
  El asesinato a los animales es la muerte de los hombres

Pues bien, las cosas son como son; el hombre fracasa en su propio comportamiento contra la ley de la vida. Durante milenios el ser humano ha dado rienda suelta a su maldad. Ahora los efectos están llegando de vuelta. La cosecha muestra claramente los rasgos de la siembra.
Más de uno piensa: “Dios no existe. Si hubiera un Padre celestial todopoderoso y sabio, no permitiría lo negativo que ocurre en el mundo”. Quizás las autoridades de la Iglesia son en secreto de la misma opinión. La Iglesia aplaca a todo tenaz buscador de la verdad con la ya probada justificación eclesiástica: “Dios no permite que se vean Sus secretos”.
Lo que ahora ocurre con los animales y los reinos de la naturaleza ya no es ningún secreto. Es evidente que el hombre es el causante de esas crueldades. Y el hombre dice: “¿Por qué no interviene Dios? ¿Por qué no ayuda?”
¿A quién debería ayudar Dios? ¿Debería dar más fuerza vital a los animales y a la naturaleza para que éstos sobrevivan mejor los martirios y sean explotados de forma más radical, además para que sean matados y asesinados para obtener beneficio de ello? Con esto El ayudaría al “príncipe de la crueldad”, que ha convertido a la Tierra en un valle de lágrimas. ¿O debería Dios matar a la humanidad de forma parecida a como lo hace el hombre con los animales? ¡Así los hombres dejarían en paz a los animales! ¿O debería Dios refortalecer el organismo humano para que éste soporte sin ser dañado más alimentos ilegítimos y estimulantes, gérmenes de enfermedades, venenos, substancias manipuladas genéticamente y la irradiación de la maldad humana? ¿O sea que debería apoyar a los seguidores del príncipe de los infiernos en sus maquinaciones malvadas que están tan lejos de Dios? Al respecto habría que preguntarse: ¿quién no le sigue?
El que cree en la Iglesia y en lo que ésta predica sobre los secretos de Dios ya ha elegido. Pero no ha elegido a Dios, pues Dios está hablando a los hombres desde los comienzos de la humanidad.
Dios, el Espíritu del infinito, habló una y otra vez a los seres humanos a través de portavoces. Habló en todas las generaciones. Se manifestó por medio de hombres y mujeres iluminados y por medio de profetas. A través de Moisés, Dios, el Eterno, dio a los hombres los Diez Mandamientos. Hace 2000 años envió a la Tierra a Su Hijo, a Jesús, el Cristo, que nos enseñó el Sermón de la Montaña. Dios, el Todopoderoso, no nos dejó sin Su palabra. En todos los tiempos de la historia de la humanidad se escuchó una y otra vez: “Y Dios dijo...”
En los pasados 2000 años se manifestó y se manifiesta también Jesús, el Cristo, el Redentor de todas las almas y hombres. Pero en todos los tiempos la mayor parte de los seres humanos no obedeció a la palabra directa de Dios. Muchas personas, también aquellos que se denominan cristianos, se comportan aún hoy de forma parecida a como en los tiempos paganos. Creyeron y siguen creyendo lo que la casta de los sacerdotes proclamaba y proclama, y en lo que la ciencia da por verdad. Como en el paganismo, los hombres se ataron y se siguen atando a rituales y cultos, en la creencia de que la tradición de la Iglesia es la vida.
Jesús no enseñó a los hombres la tradición, porque ésta significa estancamiento y retroceso. Dios es evolución, que el hombre alcanza por medio del cumplimiento de las leyes de Dios. En la parábola de los talentos tenemos la prueba de que Dios es evolución y no tradición.
Es como un hombre que fue de viaje: Llamó a sus sirvientes y les confió sus bienes. A uno le dio 5 talentos de plata, a otro le dio dos, a otro le dio uno, a cada uno según sus cualidades. Entonces se fue de viaje.
El sirviente que había recibido cinco talentos comenzó inmediatamente a comerciar con ellos y ganó cinco más. De la misma manera el que había recibido dos ganó dos más. Pero el que había recibido un talento fue e hizo un hoyo en la Tierra y escondió el dinero de su Señor.
Después de mucho tiempo volvió el Señor para pedir cuentas a los servidores. Entonces vino el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco y dijo: Señor, me has dado cinco talentos; mira, he ganado cinco más. Su Señor le dijo: Muy bien, eres un servidor trabajador y fiel. En lo pequeño fuiste un administrador fiel, yo quiero darte una gran tarea. ¡Ven, toma parte de la alegría de tu Señor!
Entonces vino el siervo que había recibido los dos talentos y dijo: Señor, Tú me has dado dos talentos; mira, he ganado dos más. Su Señor le dijo: Muy bien, eres un servidor trabajador y fiel. En lo pequeño has sido un administrador fiel, yo quiero darte una gran tarea. ¡Ven, toma parte de la alegría de tu Señor!
Al final vino el siervo que tenía un talento y dijo: Señor, yo sabía que eres un hombre severo; tú cosechas donde no has sembrado y recoges donde no has esparcido; y por eso tenía miedo y escondí tu dinero en la Tierra. Aquí lo tienes otra vez. Su Señor le respondió: ¡eres un servidor malo y vago! Has sabido que cosecho donde no he sembrado y que recojo donde no he esparcido. Si por lo menos hubieras llevado mi dinero al banco, entonces a mi vuelta lo hubiera recibido con intereses.
¡Por eso quitadle el talento y dádselo a aquel que tiene los diez talentos! Pues a quien tiene, se le dará, y tendrá en abundancia; pero el que no tiene, se le quitará incluso lo que tiene. ¡Arrojad al servidor que no sirve para nada a la oscuridad más profunda! Allí llorará y le rechinarán los dientes.
La institución Iglesia y sus creyentes no sólo han enterrado un talento sino todos los que Dios, el Eterno y Su hijo, Jesús, el Cristo, han dado a la humanidad. Y todos aquellos que pertenecen a la institución de la Iglesia, que han nadado con la corriente de la tradición, pensaron y actuaron de la misma manera que los dignatarios de la Iglesia, pues es a ellos a los que han seguido.
En vista de la actual situación se puede decir: Tanto la estructura de poder de la Iglesia, que está encallada en su tradición, como los creyentes de la Iglesia, el Estado, que le ata los cordones de los zapatos a las autoridades eclesiásticas, y la ciencia que manipula la vida, todos han fracasado. Dos mil años después de Cristo se pone de manifiesto que de nada ha servido lo que los tres poderosos “ángeles de la anunciación” apegados al mundo y atados a la tradición: la Iglesia, la ciencia y el Estado, han manifestado como la verdad.
¿Cuál es el balance? Entre los hombres hay falta de paz, hay engaño, mentira, violencia, lucha, miedo y desesperación. Necesidades y miseria de todo tipo se extienden por todas partes. En la Tierra y sobre ella ya nada es como Dios se lo dio antaño a los hombres. Egoísmo, arbitrariedad, codicia e inclemencia han ultrajado, contaminado, destruido, envenenado, torturado y asesinado a la naturaleza.
El principio que permite volar y moverse a los pájaros, a los peces y a todos los animales de los mares, ríos y lagos ha sido alterado por la influencia de los hombres. Los mares y otras aguas llenas de basura, residuos, suciedad y productos químicos de todo tipo, contaminados con petróleo y explotados excesivamente por la pesca, se han convertido en cloacas en las que la vida muere. Los animales en y sobre la Tierra sufren, sufren y perecen miserablemente por culpa del bestial asesino ansioso de poder que es el hombre, que paulatinamente se afixia a sí mismo en su locura egoísta.
El niega a los animales la dignidad, que él considera para sí mismo como algo inviolable, denigrándolos con crueles experimentos en ellos; les niega el derecho a un libre desarrollo, que naturalmente reclama para sí mismo, torturándolos en estrechas jaulas y en los corrales propios de la explotación masiva que hace posible la producción industrializada de carne; les niega el derecho a la familia quitándoles los terneritos a las vacas; y sobre todo les niega el derecho a vivir matándolos sin reparos, a pesar de que entretanto se ha demostrado que para una alimentación sana los alimentos cárnicos no son de ninguna manera necesarios, sino que más bien son perjudiciales.
A pesar de que el hombre y sus obras se acercan a su ocaso, él aún piensa que tiene que hacer uso de su pretensión de poder para con todos aquellos que él cree que están por debajo suyo.
En los últimos 25 años el Espíritu de Dios ha advertido de nuevo a la humanidad a través de Su instrumento, que El, el Uno universal, denomina su profetisa y mensajera. El llama a los hombres a que se vuelvan razonables y a que den la vuelta. Jesús, el Cristo, enseñó a los hombres a través de la palabra profética el camino hacia El, que es la vida en Dios, el Eterno. El habló de la purificación de los sentidos y de los placeres de los sentidos, con lo cual El también condenó los alimentos cárnicos y exhortó a los hombres a dejar poco a poco el comer carne. “Poco a poco” significa purificar los sentidos paulatinamente por medio de la aplicación de los Diez Mandamientos de Dios y Su Sermón de la Montaña.
Pero Cristo también habló con palabras claras del apocalipsis que vendrá sobre la humanidad si ésta desprecia la vida, que es El, si el hombre continúa torturando, maltratando, matando y comiendo animales, que son los pequeños hermanos del hombre, para satisfacer con ello sus corruptos sentidos.
En la actualidad la palabra de Dios es accesible libremente a todos los hombres en toda la Tierra, pues el Espíritu de Dios puede ser escuchado en todo el mundo. Desde hace muchos años la manifestación de Su palabra se irradia al mundo a través de muchos canales de radio y televisión. Muchos libros y casetes, que fueron traducidos a muchos idiomas, se pueden conseguir en todos los países de esta Tierra. También en internet se puede leer Su mensaje. Como en todos los tiempos en los que Dios habló por medio de profetas, muchos hombres reconocen la verdad, pero la constancia de seguirle a El, a Jesús, al Cristo, es lo que falla.
Muchos hombres conocen la expresión:“quien no quiere oír tiene que sentir“. Más o menos un año antes de que empezara el desastre de la matanza de cientos de miles de animales porque enfermaron de EEB, la enfermedad de las vacas locas, así como de fiebre aftosa, el Eterno dijo que la Tierra, que antaño El había confiado a los hombres, les había sido quitada con todos sus animales y plantas, y que la había elevado hacia El. Esto ocurrió porque desde hace milenios la humanidad maltrata, contamina y carga de muchas maneras a la naturaleza, plantas, animales y minerales, al agua, al aire, es decir, a toda la Tierra; porque maltrata y mata de forma bestial a los animales, incluyendo también la vida del suelo, los seres microscópicos – y así desprecia las leyes de la naturaleza y no deja de comer cadáveres de animales. Entre otras cosas Sus palabras fueron: ¡Basta ya con las aberraciones de la infamia humana, con el abuso contra la Madre–Tierra, proveedora del alimento para la humanidad!
Y Dios dijo (en el año 1999): Las pobres criaturas que creen que pueden triunfar sobre el Creador pronto tendrán que reconocer que la Madre–Tierra ya no les obedece. La Tierra es ahora Mía y hará lo que es Mi voluntad. Esto significa que las causas, los delitos del hombre contra la Madre–Tierra, volverán a ellos cada vez con más rapidez.*
Desde entonces los acontecimientos alarmantes en todo el mundo han dado un giro de 180 grados. ¿Es esto casualidad?
