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La dictadura de la silla de
san Pedro ...

se basa en religiones sacerdotales paganas.
Enormes discrepancias en el Antiguo Testamento


Índice de esta página:

¿Se enseña la verdad en el Antiguo y en el Nuevo Testamento «con seguridad, con fidelidad y sin equívocos»?

El sacerdocio es de origen pagano. Los sacerdotes tenían que apaciguar a los dioses. Siempre se trataba de actos externos: cultos rituales, prácticas mágicas, sacrificios de animales y de personas

Los verdaderos profetas de Dios y Jesús de Nazaret previnieron contra los sacerdotes

Jesús de Nazaret estaba a favor de los animales. Él mandó no consumir carne ni matar animales

¿Son dignas de crédito las afirmaciones de los libros de Moisés? Sus textos fueron escritos por sacerdotes recién en el siglo VI a. C.

¿Son las «túnicas sagradas» para los sacerdotes un mandato de Dios? ¿O son una infiltración demoníaca para asegurar a los sacerdotes más derechos y una posición especial ante el pueblo? Enormes contradicciones con lo que expresó Jesús

¿Existen ritos con sacrificios en la actualidad? Impulsadas por energías satánicas, precisamente las grandes festividades eclesiásticas son fiestas de matanza sin par. Con el consentimiento de la silla de san Pedro, también se «sacrifica» a millones de animales en experimentos

Dios, el verdadero Uno universal, es el mismo desde hace milenios, lo fue ayer, lo será mañana y en toda la eternidad. La Iglesia siempre estuvo de parte de las religiones sacerdotales paganas y se decidió contra Cristo

Quien contradiga el punto de vista de la Iglesia o de los sacerdotes «tiene que morir». Según el catecismo católico y las enseñanzas protestantes luteranas las sangrientas instrucciones del antiguo Testamento siguen siendo válidas

La fe de la masa ignorante crece cuando «la autoridad de la Santa Sede se muestra en edificios majestuosos que parecen haber sido creados por Dios». Así habla el Papa. ¿Y qué dijo Jesús?

La Iglesia creó los dogmas para intimidar a las personas y para tener un pretexto con que actuar contra los que tenían una opinión diferente a ella

Los dogmas de la Iglesia tienen el objeto de que ésta mantenga su poder e imponga su dictadura

La solución del dilema: «Sal de ella, pueblo mío...»

¿Se enseña la verdad en el Antiguo y en el Nuevo Testamento «con seguridad, con fidelidad y sin equívocos»?

Para aclarar estas preguntas, nos puede ayudar un escrito que el actual titular de esta silla, el señor Ratzinger, dio a conocer en el año 2000 bajo el título «Dominus Jesus». En este documento escribe él sobre la Biblia:
«El Segundo Concilio Vaticano interviene en la constitución dogmática sobre la revelación divina de esta tradición y enseña:
En base a la fe apostólica, para nuestra Santa Madre, la Iglesia, los libros del Nuevo y del Antiguo Testamento tienen validez en su totalidad, con todas sus partes, como algo sagrado y canónico, porque –al ser escritos bajo la influencia del Espíritu Santo– tienen a Dios como su autor y fueron dados como tal a la Iglesia. Estos libros enseñan con seguridad, fidelidad y sin errores la verdad que Dios quería que se tomara por escrito para conseguir nuestra salvación.
El Sr. Ratzinger nos remite así a la Biblia como fundamento de la silla de san Pedro, lo que tiene carácter obligatorio. Ahora puede que alguien diga: «Naturalmente que ya es conocido que la Biblia es el fundamento de la Iglesia católica». Sin embargo, ¿quién sabe realmente lo que está contenido en la Biblia?

 

El sacerdocio es de origen pagano. Los sacerdotes tenían que apaciguar a los dioses. Siempre se trataba de actos externos: cultos rituales, prácticas mágicas, sacrificios de animales y de personas

En el Nuevo Testamento de la Biblia han sido transmitidas a la posteridad muchas palabras de Jesús. Leemos, por ejemplo, en Mateo 23, 8-9: «Pero vosotros no os hagáis llamar rabí, porque uno solo es vuestro Maestro, y todos vosotros sois hermanos. Ni llaméis padre a nadie sobre la tierra, porque uno sólo es vuestro Padre, el que está en los cielos». De estos versículos se sabe que eran los escribas y fariseos los que de buen grado se hacían llamar «rabí». A los escribas de aquel entonces en la actualidad se les llama sacerdotes, pastores, obispos, cardenales hasta llegar al llamado «Santo Padre» –a quien, como Jesús mandó, no se le debería llamar padre.

Para poder llegar a ser sacerdote primero hay que ser «escriba». Todos los teólogos estudian el Antiguo Testamento, el Nuevo Testamento y conocen a fondo la Biblia. Por tanto, los escribas de la actualidad son efectivamente los teólogos, y para llegar a ser sacerdote primero hay que ser teólogo.
Según las palabras que nos han sido transmitidas de Jesús, el Cristo, Él estaba en contra de los escribas. ¿Por qué? La teología es una creación de la institución llamada Iglesia, de modo que de toda la teología se podría decir: Aquí Dios ya no tiene más acceso, sino que sólo la obra de enseñanza de esa Iglesia.

Una de las citas de Jesús dice que los escribas cerraban el Reino de los Cielos a las personas, porque siempre se referían a la obra de enseñanza que había en aquellos tiempos. Los escribas actuales se refieren a la obra de enseñanza que entretanto ha crecido a lo largo de los siglos y se ha convertido en algo tan complicado y contradictorio, que se puede decir que se necesitan años para poder grabarse todo eso en el cerebro, para poder entenderlo con el intelecto. Por su parte la enseñanza de Jesús era muy sencilla. Jesús quería que las personas encontraran el acceso a una relación viva con Dios, con su Padre celestial.

