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«El Profeta»
 > «El Profeta» Nr. 7

La vida de los "cristianos"
en el transcurso del año



El Amigo de Cristo:

Cuando recientemente ojeaba un catálogo de una casa de venta por correo me encontré en sus páginas con todo tipo de cosas "navideñas". Junto a ropa elegante y objetos en parte finos y bonitos, encontré fotos de todo aquello que en la imaginación de la mayoría de las personas da forma a la "Navidad". El verde de los pinos y el brillo de las velas, los ojos resplandecientes de los niños, la sensación de felicidad familiar en torno a la mesa de regalos. El Papá Noel de mejillas rojas o Santa Claus presentaba con una sonrisa pícara su repleto saco; angelitos de barro o plástico cantando y tocando diversidad de instrumentos; un joyero musical que podía tocar según se elegía canciones como "Noche de paz", "El tamborilero" o "Venid pastorcillos". Belenes de Navidad de madera o plástico se ofrecían con la tierna figurita del niño Jesús en la cuna de madera o plástico con las manitas levantadas bendiciendo, junto a una María llena de devoción y a un José que mantenía en alto el farol del pesebre en el que brillaba una bombillita que daba la luz justa. Ahí estaban los pastorcillos arrodillados, las ovejitas y los tres Reyes Magos de oriente en vestiduras suntuosas con coronas en las cabezas.También estaba allí la estrella de Belén y los angelitos regordetes vestidos con lazos ondeantes, todo lo que forma parte de una Navidad "correcta", tal y como es debido.

Unas páginas más allá se ofrecían colgantes de bisutería en forma de Cruz en parte con el cuerpo de Jesús, en oro y plata, decorados con diamantes y, para la cartera menos abultada, con pedrería barata. Junto a los dulces tradicionales de Navidad tambien se ofrecía paté fino de hígado de ganso y jamón dulce de calidad y muchas cosas más.

En las más de 1000 páginas de ese catálogo me encontré, acumuladas por especialistas publicitarios profesionales, con todas las imágenes de deseos, los clichés que vienen estando vivos por Navidad en las personas. Si no existieran, estos hábiles especialistas publicitarios con conocimientos de psicología no los presentarían en las imágenes de forma tan lograda y publicitariamente eficaz. Me afectó y me vino el pensamiento: ¿qué hemos hecho los hombres, los cristianos, de la Navidad?

Pero en seguida me acordé que, a pesar de naturalmente sentirme cristiano durante mi pertenencia a la Iglesia católica -que finalizó hace 18 años- también había sido parte de mi mundo esa Navidad exteriorizada con sus clichés y sentimentalismos. Aunque año tras año acudía a la misa del gallo, y cada domingo a misa, sólo me hice consciente del verdadero significado de la Navidad cuando le di la espalda a la Iglesia y me puse a buscar la verdad.

 

El Profeta:

Así como te fue a ti, parece que les ha ido y les va a muchos que se llaman cristianos. Navidad se ha convertido en un barullo, en un espectáculo de la gula y de la vanidad, de que sólo puede escapar aquel que se ocupa de seguir a Cristo y desarrolla los valores internos. Sólo cuando nos hagamos conscientes de que Cristo está vivo en nuestros corazones y que nosotros transformamos los contenidos de nuestra vida por medio de la aplicación activa de los Mandamientos de Dios y el Sermón de la Montaña de Jesús, cambiarán también nuestras imágenes de Navidad, que son lo mismo que nuestro mundo de programas. Entonces también nos acordaremos del Hijo de Dios, cuyo nacimiento como hombre es el motivo de la fiesta de Navidad.

Cuando escucho hablar del nacimiento de Jesús, mi corazón se alegra en el alma, pues especialmente en el tiempo de la Navidad me doy nuevamente cuenta de lo que supone que el Hijo de Dios dejara tras de sí el Cielo, la gloria, la existencia divina, la paz y a fin de cuentas al Padre eterno y también Su trono, que está a la derecha del Padre, para encarnar en un cuerpo humano, en un bebé.

El aceptó, al igual que todos los niños de esta Tierra, el áspero y frío mundo terrenal, para vivir en él. Los ricos de este mundo tienen cuartos calientes, provistos de cosas valiosas. Su vida transcurre en una sociedad de bienestar, en la que el uno no piensa ni habla precisamente bien del otro, pero en la que la riqueza una y otra vez tapa las muchas desavenencias interpersonales, según la máxima: "Si tú no me haces nada, yo tampoco te hago nada a ti".

En esta consciencia viven muchos ricos, y viven, en la medida en que uno puede hablar de "bien", muy bien. Externamente uno puede permitirse todo lo imaginable, se está "bien situado".

Pero, ¿cómo le fue al Portador de la riqueza, al bien acomodado de los Cielos, al Hijo del Altísimo, que vino del reino interno, en el cual todo los seres son ricos, porque son herederos del infinito, es decir realmente bien acomodados? Jesús vino a una familia de carpinteros, a María y José. El no vino a una familia terrenal acomodada, sino a hombres que por medio de una vida consciente de Dios agradaban al Eterno, que por medio de Su ángel les anunció la Buena Nueva. María y José eran personas que sentían a Dios, que llevaban en sus almas la misión que cumplieron, de acoger entre ellos como hombre al Hijo del Altísimo. El vino en medio de ellos, rodeado de pastores, ovejas y de otros animales que estaban en torno al lugar del nacimiento, en el pesebre que albergó la Luz de los Cielos.

A pesar de que yo en mi vida terrenal he tenido que pasar por más de alguna privación, estoy agradecida y contenta de no ser rica externamente. Posesiones, poder, un prestigio de millonario, me acongojarían ante la faz de Dios, que permitió que Su Hijo naciera en la vulgaridad de este mundo, que confió a hombres que sólo poseían una pequeña casita y no tenían otra cosa para comer, que lo que José ganaba con el trabajo de sus manos.

 

El Amigo de Dios:

Si Dios estuviera a favor de la riqueza de los ricos, habría hecho que Su hijo se encarnara en una familia rica, o habría ayudado a María y José a alcanzar bienestar. Precisamente la Navidad simboliza para mí el amor de Dios. Precisamente la Navidad me muestra que yo con mis pocas pertenencias sigo el camino correcto. Precisamente por Navidad siento que importa únicamente que hagamos lo que el Corregente de los Cielos en Jesús de Nazaret nos enseñó y vivió como ejemplo. Precisamente por Navidad siento que a mí, una pequeña lucecita, se me permite seguirle a El, la gran luz, encendiéndome una y otra vez en la gran luz, en el Cristo de Dios, de manera que mi llamita de amor se haga más grande.

Navidad ya no es para mí todo lo que nos encontramos en los mercados de Adviento o de Navidad, en las avenidas comerciales de las ciudades, o las ofertas de las casas de venta por correspondencia, sino que las semanas del Adviento y la Navidad misma son para mí un tiempo muy especial.

Por Navidad pareciera que en mí se abriesen las compuertas y se liberaran fuerzas que me acercan no al niño Jesús, sino al Cristo de Dios, que vino en Jesús a nosotros, que entró en la oscuridad de este mundo y nos trajo la luz de los Cielos, la promesa del amor de Dios y de la Redención para todas las almas y hombres.

 

Respuesta del profeta:

¡Cuánta razón tienes! Navidad es un tiempo especial que puede ablandar el corazón de los hombres, cuando éstos durante el año han llevado a cabo y han aplicado lo que rompe la costra dura del egoísmo y del provecho propio, lo que reconcilia a los hombres y les hace más pacíficos: la purificación de lo humano pecaminoso para poder seguir a Jesús, el Cristo. Entonces nuestra alma se ha vuelto más luminosa, pues sentimos que el año que ahora se inclina a su final ha merecido la pena para nosotros. Nuestra vida transcurre cada vez más consciente, porque Cristo se ha convertido en el centro de nuestra vida. Hemos dado pasos que nos condujeron a nuestro prójimo para estar a favor de él. Aumenta la comunicación positiva con nuestros semejantes, con los animales, plantas, piedras, astros y fuerzas elementales, con todo lo que vive. Esto trae una sensación de agradecimiento en el estar plenos, que significa felicidad interna y nos hace ricos, independientes de cómo es lo externo, el bienestar material. Quien desarrolla la riqueza interna, también se alegra con las pequeñas cosas de la vida, se vuelve consciente de la vida y cercano a ella. Afirma en todo lo positivo, aunque también vea lo negativo. A lo contrario a la ley divina no le dará fuerza, sino que se unirá con lo positivo, es decir establecerá comunicación con ello.

Estamos en la Tierra para ir a la escuela que es la Tierra, es decir, para dar día a día nuestros pasos de aprendizaje, reconociendo, arrepintiéndonos y purificando los aspectos de nuestros pecados que el día nos refleja, para que nos acerquemos cada día más a Dios, nuestro Padre, con la ayuda del Cristo de Dios y con Su conducción. En este camino de reconocimiento y purificación nos volvemos más sensibles y abiertos con nuestros semejantes, pues nuestra alma se enciende cada vez más con la luz del Cristo de Dios.

Si miramos a este mundo, entre todas las conductas funestas, ávidas de poder, explotadoras y codiciosas se ve una y otra vez una lucecita, una persona que se aparta de esta existencia de vampiro y se dirige a Cristo, que se ha decidido por algo mejor, que mide su forma de pensar y vivir con los Diez Mandamientos de Dios y con las enseñanzas de Jesús. En que estas luces aumenten en número, para que formen una red de luz que abarque toda la Tierra, que atraiga a otros que quieran encender la luz de su corazón mediante una vida positiva y orientada a Dios, en ello está la esperanza de un mundo mejor y verdaderamente cristiano, en cuyo centro esté Cristo, la vida en Dios. Tales personas son mansas, es decir de corazón dulce, porque durante todo el año han luchado contra sus errores y debilidades, contra su forma de pensar y comportarse egoísta, para liberarse de todo ello con la ayuda de nuestro Redentor. Son personas que en gran medida se han apartado de la fruslería de las figuritas de arcilla, cera o madera, que se supone simbolizan al Niño en Belén, para orientarse al Resucitado, cuya fuerza redentora vive en ellos, así como en cada uno de nosotros. Son aquellos que se han propuesto guardar el orden en su propio templo, lo que quiere decir, limpiar de pecados el Templo de Dios, es decir el alma y el cuerpo, para que la gran luz -de la que estabas hablando- pueda resucitar cada vez más en el alma y en el cuerpo del hombre.

