Usted está aquí: Página inicial > ¿Quién está sentado
en la silla de san Pedro?
 > Parte 4

Los primeros cristianos vivían de acuerdo con las enseñanzas de Jesús de Nazaret y según el ejemplo que Él dio con Su vida.


Los primeros cristianos eran los seguidores de Jesús, el Cristo. Ellos incorporaban Sus sencillas enseñanzas a su forma de pensar y vivir

El cristianismo originario nació en el círculo que Jesús de Nazaret había reunido en torno a su persona. Se formaron comunidades originarias que no tenían sacerdotes ni jerarquías. Allí no había nadie que determinara lo que había que hacer, ni mucho menos una especie de Papa que dijera lo que era correcto, sino que existía una libre agrupación de comunidades independientes. Los miembros de las comunidades primarias tenían todo en común. Incluso en el Nuevo Testamento hay un párrafo que lo dice. Allí se puede leer lo siguiente: «La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma. Nadie consideraba sus bienes como propios, sino que todo lo tenían ellos en común».  (Hch 4, 32)

Esto es en realidad sólo una frase, pero de ella se puede deducir cómo vivían los cristianos originarios. Ellos tenían los mismos derechos, también las mujeres, y cada uno vivía del trabajo de sus manos. Eran comunidades de vida y de trabajo, siendo en parte también comunidades de vida en común que elaboraban justamente lo que necesitaban para vivir y que también daban siempre algo de lo que tenían a los pobres.

Lo más importante es que los cristianos originarios de aquel entonces eran seguidores de Jesús, el Cristo, porque incorporaban las enseñanzas de este gran Espíritu, que es nuestro Redentor, a su forma de pensar y vivir.

Todavía no eran perfectos, pero ya estaban en camino a ello, a poner en práctica diariamente las legitimidades que Jesús de Nazaret había enseñado. Tampoco tenían una cena ritual, sino que comían juntos y recordaban al hacerlo a Jesús de Nazaret, quien era el que les había traído esa enseñanza. En la comida se hacían presente que el Espíritu de Dios está en los alimentos y tenían respeto por la vida que está en todo. Tampoco llevaban a cabo un rito de bautizo sino que simplemente acogían a otras personas en su círculo. Todo era muy sencillo, más simple y genial que lo de ello hizo después la Iglesia.

¿Cómo se comportaban los cristianos originarios de aquel entonces con la Madre Tierra, con las plantas, con los animales? Sabemos que Santiago, el hermano de Jesús, el primer dirigente de la comunidad originaria de Jerusalén, era vegetariano. Esto está comprobado históricamente. Y así también hay párrafos del intercambio de cartas de los primeros cristianos que dan testimonio de que ellos tampoco comían carne. Se puede decir con seguridad que la mayor parte de los miembros de las comunidades originarias no disfrutaban de la carne.

Por ejemplo, leemos en cartas de Minucius Felix, un cristiano originario que en diálogo con Octavio le decía: «Tenemos tanto recelo por la sangre humana que ni siquiera conocemos la sangre de animales comestibles entre nuestras comidas»[1].

Esto significa que para los cristianos originarios el 5° Mandamiento: «No matarás», tenía validez no sólo en relación con las personas, sino que también lo tenía respecto a los animales. Esto también lo comprueba el famoso historiador alemán Karlheinz Deschner en su libro «Y una vez más cantó el gallo», en cuya página 278 podemos leer lo siguiente:

«Entre los ebionitas, que fueron los descendientes de la comunidad cristiano-originaria y que poco después serían declarados herejes y tampoco creían en la muerte de Jesús como sacrificio expiatorio, el pan y la sal eran los elementos básicos de la cena recordatoria del Señor, lo que incluso se ha declarado que constituye la forma más antigua de la eucaristía».

De Santiago, que era la principal autoridad de la Comunidad en Jerusalén, ha sido transmitido: «Él no tomó vino, ni bebidas alcohólicas. Tampoco comió carne»[2].  Además, en las traducciones se hace presente varias veces: «no llevaba túnica de lana, sino de lino, tampoco usaba sandalias de cuero»2. Esto muestra que estaba en contra de explotar a los animales.

En los escritos apócrifos –y «apócrifos» significa que no fueron acogidos en la Biblia– encontramos muchas citas que muestran que los apóstoles eran vegetarianos. Por ejemplo, allí se lee sobre Pedro: «Me sustento de pan y olivas, a las que sólo de vez en cuando añado alguna verdura»[3]. O de Mateo: «Mateo se sustentaba de semillas de cereales, frutos de los árboles y verduras, sin carne»[4]. De Juan se ha transmitido lo siguiente: «Juan nunca probó la carne»[5].

Pero también los padres de la Iglesia dan testimonio de que en el cristianismo originario no se consumía carne. Por ejemplo, Juan Crisóstomos: «Entre ellos no corren ríos de sangre, no decuartizan ni despedazan carne. Donde ellos no se hallan los terribles olores de comidas de carne, no se escuchan alaridos ni ruidos desoladores. Sólo prueban el pan, fruto de su trabajo, y agua que proviene de una fuente pura. Si desean una comida más abundante, sus exquisiteces son frutas, y se sienten tan satisfechos como ante una mesa de reyes»[6].

Aquí habría que agregar que ningún cazador era acogido en la comunidad originaria. Primero tenía que dejar tal profesión. Puesto que los cristianos originarios sabían que el matar a seres humanos y a animales iba en contra de las leyes de Dios, y se atenían a ello. Todos los cristianos originarios vivían del trabajo manual y de este modo estaba establecido en su Reglamento de la comunidad cristiano-originaria: «Si alguno no domina ningún trabajo manual, poned cuidado entonces de cómo lo podéis hacer para que entre vosotros no viva ningún cristiano que no trabaje. Si él no quiere hacerlo, es entonces uno que quiere hacer negocios con su cristianismo. Cuidaos de tales personas»[7]. Ya de este hecho se puede deducir entonces que en las comunidades originarias tampoco había sacerdotes.