¿De dónde procede el término «escriba»? Los sacerdotes, los escribas, como aquellos contra los que habló Jesús, el Cristo, existían ya antes de Abrahán, puesto que en todas las religiones primitivas desde la edad de piedra ya se practicaban cultos rituales y prácticas mágicas. Esto fue así en los pueblos de la edad de piedra como también en las llamadas primeras civilizaciones desarrolladas. Por ejemplo, en el antiguo Egipto, en el que había un buen número de divinidades, había también sacerdotes que habían estudiado por tanto las escrituras, la tradición de aquel entonces y que estaban a cargo de llevar a cabo actos sagrados. Aquí nos encontramos siempre con religiones externas que pensaban que se podía apaciguar a «Dios» por medio de rituales externos, y que así era posible obtener la clemencia de los dioses. Por tanto, en estas religiones no se trataba de una transformación interna del ser humano, sino que se trataba siempre de una actividad externa.

En tiempos de Abrahán había cultos y festividades especiales para diversos dioses, de los que se creía que vivían en sus templos. Aquí estaban a su servicio servidores humanos. Los soberanos de la ciudad eran considerados representantes terrenales de los dioses.
En Mesopotamia, la interpretación de presagios y la predicción del futuro eran componentes importantes de la religión. Los sacrificios de animales tenían que apaciguar a los dioses y hay referencias que indican que los fenicios, sucesores de los cananitas, sacrificaban a niños, a menudo incluso a los recién nacidos. Todos los soberanos de la región de Mesopotamia se consideraban representantes de Dios, y una gran parte de sus obligaciones consistía en el ejercicio de ceremonias sacras que tenían el objeto de rechazar lo malo y ganarse el apoyo de los dioses. Hoy calificamos esto como una forma del paganismo.

Los centros donde se ejercía este culto eran por lo general los templos, a pesar de que las fiestas religiosas también tenían lugar en grutas sagradas o en montículos consagrados. Los dioses estaban presentes en los templos como estatuas. Los sacerdotes eran responsables de su limpieza y cuidado. Había diversos sacerdotes con diferentes funciones como administración, conjuros, exorcismos, interpretación de signos y presagios, sacrificios, etc. Hoy se parte de la base de que también el padre de Abrahán era un servidor del templo y que era responsable de la construcción de estatuas.

 

Los verdaderos profetas de Dios y Jesús previnieron contra los sacerdotes

También años después de Abrahán existía el pensamiento de que era preciso apaciguar a los dioses por medio de sacrificios, de animales en su mayor parte, pero también de personas. Y por eso, entre otras cosas, los profetas advirtieron siempre al pueblo de Israel del peligro que constituían los sacerdotes. Por ejemplo, lo leemos en el Deuteronomio 12,31: «No obres así con Yahvé, tu Dios; porque cuanto hay de aborrecible y abominable a Yahvé, lo hacían ellos para sus dioses; hasta quemar en el fuego a sus hijos y sus hijas en honor suyo».
Y el profeta Jeremías dijo (Jr 2, 8): «Tampoco los sacerdotes preguntaron: ¿Donde está Yahvé? Los depositarios de la Ley me desconocieron». Aquí tenemos de forma indirecta una respuesta a la pregunta de por qué Jesús de forma general estaba en contra de los escribas. Porque los escribas, como los teólogos, creen en la letra. Se dice: "La letra mata, el espíritu vivifica" en la Segunda carta a los Corintios 3, 6. Y los sacerdotes eran siempre los responsables de los sacrificios.
No obstante hay algo que llama la atención: Si Dios dijo a través de los profetas lo que acabamos de citar, esto entonces contradice totalmente lo que presuntamente Dios habría mandado a través de Moisés, por ejemplo, respecto a las vestiduras de los sacerdotes, respecto a los holocaustos y a los sacrificios de fuego, y del mismo modo respecto a la matanza de animales, a las guerras y al matar personas, cuando se dice que Él habría expresado: «He aquí lo que sobre el altar ofrecerás: dos corderos primales cada día perpetuamente, uno por la mañana, el otro entre dos luces». (Ex 29, 38-39) Por el contrario, a través del profeta Jeremías se han transmitido las palabras de Dios: «Cuando yo saqué de Egipto a vuestros padres, no fue de holocaustos y de sacrificios de los que les hablé y ordené». (Jr 7-22)
Aquí hay que imaginarse que Dios una vez dice supuestamente a través de Moisés: sacrificarás cada día un animal, pero a través de Jeremías expresa en cambio: nunca ordené cosa semejante.
Esto demuestra que la Biblia está rebosante de contradicciones.
Por ejemplo, en el Antiguo Testamento está escrito que Dios dice a través de Moisés: «El sacerdote ungido tomará la sangre del novillo y la llevará al tabernáculo de la reunión y mojando un dedo en la sangre, hará siete aspersiones ante Yahvé hacia el velo del santuario» (Lv 4, 5-6). Pero a través de Isaías Dios dice: «Cuando alzáis vuestra mano, Yo aparto mis ojos de vosotros; cuando multiplicáis las plegarias, no escucho. Vuestras manos están llenas de sangre». (Is 1, 15) O bien, por ejemplo: «Yahvé habló a Moisés y a Aarón, diciendo: Hablad a los hijos de Israel y decidles: He aquí los animales que comeréis de entre las bestias de la Tierra» (Lv 11, 1-3). Y en Isaías Dios manifiesta exactamente lo contrario: «El que sacrifica un buey es como si matase a un hombre» (Is 66, 3).
Como ambas cosas no puede corresponder al mismo tiempo a la verdad, uno se pregunta: ¿Qué es entonces lo correcto?