Estas personas que viven en Dios son aquellas que conocen la fuerza y el poder universal de Dios, que vive en cada persona y en todas las formas de vida. Para ellos rige lo siguiente: Levanta la piedra y encontrarás a Dios. Siente en la gota de agua, en el arroyuelo, la majestuosa ola del mar y Le experimentarás. Observa un animalito y percibirás la vida de Dios. Mira una flor y verás la luz del Cielo. Mira en el firmamento, observa los astros y hacia ti irradiará el poder universal de Dios. Acepta a tu prójimo y experimentarás que en él vive el amor de Dios.

Para tales personas, la fiesta de Navidad es una gran fiesta de agradecimiento por el año que está llegando a su final. Viven en la observación interior y saben que también ellos son hijos del Altísimo, que durante su existencia en la Tierra maduran espiritualmente para ir a la Eternidad, a Dios, es decir, para regresar a Aquel que nos envió a Su Hijo, Jesús, el Cristo, a nosotros los hombres.

En la época de Navidad se gastan grandes cantidades de dinero para generar luz a nivel externo en las calles de las ciudades, en las casas y en parte también en la zona delantera de los jardines, luz que no está desarrollada en el interior de muchas personas. Naturalmente que la llama de luz divina, la llama de Dios, la llama redentora, se halla inextinguible en lo profundo de nuestra alma, y naturalmente que esta llama es alentada en algunos, especialmente en la época de Navidad. Pero donde no se derritió el hielo del corazón durante el año, poco más podrá florecer, desde la sensación llena de anhelo de lo profundo del alma y del corazón, que una melancolía difusa, un sentimentalismo. Y el sentimentalismo se puede reconocer porque no da frutos, es decir no conlleva consecuencias para la forma de pensar y vivir de cada uno. Sentimentalismo significa remover los sentimientos poco claros de melancolía y de culpas no confesadas, mezclados con autocompasión, la pena por haber descuidado algunas cosas. Quien se entregue al sentimentalismo, apenas será dichoso por ello, y en cambio no tardarán en presentarse las inculpaciones dirigidas al prójimo: reproches, acusaciones y no escasas agresiones. Además en la llamada "Nochebuena" se pelea mucho; eventualmente se espera aún a que los pequeños se hayan ido a la cama, para empezar con las discusiones. Muchos ahogan con vino y champán sus intensas y agresivas alteraciones de ánimo. "Noche de paz, noche de amor". Y al día siguiente se continúa como antes. Si algunos mirasen más a fondo en sus arrebatos sentimentales navideños y dejasen aflorar sus sentimientos, ganarían con ello en autorreconocimiento y en fuerza para arrepentirse de algunas cosas hechas o desatendidas por propia culpa y podrían reparar muchos de estos daños, con la fuerza de su y nuestro Redentor, Cristo, e iniciar así un cambio en su vida. Tal como el sol de un único día no puede convertir un gran bloque de hielo en agua viva fluente, tampoco se ablandará en Navidad el corazón de más de un "cristiano" que ha utilizado las energías de sus días para estrujar suavemente a sus semejantes o exprimirles sacándoles lo que pudiera beneficiarle a él. Muchos hace tiempo que hicieron callar la voz de su conciencia, para no ser más que un poquito conscientes de que durante todo el año han menospreciado a sus semejantes, han abusado de éstos para alcanzar sus fines, les explotaron, hicieron valer sus exigencias de propiedad, les presionaron para que hicieran lo que ellos mismos no quieren hacer, ellos que han ascendido a codazos en la escalera del éxito. Ha sido y es el estrujar suavemente a sus semejantes mediante difamación, discriminación, mediante la difusión de falsedades y otras muchas cosas. Muchas personas han llegado al borde de lo estrictamente necesario para vivir, millones no tienen trabajo. Sin embargo, muchos miles son millonarios que continúan llenando sus cuentas bancarias para que les vaya bien en la Tierra. Todos ellos, ricos y pobres, explotadores, instigadores, violadores, los que maltratan niños, propietarios de burdeles, torturadores de animales, chantajistas y muchos otros se llaman "cristianos"; muchos de ellos son católicos o evangélicos-luteranos. Se sientan en el círculo familiar como padres y madres queridos alrededor del abeto recién talado que exhala el perfume de su fuerza vital, comen "con buenos modales" la langosta arrojada viva al agua hirviendo o el ganso ahora asado, cebado en grasa con lo que le embutieron, cantan "Noche de amor, noche de paz", reprimen tal vez una lágrima de añoranza porque, captados por el ambiente navideño, tienen que pensar en su infancia, en la que su padre y su madre por lo menos en la hora de la Navidad les regalaban un poco de "mundo feliz" en el salón.
La fiesta de Navidad, la "fiesta culminante del año", se ha convertido en la coronación de la ridiculización de Jesús, el Cristo. Arrojemos a continuación algunas luces aclaratorias al mundo de falsas apariencias que se realiza en nombre del ser cristiano. Alrededor del tiempo de Navidad el año se inclina hacia su fin. Miremos retrospectivamente hacia el año. Algunos días después de la fiesta de Navidad comienza el barullo del Año Nuevo, en el que "cristianos" lanzan al aire algunos cientos de millones en castillos de fuegos artificiales como efecto teatral para el año que comienza. Cuántas personas podrían ser ayudadas con estos millones - niños que deplorablemente vegetan en orfanatos, hombres que habitan bajo puentes, niños de tripa abultada en los países subdesarrollados, empujados por el hambre torturante; niños mueren en el pecho de su madre, porque ésta no tiene alimento y a consecuencia de ello el cuerpo no produce leche para alimentar al pequeño; hombres que por decenas de miles mueren de hambre; hombres que vegetan en los barrios de miseria o en campamentos de refugiados, cuyos cuerpos están saturados de enfermedades, que han de esperar a su muerte porque el cristiano que ha de practicar el amor al prójimo no trae los medicamentos necesarios, con frecuencia ni siquiera un puñado de arroz, un puñado de grano, un trozo de pan. El "cristiano" lo lanza al aire.

¡Feliz Año Nuevo! El alcohol fluye, más de un "cristiano" está bebido. Otros a su vez muestran su bien alimentado cuerpo y por la excesiva abundancia no saben ya qué delicias culinarias han de ingerir aún. Y continúa: al feliz Año Nuevo se le añade el Carnaval. Fiestas ruidosas y embriagadoras en clubes nocturnos, en discotecas, en locales de baile bien decorados ofrecen la oportunidad de quitar la mujer al marido y el marido a la mujer. Uno se ofrece justamente a ello. ¿Qué es ya la fidelidad, cuando a uno le apetece aumentar los apetitos?

Los acomodados y ricos en todo el mundo se reúnen en fiestas de gala y noches de gala. ¿Quién hay ante la puerta? Un joven pobre, andrajoso, que simboliza el hambre de muchas personas; una mujer joven, apesadumbrada, que lleva en su pecho a su hijo muerto. Ellos personifican las calles de la miseria.

El joven pobre y la mujer delgada y joven con su hijo muerto simbolizan las palabras de Jesús: "Tuve hambre, y no Me disteis de comer. Tuve sed, y no Me disteis de beber. Fui forastero, y no Me alojasteis. Estuve desnudo, y no Me vestisteis. Estuve enfermo y en la cárcel, y no Me visitasteis". Entonces también Le contestarán diciendo: "Señor, ¿cuándo Te hemos visto, hambriento o sediento, o como forastero o desnudo o enfermo o preso y no Te hemos servido?" Entonces El les contestará diciendo: "En verdad, Yo os digo: lo que no habéis hecho a uno de estos pequeñuelos, a Mí no lo hicisteis".

Todos ellos, que están ante las puertas de los locales de las galas, ante los clubes, ante los hoteles nobles, simbolizan también la búsqueda de alojamiento de María y José. María, la mujer en avanzado estado de gestación, y José, fueron de casa en casa y llamaron a la puerta de los hombres porque María estaba cerca del alumbramiento. Las puertas permanecieron cerradas. Un hombre que apenas tenía él mismo un hogar, que apenas poseía él mismo alimento, dio un alojamiento a María y José; lo llamamos el establo de Belén. Allí dio a luz María, allí yació el Niño en un pesebre de paja. Hoy hay un niño en harapos, una mujer joven con su niñito muerto, muerto por hambre, ante el local de la gala. ¿Dónde? ¿En Londres? ¿En Delhi? ¿En Río? ¿En Nueva York? -entre nosotros, aquí y hoy; entre aquellos que se llaman "cristianos". Escuchad vosotros "cristianos", hace algunas semanas resonaba desde la misma sala de fiestas: "¡Feliz Navidad en todas partes!". Y: "Niñitos, venid, venid todos..." Ahora abandonan la fiesta algunos sentimentalmente inspirados, cruzando la bien iluminada sala de entrada, con los estómagos repletos de vino y platos delicados; con pescado, pavo, pierna de corzo mechada, bien aderezadas espaldas de conejo, es decir, caza para los "cristianos"; un fino asado de ternera no puede faltar, un trozo de cerdo también ha de ser, un bonito muslo de pollo, pato o ganso, festivamente condimentado, naturalmente con la salsa adecuada. A las manos del joven flaco, andrajoso, lanzan los elevados huéspedes algunas monedas. Ante la mujer delgada de ojos muy abiertos se detienen espantados, pues la visión del niño muerto les asusta profundamente. Sacuden su bien cuidada cabeza y dicen: ¡qué atrevimiento! ¡Y algo así ante nuestro club! Indignados siguen adelante. Su reavivado sentimentalismo desaparece en el suave mecerse de la limusina de lujo, que les lleva a su casa con calefacción, a su vivienda calentita, a su mundo feliz y bello.

