 |
|
  |
 
 Una obra para que usted pueda consultarla y coleccionarla

En los últimos días hemos vuelto a recibir tantas cartas con preguntas y comentarios sobre nuestra serie de programas «Para personas con buena capacidad analítica. ¿Quién está sentado en la silla de san Pedro?», que en nuestro programa de hoy queremos dar espacio para contestar al menos algunas de esas preguntas. En esta ocasión han sido especialmente muchas mujeres las que se han dirigido a nosotros, lo que no es sorprendente, ya que en nuestro programa anterior mostramos cuán despectivamente trata a las mujeres el culto idólatra totalitario de la Iglesia católica, y de que modo tan deshonroso se trató y se sigue tratando en nuestro tiempo a las mujeres dentro de la tradición de esa Iglesia.
Por eso, en primer lugar queremos tratar algunas preguntas sobre el tema: «La hostilidad contra las mujeres dentro de la Iglesia». Recordemos que en la doctrina católica el padre de la Iglesia Tertuliano calumnia a la mujer diciendo que es «la puerta de entrada del diablo». Sobre esto trata la primera pregunta:
«Si la mujer ha de ser la puerta de entrada del diablo, ¿por qué hay entonces conventos de mujeres?»
Repuesta: Es posible que antes haya habido y sigan habiendo tantos conventos de mujeres precisamente porque el o los demonios tienen allí la mejor oportunidad para abalanzarse sobre las mujeres y atacarlas. El diablo se busca una y otra vez puertas de entrada a través de las cuales puede aprovecharse de los seres humanos para conseguir sus fines. El demonio, o los demonios, que en este caso eran los clérigos y monjes, durante muchos siglos convirtieron, por lo menos en parte, los conventos de mujeres en burdeles. En el libro del historiador alemán Karlheinz Deschner: «Cargar con la cruz que es la Iglesia», encontramos la siguiente nota: «El sínodo de Aquisgrán constató en tiempos de Carlomagno que «los conventos de monjas parecían más casas de prostitución que conventos, una comparación repetida constantemente en el siglo IX». (Pág. 137) «Era de conocimiento general que los conventos de mujeres de las localidades de Interlaken, Frauenbrunn, Trub, Gottstadt en las cercanías de Berna, Ulm y Mühlhausen eran burdeles públicos.» (Pág. 139) Todavía en el siglo XVI se llevó a cabo una visita de 88 conventos austriacos, donde «se contó a 387 monjes y 86 monjas. Estos 387 monjes mantenían en sus iglesias a 237 concubinas y 49 esposas. Las 86 monjas que vivían allí tenían un total de 50 hijos propios.»85 O sea que esto se prolongó desde la antigüedad hasta el tiempo de la Reforma. Naturalmente que no se puede generalizar este hecho. A veces los conventos de mujeres eran simplemente, y por decirlo así, lugares de trabajo donde se explotaba la barata mano de obra de las mujeres. Los conventos servían también de lugares para relegar a las jóvenes hijas de los nobles que no podían ser casadas o que no se quería que lo hicieran, y a las que simplemente se las encerraba en aquel lugar. También había conventos muy ricos, donde las monjas, y sobre todo también los monjes, vivían con gran lujo y en los que en parte tenían que matarse trabajando de 6 a 8 criados para un monje. En los conventos también había esclavos y siervos, a los que también se les mantenía allí prisioneros. Los monjes sufrían de toda clase de enfermedades debido a su gula, de diabetes o de diversas deformaciones de los huesos. Es decir, que no se puede exponer nada que tenga validez general sobre los conventos, pero sí que se puede decir con certeza que todo aquello no tenía nada que ver con Jesús de Nazaret.
Otra pregunta va justamente en esa dirección: ¿De dónde viene en realidad la idea de construir un convento o de ir a un convento? ¿Viene esto de Jesús de Nazaret?
Respuesta: Con seguridad que no, pues Él dijo: «El Reino de Dios está dentro de vosotros.» (Lc 17, 21) Es decir, que no hay que buscarlo en otra parte, ni donde sacerdotes ni tampoco en conventos, sino que allí donde uno vive, dentro de la familia, en la profesión tiene uno que descubrirse a sí mismo, reconocerse, arrepentirse y cambiar aquello que no corresponde a la voluntad de Dios. Los primeros cristianos no tenían conventos, ellos vivían y trabajaban juntos. Sólo a partir del siglo IV aparecieron los conventos dentro del ámbito de la Iglesia, en una época en que la institución Iglesia ya había eliminado al cristianismo temprano. Las personas que no se entendían con aquella institución no cristiana, escogían una «vía de escape» hacia la soledad de un convento, ya que creían que allí podrían acercarse más a los ideales del cristianismo. Sigamos preguntando entonces: si la fundación de conventos no tiene su origen en la enseñanza de Jesús de Nazaret, ¿de dónde viene entonces? Así como muchas otras cosas dentro de la Iglesia, la fundación de conventos proviene del paganismo. En el paganismo había ermitaños, en Grecia había monjes que mendigaban e iban de un lugar a otro. Los sacerdotes de Isis tenían una tonsura, esto es, una parte de la cabeza rasurada, así como se verá después en los monjes de la edad media. Precursores de los conventos de mujeres había ya en Egipto, en Babilonia y en la antigua Roma. Las denominadas sacerdotisas de los templos eran allí las representantes de la gran divinidad madre, y en muchos casos ellas practicaban en toda regla la prostitución en los templos. Se dice que se trataba supuestamente de vírgenes, p. ej. las vestales, pero en realidad se llamaban solamente «vírgenes» porque todo lo que ganaban se lo daban al templo. Hay ciertos paralelismos entre los conventos de mujeres y las vestales romanas, no sólo en lo que se refiere a las vestiduras especiales que debían llevar. Por ejemplo, a las vestales se las casaba de manera simbólica con el Sumo Pontífice, que era el sacerdote pagano más importante. Hoy sabemos quién lleva actualmente este título. A las monjas de los conventos de mujeres se las casaba –y hoy en día se las sigue casando– simbólicamente con Jesús, se las adornaba con una corona de novia, se les ponía un anillo nupcial e incluso se adornaba la cama como cama nupcial y se ponía sobre ella un crucifijo. Hay otras cosas más en común: Las sacerdotisas del templo a menudo eran obligadas a realizar su servicio. Esto ya era así en la antigua Roma. Rómulo, el fundador de Roma, era hijo de una sacerdotisa del templo. Más tarde, como jefe del clan, fue él mismo quien se ocupó de «abastecer» al templo raptando a las sabinas. Así también de involuntaria era a menudo la entrada en los conventos de mujeres que surgieron más tarde. Las monjas a menudo ya eran prometidas al templo siendo niñas, y a veces siendo todavía bebés. De esto modo se aseguraba el abastecimiento del templo.86
Aquí se podría añadir otra pregunta: Si a menudo se incorporaba a niños a los conventos, ¿podían después volver a salir de ellos?