 

Jesús de Nazaret estaba a favor de los animales. Él mandó no consumir carne ni matar animales

¿Y Jesús? ¿Cuál era la postura del Nazareno ante el matar animales?
Cuando Jesús purificó el templo, recorrió los patios con el látigo y liberó a los animales que los mercaderes de animales querían vender para que fueran sacrificados. Jesús cuidó de que a los animales se les regalara la vida, y no pidió a los sacerdotes que los matasen.
Más indicios los podemos deducir del siguiente suceso: Muchos de Sus discípulos habían sido pescadores, y por tanto pescaban peces. Y cuando Jesús los llamó, les dijo: «Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres. Ya no pescaréis más peces» (Mt 4, 19). Cuando entonces ellos quisieron tirar de la red con los muchos peces hacia tierra firme, ésta se rompía constantemente de modo que los peces podían nadar de nuevo hacia la libertad. Por su parte, el Papa tiene ahora un anillo de pescador donde se puede ver claramente cómo un pescador tira de los peces hacia la orilla; esto corresponde a la idea antigua de que los peces mueren, mientras que por su parte Jesús luchaba a favor de los animales. De esto uno se entera principalmente por escritos del cristianismo originario que están fuera de la Biblia, donde se muestra qué actitud tenía Jesús con respecto a los animales. Estos testimonios confirman Su petición a los seres humanos de que no comieran carne y que no mataran a los animales. Incluso en la Biblia hay muchos ejemplos donde todo esto se puede constatar claramente.

 

¿Son dignas de crédito las afirmaciones de los libros de Moisés? Sus textos fueron escritos por sacerdotes recién en el siglo VI a. C.

Pero volviendo ahora a las contradicciones de las que ya se ha hablado, en la Biblia, que según las ideas católicas es sagrada y obligatoria, se establece que no debe haber ningún sacerdote ni ningún «padre» – es decir, tampoco un «Santo Padre». No obstante, la Iglesia católica tiene sacerdotes y tiene a uno al que llama «Santo Padre». Entonces, dado que el Antiguo y el Nuevo Testamento son supuestamente sagrados y dados por Dios, alguien podría argumentar lo siguiente: «Sacerdotes ya existían en los tiempos del Antiguo Testamento a partir de Moisés». En el Deuteronomio se dice efectivamente que Dios habría instaurado supuestamente sacerdotes a través de Moisés. Eso habría sucedido en el momento en que Moisés se encontraba en el monte Sinaí y recibió los Diez Mandamientos. ¿Sucedió esto realmente así? ¿Es digno de crédito?
Quien estudia teología sabe que los científicos actuales parten de la base de que este libro de Moisés se escribió mucho después, en el siglo VI a. C. Cuando Israel había sido destruido y los israelitas estaban en el cautiverio en Babilonia, los sacerdotes se reunieron y escribieron la Biblia, escribieron de nuevo la historia de hasta entonces.
Hoy es de conocimiento general que uno de los escritos originales del Antiguo Testamento es justamente aquello que los investigadores denominan «Fuente Sacerdotal». Esta Fuente Sacerdotal contiene precisamente todo lo que todavía hoy podemos leer en el Antiguo Testamento; fue allí donde se dijo por primera vez que Moisés habría recibido las instrucciones sobre los sacerdotes supuestamente de parte de Dios. Hasta ese entonces esto no era conocido. Los científicos actuales confirman entonces que así como lo leemos en el Antiguo Testamento no es digno de crédito.
Que el «libro de Moisés» no puede ser de Moisés se desprende del simple hecho de que al final de los cinco libros de Moisés se dice: «Era Moisés de edad de ciento veinte años cuando murió». (Dt 34, 7) Por tanto, esto no lo pudo haber escrito él mismo.

Sería interesante analizar qué aspectos de la parafernalia del Antiguo Testamento que Dios presuntamente habría instituido vuelven a reaparecer con la silla de san Pedro. Mostremos entonces para ello los paralelismos: ¿Qué se prescribió presuntamente en aquel tiempo para que se instauraran sacerdotes, para sus vestiduras y las ofrendas de sacrificio que ellos tenían que hacer? ¿Y qué pasa cuando se compara esto con lo que sucede en la actualidad en la Iglesia católica? Una mirada de soslayo a los cultos paganos en los que se basa todo esto también podría ayudarnos a esclarecer estos detalles.

 

¿Son las «túnicas sagradas» para los sacerdotes un mandato de Dios? ¿O son una infiltración demoníaca para asegurar a los sacerdotes más derechos y una posición especial ante el pueblo? Enormes contradicciones con lo que expresó Jesús