Muchas profesiones no correspondían a la imagen cristiana, como se puede deducir del Reglamento de la comunidad que tenían:

«Las actividades profesionales y los negocios de aquellos que han de ser acogidos en la Comunidad, tienen que ser examinados (...) A quien sea escultor o pintor se le ha de indicar no pintar imágenes idólatras, él habrá de dejar esto o no será acogido (...) Quien sea conductor de carros o luchador por apuestas o en los circos, o sea su maestro, quien luche con animales, sea cazador o siervo público en los juegos de lucha, habrá de dejar eso, o debe ser rechazado. Quien sea sacerdote o vigilante de un oficio pagano, debe dejarlo o debe ser rechazado. Al funcionario militar que sirve como gendarme le será prohibido matar. Si con carácter oficial le es ordenado matar, él no habrá de hacerlo (…) Y si no quiere seguir estas indicaciones, deberá ser rechazado. Un gobernador o un alcalde que esté investido con la honra de la púrpura y esté a cargo de la espada de la justicia, ha de abandonar todo esto o habrá de ser rechazado».[8]

Todo esto muestra que los primeros cristianos tomaban en serio los mandamientos divinos, y los cumplían.

Tareas carismáticas de los primeros cristianos en la Comunidad: profetas, instructores, sanadores. Ellos vivían lo que enseñaban

Ya que no había «intermediarios» ante Dios, ni sacerdotes ni cosas parecidas, ¿cómo era entonces la comunicación de tales comunidades originarias con el mundo divino?

Hay un pasaje en el Nuevo Testamento, en la Segunda Epístola de san Pedro, en el que se expresa esto muy claramente. Allí se lee:

«Con lo cual nos confirmamos más aún en la palabra profética. Consiguientemente, vosotros mismos hacéis bien en poner en ella vuestra atención, como en lámpara que luce en lugar tenebroso, hasta que alboree el día y el lucero de la mañana despunte en vuestros corazones» (2 P, 1, 19).

Esto significa que entre los primeros cristianos todavía perduraba la palabra profética, esto es, que Dios hablaba a los primeros cristianos a través de hombres y mujeres iluminados, y también a todos aquellos que quisieran escucharlo, así como Dios había hablado a los israelitas en el Antiguo Testamento a través de los grandes profetas. Esto también se deduce de otra cita de la Primera Epístola a los Corintios, capítulo 12, versículo 28. Allí leemos lo siguiente: «Y así los puso Dios en la iglesia, primeramente los apóstoles; en segundo lugar los profetas; en tercer lugar los maestros; luego, los milagros; luego el don de las curaciones, de asistencia, de gobierno».

Vemos entonces que en las primeras comunidades había tareas específicas, por un lado estaban los sanadores que con la fuerza de sus oraciones ayudaban a que se refortalecieran las fuerzas de autosanación en los que buscaban sanación; era una sanación a través de la oración y la fe, al fin y al cabo a través de la fuerza de Dios. Por otro lado estaban los maestros o instructores que eran quienes transmitían lo que Jesús de Nazaret había enseñado, y también había profetas.

Estas tareas en la comunidad no eran llevadas a cabo de forma autoritaria sino que se basaban en el carisma, es decir, en la irradiación de la persona. Las personas que llevaban a cabo estas tareas eran medidas en el sentido de si en su vida diaria y en su comportamiento ponían de manifiesto lo que se enseñaba a través de ellas. Si no era ese el caso, mostraban con ello que no eran los adecuados para su tarea.

 

Los «administradores» y «vigilantes» que tenían tareas más externas –ateniéndose a tradiciones paganas– se apoderaron del poder y se convirtieron en obispos y sacerdotes

Además estaban los administradores, que velaban por las provisiones de la comunidad, que administraban el dinero, y aquellos que atendían el cuidado de las casas. Estos «administradores» eran llamados  «episkopoi», los vigilantes o inspectores. De esta palabra derivó la palabra «obispo», y fueron los obispos quienes más adelante se apoderaron del poder. También estaban los ancianos, los «presbiteroi», de lo que surgió la palabra «sacerdotes». Vemos

que: aquellos que principalmente ejecutaban tareas externas, quienes más adelante fueron llamados sacerdotes y obispos, fueron los que ocuparon el poder en la comunidad, y las otras tres tareas, la de los profetas, maestros y sanadores, que como tareas carismáticas desde el punto de vista espiritual eran incomparablemente más importantes para la vida de la comunidad, fueron eliminadas, como cuando un cuclillo tira los huevos fuera del nido.

¿Cómo sucedió que los llamados ancianos se alzaron de pronto y decidieron ser sacerdotes? ¿Quién propulsó esto?

En el año 117  d. C., un cierto Ignacio de Antioquía dijo: «Seguid todos al obispo como a Jesucristo, (...) y a los presbíteros (los sacerdotes) como a los apóstoles»[9]. Y más tarde se dijo: «Dejadles –esto es, a los obispos–, que sean vuestros soberanos y consideradlos como vuestros reyes; rendidles tributo como a un rey, puesto que ellos, y los que están con él, deberán ser mantenidos por vosotros»[10].

La denominación «obispo» no fue inventada en las comunidades primarias sino que era ya una designación para sacerdotes o vigilantes procedente de los cultos paganos que en aquel entonces existían en torno al cristianismo. En el libro «Y una vez más cantó el gallo», de Karlheinz Deschner, podemos leer al respecto en la página 226, lo siguiente: «En tiempos de Homero, Esquilo, Sófocles, Píndaro (…) se llamaba obispos a los dioses, como vigilantes de los buenos y malos hechos de los seres humanos. Platón y Plutarco lo utilizaban también como denominación del término educadores. Así se llamaba a los filósofos peripatéticos. Pero incluso como funcionarios del culto hubo obispos ya en el siglo II a. C. Según el teólogo Schneider, el término cristiano de obispo se diferencia de las analogías paganas sólo por el poder dictatorial que estaba unido a él».

Esto significa entonces que los obispos que se apoderaron del poder en el cristianismo primitivo reinaron de modo negativo o ejercieron el poder de forma más dictatorial aún que como era costumbre en los cultos paganos. Pero ellos continuaron con los cultos paganos.

