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en la silla de san Pedro?
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Índice de esta página:

Prólogo

¿Fue Jesús de Nazaret vegetariano? ¿Fueron los primeros cristianos vegetarianos?

¿Por qué Jerónimo dejó frases en la Biblia que ponen a la silla de san Pedro al descubierto como anticristiana?

También quien ha sido un gran pecador puede ser canonizado, siempre que haya traído los correspondientes beneficios a la silla de san Pedro

Salirse de la Iglesia – ¿Cómo?

Los privilegios de los sacerdotes fueron impuestos cruelmente por los gobernantes

La transformación del 5° Mandamiento en «No asesinarás» da cabida a la justificación de matar

El sacrificio de la misa: la idea pagana de hacer sacrificios de sangre, practicada de forma extrema y en exceso de exaltación mística

¿«Sacrificios de sangre» también en las guerras? Los soldados se han de entregar y sacrificar por la madre patria. ¿«Los cañones de la guerra» como «instrumentos de la misericordia exhortativa» de Dios?

La hipocresía de la Iglesia católica adopta formas extremas. Los Papas anuncian públicamente: Alabanza a la Inquisición; el genocidio durante el descubrimiento de América fue «una culpa feliz», y otras cosas más

Los abusos de la superstición institucionalizada: virgencillas para raspar, estampitas para tragar – ¿«medios para sanar»? Indulgencias al hacer penitencia caminando de rodillas – ¿una liberación de los pecados?

Las enseñanzas de la silla de san Pedro: contradicciones, cosas increíbles, absurdidades. Quien no cree en ellas es «excluido», maldito, condenado

¿Al «representante de Dios», al «conductor del orbe», no le deberían obedecer los elementos de la naturaleza? A Jesús de Nazaret sí le obedecían

Los seres humanos no necesitamos ni una Iglesia católica  ni una protestante luterana. Necesitamos a Jesús, el Cristo. El poderoso Espíritu del amor vive en cada persona

Prólogo

Las primeras transmisiones de nuestra serie «Para personas con buena capacidad analítica. ¿Quién está sentado en la silla de san Pedro?» han tenido una gran acogida entre nuestros y nuestras oyentes. Entretanto hemos recibido muchas cartas en la que se nos plantean diversas preguntas sobre los actos de cultos, sobre los dogmas, sobre los crímenes de la casta sacerdotal católica, sobre la fortuna de miles de millones de la Iglesia, sobre las raíces paganas y sobre muchos temas más.

Algunas de estas preguntas, y otras que se vayan incorporando a ellas, queremos contestarlas hoy.

¿Fue Jesús de Nazaret vegetariano?
¿Fueron los primeros cristianos vegetarianos?

Una oyente de Alemania nos ha escrito la siguiente pregunta:

 «Yo soy vegetariana, pero cuando hablo con mis amigos sobre ello me dicen siempre que la Biblia no dice nada de eso, de que Jesús no comiera carne. ¿Cómo es posible? En su programa ustedes también dijeron que Dios no quería los sacrificios de animales que se describen en el Antiguo Testamento, y también que Jesús no quería que las personas matasen a los animales. ¿Pueden darme más explicaciones al respecto? ¿Hay escritos sobre ello?»

 Respuesta: Se parte de la base de que san Jerónimo tenía sin duda a su disposición todas las escrituras sobre la enseñanza de Jesús. Él recopiló por encargo del Papa la llamada Vulgata, esto es, la primera Biblia, los cuatro evangelios. En todo caso él sabía muy bien que Jesús no había comido carne, y que Él enseñó a amar también a los animales y a no matarlos. En una carta a Juveniano, san Jerónimo hizo una acotación muy especial sobre este tema, cuando escribió: «El placer por la carne era desconocido hasta el diluvio; pero desde el diluvio se nos han embutido las fibras y los jugos pestilentes de la carne animal. Jesucristo, que apareció cuando se cumplió el tiempo, volvió a unir el final con el principio, de manera que ya no nos está permitido comer carne». (Adversus Jovinianum)

De este texto se desprende que Jesús sin duda mandó no comer carne, lo que algunos antiguos evangelios, que están fuera de la Biblia, lo testimonian. A pesar de ello san Jerónimo suprimió este importante aspecto de la enseñanza de Jesús al recopilar la Vulgata, la Biblia actual, incluyendo al mismo tiempo antecedentes ya falsificados.

Cada día millones de animales tienen que pagar con su vida esta falsificación de la enseñanza de Jesús. Innumerables cantidades de miles de millones de animales han sido desde entonces expuestos a enfermedades y asesinados en establos, y especialmente los pueblos cristianos se han transformado en devoradores de carne. Las consecuencias de esta estafa para la naturaleza, los animales y también para los seres humanos son incalculables.

El que Jesús y los apóstoles eran vegetarianos lo confirman muchos escritos apócrifos. La literatura correspondiente se puede obtener en la Editorial La Palabra, por ejemplo el escrito «El amor de Jesús por los animales que nos fue ocultado» y hace poco se editó otro folleto con el título de «La Biblia fue falsificada. San Jerónimo, el falsificador eclesiástico de la Biblia».

¿Por qué Jerónimo dejó frases en la Biblia que ponen a la silla de san Pedro al descubierto como anticristiana?

Pregunta:

 «En vuestro primer programa habéis citado una frase del Apocalipsis, en la que se invita abiertamente a las personas a salirse de la Iglesia. Si esto es así, ¿por qué se ha dejado esa frase en la Biblia, si por su parte las Iglesias han manipulado tanto todo lo que se refiere a ella? ¿Y cómo puede uno salirse de la Iglesia? ¿Cómo se hace?»

 Respuesta: El párrafo mencionado está en la Revelación de Juan, capítulo 18, vers. 4, donde podemos leer: «Sal de ella, pueblo mío, no sea que os hagáis cómplices de sus pecados y os alcancen sus plagas».

Se podría decir que esto es una llamada a abandonar a la ramera babilónica. La «ramera babilónica» a que se hace mención en la revelación, también conocida como el Apocalipsis, en el transcurso de los siglos se interpretó como que era la Iglesia, que fue la que se puso en lugar del cristianismo de los primeros tiempos. Y por eso la pregunta que se plantea es en realidad de ¿cómo puede ser que este párrafo tan especial haya quedado dentro de la Biblia?