Respuesta: Esto no era posible, puesto que en el caso de las niñas, al haber sido «casadas» simbólicamente con Jesús de Nazaret, el que se retiraran constituía un adulterio, lo que era castigado severamente. Así podía suceder que fueran recluidas de por vida en celdas especiales o en prisión. Por cierto, esto es otro paralelismo con las vestales, ya que cuando éstas infringían las leyes del templo, como castigo se las encerraba vivas tras una pared. La vida en los conventos tenía muy a menudo el carácter de estar enterradas vivas. Mientras que las vestales podían ser liberadas si un pretendiente las compraba pagando recompensa al templo, a las monjas no se les concedía esta posibilidad. También en nuestros días el abandonar un convento trae consigo consecuencias graves. Una y otra vez hay personas que abandonan un convento y que por ello quedan en la calle. Apenas si tienen una ayuda financiera y una previsión para la vejez. El convento sólo pagó de modo global alguna pequeña suma para la previsión. Difícilmente reciben una indemnización, y su existencia queda en el aire ya que en esta situación el convento no las ayuda de ningún modo. Se puede decir que la vida en un convento en muchos casos era una vida de privación de la libertad individual, de constantes abusos ya en el caso de la más mínima falta, de privación de dormir, y en general de un continuo control y adoctrinamiento. En algunos conventos los monjes tenían que confesarse dos veces al día, y esto durante toda su vida, y además se les hacía creer que de esta manera se acercaban a Dios. O sea que se trata de un abuso del cuerpo y del alma de personas que en muchos casos ya entraban allí siendo niños. Las personas recluidas en conventos han sido y sigue siendo explotadas. Por ejemplo, si alguien está empleado como maestro, entregan su remuneración al convento y de ella no ven ni un centavo más. Vivir en un convento todavía hoy está unido a grandes privaciones personales. En muchos conventos hay que preguntar al abad si se puede mirar la televisión, se desea leer un libro determinado o si se quiere recibir visita de parientes. Todo esto es lo contrario de la enseñanza de Jesús, el Cristo. Él enseñó la libertad.
Desde el punto de vista jurídico habría que añadir que todo esto sucede en un Estado en cuya constitución están garantizados tanto los derechos humanos como la libertad. Por eso habría que preguntarse por qué el Estado presencia tan tranquilo como bajo el amparo de esta constitución surgen y se mantiene a enclaves de la falta de libertad. A menudo se escucha de los encargados de sectas de la Iglesia reprochar a las minorías religiosas la explotación de sus miembros y el coartarles su libertad. ¿Por qué dichos encargados de sectas señalan siempre con el dedo a otros en vez de ocuparse de sus propios asuntos? En ninguna parte hay una limitación tan grande de los derechos humanos, también pretensiones tan masivas de absolutismo y despotismo como dentro de la Iglesia. Por lo visto se trata de una maniobra para desorientar a otros, cuando por parte de las Iglesias católica o de la evangélica luterana se trata de culpar a minorías religiosas y a personas que tienen otra creencia, imputándoles la explotación de otros y un comportamiento contra los derechos humanos. Puesto que los hechos muestran muy claramente que la edad media continúa viviendo en la actualidad en nuestra sociedad liberal, y de modo especial en la Iglesia.
Algunos de nuestros oyentes se han sorprendido evidentemente al escuchar los antecedentes que dimos a conocer en el pasado programa sobre la hostilidad de la Iglesia con las mujeres y apenas si han podido creer lo que contamos. En una carta se dice: «Me parece un poco parcial lo que habéis contado sobre las mujeres y la Iglesia. Por ejemplo, en los conventos las mujeres viven totalmente independientes y son valoradas y respetadas por la Iglesia; ¿y no es así que en la actualidad las mujeres están totalmente integradas en la vida comunitaria?»
Repuesta: Si alguien pone en discusión cómo viven las mujeres en la actualidad en los conventos, lo mejor es dejar que algunas religiosas lo digan ellas mismas. Por ejemplo, en el año 1966, un numeroso grupo de monjas de una orden religiosa compuesta por unas 2.000 religiosas se dirigió al Papa Juan Pablo II, escribiéndole lo siguiente: «Nosotras mujeres debemos permanecer de por vida en una dependencia total. Se nos trata constantemente como menores de edad. De nuestra mano de obra tan barata, los sacerdotes tratan de sacar el mayor provecho para ellos mismos y no vacilan en ponernos bajo presión moral si no accedemos a realizar sus injustas pretensiones. Nosotras religiosas nos preguntamos a menudo si el sentido de nuestra vida ha de ser el tener que ser las sirvientas de sacerdotes celibatarios. Ellos no ven en nosotras a un ser humano. De nosotras sólo se espera que cumplamos las exigencias de un clero que cree que nosotras estaríamos aquí sólo para hacer aquello que ellos nos mandan. Resulta chocante que en pleno siglo XX algunos hombres sigan creyendo que el plan divino sólo puede ser transmitido a través de ellos.» Este es sólo un pequeño extracto de una extensa carta de estas mujeres, reproducida en la publicación «La Iglesia por dentro, 6ª edición, 1996». A su carta, las mujeres no recibieron ninguna respuesta.
En la comunicación de nuestro oyente se planteó también la pregunta de cómo es la integración de las mujeres en la vida comunitaria. Citamos del libro del teólogo alemán Hubertus Mynarek, con el título de «El Papa polaco», lo siguiente: «Limpiar la iglesia y poner las flores, es algo que nosotras mujeres podemos hacer desde hace siglos. Recoger dinero para Cáritas y hacer manualidades para un bazar es algo que también se nos permite hacer. Pero quisiera decirle que una Iglesia, que al fin y al cabo no nos toma en serio, no es una Iglesia para mujeres. En consecuencia, los hombres también deberían ocuparse entre ellos mismos de sus asuntos. Bien mirado, ¿por qué se sorprenden de que nosotras mujeres nos retiremos en masa de ella?» Así es entonces en la práctica la integración de la mujer en la vida comunitaria.
Tal vez ha llegado el momento de que aquellos que ya no quieren aceptar estos comportamientos, hagan algo en contra de ello. Una pregunta muy frecuente es, ¿y qué se puede hacer en contra? El primer paso sería protestar en contra de ello. ¿Y dónde se puede protestar? Ante el gobierno, p. ej. Ustedes pueden dirigirse a la autoridad pertinente del gobierno, a algún ministerio, escribiendo lo que ustedes opinan sobre el hecho de que en la Iglesia católica las mujeres todavía siguen siendo explotadas. Siempre es bueno que todo esto se haga público. ¿Por qué? La mayor parte de los hechos que ahora estamos destapando, no los conocen en absoluto la mayoría de los ciudadanos y los fieles de la Iglesia. Y por ello ha llegado la hora de que sean puestos en conocimiento de la opinión pública. Por ello, si lo desean, escriban a su gobierno y protesten contra la explotación de las mujeres en la Iglesia católica. En el fondo, cuando ustedes hacen esto, están actuando en beneficio de quienes bajo la coacción de la Iglesia se ven obligados a callar. Siempre se les amenaza con castigos eclesiales si se vuelven rebeldes y desde el convento exigen más libertad. Se les amenaza diciendo que han hecho un voto eterno, que por tanto es un pecado grave infringirlo y que como consecuencia de esto les amenaza el correspondiente castigo. Se trata entonces de una especie de movimiento de liberación de los residentes de las instalaciones y conventos de la Iglesia, que han sido esclavizados de forma eclesial.