A continuación algunos de los ejemplos más evidentes, a modo de recuerdo:
– Inundaciones de grandes extensiones de Tierra afectan durante semanas a Mozambique, Zimbabwe y extensas regiones de Sudáfrica. Cinco millones de hombres sufren directamente las consecuencias, más de 150 mueren, medio millón pierden sus hogares. Cólera, malaria y otras pestes ganan terreno.
– En el norte y noroeste de India mueren unas 1500 personas víctimas de grandes inundaciones.
– Mongolia sufre el invierno más duro de los últimos 50 años. Con el ganado y los caballos muere también la forma de vida y la cultura de 2,4 millones de nómadas.
– Ciclones en el Pacífico y Atlántico Norte. También en nuestras latitudes tormentas huracanadas han causado estragos, sobre todo en el mundo vegetal y animal.
– Catástrofes de sequía en China, en India: Las mujeres tienen que andar con sus jarras de agua hasta 20 kms. por tierra pedregosa, dura, agrietada y caliente para proveer de lo necesario a sus familias. No sólo las personas son afectadas. Miles de cabezas de ganado sucumben. Los pequeños ganaderos pierden la base de su existencia.
– Incendios en los bosques de Grecia y Rusia causan enormes estragos durante semanas. También en el oeste de los EEUU y en Nuevo Méjico hay un largo período de sequía. Muchos miles de kilómetros cuadrados de bosques se pierden bajo las llamas. Miles de personas tienen que ser evacuadas.
– Aumento mundial de la temperatura. Poderosas masas de hielo en el sur y en el norte de la Tierra se derriten, especialmente los glaciares. El nivel de los mares sube. Las zonas bajas –también en el oeste y en el norte de Alemania– están a la larga en peligro.
– El campo magnético de la Tierra fluctúa fuertemente una y otra vez y se debilita. Los pájaros migratorios vuelan equivocadamente y sin orientación.
- Desde el siglo 19 el polo norte magnético se ha trasladado varios cientos de kilómetros desde su lugar original. Los científicos hablan de que la Tierra se dirige a un posible salto de los polos.
Ya en los años 80 escuchamos del Espíritu de Dios que el eje de la Tierra muestra una trizadura.
No sólo nuestro planeta experimentará un cambio de polos. La era del Espíritu surge con poder. El Reino de Dios en esta Tierra sólo albergará a hombres del Espíritu. Ellos se habrán desprendido de sus despolarizaciones: los programas del egoísmo, del querer ser y poseer. Ellos honrarán a Dios en todo, vivirán y actuarán en Su voluntad. Ellos cumplirán la ley, Dios, en su sentir, pensar, hablar y actuar.
Las catástrofes de la Tierra son el reflejo de la catástrofe llamada hombre. Tampoco las fuerzas elementales –fuego, agua, tierra y aire– obedecen ya más al hombre. Ellas se quitan de encima lo que el hombre les ha cargado de agresiones, destrucción, impureza y de su modo de pensar material de explotar y aprovecharse de todo. Al hombre le vienen los efectos de sus causas.
En los últimos años ha habido también mucha actividad volcánica y muchos terremotos. ¿Cuál es la causa? Esta se encuentra una vez más en los hombres.
La Tierra está concebida para irse refinando; ella intenta crear algo nuevo de todo lo que se desintegra. Así los fósiles de bosques se convierten en petróleo y carbón. En lugar de que ayudemos a la Tierra a limpiar por ejemplo los bosques y a reciclar la madera, la explotamos. Tomamos el petróleo para nuestros fines, para el provecho de aquellos que lo venden más caro. De la misma manera le quitamos a la Madre–Tierra carbón, minerales, piedras y otras cosas más.
¿Cómo se comportaría un cuerpo humano al que se le sacan arbitrariamente los órganos, así como se le sacan en una operación? O sea que no nos sorprendamos de que la Tierra tiemble y se agite febrilmente.
En todo el mundo se expanden las epidemias. También vuelven a surgir enfermedades que se tenían por vencidas. En parte con nuevas variantes de agentes patógenos que son resistentes a los medicamentos que actualmente están a disposición.
– Ya sólo en el sureste de Asia enferman de malaria cientos de miles de hombres. Un uno por ciento de ellos muere. Ahora el transmisor de la malaria, un mosquito, ya se encuentra en Europa y Norteamérica.
– Muchas pestes proceden del reino animal, en el que el hombre interviene: EEB; virus de gripe de pollos y cerdos provenientes de Asia; Sida de monos de Africa. La peste vuelve. En Rusia una epidemia de tuberculosis causa grandes estragos.
– La extinción de especies de animales continúa. Diariamente se extingen hasta 130 especies de animales y plantas.
A través de la irradiación de la luz divina, con la alianza de Dios con la Tierra y los animales, en este tiempo se pone todo en movimiento, todo se hace manifiesto. Lo que sirve al Espíritu de Dios en la Tierra se hace visible; de la misma manera lo satánico se pone en evidencia. La luz de la verdad destapa todo en la vida de cada uno, tanto en lo grande como en lo pequeño. Lo contrario a la ley de Dios, lo anticristiano es reconocido como lo que es.
De la locura de los hombres ha resultado la locura de las vacas. Los protectores de animales hacen notar que los animales son criados en base a subvenciones. El que paga los impuestos es incluido así en esa locura, lo quiera o no. ¡Eso no puede ser ni ética ni moralmente sostenido.
Ahora se escuchan lamentos de que mucho ganado es matado a causa de la EEB. Esto es una hipocresía. ¿Para qué se crían tantas cabezas de ganado? Para ir comiéndoselas poco a poco, por no decir devorándolas. El criar animales para comérselos no es compatible con la dignidad del hombre como hijo de Dios. Aquí sólo se puede hablar de “devorar”.
Por otra parte, cuando se mira cómo comen los animales, surge automáticamente la pregunta: ¿Son los animales los que «devoran» o son los hombres los que devoran? Yo he observado que los animales comen.
El hombre bárbaro –un devorador de cadáveres–. Y esto desde múltiples puntos de vista, pues lo que estaba contenido en la harina de los animales, la comida para los animales, supera toda descripción: Desperdicios de los mataderos, de consultas de veterinarios y laboratorios de experimentos con animales; también placenta humana fue añadida alguna vez; incluso ratas de laboratorio de la industria farmaceútica, a las cuales se les habían inyectado productos químicos causantes de cáncer, acabaron en el comedero de los animales, así como cachalotes encallados que estaban repletos de substancias dañinas como DDT y PCB. En el fondo tendrían que haber sido destruidos como basura especial. Sin embargo esta basura especial fue molida, cocida, comprimida y servida a las cabezas de ganado y a cerdos. Así todo esto terminó en el asado del domingo y fue servido como comida a la mesa de los hombres. Al comienzo y al final de la cadena alimenticia se encuentran cadáveres venenosos. El hombre, el caníbal.
Muchas personas rechazan ahora la carne. Sin embargo, a través de la cadena alimenticia consumimos con gusto la mayoría de las veces los desechos producidos por nosotros mismos. Nuestros excrementos, nuestras impurezas, nuestros productos de desecho van a los campos como cieno que ha sido depurado antes. Nos ahogaremos en nuestra propia suciedad. Entonces será el doctor, que está infectado con cosas semejantes, el que tendrá que ayudar.
También los campos padecen más o menos bajo la EEB, la enfermedad de las vacas locas, pues ellos también están atiborrados de las substancias portadoras que han conducido a la EEB.
El consumir a nuestro prójimo animal es cada vez más peligroso. Los consumidores de carne que se distanciaron de la carne de ganado vacuno, tuvieron que comprobar que la carne de cerdo tampoco es segura, porque manadas enteras han sido drogadas con antibióticos. Y el que quería cambiar al pescado recibió la información desde Bruselas de que el pescado del Mar del Norte y del mar Báltico está contaminado con dioxina. Tampoco se puede confiar más en las carpas y las truchas de la región, pues son alimentadas con sus congéneres muertos del mar del Norte y del mar Báltico. Finalmente la alternativa de comer aves de corral también fue obstruida: La Oficina federal de salud de Alemania no excluyó ya más un contagio de EEB en gansos y patos. Hasta en las avestruces, que algunos empezaron ahora a consumir, se descubrieron hace poco los mismos agujeros en el cerebro que en las cabezas de ganado infectadas por la EEB. Cada vez más animales se niegan a ser víctimas de la avidez del ser humano.
No obstante el vicio de comer carne no parece dejarse impresionar por nada: dado que los consumidores de carne ahora comen más carne de ave que de cerdo o de vaca, en todas partes surgen grandes establecimientos para cebar aves de corral. Los protectores de la naturaleza y de los animales tocan la alarma. Lo que ocurre en esas granjas de aves, en las que hasta 40.000 animales tienen que vivir juntos en el espacio más reducido, supera toda descripción: Los animales se pican entre sí heridas a causa de las agresiones y el miedo, por cuyo motivo se les quema el pico o se les cortan las patas. Muchos enferman, por lo que se les dan toneladas de antibióticos. Así se pisotea el sistema de protección de animales, pero qué más le da al consumidor, que chasquea la lengua con deleite disfrutando del pollo que ha sido cebado para él.
Los cazadores están desde siempre unidos con el destino de los animales de una forma especialmente macabra:
Los cazadores justifican sus actos sangrientos aduciendo que tienen que cuidar del equilibrio de la naturaleza. Supuestamente habría demasiados animales y una especie animal podría aumentar demasiado. Sin embargo esto no se confirma al observar las regiones de la Tierra que en su mayor parte no están pobladas por seres humanos.
Recientes estudios realizados por ecólogos dieron como resultado que los animales tienen un mecanismo interno para la regulación del crecimiento de la población. Así se ha comprobado por ejemplo en los elefantes, que el hambre o la muerte no deciden sobre la tasa de crecimiento, sino la flexibilidad de las hembras al comienzo de la madurez sexual. Si hay amenaza de superpoblación la tasa de crecimiento disminuye. Lo mismo se ha comprobado en los ciervos, renos, cabras montesas, y otros grandes mamíferos. También muchos tipos de aves dejan de incubar según sea la densidad de su población. Si se les dispara a muchos congéneres, entra en acción la reserva de individuos no incubados y crecen más animales de los que existían antes de la matanza de pájaros.
Ninguna especie se reproduce sin medida ni meta. La cantidad de nacimientos no se limita desde fuera por medio de lucha y muerte, sino a través de una medida interna.
En consecuencia, la caza por este motivo no sólo es inútil, sino que totalmente innecesaria. En la revista La Fundación Gabriele – La obra de Saamlín del amor al prójimo animal y a la naturaleza* leemos lo que Dios, el omnisapiente y omnipotente Creador del universo dice al respecto:
Los animales en los bosques y caminos no tienen hogar, pues traicioneros cazadores de presa están al acecho de las criaturas para matarlas.
Muchas personas opinan equivocadamente que son ellas las que tienen que mantener el equilibrio de la naturaleza. Dios dijo: Yo Soy el equilibrio en todo el infinito y también en los reinos de la naturaleza de la Tierra. Yo no necesito hombres de peso aparentemente equilibrado, que crean tener que mantener el equilibrio de la naturaleza.