El carnaval llega a su final, el miércoles de ceniza se anuncia: ceniza sobre la estimada cabeza. Lo cual significa: acuérdate hombre que polvo eres y en polvo te has de convertir. Pero, ¿quién reflexiona sobre el polvo que él, el hombre ha de ser? Para algunos éste sólo está en las calles. O para él son las personas pobres y miserables que están en las calles de este mundo o que están mendigando ante los nobles locales. Mientras el "polvo" se pueda vestir con valiosos trajes, polvo son "los otros".

¡Ahora es Cuaresma, tiempo de ayuno! Oh no, para algunos -en Baviera- ¡ahora es el tiempo de la cerveza fuerte! Ahora corre más la cerveza fuerte y menos el vino; con algo se tiene que embriagar el "cristiano". Afuera, ante la cervecera hay un niño, una mujer anciana con un niño tiritando. En la mano ella lleva un cesto con florecitas, también para el hombre bebedor de cerveza. En el niñito y en la anciana mujer está Jesús ante la puerta.

¿Cómo te comportas, oh hombre cristiano,
que eres acomodado y hombre mundano?
¿Qué hay para Cristo en tu sentir,
ante la carpa o el local de gala, al salir?
En el prójimo se halla el Señor,
el maestro llama: "¡oye el dolor,
aprendiz, un niñito pide pan y clama,
en el rostro de una anciana,
la desesperación!"
Oh, ebrio cristiano, ¿qué harás?
Bien sabe tu conciencia quién eres,
mas con los pocos chavos que dieres
tu compasión acallarás.

La Cuaresma y el tiempo de la cerveza fuerte van llegando a su final y así queda anunciada la Semana Santa. Ya semanas antes de estos días festivos, muchos cristianos piensan cómo y dónde los pasarán. Algunos suman a estos días festivos uno, dos o más días de vacaciones para ir a la montaña o a zonas más cálidas, al mar. ¿Qué les importa a muchos "cristianos" el Viernes Santo? Alguno se dice a sí mismo: el sermón del cura en Viernes Santo o en Pascua es además el mismo desde hace decenios.

Viernes Santo para muchos cristianos significa: nos acordamos de la muerte de Jesús en la Cruz. Y Pascua significa: nos acordamos de la Resurrección de Jesús. O sea, se rememora. En estos 2000 años ¿han pensado acaso los cristianos por qué a pesar de la Resurrección de Jesús continúa colgado, ayer, hoy y mañana un hombre muerto en la cruz? Los días de reflexión, Viernes Santo y Pascua de Resurrección, para muchos cristianos son sólo conmemoraciones para grabar en nosotros los sucesos de hace 2000 años, que una y otra vez nos refrescan los predicadores.

Resurreción significa que Cristo superó la muerte.

¿Por qué -insisto, por qué, es decir, por qué motivo y con qué finalidad- cada año es como si se anulara Su Resurrección? De forma plástica: ¿Por qué se Le vuelve a matar? Y se burlan del creyente que gracias al "hágase" de Jesús, el Cristo, lleva en sí la Redención y desea seguir el camino de la liberación de sus pecados, siguiendo a Cristo, el Resucitado. Esto es una burla y escarnio de Cristo, una burla y escarnio de todos aquellos que acogen Su cruz y que con la ayuda del Cristo de Dios y gracias a Su Resurrección quieren liberarse de su carga de pecados, elevarse y dirigirse hacia el reino de la paz y del amor.

A la vista del hombre muerto, que continúa colgado en la cruz, muchos se preguntan: ¿qué nos ha traído el muerto, el Nazareno? El mundo no ha ido a mejor. Las muchas palabras bienintencionadas de los curas y sacerdotes no nos han traído el paraíso a este mundo. Por tanto ¿qué importan el Viernes Santo y la fiesta de Pascua? Tal vez algunos piensen que todo esto es sólo para la gente mayor o para todos aquellos que aún necesitan un poco de sentimentalismo. Tal vez al modo como escribió críticamente el filósofo Nietzsche, sobre un Dios "que nos cura a tiempo de un resfriado o nos permite subir a una carroza justo cuando comienza una tormenta", que hace justamente lo que las personas desean. Otros se han despedido totalmente de la fe y en secreto piensan como el mismo Nietzsche, que las iglesias no son otra cosa que "las fosas y tumbas de Dios". Y como señal de que el filósofo podría tener razón, allí, mientras -según Nietzsche- "el cuervo en el púlpito" hace su servicio, cuelga inmóvil un hombre muerto en la cruz.

Más de un cristiano, sin llegar tan lejos como el filósofo en su distanciamiento, tampoco concede gran significado a las palabras del sacerdote. Sin embargo, quiere al menos mantener las apariencias. Para no parecer totalmente falto de conciencia, participa al menos de las costumbres del Viernes Santo y de la Pascua. El Viernes Santo, un día de ayuno, se come pescado. Natu-ralmente, tiene que haber una carpa fresca, una trucha recién sacrificada o un bacalao. Aún ayer uno paseaba a la orilla del río alegrándose de los divertidos saltos de las truchas, de los movimientos llenos de encanto de esta especie. Mañana yacerán tal vez como cadáveres, sabrosamente aderezados, en la mesa de la comida del mediodía. Con indiferencia ante la trucha de mirada ahora pétrea, se celebra la comida. Ya no se piensa en que aún ayer eran éstos los peces que alegres y lozanos nadaban en el agua alegrándose de su existencia. Al hombre caníbal de animales, todo le parece bien, sea trucha o lucio. Lo importante para él es el placer sin contrariedades, seguramente también cuando una persona como yo apele a su conciencia.

Muchos son del parecer de que el hombre se ha convertido en animal. ¡Por favor, no ofendamos al animal! En muchos casos éste es mucho más noble y sensible que el hombre burdo, carnicero y caníbal.

Lo que se permiten los diez mil de arriba, incluidas las autoridades eclesiásticas, lo quieren también los contribuyentes que pagan sus impuestos eclesiásticos. Precisamente las autoridades eclesiásticas -así lo cree el imitador- tendrían que saber lo que hacen, y así éste toma parte en todos los usos y costumbres, ya sean paganos o caníbales. El, el cristiano llano, no asesina ni mata él mismo. Deja que otros lleven a cabo el trabajo sangriento.

Ayer, el cristiano que daba un paseo veía cómo un corderito retozaba en el prado, cómo la liebre saltaba por el campo, cómo el ciervo se escondía en el matorral. Se alegraba con la vida de los animales, de su belleza, de su encanto y de su alegría de vivir. Mañana, el domingo de Resurrección, el cristiano de Iglesia ingiere la pierna de cordero, el conejo en escabeche, o el lomo de ciervo adobado. El granjero, un cristiano también, ha matado al corderillo. El cazador, un cristiano a su vez, ha cazado y abatido a la divertida liebre y al gracioso ciervo. Pero, ¿qué pasa? ¡De algo tiene que alimentarse uno! Cordero, liebre y ciervo van en pedazos, bien aderezados, debidamente adobados, a la sartén y de ahí a la mesa del alto cargo eclesiástico y del cristiano de Iglesia que le imita.

Al prójimo del reino animal, que nosotros llamamos cerdo, no le va mejor. Ayer estaba el cochinillo alegre y contento, hoy es matado y despedazado. Los trozos de su cuerpo muerto son ahumados por el carnicero, es decir, preparados para el disfrute culinario, y ofrecidos para la compra. Más de un cristiano, que sabe lo que es bueno, envuelve el jamón ahumado en un paño fino y limpio, para luego llevárselo en un cesto al cura en la iglesia. Este, entonces, da su bendición a los "dones de la naturaleza". Ahora está el jamón bendito y listo para ser consumido; bendito sea -gracias al jamón bendecido- el cuerpo caníbal de animales. Pues, al fin y al cabo, uno era aún y así cristiano.

La conciencia cristiana, que se orienta menos a los Diez Mandamientos y al Sermón de la Montaña que al ejemplo de los teólogos, es flexible. El Viernes Santo había al fin y al cabo pescado, por Pascua -siguiendo la más pura tradición pascual- hay el domingo por la mañana jamón bendecido, al mediodía lomo de ciervo adobado, o liebre, o un trozo de ternera a la plancha o una pierna de cordero, pues "al fin y al cabo, también Jesús comió carne de cordero".

Quien aún asista a la iglesia, cantará con voz firme y segura en la misa del domingo de Pascua la conocida canción de resurrección: "Jesús vive, con El también yo. Muerte, dónde están tus espantos?" El Cristo de Dios ha resucitado en verdad. Su Espíritu vive en nosotros, -pero: ¿vivimos nosotros en El y con El?- ¿Cumple el cristiano lo que Jesús explicó y vivió dando ejemplo? ¿O se convirtieron muchas personas en una especie de fantasmas espantosos para los animales del bosque, del campo, del aire, de las aguas y de los establos? ¿No se han convertido muchos en fantasmas espantosos para la totalidad de la naturaleza? El "cristiano" tala los árboles, no importa que sea primavera, verano, otoño o invierno, de manera parecida a como maltrata, golpea y mata a los animales. Cristianos se han convertido en sacrificadores y carniceros de las reinos de la naturaleza. Los animales ponen pies en polvorosa ante el indomado hombre caníbal de animales.

Muchos cristianos aceptan todo esto como algo natural, pues se sienten como los señores de la Tierra y de la sociedad. ¿De qué sociedad? De una sociedad de carniceros, ladrones, asesinos, chantajistas, atracadores, violentos, estafadores, mentirosos, calumniadores, discriminadores, adúlteros, maltratadores de niños, violentos con la naturaleza, torturadores de animales, maltratadores de plantas y minerales, etc., etc., etc., es decir, de destructores de todo el planeta Tierra. Más de uno protestará ahora: "¡Pero yo, no!".