Las comunidades de los primeros cristianos convivían con un entorno de cultos paganos, cuyos componentes se fueron infiltrando incrementadamente en el cristianismo originario

En los cultos paganos también había sacerdotes y obispos. Incluso había Papas. La palabra «Papa» se deriva de «pater patrum», es decir que se refería entonces a «el Padre de los Padres»; éste era el Papa superior del culto a Mitra. Toda esta jerarquía, tal y como la conocemos en la actualidad de la Iglesia católica, procede de estos cultos paganos.

Quien profundiza en la historia de los primeros cristianos, es decir, en los primeros años después de Jesús de Nazaret, verá que en aquel entonces existían diversos cultos. No sólo el culto de la tradición de los judíos, sino que también estaba el culto a Mitra, cuyos seguidores practicaban el culto a los sepulcros, o sea, que todas las celebraciones sagradas partían de lugares en los que se encontraban sepulcros, del mismo modo que se practica también hoy en día en la fe católica, en la que el sucesor de s. Pedro toma posesión de este cargo partiendo del sepulcro de Pedro. En aquel entonces existían también el culto a los muertos y los sacrificios de animales. Todo esto impregnó el entorno que rodeaba al cristianismo originario. Y seguramente también todo esto y otros contenidos más fueron siendo aportados con el tiempo al cristianismo originario. Sin embargo, estas cosas no provenían de Jesús.

 

La influencia masiva y determinante de Pablo fue muy decisiva para que el cristianismo originario se alejara casi por completo de su origen, de las enseñanzas de Jesús de Nazaret

Un papel fundamental juega también s. Pablo, quien estaba muy impregnado de la creencia romana en el politeísmo y venía del paganismo, no habiendo siquiera vivido con Jesús de Nazaret. Pablo, que no conocía el cristianismo originario desde la fuente original, introdujo de manera muy dominante sus creencias en el cristianismo de los primeros tiempos, por una parte el pensamiento de obedecer a las autoridades, y por otra parte puso a la mujer en segundo término, lo que no había sucedido en el cristianismo originario, si se considera que muchas mujeres tenían la tarea de profetas. Y entre aquellos que seguían a Jesús de Nazaret, que lo acompañaban en sus viajes, había siempre muchas mujeres. Y no sólo estos dos aspectos son de hacer notar; Pablo quitó muchas cosas del cristianismo originario y en su lugar introdujo sus ideas paganas.

Es posible que Pablo haya introducido su paganismo en los evangelios más de lo que se piensa. En la Segunda Epístola a Timoteo se lee, por ejemplo:

«Apresúrate a venir a mí cuanto antes. Sólo Lucas está conmigo. Toma a Marcos y tráele conmigo, pues me es muy útil para el ministerio. Cuando vengas tráeme los libros, sobre todo los pergaminos» (2 Tm 4, 9-11). O sea que Pablo tenía un buen contacto con Marcos, quien escribió el evangelio de s. Marcos, y con Lucas, que escribió el evangelio de s. Lucas.

Un segundo párrafo nos desvela más cosas: Existe un Canon Muratori del año 1740, que se basa en un documento del año 200, y por tanto se refiere a uno de los documentos más antiguos que existen. Allí dice que Pablo consultó a un entendido en leyes, según otras traducciones un entendido en escritos. Se trata de un médico llamado Lucas. La cita es: «Este médico, Lucas, ha escrito el evangelio después de la ascensión de Cristo a los cielos; después de que Pablo lo llamara a ir con él como hombre de formación científica, lo escribió en su propio nombre pero según las opiniones de Pablo. (...) No obstante, tampoco él había visto al Señor en carne y hueso». O sea que ni Lucas ni Pedro habían visto al Señor en el tiempo en que Él vivió en la Tierra, pero escribieron un evangelio, y como se dice aquí, lo hicieron al parecer juntos. Así que podría ser que Pablo ejerciera mucha más influencia de lo que se ha pensado hasta ahora.

¿Cómo llegó Pablo a regir dentro del cristianismo originario?

Pablo era una persona que sentía una cierta admiración por el cristianismo originario, al que había conocido, pero en él todavía estaban vivas muchas ideas despóticas. En muchos aspectos Pablo no se comportó en su vida de acuerdo con lo que Jesús había enseñado, por ejemplo, con Sus palabras: «Si uno quiere ser el primero, sea el último el todos y el servidor de todos» (Mc 9, 35). Pablo, quien no tenía ante sus ojos el ejemplo de Jesús de Nazaret, tenía entonces cierto despotismo en sí. Así, por ejemplo, escribió en su Epístola a los Gálatas: «Pero aun cuando nosotros mismos o un ángel del cielo os anunciara un evangelio distinto del que os hemos anunciado, ¡sea maldito!» (Ga 1,8) Aquí podemos deducir que en su forma de pensar había aspectos muy amenazantes para quienes tenían otras ideas. Esta forma de pensar se unió a las ideas y cultos de su entorno pagano. De este modo, poco a poco fue surgiendo algo que ya no tenía nada que ver con el verdadero cristianismo primitivo. El afán de poder y la jerarquía de cargos y puestos llegaron a fundirse y así fue como paulatinamente del cristianismo primitivo se formó una Iglesia. 

Se dice que Pablo tuvo una aparición, que percibió palabras del Señor. Cristo se le habría aparecido, diciéndole: «Yo soy Jesús, al que persigues». Después de esta aparición Saulo habría dejado de perseguir a Jesús, uniéndose a Él. Así ha sido legado a la posteridad

Si así fue, que Saulo dejó de perseguir a Jesús, esto no quiere decir en absoluto que hubiera abandonado sus pretensiones de poder ni que se hubiera confrontado con las enseñanzas de Jesús, habiendo acogido para sí mismo las enseñanzas del Señor. Pablo se introdujo en el cristianismo originario con la pretensión basada en que él había escuchado al Señor y ahora las cosas tenían que ser como él se había hecho la idea de que tenían que ser. Y después de esto introdujo las prescripciones.  

Jesús de Nazaret rechazó expresamente, por ejemplo, la idea del sacrificio en el sentido de un sacrificio expiatorio, como se comprobó anteriormente. Pablo por su parte lo tomó del paganismo introduciéndolo en el cristianismo primitivo. Él es el autor de la idea de que Jesús de Nazaret tuvo que ser sacrificado de forma sangrienta para reconciliar a Dios con la humanidad, un pensamiento que era totalmente ajeno a Jesús de Nazaret. Pablo lo introdujo. 