El ser humano no tiene por ello que asumir el papel de un falso salteador de caminos para reemplazar a los “enemigos naturales”. El sólo estorba la armonía interna de la naturaleza, destroza los lazos sociales de los animales, destruye sus lugares de descanso y zonas de alimentación y desencadena migraciones de gran consideración que se encuentran fuera de su ritmo natural.
En el caso de los jabalíes los cazadores apuntan primero a la hembra, que tiene en la manada un papel de líder, y la matan. Al cazador le tiene sin cuidado que con ello no sólo se interrumpa sino que se destruya la estructura social de los animales. Al respecto declara un cazador profesional: La jabalina líder conduce y organiza. El que la mata destruye la estructura social de toda la manada. Su disparo deja tras de sí un montón desordenado que en su falta de orientación comienza a vagabundear, se reproduce incontroladamente y al fin y al cabo provoca daños en los campos. (Periódico Süddeutsche Zeitung del 16.12.2000)
¡En verdad un buen ejemplo que demuestra cómo el cazador “mantiene el equilibrio de la naturaleza”!
¿Sabía usted de qué manera se origina el saludo tradicional de los cazadores para desearse buena caza y lo que usted come después de que se ha llevado a efecto la fiesta de agradecimiento por la misma?
En el caso de las liebres, por ejemplo, el cazador da su “saludo“ con una carga de perdigones que no sólo traspasan la piel de la víctima, sino que se filtran por todo el sistema nervioso que se encuentra debajo de ella. Las liebres se retuercen despavoridas de dolor, gritando a menudo como niños pequeños. Entonces se acerca el orgulloso cazador y golpea al animal quejumbroso con un palo, con la empuñadura de una navaja, con la culata de su escopeta o con el canto de su mano, hasta matarlo. Naturalmente son necesarios varios golpes hasta que el cazador logra tener “éxito“. No se trata en absoluto de un abuso inadmisible, sino que así son las recomendaciones dadas en los cursos para cazadores.
¡Un saludo tradicional de cazador!
El valiente cazador no dispara a corzos y jabalíes simplemente con cartuchos, lo hace con balas que se expanden, o respectivamente dividen (balas expansivas) o arquean (balas de deformación) en el interior del animal alcanzado. ¿Para qué? Para que del animal alcanzado se derramen el mayor número de “rastros de caza“: sangre, restos del estómago o de los intestinos, pelaje, fragmentos de huesos, etc. Esto ha de facilitar la búsqueda de la pieza de caza herida, que aún no ha muerto. Para que esta no se escape una y otra vez en esta “búsqueda“, se la deja “enfermar“ unas horas , según el lenguaje de los cazadores. Entonces es cuando se comienza el rastreo para rematar definitivamente con un tiro mortal al animal reventado. En lugar de este modo de matanza también está permitido por el reglamento de caza el degollar al animal. La mayoría de los animales de pezuña, como por ejemplo, los corzos, los ciervos, los venados, los gamos, las gamuzas, los jabalíes mueren de este modo después de horas de torturas. Cuando el animal está finalmente muerto es “abierto“ inmediatamente. Los intestinos y las otras vísceras son arrancadas del cuerpo aún caliente. La forma de actuar de los cazadores en este caso apenas se diferencia de la de un animal feroz sediento de sangre, que solemos calificar de “bestial“.
Todo esto vale como algo que está de acuerdo con “el reglamento de caza“. Cuando pida su próximo asado de cervatillo, podrá reflexionar sobre cuánto tiempo su víctima “a la carta“ ya alcanzada por el disparo y casi inconsciente por el dolor se arrastró por el bosque para dejar “rastros de caza“. El sufrimiento que vivió el animal en ello produjo secreciones hormonales que aún se encuentran en su asado. Usted se está comiendo la tortura. ¿Lo quiere de verdad?
En Alemania más de 300.000 cazadores siembran anualmente en bosques y campos discordia, miedo, estrés, desorden, sufrimiento y muerte. Entre 13.000 y 15.000 animales son aniquilidados diariamente desde los cómodos puestos de tiro que se encuentran a varios metros de altura, o cazados de forma cruel con trampas, en parte bajo indecibles sufrimientos si se les dispara y quedan heridos, o si tratan de liberarse de una trampa hasta que mueren. Los animales no tienen ninguna oportunidad de huir para salvarse.
La palabra “caza”, tan terrible como es, se presenta como un eufemismo. En realidad se trata del gusto de matar. “La caza es siempre una forma de ir a la guerra”, dijo Goethe. “La caza es un efecto secundario de locura humana”, comprobó Theodor Heuß, el primer presidente de la República Federal Alemana, que no siendo cazador tenía que ir de caza con diplomáticos. “Del asesinato a los animales al asesinato de los hombres hay sólo un pequeño paso”, dijo el escritor ruso León Tolstoi.
Cada vez más personas notan que es así. Las encuestas documentan un creciente rechazo de la caza. Mucho más de la mitad de la población –dos tercios de todas las mujeres– rechaza el asesinato masivo en los bosques.
En el año 2000 se dio a conocer en los medios de comunicación un desacostumbrado gran número de accidentes de caza. Algunos ejemplos: Cazador disparó a cazador. Roma - Trágico accidente de caza en Cuneo (norte de Italia): Un hombre de 39 años disparó equivocadamente a su amigo durante la caza de jabalíes. En su aflicción se disparó a sí mismo una bala en la cabeza. Se encontró a los dos hombres después de dos días.
Otro suceso: Un cazador dispara a otro. Bala rebota en una piedra: Las circunstancias del accidente de caza en Hungría son muy trágicas, pues murió un farmacéutico alemán de 54 años procedente de la ciudad de Bad Neustadt. De acuerdo con el informe, el padre de familia cazaba jabalíes junto con algunos amigos. Según cuenta un periódico húngaro, el hombre de 54 años y otro compañero cazador dispararon desde los puestos elevados al animal salvaje. En el intento de volver a alcanzar a un jabalí adulto ya herido, la bala del arma del cazador rebotó en una piedra hacia la dirección del otro puesto, donde alcanzó al farmacéutico directamente en el corazón. (Periódico Das Weiße Pferd n° 8, abril 2000)
El periódico “Das Weiße Pferd” (El Caballo Blanco) resume algunos casos de la siguiente manera:
Serie de accidentes. También los cazadores viven de forma peligrosa.
La apertura de la veda de caza de ciervos en los Estados Unidos acabó en un fracaso. Esta vez se contaron entre los muertos –aparte de los miles de ciervos– también nueve cazadores.
En el estado de Nueva York a dos cazadores se les confundió con animales y fueron matados a tiros. Uno sufrió un ataque al corazón a raíz de la excitación, un cuarto se cayó del puesto de observación y se desnucó. En Wisconsin se disparó también a un cazador, cuatro sufrieron infartos al corazón.
Con motivo del creciente número de ciervos en el estado de Nueva York, las autoridades invitaron a los cazadores a matar a tiros a muchos animales.
También en Nueva Zelanda un cazador sufrió un accidente de caza, originado por su perro. En el momento en el que quería degollar a un jabalí que había sido herido, su perro saltó sobre el arma que estaba en el suelo, esta estaba cargada y sin seguro y la bala alcanzó al cazador en la pierna. Este se arrastró hasta un camino y tuvo que esperar seis horas hasta que fuera encontrado. Lo que le ocurrió al jabalí herido no lo informa la prensa.
El comentario de la redacción: lo que un hombre hace a los animales, lo recibe él de vuelta. Esto es conocido desde hace tiempo. Cuando más, lo nuevo es que el efecto pueda venir tan rápidamente.
¿Podría ser que aquí se tratara de la legitimidad de emitir y recibir, de la ley causal? ¡La ley de siembra y cosecha tiene una escopeta que acierta mejor que cualquier cazador!
Desde hace algunos años está cada vez más de moda “la caza cómoda”. Se construyen recintos, los llamados cotos de caza, en los que por ejemplo se crían jabalíes, se les cuida y se les hace reproducirse. Incluso se les ceba con buena comida.
280 hectáreas comprende el recinto de Cloppenburg, una extensión que podría alimentar máximo a 15 jabalíes salvajes, pero en la que se tiene por lo menos a 300 animales. Aquel que antes pasaba por allí, tenía buenas posibilidades de encontrarse con jabalíes mansos. Algunos de ellos eran incluso conocidos por su nombre en la cercana población de Niersbach, como la jabalina Rita, de la que se cuenta que le gustaba pedir “pan y manzanas a las familias con niños”. Un macho adulto, así se cuenta en el pueblo, intentó incluso pedir comida a sus cazadores...
Hasta aquel 31 de octubre del año pasado los animales habían tenido por un tiempo limitado una existencia agradable en aquel coto de caza de Ulf Cloppenburg, comerciante de Düsseldorf, no sabiendo con qué motivo éste los tenía y cebaba allí... ( Semanario DIE ZEIT, 22.4.1999)
El cazador más importante de Alemania, el barón Constantin Freiherr von Heeremann, cree que es moralmente intachable el disparar por diversión a jabalíes mansos. “Se ha cazado abundantemente”. “Se ha cazado de acuerdo con las costumbres de los cazadores”, asegura él. En el día de los cazadores de Alemanía explicó que la caza de acuerdo con las costumbres de los cazadores es un tipo de caza “que eleva el respeto y la consideración ante la vida, convirtiéndola en un asunto de interés personal”.
¡Menuda sorpresa! Algo aquí no está claro, se dirá a sí mismo cualquier contemporáneo inocente y dotado de un sano sentido de la sensatez...
Sobre “respeto y consideración ante la vida” puede dar también una explicación más amplia la siguiente cita del artículo ya nombrado, que se publicó en el prestigioso semanario alemán DIE ZEIT:
Originariamente los cotos de caza son una conquista de la época feudal, que estaban muy de moda sobre todo en el siglo 16. Por un lado tenían que elevar la cuota de trofeos entre los cazadores nobles, y por otro tenían que proteger de los animales salvajes y de la caza clandestina los campos que pertenecían a los campesinos. Hoy en día estos recintos facilitan a los cazadores adinerados el poder ponerse a disparar sin esfuerzo o sin tener que esperar durante mucho rato entre una cita de negocios y la otra. Las revistas de caza están repletas de anuncios. Allí se puede leer, por ejemplo: “¡100% de éxito en la caza! Montaraz coto de caza en la región de la selva bávara ofrece caza de ciervos, gamos, venados y muflones”. En los círculos de la caza en cotos el ponderar lugares aislados y solitarios vale sin duda como argumento para la venta: Así se puede experimentar “escondidos y en secreto, protegidos de las miradas públicas” los “momentos más emocionantes del año en la caza de venado de todo tipo de tamaño, así como de bravíos jabalíes machos”, es la propaganda del dueño de un coto procedente de la región bávara de Allgäu.
Por cierto que estos cotos de caza de ninguna manera son tan aristocráticos y tan grandes como los de Ulf Cloppenburg, del cual ya hemos hablado. Los más pequeños apenas miden unas 75 hectáreas, escribe el periódico DIE ZEIT.
Con todo derecho se puede decir que tal conquista de la época feudal, los cotos de caza, tienen el objeto de asesinar alevosamente a los animales. Un consejo para todos los vegetarianos, y para aquellos que se están haciendo vegetarianos, y que no se cuentan entre los señores feudales que necesitan su saludo tradicional de desearse buena caza y que en el canibalismo de animales ven y experimentan entre otras cosas su agradecimiento por la caza. Según la ley “a toda acción le sigue una reacción” o “a cada causa le sigue un efecto correspondiente”, los hombres que matan alevosamente a animales sufren a su vez su propia muerte “ética y moral”. El asesinato a los animales es la muerte de los hombres.