Si tomamos en serio esta problemática, que se desprende de las nuevas informaciones, habría que decir que en un Estado de derecho democrático, como se presenta Alemania, existe un gran espacio libre donde la injusticia puede hacer lo que quiera, algo que en realidad es incomprensible si se piensa que Alemania tiene justamente una excelente Constitución. Precisamente un ámbito importante de la vida en Alemania es excluida de este derecho y se pone en manos de la arbitrariedad de una casta sacerdotal, que encima de todo recibe la bendición del Estado; puesto que en Alemania esta institución tiene un carácter semejante al estatal, como que es una entidad de derecho público. También aquí ha llegado el momento de poner el dedo en la yaga y hacer notar que en ningún lugar el derecho ha sido tan pisoteado como en este espacio libre que se han procurado las instituciones eclesiales. ¿No se plantea en realidad en este sentido la siguiente pregunta a todas las ciudadanas, a todas las mujeres?: ¿por qué seguís todavía en la Iglesia católica, si para la casta sacerdotal no tenéis valor alguno? Al respecto una posible explicación: Evidentemente hay que llevar primero a cabo un acto interno de liberación para salirse de este abrazo tan estrecho. Cuando uno desde pequeño ha sido enseñado de que la Iglesia lo sabe todo y de que el Papa siempre tiene razón, que las mujeres han de callar y que los hombres como sacerdotes tienen que determinar cuál es en el sentido de lo que quiere Dios, en ese caso posiblemente resulta difícil decir: basta ya, abandono la Iglesia y quiero vivir al fin libre como hijo e hija de Dios, fuera de los muros de esta Iglesia gobernada y que gobierna de forma absolutista.
Consideremos como obró Jesús de Nazaret y preguntémonos: ¿rechazó Él a las mujeres? ¡Todo lo contrario! Entre los discípulos habían muchas, muchísimas discípulas, es decir, mujeres. Tomemos en cuenta que Dios es la unidad y la comunidad. Dios es la vida. Él también le otorgó la vida a las mujeres, lo mismo que a los hombres y también a cada sacerdote o pastor, o como se quieran llamar. Jesús incluso protegió a la mujer adúltera –algo que también podemos leer en la biblia de las instituciones eclesiásticas–, cuando le dijo a los hombres que estaban a punto de apedrearla: «Aquel de vosotros que esté libre de pecado, que le arroje la primera piedra.» (Jn 8, 7) Y después se dirigió a la mujer y le preguntó: «Ves a alguno de tus acusadores?» Entretanto todos se habían retirado. ¿Por qué? Porque Él había tocado en ellos la consciencia de sus propios pecados. Por lo visto, aquellos hombres todavía tenían una conciencia que reaccionaba positivamente.
En esta ocasión podríamos plantear la pregunta: ¿Está acaso la casta sacerdotal libre de pecados? Ya que tantas veces es ella la que instiga al pueblo para que tire piedras a otros. Si los sacerdotes estuviesen libres de pecados, entonces no tendrían que confesarse. Porque incluso también el Papa tiene un confesor, al que consulta periódicamente. Si él estuviese libre de pecados, no tendría que hacerlo.
Una oyente se ha ocupado de modo especial de María y los santos, y plantea la siguiente pregunta: «María, la madre de Jesús, es venerada como santa, y normalmente los santos deberían estar libres de pecados. Pues uno no se va al Cielo si tiene pecados. Si los santos están en el Cielo, como personas consecuentemente también deberían haber sido santos, es decir sin pecados. Y María supuestamente ascendió a los Cielos con su cuerpo físico. ¿Por qué los otros llamados santos no ascienden al Cielo con su cuerpo físico? Pues como ya se ha dicho, santo significa que no tiene pecados. Y si María es venerada como una santa y ascendió a los Cielos, entonces la palabra santo o santa, que es proyectada a otras personas, quiere decir que éstas también son santas y, como María, inmaculadas. María no tenía pecados y pudo entrar en el Cielo con su cuerpo físico. Sin embargo, los santos mueren aquí. ¿Cuál es la diferencia?»
Respuesta: Es un esfuerzo inútil el querer encontrar dentro de este enredo de enseñanzas fabricadas por la Iglesia la más mínima pizca de lógica. El que unos sean canonizados y sean después acogidos de forma física en el Cielo, o que otros sólo sean canonizados como almas y acogidos en el Cielo no es algo que se pueda explicar dentro de alguna relación lógica. El dogma de la acogida de María en el Cielo en cuerpo físico es al fin y al cabo el resultado del neurótico estado anímico de Pío XII. Él promulgó este dogma en 1950, y toda persona sabe entretanto que este Papa practicó de una manera francamente neurótica un culto a María que no tenía límites. En base a su supuesta infalibilidad, él promulgó este –que se podría casi denominar enajenado– dogma de que María fue acogida en cuerpo físico en un Cielo que no tiene cuerpos, teniendo que continuar allí su existencia –tal vez con problemas de ahogos y sin alimento, pero en cuerpo–. No tiene sentido el querer explicar esto, aunque sea de la manera más aproximada. Se trata de las contradicciones que resultan de las infalibilidades papales, que de vez en cuando tienen como resultado extravagancias lógicas, más bien, disparates.
Pero esta es precisamente la base de la Iglesia católica. Al disparate lógico se le puede denominar «lo absurdo», y en la Iglesia católica circula el «dogma» que dice «Credo quia absurdum», es decir; Yo creo justamente en el disparate lógico, en lo improbable, en lo absurdo. Según esto, incluso el contrasentido de una expresión sirve casi de prueba de que se trata de una especie de verdad superior, a la que hay que otorgarle sin el menor reparo fe y confianza. De ello se deduce claramente que en esta enseñanza en ningún caso se ha de utilizar el entendimiento.
Volvamos ahora a la primera pregunta y profundicemos este pensamiento: si todos los santos son santos, es decir, inmaculados, y van al Cielo, ¿dónde se encuentra entonces el anterior Papa Juan Pablo II? Se intenta ya ahora, en un lapso de pocas semanas después de su muerte, adjudicarle la santidad. ¿Su cuerpo está todavía por las cercanías o ya medio ascendido al Cielo? También aquí aún queda lugar para un nuevo dogma en la dirección que se le quiera dar. No obstante, este dogma en potencia posiblemente no será proclamado, ya que las reliquias de los denominados santos, sus diversos huesos, están repartidos en diferentes iglesias. Si estos santos ascendieran en cuerpo físico a los Cielos, primero tendrían que volver a reunir todos sus huesos. Esto no será posible con mucha facilidad y en realidad constituiría una pérdida para la Iglesia católica, puesto que peregrinaciones sin reliquias son algo inconcebible.