Con ello vuelve a conectar con los cultos de sangre, de los que ya hemos escuchado. Esto también lo ha escrito el conocido historiador Karlheinz Deschner: «Pablo predica una y otra vez la reconciliación y la redención, del medio de expiación “en Su sangre” de la Redención, “mediante Su sangre” pacificadora, mediante “Su sangre derramada en la cruz”»[11].

La segunda y tal vez más grave falsificación de la enseñanza de Jesús de Nazaret tuvo lugar cuando Pablo expresó palabras con el siguiente sentido: Lo decisivo es que creáis en Dios y en Cristo, Su Hijo, pero no depende mayormente de los hechos en el seguimiento del Nazareno». Pablo enseñó «Porque pensamos que el hombre es justificado por la fe, independientemente de las obras de la ley» Así está en la Epístola a los Romanos 3,28.

Por cierto, en total oposición a las muchas frases de Santiago, quien era llamado «el siervo de Dios y de Jesucristo, el Señor» y que después de la Resurrección de Jesús perteneció al núcleo de la Comunidad primaria en Jerusalén. Él dijo: «¿De qué sirve, hermanos míos, que alguien diga: “tengo fe”, si no tiene obras? ¿Acaso podrá salvarlo la fe?» Y: «... ¿Quieres saber, tú insensato, que la fe sin obras es estéril?» Y: «Porque así como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta» (St 2, 14; 17; 20; 24).

¿Y qué dijo el mismo Jesús? Citado igualmente de la Biblia, del evangelio de s. Mateo: «Así pues, todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca; cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos  y embistieron contra aquella casa; pero ella no cayó, porque estaba cimentada sobre roca. Y todo el que oiga estas palabras mías y no las ponga en práctica, será como el hombre insensato que edificó su casa sobre arena: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, irrumpieron contra aquella casa y cayó, y grande fue su ruina». (Mt 7, 24-27)  

Pablo falsificó también en otros puntos la enseñanza de Jesús. Él acomodó totalmente el cristianismo al modo de pensar del imperio romano, cuando declaró que el cristiano tiene que obedecer incondicionalmente a las autoridades de este mundo, ya que estas fueron constituidas e impuestas por Dios y son las servidoras de Dios, las que con la espada llevan a cabo un juicio justo (Rm 13, 1-4), una enseñanza con desastrosas consecuencias en los 2000 años siguientes. Jesús dijo, sin embargo, «Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios».  (Mt 22, 21), y en otra cita dijo incluso: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres» (Hch 5, 29). Naturalmente que la Iglesia acogió con gusto las palabras de Pablo para justificar la pena de muerte, o las guerras, para las cuales a menudo ha bendecido las armas.

Otro punto que no deja de ser importante es el hecho de que parece que Pablo tuvo problemas con el vegetarianismo, puesto que de él procede la frase: «Comed todo lo que se vende en el mercado sin plantearos cuestiones de conciencia» (1 Co 10,25). Esto naturalmente ha tenido graves consecuencias hasta nuestros días. Miles de millones de animales son sacrificados porque esta frase está en la Biblia. No obstante, nosotros sabemos, y ya hemos explicado que los primeros cristianos eran vegetarianos. Estas aseveraciones de Pablo están en contraposición extrema con lo que enseñó Jesús y también con aquello que trataron sinceramente de vivir los cristianos originarios.

 

El cristianismo originario fue disgregado mediante calumnias divulgadas con precisión por parte de la casta sacerdotal, a través de instigaciones, persecuciones, torturas y asesinatos

O sea que Pablo habló contra Jesús. En los cristianos originarios de aquel entonces el pensamiento de Jesús estaba vivo. Ellos querían honrar a Jesús cumpliendo paso a paso Sus enseñanzas. ¿Cómo Pablo, con sus supersticiones, su politeísmo, su forma de pensar en el poder, pudo imponerse en las comunidades originarias?

Por un lado Pablo fundó muchas nuevas comunidades que tenían poco contacto con las primeras comunidades cristianas originarias en Jerusalén y Palestina, y posiblemente pudo así difundir sus ideas sin mayores dificultades. Por otra parte había otros factores externos que contribuyeron a debilitar el cristianismo originario. Desde un principio hubo persecuciones por los rumores que decían que los cristianos primitivos mataban a los niños o que celebraban orgías sexuales y cosas por el estilo. De forma directa y precisa se difundían rumores contra ellos y se les empleaba como cabeza de turco. Después de un tiempo, y como consecuencia de esto, los emperadores romanos persiguieron a los cristianos. Los mejores entre las comunidades originarias fueron las primeras víctimas, aquellos que eran los más claros, los más firmes. Después de estas persecuciones, más personas de afuera se adhirieron a los cristianos originarios, introduciendo entre ellos sus ideas sobre los ritos paganos. Es decir, que desde adentro y desde afuera había una presión que con el tiempo debilitó al cristianismo primitivo. 

Ahora sería interesante preguntar: ¿Quién difundió esos rumores? ¿Quién ordenó que se persiguiera a los cristianos originarios?

Del Nuevo Testamento se puede deducir claramente que ya Jesús de Nazaret fue calumniado e inculpado precisamente por la casta sacerdotal de aquel entonces, la que, por ejemplo, dijo aproximadamente lo siguiente sobre él: «Éste es un hijo del demonio», o bien, «Él enseña un dios falso». También lo llamaron sectario, y a las personas que lo seguían las denominaron la «secta del Nazareno». Este término lo conocemos de los Hechos de los Apóstoles. Y más adelante, en el imperio romano, fueron una y otra vez los sacerdotes quienes comenzaron a difundir tales difamaciones, haciéndolo de la mano de las instancias estatales. La persecución de los primeros verdaderos cristianos fue llevada a cabo por la administración del imperio. Esta estaba aliada con los alarmistas y calumniadores de la casta sacerdotal, de modo que ya entonces el Estado y la casta sacerdotal trabajaban codo a codo contra los cristianos originarios.

Existe incluso una información proveniente de las cartas de los cristianos originarios de los años 50 a 130, de Justino, el mártir, que acusa a los sacerdotes en Jerusalén: «Habéis escogido a hombres selectos de Jerusalén y los habéis enviado por el mundo para anunciar que en el cristianismo ha surgido una secta atea, para levantar acusaciones contra nosotros, que ahora todos comentan, incluso aquellos que no nos conocen»[12].