De esta manera puede extinguirse también el señorío feudal de la humanidad, de forma que en la Tierra paulatinamente despierten la libertad y la fraternidad, también para con los animales, que son los hermanos pequeños de los hombres.
El comportamiento de muchos cazadores, que reúnen animales en comederos que han puesto ante sus puestos de caza, recuerda la escena de la película “La lista de Schindler”, que obtuvo tantos premios. En esta película el comandante de un campo de concentración convirtió en un deporte el salir temprano por la mañana al balcón de su casa, que superaba como un puesto de caza el amplio campo de concentración. Mirando a través de la mira telescópica de su fusil de caza, elegía con toda tranquilidad entre los presos a una o varias de sus víctimas, que él después mataba cada vez de un solo disparo.
No se pueden comparar a las víctimas humanas en los campos de concentración con las víctimas en los bosques, ni a los vigilantes del campo de concentración con los cazadores, pero la forma de asesinar y el placer de hacerlo son de un parecido macabro. En la película a la que nos referimos las víctimas estaban a merced de los asesinos, viniera lo que viniera, y el asesino presumía de ser el amo sobre la vida y la muerte. El marcial y certero tirador no dejaba que nadie cuestionara su derecho a matar; el poder del Estado le protegía, hasta que finalmente él mismo acabó más tarde en la horca.
Nadie debe pensar que esto ya ha acabado. Este escenario sigue teniendo validez para con los animales y tiene sus efectos. ¿Cuándo serán alcanzados por ellos los alemanes vivientes? Pues lo que hemos sembrado también lo cosecharemos. Con las pestes de los animales esto ya ha empezado. El potencial de agresión que siempre ha estado latente –como lo ha mostrado la historia alemana en los últimos 100 años– hipotéticamente sólo se puede desahogar, sin riesgo propio y sin ser castigado, con animales indefensos e ingenuos.
Seguro que no es ninguna casualidad que en ciertas partes de Alemania, por ejemplo en la región de Franconia, para consumar el potencial de agresión se construyan para disparar inmensos puestos de caza, que son fieles copias de las torres de vigilancia de los campos de concentración. Tales torres para disparar son colocadas preferentemente en la frontera con el terreno vecino, para que ningún animal pueda pasar vivo la frontera. Tan pronto como una pobre criatura apenas saca la cabeza sobre la frontera del terreno, con ayuda de la mira telescópica se la mata de un tiro sin piedad alguna.
Muchas personas observan impasibles la forma de actuar de esa brutal especie humana, de la misma forma que lo hacían la mayoría de las personas en la película La lista de Schindler, cuando sus semejantes eran perseguidos y asesinados. Hoy en día los partidos que en su nombre se vanaglorian con la palabra “cristianos”, apoyan el pérfido potencial asesino, obstaculizando con éxito la aspiración de asegurar en la Constitución la protección de los animales y de limitar el sadismo asesino legal.
Pero igual que el fabricante Schindler en la película mencionada, con esfuerzo personal y bajo gran riesgo contra el poder de los gobernantes salvó a muchos hombres cuyos nombres escribió en una lista, para la naturaleza y los animales hay hoy una esperanza. Es La Fundación Gabriele – La obra de Saamlín del amor al prójimo animal y a la naturaleza, una obra de ayuda que crece constantemente, que se ha puesto como meta el conseguir para los animales un espacio en el que puedan sobrevivir y así salvarles de la persecución a través de hombres embrutecidos y sin escrúpulos. Esta obra de ayuda tiene ya a su disposición algunos cientos de hectáreas de Tierra, donde la medida de la forma de actuar no es la brutalidad de los hombres sino el respeto ante todas las criaturas de Dios.
Para algunas personas el asesinato a los animales no es suficiente. Precisamente los señores feudales les quitan a los animales entre otras cosas el espacio vital. Los oprimen en campos estrechos, como ya hemos explicado, y pregonan ruidosamente que hay demasiados animales y que los daños en los bosques y en los campos son enormes. Por eso son de la opinión de que los animales deben ser aniquilados a tiros, no pudiéndose hablar aquí ya sólo de disparos.
Si se les diera a los animales el espacio de vida que les corresponde, se podría con ello poner fin paulatinamente al asesinato de los animales y apenas habría más daños en los bosques y en la naturaleza.
En ese estrecho espacio de vida no hay alimentos suficientes. Los señores feudales naturalmente no saben que el hambre produce desesperación y no da cabida a ser muy escrupuloso. Lo mismo ocurre con los animales; ellos tienen hambre y por eso comen todo lo que pueden encontrar.
En los recintos de caza los animales están encerrados en un espacio de vida aún más estrecho, pero sólo hasta que los señores feudales acaban con ellos.
Quien quiera dejar que el señorío feudal acabe consigo mismo, se hace vegetariano o sigue siendo vegetariano. Estimados semejantes: ¡no comáis más carne, dejádsela a los señores feudales, si ellos lo quieren así! Cuando después aparezca poco a poco la enfermedad de Kreutzfeld-Jakob se pueden cuidar mutuamente, en tanto esto sea posible, o pueden llamar tal vez a la casta de sacerdotes para que rece, siempre que ésta misma no esté ya sufriendo por haber comido pavo frito.
Los cazadores deberían ser los cuidadores de los animales salvajes, los protectores de la naturaleza y de los animales, pero se han convertido en acosadores que asustan, persiguen, presionan y matan a tiros a los animales en cualquier lugar donde los encuentren.
Unas palabras de Cristo extraídas de Su obra manifestada Esta es Mi Palabra*:
¡Ay de los cazadores, y ay de aquellos que reclaman la alimentación con carne! Tanto los cazadores como aquellos que de modo semejante a caníbales devoran ávidamente la carne de los animales, serán atormentados y cazados por la pena, el sufrimiento y el dolor de los animales. Lo mismo es válido para aquellos que ultrajan a los reinos vegetal y mineral. También ellos sufrirán por causa de sus transgresiones. Los que el hombre siembre, cosechará (pág. 147/148).
Si los cazadores ya son una especie con un mentalidad muy peculiar, que es lo mismo que anormal, así a uno le entra la curiosidad por ver lo que se mostrará cuando curas, párrocos u otras autoridades de las Iglesias que se denominan cristianas se ocupen del tema de la caza.
En internet se podía leer:
Pastor desea por internet “¡Que vivan los cazadores y la buena caza!” Un pastor de la Iglesia protestante luterana de la localidad de Lüchow (en el norte de Alemania), teólogo y experimentado cazador desde hace muchos años, ofrece consejos para la misa de San Huberto.
Algunos de sus consejos:
En las misas de San Huberto se trata de una “exigente reflexión sobre la posición del hombre en la creación... El expone como el matar animales durante la caza es compatible con la ética cristiana... Hay que cuidar del animal salvaje. Dejar de cazar no significa responsabilidad sino negligencia...“ (Servicio de prensa de la Iglesia protestante, epd, del Estado de la Baja Sajonia y Bremen/b2073/18.8.2000)
Dag Frommhold comprobó lo siguiente: Ningún cazador niega entre cazadores que la caza, el matar y hacer presas de caza le proporciona alegría; sin embargo este hecho lo admiten públicamente muchos menos cazadores –ellos sabrán el por qué–
(www.Tierbefreier.de).
En Dieburg, en una misa para honrar al patrón de los cazadores, San Huberto, se dijo:
También los cazadores tienen que actuar en armonía con el orden de la creación. A ello pertenece también sin duda el matar a los animales... Se tocaron los cuernos de caza “para honrar a Dios”. Después de la misa siguió una buena tarde de la cofradía de cazadores en el centro parroquial. (Periódico Darmstädter Echo, 17.11.2000)
Dios no quiere una honra que es exclusivamente una autohonra humana. Dios habló de forma muy diferente a través de Jeremías: ... Cuando yo saqué de Egipto a vuestros padres, no fue de holocaustos y sacrificios de lo que les hablé y ordené.
En la comarca alemana de Germersheim, un decano de la Iglesia luterana protestante de nombre Hirsch (que en alemán significa ciervo. N.d.l.T.) explicó lo siguiente: Un aprovechamiento del animal impregnado de responsabilidad y respeto es un derecho legítimo del hombre y así también del cazador, que con su esfuerzo personal hace todo lo posible por el mantenimiento de la naturaleza. (Periódico Die RHEINPFALZ, 17.10.2000). “Hacer todo lo posible” significa matar arbitrariamente a tiros a los animales.
Esta breve visión es suficiente. Aquí comprendemos por qué Dios dijo: ¡Basta ya! La medida se ha colmado.
Se ve entonces de qué forma tan flexible se acomodan los hombres de la Iglesia a las diversas exigencias de la vida pública. Por cierto, lo han practicado también más o menos 1700 años, o más tiempo, si se observa la práctica del Antiguo Testamento. Todo erudito de la Biblia sabe que una gran parte del Antiguo y del Nuevo Testamento es una falsificación, y no la palabra de Dios. En el Antiguo Testamento fueron sobre todo sacerdotes y funcionarios de la corte los que escribieron sus propias ideas en el transcurso de los siglos. En el Nuevo Testamento no fueron los contemporáneos de Jesús de Nazaret los que escribieron los “evangelios”; tras el nombre de “Evangelistas” se esconden autores desconocidos que sólo sabían de oídas del Nazareno y que a su vez dejaron fluir en el asunto sus propias ideas teológicas.
La caza sigue siendo en su mayor parte un asunto de hombres. También en la Iglesia católica se reservan las órdenes mayores solamente para los teólogos masculinos. Al respecto una acotación, a raíz de una situación reciente:
Si los sacerdotes y semejantes “dignatarios” “servidores de Dios” no se hubieran obstinado desde siempre en hacer de la Iglesia, de la administración de la religión, una cosa de hombres, si no hubieran practicado el patriarcado, el poder en manos de los hombres, si no se hubieran obcecado en excluir a las mujeres, sus instintos hubieran permanecido más o menos equilibrados y no tan extremamente degenerados, como ahora ha vuelto a salir a la luz.
En el Antiguo Testamento las tendencias animales se desahogaban con criaturas inocentes, y hoy tampoco se tiene nada en contra de las torturas y asesinatos de animales. En la Edad Media uno que otro libertino clerical se deleitaba torturando y quemando a mujeres herejes y a supuestas brujas, hoy se dedica a pederasta, abusa así de muchachos, alumnos de monasterios y similares, y viola a monjas.
El hombre que tortura y mata a animales con frecuencia ya no siente ningún arrepentimiento. Su conciencia, la instancia de control ético y moral, se ha embrutecido. Según sean las circunstancias sólo se le volverá a hacer consciente lo que significa sufrir necesidad y miseria por medio de la ley de causa y efecto.
Es un horror ver cuán bestialmente se comportan los hombres. ¿Existe todavía algun destello de esperanza? Quizá en alguna parte hay aún hombres sensatos que reconocen lo que se avecina, que dejan regir la cordura y ayudan a salvar todavía a muchos hombres que son de buena voluntad. ¿A salvarlos de qué? Del monstruo, que dice ser un ser humano, y que, sin utilizar la cabeza, y no digamos ya la sensatez, conjura un caos mundial sin igual.