Estimados oyentes, estimados lectores, no hemos contado sobre estas absurdas consecuencias para reírnos de la fe de los ciudadanos que no están enterados de muchos hechos y relaciones y que no saben que en Dios no existen ni presión ni castigo, ni menos absurdidades. Pero es necesario mencionar estas contradicciones, esta frescura que atenta contra el sentido común, para que nos demos cuenta de cuán tontos considera a sus miembros una institución supuestamente infalible. Es hora de que se destapen estas absurdidades, y por eso lo hacemos en este coloquio. En este sentido hay que destacar de manera especial el punto esencial del asunto, cual es el que todo esto se hace en nombre de Jesús, el Cristo. Él, el gran Maestro de la Sabiduría y Redentor, no tiene absoluta y totalmente nada que ver con esto. Nosotros cristianos originarios no vamos a permitir que a Cristo, con Su enseñanza sin igual, que Él nos trajo hace 2.000 años –enseñanzas que han sido una y otra vez respetadas por muchas personas durante estos 2.000 años, con la consecuencia de haber sido asesinadas por la Iglesia–, se Le vuelva a deshonrar. Y sobre todo, estimados lectores, estimados oyentes, consideren ustedes con atención esta gran obra omniabarcante de Jesús, el Cristo, Su palabra dada con todos sus detalles a través de Gabriele, la profeta y mensajera de Dios, que en la actualidad puede ser leída en todos sus detalles en miles de páginas y que también puede ser escuchada en nuestros programas de radio. Aquel que ha descubierto qué obra de salvación tan completa y omniabarcante ha traído el Cristo de Dios a la humanidad, qué amor y amparo tan ilimitados Él presta a toda persona, entenderá que quien conoce Su verdadera enseñanza no puede hacer otra cosa que corregir todas las tonterías que la casta sacerdotal difunde sobre Jesús, el Cristo. Ha llegado el momento de rehabilitar a Jesús, el Cristo, y para eso estamos aquí. Es preciso hacer notar que Jesús de Nazaret no exigió de los hombres que creyeran en locuras, y que Dios, el Espíritu universal, es la sabiduría, la libertad y la unidad. Por eso no es concebible que la fe en Dios tenga que ir de una absurdidad a la otra. Por ejemplo, Jesús de Nazaret no enseñó que la mujer tenía que cubrirse la cabeza por no ser la imagen y semejanza de Dios, sino que Él enseño que todos los seres humanos son hijos de Dios y que el Reino de Dios está dentro de cada persona. A pesar de ello, el doctor de la Iglesia, Ambrosio, anunció el disparate de que «la mujer ha de cubrirse la cabeza porque no es la imagen y semejanza de Dios.»87
En la historia de la Iglesia el menosprecio de la mujer ha hecho escuela durante muchos siglos, hasta el día de hoy. Quien visita al Papa y pertenece al sexo femenino, como se puede observar una y otra vez tiene que ponerse un velo sobre la cabeza, en la mayoría de los casos de color negro. Los menos saben por qué esto es así. Cuando se lee lo que Ambrosio prescribió hace 1700 años, «La mujer ha de cubrirse la cabeza», se comprende entonces el significado que la tradición tiene para la Iglesia. Incluso el disparate más grande puede ser mantenido durante 1700 años, como lo muestra este ejemplo.
Las difamaciones del género femenino, las tergiversaciones y la maldad contra la mujer comenzaron con Pablo, del que ya hemos hablado en programas anteriores. Pero para recordarlo, citemos algunas de sus frases. Pablo fue aquel que dijo que las mujeres tenían que callar en las reuniones de la comunidad, ya que no se les podía permitir que hablaran, sino que tenían que subordinarse. También fue Pablo quien escribió a los Efesios: «El marido es la cabeza de la mujer, como Cristo es la cabeza de la Iglesia» (Ef 5,23). En su epístola a los Corintios él les escribió: «El varón es la imagen y la gloria de Dios; pero la mujer es gloria del varón.» (1 Co 11, 7). Hay que considerar que esto se encuentra en la actualidad en la Biblia y la Biblia, como dice el catecismo, continúa rigiendo de forma auténtica como la verdadera palabra de Dios. Esta despectiva actitud frente a las mujeres se extiende como un hilo rojo por toda la historia de la Iglesia. Se podría hablar casi de una «cascada de abusadores de mujeres», así como en uno de nuestros programas pasados hablábamos de una cascada de crímenes de los Papas. También aquí se trata de descendientes de descendientes de descendientes, y todos son descendientes de Pablo, pero no de Jesús. Uno de estos descendientes de Pablo es también el doctor de la Iglesia Juan Crisóstomo, quien dijo: «Las mujeres están destinadas principalmente a que satisfagan la lascivia de los hombres». Como ya se ha mencionado, este ha sido frecuentemente el caso especialmente en los conventos. Hagámonos presente algunas de las anormales opiniones de algunos altos dignatarios eclesiásticos: Jerónimo, que vivió entre los años 347 y 420, opinaba que: «si la mujer no se subordina a su marido, el que es su cabeza, es culpable del mismo crimen que comete un hombre que no se subordina a su cabeza (Cristo).» O Agustín, el doctor de la Iglesia, que vivió del 354 al 430: «La mujer es un ser inferior que no fue creada por Dios a su imagen y semejanza. Corresponde al orden natural que las mujeres estén al servicio de los hombres.»90 Ahora seguimos con el siglo XIII. Alberto Magno, otro doctor de la Iglesia alrededor del año 1200, dijo: «Para que la obra de la naturaleza no se destruya totalmente, forma a una mujer»91, pues en realidad deberían nacer sólo personas perfectas, esto es, hombres. El punto culminante lo constituye el por nosotros ya varias veces mencionado Tomás de Aquino, quien dijo textualmente: «La mujer se comporta con el hombre como lo imperfecto y defectuoso con lo perfecto.» Y en otra de sus por la Iglesia altamente apreciadas «sabidurías», proclama que la mujer es un error de la naturaleza, una especie de hombre mutilado, malogrado, fracasado. Hay que hacerse consciente de los nombres que se están nombrando aquí: Pablo, Crisóstomo, Jerónimo, Agustín, Tomás de Aquino. Se trata de notabilidades, de reconocidos «grandes» personajes de la Iglesia católica romana, que estamparon su sello de forma decisiva a la historia espiritual del llamado occidente cristiano. La opresión de las mujeres, a quienes la cultura occidental ha desacreditado y pervertido casi 2000 años, tiene sus raíces en la institución católica romana. Y si esta Iglesia en la actualidad hace como que sin lugar a dudas está a favor de la igualdad entre el hombre y la mujer, eso es algo totalmente inverosímil mientras no se libere de estos fantasmales «antepasados» de nombre Agustín o Tomás de Aquino. En el fondo es parecido a como es en la Iglesia evangélica luterana, que continúa queriendo mantener la tradición de Lutero, quien –entre otras cosas– fue uno de los antisemitas más grandes. Y la Iglesia católica romana quiere también mantener justamente la tradición de un Agustín y un Tomás de Aquino, que fueron los más grandes enemigos de las mujeres que jamás han existido en la historia de occidente. Ahora sólo habría que hacer la pregunta: ¿Y no es así que precisamente a todos ellos se les canonizó?
Respuesta: Naturalmente. Tomás de Aquino es considerado como el más grande doctor de la Iglesia y se le venera naturalmente como «santo» Tomás de Aquino; lo mismo sucede con san Agustín. Y todo lo que estos doctores de la Iglesia, a los que también se les llama santos, han escrito de malo y despreciativo sobre las mujeres, más aún, de menosprecio por el ser humano, es enseñado a los católicos jóvenes en las clases de religión y en los seminarios de sacerdotes; en última instancia, todo esto pervierte la consciencia humana también en la actualidad.