El tiene que dejar que le objeten: ¡demuéstralo! ¿Cómo te comportas con tus palabras y hechos frente a tus semejantes, por no hablar de tus pensamientos? ¿Cómo hablas de tus semejantes? ¿Cuáles son tus hechos y obras? ¿Cuán grande es tu amor a Dios y al prójimo? Bienaventurado el que de todo corazón siente lo bueno, desea lo bueno, quiere lo bueno, piensa con bondad y se comporta también correspondientemente. El tendrá una conciencia buena y tranquila, es decir, un corazón pleno de paz.

 

El Amigo de Cristo:

¡Detente, ya me basta! Al fin y al cabo, yo tenía aún una imagen tan hermosa de la fiesta de la Navidad. ¿He estado loco, participando en cosas así, como cristiano de Iglesia? Me avergüenzo de ser cristiano, pues con lo que has explicado he tenido que darme golpes en el pecho repetidas veces. Pero Jesús tomó también un trozo de cordero en la última cena pascual. Y además multiplicó también los peces. ¿No nos mostró con ello que al menos de vez en cuando podemos comer carne?

 

Respuesta del profeta:

En "Esta es Mi Palabra. Alfa y Omega. El Evangelio de Jesús. La manifestación de Cristo que el mundo no conoce", Cristo aclara al respecto lo siguiente:

"Ni por los apóstoles ni por los discípulos fue ordenada la matanza de un cordero; pero tanto a Mí como a los apóstoles y discípulos nos fueron servidos, como ofrenda de amor, trozos de un cordero aderezado. Nuestro prójimo nos quiso obsequiar con ello; no sabían hacerlo mejor. Yo bendije la ofrenda y comencé a comer la carne. Mis apóstoles y discípulos lo hicieron igual que Yo. A continuación Me hicieron una pregunta, con el siguiente sentido: debemos abstenernos del consumo de carne. Así nos lo ordenaste. Ahora Tú mismo has comido carne.

Yo instruí así a los Míos: el hombre no debe matar intencionadamente a ningún animal, ni consumir la carne de animales que han sido matados para el consumo de su carne. Pero cuando hombres que todavía son ignorantes han preparado carne como alimento y se lo ofrecen al huésped como regalo y se lo sirven en la comida, el huésped no debería rechazar la ofrenda; pues hay que diferenciar el hecho de comer el hombre la carne por avidez de la misma, del de comerla en agradecimiento al anfitrión, por su esfuerzo.

Sin embargo, el que esto sabe debe, si le es posible y las circunstancias externas y el tiempo lo permiten, dar indicaciones generales al anfitrión, pero sin querer escarmentarle. Cuando el tiempo haya madurado, el anfitrión también entenderá estas indicaciones generales.

Al amor desinteresado también pertenecen, en este mundo, la comprensión y la tolerancia. Dejad al albedrío de cada hombre el querer entender y aceptar, o no, vuestras indicaciones generales. Si siempre pensáis, habláis y actuáis desinteresadamente, permaneceréis en el amor y el amor os bendecirá. Lo que entonces os sea servido como regalo de amor, estará bendecido".

"Con la multiplicación de los panes, la fruta y los peces les mostré que ningún hombre tiene que pasar hambre y sufrir necesidades, cuando cumple las leyes de Dios.

En el llamado milagro de la multiplicación fue manifiesto que el hombre podría vivir en la plenitud, si cumpliese la voluntad de Dios; pues la ley universal es inagotable para los seres espirituales y para las almas y los hombres que hacen la voluntad de Mi Padre, que también es su Padre.

Mis discípulos Me trajeron panes y uvas para su multiplicación. Cuando tomé en Mis manos esta sustancia muerta, expliqué a los hombres que de ella el potencial de fuerza de Mi Padre, la elevada fuerza vital, se había retirado en gran medida, y que Yo no creo peces vivos para que a su vez sean matados.

Expliqué a los hombres que la vida está en todas las formas de vida y que el hombre no debe matarla intencionadamente. Los hombres, especialmente los niños, Me miraron con tristeza: No Me podían entender, pues vivían mayormente de peces, pan y pocas cosas más. Entonces les hablé en el sentido siguiente: las energías de la Tierra hacen que los peces muertos todavía mantengan su cohesión. Así que no os regalaré peces vivos provenientes del Espíritu del Padre, sino que os crearé peces que están muertos, o sea pobres en vibración, provenientes de la energía de la Tierra. Nunca llevarán vida, y no podrán ser matados. Quiero mostraros cómo sabe lo que está vivo -pan y frutos-, en comparación con el alimento muerto.

Y creé para ellos peces -a partir de las energías de la Tierra- que llevaban poca sustancia espiritual. Les di los peces muertos y les mandé comer al mismo tiempo el pan y los frutos, para que notaran la diferencia entre alimento vivo y muerto, entre alimentos de vibración alta y de vibración baja".

Muchos de mis semejantes estarán indignados por mis drásticas exposiciones sobre muchos cristianos, pero, ¿no es tal y como he explicado en este escrito? Del reproche del comportamiento por así decir caníbal de animales de muchos cristianos no me quiero excluir, porque yo también fui católica y viví esta cosas en mi casa paterna. Toda la familia, incluida la parentela, era católica. Todos hacían, sin reflexionar sobre lo que quería Jesús, lo que las autoridades eclesiásticas predicaban y vivían. Se sabía de los Mandamientos de Dios, en los que se decía: No matarás. Pero el cristiano de Iglesia cree que esto se refiere sólo a las personas, y no también a los animales y las demás formas de vida de la naturaleza. Sólo cuando se me abrieron los ojos sobre lo que se ha hecho con la enseñanza de Jesús, cómo ha sido tergiversada y cómo Jesús, el Cristo, ha tenido y tiene que aguantar lo que las autoridades eclesiásticas tienen por agradable y placentero, puse ahí punto y aparte y dejé detrás de mí lo que hasta entonces había considerado como normal. Todos nosotros, también yo, tenemos que hacernos el reproche de por qué no reflexionamos sobre el canibalismo para con los animales. ¿Por qué no sentimos que también en la naturaleza está la vida de Dios, porque ella es la creación de Dios? Cuando escuchamos "Someted la Tierra", esto no significa "Explotadla", sino: Servid a la Tierra, para que ella pueda serviros por acrecentado.

Sin embargo: ¿cuántas cosas suceden dentro de la Tierra y sobre ella? Muchos cristianos actúan sin consideración frente a los dones de la creación y con ello también frente al Creador. Jesús dibujó una imagen muy distinta del seguirle a El. Sus palabras: Seguidme -es decir, a Jesús, el Cristo- significan: volveos mansos y humildes de corazón, y amaos los unos a los otros, como Yo os amé siendo Jesús y os amo como Cristo. De ello forma parte también la Madre Tierra y todo lo que vive sobre y dentro de ella, en y sobre los mares y en los aires.

Desde que las autoridades eclesiásticas, hace pocos años, convirtieron el mandamiento "No matarás" en "No asesinarás", el matar en casos de legítima defensa y en la "guerra justa" está al parecer, permitido. Pero Dios nos ha dado el entendimiento para que nosotros hagamos uso de él. ¿Es guerra justa, cuando en Irlanda un emboscado católico mata a un soldado protestante que patrulla? Recuerda a esquizofrenia cuando la Iglesia católica prohíbe el aborto del embrión -que quede claro que nosotros los cristianos originarios estamos también contra el aborto-, mientras que por otro lado permite el matar en la "guerra justa" y en casos de legítima defensa. Pensemos detalladamente en el caso concreto: primero se protege al embrión, es decir, nace el niño y es tal vez bautizado como católico. Más tarde el adulto se hace protes-tante y es ahora un soldado protes-tante que patrulla. Le dispara un emboscado católico porque éste -del mismo modo que su adversario protestante- cree hallarse en una guerra "justa".

Por lo demás: ¿quién decide en realidad lo que es una guerra "justa", cuando Jesús habló del amor a los enemigos? De la misma forma cruel con la que se comportan los hombres entre ellos, actúan también contra los animales, plantas y minerales.

Y luego en Pentecostés tiene que descender la fuerza del Espíritu Santo sobre los "cristianos"...

 

El Amigo de Cristo:

Pero ésta sólo puede ser dada indirectamente a través de predicadores como obispos, curas y sacerdotes; pues éstos no han previsto que El, el gran Espíritu, el espíritu del Cristo de Dios hable libremente. En el Concilio Vaticano II (1965) se dice: "La Revelación y la Obra de Salvación de Dios se ha cumplido y completado en Jesús de Nazaret. En El se ha terminado en el tiempo la Revelación"."Por ello el orden de salvación cristiano, es decir la nueva y definitiva Alianza, no puede ser superado y no se ha de esperar ninguna nueva Revelación pública antes de la aparición gloriosa de nuestro Señor Jesucristo".

 

Respuesta del profeta:

Pero, ¿no irás a creer que Dios se guíe por las autoridades eclesiásticas y que 1965 años después de Jesús haya anunciado tales cosas? El respeta el libre albedrío, que en este caso viene a ser la voluntad personal de las autoridades eclesiásticas. Por eso, El ya no habla en sus iglesias, aunque los altares estén tan adornados en oro y los llamados representantes de Dios brillen en púrpura. Jesús ni estuvo en una cuna de oro ni se vistió de púrpura. Esto quiere decirnos algo, pero sólo a quien piense.

El Espíritu Santo, el Espíritu del Cristo de Dios, está en cada uno de nosotros. En el origen primario de nuestra alma la gran Vida está llamando a la puerta y nos llama a ser de nuevo hijos e hijas de los Cielos, es decir seres de luz provenientes de Su luz. El Espíritu Santo llama a la puerta y nos llama a guardar Sus mandamientos y a seguir a Jesús, el Cristo, quien no sólo anunció el amor del Padre, sino que El mismo fue Manifestación del amor de Dios. Jesús amó a las personas y una y otra vez habló del amor a Dios y al prójimo. Jesús amó los animales, las plantas, cada piedra. Para El la Naturaleza fue el gran jardín de Dios, en el que vivió, que apreció, que cuidó con Sus sensaciones y pensamientos, y se ocupó de los animales tanto como Le fue posible.