Aquí tendríamos que volver a referirnos a san Jerónimo. Acabamos de oír que él ocultó algunas expresiones del evangelio, pero por otra parte él dejó dentro otras que no son del agrado de la silla de san Pedro. Jerónimo tenía una personalidad muy variopinta, como sucede con muchos teólogos. Del Papa Dámaso recibió en el siglo IV la tarea de hacer un texto unificado en base a los muchos textos que todavía existían, pero ya entonces él dijo que esta era una tarea muy difícil. En una carta escribió: «Se encontrará a más de alguno que tan pronto como tome en sus manos esta Biblia me llame a viva voz un falsificador y un sacrílego de la religión, ya que he poseído el atrevimiento de agregar algunas cosas a los libros antiguos, cambiarlos o corregirlos» (J. P. Migne, Patrologiae cursus completus, series Graeca –MPG– 29, Sp. 525 y siguientes).

Esto significa que para Jerónimo era algo indudable que tendría que tomar decisiones muy voluntariosas y doctrinarias. Al respecto es preciso considerar que él quería hacer carrera en la Iglesia, quería incluso ser Papa, y por eso aceptó la tarea, a pesar de que en el fondo de su alma seguramente ya sabía que muchas cosas de la Biblia no eran correctas. En sus primeros tiempo, él fue seguidor de Orígenes, quien quería volver a hacer revivir el antiguo cristianismo y el que ya sin duda se había dado cuenta de la falsificación de la Biblia. Orígenes vivió en el siglo III, es decir, antes de Jerónimo, que vivió en el siglo IV; Jerónimo era consciente de que por ser adepto de Orígenes corría el peligro de ser considerado un hereje, y por tanto confinado. Por este motivo tomó un camino intermedio, dejando algunas cosas fuera, como, por ejemplo, lo que se refiere a los animales, pero dejando también algunas cosas dentro, algo que es digno de atención y que llevó a que personas de épocas posteriores notaran que en la Biblia había aspectos que no estaban claros, que la enseñanza y la manera de vivir de las Iglesias no correspondían a lo que estaba en la Biblia, por ejemplo, el hecho de que haya sacerdotes. Jesús dijo: «No hagáis que os llamen rabí» (Mt 23, 8). O el hecho de que la Iglesia justifique las guerras, cuando Jesús dijo claramente: «El que coja la espada, morirá bajo la espada» (Mt 26, 52). Estas expresiones, así como el párrafo que se mencionó de la Revelación de Juan, quedaron dentro de la Biblia.

 

A esta pregunta se une la siguiente:

 ¿Podría ser que la Iglesia tal vez canonizó a Jerónimo porque éste falsificó la Biblia? ¿Porque se sometió a la Iglesia?

 Respuesta: Esto se puede suponer sin lugar a dudas. Él cumplió una tarea muy importante para la Iglesia, puesto que en aquel entonces había muchos textos. Existían los llamados escritos apócrifos que contenían muchas cosas como, por ejemplo, el amor de Jesús de Nazaret por los animales. Nadie de aquella época dijo: «este texto es más importante que este otro».Cualquiera podía buscar los textos que él consideraba verdaderos y que podía examinar con el corazón. Jerónimo entonces limitó todo esto creando así un canon válido desde el punto de vista de la Iglesia.

 

También quien ha sido un gran pecador puede ser canonizado, siempre que haya traído los correspondientes beneficios a la silla de san Pedro

Pregunta:

Por lo tanto, de todo esto se puede deducir que quien haya sido o sea canonizado por la Iglesia católica tiene que someterse a ésta. El que sea un pecador o no, ¿es algo que no cuenta?

 Respuesta: Así es, puesto que Jerónimo cumplió la tarea que la Iglesia le había encomendado y esto condujo a que fuera canonizado.

A todos los «santos» se les puede clasificar bajo esta rúbrica, y no cuenta el que se sea un pecador o no. Lo que importa es que se preste un servicio a la Iglesia.

También se venera como a un santo al emperador Constantino, del que hablaremos en un próximo programa. Él era un hombre muy cruel y violento que hizo asesinar a sus propios parientes, a su mujer, a su hijo; a sus aliados más cercanos los hizo matar cruelmente. La Iglesia honra a Constantino debido a que él le otorgó muchos derechos y privilegios. Así es también con otros santos.

 

Salirse de la Iglesia – ¿Cómo?

Todavía hay un aspecto sin contestar de la primera pregunta, que decía ¿como puede uno darse de baja o salirse de la Iglesia? ¿Cómo se hace?

 Respuesta: Posiblemente en los diferentes países de la Tierra se hace de modo diferente, pero podemos dar un ejemplo de cómo se hace en Alemania:

Aquí se va simplemente con el carnet de identidad al Registro Civil o al juzgado correspondiente, se paga un derecho por retirarse, y después de eso se hace efectivo el retiro de la Iglesia, lo que significa que es un asunto muy sencillo. Lo notable es que uno no se retira de la Iglesia ante la Iglesia, sino que tiene que hacerlo ante el Estado. Esto muestra la estrecha relación que existe entre la Iglesia y el Estado.

Pero la pequeña cantidad que es preciso pagar por retirarse de la Iglesia no tiene comparación alguna con lo que se ahorra. Se ha calculado que un contribuyente al impuesto eclesiástico a lo largo de su vida paga tanto que con ello podría permitirse recibir una buena jubilación o incluso comprar una pequeña vivienda, si él también cobra los intereses correspondientes.

Este es entonces el camino como uno se puede retirar de esta organización en Alemania. En otros países existen otras posibilidades. Si alguien tiene preguntas al respecto, nos puede escribir y nosotros procuraremos mostrarle alguna posibilidad.

Para decirlo una vez más de modo claro: Nadie se distancia de la enseñanza de Jesús, el Cristo, si no paga más impuestos a la Iglesia, sino que uno al hacerlo se distancia del paganismo, que es lo que representa la Iglesia que se ha puesto la etiqueta que ella llama «Cristo».

 

Los privilegios de los sacerdotes fueron impuestos cruelmente por los gobernantes

Aquí va muy bien otra pregunta que nos ha llegado:

 «Habéis comentado que en el Antiguo Testamento posiblemente se hayan introducido elementos del paganismo babilónico. ¿Se encuentra también en la Biblia algo que apoye esto, o en qué os basáis para decirlo?»