Lo que es necesario para las vestiduras de los sacerdotes se puede ver en el capítulo 28 del Éxodo. Allí leemos: «Y harás vestiduras sagradas a Aarón, tu hermano, para honra y hermosura. Y tú hablarás a todos los sabios de corazón, a quienes yo he llenado de espíritu de sabiduría, para que hagan vestiduras de Aarón, para consagrarle para que sea mi sacerdote». (Ex 28, 2-3)
Aquí uno se cuestiona: ¿Se puede llegar a ser santo a través de vestiduras? Y si sólo hay uno que es santo, que es Dios, nuestro Padre, que está en el Cielo, ¿qué significan por tanto «vestiduras sagradas»?
Una explicación podría ser que: Bajo el «atavío» externo, bajo las suntuosas togas se puede ocultar como tras una máscara lo que en realidad piensa quien lleva esa túnica. Y los profetas dijeron mucho al respecto. Oseas, por ejemplo, dice: «Y como ladrones que esperan a algún hombre, así una compañía de sacerdotes mata en el camino hacia Siquén». (Os 6, 9) De ello se puede deducir que detrás del demostrativo carácter festivo de las vestiduras y de toda la parafernalia que las acompaña, a menudo no se esconde otra cosa que la pura violencia.
Otro aspecto podría ser que las vestiduras también son una clara manifestación de que esa persona tiene una posición especial. Con ello se eleva completamente sobre la masa del pueblo y muestra de forma visible que sólo él es el mediador entre Dios y los seres humanos.
Los escribas se vistieron desde siempre de modo diferente al pueblo y también a los profetas enviados por Dios. Quien se haga consciente de que Dios presuntamente habría dicho a través de Moisés el modo como había de vestirse un sacerdote, tendrá que poner en tela de juicio a Jesús, el Cristo. Puesto que ese «Dios» habla en este caso de modo diferente a Jesús, quien rechazó los hábitos llevados por los sacerdotes más que nada para aparentar. Así que hay que preguntarse: ¿El que habla aquí por Moisés, es realmente Dios o se trata de un tratado demoníaco sobre las prerrogativas, sobre los privilegios de la casta sacerdotal de aquel entonces? ¿O fue Jesús, el Cristo, un falso profeta? Pues Él habló de modo diferente de aquel al que se denomina «Dios» en el Antiguo Testamento.
Continuemos leyendo lo que Dios presuntamente dijo sobre cómo se debía vestir un sacerdote y hagámonos presente las imágenes actuales de cómo se visten los sacerdotes de hoy. Así podemos reconocer lo que se esconde detrás de la silla de san Pedro. Por ejemplo, en el Éxodo 28, 4 se dice: «Las vestiduras que harán son estas: el pectoral, el efod, el manto, la túnica bordada, la mitra y el cinturón. Hagan pues, las vestiduras sagradas para Aarón, tu hermano, y para sus hijos, para que sean mis sacerdotes. Tomarán oro, azul, púrpura, carmesí y lino torcido, y harán el efod de oro, azul, púrpura, carmesí y lino torcido, de obra primorosa. Tendrá dos hombreras que se junten a sus dos extremos, y así se juntará, y su cinto de obra primorosa que estará sobre él, será de la misma obra, parte del mismo; de oro, azul, púrpura, carmesí y lino torcido». Y continúa en este estilo durante varias páginas. Quien se interese por esto puede leerlo en el «Éxodo», en el segundo de los libros de Moisés.
Uno se queda pensativo al leer esto, por una parte si se piensa ¿por qué tendrían que vestirse justamente Aarón y los sacerdotes así como se describe, y por su parte Moisés mismo, el gran profeta, sigue siendo una persona como tú y yo? Ya en esto se ve la discrepancia en el libro de Moisés entre un sacerdote y un profeta.
Por otro lado leemos en el Nuevo Testamento lo que Cristo en aquel entonces siendo Jesús de Nazaret dijo a los sacerdotes; Él empleó palabras muy claras:
«Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas, porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino y dejáis lo más importante de la ley; la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, aunque sin dejar de hacer aquello. Guías ciegos sois» (Mt 23, 23-24).
O bien; «Sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos muertos y de toda inmundicia. Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justo a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad» (Mt 23, 27-28).
Así habla entonces Jesús, el Cristo, el Hijo de Dios. ¿Y después de esto Dios, el Padre de Aquel que acaba de hablar, habría dicho en el libro de Moisés que hay que dedicarles vestiduras sagradas a los fariseos y escribas? Aquí no cabe duda que hay algo que no concuerda ni está en orden.
Y por cierto todo esto continúa en el Antiguo Testamento: «Y lo llenarás de pedrería en cuatro hileras de piedras; una hilera de rubíes, topacios y esmeraldas; la segunda hilera una esmeralda, un zafiro y un diamante; la tercera hilera un jacinto, una ágata y una amatista; la cuarta hilera un berilo, un ónice y un jaspe. Todas estarán montadas en engastes de oro» (Ex 17-20).
Vaya, ¿quién habla aquí? ¿Qué tipo de «Dios» es el que habla aquí y da una semejante descripción tan detallada de cómo han de fabricarse las vestiduras para una persona que luego se presenta como sacerdote? ¿A quién no le resulta extraño esto? Y no sólo es extraño sino que es paganismo puro. Estos aspavientos paganos los seguimos viendo todavía hoy, la pompa de los paganos. Esto no tiene nada que ver con la palabra de Dios a través de los profetas del Antiguo Testamento y es completamente lo contrario de lo que es la palabra actual de Dios a través de Su profeta para este tiempo.
Dios, nuestro Padre, en Abril de 2005 expresó a través de nuestra hermana Gabriele palabras muy claras:
«Jesús, que según la carne era hijo de un carpintero, vestía como el pueblo. También los profetas que Yo envié a los hombres se vestían igual que el pueblo. Ningún ser celestial hecho hombre para anunciar Mi mensaje siendo un ser humano se vistió con púrpura, oro ni seda».

Por lo visto se han tomado muchas cosas del Antiguo Testamento, por ejemplo, las túnicas de los sacerdotes y todo el resto de semejante necedad. ¿Es algo diferente en el caso de la consagración de los sacerdotes? Por ejemplo, en el libro del Éxodo, capítulo 29, podemos leer con respecto a la consagración de los sacerdotes que a Aarón se le pidió que matase animales. La amplia descripción es más o menos la siguiente: «Y matarás al becerro delante de Jehová, a la puerta del tabernáculo de la reunión. Y de la sangre del becerro tomarás, y pondrás sobre los cuernos del altar con tu dedo, y derramarás toda la demás sangre al pie del altar». (Ex 29, 11-12)
¿Qué dijo por su parte Jesús, el Cristo, en un evangelio no bíblico al respecto?: «En verdad os digo que he venido para eso al mundo, para abolir todo sacrificio de sangre y el comer carne de animales y pájaros sacrificados por hombres» (El evangelio de Jesús. ¿Qué sucedió hace 2000 años?). Esta es sin duda una enorme contradicción.
Como ya se ha mencionado, Dios dijo a través de Isaías en el Antiguo Testamento: «El que sacrifica un buey es como si matara a un hombre» (Is 66,3). Con ello Él puso al mismo nivel: Trátese de animales o seres humanos, matar la vida es algo que no tiene el sentido de lo que quiere Dios.
Aquí también es preciso repetir lo que Jeremías dice en el Antiguo Testamento: «Cuando yo saqué de Egipto a vuestros padres», es decir, justamente el tiempo de Moisés del que estamos hablando, «no fue de holocaustos y sacrificios de lo que les hablé y ordené» (Jr 7,22). A través de Jeremías Dios también manifestó: «Vuestros holocaustos no me son gratos, vuestros sacrificios no me deleitan» (Jr 6, 20). Y a través de Amós dijo algo similar, pues en Amós 5, 22 se lee: «Y si me ofreciereis vuestros holocaustos y vuestras ofrendas, no los recibiré, ni miraré las ofrendas de paz de vuestros animales engordados».