«Incluso aquellos que no nos conocen» significa que en las ciudades había personas de otros lugares que acudían a las autoridades, a los gobernadores, a los romanos y decían: «Allí hay una secta, tenéis que vigilarlos y cuidaros de ellos». Esto significa que los sacerdotes, allí donde había tales Comunidades originarias, enviaban a encargados suyos para que calumniaran a los cristianos originarios y dijeran: «Tened cuidado, esta es una secta». La ley romana, la ley de las doce tablas, decía: No puede ser introducido ningún nuevo Dios, a no ser que sea el que lo apruebe César. Como en aquel entonces el Dios de los cristianos no había sido aún aceptado por el emperador, para quien ante juicio dijese «Yo soy cristiano», estaba condenado a muerte. Estos hombres, los calumniadores contratados, lograron que se apresaran en todas partes sobre todo a los más fuertes, a los más capaces de las comunidades, para martirizarlos y para que fueran matados.

Al leer la carta de Justino, el mártir, algunas cosas resultan familiares: O sea que ya en aquel entonces había encargados de sectas. Esta organización se ha conservado hasta nuestros días y por tanto tiene ya unos 1900 años de vida.

Debido al poder dictatorial y totalitario ejercido por los obispos, el cristianismo primitivo se convirtió en lo contrario

El cristianismo primitivo fue disgregado mediante rumores, campañas difamatorias, persecuciones, y seguramente con matanzas y cosas similares.

¿Qué sucedió entonces para que los obispos se pusieran en primer plano? ¿Cómo se llegó a una institución?

Los obispos tenían sin duda el control de todo. Ellos administraban el dinero y se lo daban naturalmente sólo a aquel que les obedecía servilmente, y con ello pudieron ampliar su ámbito de poder. Se esforzaron en acoger en lo posible a muchos nuevos miembros en las comunidades. Nuevos miembros significaba tener más entradas y más entradas significaba tener más poder. Para tener cada vez más miembros tuvieron que hacer una y otra vez compromisos con respecto a la enseñanza. Así fue como satisficieron las exigencias del espíritu de aquella época, esto es, los cultos de misterios paganos, en tanto se preocuparon de que la fe que se enseñaba en las comunidades primarias se adaptara en lo posible a la comodidad de los participantes. Y a esto pertenecía un Dios que en lo posible perdonara todos los pecados, ya sólo con tener fe. Esta era una fe que ya se conocía en el paganismo. Pablo hizo uso de ella, y mucho después esta volvería a aparecer con Lutero.

Los obispos ordenaron también que después de las persecuciones de los cristianos, aquellos que ofrendaran al emperador, esto es, que habían caído del cristianismo originario, fueran acogidos de nuevo lo más rápido posible en las comunidades. Es decir, que los obispos infiltraron todo en su sentido más amplio y cuidaron también de que las comunidades se acomodaran al poder del Estado romano. Esto se ve, por ejemplo, en que en el futuro a las mujeres se les prohibió ejercer cargos directivos, así como en el Estado romano tampoco era posible que una mujer tuviera una función directiva. En las comunidades primarias, sin embargo, eran mujeres las que a menudo habían estado al frente de las comunidades de vida. Esto significa que también aquí los obispos convirtieron el cristianismo originario en lo contrario. 

La comunidad cristiana originaria más rica era la comunidad de Roma. De las cartas de la época del cristianismo originario se puede deducir claramente que cuando la comunidad se reunía lo más importante era ver cómo ayudar a los que estaban pasando necesidades, a los pobres. Es muy conmovedor leerlo. Por ejemplo, los cristianos originarios tenían que saber quién vivía y dónde, y quién era pobre o dónde había una viuda. Tenían que conocer realmente muy bien su barrio para poder ayudar a todos los que lo necesitaban. Los cristianos originarios trabajaban realmente todos para ayudar y sustentar a esos pobres. Sólo la comunidad de Roma atendía cada día a 1500 necesitados. Los primeros cristianos de Roma se ocupaban también de las comunidades más pobres, como la de Jerusalén o aquellas de Asia Menor que no eran tan adineradas. Así fue como la comunidad de Roma alcanzó una cierta posición, porque allí había más ciudadanos acaudalados en la comunidad. Con el tiempo estos se volvieron altaneros. Ya en el año 190 el obispo de Roma –que ya entonces se llamaba obispo- despidió de la comunidad eclesial a todos aquellos que no querían aceptar la costumbre romana de la Pascua. La costumbre romana de la Pascua era algo pagano. Los cristianos originarios en Asia Menor no se ocuparon de ello, pero en este suceso ya se vislumbra el desarrollo posterior: desde Roma se comenzó a manejar los hilos, a presentar ultimátum y a introducir elementos de los que Jesús nunca había hablado.

Duró todavía algunos siglos hasta que Roma se convirtiera realmente en el poder reinante, por lo menos en el ámbito occidental de la Iglesia. En Oriente, en la Iglesia ortodoxa, hasta hoy Roma no es la capital. Pero ya en aquel entonces, en los primeros tiempos, se mostraron las pretensiones de Roma de querer ser la «primera».

Más tarde, el obispo Víctor I excomulgó a toda la Iglesia de Asia Menor. Este proceso, en que los sacerdotes paganos se asentaron e impusieron con sus ideas y ritos, ya comenzó en el siglo II d. C. En ese entonces ya se empezó a introducir sacramentos, se tenía un altar, y el obispo después de un tiempo empezó a sentarse en una silla dispuesta sólo para él, que al final se convirtió en un trono.