En "Esta es Mi Palabra. A y W. El Evangelio de Jesús. La manifestación de Cristo que el mundo no conoce" está escrito al respecto:

"Aconteció que el Señor salió de la ciudad, e iba por la montaña con Sus discípulos. Y llegaron a un mon-te de caminos muy escarpados. Allí encontraron a un hombre con un animal de carga.

El caballo se había desplomado a causa de la sobrecarga, y el hombre lo golpeaba hasta hacerle sangrar. Y Jesús se le acercó y dijo: 'tú, hijo de la crueldad, ¿por qué golpeas a tu animal? ¿No ves acaso que es demasiado débil para su carga, y no sabes que sufre?'

Pero el hombre respondió: '¿qué tienes que ver tú con esto? Puedo golpear a mi animal cuanto me plazca; pues me pertenece y lo compré por una buena suma de dinero. Pregunta a los que están contigo, pues son de mi vecindario y lo saben'.

Y algunos de los discípulos respondieron diciendo: 'sí, Señor, es tal como dice; estábamos presentes mientras compraba el caballo'. Y el Señor respondió: '¿no veis acaso como sangra y no oís como gime y se lamenta?' Pero ellos respondieron dicendo: '¡no, Señor, no oímos que gima y se lamente!'..."

"Aun cuando el hombre haya adquirido un animal, no es propiedad suya. Tal como el cuerpo espiritual, el alma en el hombre, pertenece al eterno SER, porque el Eterno ha creado el cuerpo espiritual y los seres espirituales viven en el eterno SER a través del Eterno, así los animales también fueron creados por el Espíritu creador eterno y pertenecen a la vida que es y que perdura eternamente -a Dios.

Todo el infinito es amor sirviente, vida sirviente; y también el hombre ha sido llamado por Mí, Cristo, para servir a su prójimo de modo desinteresado. Forma parte de ello, además, el prójimo animal, es decir, los animales, pues también los animales están provistos con los dones del servicio desinteresado y sirven con agrado y complacientes al hombre que los ama.

Si el hombre no ama desinteresadamente a su prójimo, o sea a sus semejantes, tampoco les servirá desinteresadamente. Transferirá igualmente su egoísmo a los mundos animal, vegetal y mineral.

El animal no puede hablar. Calladamente sufre y soporta, y apenas puede comunicar su dolor y su sufrimiento. Sólo percibe el dolor y la pena que el animal padece, el que ama desinteresadamente a hombres, animales, plantas y piedras.

El hombre egocéntrico, el hombre dominador, espera que sus semejantes le sirvan. También exige del animal que le sirva por encima de sus posibilidades y fuerzas. El mismo manda -en vez de servir-. Por eso ocasiona torturas indecibles a hombres y animales. Si el hombre hace a sus semejantes dependientes de él -en cierto modo esclavos-, también subyugará a los animales. Quien ya no escuche a su conciencia, se volverá duro de corazón para con hombres y animales. Verá sólo sus propios asuntos, su propio provecho. Se dará mucha importancia y olvidará así que su prójimo y su prójimo animal -es decir, los animales- han de sufrir bajo su dominio egocéntrico. Tampoco sentirá ya lo que su prójimo y el animal necesitan. Cuando los sentidos del hombre se han embrutecido, todo el hombre tiene poca sensibilidad; pero de modo tanto más suceptible reacciona, cuando se llama la atención a su propio yo y se pone en duda su proceder.

Comprended: quien sólo está con este mundo, se fija sólo en su pequeño y limitado mundo del yo. Con ello se vuelve insensible para la ley de la vida, llegando a estar espiritualmente muerto. Los espiritualmente muertos son mudos y sordos para la verdadera vida. Mientras según las leyes de la encarnación aún sea posible, volverán a nacer en la materia para, en el discurrir de su destino, experimentar y vivir que su prójimo, que junto a él está, e igualmente el animal, sienten y sufren -pues todos tienen la vida que viene de Dios".

Cristo nos manifestó con esto la consciencia de la gran unidad en Dios, que nos hace ser Sus hijos e hijas. Pues cada ser es existencia cósmica, que está en comunicación con todas las fuerzas puras del infinito.

Si nosotros, los seres humanos, aspiramos a esto, transformaremos paso a paso nuestros pecados en luz con la ayuda del Cristo de Dios, lo que significa que nos arrepentimos de los pecados que reconocemos, los purificamos con la ayuda del Cristo de Dios, nuestro Redentor, y no los hacemos más. Entonces nos sumergiremos paulatinamente en el origen de nuestro ser, que es divino, y estaremos en comunicación con el Espíritu Santo, el Espíritu del Dios Padre-Madre, que en Cristo es la resurrección y la vida.

Si nos levantamos -resucitando- en Cristo, nos traspasará el poder del Espíritu, y pensaremos, hablaremos y obraremos como Dios quiere. Ya no necesitaremos esperar más a que en algún momento pudiera volver Pentecostés. Pentecostés tuvo lugar hace casi 2000 años. Pentecostés fue ayer. Pentecostés puede ser hoy y mañana, si estamos dispuestos a recibir al Espíritu Santo.

Querido hermano, querida hermana, resucitemos en Cristo, para que volvamos a ser conscientemente hijos e hijas de Dios, viviendo juntos en paz, apreciando la Tierra y todo lo que está sobre y dentro de ella y así recibiendo de ella lo que necesitamos para nuestra existencia terrenal.

 

El Amigo de Cristo:

Hasta llegar a ello seguro que hay aún un largo camino. Mientras decías estas elevadas palabras sobre nuestro verdadero SER, me ha venido una imagen de horror. Si mal no recuerdo, es en época de Pentecostés cuando nacen muchos animales. Desde hace algunos años a menudo paso en coche por un pueblo, en el que a comienzos de verano en un terreno no demasiado grande vive un rebaño de gansos jóvenes pasando así bien que mal su existencia. Son graciosos y se conforman con la estrechez en la que tienen que vivir. Observé cómo crecían y me pregunté para qué quieren unas personas tantos gansos, siendo el espacio para éstos tan pequeño.

Al hacer esta pregunta a un amigo mío, éste dijo: "Eres muy ingenuo. ¿No has notado en los pasados años que desde el comienzo del Adviento son cada vez menos y que después del 24 de diciembre, es decir, después de la fiesta del nacimiento de Cristo, ya no se ve ninguno?" A mí se me cayó la venda de los ojos: ¡Cada año lo mismo! Los pobres animales, ni siquiera pueden vivir un año y son devorados por los caníbales de animales. Desde entonces tampoco quiero usar ya edredón de plumas. Quién sabe cuántos gansos de Navidad tuvieron que dejar también sus plumas para ello.

Mi amigo continuó diciendo: ¿No sabes cuántos bebés de foca son desollados anualmente para que las mujeres de la alta sociedad puedan exhibir abrigos de pieles extraordinariamente hermosos? Con algunos ejemplos más mi amigo me amargó el día. Continuó contándome que sobre todo a los gansos de Navidad no sólo se les mata, sino que primeramente se les arranca violentamente el pico y se les embute un alimento especial por el esófago, incluso uno se ayuda en el "embutir" con el mango de un cucharón, de modo que el pobre animal tiene que engullir, engullir y engullir, para que el caníbal de animales, el hombre, pueda disfrutar de un fino paté de hígado de ganso en la fiesta del "nacimiento de Cristo"; las gallinas tienen que vivir en un espacio reducido al máximo, a modo de baterías ponedoras, y los pollos al alcanzar el tamaño correcto y el correspondiente peso, son degollados para acabar en la cazuela y en la sartén, o de exposición colgados en el escaparate, para que el caníbal pueda escoger por sí mismo su pollo. El también me contó lo que sucede en los mataderos, que los animales mugen y gruñen de miedo ante el tiro de muerte, pues sienten que se les va a quitar la vida con violencia. Los animales ya se dan cuenta que son conducidos al matadero al abandonar el establo del granjero.

Mi acompañante me dio más explicaciones sobre todas las medicinas y hormonas que se administran a los animales, para acelerar su crecimiento, hasta llegar a las vacas deformadas química o genéticamente que apenas pueden soportar entre sus patas las ubres que les fueron preparadas. El remate final a sus palabras fue: "Todo, absolutamente todo es exprimido. Los grandes de este mundo exprimen a los pequeños, y los grandes y pequeños exprimen a la madre Tierra, hasta que ésta quede seca, como consumida por un monstruo que se denomina ser humano".

Gracias a Dios no me he recuperado de todo lo que me describió. He cambiado, convirtiéndome en una persona que aprecia cada vez más lo que Dios nos da cada día; que se hace cada vez más consciente de lo que significa el amor a Dios y al prójimo y que ve cada vez más claro quiénes son realmente las ins-tituciones eclesiásticas.

 

El profeta:

Qué bien que unos pocos cambien de forma de pensar y paulatinamente honren a Aquel a Quien corresponde toda honra. Quien honre a Dios verá poco a poco los destrozos que han ocasionado las instituciones eclesiásticas. Ellas han conducido y conducen lejos de Dios a sus imitadores, sus fieles, que se han hecho dependientes de su enseñanza que ha sido retocada como por expertos en cosmética. Así algunos fieles acogen lo que se les ha transmitido, del siguiente modo:

"Lo que reconozcas como correcto y verdadero, créelo simplemente. Cumplirlo sería ya demasiado difícil, pues nosotros los hombres somos al fin y al cabo pecadores".

Cuánta razón tenía Jesús, que dijo de los fariseos y escribas de aquel tiempo lo siguiente: "¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia. Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad".

Las palabras de aquéllos son suaves y patéticas, pero ¿qué hay tras ellas?, ¿de qué están llenas? Se han apropiado del nombre "Cristo", pero ¿es su creencia, sí, su enseñanza, cristiana, por no hablar de sus obras?