Pregunta: «Después de todo lo dicho, ¿sería lógico suponer que en el Reino eterno, en el Cielo, habría sólo una mujer como santa, María, y que todo lo demás serían hombres santos?» Respuesta: Esta pregunta ya se planteó seriamente en tiempos pasados. En el siglo VI, en el sínodo de Macon (585) se discutió la cuestión de «si las mujeres que habían hecho muchos méritos, en el momento de la resurrección de la carne no deberían ser primeramente transformadas en hombres antes de que pudieran entrar en el paraíso»92. Y en este sínodo se destacó especialmente un obispo declarando que «las mujeres no son seres humanos»93. O sea que quien no quiera ir a un «cielo» semejante, sólo puede ser consecuente saliéndose inmediatamente de esta institución que desprecia de tal modo a las mujeres. Entonces es seguro que se liberará de la «salvación» católica y que no irá a parar a un «cielo» así, donde sólo hay hombres o mujeres transformadas. Como consecuencia de lo dicho, Dios tendría en realidad en el Reino eterno sólo una fonda de varones. Esto muestra una vez más cuán poco la silla de san Pedro sabe de Dios, el verdadero Uno universal. Y a más tardar en este momento sería oportuno recordar especialmente a nuestras hermanas las palabras de la manifestación de Juan (el Apocalipsis): «Salid de ella», o expresado en la actualidad: retiraos de ella, «no sea que os hagáis cómplices de sus pecados y os alcancen sus plagas».(Ap 18,4) Y a las mujeres jóvenes que tal vez hoy se pregunten, ¿cómo se sale uno de la Iglesia?, les recomiendo que visiten nuestras páginas de Internet www.silladesanpedro.org. Allí encontrarán informaciones sencillas de cómo retirarse de la Iglesia.
Con lo que se ha explicado va muy bien una carta que hemos recibido. Una oyente escribió, diciendo: «Al escuchar su programa, se me ocurrió una comparación. Cuando una mujer es miembro de la Iglesia, es como cuando una vaca es miembro de la asociación de carniceros o un ciervo en la asociación de cazadores.» Seguramente que no se puede decir de manera más clara, y como muchas otras, esta misma oyente nos escribió contándonos que en la misma semana que escuchó nuestra transmisión se retiró de la Iglesia.
Otra pregunta dice: ¿Esta aversión a las mujeres, se manifestó realmente sólo en la edad media de manera tan extrema o cómo siguió en el curso de la historia?
Respuesta: En el siglo XVII los sermones «cristianos» rebosaban de calumnias contra las mujeres, por ejemplo, el canciller de la corte, Egidius Albertinus, dijo sobre la mujer, que ésta es «un instrumento muy especial del diablo», y el eremita agustino Ignacio Ertel se preguntaba: «¿qué es más idiota de la cabeza y débil de corazón que una mujer?»
En vista de todas estas citas y antecedentes, más de una persona se preguntará: ¿Por qué las mujeres no han exigido ya hace tiempo dentro de la Iglesia católica que el Papa se disculpe ante todas las mujeres que su institución ha venido pisoteando durante siglos? Un mea culpa ante las mujeres hace ya mucho tiempo que tendría que haberse llevado a cabo. Aunque evidentemente éste debería ser sincero...
También en el siglo XVIII se continuó con el desprecio a las mujeres. El elocuente orador Abraham à Santa Clara desacreditó a la mujer desde el púlpito diciendo que «una mujer muy bellamente arreglada es un templo que está construido sobre una cloaca. ¿Quién querrá venerar los excrementos por un Dios?»95 Y todavía a principios del siglo XIX aparecieron revistas con la tristemente célebre disputa escolástica: «¿Tiene la mujer un alma?»
Después de estas citas y opiniones tan autorizadas tomemos de nuevo la Biblia que todavía sigue valiendo de modo obligatorio como la verdadera palabra de Dios. ¿Qué encontramos allí todavía sobre las mujeres? Algo de ello ya hemos escuchado. En la primera Epístola a Timoteo (1 Tm 2, 12) se puede leer: «No permito que la mujer enseñe ni que domine al hombre. Que se mantenga en silencio.» O bien en la primera Epístola a los Corintios (1 Co 11, 8, 9): «En efecto, no procede el varón de la mujer, sino la mujer del varón. Ni fue creado el varón por razón de la mujer, sino la mujer por razón del varón.» O se puede seguir leyendo en la primera Epístola a Timoteo (1 Tm 2, 13): «Porque Adán fue formado primero y Eva en segundo lugar.» Y en la primera Epístola a los Corintios (1 Co, 14, 34): «Las mujeres cállense en las asambleas; que no les está permitido tomar la palabra; antes bien, estén sumisas como también la Ley lo dice.» Lo que en la transmisión pasada se citó como sentencia del Papa Juan Pablo II, se orienta así directamente a estos nefastos párrafos de la Biblia. Hagámonos presente una y otra vez el hecho de esta Biblia sigue valiendo para la Iglesia como la palabra auténtica de Dios.96 O sea que la Iglesia no se ha distanciado de estos párrafos que tanto desprecian a la mujer, sino que hasta hoy en día un católico tiene que creerlos. ¡Y esto de manera obligatoria! Muchos oyentes y lectores tal vez piensan que todo esto es algo que pertenece al pasado y que hoy es totalmente diferente. Desafortunadamente no es así. Todavía en el siglo XX esta posición no ha cambiado, por ejemplo, en la amenaza de un jesuita de nombre Wild, quien proclamó que «las chicas que llevan minifalda se van al infierno.»97 El Papa Pío X publicó en 1910 un documento de acuerdo con el cual a las mujeres se les prohibía cantar en la Iglesia y ordenaba la participación pasiva y silenciosa de las mujeres en la misa. Sigamos con el presente: el Papa Juan Pablo II hizo público que la exclusión de las mujeres del sacerdocio está de acuerdo con el plan de Dios para su Iglesia. Él dijo textualmente: «La misión de la mujer es la existencia como mujer y madre. Os damos las gracias, oh heroicas mujeres.» Para el Papa Juan Pablo el papel de la mujer estaba entonces muy claro: estar en casa atendiendo hogar y cocina y traer hijos al mundo. Lo que le parecen sus palabras de agradecimiento a las mujeres, es algo que dejamos para que cada uno decida lo que opina de ellas. Un oyente resumió sus pensamientos sobre el tema «la mujer en la Iglesia» con las siguientes palabras: «Mujeres, ¡salvad vuestra vida! ¡Salíos de la Iglesia!»
Al respecto una pregunta de una oyente: «Si la Iglesia tomase en serio la igualdad de derechos de la mujer, ¿entonces no se podría admitir en realidad que las mujeres fueran sacerdotes?»
Respuesta: Uno no se puede imaginar que en realidad una mujer quiera esto necesariamente, pero si fuera así, tendría que aceptar de buen o mal grado la respuesta de la Iglesia, que, por ejemplo, el cardenal Meisner de la ciudad alemana de Colonia formuló de la siguiente manera: «En la Iglesia católica romana no habrá ninguna ordenación de mujeres como sacerdotes mientras el mundo exista.» Y allí se agregó que aquel que esté a favor de tal ordenación de mujeres como sacerdotisas simplemente ya no es más católico. Esto lo deberían tener en cuenta todas las mujeres que todavía siguen esperando que la Iglesia cambie y que todo sea mejor algún día. El ya fallecido arzobispo de la ciudad alemana de Fulda, Dyba, designaba por lo demás a las personas que estaban a favor de la ordenación de mujeres como sacerdotes de «desperdicios católicos». Pero después de todo lo dicho, no es ya necesario comentar esto.
