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  La posición de la mujer en la comunidad

Pregunta del amigo de Cristo:
El día 28.5.1996 leí en el periódico alemán «Süddeutsche Zeitung» que una teóloga de Bonn de 33 años y su colega de 48 años fueron ordenadas sacerdotisas de la Iglesia católica romana. Al reflexionar sobre ello me acordé de una noticia publicada en el diario «Neue Presse» de la ciudad alemana de Passau del 25.2.1995 que informó que en la Iglesia protestante ya existe la primera mujer obispo. Es probable que en los departamentos regionales de la Iglesia protestante alemana existan ya otras mujeres obispo. Se trate de una o varias mujeres obispo en la Iglesia protestante, o bien de una o varias sacerdotisas en la Iglesia católica romana, se plantea la siguiente pregunta: ¿Ha quedado Pablo con sus epístolas bíblicas fuera de uso? De ser así, serían sólo palabras de un ser humano y no dadas por Dios. O bien Pablo introdujo sus prejuicios contra las mujeres en las Epístolas inspiradas por Dios cuando escribió las siguientes frases en la 1ª Epístola a los Corintios 14, 34-35: «Como es habitual en todas las Comunidades de los santos, las mujeres cállense en las asambleas, porque no les toca a ellas hablar, sino vivir sujetas, como dice la Ley. Si quieren aprender algo, que en casa pregunten a sus maridos, porque no es decoroso para la mujer hablar ante la Comunidad».
¿O Dios se ha vuelto un espíritu del tiempo actual que hoy habla de esta manera y mañana de la otra, que ayer se manifestó a través de Pablo contra las mujeres en la Comunidad y que hoy ha cambiado su opinión estando a favor de que las mujeres hablen en la Comunidad? ¿Han engañado a Dios las Iglesias protestante y católica romana? ¿O han engañado a Pablo? ¿O han traicionado a ambos: a Dios y a Pablo?
Sea como fuere: si la afirmación de Pablo es correcta y proviene de Dios, se trata aquí de una traición por parte de ambas Iglesias contra Dios y Pablo. Ambas Iglesias actuarían pues contra las indicaciones de Pablo, que dicen claramente: «Como es habitual en todas las Comunidades de los santos, las mujeres cállense en las asambleas, porque no les toca a ellas hablar, sino vivir sujetas, como dice la ley. Si quieren aprender algo, que en casa pregunten a sus maridos, porque no es decoroso para la mujer hablar ante la Comunidad». ¿Qué dice a esto la voz del corazón, de la verdad eterna?
Respuesta del profeta:
Las Iglesias institucionales y muchos grupos derivados de ellas se rigen por la palabra de la Biblia, que es -como se sabe- una selección de incontables escritos apócrifos, y en los cuales, como también se sabe, muchos redactores han introducido en innumerables párrafos interpretaciones que corresponden a su consciencia. A continuación de esta recopilación de palabras que se denomina en su conjunto la Biblia, Jerónimo, que había sido encargado de la versión definitiva, escribió al Papa: «Me obligas a crear una nueva obra de una antigua... ¡Que no venga después uno que me censure públicamente de ser un falsificador y sacrílego religioso, por haberme atrevido a añadir, cambiar o rectificar algo!».
En en el estudio de teología es usual consultar la Biblia de Jerónimo. No sé de qué quieren enterarse con ello los estudiantes de teología, porque a Dios no se le puede estudiar. Jesús no creó la teología sino que nos exhortó a seguirle. En la época de Jesús Sus seguidores no fueron los intelectuales sino hombres de todas las capas sociales: Sus apóstoles, discípulos y discípulas.
Jesús jamás pronunció una palabra contra las mujeres. Las discípulas de Jesús fueron consieradas igual que los discípulos. Jesús no hizo diferencia alguna entre ellos; hombre o mujer, ambos podían hablar con El, y a todos les enseñó el evangelio del amor. El mandó a Sus seguidores y seguidoras cumplir los Mandamientos, es decir, poner en práctica correctamente la enseñanza, para a continuación llevarla al mundo a las personas de corazón abierto.
En «Esta es Mi Palabra»*, págs. 698-700 está escrito:
1. Jesús llegó a una fuente, cerca de Betania, en torno a la cual crecían doce palmeras, adonde a menudo iba con Sus discípulos para enseñarles los misterios del Reino de Dios. Se sentó allí con Sus discípulos, a la sombra de los árboles.