Han pasado 2000 años. Pocas personas han aprendido de lo que las instituciones eclesiásticas les han ofrecido año tras año: una mezcla de culto pagano y de una enseñanza muy retocada como por expertos en cosmética. Ambas piezas -culto pagano y enseñanza cosmetizada- fueron fundidas en una "obra" denominada por un lado protestante y por otro católica. Si hubieran enseñado lo que Jesús quiso, la humanidad conocería la ley de siembra y cosecha, y más de uno que hubiera querido obrar contra otros -contra sus semejantes o contra la madre Tierra-, habría dado la vuelta a tiempo en la consciencia de las palabras de Jesús: "Lo que hagáis al más pequeño de Mis hermanos" -con ello quiso decir también a Sus hermanas-, "Me lo estáis haciendo a Mí"; y al mismo tiempo cada uno se lo hace a sí mismo, pues en cada uno está el Cristo de Dios. Esto es válido también para los reinos de la Naturaleza, pues en todas las formas de vida está el poderoso Espíritu del Creador eterno.

Mi deseo en este folleto "El Profeta" es que muchas personas miren en mis palabras y escuchen el grito, que es una llamada de un instrumento de Dios, que dice:

¡No sigáis a ninguna persona!

Seguid a Jesús, el Cristo, y reflexionad sobre Sus palabras: Lo que quieras que otros te hagan, hazlo primero tú a ellos. O: lo que no quieras que te hagan a ti, no se lo hagas tú a otros. Esto es válido también para con los animales y todas las formas de vida de la Tierra.

Acabamos de escuchar que lo que hacemos a nuestro prójimo, nos lo hacemos a nosotros mismos por la ley de siembra y cosecha. Quien sea consciente de esto, también comprenderá por qué este mundo es como es. Los grandes se apoyan mutuamente y pisan a los de "abajo". En esto la Iglesia y los poderosos en el Estado -en muchas ocasiones unidos-, son los maestros en hacer del pueblo un aprendiz. Pero nosotros que somos el pueblo no deberíamos por nuestra parte pisar a otros, pisoteando a nuestro prójimo y apartándonos así de Jesús, el Cristo, pisoteándole a El en cierto modo en nuestro prójimo. Quien cumple paso a paso los mandamientos de Dios, se alza internamente y mira hacia Aquel que nos ha llamado a ser Sus seguidores.

De todo corazón deseo que despierten cada vez más personas, que muchos reflexionen sobre su vida desordenada y egoísta y se distancien de lo que hay en sus sensaciones y pensamientos: el chantajista, el instigador, el torturador de animales, el canibal de animales, el ladrón, el rencoroso, etc., etc., etc... Todo mi deseo es que cada vez más personas encuentren a Cristo en sí y vivan conscientemente en El, para que reconozcan a diario su ego arrogante y se arrepientan y purifiquen lo pecaminoso con la ayuda del Cristo de Dios. Quien no haga más estos sus pecados, vivirá cada vez más en Su Espíritu y será Su seguidor, una persona con carácter, es decir con una buena orientación, capaz de convivir con sus semejantes, que respetará y apreciará la naturaleza y que se volverá a encontrar como hijo o hija de Dios.

 

El Amigo de Cristo:

Pero Pentecostés para muchos no es el volverse hacia el Espíritu de Dios, el Espíritu Santo. Muchos van unos días de vacaciones, para orientarse a los rayos del sol. El verano comienza, el bronceado de la piel se ha convertido en un prestigio. Así se ve que "aún se puede dar la talla".

 

El Profeta:

Sí, uno se puede permitir aún unas vacaciones. El hombre de la actualidad hace ya mucho tiempo que no se podría permitir, continuar pecando contra Dios, pues no sólo se acercan cada vez más las catástrofes de la Tierra, sino también nuestras catástrofes más cercanas, como por ejemplo el desempleo, la escasez de fondos, las enfermedades y las muchas consecuencias de la contaminación del medio ambiente. El subsidio de enfermedad está cada vez más recortado, a pesar de que pronto una de cada dos personas necesitaría hacer uso de él, porque las alergias se propagan y vuelven a surgir ciertos tipos de enfermedades, que hasta ahora se creía tener bajo control gracias a las medidas de mejora del medio ambiente y las vacunas. Pero, ¿qué vas a hacer?, piensan algunos, y reúnen arañando y rascando hasta la última moneda para las vacaciones de verano, teniendo en cuenta la posibilidad de que por los sucesos del destino el próximo año no se podría permitir otras vacaciones. Pensamientos, pensamientos, sucesos del destino, las restricciones se vuelven más serias, las pérdidas más dolorosas. Pero pocos reflexionan por qué esto es así. "Hoy es hoy", piensan algunos "cristianos" y viven sus prolongadas vacaciones como no cristianos.

El año va avanzando; su segunda mitad ha despuntado. ¡Cuán deprisa pasa el tiempo! Ya está otra vez el verano a las puertas. Ante mí ya veo las filas de coches circulando hacia el sur, los remolques con caravanas y lanchas motoras entre los automóviles veloces. Quien con su coche conduce 10 ó 20 Km/h más aprisa, toca la bocina al otro para que se aparte. Si éste no está dispuesto a hacerlo inmediatamente, en seguida recibirá un gesto de desprecio. Cada año los atascos en las autopistas, pero cada año tiene lugar de nuevo el recorrido en caravana hacia el sur.

El copiloto -la mujer o el marido- es en muchas ocasiones el objeto a propósito para, en las largas horas de atasco, soltarle lo que a uno le cocía desde hace semanas o meses en el alma. Se inicia una pelea; posiblemente se entremetan los niños, que se están aburriendo en el asiento de atrás. Ahora está que arde en el cochecito. Adelante y atrás se escucha además el sonar de las bocinas. Y se continúa. ¿Hacia dónde? Naturalmente hacia las vacaciones; uno se quiere recuperar del estrés y la monotonía. En algunos casos la recuperación consiste en que la mujer liga con otro hombre, y el hombre con otra mujer. Por la noche continúa la pelea, que ya había comenzado en el coche. El hombre piensa: "Mi refugio en las vacaciones, la que acabo de conocer, está como hecha a mi medida. Es mucho más agradable y comprensiva que la mujer con la que me casé. Al casarme me equivoqué. Si pudiera elegir ahora, eligiría a la nueva que he conocido. Esta mujer es justamente la correcta. Se ajusta a mí". Y así comienza la reflexión de lo que costaría un divorcio. O ¿debería ser sólo una segunda mujer? ¿Me la puedo permitir? ¿Cómo lo verá ella si se lo hago notar? Y ¿cómo reaccionará mi mujer, que igualmente tiene por una temporada su acompañante permanente, para descansar simplemente del matrimonio?

Para no pocos después de las vacaciones significa que descansamos, lo que quiere decir que ya no tiramos juntos del carro matrimonial. Nos divorciamos o nos ponemos de acuerdo en que cada uno tenga su segunda pareja. Para algunos las vacaciones fueron el final de las cosas en común, el fin de un matrimonio. Los lazos familiares se rompen. Si habían nacido hijos del matrimonio, éstos muchas veces no saben dónde está su lugar, con el padre o con la madre. Uno u otro escucha -por ejemplo de la suegra- la objeción de que según la enseñanza de la Iglesia no está permitido el divorcio. Pero, llegado a este punto, ¿a quién le importan la suegra y las costumbres eclesiásticas? El cura habla ciertamente del matrimonio deseado por Dios. Aquí sucede como en otros ámbitos de la vida: los usos tradicionales, las reglas y mandamientos ya no son válidos. El hombre hace lo que quiere, y tarde o temprano experimentará quién y qué es y lo que le espera; pues según la ley de siembra y cosecha, él recibe y cosecha lo que ha sembrado.

 

El Amigo de Cristo:

Si miro en todos los sucesos de las vacaciones, en las fiestas, en los clubs nocturnos, en los baños nudistas en las playas de moda, en el turismo sexual y otras cosas más, se plantea realmente la pregunta de si no se debería sugerir que el "cristiano" deje su "ser cristiano" hipócrita, denominarse por ejemplo no cristiano, o que se oriente a otra cosa mejor.

El caos del hombre se extiende de Navidad a Navidad. ¡Es un escarnio sin igual del Cristo de Dios! Es una vida totalmente versátil que nada tiene que ver con el cristianismo.

 

El Profeta:

Con qué sabiduría has hablado. Pero ¿quién admite no ser cristiano, si siempre tiene el otro la culpa de su situación? ¿Quién golpea su propio pecho diciendo: "Mi culpa, mi grandísima culpa?" Si el hombre hiciera esto, tendría que admitir que él también tiene parte de culpa en la miseria de su matrimonio y en el caos mundial. Muchos tranquilizan su conciencia repitiendo algunas declaraciones eclesiásticas de fe, como por ejemplo: "Es que somos pecadores". Esta es una enseñanza sencilla institucional, una excusa para disculpar al pecador por ser eso, un pecador.

 

El Amigo de Cristo:

Además el sacerdote católico puede quitar los pecados a los pecadores, si éstos van al confesionario. Tres "Ave Marías" y ya está. Mañana se continúa pecando: "Es que somos pecadores". Más sencillo es aún en la Iglesia protestante, en las llamadas "confesiones comunitarias", donde no hay que llamar por su nombre ni siquiera a uno de los pecados. Todos se ponen en pie y el pastor pregunta de modo general por el arrepentimiento de los pecados y por el anhelo del perdón. Entonces el pastor pregunta a los feligreses si creen que el perdón que les dará él, el pastor, es lo mismo que el perdón de Dios, y todos contestan a coro "sí". Entonces el pastor les absuelve de sus pecados y les da el perdón, y en determinados días en los servicios religiosos, especialmente en Viernes Santo, se repite la ceremonia, pues también en la fe protestante se dice: "Es que seguimos siendo pecadores".

 

El Profeta:

Jesús no admite estas disculpas, pues El ya dijo hace 2000 años: Tenéis que volveros perfectos como perfecto es vuestro Padre en el Cielo. De seguir pecando valientemente no habló Jesús, sino únicamente Lutero, quien opinó: "Peca valientemente, pero ten fe aún más valientemente".