Muchos hombres conocen la legitimidad de que “a cada reacción le precede una acción” o que “cada efecto tiene una causa”. El Espíritu de Dios habló y habla de siembra y cosecha. La cosecha crece siempre de una siembra correspondiente. Al revés esto significa que de la siembra se puede ver qué cosecha se puede esperar. En base a estas relaciones sencillas y lógicas ya hoy se puede prever el desastre que se avecina. El que no quiera creer lo que rueda hacia la humanidad según la ley de siembra y cosecha, lo experimentará, pues el tiempo está maduro. La cosecha ha comenzado.
Al comienzo de la humanidad el Espíritu de Dios le dio a los hombres la Tierra. Más o menos con palabras del siguiente sentido El dijo: “Someted la Tierra” lo que no significa explotarla y torturar y matar voluntariamente a todo lo que vive en ella y sobre ella, inseminar a los animales en contra de las leyes de la naturaleza, comer animales y muchas cosas más.
En el libro El Profeta N° 15, ¡Los animales claman! ¡El profeta denuncia!*, leemos que Dios había concedido a Moisés y a la casta de los sacerdotes de entonces matar, sacrificar y comer animales. Esos rituales, que fueron realizados con animales, no provienen de la palabra de Dios a través de Sus verdaderos profetas. La casta sacerdotal de antaño lo inventó y de esta manera engañó al pueblo diciendo que eran mandamientos, más aún, que eran órdenes del único y verdadero Dios eterno. Esta mentira pasó a la tradición y fue puesta por escrito, de forma que en la actualidad todavía leemos en el tercer libro de Moisés, el Levítico:
Entonces él (supuestamente Moisés) mandó traer al carnero para el sacrificio. Arón y sus hijos pusieron sus manos sobre la cabeza del carnero y Moisés lo degolló. El regó la sangre alrededor del altar. Después descuartizó al carnero y dejó que la cabeza, las partes y la grasa se quemaran. Lavó las entrañas y las piernas con agua e hizo que todo el carnero fuera quemado en el altar. Era un holocausto de suave olor, un sacrificio para el Señor, como El se lo había ordenado a Moisés.
En el libro El Profeta N° 15, ¡Los animales claman! ¡El profeta denuncia!* puede usted leer, entre otras cosas, más ejemplos del arte poético de los comienzos de la casta sacerdotal, si así lo desea.
La forma condenable de cómo en todos los tiempos se ha tratado y se sigue tratando a los animales proviene de la idolatría, donde los hombres sacrificaban animales para hacer a los dioses benevolentes y para mantenerlos contentos. A través de los profetas del Antiguo Testamento Dios habló en contra de los sacrificios de animales de todo tipo. El dijo por ejemplo a través de Jeremías:
Vuestros holocaustos no me son gratos, vuestros sacrificios no me deleitan (6,20), a través de Isaías: Harto estoy de holocaustos de carneros, del sebo de vuestros bueyes cebados. No quiero sangre de toros, ni de ovejas, ni de machos cabríos (Isaías 1, 11), y a través de Oseas: Yo quiero amor y no sacrificios, el conocimiento de Dios en lugar de holocaustos (6,6). Otras afirmaciones con un contenido semejante son entre otras: Isaías 1,13; Samuel 15,22; Oseas 11-13; Moisés (3er libro) 5, 21-27; Jeremías 7, 22-28; Miqueas 6, 6-8; Salmos 50, 9-21.
También la matanza de animales para comérselos es lo mismo que un sacrificio de animales.
Jesús atacó públicamente todo tipo de violencia contra los animales, también el comerlos. Alguno objetará que Jesús comió carne, así como peces, que también son carne; que El incluso multiplicó los peces. Sobre esto dice el Cristo de Dios en Su gran obra manifestada Esta es Mi Palabra, Alfa y Omega, lo siguiente:
Ni por los apóstoles ni por los discípulos fue ordenada la matanza de un cordero; pero tanto a Mí como a los apóstoles y discípulos nos fueron servidos, como ofrenda de amor, trozos de un cordero aderezado. Nuestro prójimo nos quiso obsequiar con ello; no sabían hacerlo mejor. Yo bendije la ofrenda y comencé a comer carne. Mis apóstoles y discípulos lo hicieron igual que Yo. A continuación Me hicieron una pregunta, con el siguiente sentido: debemos abstenernos del consumo de carne. Así nos lo ordenaste. Ahora Tú mismo has comido carne.
Yo instruí así a los Míos: el hombre no debe matar intencionadamente a ningún animal, ni consumir la carne de animales que han sido matados para el consumo de su carne. Pero cuando hombres que todavía son ignorantes han preparado carne como alimento y se lo ofrecen al huésped como regalo y se lo sirven en la comida, el huésped no debería rechazar la ofrenda; pues hay que diferenciar el hecho de que el hombre coma la carne por avidez de la misma, de que la coma en agradecimiento al anfitrión, por su esfuerzo.
Sin embargo, el que sepa ésto debe, si le es posible y las circunstancias externas y el tiempo lo permiten, dar indicaciones generales al anfitrión, pero sin querer escarmentarle. Cuando el tiempo haya madurado, el anfitrión también entenderá estas indicaciones generales. (pág. 799/800)
Mis discípulos Me trajeron panes y uvas para su multiplicación. Ese día también Me fueron entregados peces muertos para su multiplicación. Cuando tomé en Mis manos esta sustancia muerta, expliqué a los hombres que de ella el potencial de fuerza de Mi Padre, la elevada fuerza vital, se había retirado en gran medida, y que Yo no creo peces vivos para que a su vez sean matados.
Expliqué a los hombres que la vida está en todas las formas de vida y que el hombre no debe matarla intencionadamente. Los hombres, especialmente los niños, Me miraron con tristeza. No Me podían entender, pues vivían mayormente de peces, pan y pocas cosas más. Entonces les hablé en el sentido siguiente: las energías de la Tierra hacen que los peces muertos todavía mantengan su cohesión. Así que no os regalaré peces vivos provenientes del Espíritu del Padre, sino que os crearé peces que están muertos, o sea pobres en vibración, provenientes de la energía de la Tierra. Nunca llevarán vida, y no podrán ser matados. Quiero mostraros cómo sabe lo que está vivo –pan y frutos–, en comparación con el alimento muerto.
Y creé para ellos peces –a partir de las energías de la Tierra– que llevaban poca sustancia espiritual. Les di los peces muertos y les mandé comer al mismo tiempo el pan y los frutos para que notaran la diferencia entre alimento vivo y muerto, entre alimentos de vibración alta y de vibración baja.
Por lo demás: quien erróneamente se apoye en la afirmación de que Jesús también comió carne y por ello también se le está permitido a los hombres, debería también vivir –tan consecuentemente– según los mandamientos de Dios y el Sermón de la Montaña de Jesús, que Jesús enseñó y él mismo vivió como ejemplo para los hombres.
El que insista entonces en comer carne porque Jesús supuestamente también habría comido carne, debería orientar igualmente su vida a los Mandamientos de Dios y al Sermón de la Montaña de Jesús. Excepciones sólo hace un esquizofrénico.
¿Se ha convertido en algo normal el hecho de que los animales huyan de nosotros?
¿Nos hemos hecho alguna vez la pregunta de por qué pájaros, ratones, cervatillos, liebres, al fin y al cabo todos los animales, huyen de nosotros, ya sea en la selva, en el desierto o en nuestros bosques y campos? ¿Es esto para nosotros “totalmente normal”? ¿Lo vemos como un comportamiento natural, como dado por la naturaleza? ¿O con qué justificamos esto?
Las formas de vida de la naturaleza, así también los animales, forman una unidad y están unidos entre sí comunicativamente. A cientos, miles de kilómetros de distancia un animal sabe del otro; siente si al otro le va bien o si está sufriendo. Esa comunicación invisible ha sido demostrada de forma experimental.
¿Cómo reacciona por ejemplo la vida del suelo, los animalitos diminutos, cuando son torturados y matados por herbicidas, fungicidas, pesticidas, por abonos líquidos y estiércol? Ella envía señales, informaciones; es la unión comunicativa. En todas las partes de la Tierra los seres de la misma especie perciben cómo les va a sus semejantes.
El miedo ante los que causan esto se manifiesta en que los animales se retiran asustados cuando se encuentran con un causante, un hombre.
En qué medida la naturaleza y los animales sufren ante el comportamiento agresivo de los hombres, es analizado actualmente por la Fundación Gabriele, en base a experiencias que se están haciendo en los campos:
Ya se sabe desde hace tiempo que las plantas de interior reaccionan a las sensaciones y pensamientos de su dueño. Que las flores tienen miedo cuando uno se acerca agresivamente –por ejemplo para cortarlas– ha sido incluso demostrado con aparatos de medición. Hace algunos años un científico japonés descubrió que también el agua graba y refleja nuestros pensamientos y palabras. Sus efectos positivos o negativos se hicieron claros en las más diversas imágenes de cristalización.
No puede ser diferente cuando el suelo y los seres más diminutos son maltratados con herbicidas y pesticidas o con abonos líquidos y estiércol. El ejercicio de la caza también tiene, más allá de los daños medibles, efectos negativos invisibles sobre la armonía y unidad de la naturaleza. Los disparos no sólo asustan a los animales sino que perjudican también la vida de las plantas y del suelo. Las primeras mediciones ya tuvieron lugar. Un estudio científico está en preparación.
Si se da de comer a los animales, ellos lo sienten como que se ha establecido una comunicación positiva con ellos. Esto lo aprovechan los cazadores. Pues dan de comer a los animales de los bosques y campos sólo para cebarlos o para atraerlos con algún cebo y así poderlos matar tanto más cómodamente.
No muy lejos de sus puestos de tiro, los cazadores depositan por ejemplo apetitosos bocados para los jabalíes; los animales tienen hambre, van a esos lugares donde hay comida y para los cazadores es una cosa muy simple darles un tiro, esto es, asesinarlos. A través de miles y miles de kilómetros se extienden de nuevo las señales de comunicación del miedo, de los dolores, del sufrimiento, de la desesperación, especialmente también cuando los animales jóvenes pierden a sus madres. Los otros animales cercanos y lejanos acogen esas señales, y con ello las informaciones. La consecuencia es miedo. Ellos se retiran y evitan encontrarse con los causantes, los hombres.
Ya hemos oído hablar de los cotos de caza, donde se mantiene y alimenta a los animales hasta que se piensa que están maduros para ser asesinados. Hasta que haya llegado el momento, los animales son mansos y se ponen directamente delante del arma asesina del cazador, la escopeta. La experiencia viaja una vez más miles y miles de kilómetros: miedo, sufrimiento, dolor – y la información: ¡Aléjate de los asesinos de animales, los hombres!
A esto hay que añadir el sufrimiento que resulta de la crianza masiva y de los transportes de animales: ganado vacuno, cerdos, ovejas, cabras y muchos otros que son encerrados en transportes para animales. Horas o incluso días tienen que pasarlos en esa estrechez.
Totalmente desvalidos y desamparados, expuestos, erguidos o tumbados sobre sus propias heces sufren hambre y sed, frío y calor. A pesar de que están suficientemente provistos de medicamentos, los animales enferman; muchos llegan muertos al lugar de destino. Los que han sobrevivido son sacados brutalmente de su cárcel, arrastrados desde allí con violencia y empujados y apremiados al matadero, donde tienen que recibir el disparo que les matará u otras formas de muerte. El cuerpo aún caliente es colgado, destripado, serrado en trozos y cortado. “Ahora ya no es ningún animal sino carne”, se escuchó decir en una fiesta de la matanza.