 

¿Existen ritos con sacrificios en la actualidad? Impulsadas por energías satánicas, precisamente las grandes festividades eclesiásticas son fiestas de matanza sin par. Con el consentimiento de la silla de san Pedro, también se «sacrifica» a millone

La pregunta que queda aún pendiente es si hoy en día esto es diferente. Hemos visto los paralelismos con respecto a las vestiduras. ¿Es realmente diferente en la actualidad en lo que se refiere a los animales? Bueno, ya no se sacrifica a animales de manera oficial en una ceremonia. ¿Pero adónde van después los personajes que se exhiben con tanto gusto en la televisión – y qué comen? Ya en el Antiguo Testamento a Dios sólo se le dejaban los «despojos», los intestinos y otros órganos de los animales. Los mejores trozos se los comía siempre el sacerdote. ¿Ha cambiado esto en la actualidad?
En el Antiguo Testamento se lee, por ejemplo: «Reservaréis también al sacerdote, como tributo, la pierna derecha de vuestros sacrificios de comunión. Esta pierna derecha pertenecerá a aquel de los hijos de Aarón que haya ofrecido la sangre y la grasa de los sacrificios de comunión» Lv 7, 32).
Es decir, que hay que sacrificar sangre y grasa. La pierna se la come el sacerdote.
¡Uno lo escucha y no sale de su asombro! Una persona con buena capacidad de análisis buscará con seguridad la respuesta a la pregunta de cómo es hoy cuando el Sr. cura o incluso un dignatario eclesiástico de más rango es invitado a un festejo.

Con motivo de la toma de funciones del nuevo Papa, un carnicero dio a los fieles la posibilidad de hacer un «sacrificio de animales», en este caso por medio de una «salchicha Ratzinger» – a 85 céntimos los cien gramos. Esto es sólo la punta del Iceberg, puesto que al mismo tiempo a cada instante se sacrifica a millones de animales para deleite del paladar, o también en los experimentos de los laboratorios que son aprobados expresamente por la silla de san Pedro, esto es, por la casta sacerdotal de la actualidad. Las grandes festividades de la Iglesia –Pascua y Navidad– son las mayores fiestas de matanza de la llamada cristiandad. Es decir, otra vez ritos de sacrificio. ¿Para quién se sacrifica a estos animales inocentes? ¿Quién se los come? La respuesta es sencilla: los sacerdotes y quienes les siguen e imitan.
Quien ha aprobado y aprueba todo esto con seguridad que no es Dios, sino más bien el dios de los infiernos. Al dios de los infiernos también lo podemos denominar energía satánica, o bien, dicho brevemente, como a Satanás. Estas son las fuerzas contrarias a Dios que siempre han intentado destruir lo positivo, aquello que han traído al mundo los grandes profetas y Jesús de Nazaret, intentando transformarlo en todo lo contrario.

 

Dios, el verdadero Uno universal, es el mismo desde hace milenios, lo fue ayer, lo será mañana y en toda la eternidad. La Iglesia siempre estuvo de parte de las religiones sacerdotales paganas y se decidió contra Cristo

Las Iglesias seguramente protestarán por lo que se expresa aquí. Pero la discrepancia que hemos mostrado es evidente. En las Iglesias se sigue enseñando más o menos que en aquel tiempo Dios lo ordenó así, eso de las vestiduras y de las disposiciones sobre los sacrificios, que eso tiene que ver sólo con el tiempo pasado y que de ese modo Dios habría dado a conocer Su voluntad. Y después dicen que con Jesús vino el cambio, que a partir de Jesús estos sacrificios ya no habrían sido más necesarios; se dice también que tampoco las vestiduras especiales ya no serían indispensables, aunque todavía se las lleve con gusto. La enseñanza de la Iglesia establece que como el Antiguo Testamento se ilumina en el Nuevo, también hay que garantizar una continuidad, agregando además que, visto de forma global, ha venido un cambio de la voluntad de Dios. Así se enseña en las Iglesias. Esa sería entonces la respuesta que vendría de su parte.
Sin embargo, en un escrito de la Iglesia se puede leer algo completamente diferente. Los autores Neuner y Roos, en el libro en alemán «Der Glaube der Kirche in den Urkunden der Lehrverkündigung» [La fe de la Iglesia en los documentos de la proclamación de la enseñanza], en su edición alemana n° 13, en la página 82 escriben: «Pues sólo existe un Dios que ha creado la naturaleza, que conduce el curso de los acontecimientos y es el autor de las escrituras sagradas. Y Dios no se puede contradecir a sí mismo».

¿Quién contradice ahora a quién? ¿Jesús al Antiguo Testamento o el Antiguo Testamento a Jesús, el Cristo? O bien Jesús ha sido un falso profeta o Dios es un dios que cambia. Y si Dios estuviera sujeto a cambios, Él sería entonces como muchas personas, pues las personas se transforman y cambian cada día de opinión, de modo semejante a como también la Iglesia se adhiere a sus propias opiniones y en base a ellas construye una obra de enseñanza.
En el mismo Antiguo Testamento, en el profeta Malaquías 3, versículo 6, no obstante, leemos: «Porque Yo, Jehová, no cambio».
Hagámonos conscientes de que si Dios es absoluto, Él no puede cambiar. Si Dios cambiara, sería imperfecto. Y Él es un Dios perfecto, un Dios absoluto. Él tiene leyes absolutas. El hecho de que Él es absoluto lo vemos también en las leyes de la naturaleza. Entonces, ¿quién es aquí el falso maestro? ¿El «Dios» en el Antiguo Testamento? ¿O Jesús, el Cristo, en nuestro tiempo? ¿O quién?
Una persona a la que le guste analizar bien las cosas, que es a quien nos dirigimos en esta serie de programas, llegará lógicamente a la conclusión de que estos son aquellos que han escrito el Antiguo Testamento en su mayor parte. Y ellos fueron, como entretanto ya sabemos muy bien, los sacerdotes y no Dios.
En el catecismo de la Iglesia católica se lee, no obstante, algo completamente diferente. Allí se dice en el párrafo 136: «Dios es el autor de la Sagrada Escritura porque inspira a sus autores humanos: actúa en ellos y por ellos. Da así la seguridad de que sus escritos enseñan sin error la verdad salvífica».
En el párrafo 140 se puede leer: «El Antiguo Testamento prepara al Nuevo, mientras que éste da cumplimiento al Antiguo; los dos se esclarecen mutuamente; los dos son verdadera Palabra de Dios». Nótese: los dos. De lo que resulta que según la opinión de la Iglesia el Antiguo Testamento se ilumina, esclarece en el Nuevo y en ese caso las Iglesias derogan la enseñanza de Jesús, el Cristo. Puesto que Jesús enseñó algo totalmente diferente al Antiguo Testamento. ¿Quién anula ahora a quién? Entre ambos está la casta sacerdotal, que toma algo de cada uno así como le conviene en ese momento, en última instancia para engañar y seducir a la humanidad que en su mayor parte cree en ella.

