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Un consuelo para cuando se viven
necesidades y pesares


El mensaje de la Verdad


Palabras de nuestro Padre celestial a Sus hijos humanos y palabras de Cristo.

Hijos e hijas Míos, si habéis elevado constantemente vuestra consciencia hacia Mí, el Espíritu universal, las sombras toda­vía existentes, que envuelven vuestro ánimo y os ponen a me­­nudo sin amparo en manos de las tinieblas se apartarán.

Para tener la consciencia, vuestra consciencia, constantemente conmigo, de­béis aceptar todo lo que hay. En la acep­ta­ción se encuentra la grandeza.

En cuanto la persona acepta sus difi­cultades, Me incrementa a Mí, la Fuerza positiva. Yo, la Vida, entonces también me vuelvo activo en vuestras preocupaciones y problemas y hago surgir la vida positiva, fe­licidad, salud y bienestar.
La aceptación y afirmación de todos los acontecimientos, sucesos y cosas pro­duce firmeza interna.

Aceptadlo todo agradecidos.
De este modo la alegría y el amor se que­darán con vosotros. Si aceptáis agra­decidos las preocupaciones, los problemas y pesa­res, éstos se apartarán de vosotros.

En la gratitud hay fuerza. El agradecer correctamente es vida positiva. El que sien­te, pien­sa y habla positivamente, vive y da las gra­cias constantemente. A él le sir­ven entonces las fuerzas positivas del uni­ver­so. Éstas pro­ducen en el ser humano ale­gría, amor, ar­monía, confianza y paz.
Las preocupaciones, problemas y difi­cul­­tades se apartan de él, ya que en la gra­ti­tud correcta no hay lugar para los su­fri­mientos y preocupaciones de este mun­do.

En la gratitud hay grandeza.

El agradecer correctamente conlleva la con­fianza en Dios, en que Él, la Ley eterna, lo dispone todo para lo mejor.
En la gratitud hay también amparo y pro­xi­midad de Dios. El amparo y la proxi­mi­dad de Dios por su parte producen paz.

El que es pacífico también es amo­roso y es desinteresado. El espíritu de Dios crece entonces desde el interior del ser hu­mano. Como una rosa, La persona plena de Dios emana la sagrada fragancia del eter­no Yo Soy.

En la gratitud hay esperanza, con­sue­lo y confianza.
Comprended, hijos Míos, que en todo tam­­bién está la fuerza positiva, aunque pa­rez­ca que todo sea sólo negativo y esté con­­tra las leyes divinas.

Lo que sólo es contrario a las leyes divinas no puede sub­sistir.
En todo lo negativo está también la fuer­za positiva, el núcleo activo de vida. La fuer­za inmaculada, Dios, desea ser cons­cien­te­mente activa en el alma y en el hombre.

El que viva en Mí reconocerá a tiempo las dificultades que aparezcan y las su­perará a través de la fuerza de Mi vida. O sea que aquel que no reconozca a tiempo las difi­cul­tades, volverá una y otra vez a pen­sar y a hablar de ellas. De esta forma, las dificul­tades se convierten a menudo en problemas que no se superan durante años o decenios.

Si la persona está dispuesta a entre­garme a Mí sus faltas y debilidades, éstas le pueden ser transformadas total o parcial­mente.

Si Me reconoces también en tu enfer­medad, en tus necesidades, en tus preocu­pa­ciones y problemas y si Me aceptas en to­do a Mí, la parte positiva de aquello que denominas contrario a la ley divina, enton­ces la fuerza positiva, Yo, la Vida todopo­de­rosa, acogeré lo contrario a las leyes divi­nas y lo transformaré en vida positiva.

En cada situación, por muy desa­gra­dable o incluso negativa que sea, actúa la Fuerza positiva, Mi Yo Soy.
El que me pueda invocar a Mí, la Luz cen­tral, también en lo contrario a la ley divi­na, será el que ven­za en todas las situa­cio­nes de la vida y el maestro de su destino.