En el siglo III se introdujo el que los sacerdotes tuvieran vestiduras propias, lo que hasta ese entonces no había sido el caso, lo que en realidad sucedió bastante tarde. Se llevaron a cabo procesiones y peregrinajes así como en los cultos paganos. Se empezó a venerar a santos. Jesús habló de las bienaventuranzas, pero no dijo que por ello habría que «santificar» a alguien, lo que es algo totalmente diferente. Y los «santos» no tenían lugar alguno en las enseñanzas de Jesús, el Cristo. ¿Para qué habían de tenerlo? Si toda persona tenía –y tiene– la posibilidad de encontrar a Dios en sí misma. ¿Para qué iba a necesitar entonces a «santos» que deberían ser mediadores en el Cielo? Se introdujeron días de fiesta que coincidían con los días de fiesta del paganismo. Muchos días de fiesta importantes de la Iglesia son días de fiesta del paganismo. Por ejemplo, las navidades, el 24 de diciembre, era la fiesta del dios sol, el sol invictus, el sol invencible, o bien el 15 de agosto, la ascensión de la virgen María al Cielo, era una importante fiesta dedicada a Diana, la que había sido una gran «Diosa-Madre» pagana.

Este proceso empezó entonces muy temprano, y en el curso de unos dos siglos tuvo el resultado de que la enseñanza original de Jesús de Nazaret, esto es, la enseñanza cristiano originaria se convirtiera realmente en una religión pagana. Cuando después vino el emperador Constantino (emperador romano del 285 al 337), no tuvo sino que «cerrar el saco», finiquitar las cosas, y a la Iglesia la designó definitivamente Iglesia estatal.

La Iglesia, que ya en aquel tiempo en su mayor parte ya era pagana, se acomodó con gusto a esta línea. Esto lo vemos, por ejemplo, en la relación que tiene con la guerra y la violencia. En el libro «Y otra vez cantó el gallo», de Karlheinz Deschner, leemos lo siguiente, en la pág. 507, en alemán:

«En el año 313 Constantino concedió a los cristianos la total libertad religiosa. En el 314 el Sínodo de Arelate decretó la excomunión de soldados desertores. El que tiraba sus armas era excluido. Antes de ello, el que no las tiraba era excluido».

El emperador Constantino hizo Iglesia estatal a la Iglesia que entretanto ya estaba totalmente impregnada de paganismo

En la época del emperador Constantino existían dos religiones que eran casi igual de fuertes: el cristianismo y el culto a Mitra. Este último tenía ya 800 iglesias en Roma. Si se observan estas iglesias con atención, en ellas se encuentra la nave central, a izquierda y derecha los bancos, al frente un altar, escaleras hacia arriba, en lo alto una bóveda - tienen así el mismo aspecto que una sencilla iglesia católica.

En el culto a Mitra se reconocen de golpe las raíces del catolicismo. Casi se podría decir que la Iglesia católica procede en última instancia menos del cristianismo originario que mucho más de cultos paganos. Como mucho se tomó del cristianismo de los primeros tiempos el nombre y los evangelios. En el culto a Mitra había también siete sacramentos; incluso la palabra «sacramento» se utilizaba en el culto a Mitra.

El culto a Mitra es uno de los muchos cultos paganos que se practicaban en aquel entonces en el imperio romano. Probablemente fue introducido en Roma por los soldados romanos que lo trajeron de Babilonia.

En el libro de Johannes Leipold «Entorno del cristianismo», leemos que «Mitra era un antiguo dios iraní del cielo y de la luz, el que en el Avesta es alabado como guardián de la ley y personificación de la fidelidad a la ley. Desde aproximadamente el año 400 a.C. aparece él en todas las inscripciones y epígrafes de la casa real». O sea que se trata de una antigua enseñanza celeste, una enseñanza de Dios y la luz que dice que la redención viene de parte de este dios-luz. La creencia en Mitra vino de Babilonia y portaba en sí elementos astrológicos y muchísimas influencias de cultos. Los magos más influyentes eran en este caso también los misioneros más empeñosos. Si se observa bien a estos magos, sus túnicas, cómo están sentados en el trono, es exactamente igual que en la actualidad, el Papa sentado en su trono, o los obispos y cardenales. Además, es interesante el  que tenían diversos niveles de sacerdotes, tal y como lo conocemos del catolicismo.

Del libro «Entorno del cristianismo» se puede seguir deduciendo más o menos que hay muchos escritos, pero lo que es seguro es que para cada grado había una vestidura o un símbolo especial, cuya investidura era celebrada con mucha pompa. Cada puesto o cargo espiritual estaba unido indisolublemente a él con insignias, con trajes y con símbolos. Se sabe que en el culto a Mitra existían bautismos, comuniones, confirmaciones y un sacramento de penitencia. Todo esto a uno le resulta conocido. Por cierto, Jesús no introdujo ni quiso ninguna de estas cosas. Y los cristianos originarios tampoco. En el culto a Mitra se celebraba una cena festiva, pero no era como la de los cristianos originarios, sino que era un ritual, como lo celebra la Iglesia católica también en la actualidad, una cena ritual. En estos actos similares a las cenas festivas también intervenían sacerdotes.

Citamos del libro antes nombrado: «El sacerdote expresaba las llamadas palabras de bendición, diciendo además: “Has salvado a los hombres al derramar la sangre eterna”». La sangre del toro, la cena de culto, prometía entonces a los llamados mistos (los iniciados) una existencia celestial y la resurrección. O sea que aquí nos volvemos a encontrar con los sacrificios de animales procedentes del culto sacerdotal pagano, y vemos que el sacrificio de sangre, que la Iglesia católica también ha acogido, tiene su origen en el culto a Mitra; allí se creía, por ejemplo, en la resurrección de la carne. De esto Jesús igualmente no dijo nada. Pero en la actualidad es enseñado en la Iglesia católica. También era conocido en este culto pagano el día del «Juicio final» y muchas otras cosas que son parte del orden eclesial católico. Si se lee todo esto uno después de otro y se observan las imágenes, en realidad allí no se ve otra cosa que puro catolicismo. 

Algunos autores escriben que Constantino quería precaverse de los desacuerdos que podían surgir al convivir dos religiones y se decidió por el cristianismo. Muchos funcionarios y soldados habían llevado a otros países el culto pagano a Mitra y lo habían vuelto a importar desde allí, también de Babilonia. Los soldados y los funcionarios eran naturalmente un fundamento del imperio. Entre los ricos, pero también entre las capas pobres el cristianismo estaba igualmente extendido. Ambas religiones tenían el mismo valor, y muchos autores dicen que Constantino simplemente quería una sola religión. Él quería tranquilidad en su reino. Y como se ha dicho, de un modo u otro puso punto final a esto y así en aquel entonces surgió una religión unificada, que era una mezcla de ambas. Inmediatamente después prohibió el culto a Mitra en el concilio de Nicea, en el año 325. Así se ve que sólo podía existir una religión en su imperio.