Ahora tenemos algunas preguntas, precisamente de mujeres, sobre el tema de la persecución de las brujas. Una pregunta dice: «En su programa de radio ustedes comentaron que la persecución de brujas en los territorios protestantes luteranos fue igual de terrible que en los católicos. ¿Por qué fue así?»
Respuesta: Lutero se atuvo al Antiguo Testamento y exigió la pena de muerte para las brujas. En el Antiguo Testamento, que en todas sus partes se considera erróneamente como la verdadera palabra de Dios, se lee: «No dejarás con vida a la hechicera.» (Ex 22, 17) Por eso, en los escritos de Martín Lutero se dice literalmente: «Con brujas y hechiceras no hay que tener ninguna misericordia. Yo mismo quisiera quemarlas.» Además, habría que agregar que los señores feudales reinantes en los territorios luteranos eran al mismo tiempo los obispos regionales superiores de sus Iglesias. Por decirlo así, Lutero fundó una Iglesia estatal, donde la corrupta unión entre Iglesia y Estado era aún más intensa que en las regiones católicas. Como el príncipe reinante de una región era al mismo tiempo el obispo regional principal, el llamado dinero de las brujas, que era confiscado a las víctimas, estaba a su exclusiva disposición. En las regiones católicas la fortuna de las brujas liquidadas, esto de las presuntas brujas asesinadas, había que compartirlo entre el Estado y la Iglesia; por el contrario, el noble luterano podía recoger el dinero sólo para sí mismo y en sus decisiones él no tenía que hacer ningún acuerdo con el clero, ya que él mismo era el clérigo superior. De esta manera los señores feudales luteranos reinantes podían detener muy fácilmente toda oposición, haciendo simplemente que se calumniara a las personas, acusándolas de «brujos» o de «brujas» y después haciéndolas eliminar.
Que la obcecada locura por la caza de brujas no es parte del pasado lo demuestra otra pregunta: «En un periódico he leído hace poco que un hombre quemó a una mujer a raíz de un delirio religioso, pues él pensaba que ella era el diablo. ¿No es esto también una consecuencia de las enseñanzas de la Iglesia?»
Respuesta: ¿De dónde, si no, podría tener un hombre una idea semejante? Se puede partir de la base de que las enseñanzas de la Iglesia, en base a la cual se endemonió durante siglos a las mujeres, en la consciencia de los creyentes dejó sus huellas, su sello distintivo. Hasta fines del siglo XVIII, a causa de la obstinada locura de perseguir a las brujas, de acuerdo con un cálculo muy cuidadoso murieron en Europa entre 40.000 y 100.000 personas, en su mayor parte mujeres. Así se pudo leer en el periódico alemán Main-Echo en el año 1999. Otros cálculos parten de una cantidad de un millón de mujeres. Hay que imaginarse que todos estos hechos todavía están en la atmósfera como una grabación energética y que tal vez ejercen influencia en más de alguien que quiere hacer algo semejante a lo que hizo en el pasado. Es terrible que esto suceda todavía en el año en que vivimos, y esto muestra que influencia tan duradera tienen las enseñanzas demoníacas. Por lo demás, el artículo al que se refería la persona que nos hizo la pregunta apareció en la página web de una prestigiosa revista alemana, Spiegel online, el 14 de julio de 2005, con el título: «Un hombre de 45 años quería quemar a una conocida por ser bruja».
Otra pregunta: «Encuentro también terrible toda la persecución de las brujas y que la Iglesia haya participado de ella, ¿pero no es injusto echarle a ella toda la culpa? ¿No eran la superstición y la crueldad simplemente un fenómeno de aquel tiempo?
Respuesta: Aquí hay que decir claramente que no fue así, puesto que hasta fines del siglo XII la creencia en brujas era considerada una superstición. De acuerdo con lo que se creía en aquel entonces, las brujas no existían realmente, o sea que las brujas no podían hacer un daño real por arte de «brujería». Fue la Iglesia católica la que inventó la argumentación teológica correspondiente para la existencia de las brujas y puso en movimiento la persecución de las mismas con todas las crueles –y para la Iglesia lucrativas– aberraciones. Desde 1258 hasta 1526 hubo no menos de 57 breves, esto es, decretos apostólicos que se dirigían contra la «brujería y la hechicería». Fue el Papa Inocencio VIII, quien en el año 1484 declaró la brujería como un delito especial, que requería una investigación por parte de la Inquisición. En el caso de la persecución de brujas se trató menos del castigo por delitos contra personas y disposiciones humanas, sino que más bien de «la persecución de un hecho dirigido contra Dios y sus leyes», y para decirlo como George Orwell en su novela “1984”, de un “crimen del pensamiento».Aquí no se necesitaba demostrar un efecto dañino real, como de acuerdo con el código civil mundano de aquel entonces era la condición para la pena de muerte: con o sin ello las «brujas» terminaban en la hoguera. Los que las perseguían se remitían a su precepto ««No dejarás con vida a las hechiceras.» Una actitud de oposición a esto habría sido ateísmo y con ello a su vez un crimen que merecía la muerte.
La siguiente pregunta nos pone en cierto modo en un dilema. En los informes sobre el trato que recibieron las brujas fuimos muy comedidos para no abusar de los nervios de nuestros oyentes. Y ahora viene la pregunta: ¿Por qué se acusó a mujeres de ser brujas. ¿Tenéis algún ejemplo real de un proceso?