Todo lo que reconozcas, lo que te opri­­ma, a lo que constantemente le das vuel­tas en tu cabeza, entrégamelo a Mí, y sé libre, para que en tu alma disminuyan o desa­pa­rezcan las causas existentes, antes de que lleguen a su efecto.
En todo lo que es contrario a la ley divina también está la Fuerza positiva.
El que sea capaz de reconocerla e invo­car­la en el momento justo, estará por en­ci­ma de los acontecimientos y de las cosas que están contra las leyes de Dios, que siem­pre vuelven a surgir en el ám­bito ma­te­rial. Más de una situación po­dría ser do­mi­nada espontáneamente si Me acep­ta­seis en seguida entrando en vuestro inte­rior, don­de Yo, la Luz central, habito.

¡Dejad por tanto que la luz interna brille conscientemente!
Cuidad y apreciad la fuerza interna y quedaos constantemente en contacto con­migo, con la Fuerza universal ... entrando constantemente con vuestras sensaciones en la Vida divina.

Vive en ti, y vivirás legítimamente en el mundo. Así descansarás en Dios, en la ver­dadera Vida, y Dios, la Vida, actuará a tra­vés de ti.

Sólo podéis estar cerca de vuestro pró­jimo y servirle, cuando estáis conscien­temente cerca de Mí, que sirvo a todos.

Los seres humanos que por su parte se atan a seres humanos por medio de sen­ti­mientos y pensamientos, tienen la volun­tad atada. Los seres humanos que se atan a bie­nes externos tienen atada la voluntad. Los seres humanos que se orientan hacia otros seres humanos, hacia sus ideas y deseos, que los afirman y viven de acuerdo con ellos, tienen atada la voluntad y no son libres. O sea, carecen de li­bertad si hacen lo que los demás quieren.

La filiación en Dios, nuestro Padre, incluye el libre albedrío. El que se ha vuelto libre en Dios, el que vive conscientemente en la filiación vive en libertad y unidad con toda la Existencia.
En mi Ley está fundamentado el que Mis hijos no deban estar ni sen­­tirse solos. Pero si vives en soledad interna y externa, ten­drás que preguntarte qué o quién eres tú todavía para que desde hace tanto tiem­po no atraigas a nadie y estés desam­pa­rado y solo.

¡Hijo Mío, practica por lo tanto la sensatez: vuélvete comprensivo para con tu prójimo, benevolente y manso!

Se te da la fuerza para investigarte a ti mismo, para que desarrolles todos estos aspectos y alcances así Mi amor perfecto, que es tu naturaleza.

¡Obra en contra de la autocom­pa­sión! Combátela, pues la autocompasión te arras­tra hacia abajo, hacia el valle de la tris­teza y del desaliento.
¡Que cada uno compruebe dónde se encuentra!
Mirad en un espejo, observad vuestra son­risa. Observad vuestro ritmo corporal. Escuchad la melodía de vuestras palabras. Y mirad en vuestro mundo de pen­sa­mien­tos: El que en pensamientos está ocupado de sí mismo, aún está nublado por su ego inferior. Con ello tapa Mi luz.
Si quieres seguir reconociéndote,  escu­cha tus propias palabras, lo que dices y có­­mo lo dices. Tus palabras y tu forma de ha­blar demuestran quién eres.
Tú mismo demuestras a tu entorno si el Espíritu, Yo, la Vida, brillo a través de ti o si aún tu yo inferior se está representando.

El que ha encontrado la paz interna em­pieza a brillar por sí mismo. Las perso­nas que empiezan a brillar por sí mismas, como ya manifesté, nunca estarán ni se sen­­tirán solas.
 ¿Por qué el ser humano pone sus difi­cultades y problemas ante Mis pies y después los vuelve a retirar en pensamien­tos? Los vuelve a retirar porque no confía en Mí y desea mantener su ego para quizás con­se­guir triunfos en este mundo.
Él desea utilizar todavía sus difi­cultades y problemas, y también sus enfer­me­dades para ciertos fines. Ya sea que quie­ra pro­ducir compasión o desee pre­sionar a su pró­jimo o darse importancia.
Éstos y otros aspectos del ego humano hacen que las dificultades, problemas y en­fermedades se incrementen y no dismi­nu­yan, porque cada pensamiento que se des­per­dicia en ello es energía y alimenta nue­va­mente las dificultades y problemas.

