueas leemos:
¿Con qué me presentaré yo ante el Señor, y me postraré ante el Dios de lo alto? ¿Vendré a El con holocaustos, con becerros primales? ¿Se agradará el Señor de los miles de carneros y de las miríadas de arroyos de aceite? ¿Daré mis primogénitos por mis prevaricaciones, y el fruto de mis entrañas por los pecados de mi alma? ¡Oh hombre!, bien te ha sido declarado lo que es bueno y lo que de ti pide el Señor: hacer justicia, amar el bien y caminar en la presencia de tu Dios (6, 6-8). En Salmos 50: No tomaré becerros de tu casa ni machos cabríos de tus apriscos. Porque mías son todas las bestias de la selva y los miles de animales de los montes. Yo conozco todas las aves de los cielos, y todo lo que en el campo se mueve me pertenece. Si tuviera hambre, no te lo diría a ti, porque mío es el mundo y cuanto lo llena. ¿Como yo acaso la carne de los toros? ¿Bebo yo acaso la sangre de los cabritos? Ofrece a Dios sacrificios de alabanza y cumple tus votos al Altísimo. E invócame en el día de la angustia; yo te libraré y tú me glorificarás. Pero al impío dícele Dios: ¿Quién eres tú para enumerar mis mandamientos y tomar en tu boca mi alianza, tú, que aborreces la disciplina y echas a la espalda mis palabras? Si ves a un ladrón, corres con él, y tienes tu parte con el adúltero. Abandonas tu boca al mal, y tu lengua urde el engaño. Sentado hablas contra tu hermano, y contra el hijo de tu madre esparces la calumnia. Esto haces, ¿y voy a callarme? ¿Creíste que era yo como tú? Yo quisiera corregirte, poniendo esto ante tus ojos (9, 21).
Desde que la Iglesia exteriorizada que Pablo había creado a su gusto fue elevada con sus sacerdotes a Iglesia del Estado por Constantino, permaneció siendo hasta nuestros días una Iglesia romana y pagana de culto, con algunos fragmentos cristianos. Los dignatarios actuales de la Iglesia están tan ansiosos de poder como los de entonces. Ellos son el mayor peligro para todos aquellos que no son fieles a la Iglesia. De acuerdo a la documentación presentada en el Catecismo católico, declaran que cumplirán lo que contiene el Antiguo Testamento. Recordémoslo de nuevo: El Antiguo Testamento prepara el Nuevo, mientras que éste completa el Antiguo. Ambos se iluminan mutuamente; ambos son la verdadera Palabra de Dios. Hagámonos una vez más conscientes: los representantes de las instituciones eclesiásticas actuales se han propuesto completar el Antiguo Testamento en el Nuevo. Para todos los que no pertenecen a la Iglesia esto significa persecución, calumnia, discriminación y anulación de todos los derechos, también por medio del Estado, si fuese necesario. Tanto en el pasado como en el tiempo reciente han demostrado que están dispuestos a hacer realidad lo que han documentado en su catecismo. Como ya se dijo antes, los actos crueles en el Antiguo Testamento hace tiempo que fueron superados con creces con todo lo que ha sucedido en el Nuevo. En el Antiguo Testamento cientos de miles de personas fueron matadas e innumerables animales fueron torturados cruelmente. Pero en el Nuevo Testamento son millones las personas que la Iglesia carga en su conciencia, sin hablar de los animales que para ella sólo son objetos que son sacrificados en las mesas de los carniceros para el bien del dios Baal-hombre. El Principito de Saint Exupéry dijo: Sólo se puede ver bien con el corazón. Yo quisiera añadir: Sólo se lee bien con el corazón. Jesús de Nazaret dijo a menudo: El que tenga oídos para oír, que oiga. Y la voz del corazón dice: El que escuche, lea y sopese con el corazón, podrá guiarse por su corazón, por su conciencia –si así lo desea.
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