Respuesta: A continuación damos algunos detalles de uno de estos procesos. Mujeres, pero no sólo ellas, sino también hombres, ancianos e incluso niños fueron acusados por los inquisidores católicos de hacer pacto con el diablo. Los indicios y datos a menudo eran irrisorios y simplemente inventados. Pero ya bastaba con tener la sospecha de que alguien tenía una creencia diferente, esto es, falsa. Conscientemente no hemos tomado un ejemplo demasiado sangriento, pero en él podremos ver de todas maneras la brutalidad de la Inquisición eclesial. Se trata del ejemplo de la joven española Elvira del Campo, que incluso estaba embarazada. Elvira fue arrestada porque se tenía la sospecha de que era judía. En la prisión dio a luz a un niño antes de que un año después fuera llevada ante un tribunal en Toledo. Dos obreros que vivían como inquilinos en su casa se presentaron como testigos contra ella, diciendo que Elvira no comía carne de cerdo y que los sábados se ponía ropa interior limpia. Por la denunciación ante la Inquisición de un comportamiento tan «sospechoso», los dos fueron premiados por lo demás con 3 años de indulgencia... Elvira afirmó ser inocente, diciendo que era cristiana, que su marido también lo era, y que también su padre era cristiano. Sin embargo, al parecer su madre tenía antepasados judíos, ya que desde que cumplió 11 años Elvira no quiso comer más carne de cerdo; tan pronto la comía, le daban nauseas. Su madre había enseñado a Elvira a cambiarse la ropa interior los sábados, en lo cual ella a decir verdad no pudo reconocer ningún profundo significado religioso. El tribunal la amenazó con torturarla si no decía la verdad. Pero ella no pudo agregar nada más a lo que ya había dicho. Entonces fue desnudada, atándosele las manos; después se le apretaron las cuerdas hasta hacerla gritar; con ello le quebraron los huesos. Después de 16 veces de apretar las cuerdas, estas se cortaron. A continuación fue atada a una mesa en la que había aristas muy agudas. Entonces volvieron a tensar las cuerdas con que estaba maniatada. Como resultado de las torturas y de su desesperación ella «confesó» a gritos que había infringido la ley. Se le preguntó «de qué ley» se trataba. Y como no pudo decir exactamente cuál regla de Dios ella había quebrantado, se la sometió a la tortura del agua. En la tortura del agua a la víctima se le cierra la nariz y al mismo tiempo se le echan con un embudo litros de agua por la boca. El vientre se hincha y después, además, éste es golpeado. Durante esta tortura muchas víctimas se ahogan, o simplemente se revientan. Después de que la tortura del agua hubo terminado, Elvira ya no podía hablar y por ello se suspendió la tortura por cuatro días, encerrándosela en una celda individual. Cuando empezó la nueva «sesión», ella sólo pudo murmurar que se le tapara su desnudez antes de desplomarse desmayada. Al fin «confesó» ser judía y pidió clemencia. ¡Y los jueces fueron clementes! La dejaron con vida, se apoderaron de todas sus posesiones y la condenaron a otros 3 años de prisión. Seis meses después se la puso en libertad después de que había enloquecido. No se sabe cuál fue el destino que tuvo su bebé.98 De esta y de otras maneras más terribles procedió la Inquisición durante más de 300 años con sus infelices víctimas. Todavía en 1808, cuando Napoleón invadió España, ella continuaba con su cruel negocio de la muerte. Bajo un convento de los dominicos en Madrid, los franceses encontraron cámaras de torturas llenas de prisioneros, todos desnudos, habiendo ya enloquecido la mayoría de ellos. Incluso a los franceses, acostumbrados a la crueldad de las batallas, se les revolvió el estómago al ver esto. Vaciaron las celdas, liberaron a la gente e hicieron volar el convento por los aires. Tal vez se debería enviar este ejemplo al ahora reinante Papa Benedicto XVI, pues como ya hemos comentado antes, en una entrevista poco antes de ser elegido Papa, elogió a la Inquisición diciendo que había sido un «progreso», ya que antes de imponer una condena se escuchaba al delincuente. De modo similar al caso anterior tenía lugar entonces la «interrogación» que el Papa actual alaba diciendo que aquello habría constituido un progreso. ¿No se trata aquí de un escándalo abominable?
Y ahora de nuevo la pregunta: ¿Quién está sentado en la silla de san Pedro?
Estimados oyentes, estimados lectores, con seguridad que ustedes no tendrán dificultades en enterarse de cuál es la respuesta a esta pregunta, pudiéndoles asegurar que todavía tenemos más datos sobre este tema, de lo que seguiremos contándoles un uno de nuestros próximos programas. No obstante, es preciso que digamos aquí una vez más, que no se trata de destapar las increíbles maquinaciones de esta institución, sino que se trata de aclarar que todo esto no tiene nada que ver con Jesús, el Cristo. Entretanto, es seguro que también ya ustedes se han dado cuenta de que los hechos expuestos son justamente lo contrario de lo que Jesús, el Cristo, enseñó y hoy vuelve a enseñar.
volver al índice principal
----------------------------------
Bibliografía
1 Robert Kehl, “Der Wandel im religiösen Denken” (El cambio en la manera de pensar religiosa), tomo I, pág. 145, en alemán 2 Robert Kehl, ídem, pág. 147 3 Boettner, Roman Catholicism (Catolicismo romano), en inglés, pág. 170 4 Robert Kehl, “Die Geheimnisse der Kirche” (Los secretos de la Iglesia), 1977, pág. 32 5 Robert Kehl, ídem, 1977, pág. 30 6 Museion 2000 6/92, “Die Obelisken – Stacheln des Todes” (Los obeliscos – espinas de la muerte), pág. 40, en alemán 7 Ralph Woodrow, “Die römische Kirche. Mysterien-Religion aus Babylon” (La Iglesia romana. Religión de misterios babilónicos), Editorial Verlag 7000, 1992, pág. 45, en alemán 8 Según: Museion 2000, op. cit, pág. 35 9 Jürgen Lenssen (editor), “Domschatz Würzburg” (El tesoro de la catedral de Würzburg), Regensburg, 2002, en alemán 10 “Mittel zum Heil” (Medios para la salvación), Haus zum Dolder, Beromünster 2005, Cuaderno n° 7, pág. 23, en alemán 11 “Domschatz Würzburg” (El tesoro de la catedral de Würzburg), op. cit., pág. 42 12 Ralph Wooddrow, “La Iglesia romana. Religión de misterios babilónicos” op. cit., pág. 15 13 Robert Kehl, “Los secretos de la Iglesia”, op. cit., pág. 28 14 Karlheinz Deschner, “Abermals krähte der Hahn” (Una vez más cantó el gallo), pág. 265 15 Matthew y Dennos Linn, “Beschädigtes Leben heilen” (Sanar vida dañada), Graz 1984, pág. 40 16 Según Hill Durant, “Kulturgeschichte der Menschheit” (Historia de la cultura de la humanidad), Tomo 6, pág. 454 17 Gabriele, “Für erfahrene Analytiker. Entdecken Sie die Wahrheit! Die kirchliche und staatliche Gewalt und die Gerechtigkeit Gottes” (Para pensadores analíticos experimentados. Descubra usted la verdad. El poder de la Iglesia y del Estado y la justicia de Dios), Editorial LA PALABRA, 2005, pág. 198 y sig., en traducción al castellano 18 Hans-Jürgen Wolf, “Sünden der Kirche” (Pecados de la Iglesia), Erlensee 1995, pág. 564, en alemán 19 comparar con: “Ora pro nobis”, Haus zum Dolder, Beromünster 