En el mostrador de la carne los comedores de cadáveres de animales, o devoradores –que cada uno los denomine como quiera–, pueden elegir su ración, y en casa, preparada de forma correspondientemente sabrosa, servirla a la mesa.
El olor a asado traspasa las habitaciones. Estimula el sentido del gusto de los hombres. Sólo unos pocos piensan en qué tipo de señales y mensajes siguen fluyendo del cadáver de la criatura asesinada; qué tipo de informaciones acoge el que come, el que devora, con su comida de cadáver. Tampoco piensan en lo que esas informaciones, según sean las circunstancias, provocarán entonces en su organismo.
De forma parecida les va a nuestros hermanos animales, las aves: gansos, patos, pollos, pavos, palomas, avestruces, incluso a las golondrinas. Todas son decapitadas o descuartizadas, fritas, asadas, estofadas y cocinadas –o si Ud. lo desea, devoradas– por el hombre bárbaro.
Un pequeño pollito recién salido del huevo, con su suave plumón y la fina vocecita conmueve a algunos. ¿Pero cómo les va a esos animalitos jóvenes, por ejemplo a un pollo?
Si una moderna fábrica de huevos tiene que ser provista de futuras gallinas ponedoras, su destino ya está sellado. Los experimentados trabajadores seleccionan hábilmente a todos los pollos machos, que entonces se matan de la forma más barata posible y se añaden al sistema de aprovechamiento de cadáveres para volver a ser utilizados. De la misma forma sería también posible que nuestro pollo acabe como alimento vivo en un zoológico. O como muchos otros sea descuartizado vivo hecho puré en una máquina preparada para ello, para en forma troceada traer ganancia a las empresas de pollería.
Quizás el pollo esté destinado a ser vendido y comido como pollo asado. Un pollo cebado pasa su existencia, que no puede ser descrita como vida, desconsoladamente y con poca luz. Una cría y explotación sofisticada de animales, en las que conscientemente se llevan a cabo cambios en el comportamiento de los animales, que sirven para conseguir la mayor ganancia posible, una elevada aplicación de medicamentos y el aprovechamiento de los resultados en la investigación del comportamiento, hacen posible que nuestro pollo, así como los que sufren con él, haya conseguido en 6 semanas el peso necesario para la matanza. Decapitado y destripado se le lleva al comercio, ya preparado para ser asado. Una bienvenida alegría para el paladar de uno u otro de nuestros semejantes.
¿Qué siente ese joven ser vivo antes de morir, en todo caso de forma cruel y no natural? Su miedo, su dolor, su tristeza se transmiten a todos los animales de la Tierra. Y la información de ese sufrimiento y dolor va a las substancias de sus cuerpos. El hombre se las come. No se puede decir que ese pollo haya vivido en su breve existencia, sólo ha sufrido.
Tampoco las plantas se pueden desarrollar como el Creador lo ha previsto para ellas. Cada planta, sea pequeña o grande, es una forma de vida. Ella siente. ¿Qué es lo que siente cuando es arrancada, tirada y maltratada conscientemente? Se talan los árboles cuando están en su savia; los frutos son arrancados del suelo de la Tierra, las formas de vida vegetales son rociadas con veneno. También aquí las señales van a través de miles y miles de kilómetros alrededor de todo el mundo.
La Tierra se ha convertido así en un lugar de horror.
Si Usted lee esto con sensatez y corazón y a pesar de todo sigue comiendo carne, entonces no tiene que sorprenderse si algún día sufre bajo lo que ha contribuido a causar. Dado que la ley de causa y efecto dosifica con precisión a cada causante la parte de culpa que le corresponde, a Usted le irá de forma parecida a cómo contribuyó a que los animales sufrieran bajo la bestia humana. Pues: lo que siembres, cosecharás. Y además ninguna energía se pierde.
La Fundación Gabriele se ha propuesto ofrecerle a los animales un hogar donde puedan vivir sin miedo, y muy paulatinamente vuelvan a tener confianza en los hombres que aman a sus semejantes.
En los pasados 25 años el Espíritu de Dios dijo a través de su portavoz cosas parecidas a lo que ya había dicho Jesús a sus discípulos. El explicó por una parte a la humanidad sobre los sentidos humanos corrompidos: los vicios del paladar actúan sobre los sentidos, aumentan los deseos de los sentidos e incitan al consumo de carne. Por otro lado El dio explicaciones en el sentido de que algunas almas han grabado el programa del comer carne en muchas encarnaciones, en las que como hombres cazaron animales y consumieron su carne, según hayan sido las circunstancias, durante milenios. Por eso no lo pueden dejar de hoy a mañana.
Cuando el Espíritu confió a los hombres la Tierra con sus minerales, plantas y animales, es decir, la puso bajo la protección de ellos, Dios les enseñó las leyes de la vida, en las cuales también están contenidas las leyes de la naturaleza. Dios exhortó a tratar a los animales, plantas y minerales según Sus leyes del amor y la unidad y a no matar intencionadamente a ningún animal ni comérselo. El Cristo de Dios enseñó en Su Sermón de la Montaña, y también en los últimos 25 años, el camino para el refinamiento de los sentidos, para que el hombre deje paulatinamente de comer carne y se alimente de aquello que la Tierra está dispuesta a darle con gusto. Los frutos de los campos, cereales, verdura, fruta y hierbas regalan lo que el hombre necesita para mantener sano de forma natural su cuerpo, que es un cuerpo de la naturaleza.
Dios, el Eterno, vio durante miles de años como el hombre abusó de Su confianza. Con infinita paciencia y bondad dio advertencias una y otra vez a través de hombres y mujeres iluminados, a través de profetas y a través de Su hijo, Jesús, el Cristo. En los últimos 25 años Dios ha venido advirtiendo una vez más y ha indicado el camino que conduce de vuelta a la unidad.
Como ya hemos dicho, Su mensaje y Sus advertencias van a través de radio y televisión a todo el mundo. También hace aproximadamente 20 años que la palabra de Dios y Su voluntad se transmiten cada domingo por la mañana a muchos Lugares de encuentro cristiano originario, a todos los hombres que quieran reconocer la voluntad de Dios. El Camino Interno manifestado por el mundo divino, que contiene como idea central la purificación del alma y la purificación de los sentidos, se enseña desde hace aproximadamente 20 años.
Muy pocos han aprovechado el gran ofrecimiento del Eterno a Sus hijos humanos de todo el mundo –que como ya hemos dicho se puede escuchar en muchos lugares de la Tierra, es decir, mundialmente. Ellos han escuchado y siguen escuchando el mensaje y las advertencias de Dios. Sin embargo más de uno es demasiado cómodo para esforzarse y alcanzar valores éticos y morales más elevados. A muchos les basta con escuchar la palabra de Dios. Esto significa que han continuado manteniendo sus costumbres, es decir que con ello han enterrado sus talentos.
A una gran parte de la humanidad le da igual si se explota a la Tierra, si los animales son torturados y criados en establos de forma cruel e indigna para los animales; si ellos tienen que prestarse para muchos fines a los torturadores y asesinos de animales, también para experimentos; si los animales gritan gimiendo en los mataderos a causa del pánico de ser asesinados; si se tienen que comer a sus congéneres asesinados y convertidos en harina, si se destruye, es decir, se mata la vida del suelo, a los seres más diminutos, con abonos líquidos, estiércol y más cosas. Muchos saben que Dios no desea todo esto, y sin embargo callan, permaneciendo pasivos.
A pesar de todo las porciones de carne tienen que ser cada vez más grandes, y sobre todo más baratas, la preparación cada vez más magnífica. El deseo de carne y de lo que tiene que ver con ella debe ser incitado. El vicio del deleite, que entre otras cosas encuentra su más baja expresión en la sexualidad anormal y perversa, ya no conoce fronteras.
Por este motivo los animales se han convertido en una mercancía masificada. Por decreto que viene desde abajo, del príncipe de los infiernos, se interviene en el transcurso natural de la reproducción y del nacimiento de los animales. Esto sirve a su meta de excluir a Dios y a Sus leyes, también a Sus leyes de la naturaleza para esta Tierra. El hombre se ha puesto con ello sobre Dios, el Creador de la vida.
En la revista de La Fundación Gabriele –La obra de Saamlín del amor al prójimo animal y a la naturaleza, se repiten, entre otras, las siguientes palabras del Espíritu universal, Dios. El dijo (1999):
La humanidad está llegando poco a poco al punto culminante de sus prácticas negativas. El demonio tiene el punto de vista de que a través de hombres degenerados, que intervienen en la vida y juegan a ser creadores, puede triunfar sobre Mí. El siempre se ha equivocado y también esta vez se equivoca, pues la Madre-Tierra ahora es Mía.
La revista El Reino de la Paz –Tu voluntad se hace. Reza y trabaja, que es un mensajero extraordinario a favor de la vida, da informaciones sobre el trabajo de La Fundación Gabriele –La obra de Saamlín del amor al prójimo animal y a la naturaleza. Allí podemos leer lo siguiente:
Primero muere el animal...
¡Epidemias de animales en marcha! ¿POR QUE?
Dios les regaló a los hombres la naturaleza y los animales, para que puedan vivir en la Tierra. Pero El no nos dio energía ilimitada para que hagamos con Su Creación lo que queramos. Primero se trastornaron los vacunos, porque su cerebro enfermó. Desorientados y desequilibrados se derrumbaban sobre sus patas traseras. Ahora se infectan los hocicos y las pezuñas de las ovejas y de los cerdos. También ellos se pueden mover casi sólo arrastrándose y tienen fiebre alta: Es la fiebre aftosa. Es como si por medio de enfermedades los animales se negaran a los hombres, y mejor se dejaran quemar gustosos en lugar de seguir siendo torturados y devorados. Imágenes fantasmagóricas nos persiguen diariamente: Hogueras ardientes en las que son quemados rebaños completos de ovejas porque algunos animales están enfermos; hornos crematorios en los que millones de vacunos tienen que ser eliminados como basura, para que el precio de la carne no siga bajando. Son escenas espantosas de una civilización que va evidentemente por camino equivocado y que ahora es asaltada por una cadena de epidemias de animales. También se habla ya de tuberculosis y desde hace años de la peste porcina.
Ahora se «investiga» y se reflexiona para saber de dónde viene todo esto – de la alimentación a base de cadáveres o de los insecticidas, de los antibióticos o del estrés que reina en los establos para la crianza en masa de animales. Tal vez habría que investigar en un plano más inferior y preguntar cómo se generan actualmente los animales. Por ejemplo, los 5 millones de terneros que en el año 2000 nacieron sólo en Alemania. Hace mucho tiempo que ya no es el toro del pueblo el que fecunda a las vacas, para que año por año den a luz a un ternero, que se les quita en seguida para seguirlas usando como máquinas lactantes. El toro de antes generaba anualmente sólo entre 50 y 100 descendientes. Eso es muy poco para una industria agraria que trabaja a alta velocidad. La fórmula mágica es: «Fecundación artificial». Más del 90% de los ganaderos piden por catálogo el esperma para sus vacas, de acuerdo con el tipo de animales y con la meta que tenga la empresa. El toro, que semanalmente es animado una y otra vez a producir semen, genera de este modo no sólo 50 o 100 terneros, sino que 5.000. Con una pipeta se introduce el esperma en la vaca, la que por naturaleza podría parir sólo una vez al año. Pero también a ella se la engaña. En su caso, la fórmula mágica se llama «transferencia embrional»: El décimo día después del tiempo de celo, se estimula el ovario con hormonas, para que no genere sólo un óvulo sino que hasta 40. Estos son por su parte fecundados artificialmente, y los embriones que de este modo se forman, son extraídos de la matriz después de dos días. De ellos pueden vivir entre 5 y 7, que crecen entonces en las llamadas «madres adoptivas». Así, de la masa hereditaria de una «buena vaca» se obtiene en un año no sólo un ternero, sino que seis o siete. La vida es multiplicada artificialmente.