2. Y uno de ellos dijo: «Señor, desde antiguo está escrito que Elohim creó al hombre según Su propia imagen, creando hombre y mujer. ¿Cómo, pues, has dicho que Dios es Uno?» Y Jesús les dijo: «en verdad os digo que en Dios no hay ni hombre ni mujer, y sin embargo ambos son uno y Dios es ambos en uno. El es Ella, y Ella es El. Elohim, nuestro Dios, es perfecto, infinito y uno.
3. De modo que en el hombre está personificado el padre y oculta la madre; así en la mujer está personificada la madre y oculto el padre. Por eso el nombre del padre y de la madre serán igualmente santificados, porque ellos son las grandes fuerzas de Dios, y el uno no es sin el otro, en el Dios Uno. (Cap. 64, 1-3)
...Quien en el mundo considera inferior a la mujer y pone al hombre por encima de la mujer, infringe la ley de la vida, el principio Padre-Madre, que es la ley universal».
El que objeta contra la mujer que habla en la Comunidad, y valora así de forma desigual a Eva que sedujo supuestamente a Adán, debería considerar que Eva ofreció solamente la manzana a Adán, sin obligarle a comer de ella, puesto que ambos conocían la prohibición de comer de los frutos de ese árbol. Si Adán mordió la manzana con satisfacción, debe haber llevado en sí unas disposiciones parecidas a las de Eva, la supuesta seductora, pues él no carecía de conocimiento. Si se observa con más detenimiento al supuestamente seducido y a la supuesta seductora, Eva, la pregunta de a quién le es permitido hablar en la Comunidad y a quién no, se contesta casi por sí misma. Ambos, hombre y mujer, deben callarse cuando en la vida diaria no cumplen lo que Jesús mandó a todos aquellos que Le quieren seguir.
El romano intelectual Saulo se convirtió en algún momento en el discípulo Pablo, llamado también apóstol. Pero quién es el que habla desde sus Epístolas -Saulo, Pablo, o Dios a través de Pablo-, solamente puede descubrirlo aquél que se ha puesto en camino para no ser ni obispo ni obispa, ni cura ni sacerdote ni sacerdotisa, sino únicamente servidor o servidora de Dios que ha encontrado el camino a la voz del corazón. Entonces habla en él la voz del corazón, Dios, el Espíritu eterno omnisapiente que es invariable ayer, hoy y mañana.
La voz del corazón, Dios, nunca me dijo que Sus hijas deberían callarse en la Comunidad para dar preferencia a Sus hijos varones. Ambos son pecadores; Eva ofreció la manzana, y el ansia de Adán, que conocía la prohibición, la mordió. Por lo tanto, ambos son igualmente pecadores, en mayor o menor grado.
La voz interna dice: Yo Soy el Dios Padre-Madre de todos Mis hijos.
No dice nada de diferencias.
El amor de Dios no hace diferencias entre seductor y seducido, entre un pecador y un bienaventurado. Dios ama a todos por igual. El bienaventurado se ha orientado a Dios y se ha propuesto cumplir el orden del templo, es decir, purificar su alma. Por ello se ha acercado a Dios y puede percibir la voz del corazón. El pecador, sin embargo, se ha apartado de Dios, sigue cargando su alma y escucha la voz de los hombres que en la mayoría de los casos es demasiado humana. Tenemos el libre albedrío de escuchar a Pablo que hace diferencias entre el hombre y la mujer, o escuchar a Jesús y a la voz de Dios, que ama a todos los seres humanos por igual, sean hombre o mujer, pecador o bienaventurado. No obstante, las Iglesias institucionales protestante y católica romana deberían aclararse sobre una cuestión: en sus Biblias tienen las indicaciones de Pablo, que ellas ya no siguen. Ambas Iglesias han convertido con esto una parte de su Biblia en papel de desecho, una parte que deberían eliminar algún día de sus Biblias para insertar en su lugar sus propias indicaciones. Quizás habrá entonces, de forma similar al caso de Pablo, cartas obispales, a saber, de aquellos obispos que hayan instituido obispas u ordenado sacerdotisas.