 Respuesta: Los israelitas estuvieron durante varias generaciones en el cautiverio en Babilonia. En ese tiempo, el rey de los persas, Ciro, conquistó Babilonia. La historia del regreso de los israelitas está contenida en la Biblia. Así leemos en el Libro de Esdras, en una especie de mirada retrospectiva, en el capítulo 6, cómo se inició el retorno de los israelitas:

«El año primero del Rey Ciro, el rey Ciro ha ordenado: Templo de Dios en Jerusalén. Constrúyase el templo como lugar donde se ofrezcan sacrificios». (Esdras 6, 3)

El regreso estaba unido a la tarea de volver a reconstruir el templo de Jerusalén. Al mismo tiempo se mencionan ya los sacrificios de animales que están descritos en el Antiguo Testamento. En otra parte del Antiguo Testamento se dice que los grandes profetas de la Antigua Alianza se declararon abiertamente en contra de estos sacrificios de animales. Es decir, que si se lee entre líneas y con los ojos bien abiertos, uno nota algunas cosas. La pregunta que se plantea ahora es cómo reaccionaron los israelitas ante ello. Esto lo leemos en el capítulo 3, 12 del libro de Esdras, donde dice:

«Muchos sacerdotes, levitas y jefes de familia, ya ancianos, que habían conocido con sus propios ojos el primer templo, sobre sus cimientos, lloraban a voz en grito, mientras que otros lanzaban gozosos clamores».

Aquí se pone de manifiesto una contradicción. Los unos gritaban de júbilo y los otros lloraban. ¿Lloraban de alegría o lo hacían tal vez porque sentían que se había introducido o fortalecido algo en el comportamiento de la casta sacerdotal que no tenía nada que ver con la voluntad de Dios? ¿Qué pasaba entonces con aquellos que se rebelaban? También esto es interesante. Ya la primera orden del Rey Ciro establecía: «A todo aquel que no cumpla este edicto –cuidado, que ahora se pondrá peligroso– le será arrancada de su casa una viga, se le amarrará a ella y será azotado; en cuanto a su casa, será reducida, por este delito, a un montón de escombros». (Esdras 6, 11)

Ahora habría que preguntarse que si esto fue tan bonito, si fue realmente la voluntad de Dios que los israelitas regresaran y construyeran el templo de Dios en la forma prescrita por Ciro, ¿por qué entonces más de uno se rebeló en contra de ello? ¿Y por qué se tuvo que hacer amenazas de castigos tan crueles? ¿No podría ser que con esta orden de Ciro, aquellos que todavía sabían que la voluntad de Dios era la de no hacer sacrificios de animales, por ello ya antes del regreso tenían que ser diezmados de modo tan cruel?

Si seguimos leyendo, nos encontraremos con el sacerdote Esdras, al que entonces se le dio el encargo de echar las bases de todo y también de corregir los escritos. En el capítulo 7, 6 de Esdras leemos: «Este Esdras subió de Babilonia. Era un escriba versado en la Ley de Moisés que había dado Yahvé, Dios de Israel. Como la mano de Yahvé su Dios estaba con él, el rey le concedió todo lo que pedía».

La pregunta es ahora si todo realmente fue así. ¿O el rey le hizo esta concesión ya que Esdras cumplió la voluntad del rey?

Si se sigue leyendo, se habla en seguida del dinero que Esdras habría de recaudar:

«Con este dinero procura comprar novillos, carneros, corderos, con las oblaciones y libaciones correspondientes, para ofrecerlo luego sobre el altar del templo de vuestro Dios en Jerusalén», y poco después leemos el párrafo siguiente:

«Os hacemos saber también que no se puede percibir impuesto, contribución o peaje de ninguno de los sacerdotes, levitas, cantores, porteros, donados ni de ninguno de los servidores de este templo de Dios». (Esdras 7, 24) Aquí se establece en seguida la liberación de impuestos, el privilegio de los sacerdotes que estos ya introdujeron de contrabando en el Antiguo Testamento.

 

La transformación del 5° Mandamiento en «No asesinarás» da cabida a la justificación de matar

Ahora habría que preguntar: Si Dios ha sido el que ha ordenado todo eso, ¿que tiene entonces que ver esto con los Diez Mandamientos, por ejemplo, con el mandamiento «No matarás»? Aquí Dios presuntamente da la orden de matar, y sin embargo, en Sus Mandamientos dice: «No matarás».

¿Es Dios acaso un Dios que se contradice, o es Dios el Absoluto? O los Diez Mandamientos son erróneos o bien lo son esas otras órdenes.

 La Iglesia siempre se reservó el derecho de interpretar correctamente los Mandamientos y en este caso la interpretación eclesiástica es que el Mandamiento «No matarás» vale sólo para personas en particular, pero no para las autoridades. Por ejemplo, estas últimas pueden hacer valer la pena de muerte o dar la orden de hacer una guerra. Es decir, que las autoridades eclesiásticas interpretan la ley así como le conviene a ellas.

 Un intento de disimular aún más esta contradicción ha sido la última falsificación bíblica, con la que se ha cambiado el mandamiento «No matarás»  en «No asesinarás». Si se observa esto desde el punto de vista jurídico, es así que para el asesinato no existe justificación alguna porque se trata de un modo de matar especialmente reprobable. Para el «matar» la legislación estatal ha encontrado muchas justificaciones, también en lo que se refiere a las autoridades, y por ello se ha sacado probablemente la palabra «matar» de la ley de Dios , para poder interpretar en caso dado alguna justificación.

 

El sacrificio de la misa: la idea pagana de hacer sacrificios de sangre, practicada de forma extrema y en exceso de exaltación mística

Una pregunta sobre los aspectos que se introdujeron del paganismo, que están contenidos en la Biblia y que fueron acogidos por el cristianismo de Iglesia:

«En el segundo programa habéis explicado la creencia en los sacrificios por parte del paganismo. ¿No es acaso la celebración de la misa por parte de la Iglesia también una misa de sacrificio en la que se introdujeron ideas paganas?»