La fecha decisiva para introducir esta religión unitaria en el sentido que quería el emperador Constantino fue el concilio de Nicea, en el año 325. En aquel entonces había todavía otro movimiento dentro del cristianismo primitivo, que por su parte ya se había convertido en su mayor parte en lo contrario, un movimiento que trató de continuar con el cristianismo originario. Estos fueron los llamados cristianos arrianos que se guiaban por Orígenes. Orígenes fue un gran filósofo y pensador que vivió en el siglo III, luchando en aquel tiempo contra la falsificación del cristianismo originario, por ejemplo, contra la falsificación de la Biblia. Él se dio cuenta de que en ello había algo que no estaba bien y que el cristianismo originario era algo totalmente diferente. En el año 250, durante la persecución de los cristianos por Decio, Orígenes fue torturado de modo tan intenso que murió 4 años después a raíz de esto. Pero su enseñanza, sus ideas siguieron difundiéndose. Uno de sus seguidores era Arrio de Alejandría, en Egipto, que siguió difundiendo esta enseñanza. Él era un contemporáneo de Constantino. Y en el concilio de Nicea del 325 se llegó a una decisión en la que el emperador determinó que no era Arrio y su enseñanza el que tenía razón, sino que la Iglesia, así como él la había conocido en Roma.

Por cierto, en estos concilios y sínodos el vegetarianismo era a menudo un asunto de transcendencia política. Por ejemplo, en el año 314, en el sínodo eclesial de Ankara, se dictó y aprobó un decreto según el cual todos los sacerdotes y diáconos que fueran vegetarianos deberían de ser excluidos. Dicho textualmente: «Se decidió que aquellos que en el clero fueran sacerdotes y diáconos y se abstuvieran de la carne, la deberían probar, y así, si querían, podrían vencerse a sí mismos». Esto significa que debían vencer su rechazo por comer carne. «Pero si mostrasen repugnancia por comer aunque sólo fuera la verdura mezclada con carne, y por tanto no fueran obedientes con las reglas, habría que sacarlos de su oficio».[13]

«No fueran obedientes con las reglas» significa que comer carne ya se había convertido en una regla, una regla importante para poder ser sacerdote en el catolicismo. Esto es más sorprendente aún, si se toma en cuenta que todo el cristianismo originario había sido vegetariano. Para garantizar  que todos los miembros que ahora fueran acogidos en la Iglesia católica también realmente comieran carne, los nuevos candidatos a ser acogidos tenían que decir una maldición, una maldición contra los nazarenos. Suena increíble, pero esta cita está comprobada. Los nuevos candidatos tenían que decir la siguiente maldición: «Maldigo a los nazarenos, los intransigentes que niegan que la ley de sacrificios fuera dada por Moisés, que se abstienen de comer criaturas vivas y que nunca ofrecen sacrificios...»[14]

Vemos así que en el siglo IV tuvieron lugar grandes luchas espirituales, una disputa sobre cómo era realmente la enseñanza de Jesús de Nazaret, y la falsificación de esta enseñanza ya había avanzado bastante. Esto se mostró en este concilio en las disputas teológicas que se debatieron allí. 

Se trataba entre otras cosas de la pregunta de si Jesús de Nazaret era el hijo de Dios o Dios mismo. Atanasio, un Padre de la Iglesia, afirmaba que Jesús de Nazaret era una encarnación de Dios. Para un romano como Constantino esto era algo conocido ya que los romanos conocían un solo Dios principal, Júpiter, y cuando más una encarnación más de Dios. Por eso Constantino, en interés de la unificación de su religión estatal, se decidió por la creencia de que Jesús de Nazaret, respectivamente Cristo, era «verdadero Dios proveniente del verdadero Dios», tal y como aún en la actualidad se encuentra en el credo apostólico. Su adversario, Arrio, representaba por su parte la idea, como lo creían los cristianos originarios, de que Jesús de Nazaret era el Hijo de Dios, que estaba pleno en Dios pero que no era idéntico a Dios. Fue una maniobra importante la que llevó a cabo un emperador romano, y el resultado todavía en la actualidad forma parte del credo de la Iglesia católica romana que los fieles repiten cada domingo.

Los cristianos originarios de hoy saben, gracias a la Palabra de Dios dada en nuestra época a través de la palabra profética, que Jesús de Nazaret vino a esta Tierra como el Hijo de Dios para traer el reino de Paz, y que Él estaba lleno del Espíritu de Su Padre, de Dios.

Durante siglos siguió existiendo el llamado cristianismo arriano. Pero la fe de la Iglesia católica romana aún en la actualidad está marcada por la decisión –como se puede comprobar, p. ej., en el texto del credo católico romano– del concilio decretada por Constantino de que «Cristo y Dios son un solo ser».

Puede que nos parezca una sutileza, una argucia teológica el saber quién era realmente Jesús. Pero no se trata de una sutileza. Se trataba de que la Iglesia quería simplificar la fe en lo que fuera posible. Y considerando el espíritu que reinaba en aquel tiempo, en los cultos paganos era así que se quería tener sólo un dios, un dios que solucionara todos los pecados, si uno hacía todo bien, si se llevaban a cado de forma correcta todos los ritos. El politeísmo había disminuido un poco en ese tiempo y por eso se quería hacer que en el cristianismo hubiera sólo un dios; para ello, de Dios-Padre, Dios-Hijo y del Espíritu Santo se hizo un solo Dios que se manifiesta en tres personas. Sin embargo, la creencia de los primeros cristianos era diferente: Existe un solo Dios, y Cristo, el Hijo de Dios, se encarnó en Jesús de Nazaret y trajo a los hombres las legitimidades de la vida y la chispa redentora que apoya y conduce, la fuerza redentora.  Y como esto es así, toda persona tiene también la posibilidad de experimentar a Cristo en sí mismo y encontrar el camino hacia Dios a través de esas legitimidades y no por medio de ritos externos. Esta es una gran diferencia.