El amigo de Cristo pregunta:
Has dicho que la Iglesia protestante y los católicos romanos han convertido una parte de la Biblia en palpel de desecho. Yo opino que no solamente la indicación citada de Pablo se puede considerar ahora papel de desecho sino también -según la doctrina de las Iglesias institucionales- una parte de las enseñanzas de Jesús en el Sermón de la Montaña; pues Jesús habló al final de éste de la acción correcta, es decir: «Aquel, pues, que escucha Mis palabras y las pone por obra, será como el varón prudente, que edifica su casa sobre roca. Cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y dieron sobre la casa; pero no cayó, porque estaba fundada sobre roca. Pero el que escucha estas Mis palabras y no las pone por obra, será semejante al necio, que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y dieron sobre la casa, que se derrumbó estrepitosamente». En algunos sectores de la Iglesia protestante, sin embargo, se enseña que sólo basta con tener fe; y de círculos católicos se oye decir una y otra vez que el Sermón de la Montaña es una utopía que no es posible poner en práctica en la vida diaria. En este punto veo que hay un recorte fundamental de la enseñanza de Jesús.
Respuesta del profeta:
Precisamente la Iglesia católica insiste en que hay que tomar la palabra de la Biblia literalmente. Sin embargo es ella quien interpreta las palabras de Jesús según su parecer, o no toma en consideración algunas partes, como por ejemplo las indicaciones de Jesús al final del Sermón de la Montaña cuando habla de la acción correcta. Y en la Iglesia protestante se introdujo hábilmente en el tejido doctrinal que sólo basta con tener fe. ¿No es una jugada muy astuta el atar a la Institución al que solamente cree, para realzar a continuación de forma justificada a los sacerdotes y curas hasta el punto de absolver los pecados de sus semejantes, quienes pueden contar con la absolución aunque vuelvan a cometer el mismo pecado una y otra vez?
¿Qué pasa cuando un hombre de negocios mete las manos en los bolsillos y dice: «Creo que mi negocio florece. Creo que el trabajo se hace por sí mismo». Muy pronto verá que su negocio no florece y que el trabajo no se hace por sí mismo sino que se va acumulando día tras día. Algo parecido pasa con la frase que se asigna a Lutero de que sólo basta basta con tener fe. El que solamente cree sigue pecando «valientemente», tal como Lutero lo recomendó: ...«Peca con valentía, pero cree con más valentía», y así se van creando montañas de pecados.
¿Quién ha de expiarlos? ¿Quizás Cristo, que como se va diciendo por las instituciones eclesiásticas, lo ha hecho todo por nosotros? ¿Qué pasaría si el Cristo de Dios nos quitara nuestras montañas de pecados? Sucedería que a medida que se redujera la montaña de pecados, formaríamos otra montaña similar. De esta manera no podríamos alcanzar nunca la bienaventuranza sino que permaneceríamos siendo siempre pecadores. No obstante, Jesús nos dijo: «Debéis ser perfectos como lo es vuestro Padre celestial». Dado que casi nadie dirá de sí mismo que es perfecto, hemos de actuar correctamente para llegar a ser perfectos. Esto significa que debemos aprovechar los días para reconocer nuestros pecados y, con la ayuda del Hijo de Dios, nuestro Redentor, arrepentirnos de ellos, purificarlos y no hacerlos más. El que reconoce sus pecados, se arrepiente de ellos y no los vuelve a cometer; de este modo se halla en la fe activa y por lo tanto en la misericordia de Dios. El pone por obra las enseñanzas del Señor y construye así sobre la roca Cristo hasta que esté firme en El y llegue a ser perfecto como Ser en Dios, tal como Jesús lo mandó a todos los hombres.
En la Biblia de las instituciones eclesiásticas se lee en el Sermón de la Montaña: «No penséis que he venido a abrogar la Ley o los Profetas; no he venido a abrogarla, sino a consumarla. Porque en verdad os digo que mientras no pasen el Cielo y la Tierra, ni una jota, ni una tilde pasará de la Ley hasta que todo se cumpla. Si pues, alguno descuidase uno de esos preceptos menores y enseñare así a los hombres, será tenido por el menor en el Reino de los Cielos; pero el que practicare y enseñare, éste será tenido por grande en el Reino de los Cielos». Por consiguiente, las Iglesias institucionales y los grupos derivados de ellas, es decir, todos los que apelan al uso literal de la Biblia y quitan una sola jota de ella, están dando testimonio de cuál es el valor de la misma.
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