No existen almas para «productos cárnicos»
¿O es que ya no es vida real la que aquí se manipula y produce técnicamente como en la correa de montaje industrial? ¿Se puede tratar a seres vivos con alma como a un montón de células, eludiendo las leyes de la vida instintiva natural, obligándolos a vivir sin que se destruya la unidad de cuerpo y alma de los animales? Quien se haga consciente de que toda vida proviene de la unidad cósmica en Dios, del Espíritu universal que lo traspasa todo en libertad y lo vivifica con Su fuerza creadora, se puede imaginar fácilmente lo que significa si el hombre, mediante tales métodos de producción, trata de eliminar a Dios y de regir él mismo sobre la naturaleza y los animales.
Como lo sabemos gracias al mensaje de Gabriele, el hombre abandona con esto la corriente divina de la vida y sus «criaturas» ya no pertenecen al contingente divino de energía para la Tierra, con el que se vivifica la materia. Los animales son de por sí seres animados. De acuerdo con su grado de desarrollo son animados, como los animales inferiores, por un alma colectiva, o tienen, como los mamíferos, almas individuales que están en estrecho contacto con las respectivas especies de animales. Los millones de vacunos, que como «productos cárnicos» los obligamos a una «vida» artificial, para hacerlos engordar lo más rápidamente posible y matarlos, ya no disponen de tales almas, sino que están adheridos a los campos de energía de sus productores, de los veterinarios, de los criadores y otros, sin exceptuar tampoco al «consumidor» de la vida animal. Un vínculo cármico entre hombre y animal.
El circuito de la muerte se derrumba
Se ha formado, por decirlo así, un circuito de energía independiente, que se ha desprendido de la fuerza vital divina, y que vive sólo más de la energía consumidora de una civilización humana que ha despreciado, o sea agotado, el contingente de energía que le dio Dios. La debilidad de su energía vital se manifiesta como «debilidad de la defensa inmunitaria» en el hombre y en el animal. Ese es el terreno en el que se desarrollan las pestes. La transformación de los priones o el traspaso de virus es entonces sólo la consecuencia de la debilidad general. Pero ahora se está derrumbando paulatinamente el circuito de la muerte a raíz de la obstinación humana. Pues el Espíritu universal, la fuente de toda vida, ya no está a disposición, en tanto el hombre no esté dispuesto a llevar con la naturaleza y los animales una vida de acuerdo con las Leyes de Dios.
Los primeros pasos hacia la nueva era
Por eso, como ya se informó en la publicación anterior, al hombre se le quitó el dominio sobre los animales. Lo que fue anunciado hace tiempo, ha sucedido: Dios ha hecho una alianza con los animales, de la cual, en trabajo conjunto con los seres espirituales y de la naturaleza, surge una nueva Tierra, el Reino de Paz, en el que los hombres viven en paz entre sí y con los animales. El primer paso hacia esta nueva era lo puede dar todo aquel que vive de acuerdo con el principio ético: Lo que no quieres que te hagan a ti, no lo hagas a los demás, ni al prójimo ni al hermano animal. Mirémosles a los ojos y preguntémonos cómo se sentirán en los establos repletos y en los mataderos, hasta que llegan como bistecs a nuestros platos.
Leonardo da Vinci dijo una vez: «Llegará el tiempo en que los hombres considerarán también la matanza de animales como un delito, así como lo es el asesinato de seres humanos». Y el Espíritu del Cristo de Dios manifiesta actualmente lo siguiente: «Está alboreando el Nuevo Tiempo, en el que acabarán los sacrificios sangrientos y los experimentos con animales, y también la matanza y el consumo de animales, pues éstos son el prójimo animal de los hombres» (Esta es Mi Palabra, pág. 372).
Usted ha leído correctamente: Los animales que han sido creados a raíz de la intervención humana en el curso natural y legítimo de la naturaleza, –y éstos no son sólo vacunos, sino que también cerdos y otras especies animales–, no tienen almas parciales. Ellos viven de la energía de todos aquellos que inventan algo así, que lo llevan a cabo, que obtienen ganancias de ello, como de aquellos que lo afirman, incluyendo al consumidor, es decir, a los hombres que apoyan esta cruel invención humana de fabricar animales como mercancía en masa, para luego matarlos y satisfacer así el apetito por la carne.
¿Por qué es esto así? Hagámonos conscientes por una parte de que Dios, que es la Vida, no da fuerza vital a esta conducta despótica y anormal del hombre. Por otra parte, el hombre no puede crear fuerza vital alguna. El se apodera, o mejor dicho, roba la substancia de la vida y con ella pone en escena su espectáculo dramático.
Hagámonos entonces conscientes de que los hombres como tales no pueden crear fuerza vital por sí mismos, sino que sólo por medio de la fecundación pueden poner cuerpos a disposición de la vida. En el niño creado de modo natural hay un alma que lleva en sí el núcleo de vida Dios. Dios es por lo tanto el portador de la vida en el alma y también el portador de la vida del cuerpo físico.
Lo mismo vale para la inseminación natural de los animales o para la fecundación natural de las diferentes especies vegetales. Dios es y permanece siendo el Creador, y por lo tanto la Vida.
Como ningún hombre puede crear fuerza vital, el hombre se transformó en ladrón. El quiere aprovecharse de la energía de vida concedida por Dios, para producir cuerpos terrenales de acuerdo con sus propósitos y a su arbitrio.
La consecuencia de esta descarada osadía ha sido que Dios se ha hecho cargo ahora de la Tierra con todas sus formas de vida y fuerzas vitales.
Repito: El hombre recibió de Dios el libre albedrío, porque en lo profundo de su alma lleva él la ley divina espiritual de la libertad. Porque esto es así, Dios les confió la Tierra a los hombres. Pero no les dio el derecho de ponerse por encima Suyo y de apoderarse de la fuerza de la vida, que es Dios mismo, para hacer con ella lo que los hombres quieran.
Y ahora estamos experimentando lo que significa apoderarse de la substancia de la vida, que es Dios, y servirse de ella. Los animales inseminados artificialmente, que tienen que ser matados para la producción en masa de carne, se niegan a los hombres. Prefieren morir y dejarse quemar antes de ser víctimas o presas del ladrón.
Tomemos consciencia otra vez de que todos los hombres que contribuyen a este delito monstruoso, son –quiéranlo o no– donantes, es decir, proveedores de su propia fuerza vital. De ellos fluye energía de vida hacia los animales que fueron creados en contra de la ley de la naturaleza. Lo mismo vale para los hombres que manipulan los cromosomas de los animales para clonarlos. Quien trate de clonar a seres humanos y quien esté de algún modo a favor de esto, tiene que saber que los hombres clonados tampoco tienen alma, y que dependen de la energía vital, del hilo de la vida de su creador humano, y del que dona los genes.
Entre los vacunos, que son por ejemplo “eliminados” por miles y miles como medida veterinario-medicinal, o son quemados para “mantener el precio de la carne”, hay muchos que fueron engendrados de forma natural. Ellos tienen almas parciales que durante este proceso sufren infinitamente y son también dañadas. Paralelo a esto está el sufrimiento físico de millones de animales producidos artificialmente.
¡Todo esto es obra de los hombres y no la voluntad de Dios!
Cuando Dios les entregó la Tierra a los hombres, con todo lo que está en ella, sobre ella y por encima de ella, no hubo ningún acuerdo entre Dios y los seres humanos que permitiera cualquiera intervención inescrupulosa en la vida.
El hombre ya no tiene respeto por nada, ni por su prójimo, el ser humano, ni por su prójimo animal o vegetal ni por sí mismo. Su vida instintiva está orientada, en unos más y en otros menos, hacia la destrucción.
La maldad y la codicia del hombre no se detiene tampoco ni ante los animales del bosque ni del campo. El les roba su espacio vital. El monstruo humano provoca que los animales del bosque y del campo sufran destinos semejantes a los animales en establos. En toda la Tierra los animales no son para los hombres otra cosa que una mercancía. En todos los continentes se les trata de la manera más cruel y brutal, se les obliga a la falta de libertad, a la dependencia y a la prisión, se les persigue y descuartiza, todo para el bienestar del hombre.
¿Qué sucede en los campos? La vida del suelo es exterminada por abonos artificiales, estiércol y abonos líquidos. Los terrenos tienen que rendir hasta que no den más, para aumentar la ganancia.
La agricultura industrializada ya no puede compensar con sus “artes” el agotamiento ruinoso de la tierra. Los terrenos ya no se prestan más para ello.
Debido al estiércol y a los abonos líquidos se destruye el equilibrio sano de la vida del suelo. También penetran en el suelo substancias contagiosas, como priones de la EEB, así como residuos del metabolismo animal, también los restos de los psicofármacos, antibióticos, anabólicos y hormonas que han sido eliminados, y otros medicamentos que han sido suministrados a los animales. La tierra transmite a las plantas las informaciones de estas substancias extrañas. Si los animales las comen, estas informaciones se depositan en su carne. Ya sea a través de las plantas o de la carne animal, estas informaciones extrañas llegan por último al hombre y pueden provocar más de algún transtorno en su organismo.
Una empresa de engorde de cerdos (de Alemania) tiene que demostrar que dispone de una cierta cantidad de campos y praderas para depositar el estiércol y los abonos líquidos que se producen. Por ejemplo, para 700 cerdos son necesarias cerca de 50 hectáreas de tierra, que de este modo son envenenadas sistemáticamente.
En la revista El Reino de la Paz podemos leer:
A propósito de estiércol y abonos líquidos: El shock de un repentino envenenamiento con nitratos es enorme para las plantas y los animales (animalitos que viven en la tierra, liebres, ciervos, pájaros).
¿O nos gustaría que alguien nos vaciara estiércol y abonos líquidos en la cabeza?
También los bosques, que son el hogar de muchos animales, son víctimas del egoísmo y de la ignorancia del hombre. Sin misericordia se talan los árboles que están aún en su savia. Intencionadamente se enciende fuego, para reducirlo todo a cenizas mediante incendios forestales gigantescos. Nadie pregunta cuántos animales perecen con esto, la codicia se pone por encima de la vida.
El hombre está exterminando la base de su vida, que es la naturaleza. Así se extermina a sí mismo.
Bosques tropicales gigantescos son talados o quemados sin consideración, para transformarlos en plantaciones. La capa de humus fértil, que es delgada y pobre en minerales, desaparece por lo general en pocos años. Lo que queda es un desierto incultivable.