2001, Cuaderno n° 3, en alemán 20 Citado de “The Catholic Encyclopedia” , tomo 8, pág. 70, artículo “Intercesión”, en inglés 21 Comparar con: Karlheinz Deschner, “Kriminalgeschichte des Christentums” (Historia criminal del cristianismo), tomo 1, pág. 213 22 Comparar con: Karlheinz Deschner, Historia criminal del cristianismo, op. cit., tomo 4, pág. 478 23 Karlheinz Deschner, op. cit., pág. 479 24 Annette Fusening, “Wie kommt der Zacken in die Krone? Ein Krönungs-ABC für junge Láser ab 10 Jahren” (¿Cómo llega la punta a la corona? Un silabario sobre la coronación para lectores jóvenes a partir de los 10 años), Aquisgrán 2000, pág. 37, en alemán 25 Karlheinz Deschner, Historia criminal del cristianismo, op. cit., tomo 2, pág. 258 26 Más detalles al respecto en: «Sólo para personas despiertas y con buena capacidad analítica. ¿Quién está sentado en la silla de san Pedro?», Editorial LA PALABRA, 2005, tomo 1, pág. 108, en español 27 Josef Bernhard, “Der Vatikan als Weltmacht” (El Vaticano como poder mundial), Munich 1951, pág. 250 y sig., en alemán 28 Uli Weyland, “Strafsache Vatikan. Jesús klagt an” (Asunto criminal Vaticano. Jesús denuncia), en alemán 29 Kenneth Woodward, “Die Helfer Gottes. Wie die katholische Kirche ihre Heiligen macht” (Los ayudantes de Dios. Cómo la Iglesia católica hace a sus santos), pág. 362, en alemán 30 Abendzeitung, München (periódico de Munich), 18.02.1991 31 Más detalles en: «Sólo para personas despiertas y con buena capacidad analítica. ¿Quién está sentado en la silla de san Pedro?», Editorial LA PALABRA, 2005, tomo 1, pág. 109 y sig., en español 32 Eckermann, 11.03.1832 33 Esta gran manifestación se encuentra en el libro de Gabriele citado antes bajo el n° 17, pág. 198 y sig., en preparación 34 Apologie der Konfession XXI (Apología de la confesión XXI), pág. 318 y sig., en alemán 35 Horst Hermann, “Kirchenfürsten” (Príncipes de la Iglesia), pág. 297, en alemán 36 Kenneth Woodward, Los ayudantes de Dios, op. cit., pág. 136 37 Charles Panati, “Populäres Lexikon der religiösen Gegenstände und Gebräuche” (Diccionario popular de objetos y costumbres religiosas), Frankfurt 1998, pág. 250, en alemán 38 Horst Herrmann, Príncipes de la Iglesia, op. cit., pág. 311 39 Charles Panati, Diccionario popular de objetos y costumbres religiosas, op. cit., pág. 261 40 Hans-Jürgen Wolf, Pecados de la Iglesia, op. cit., pág. 659 41 Karlheinz Deschner, Una vez más cantó el gallo, op. cit., pág. 353 42 Karlheinz Deschner, Historia criminal del cristianismo, tomo 3, pág. 323 y sig., en alemán 43 Karlheinz Deschner, Una vez más cantó el gallo, pág. 354, op. cit. 44 Karlheinz Deschner, Historia criminal del cristianismo, tomo 3, pág. 324, op. cit. 45 Hubertus Mynarek, “Die neue Inquisition. Sektenjagd in Deutschland” (La nueva Inquisición. A la caza de sectas en Alemania), 1999, editorial Das Weiße Pferd, pág. 92/93, en alemán 46 “Die Woche” (revista alemana), 3.5.1995 47 Publik Forum, ídem, 12.5.1995 48 Süddeutsche Zeitung (periódico de Munich), 11.9.2000 49 Karlheinz Deschner, “Ein Jahrhundert Heilgeschichte” (Un siglo de historia de la salvación), tomo 1, pág. 218, en alemán 50 Karlheinz Deschner, ídem, pág. 232 51 Karlheinz Deschner, ídem, pág. 231 52 Karlheinz Deschner, “Der gefälschte Glaube” (La fe falsificada), pág. 220, en alemán 53 Estas cartas se pueden leer en el tomo I del libro «Sólo para personas despiertas y con buena capacidad analítica. ¿Quién está sentado en la silla de san Pedro?», Editorial LA PALABRA, 2005, tomo 1, pág. 211 y sig., ya editado en español 54 Karlheinz Deschner, Historia criminal del cristianismo, tomo 3, pág. 496, op. cit. 55 Karlheinz Deschner, ídem, tomo 3, pág. 505 56 Nigel Cawthorne, “Das Sexleben der Päpste – Die Skandalchronik des Vatikans” (La vida sexual de los Papas. La crónica de escándalos del Vaticano), 1999, Benedikt Taschen Verlag GmbH, inglés 1996 57 Nigel Cawthorne, ídem, pág. 80 58 Nigel Cawthorne, ídem, pág. 91 59 Nigel Cawthorne, ídem, pág. 92 60 Nigel Cawthorne, ídem, pág. 93 61 Nigel Cawthorne, ídem, pág. 105 62 Nigel Cawthorne, ídem, pág. 171 63 Nigel Cawthorne, ídem, pág. 178 64 Nigel Cawthorne, ídem, pág. 214 65 Nigel Cawthorne, ídem 66 Nigel Cawthorne, ídem 67 Nigel Cawthorne, ídem, pág. 252 68 Karlheinz Deschner, Historia criminal del cristianismo, tomo 4, pág. 196, op. cit. 69 Colección de citas Markus Gänsel, Webring deutschsprachiger Atheisten (Círculo web de ateos de habla alemana), 10.4.2003, en alemán 70 Markus Gänsel, ídem 71 Markus Gänsel, ídem 72 Markus Gänsel, ídem 73 Markus Gänsel, ídem 74 Markus Gänsel, ídem 75 Leerlo en: Karlheinz Deschner, “Das Kreuz mit der Kirche”, (Cargar con la cruz que es la Iglesia), 208/209, en alemán 76 Karen Jo Torjesen, “Als Frauen noch Priesterinnen waren” (Cuando las mujeres todavía eran sacerdotisas), Frankfurt 1995, pág. 42, en alemán 77 Karlheinz Deschner, Cargar con la cruz que es la Iglesia, op. cit., pág. 208 78 Hubertus Mynarek, La nueva Inquisición. A la caza de sectas en Alemania, 1999 op. cit. 79 Karlheinz Deschner, Cargar con la cruz que es la Iglesia, op. cit., pág. 214/215 80 Martín Lutero, “Eine Predigt vom Ehestand” (Una prédica sobre el estado matrimonial) (glaubensstimme.de/reformatoren/luther/282.htm, en alemán 81 Martin Gänsel, colección de citas, op. cit., 10.4.2003 82 Martín Lutero, Una prédica sobre el estado matrimonial, op. cit. 83 Salzburger Nachrichten (periódico de Salzburgo, Austria), 15.9.2005 84 Geo-Epoche n° 10/03, “Die Macht der Päpste” (revista Geo-Epoche sobre el tema ´”El poder de los Papas”) 85 Maike Voigt-Lüersen, “Katarina von Bora”, Mainz 2002, pág. 31 y sig., en alemán 86 Comparar con: Museion 2000, 1/92, pág. 12 y sig. Y pág. 42 y sig., op. cit. 87 Markus Gänsel, Colección de citas, op. cit. 88 Markus Gänsel, ídem 89 Markus Gänsel, ídem 90 Karlheinz Deschner, “Cargar con la cruz que es la Iglesia”, pág. 209, op. cit. 91 Karlheinz Deschner, “Cargar con la cruz que es la Iglesia”, pág. 210, op. cit. 92 Karlheinz Deschner, “Cargar con la cruz que es la Iglesia”, pág. 209, op. cit. 93 Karlheinz Deschner, “Cargar con la cruz que es la Iglesia”, pág. 209, op. cit. 94 Karlheinz Deschner, “Cargar con la cruz que es la Iglesia”, pág. 212, op. cit. 95 Markus Gänsel, Colección de citas, op. cit. 96 Más detalles en: «Sólo para personas despiertas y con buena capacidad analítica. ¿Quién está sentado en la silla de san Pedro?», Editorial LA PALABRA, 2005, tomo 1, pág. 76, entre otras, en español 97 Markus Gänsel, Colección de citas, op. cit. 98 Según Henry Charles Lea, “History of de Inquisition of Spain” (Historia de la Inquisión española), tomo 4, Nueva York, 1906-1907, pág. 174, edición en inglés
En el Tomo 2 de la serie «Sólo para personas despiertas y con buena capacidad analítica. ¿Quién está sentado en la silla de san Pedro?» están contenidas las emisiones de radio desde la sexta a la undécima.
Este libro lo puede adquirir si lo desea en la Editorial Vida Universal
Descubre la verdad y... ¡Salva tu vida! ¿Cómo? Aquí encuentras informaciones sobre cómo apostatar.
|
  |