Respuesta: Aquí se trata incluso de la falsificación más grave e importante de la enseñanza de Jesús de Nazaret. En lo que se denomina «el sacrificio de la misa», la Iglesia ve lo que ella llama ponerse de modo simbólico y sin sangre en la situación del sacrificio de sangre de Jesús en la cruz. En cada misa este sacrificio de sangre vuelve a ser tematizado y simbolizado. Se trata de una idea del sacrificio que proviene del paganismo. Originalmente fueron sacrificios humanos, después fueron sacrificios de animales y después volvió a ser un sacrificio humano, esto es, el sacrificio del Hijo de Dios. Se dice que Él habría venido a la Tierra para morir como «cordero de sacrificio», para reconciliar a los hombres con Dios, como lo anunció san Pablo y como fue acogido por la Iglesia durante siglos y que por ello hoy en día cada católico común y corriente lo acepta. Si uno pregunta: ¿Por qué vino Jesús a la Tierra?, la mayoría responderá diciendo: «Para morir por nosotros, puesto que sólo así Él podía redimirnos».

Pero como sabemos, Jesús de Nazaret no vino a la Tierra para morir, sino que para fundar el Reino de Paz, el Reino de Dios en la Tierra. Él vino para traer a los hombres la Buena Nueva, la enseñanza que conduce a toda persona a una vida en el Espíritu de Dios, a la paz, a la gran unidad de la vida, y, sobre todo, a Dios en su interior. Sabemos esto a raíz de las manifestaciones divinas para el tiempo actual a través de Gabriele. Incluso lo sabemos todavía por más de un texto del Evangelio, sobre todo de los escritos apócrifos.

Esta idea del sacrificio de sangre, esta «mística de la sangre», se podría decir que vino al llamado cristianismo a través de san Pablo. Quien cree en esta idea del sacrificio, no representa a la enseñanza de Jesús sino que representa a la doctrina de san Pablo. Esta es la falsificación más grave que se ha hecho de la enseñanza de Jesús. Pues aquí se hace como si existiera un Dios iracundo que es tan brutal y cruel que exige que Su propio Hijo sea una víctima expiatoria y por ello lo envía a la Tierra. No hay nada peor y más brutal que esta aseveración.

 

¿«Sacrificios de sangre» también en las guerras?
Los soldados se han de entregar y sacrificar por la patria. ¿«Los cañones de la guerra» como «portavoces de la misericordia exhortativa» de Dios?

A propósito de la «idea de sacrificios de sangre», en los Mandamientos se establece: «No matarás». Ese Mandamiento fue cambiado hace poco en «No asesinarás». Si tanto la Iglesia católica como la protestante están a favor de las guerras, aunque sea de las llamadas guerras de defensa, ¿no es así entonces que las personas que mueren bajo los disparos son sacrificios humanos para salvar a un Estado o para liberarlo?  Esto corresponde a la afirmación de que se puede matar pero no asesinar. Por eso, dicho en una frase, cabe la pregunta: ¿No se trata en las guerras también de la idea de los sacrificios de sangre?

 Seguramente que hay muchos curas castrenses que dieron a conocer esta idea a los soldados en la primera y también en la segunda guerra mundial, de que tenían que entregarse, sacrificarse por la patria. El cardenal alemán Faulhaber, a quien se le declaró después como un gran combatiente de la resistencia contra el régimen del Tercer Reich, siendo cura castrense dijo durante la primera guerra mundial: «Los cañones de la guerra» son «portavoces de la misericordia exhortativa» de Dios. (Karlheinz Deschner, «Ein Jahrhundert Heilgeschichte» (Un siglo de historia de la salvación), tomo I, pág. 253, en alemán. O sea que aquí está contenida la idea de que la guerra es una especie de purificación que limpiará en la guerra las faltas morales del pueblo, y de que el soldado tiene que entregarse y sacrificarse por una meta más elevada. Lo macabro de este hecho es naturalmente el que a ambos lados del frente había tales curas castrenses que decían lo mismo a todos los soldados que se mataban unos a otros.

O sea que la idea de los sacrificios de sangre sigue siendo actual, pero es puramente pagana. Pues, ¿qué dijo Jesús de Nazaret cuando Pedro tomó la espada? Él dijo: «El que coja la espada, morirá bajo la espada» (Mt 26, 52). Esta fue una advertencia muy clara a los hombres: cuando ellos ejercen violencia, esto es algo que no es lo que Dios quiere, sino que ellos mismos tendrán entonces que cosechar esa siembra.

Curiosamente Jesús dijo esto tratándose incluso de una situación en la que se actuaba en defensa personal, cuando su vida estaba en peligro, y sin embargo, le dijo a su apóstol: «Guarda la espada» (Mateo 26, 52). La Iglesia diría: «¡Ataca! ¡Asesta el golpe! Pues tú tienes derecho a defenderte y a llevar a cabo una guerra justa». Todas las enseñanzas sobre la «guerra justa» son puestas al descubierto como anticristianas por ese pasaje de la Biblia y las palabras de Jesús de Nazaret.

Sin embargo, habría que decir también que la Iglesia es más astuta aún. Ella no dice simplemente: «Estamos a favor de la guerra defensiva», sino que dice: «sólo como último recurso y cuando todo lo demás no haya resultado».

Aquí hay que añadir en seguida una gran interrogante: Se dice «Si no existen otros recursos está permitido recurrir a las armas», pero la historia nos muestra que no siempre se agotaron los esfuerzos por recurrir a esos otros recursos. La hipocresía dentro de la Iglesia católica no conoce fronteras.

La hipocresía de la Iglesia católica adopta formas extremas. Los Papas anuncian públicamente: Alabanza a la Inquisición; el genocidio durante el descubrimiento de América fue «una culpa feliz», y otras cosas más

En base a lo que se acaba de exponer, vemos como muchas cosas han sido veladas o enturbiadas. Por ello a veces uno no se da cuenta de la hipocresía que está detrás de todo. ¿No es acaso otra cosa que hipocresía lo que vivimos hoy en día, cuando el Papa actual se manifiesta estar en contra de la investigación en embriones, diciendo que con ello quiere «proteger la vida»? El mismo Papa es el que tal vez poco después se preocupa de que aquellos a los que ha querido proteger, sean matados en las guerras –que él mismo ha aprobado– por soldados que antes han sido bendecidos por curas castrenses por encargo papal.