La institución de la silla de san Pedro siempre se ha basado en las afirmaciones que fueron escritas en la Biblia por la casta sacerdotal, y también siempre se ha manifestado en contra de las declaraciones hechas por Jesús de Nazaret. Pensemos ya sólo en la enseñanza fundamental de Jesús de Nazaret, el Sermón de la Montaña. Sobre ella, la casta sacerdotal afirma más o menos que es una utopía y que no se puede vivir. Por el contrario, cuando se trata de cosas como las vestiduras, el lujo, el boato, siempre encuentra el asentimiento de la silla de san Pedro. O pensemos en las indicaciones de matar en el Antiguo Testamento y en la huella sangrienta de la Iglesia vaticana a través de los siglos, en estos casos la silla de san Pedro siempre ha estado de lado de la antigua y pagana religión de los sacerdotes.

 

Quien contradiga el punto de vista de la Iglesia o de los sacerdotes «tiene que morir». Según el catecismo católico y las enseñanzas protestantes luteranas las sangrientas instrucciones del antiguo Testamento siguen siendo válidas

A la persona que le guste analizar bien las cosas le damos aún más material para su análisis:
A pesar de que Dios dio a través de Moisés el Mandamiento «no matarás», en el Antiguo Testamento muchas órdenes de matar se ponen en boca de Moisés como si esto fuera la palabra de Dios. Damos algunos ejemplos de lo que Él presuntamente habría dicho:
«Luego que el Señor tu Dios la entregue en tu mano, herirás a todo varón suyo a filo de espada». (Dt, 20,13). O bien: «Embriagaré de sangre mis saetas, y mi espada devorará carne; en la sangre de los muertos y de los cautivos, en las cabezas de larga cabellera del enemigo» (Dt, 32,42). Pese a que Dios dio el Mandamiento «No matarás», ahora Él habría dado la orden: «Matad de los niños a todo varón y de las mujeres a cuantas han conocido lecho de varón» (Nm, 31,7). ¿No es esto algo increíble? Una cosa semejante la puede haber ordenado sólo un demonio, pero jamás Dios.
O bien consideremos la declaración: «El que, dejándose llevar de la soberbia, no escuchare al sacerdote que está allí para servir a Yahvé, tu Dios, o no escuche al juez, será condenado a muerte» (Dt, 17,12). A más tardar ahora comprendemos quién es el autor de tales palabras.
La persona a la que le gusta analizar bien las cosas posiblemente plantee ahora la siguiente pregunta: ¿O sea que todo esto se debe esclarecer en el Nuevo Testamento? Así está, en todo caso, en el catecismo católico como enseñanza obligatoria para nuestro tiempo.
El tiempo del Nuevo Testamento es también la época de las Cruzadas, de la Inquisición, de las quemas de brujas. En vista de estos excesos se puede decir que con ello el Antiguo Testamento ya se esclareció en el Nuevo. También fueron sacrificios humanos los que se ofrecieron al dios de los infiernos.
En ello se puede ver que la energía demoníaca ya ha comenzado a iluminar a través de la silla de san Pedro el Antiguo Testamento en el Nuevo. ¿Cómo seguirá todo esto?
Tal vez alguien piense: «Vaya, estas no son más que palabras»; Quien piensa así está muy equivocado. La experiencia lo demuestra. Por ejemplo, los políticos a menudo toman muy en serio tales palabras. En la biografía del presidente croata Franco Tudjman, que estuvo involucrado en la guerra de los Balcanes, este hombre de Estado dice: «El genocidio, esto es, el asesinato de un pueblo, no sólo es permitido, sino recomendable» (Franco Tudjman, 1989, «Los errados caminos de la verdad histórica») Y él se remite expresamente al todopoderoso Jehová del Antiguo Testamento. Hay que considerar que esto sucede en el tiempo actual.
Otros piensan de la manera más natural: «Esto no me afecta a mí pues soy protestante». Aquí hay que dejar en claro que tampoco Martín Lutero dijo lo que Jesús había enseñado, que Dios se puede encontrar en el propio interior, y corroboró de este modo la competencia absoluta de las enseñanzas de la Iglesia. Lutero dio incluso a conocer que: «Si alguien imparte la enseñanza correcta, aunque de los cielos viniese un ángel o el mismo san Gabriel, y quiera predicar, que demuestre la profesión y la autorización de la Iglesia para hacerlo. En caso de que no lo quiera, que las autoridades se encarguen de encomendar a estos muchachos al verdadero maestro, llamado maese Hans» (Der 82. Psalm durch Doctor Martin Luther, geschrieben und ausgelegt Anno 1530 [El salmo 82, escrito e interpretado por el doctor Martín Lutero en el año 1530] Tomos, edición de los escritos de Lutero del siglo XVI 5, p. 74b y siguientes, en alemán). Esto significaba entregarlo al verdugo.
Así que vemos que tampoco Lutero trajo nada nuevo, sino que sólo confirmó que quien contradiga a la Iglesia ha de ser ejecutado.
¿Y qué dijo Jesús? «Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen» (Mt 5, 44). O sea que Él dice totalmente lo contrario de lo que enseñan la Iglesia católica y la luterana.
Ahora el lector puede examinarse sobre lo que él mismo cree. ¿Tal vez en aquello que enseñan las Iglesias institucionales?

 

La fe de la masa ignorante crece cuando «la autoridad de la Santa Sede se muestra en edificios majestuosos que parecen haber sido creados por Dios». Así habla el Papa. ¿Y qué dijo Jesús?