Debido al exceso de crear praderas, a regadíos impropios, a insecticidas y abonos químicos, a causa del monocultivo y la maquinaria pesada, el hombre va dejando un rastro de suelos estériles. Los desiertos crecen.
Entretanto 172 Estados firmantes de un tratado se han reunido bajo la dirección de la Secretaría de Desiertos de las Naciones Unidas, para consultar sobre las posibilidades de ayuda a los países afectados. Un acuerdo sobre el procedimiento a seguir está en vigencia desde 1996. Pero el provecho de esto es incierto:
El aspecto práctico se desarrolla ... lentamente. Los países pobres afectados se quejan del escaso apoyo de las naciones industriales. La última conferencia en Recife (Brasil) en Noviembre de 1999 terminó con débiles resultados y discusiones sobre finanzas. (Periódico Volksblatt del 20.12.2000)
“Escaso apoyo”- cada uno es su propio prójimo. Se podría ayudar, pero no se hace. No se está afectado por el problema. ¡Todavía no!
La EEB ha dado un pequeño remezón a la arrogancia, al egoísmo, a la indiferencia e ignorancia de las naciones industriales europeas más ricas y favorecidas con un mejor clima. En regiones más pobres y menos privilegiadas se trata solamente de la pura sobrevivencia. El “Reino de la Paz” escribe lo siguiente sobre las “consecuencias de la demencia de la EEB”:
Por el excesivo consumo de carne de los países industrializados, están muriendo desde hace años los bosques en los países «menos desarrollados» y los campesinos con poco terreno pasan hambre.
La mitad de la cosecha de cereales de la Tierra la reciben los animales, que después sirven de alimento cárnico al hombre. Si el hombre consumiese directamente estos cereales, se terminaría de inmediato el hambre en el mundo.
El “Reino de la Paz” llega a la conclusión de que la única verdadera solución para el problema de la EEB, es hacerse vegetariano (Edición No. 2/2001).
Hacerse vegetariano ya no es por lo tanto un asunto privado y exclusivamente personal.
Dios es la Vida en Sus formas de vida. El nos da Su fuerza en nuestros alimentos, en los cereales, en los frutos, en la verdura, en la fruta, en las diferentes hierbas. Si el hombre no los respeta, si deja que se descompongan intencionadamente, tiene que hacerse responsable de ello. La ley de siembra y cosecha le enseñará y le hará sentir algún día cuán valioso es lo que el Creador nos regala a través de la Madre–Tierra.
Cuanto más graves son así por ejemplo las decisiones de destruir una parte de los alimentos disponibles, para mantener el precio. ¡Dejamos que otros se mueran de hambre y pedimos donativos, por ejemplo para el Tercer Mundo!
Debido a que Dios, el Creador, que es la Vida, se ha hecho cargo de la Tierra, los animales, las plantas y los minerales ya no tienen motivos para someterse al dictado y al capricho del hombre, ni para soportar su crueldad y su frialdad de corazón. La Tierra se está liberando de la esclavitud de muchos milenios.
Ahora está sucediendo lo que el Señor, Dios, el Eterno, dice en “Esta es Mi Palabra“: La Tierra está en vísperas de purificación, sacudiéndose en primer lugar todo lo que le impide entrar en una vibración más elevada. Con ello ofrece a los hombres la posibilidad de vivir sobre ella como corresponde a Mi voluntad, a Mi Ley. Este poderoso cambio de era ha comenzado. Yo, el Espíritu de la verdad, lo hago todo nuevo (págs. 1051/1052).
Así entonces se hará la voluntad de Dios. La Tierra, los animales, las plantas y piedras ya no servirán más al hombre.
Esto significa que las enfermedades de los hombres aumentarán de acuerdo con la ley: Lo que el hombre siembra, eso cosechará. Así como el sistema inmunitario de los animales está dañado, también se debilitará el sistema inmunitario del hombre. La legitimidad que dice que “la acción es igual a la reacción” trae consigo el hecho de que el que acciona sufrirá enfermedades que para los médicos son desconocidas. Y muchas enfermedades no podrán ser sanadas debido a que el sistema inmunitario se ha debilitado. Esto trae consigo enfermedad o una muerte temprana. Lo que significa: Morir anticipadamente a raíz de causas creadas por el mismo hombre.
En la Edad Media ardían las hogueras, en las que se quemaban los cadáveres de los hombres aniquilados por la peste, a otros se les destinaba a morir en la hoguera, habiendo recibido la bendición de la casta eclesiástica para ser quemados, porque supuestamente tenían un pacto con el diablo. En la época actual se plantea la pregunta: ¿Cómo se llama el diablo que cabalga hoy sobre la humanidad? Satanás dispone en la actualidad la quema de animales, mañana se quemará a sí mismo, pues las hogueras del presente para los animales, serán mañana las hogueras para los hombres.
Las causas provocadas, los daños a la Tierra, muestran cada vez más sus efectos: EEB, fiebre aftosa, catástrofes de la tierra y muchas otras cosas son sólo los comienzos. La peste llamada hombre ha encendido un fuego que no se podrá apagar hasta que Satanás ya no tenga servidores y se extermine a sí mismo.
También en el mundo ha habido siempre algunos que han prevenido. El conocido investigador ambiental Dennis Meadows, publicó hace ya 30 años un importante informe sobre el tema “Fronteras del desarrollo” A fines de 1999, cuando aún no se hablaba del escándalo actual de la EEB, llegó a la conclusión de que muchas de las cosas que el hombre le ha hecho a la Tierra, ya no se pueden arreglar. El hombre, dice Meadows, está conduciendo a la Tierra irremediablemente a un colapso.
Es interesante ver las conclusiones que saca este científico: Aunque también desde su punto de vista el colapso global es inevitable, según él de cualquier modo es necesario un cambio profundo en la forma de pensar, siendo esto imprescindible para el futuro de la Tierra y del hombre. El exige “una nueva ética” y propone que se debería “desarrollar un nuevo modelo de visiones alternativas a largo plazo, que puedan unir y conducir a nuestras especies en este planeta”.
Muchas personas son todavía esclavos de la Iglesia y de la ciencia. Como ya se ha dicho, tanto la Iglesia como la ciencia han demostrado en los últimos siglos que no saben nada. Lo que ayer tenía validez, ahora no es válido. Lo que hoy parece correcto es mañana falso. Así es también con la EEB, con la fiebre aftosa y con los experimentos que se han hecho con los animales, los cuales se han mostrado en los resultados ya conocidos. La atmósfera contaminada y la destrucción de la capa protectora de la Tierra, son también causas provocadas por los hombres, que volverán a ellos.
En resumidas cuentas: La ciencia está investigando en aguas turbias. Lo que encuentra es una tabla podrida a la que se aferra como un náufrago, sacando conclusiones que luego da a conocer como su propia sabiduría. Sin embargo, sus inventos no son la última palabra.
La ciencia y la Iglesia van siguiendo las huellas de aquél que quiso y quiere elevarse para llegar a ser como Dios mismo. Para esto se sirven de las energías de Dios, entre otras cosas a través de los hombres que les siguen como esclavos.
La Iglesia, que se engalana con el nombre del Cristo de Dios, habría tenido el deber de hacer lo que Dios quiere y contribuir a que se haga Su voluntad. Pero en vez de esto torció y mutiló la enseñanza de Jesús, en muchos puntos la transformó en lo contrario, presionó a los creyentes con enseñanzas erróneas, los transformó en dóciles instrumentos y provocó –directa e indirectamente– la caída de los valores éticos y morales.
La Iglesia condujo hacia el exterior la religión interna de la unidad que trajo Jesús, y la dejó petrificarse en dogmas, ritos y ceremonias. Su intención no fue el Reino de Paz, sino formar y asegurar siempre su monopolio de poder. Actuó sin contemplaciones, con crueldad y brutalidad en contra de los que tenían otra creencia, llegando incluso al asesinato. En todas sus acciones obró sin misericordia en contra de la vida, también con respecto a la Tierra. Por lo tanto, como la Iglesia –tanto la católica como la luterana protestante– traicionó a Cristo, se apoderó de la enseñanza del Buen Pastor y la falsificó, conduciendo así a Sus ovejas al error, tiene la mayor parte de culpa del hundimiento de este mundo, cuya fase final estamos viviendo.
Pero también los hombres se han hecho culpables. Dios le dio al hombre entendimiento, para que lo aplique.
Ya el vidente de Patmos reconoció: “Apártate de ella, pueblo Mío, para que no participéis de sus pecados y no os contagiéis con sus plagas“. En ese tiempo no existía el impuesto a la Iglesia, por eso actualmente habría que decir: “Renuncia a ella, pueblo Mío, para que no participéis de sus pecados y no os contagiéis con sus plagas“.
El descenso de la humanidad continúa. Este ya no se puede detener, porque la masa de los hombres no sólo ha pisoteado las palabras de advertencia de Dios, sino que las quiere apisonar completamente.
Ni la Iglesia ni la ciencia podrán desplazar a Dios, tampoco el Estado. Dios es, y la Tierra es ahora Suya.
Queridos semejantes, no os engañéis. La epidemia de EEB no se reduce sólo a la enfermedad Kreutzfeld-Jacob. La enfermedad EEB, que fue conjurada por el hombre, está en todas las células del cuerpo de la gente que comió y come con deleite la carne de sus hermanos animales, a menudo a pesar de saber que no lo deberían hacer. Dios advirtió de dejar poco a poco el consumo de carne y purificar al mismo tiempo los sentidos. Gracias a los sentidos purificados va desapareciendo completamente el deseo de consumir alimento animal.
La EEB tiene muchas secuelas. Aquél que sigue siendo partidario esclavizado de la ciencia, cree que la enfermedad Kreutzfeld-Jacob aparece sólo después de muchos años, si es que en realidad aparece. Pero éste es uno de los muchos consuelos en los que cae más de alguno y sigue consumiendo con deleite la carne de sus hermanos animales. Si nos hacemos conscientes de que el sistema inmunitario del hombre está cada vez más débil, sabemos entonces cuál es la consecuencia: múltiples enfermedades, a menudo incurables.
Actualmente (2001) son quemados cientos de miles de animales; pronto morirán los hombres por miles, pues siguen obrando sobre la base de sus efectos, lo que conducirá a las consecuencias correspondientes, que ellos tendrán que sufrir de igual modo.
En primer lugar se producen cuerpos de animales faltando a la ley de la vida. Son muchos los que participan de esta culpa colectiva, entre otros los consumidores de la carne. También aquél que dicta la ley, el que emite las ordenanzas o fija las subvenciones, además aquellos que por ejemplo han transformado el mandamiento “No matarás” en “No asesinarás”; todo aquel que tenga que ver con esta acción, aunque su participación sea mínima, recibirá su parte de la ley causal.
Lo segundo es la muerte de los vacunos y la forma cruel como se les mata. Una vez más es el karma del campesino que mantiene animales para producir carne, de aquel que practica el engorde artificial de animales, del contemporáneo que come la carne, etc., etc., etc.
El karma de los responsables del Estado, de la ciencia y de la Iglesia es incalculable. Ellos tranquilizan al pueblo con declaraciones falsas. Además, ningún ministro puede garantizar a los comedores de cadáveres que la carne que se les ofrece esté libre de EEB.
Es posible que más de alguno de los que oficialmente aseguran a los ciudadanos de que el consumo de carne no es ningún peligro para la salud, haya sacado ya otras conclusiones para su v |