 La hipocresía de la Iglesia católica se muestra también en el hecho de que el Papa actual quiere continuar de modo tan consciente la labor de su antecesor Benedicto XV, de quien se dice que habría luchado tanto por la paz de Europa. Este Papa, que durante la primera guerra mundial estaba a la cabeza de su Iglesia, siempre se lamentó públicamente de la desgracia que significaba la guerra que destruyó Europa. ¿Pero qué hizo él en realidad? Se preocupó de que ambos contrincantes, Francia y Alemania y todos los países involucrados en la guerra, incrementaran de modo especial el número de curas castrenses. ¿Por qué entonces no excomulgó a ninguno de los hombres de Estado que estuvieron involucrados en la guerra? En otros casos la Iglesia siempre ha estado dispuesta a excluir a las personas que no siguen sus enseñanzas.

 Este Papa, Benedicto XVI, llevó también en otro caso la hipocresía y esquizofrenia a la cúspide. Fue él mismo quien defendió la Inquisición. Pocas semanas antes de ser elegido Papa, dio una entrevista muy novelesca el 3 de marzo de 2005 en el programa titulado «Kontraste», de la primera cadena de televisión alemana ARD. Allí él declaró prácticamente: «Estamos en la continuidad de la Inquisición». Es difícil de creer que haya dicho esto con tanta calma. Pero resultó aún más increíble cuando en su segunda frase expresó aproximadamente lo siguiente: «No se puede negar que la Inquisición haya traído ciertos progresos, cuales fueron el que los acusados antes de todo hayan sido escuchados e interrogados».

En realidad aquí se trata de una enorme muestra de cinismo, sobre todo cuando uno piensa que tales «interrogatorios» de la Inquisición estaban unidos a torturas terribles, después de las cuales muchos de los «interrogados» morían. El que un cardenal que es el sucesor de la Inquisición –en aquel entonces él era todavía el presidente de la Congregación de la fe de Roma- de modo tan descarado pueda alabar públicamente a la Inquisición diciendo que fue un progreso, es en realidad una exigencia excesiva para la opinión pública. ¿Qué pasaría con otro si calificara la brutalidad de un dictador en Chile o tal vez la de los nazis en Alemania como algo progresista, sólo porque en los sótanos de tortura de Pinochet o de Hitler a los presos antes de ser matados se les interrogaba brevemente?

Nuestra serie de programas tiene el título genérico de: «¿Quién está sentado en la silla de san Pedro? Declaraciones del Papa, como las mencionadas, dan bastante que pensar.

 Y un cardenal, que en mayor o menor medida apoyaba todo esto, ahora es Papa, y al mismo tiempo es el llamado «Santo Padre». Por tanto, sigue tratándose de: apoya el matar, apoya el asesinar, pero sigue al servicio de la Iglesia – entonces serás un «santo».

 Lo expresado se puede ver en muchos ejemplos. El antecesor del actual Papa, Juan Pablo II, por el que muchos ahora quieren iniciar un proceso de canonización, con motivo de la fiesta de conmemoración de los 500 años de la evangelización de Sudamérica, dijo: La conquista de Latinoamérica por los conquistadores católicos españoles muestra sin duda rasgos de violencia y en este sentido habría que condenarla. Pero, como en verdad «la admirable evangelización» contribuyó a una «mayor ampliación de la historia de la salvación», se trata en última instancia de una «culpa feliz» (publicado en la prestigiosa revista alemana «Spiegel» en su edición especial 3/2005, pág. 91). ¿Cuánto cinismo hay detrás de estas palabras, si se considera cuántos millones de víctimas costó en aquel entonces la conquista de Sudamérica y se habla después de una «culpa feliz»?

 

Los abusos de la superstición institucionalizada: virgencillas para raspar, estampitas para tragar - ¿«medios para sanar»? Indulgencias al hacer penitencia caminando de rodillas – ¿una liberación de los pecados?

Pregunta:

«En Internet, durante una subasta, se ofreció una virgen para raspar proveniente de la ciudad bávara ultra católica de Altötting y un pliego de estampitas para tragar o comer. ¿De qué se trata esto?»

 Respuesta: En realidad podríamos continuar preguntando: ¿Si uno toma trocitos de las estampitas para tragar y las ingiere, se tiene con ello también la posibilidad de beatificarse o santificarse? ¿Y si uno compra una estatuilla de la virgen para raspar y todos los días la rasca para sacar de ella algunas partículas de su cuerpo, se alcanza también un estado de beatificación y santidad?

Mejor vamos por parte: ¿Qué es una «virgen para raspar»? Y ¿en qué consisten esas «estampitas para tragar»?

La costumbre de la virgen para raspar se dio hasta en el siglo XX. Puede que haya alguien que piense que esto pertenezca a la «Edad Media», pues no, también en la actualidad siguen siendo algo de interés público, como se puede deducir de la pregunta que nos han hecho.

Estuvimos investigando en Internet y en seguida encontramos una respuesta. En la página de Internet de la Iglesia católica de Suiza www.kath.ch, se hablaba de la existencia de una virgen para raspar en el monasterio suizo de Einsiedeln: «De ella se raspaban pequeños trocitos y se comían después». Más detalladamente se puede leer en el libro del Dr. Müller «Mittel zum Heil» (Medios para sanar) en la página 43, en alemán: «Una posibilidad evidente de ingerir en caso de necesidad una sustancia de gran poder curativo, igual que un medicamento, era el raspar la arcilla de una virgen para raspar. Copias más pequeñas de estas imágenes milagrosas se podían comprar en tiempos pasados en diferentes lugares de peregrinación. Muy conocidas hasta el siglo XX eran las vírgenes para raspar ennegrecidas de la ciudad bávara de Altötting y las copias milagrosas de Einsiedeln. Las últimas de las mencionadas tenían fama de ser especialmente milagrosas y sanadoras, porque se decía que a la arcilla se le había mezclado tierra y argamasa de una capilla milagrosa así como trocitos de reliquias. Esto valía, no obstante, sólo para vírgenes para raspar que vendía el mismo monasterio y que al reverso llevaban los cuervos de Meinrad como denominación de origen», en cierto modo como sello.

Es de esperar que cuando se habla de los trocitos de reliquias no se trate de trozos de cadáveres humanos.