No deja de ser interesante lo que piensa la casta sacerdotal de sus fieles. En este sentido, el Papa Nicolás V se desenmascara a sí mismo cuando se dice que expresó lo siguiente: «Para crear convicciones duraderas en los cerebros de las masas ignorantes, ha de existir algo que capte la atención de los ojos. Una creencia que sólo se base en doctrinas, sólo puede ser débil y vacilante. Pero si la autoridad de la Santa Sede se hace visible en edificios majestuosos que parecen haber sido creados por Dios, la fe crecerá». ¿Y qué dijo Jesús? «No os amontonéis tesoros que son pasto de las polillas y el orín» (Mt 6, 19), y que el ser humano es el templo del Espíritu Santo, expresando también que no se necesita templos externos y que cada uno puede encontrar a Dios en sí mismo.
Jesús, el Cristo, dijo simplemente: «Seguidme», «Ama a tu prójimo como a ti mismo», «Ama a Dios», y enseñó: «Todo aquello que esperáis de otros, hacédselo también primero a ellos», esto es, la Regla de Oro (Mt 7, 12).
Jesús era un hombre del pueblo que sencillamente enseñaba el amor al prójimo y que también ayudó a que las personas se autorreconociesen, a que vieran donde estaban sus propios errores, dándoles la buena nueva de que ellos podían superar lo malo con la ayuda de Dios. Por tanto, Jesús era un hombre sencillo que mostró a las personas el camino para encontrar a Dios en su propio interior y a ver también a Dios en la Creación, en los semejantes, en los animales, las plantas, las piedras. Y así dijo: «Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público» (Mt 6, 6). Esto significa entonces: Comunícate con Dios en ti, pues tú eres el templo de Dios.
Vemos entonces que Jesús dijo totalmente lo contrario de lo que enseña la Iglesia, y en última instancia también el Antiguo Testamento. ¿Quién enseña ahora entonces lo falso, Jesús, el Cristo, o el Antiguo Testamento, o bien el dios del Antiguo Testamento del que ya hemos oído que en realidad se trata de las palabras de la casta sacerdotal en las Fuentes Sacerdotales? Aquí son entonces una vez más los sacerdotes los que nuevamente, partiendo ya del Antiguo Testamento, proceden en contra de Jesús.
Para conducir a las personas al error, la casta sacerdotal toma de vez en cuando algunas frases de Jesús, que después se citan. Siempre se toma sólo aquello que a uno le parece cómodo en el momento. Sin embargo, la propia enseñanza, la enseñanza de la silla de san Pedro es supuestamente «infalible». De esta manera, desde 1870 el dogma de la infalibilidad de lo católico, del magisterio católico papal establece: Esto es infalible. Sin embargo, lo que dice Jesús es como una cantera de la que uno se puede servir para poder colocarse por encima de vez en cuando el manto de «cristiano» o de «Jesús», y así poder seguir engañando a las personas.

 

La Iglesia creó los dogmas para intimidar a las personas y para tener un pretexto para actuar contra los que tenían una opinión diferente a ella

En el Nuevo Testamento, en las palabras de Jesús, el Cristo, no se dice nada sobre dogmas. Por ello sería interesante saber de dónde vienen estos realmente.
La Iglesia empezó con ello en sus concilios, diciendo: a partir de ahora vale este dogma, y más adelante, ese otro. Y así un dogma llevó al otro. El último fue la ascensión en cuerpo de María a los cielos, anunciado en 1950. Como se trata precisamente de un dogma, un católico tiene que creer en ello. Si no lo hace, pasará por ser un hereje y tendrá que ir al infierno eterno. También esto pertenece a las «verdades de la fe», que son obligatorias de creer. Con ello se atemoriza a las personas y se las intimida. Jesús no dijo absolutamente nada de todo eso, ni enseñó contenidos semejantes ni habló en absoluto de dogmas.
Los dogmas surgieron en la época de la antigüedad cuando la Iglesia vio que había personas que todavía intentaban practicar el cristianismo originario. Fue entonces cuando se establecieron algunos dogmas cuyo contenido en parte era difícil de creer porque se contradecían con el sentido común. A pesar de ello los dogmas fueron declarados como enseñanza obligatoria y en aquel entonces ya dieron a la silla de san Pedro la estupenda oportunidad de actuar contra las personas que no eran fieles a la línea de la Iglesia. Los dogmas sirvieron así de pretexto para perseguir a aquellas personas, para excluir a los que tenían otra opinión argumentando que ellos no creían en el dogma. El dogma fue desde el comienzo un arma contra los que lo querían de otra manera y vivían de otra manera, un arma contra los que «se salían de la Iglesia».

Esta parafernalia se fue formando a través de siglos. La gente no sabe de esto y opina que la Iglesia católica proviene del cristianismo originario y que fue creada sobre ese fundamento. Muchos todavía lo creen. Pero esto fue construido como un mosaico que en sí no es concluyente. Por ejemplo, en el año 321 se trasladó la fiesta del sábado al domingo. La misa en  latín existe desde el año 394. Después vino el sacramento de la extremaunción en el año 550. El purgatorio fue inventado en el año 593. La invocación de María y de los santos en el año 715. Y esto sigue: el besar los pies por el Papa fue introducido en el 809. La canonización de los fallecidos por parte del Papa se introdujo además en el año 973. Después vino el bautizo de campanas en el año 1000; el estado de soltero de los sacerdotes fue introducido de modo obligatorio recién en el año 1015, esto es, mil años después de Cristo. Las indulgencias se crearon en el año 1119, lo que era algo muy lucrativo. Después vinieron los juicios contra los herejes. La confesión se introdujo en el año 1215. La procesión del Corpus se inventó en el año 1264. Y así continúa interminablemente. En cada siglo se agregó algo para agrandar más aún esta parafernalia y hacerla cada vez más «bella».