 

El Amigo de Cristo:

Así va pasando un año tras otro, y tal y como se repiten las estaciones del año y las festividades, así también se repite el pecar. Estoy impresionado por las explicaciones que has dado sobre el transcurso del año. Todo esto no tiene nada que ver con el cristianismo. Todo es un único escarnio a Dios.

 

El Profeta:

¡Y esto no es suficiente! Se llega paulatinamente al punto culminante del escarnio a Jesús, el Cristo, en las Navidades.

Después de las vacaciones de verano, al principio llegan de nuevo los primeros días de trabajo. Con orgullo se muestra el bronceado en el puesto de trabajo y a los familiares. Es cosa de prestigio haber estado de vacaciones. Con el tiempo se descubre toda la dimensión de las "vacaciones", cuando el matrimonio que aún existía antes de éstas, ahora sólo es una fachada o se ha convertido en objeto de divorcio. Uno habla de sus vacaciones, se da importancia, informa de todo lo que hizo y de todo lo que se permitió. Algunos se "permitieron" muchas cosas, también poco honrosas, pero de ello tuvo naturalmente el otro la culpa. Pero poco a poco es aburrido contar siempre lo mismo. Todos los conocidos y familiares ya han admirado las diapositivas y conocen los comentarios, las bromas y los efectos. Uno vuelve a ser poco interesante, se regresa a la poca importancia. Así llega de nuevo la acostumbrada falta de energía y el aburrimiento de la vida diaria; las posibilidades de sobrevalorarse son escasas como siempre. Así que se mira en el calendario para ver cómo caen los días de Todos los Santos. Quizás caen Todos los Santos de modo propicio para planificar unos días de vacaciones.

Todo lo que pasa hasta llegar Todos los Santos no lo queremos considerar, pues habría que citar una y otra vez a Jesús, el Cristo, para finalmente pedirle que resucitase en la carne para coger el látigo y expulsar a los no cristianos o a los comerciantes y usureros del templo -en la actualidad: la denominada casa de Dios- en el que el no cristiano originario canta hipócritamente las "canciones sacras", mostrándose así tan hipócrita como algunos hombres de Iglesia, que al fin y al cabo no creen ellos mismos en lo que predican.

Mientras el hombre no santifique su templo de carne y hueso, en la consciencia de que el Unico Santo, el Espíritu Santo, vive en él, irá a una y otra vez a iglesias de piedra, para mostrarse allí como él no es en realidad. Llegará el momento en el que a más de uno se le quitarán las gafas de "cristiano". Entonces no sólo verá y reconocerá quién es él mismo, sino que verá, como contemplándole en profundidad, a aquel que durante años le dio sermones hipócritas. Naturalmente de Cristo no verá nada, pues sus pecados están ante el sol, como la luna en un eclipse solar.

Todos los Santos es la fiesta de los santos. Es un día festivo católico. ¿Por qué han de ser honrados los santos, si sólo hay que honrar a Dios? El día de las Animas que viene tras el festivo de Todos los Santos, naturalmente no es un día festivo, sino que es un día normal de trabajo. Sólo se honra a los "santos", las "ánimas" quedan como pobres almas. Además para qué un día festivo para las almas, que ya tuvieron sus días festivos siendo hombres para disfrutarlos hasta la saciedad: fines de semana, días festivos eclesiásticos así como otros días libres personales, por ejemplo en vacaciones. Muchos de los que celebraron entonces, son ahora almas. ¿Qué verán ellas ahora? Cada uno se ve a sí mismo según la ley: lo que siembras, verás y también cosecharás. También algunos "santos" contemplarán su "santidad" y tendrán que reconocer que fueron hechos santos por "su santidad", pero que sufren, es decir expían, como todas las almas. Tanto si nosotros en la Tierra celebramos Todos los Santos como si nos acordamos de los difuntos, la realidad se hace visible en el Más Allá: Lo que el hombre siembre, cosechará, y siendo alma lo contemplará y de múltiples maneras tendrá que expiarlo.

En Todos los Santos llega de nuevo la ola. Los buscadores de descanso van al sur. Hay que volver a descansar en vacaciones, pues ya han quedado algunos meses de trabajo atrás. ¡Aún tienen trabajo! Tal vez algunos tengan mañana ya en las manos el despido de su puesto de trabajo. Más de uno piensa en ello, pero lo deja en seguida de lado, o incluso es de la opinión de que a él no le puede pasar nada: "Yo soy un buen cristiano. Pago mis impuestos a la Iglesia, voy de vez en cuando a la iglesia y ofrendo unas monedas. Si se hace colecta para los hambrientos en Africa o para las obras de la iglesia, participo igualmente". Así no, querido "cristiano". Esto no es lo que dio a entender Jesús. Y algunos contestarían ahora: "Jesús no, pero la Iglesia institucional de la que formo parte me enseña así, y ella tendrá por último que saberlo". Cuatro semanas después de Todos los Santos el espectáculo y el ajetreo se dirige paulatinamente a su punto culminante.

Con el Adviento comienza la fiesta más grande del año. En Alemania se canta todos los años un villancico tradicional que dice:"Todos los años baja el Niño Jesús de nuevo a la Tierra donde estamos nosotros los hombres. Entra en cada casa con Su bendición y nos acompaña a todas partes. Está también a mi lado, en silencio y pasando desapercibido, para guiarme fiel con su amorosa mano".

¿Qué "Niño Jesús" ha de bajar a la Tierra: Cristo, el Hijo de Dios, con el látigo para entrar en cada casa? O ¿nos es suficiente con la figurita de madera o de cera llena de polvo -el Niño Jesús- y el polvoriento pesebre con María y José y con la mula y el buey, que sacamos al final del adviento del desván y desempolvamos, para ponerlos como todos los años alrededor del adornado abeto? No ha de faltar nada, ni mula ni buey, ni las ovejas ni las cabritas. Natural-mente en la Nochebuena se les dará un lugar especial en el pesebre a la "sagrada pareja", María y José, y a los pastores. El trapo para limpiar el polvo ya está ennegrecido, el belencito reluciente y el hombre canta con énfasis: "Todos los años baja el Niño Jesús de nuevo a la Tierra donde estamos nosotros los hombres. Entra en cada casa con Su bendición y nos acompaña a todas partes. Está también a mi lado, en silencio y pasando desapercibido, para guiarme fiel con su amorosa mano".

Surge la pregunta de si el mini-Belén desempolvado con el "niñito" Jesús desempolvado, con María y José, con los pastores y animales, realmente trae bendición a los hombres. ¿Quién piensa que ya es hora de desempolvar sus malas sensaciones, pensamientos, palabras y obras, y sus tendencias indignas? Para esto no se tiene tiempo ni en Navidad, ni en Año Nuevo, ni en Semana Santa, Pentecostés, Todos los Santos y ni mucho menos en el tiempo de Navidad. Se piensa en todas las cosas posibles, por ejemplo, quién regala qué a quién; pocos piensan acerca de qué regalos han hecho durante el año al Cristo de Dios, su Redentor. El, el Espíritu del Cristo de Dios, el Espíritu Santo, que cada día llama a la puerta de nuestro corazón y que en verdad nos acompaña en todos los caminos, es para la mayoría un indeseado, pues El, que hace casi 2000 años vino como un niño a nosotros a la Tierra, y que siendo Jesús, el Cristo, el profeta más grande de todos los tiempos, nos anunció el amor de Dios y nos mostró el camino hacia el Padre, para muchos exigió y exige demasiado.

Jesús nos enseñó el amor a Dios y al prójimo. Nos enseñó el amor al enemigo y lo vivió dándonos ejemplo. Nos enseñó la justicia y la hermandad. Nos dio la parábola de la viga y la paja. Jesús vivió dándonos ejemplo los Diez Mandamientos, que Dios dio a los hombres a través de Moisés y nos enseñó el Sermón de la Montaña, que también fue Su vida. El dijo: Seguidme, es decir a Jesús, lo que significa: cumplid y vivid lo que Yo, el Cristo de Dios, os he mandado.

Jesús no nos enseñó que coloquemos año tras año un polvoriento Belén con todos sus accesorios.

Jesús no nos enseñó que hagamos sonar canciones sacras en grandes almacenes y mercados para avivar el ambiente de compra.

Jesús no nos enseñó a hacer regalos caros a nuestro prójimo, hasta el punto de regalar un abrigo de pieles hecho con la piel de crías de foca.

Jesús no nos enseñó a cazar animales, a matarlos y a descuartizarlos, para consumir después sus cadáveres.

Jesús no nos enseñó a explotar la naturaleza, a ultrajar la Tierra, a destruir la atmósfera.

El no nos enseñó que para recordar Su cumpleaños en la Tierra cortemos árboles que después colocaremos llenos de adornos en salas calentitas, para al cabo de 10 días arrojarlos a las calles de este mundo, a modo de cadáveres de la naturaleza que ya han cumplido su servicio.

Jesús no nos enseñó a prestar oído a las autoridades eclesiásticas.

El no nos enseñó a hacer tributo de impuestos eclesiásticos, para que las autoridades eclesiásticas aumenten su poder y prestigio.

Jesús no nos enseñó que tuviéramos que acudir a la llamada "santa misa". El nos enseñó a entrar en nuestro interior, y a hacerlo en un lugar tranquilo, es decir lejos del lujo y la opulencia eclesiásticos.

El no nos enseñó que tras Su Resurrección tenga que colgar en la cruz durante 2000 años un cuerpo bellamente tallado en madera o producido con arcilla o porcelana, que simbolice Su muerte.

El no nos enseñó a maltratar y matar todo lo que tiene su existencia dentro de la Tierra y sobre ella, en y sobre las aguas y en el aire, y a matar todo lo que sea propicio para el consumo, ingeriendo su cadáver.

El no nos enseñó a ser caníbales de animales, a prostituir a los niños, a ser chantajistas, violadores, adulteros, difamadores, discriminadores, ladrones, mentirosos y muchas cosas más.