 En lo que se refiere a las «estampitas para tragárselas» o comérselas se puede leer también en la página de Internet de la Iglesia católica suiza que se trataba de pequeñas estampitas de santos que se podían comer. En el libro del Dr. Müller, en las páginas 44 y 45 en alemán, se pueden leer más detalles sobre esto: «En muchos lugares de peregrinación, antes se podían comprar pliegos de estampitas para tragar o comer. El comprador ponía cuidado de que el pliego de estampitas hubiese sido bendecido por un sacerdote y que en lo posible hubiese tenido contacto con la imagen milagrosa del lugar de la compra».

En aquel entonces era así que existían reliquias, pero había también copias de reliquias que habían tocado o rozado la reliquia original. Por ejemplo, cuando en la ciudad alemana de Bamberg se dijo que se había encontrado o había aparecido un clavo de la cruz de Cristo, se hicieron varios miles de nuevos clavos que fueron rozados o tocados brevemente con el clavo original. Estas eran las reliquias copiadas del original, valiosas porque lo habían tocado, que tenían naturalmente por ello un doble valor. Todo subía el doble de su valor cuando había tocado una reliquia original. Por eso los compradores ponían especial interés en tales reliquias que habían tocado su original, así como en las estampitas para comer.

«En caso de peligro o necesidad, las estampitas, a menudo no más grandes que un sello de correos, la persona se las tragaba o se les daban también a los animales enfermos. Las reliquias para tragar o comer, que se contaban entre los “sacramentales”, se consideraban una especie de medicina que llevaban en sí una gran fuerza debido a la bendición sacerdotal» (Dr. Edmund Müller, «Medios para sanar», página 45, en alemán).

Según el Dr. Müller la Iglesia designa oficialmente como «sacramentales» a «objetos bendecidos o consagrados que prometen a los creyentes amparo y bendición, lo protegen de desgracias y hacen que espere sanación. A ellos pertenecen la sal, el aceite, ramas de palmas, cruces, medallas de peregrinación» y justamente las llamadas estampitas para comer o tragar y la virgen para raspar.

«Todavía en el año 1903 la congregación romana de ritos autorizó el empleo de estampitas para tragar o comer. La costumbre de sanación, de tragarse papelitos comestibles ya se conocía en la antigüedad», según el Dr. Müller. Esto significa que el tragarse las estampitas de santos era una costumbre pagana. De esto se han derivado algunas expresiones todavía usadas en el idioma alemán.

 Si otra comunidad se permitiese algo así, se dudaría seriamente del estado psíquico de sus integrantes. Sin ánimo de querer ridiculizar la fe de otras confesiones, a un ciudadano que piensa habría que permitirle sacar tal conclusión. Si en el siglo XX en Internet se recomienda y se ofrece comprar una estatuilla de la virgen para raspar, para comerse partículas de ella porque esto sería de ayuda en los procesos de sanación, en el caso de cualquier otra comunidad intervendrían las oficinas de salud diciendo: «Estáis impidiendo que la gente vaya al médico». Y lo que aquí sucede es en realidad peligroso. No sólo se trata de magia de alienados, sino que es también un peligro para la salud, para la salud del pueblo.

 

Sobre estas costumbres tan extrañas recibimos otra pregunta:

 «¿De dónde viene la costumbre de hacer penitencia arrastrándose de rodillas, como en Altötting o por las escaleras de Roma?»

 Respuesta: La costumbre de hacer penitencia arrastrándose de rodillas tiene algo que ver con el ejercicio de penitencias. Se cree que cuando una persona lleva a cabo determinadas penitencias, esfuerzos externos que también en lo posible han de producir dolor, con ello ella se liberará de sus pecados. Tales prácticas ya existían en el paganismo. Y todo esto tiene que ver con los llamados actos de confesión que ya se daban en el jainismo, en el culto a Anaetis en los misterios samotracios de Kabiren, en el culto a Isis, todo esto citado del libro del conocido historiador y crítico alemán Karl Heinz Deschner «Der gefälschte Glaube» (La fe falsificada), pág. 144 en alemán: «... en el que los penitentes bajo las amenazas del sacerdote se arrojaban al suelo del templo, golpeaban con la cabeza la sagrada puerta, imploraban a los puros con besos y hacían peregrinajes, mientras que en la época de las religiones primitivas –pues a las otras se las llama «elevadas», dice Deschner– se actuaba según la creencia de agitar en el aire astillas y pajas regocijándose, ya que todos los pecados se los habría llevado el viento». En algunos cultos místicos se daban a conocer las culpas al sacerdote, al que se consideraba representante de la divinidad, para liberarse así uno de las consecuencias.

En la religión de Isis, escribe Deschner- «donde se encontraba indulgencia incluso para la apostasía, ya existía una completa práctica de indulgencias, como se dio más adelante en el catolicismo» (pág. 115).

 

Las enseñanzas de la silla de san Pedro: contradicciones, cosas increíbles, absurdidades. Quien no cree en ellas es «excluido», maldito, condenado

Ya hemos hablado de que según las prescripciones de la Iglesia católica, hay que creer en algunas cosas determinadas que ésta enseña. Si no se cree en ellas, uno está condenado «por toda la eternidad». Un oyente planteó al respecto la siguiente pregunta:

 «En el libro de «Neuner-Roos», que es una obra fundamental sobre la fe de la Iglesia en los testimonios de la proclamación de la enseñanza, se hablaba antes de “condenado eternamente”, hoy se habla de “excluido”. ¿Significa esto que ahora ya no se está condenado eternamente cuando uno duda de la fe católica?»

 Respuesta: No significa eso, ya que «excluido» significa «condenado eternamente». Antes se expresaba sin decoro, y ahora, en nuestro tiempo, adaptándose a la época, se formula de forma más moderada, aparentemente más inofensiva, pero el sentido es el mismo. También el significado de «excluido» es «excluido de la salvación», y por tanto «condenado eternamente».

 La expresión original en latín es «anathema sit» y significa precisamente: «Que sea maldito», o bien «condenado».

 Aquí podemos agregar además la pregunta: ¿Podría ser que este cambio se introdujo en consideración a las otras religiones? Hoy, cuando se habla un poquito de ecuménico, y se trata con ello de engañar a los demás, esta palabra tal vez suena muy dura. ¿Pero no es así que los que profesan otras religiones según la enseñanza católica están todos «condenados eternamente»?