El que está unido a su prójimo con amor nunca se sentirá solo. Personas con la misma mentalidad te encontrarán y esta­rán contigo. Estarán alrededor de ti y vi­vi­rán contigo en amor, sobrellevando con­ti­go todo lo que se haya de sobrellevar por la ley de causa y efecto.

Desea a tu prójimo lo mejor, lo más bueno y hermoso. Y así con el tiempo brilla­rás por ti mismo.

Mira, la comunidad de personas afi­nes y desinteresadas, es la unidad en Mi es­­píritu, la ley del amor que lo mantiene todo.
Aquel que ame desinteresadamente, ten­drá por su parte alrededor suyo a personas que le aman desinteresadamente, pues co­sas iguales siempre se atraen. Tal como amas y das, así se te da.
Los hombres del espíritu no se en­cuen­tran en actitud de espera.

El que vive en y con la materia espera por lo tanto que la luz venga a él desde fue­ra, para animarle y fortalecerle. El for­talecimiento externo está limitado por el tiem­po y no es duradero.
El que depende de cosas externas, de las palabras buenas y cariñosas, de la son­risa de su prójimo, está en una postura de es­pe­ra. El que está en actitud de espera tie­ne ca­da vez más deseos, depende cada vez más del prójimo y espera de él que éste le dé.
Una persona así añora cada vez más recibir buenas palabras de su prójimo, adu­laciones y cosas parecidas. Así, el que tiene un espíritu pobre se valora a su vez a través de otros de espíritu pobre.

Lo que el ser humano quiera retener, lo perderá. Lo que invierta para el bien co­mún lo conservará y recibirá aún mucho más.

Si ahora en esta vida una persona es rica, en la próxima vida puede que sea po­bre. Depende de cómo ella aplique la ri­que­­za te­rrenal. Si la retiene para sí, la per­derá. Si está dis­puesta a invertirla para el bien común, se­gui­rá siendo rica tanto en lo interno como en lo externo.

¡Sé, por lo tanto, sensato y tolerante!
¡Sé comprensivo y compasivo con tu pró­­jimo!
Entonces te volverás desinteresado y nun­­ca estarás ni te sentirás solo ni aban­do­nado.

¡Sed conscientes de Mi presencia!
Yo Soy la Fuerza.

El que desee alcanzar la Consciencia suprema, Dios, tendrá que desarrollar en sí mis­mo, en su alma, todos los aspectos de cons­ciencia. No sólo deberá recono­cer­los, sino que deberá vivirlos, es decir, cum­plir­los en la vida diaria.

Mi amor desinteresado es la fuerza en vosotros. La fuerza de la vida es vuestra naturaleza. ¡Volveos conscientes de vuestra procedencia, de vuestra naturaleza!

El amor desinteresado es el lazo in­des­­tructible entre Padre e hijo. 

El amor desinteresado es la Fuerza primaria de la que habéis surgido y a la que volveréis a través de Cristo, Mi Hijo, vuestro Redentor.

¡Convertíos en conscientes hijos e hi­jas de Dios! ... El que Me haya aceptado y acogido y viva en la Ley primaria, vivirá verdaderamente, vivirá conscientemente, vivirá la verdadera existencia de su ser, la divinidad.
Dios es, y vosotros sois la luz de Su luz y la fuerza de Su fuerza. Yo Soy la Luz en vosotros, y vosotros debéis llevar conmigo la Luz del Padre a este mundo.

Yo vivo con vosotros. Oh, dadme día a día más y más la posibilidad de vivir a tra­vés de vosotros.

El manantial fluye constantemente. Él siempre es omnipresente. Él os vivifica y os alimenta. Él os reanima y os da fuerza para que también podáis dar.

Esforzaos por ver lo bueno en todo, pues entonces podréis servir de verdad.

Mi luz brilla en vosotros.
A través de vosotros quiere irradiar muy lejos e iluminar a muchas personas que es­tén dispuestas a tomar el camino de la paz y del amor, que estén dispuestas a llevar Mi luz a todos los seres y personas, para que en la Tierra sea como en el Cielo.

Al ser humano se le vuelve a dar una y otra vez tiem­po para reflexionar. Los golpes del destino y cosas similares son los que advierten a la persona para que ésta reflexione.
¡Aprovechad el tiempo!

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