Los dogmas son por tanto credos de fe eclesial pero de ninguna manera legitimidades de Dios. Los dogmas surgieron cuando el cristianismo ya había sido transformado en lo contrario, cuando los sacerdotes se habían apoderado del poder.
Al respecto, la Iglesia dice en la actualidad, y esto lo podemos leer de nuevo en el libro «La fe de la Iglesia»: «Sin embargo, la tarea de explicar con obligatoriedad la palabra de Dios transmitida por vía oral o escrita, sólo se le confía al magisterio de la Iglesia». O bien: «Todo lo que concierne a la explicación de las escrituras, recae en definitiva bajo el criterio de la Iglesia». En ello se muestra de nuevo las ansias de poder y la presunción de la Iglesia.

Hay que pensar que según las enseñanzas de Jesús, el Cristo, no existe ninguna Iglesia. Pues según Jesús existe el aposento al que debes entrar haciéndote consciente de que tú eres el templo de Dios y que Dios está en ti. Y mientras más cumplamos nuestras oraciones, tomando como ayuda los Mandamientos de Dios y las enseñanzas de Jesús, el Cristo, nos convertiremos en un templo vivo. ¿Para qué necesitamos toda la mezcolanza del Antiguo Testamento? ¿Para qué necesitamos acaso toda la casta sacerdotal del tiempo actual? Jesús es la vida y no la casta de los sacerdotes, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento.

 

Los dogmas de la Iglesia tienen el objeto de que ésta mantenga su poder e imponga su dictadura

Los dogmas o credos de fe la Iglesia son comparables a los artículos de la ley en cualquier nación del mundo. ¿Y para qué se establecen? Para mantener el propio poder. Es decir, que tienen exclusivamente la función de controlar a los fieles y de mantener la dictadura de la silla de san Pedro. Esto se puede ver en el hecho de que todo aquel que cuestione estos credos de fe es castigado en seguida con la mayor sanción que puede impartir la Iglesia. Aquí se puede citar lo que figura en el libro de Neuner y Roos acerca de los dogmas, en la página 53 de la edición alemana: «Quien diga que es posible que a los dogmas presentados por la Iglesia, de acuerdo con los adelantos de la ciencia se pueda conceder un sentido diferente al que les ha otorgado la Iglesia según su entender, que sea excluido.» «Excluido» es sin duda la formulación moderna. Antes se decía «condenado por toda la eternidad».
Pensemos por una vez en que hubo un científico, Galileo Galilei, que afirmó que la Tierra giraba alrededor del sol. Por ese motivo fue sometido a un proceso inquisitorial teniendo que denegar sus afirmaciones. Si hoy se afirma que lo que la Iglesia enseñó en aquel tiempo es hoy falso, se es excluido. Por tanto se puede ver que estos credos de fe no tiene otro sentido que el mantener el poder de la Iglesia, mientras que en Jesús, el Cristo, no existen los dogmas. Lo que Jesús, el Cristo quería, era conducir a las personas a Dios. Por el contrario, los dogmas sirven sólo para imponer la dictadura de la Iglesia.

De todo esto se ve que los dictadores de la ignorancia eclesial no toman en absoluto en serio a las personas.
Del Papa Pío II, que vivió de 1405 a 1464, se ha transmitido a la posteridad la frase: «Para nosotros y los nuestros, la fábula de Jesús de Nazaret se ha convertido en una bendición». Y quien lea esto, tal vez recuerde al Gran Inquisidor de Dostojewski  (en su obra «Los hermanos Karamazov»), que hace saber al Jesús que aparece en ese relato, que el Gran Inquisidor y la Iglesia se han apoderado de la enseñanza de Jesús, transformando Su enseñanza y seduciendo con ello al pueblo.
La persona a la que le gusta analizar bien las cosas, en este contexto se acordará de la ya mencionada frase del Papa Nicolás V: «Para crear convicciones duraderas en los cerebros de las masas ignorantes, ha de existir algo que capte la atención de los ojos. Una creencia que sólo se base en doctrinas, sólo puede ser débil y vacilante. Pero si la autoridad de la Santa Sede se hace visible en edificios majestuosos, que parecen haber sido creados por Dios, la fe crecerá».
Pensemos en las imágenes que en los primeros meses del año 2005 hemos tenido constantemente presente ante nuestros ojos: edificios majestuosos, grandiosas puestas en escena, música sobrecogedora, lujo, majestuosidad y piedras preciosas.

 

La solución del dilema:
«Sal de ella, pueblo mío...»

Estimados lectores: ¿A qué categoría pertenecen ustedes? ¿Pertenecen ustedes también a aquellos que mencionó el Papa Nicolás V? ¿Hay que transformar también algo en su cerebro para después de todo ser una persona inculta? ¿Pertenecen Uds. también a esa «masa de gente inculta» que ha de ser convencida de que la llamada silla de san Pedro lo es todo? La creencia en ello con seguridad no procede del Espíritu Santo, del verdadero Espíritu Santo, sino de una irradiación que, por ejemplo, podemos calificar de energías satánicas.
Para aquellos entre ustedes que piensan seriamente sobre cómo deberían contestar a estas preguntas, si lo desean, podemos también mostrarles un camino de salida. Y la solución del dilema, que ustedes tal vez descubran en sí mismos, también la encuentran en la Biblia, a decir, en la revelación de Juan, Cap. 18, 4, el Apocalipsis, donde se lee: «Sal de ella, pueblo mío, no sea que os hagáis cómplices de sus pecados y os alcancen sus plagas».

Estimados buscadores de la verdad, este ha sido sólo un pequeño resumen de las muchas contradicciones que se descubren cuando uno empieza a pensar de forma analítica y a plantear preguntas, y a no aceptar sin actitud crítica lo que a uno le es puesto por delante.
En esta oportunidad quisiéramos dejar en claro de forma expresa que cada persona tiene la libertad de creer lo que quiera. Y cada institución puede enseñar lo que quiera. Pero nosotros los cristianos originarios no callamos cuando una institución dice ser cristiana y su enseñanza no sólo no tiene nada que ver con la enseñanza de Jesús, el Cristo, sino que incluso la contradice.

 

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En el Tomo 1 de la serie
«Sólo para personas despiertas y con buena capacidad analítica. ¿Quién está sentado en la silla de san Pedro?» están contenidas las emisiones de radio desde la primera a la quinta.

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