Jesús estaba pleno de Dios y no era Dios mismo. Él era el Hijo de Dios, a quien había enviado el Padre, y que estaba lleno del Espíritu del Padre. Esto vivificaba el cristianismo originario de aquel entonces, y esto vivifica el cristianismo originario actual. Formulado con toda claridad, se puede decir que el culto de misterios es culto pagano. Constantino estaba impregnado del culto pagano y en última instancia los actos de la casta sacerdotal actual son la herencia del culto pagano de Constantino, que se colocó recubriendo la creencia en el Dios único. 

Y así ha sido al fin y al cabo. Lo que no vino del culto a Mitra, vino del culto a Atis, a Dionisio, Hércules, Osiris o Isis. Se trataba de muchos cultos que iban en una dirección parecida. Constantino vivió en el modo de pensar de estos cultos, apoyándolos por eso. Aunque aparentemente hiciera del cristianismo una religión estatal, la verdad es que él incorporó a ella estos cultos paganos. Constantino mismo era pagano, es decir, que él consultaba oráculos y se hacía imprimir en monedas como dios-sol. En realidad, en aquel tiempo también era usual que el emperador también se considerase un dios. También había que hacerle ofrendas como a un dios. Constantino tampoco fue bautizado mientras vivió y sólo en el lecho de muerte dejó que se le administrara el sacramento del bautizo, pero no de manos de un sacerdote católico romano sino de un cristiano arriano. Sin embargo, todo esto no tiene mayor importancia para la Iglesia. Hasta hoy ella le rinde un homenaje especial. Constantino por su parte  era un hombre muy cruel, un caudillo guerrero que echaba a sus enemigos prisioneros a los osos, que incluso hizo asesinar a sus propios parientes. Todo esto no tiene mayor importancia para la silla de san Pedro, que hasta hoy lo sigue haciendo venerar como a un santo –la Iglesia de Oriente por su parte sí que lo canonizó– ya que Constantino convirtió a la Iglesia en religión del Estado, y esto es lo que cuenta para esta institución.

Constantino otorgó enormes privilegios a la Iglesia, hizo embargar templos paganos y se los donó a la Iglesia. Liberó a los clérigos de la mayoría de los impuestos, por lo que se puede decir que aseguró la remuneración de los clérigos haciéndoles enormes regalos. Hasta hoy en día es así que, por lo menos en Alemania, las Iglesias son apoyadas de forma masiva por el Estado. Los sueldos de los obispos y cardenales de 8 a 10 mil euros por mes son pagados por el Estado. El Estado también paga el estudio de los teólogos, las clases de religión en las escuelas públicas y otras cosas más. Las Iglesias también están liberadas de pagar muchos impuestos. Si se cuenta todo esto, se llega a la enorme suma de 14 mil millones de euros por año lo que el Estado alemán paga a las Iglesias por concepto de subvenciones. Y esto es lo que la Iglesia ama.

 

En la actualidad todavía tenemos una Iglesia estatal...

En la actualidad aún tenemos una Iglesia estatal, que más bien es una Iglesia de los gobernantes. Pues, ¿quién peregrina en la actualidad hacia la silla de san Pedro? Son los gobernantes los que pueden dar la mano al regente de la Iglesia católica, que representa a la silla de s. Pedro.

La silla de san Pedro en el transcurso del tiempo ha dictado más leyes, que son igual de crueles que las del culto pagano de tiempos pasados; son leyes que se contraponen de forma absoluta a las enseñanzas de Jesús, el Cristo.

Seguramente que es interesante tomar en una próxima ocasión todos los dogmas, ritos y cultos de la religión estatal actual, que es lo mismo que la religión del gobierno, para examinar a fondo: ¿De dónde vienen los cultos? ¿De dónde vienen los dogmas y los ritos? Así cada uno se puede dar cuenta de a quién está sirviendo: a una religión de Constantino estatal o de gobierno, o a Jesús, el Cristo.

siguiente / volver al índice principal

 

------------------------------------------------

[1] Eberhard Arnold, en «En el principio existía el amor». Documentos, cartas y textos de los primeros cristianos, pág. 107, en alemán.

[2] Carsten Strehlow, sobre el vegetarianismo en «El vegetarianismo como parte del cristianismo».

[3] Homilías clementinas, XII, 6.

[4] Clemente de Alejandría, Pedagogus II, 1, 16.

[5] Historiador de la Iglesia Hegesipp según Eisebio en «La historia de la Iglesia II» 2, 3.

[6] Homilía 69.

[7] Eberhard Arnold, en «Al comienzo existía el amor». Documentos, cartas y textos de los primeros cristianos.

[8] Arnold, en «Al comienzo existía el amor». Documentos, cartas y textos de los primeros cristianos, pág. 98 y 99.

[9] Carta a los cristianos en Esmirna, 7-8, citado según Barbara Eisenbliss en «La superposición romana en el cristianismo», Museion 2000, 2/96, pág. 32, en alemán.

[10] Ordascalía 9, citado según Karen Jo Torjesen en «Cuando las mujeres aún eran sacerdotisas», Frankfurt, pág. 158. en alemán.

[11] Karlheinz Deschner en «Y una vez más cantó el gallo», pág. 200, en alemán.

[12] Eberhard Arnold en «Al comienzo existía el amor». Documentos, cartas y textos de los primeros cristianos, pág. 82, en alemán.

[13] Carsten Strehlow, Vegetarianismus/Veganismus als Bestandteil des Christentums (Vegetarianismo/veganismo como parte del cristianismo), pág. 50, en alemán.

[14] Cita según J. Parks en: The Conflict of the Church and the Synagogue (El conflicto de la Iglesia y la sinagoga), pág. 398, en inglés.

En el Tomo 1 de la serie
«Sólo para personas despiertas y con buena capacidad analítica. ¿Quién está sentado en la silla de san Pedro?» están contenidas las emisiones de radio desde la primera a la quinta.

Este libro lo puede adquirir si lo desea
en la Editorial Vida Universal

¡Salva tu
vida!

Descubre la verdad y... ¡Salva tu vida! ¿Cómo? Aquí encuentras
informaciones sobre cómo apostatar.

 

© 2014 Universelles Leben e.V. • E-Mail: info@universelles-leben.orgImpressum