 Si leemos de nuevo en el libro de «Neuner-Roos» (n. 381), comprobamos que: «La santa Iglesia romana, anuncia que nadie fuera de la Iglesia católica, ni paganos, ni judíos, ni los no creyentes, ni los que se han separado de la unidad, serán partícipes de la vida eterna, sino que más bien caerán en el fuego eterno, que está dispuesto al diablo y a sus ángeles, si antes de la muerte no se unen a la Iglesia».

Hagamos aquí un inciso para aclarar la pregunta: ¿Qué clase de libro es en realidad el «Neuner-Roos»? Para ello, tal vez sea lo más práctico leer en el mismo libro, en la cubierta, donde en su edición en alemán dice: «Este libro contiene los documentos católicos más importantes desde la época de las profesiones de fe apostólicas hasta nuestros días. Pero aquí no se trata de acompañar las verdades de la fe a través de los dos mil años de la historia de la Iglesia y de presentar todas sus luchas dogmáticas y decisiones, sino de presentar las enseñanzas de la Iglesia, que han sido de especial importancia en la formación eclesial de la manifestación divina...» El texto finaliza con la frase: «Precisamente en la actualidad, es un derecho y una obligación de los creyentes saber lo que la Iglesia misma ha dicho y dice sobre la fe, en sus documentos de anunciación de la enseñanza».

Es decir, que en este libro se encuentra «la formación eclesial de la manifestación divina», aunque ¿no se debería mejor hablar de una «de-formación», viendo lo que la Iglesia ha hecho de ella?

 Estimadas lectoras, estimados lectores, tal vez tenga alguno de ustedes la costumbre de decir: «Bueno, se pueden contar muchas cosas, pero ¿quién las puede demostrar?» Para comprobar todo esto, se puede ir a una librería o biblioteca y leerlo allí en el libro de Neuner-Roos: «Der Glaube der Kirche in der Lehrverkündigung» (La fe de la Iglesia en la anunciación de la enseñanza). Las frases que acabamos de citar se encuentran en los n° 381 y 417 –de donde las hemos traducido del alemán al español, ya que no nos fue posible encontrar un libro ya traducido–, y aún se podrán encontrar muchas cosas más. La verdad es que este libro es una lectura excepcional y muy esclarecedora, donde el lector mismo se puede hacer su propia imagen. Si se continúa leyendo en él, se descubren cosas sorprendentes, y esto tal vez a más de alguno le haga también intensificar la decisión de seguir la recomendación del Apocalipsis de salirse de tal congregación católica. (En todo caso, los traductores de estos textos nos hemos preguntado si el motivo de que este prestigioso libro sobre teología católica en idioma alemán no haya sido traducido hasta ahora al castellano, no ha sido tal vez precisamente el hecho de que una investigación tan exhaustiva constituye un peligro y un motivo de apostasía para el lector hispanohablante católico que piensa de forma analítica).

 No tratamos todas estas cosas tan increíblemente extrañas ni nos ocupamos de sucesos tan crueles, porque alguna institución o algún clan lo prescriban para sus miembros o para los que son dependientes de ellos. Cada uno puede ser feliz de acuerdo con sus ideas.

El motivo por el que nosotros tratamos este tema es porque a todas estas cosas tan extrañas, tan increíbles –habría que decir, a todas estas perversidades– se les ha puesto la etiqueta de cristianas y se dice que tengan algo que ver con Jesús de Nazaret. Por eso es que aquí los cristianos originarios se sienten llamados a corregir esto. Pues basta ya de que Jesús, el Cristo, siga siendo calumniado, burlado, ridiculizado y se esté abusando de Él desde hace 2000 años por parte de la casta sacerdotal. Ha llegado el tiempo de poner punto final a este abuso. Los cristianos originarios han comenzado a hacerlo. Y a usted, estimado lector, estimada lectora, le pedimos que como persona inteligente a la que le gusta analizar las cosas, reflexione y se pregunte: ¿Quién está sentado realmente en la silla de San Pedro? ¿Tiene realmente todo esto algo que ver con Jesús, el Cristo? ¿O lo que hemos escuchado o leído hoy no nos está acaso indicando que Él fue precisamente todo lo contrario de lo que representa quien está sentado en dicha silla?

 

¿Al «representante de Dios», al «conductor del orbe», no le deberían obedecer los elementos de la naturaleza?
A Jesús de Nazaret sí le obedecían

Nos ha llegado una pregunta, que dice:

«A través de la Radio vaticana en junio de 2005 se informó que, en vista de la catástrofe de la sequía, en amplios territorios de Australia se declaró un domingo como el día de la oración por la lluvia. Si pido a Dios que llueva, esto significa que Dios es responsable de que llueva o no. ¿De dónde viene esta creencia? ¿No viene también del paganismo?»

Y otra pregunta más:

«¿Rezan también los cristianos originarios para que llueva?»         

Respuesta: Con respecto a la primera pregunta: En el tiempo del paganismo, del politeísmo, era usual que uno o más dioses fueran responsables del tiempo, y en especial de la lluvia. Entre los germanos era el Dios Donar, entre los egipcios lo era el dios Set que después fue el dios Baal, entre los griegos era Zeus el dios del tiempo, y entre los dioses mesopotámicos lo eran los dioses Anu y Enlil, para nombrar a algunos de ellos.

Los seres humanos creían en aquel entonces que los dioses eran responsables del tiempo y por consiguiente a estos dioses había que ofrecerles sacrificios para que el tiempo pudiera ser influenciado positivamente. Y si ahora la Iglesia católica llama a que se le rece a Dios para que llueva, esto está entonces en una relación directa con la tradición pagana.

En la tradición pagana también era usual que personas en particular dijeran ser los «representantes de Dios»; pensemos aquí, por ejemplo, en los faraones de Egipto. También esto existe en el catolicismo, donde el Papa es el representante de Cristo. En «Neuner-Roos», bajo el número 434, del margen, se dice que «el obispo de Roma tiene la primacía sobre todo el orbe» y en el rito de la coronación, con la cual los Papas fueron introducidos en su cargo hasta el siglo XX, leemos: «Debes saber que tú eres el padre de los príncipes y reyes, el conductor del orbe».

 Continuemos preguntando: Si el Papa es el conductor del orbe ¿qué conduce él entonces? Viendo la situación actual hay que preguntarse, ¿qué está conduciendo el Papa? ¿Conduce él las epidemias, conduce las necesidades, conduce las catástrofes de la naturaleza, las catástrofes de inundaciones que vivimos ahora? ¿Es él el conductor de todas estas desgracias que atacan a los hombres, la naturaleza y los animales?