El nos enseñó una elevada ética, y no a destruir toda ética y todos los valores.

El nos enseñó la moralidad y no la inmoralidad.

El nos enseñó, dicho de una manera general, que deberíamos vivir en la consciencia de la filiación de Dios.

Pero, ¿qué ha sucedido con la humanidad? Muchos creen que viven, pero en realidad están muertos espiritualmente, pues sus corazones son como de piedra, tal y como ensombrecidas están sus almas. En nuestra existencia terrenal se han cristalizado ricos y pobres. Los ricos son los poderosos, los pobres los desposeídos. Y como tanto los ricos como los pobres ven en escenas de películas cómo se puede vivir siendo rico, los pobres se esfuerzan en conseguir al menos un poco del pastel de la riqueza.

Quien lleva en sí la brutalidad como herencia humana pecaminosa, que adquirió bajo determinadas circunstancias en anteriores encarnaciones y que aún no ha dejado, se convertirá de diversa manera en lo que he expuesto a menudo en la serie de escritos "El Profeta". Se volverá un hipócrita, un ladrón, un violador y muchas cosas más. Por otra parte, otros que no tienen como característica acusada la tendencia a la brutalidad, vegetan, viven bajo los puentes de este mundo, se tumban sobre la rejilla de los extractores de la calefacción, para recibir algo de calor que surge de ella. Y otros están a su vez mendigando en la calle o van como María y José en busca de cobijo, de puerta en puerta, para tal vez encontrar cobijo en una noche helada.

Es Nochebuena. Un hombre y una mujer avanzada en su embarazo llaman a esta y a aquella puerta y piden cobijo. Una y otra vez son rechazados. Hoy, después de casi 2000 años del acontecimiento originario de Navidad, piensan dos personas: quizás nos pueda acoger un dignatario eclesiástico en su palacio con las muchas habitaciones que tiene, pues representa en su Iglesia los valores cristianos, los valores del amor a Dios y al prójimo.

La noche ya está avanzada. El hombre y la mujer están ante el palacio y miran arriba hacia las ventanas. Sólo se ve luz en pocas ventanas; la mayoría están a oscuras. El hombre dice: "Mujer, aquí seguro que encontramos alojamiento. El palacio tiene muchas salas, de las que seguro una se pondrá a nuestra disposición".

Tímidos y angustiados llaman a la majestuosa puerta del señor obispo, en actitud totalmente humilde ante el gran hombre cristiano, que seguro que sigue las huellas de Jesús. Su llamada no es escuchada.

A pesar de su temor se atreven una vez más y llaman con más fuerza a la puerta. En el interior de la cálida y amplia casa se oyen voces.

Las dos personas que están heladas y acurrucadas ante la puerta de la gran casa episcopal, tienen que escuchar las siguientes palabras, dichas en el interior del edificio: "Es una impertinencia, llamar tan tarde en Nochebuena a las puertas del obispado y entrar molestando en la Noche "sagrada". Todos los invitados están sentados a la mesa y en torno a la ardiente chimenea. ¿Quién será?".

Con cuidado va el ama de llaves a la puerta y mira por la mirilla de la puerta. Afuera hay dos personas. No sabe quiénes son y grita hacia la casa: "¿Esperamos aún invitados?".

El obispo se acerca a la puerta y dice: "Ya es muy tarde. No esperamos más invitados. Pero quienes están afuera no parecen ser peligrosos. Escuchemos lo que quieren".

Es echada la cadena de la puerta y la puerta se abre en la medida en que la cadena lo permite. El obispo pregunta a través de la ranura de la puerta: "¿Qué queréis?".

El hombre contesta: "Mi mujer está en un estado avanzado de embarazo. Le pido cobijo, pues la noche va a ser muy fría y no tenemos alojamiento".

El obispo se incorpora y surge una expresión de enojo reprimido en su cara. Sus pensamientos son: "¿He de cobijar a dos personas vestidas con ropas descuidadas y gastadas? Hay suficientes hostales a los que podrían entrar". "Queridos míos", dice él dulcemente y con humilde apariencia, "no me es posible recibiros en mi casa, pero en los hostales cercanos seguro que hay lugar para vosotros".

El hombre contesta: "No tenemos dinero y tenemos mucha hambre". Cobra ánimos y continúa diciendo: "Por favor, Señor, déjenos entrar; denos cobijo en su gran casa. Denos alimento para la madre y el futuro niño".

Rápidamente el obispo saca su monedero para dar a las dos personas dinero para el alojamiento y la comida en el hostal. De pronto se para y piensa: "¿No está acaso por debajo de mi dignidad dar dinero en efectivo? Un obispo da su bendición y no vil dinero. Además aquí se trata de una obra caritativa. ¿No se encarga de esto el Estado o en todo caso el tesorero de las finanzas episcopales, que recibe cada año mucho dinero del Estado para obras caritativas? El monedero del obispo desaparece de nuevo entre los plieges de su sotana púrpura. Pero ¿dónde está el tesorero que se ocupa de las limosnas? El prelado no está en casa. Así que al obispo se le ocurre otra cosa. Ayer llegaron algunos donativos considerables de unas personas de buen corazón para la restauración de una casa de Dios. De ello daré una pequeña sumita a estos dos. De nuevo vacila y piensa: pasadas unas cuantas casas hay una granja. El labrador les podría albergar en su establo. Allí la mujer ocasionaría menos contratiempos en el caso de que lleguen los dolores para dar a luz.

El hombre elevado y magnánimo, el obispo, ofrece entonces a ambos por un lado la granja y por otro dinero para el hostal.

Con tristeza miran ambas personas al hombre bien vestido y bien alimentado en el calentito palacio episcopal. Un poquito de lástima se refleja en la cara de Su Excelencia. "Bien", dice, "aquí tenéis algunas monedas de la caja de donativos", y les indica el camino hacia la granja.

O sea que comienza de nuevo la búsqueda de hospedaje. Esta vez ambos, el hombre y la mujer en estado avanzado de embarazo, tienen esperanzas, pues pueden dar las referencias de su Excelencia, el obispo. De nuevo llaman a la puerta. Esta vez sale el granjero y pregunta: "¿Quién llama tan tarde?" Afuera se abre una boca: "Pido humildemente alojamiento. Su Excelencia, el obispo, nos ha enviado a usted". La puerta se abre y el granjero dice: "En mi casa no hay habitaciones libres. Tal vez en el establo aquí al lado -allí podéis hospedaros-. Aunque ahora allí sólo hay paja. Los animales, la mula, la vaca y las ovejas las he vendido al carnicero, para lograr una cierta cantidad de dinero. Hay que ocuparse de las cosas para ir tirando.

Agradecidos ambos aceptan. Entran en el frío establo y se acuestan en la paja. No hay animales que den calor.

Hace 2000 años les sucedió de un modo parecido a María y José. Hoy 2000 años después, ha continuado la caída de la moralidad. En la época de Navidad son sacrificados innumerables animales, por así decirlo se vacían los establos, a excepción de los animales que son dejados para los días de Año Nuevo y para la noche de baile en el Carnaval. Pues entonces también se quiere tener un buen asado sobre la mesa. En estas dos personas nos encontramos con María y José y con el niño Jesús aún no nacido. ¿Quién los ha reconocido? ¿Quién ha comprendido el simbolismo? Ni la ama de llaves del obispo, ni su Excelencia ni el granjero.

Sólo una persona, la mujer del granjero, va al establo y les lleva a ambos mantas que les den calor y algo para comer. Ella es la única que piensa: "¡Qué extraordinario! ¡Me hace recordar lo que sucedió hace 2000 años! El paralelismo salta a la vista. ¿Me quiere Dios mostrar algo a través de estas dos personas?" La mujer queda en silencio durante unos instantes. Entonces se dice a sí misma: "¿Es posible? ¿Ha entrado El a mi casa, en mi establo, el gran Señor que es el Redentor de todos los hombres y almas? ¿O es sólo una sensación que me llega porque hoy es Navidad? ¿Es verdad? ¿Qué me quiere decir esto?" Su corazón late cada vez con más fuerza. Un sentimiento cálido surge en la mujer del granjero y piensa: "No sólo todos los años 'baja el Niño Jesús de nuevo a la Tierra, donde estamos nosotros los hombres' como canta el villancico tradicional. Cada día, cada hora, cada instante, sí, en toda mi existencia terrenal está el Cristo de Dios conmigo y me acompaña en todos mis caminos. Está a mi lado, en silencio y pasando desapercibido, para guiarme fiel con su amorosa mano".

Una persona ha despertado y comprende ahora la silenciosa noche santa. Hemos de santificar día a día nuestra vida, en la consciencia de que el Cristo de Dios, el gran Espíritu, vive en cada uno de nosotros. Nosotros somos el templo del Espíritu Santo y deberíamos amarnos y ayudarnos los unos a los otros, tal como Jesús, el Cristo, nos ha amado y nos ama y cada día, cada hora y cada minuto nos ayuda. En la mujer del granjero se ha producido un cambio. Se dirige a las dos personas y les ofrece su ayuda. Un niño viene al mundo, un niño como tú y como yo. Y también en él está el Espíritu Santo, el Cristo de Dios, nuestro Redentor, tal como en ti, en mí y en todos nosotros.

Una persona ha hecho de la noche el día. El día de Navidad es un día diferente y el año que viene también será un año diferente. Esta persona, la mujer del granjero, se pregunta cada día: ¿Qué quiere Jesús que haga ahora? Y esta persona, la mujer, recibe palabras del Espíritu Santo con este sentido: Haz lo que te mandé siendo Jesús. Mide tu forma de sentir, pensar, hablar y obrar con los Diez Mandamientos y con las enseñanzas del Sermón de la Montaña, para que te enriquezcas en el interior, para que descubras el Reino de Dios, que está en tu interior, y así vuelvas a ser una hija de Dios que es rica en su corazón y vive en paz con todas las personas y con los reinos de la Naturaleza. Sólo entonces habrá paz.

 

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