 De acuerdo con estas lógicas deducciones, habría que decir que él está conduciendo el mal hacia los hombres. Como a él se le trata de «santo», en este caso tendría que tener poder sobre la lluvia, las inundaciones, las enfermedades, los terremotos, por ejemplo, los tsunamis. A él le tendrían que obedecer los elementos, etc.

En realidad esto debería ser para él algo muy sencillo. Él se deja venerar y apostrofar como «representante de Dios». Sin embargo, si todos los efectos de su actividad como representante son así como acabamos de ver, entonces sólo hay dos posibilidades: o él sólo aparenta ser el representante de Dios y no tiene poder alguno para ejercer influencia –ni siquiera puede sanar sus propias enfermedades–, o bien, lo que sucede en la Tierra tiene lugar realmente por su intervención. En ese caso él no es el representante del Dios del amor, del Dios de todos los seres humanos, sino que en consecuencia él sólo puede ser el representante del Dios de los infiernos.

Aquí se vuelve a plantear la pregunta:

¿Quién está sentado en la silla de San Pedro?

 Pues en la Biblia está escrito «Someteos la tierra» (Génesis 1,28). ¿Qué quiere decir esto? Si el Papa es el conductor del orbe, tendrían que obedecerle la Tierra, las inundaciones, etc.

Jesús por su parte sí que podía reinar sobre los elementos. Pensemos sólo en el pasaje de la Biblia en que se cuenta que los discípulos estaban sentados en una barca y tenían miedo de la tempestad, y Jesús se enfrentó a la tormenta y se impuso al viento. Es decir que Jesús sí podía hacerlo, pero el «representante de Dios» no lo puede. Sólo puede hacerlo en un sentido. Ya lo hemos escuchado hoy varias veces, y este es el de destruir todo. Hemos hablado de las matanzas, de los abusos, de aprovecharse de otros, de destrucción. En consideración al pasado y al presente de la silla de san Pedro, «someteos la Tierra» significa en suma para él: Destruye la Tierra. Pues de este modo han actuado siempre la Iglesia católica y los representantes de esta ideología.

 La carta contenía también la pregunta: ¿Rezan los cristianos originarios para que llueva?

 Los cristianos originarios no rezan para que llueva. Sabemos que Dios nos ha dado un planeta maravilloso. Es nuestra tarea el vivir en unidad con la naturaleza y con el mundo animal. Si se hubiera entendido correctamente la frase «Someteos la Tierra», hoy en día seguiría siendo un planeta maravilloso, ya que las personas vivirían en unidad con la naturaleza y el mundo animal. Pero desgraciadamente éste no es el caso en nuestros días. El medio ambiente es destruido cada vez más. Esto nos está llevando a grandes cambios climáticos, y todo esto no es la culpa de Dios, sino que nosotros los seres humanos lo hemos causado, y en parte procurado.

Cuando los cristianos originarios rezamos, no lo hacemos para que llueva o nieve o haga buen tiempo, sino que Jesús nos ha enseñado a rezar que se haga la voluntad de Dios. En la práctica esto significa que si rezamos por la naturaleza que está sufriendo, esta oración puede tener efecto sólo si nosotros mismos nos esforzamos en poner en práctica lo que por nuestra parte corresponda, preguntándonos: ¿qué podemos hacer para ayudar a la naturaleza que está sufriendo? – y también lo hacemos.

Los seres humanos no necesitamos ni una Iglesia católica ni una protestante luterana. Necesitamos a Jesús, el Cristo. El poderoso Espíritu del amor vive en cada persona

Jesús, el Cristo, resumió todo de manera muy clara. Él nos enseñó «Todo cuanto quieras que te hagan los demás, hazlo tú primero a ellos» (Mt 7, 12). Esta frase es conocida por lo común como la «Regla de oro». Dicho de otra manera: «Lo que no quieras que te hagan los demás, no se lo hagas tú a ellos». Si en todo el mundo los seres humanos tomaran esto en consideración, entonces no necesitaríamos la Iglesia católica que practica el paganismo. Tampoco necesitaríamos ninguna Iglesia luterana que sólo es el apéndice de la Iglesia católica.

Nosotros los hombres necesitamos a Jesús, el Cristo. Y Jesús nos enseñó que nos recogiéramos en un aposento tranquilo para mantener allí un diálogo con Dios, nuestro Padre.

Pues Dios es Espíritu del amor.

Dios es Espíritu de la paz.

Dios es Espíritu de la unidad.

El gran Espíritu del amor vive en cada persona, puesto que cada persona es el templo del Espíritu eterno, del Espíritu de nuestro Padre eterno. En ese aposento tranquilo, cuando alcanzamos tranquilidad, rezamos hacia el interior y cumplimos con lo que rezamos, vivimos paso a paso los Mandamientos de Dios y las enseñanzas de Jesús, el Cristo. Entonces cambiamos hacia lo positivo, hacia lo bueno y el gran y poderoso Espíritu de nuestro Padre puede actuar a través de nosotros.

Dicho de modo general, esta es la enseñanza de los cristianos originarios.

Vamos a un aposento tranquilo, así como nos lo enseñó Jesús, y rezamos a Dios, nuestro Padre y a Cristo, nuestro Redentor.

También nos reunimos en salas sencillas, somos comunidades que rezan juntas, que cantan juntas, pero a las que les es consciente que el Dios del amor es omnipresente en cada persona, en cada animalito, en cada planta, en la Madre Tierra.

Jesús, el Cristo nos enseñó: «Todo cuanto quieras que los demás te hagan, hazlo tú primero a ellos», o dicho de otra manera: «Lo que no quieras que te hagan los demás, no se lo hagas tú a ellos», ni a personas ni a animales ni a plantas.

Quien cumple las enseñanzas de Jesús, el Cristo, deja vivir a la Madre Tierra y todo lo que está sobre y dentro de ella, porque la vida es Dios. Quien destruye y mata premeditadamente la vida, actúa en contra del amor de Dios.

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En el Tomo 1 de la serie
«Sólo para personas despiertas y con buena capacidad analítica. ¿Quién está sentado en la silla de san Pedro?» están contenidas las emisiones de radio desde la primera a la quinta.

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