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Ama a tus enemigos



13. “Habéis oído que se dijo: amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo; pero Yo os digo a vosotros que escucháis: amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian. (Cap. 25, 13)

  

Cristo explica, rectifica
y profundiza la palabra:

 

El mandamiento de la vida dice: “amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian”.

Cada hombre debería ver en cada uno de sus seme­jantes a su prójimo, a su hermano o a su hermana. También en los enemigos aparentes deberíais ver a vuestro prójimo y esforzaros en amarlos desinteresada­mente.

El enemigo aparente puede serte incluso un buen espejo para el autorreconocimiento, cuando tú te irritas a causa de la hostilidad —que puede tener muchas caras—; pues cuando algo os irrita en vuestro prójimo, hay algo igual o parecido en vosotros.

Sin embargo, si puedes perdonar a tu prójimo, que te ha inculpado y acusado, sin mayor irritación, no hay analogía alguna en ti; es decir que en ti no hay algo igual o parecido y, por tanto, de eso no hay resonancia en tu alma. Es posible que tú, ya en vidas pasadas, hayas purificado y expiado aquello de lo que te incul­pan —o que nunca lo hayas edificado en tu alma—. Entonces sólo estaba en el alma del que ha pensado y hablado contra ti y te ha inculpado. Si en ti, pues, no resuena alteración alguna, si no surge un eco de tu alma, en ese caso has sido espejo para él. Que él mire o no en este espejo puesto para su yo humano —esto, déjaselo a Dios y a él, Su hijo.

Comprende: con sólo verte se movió su conciencia, reflejándole que en su día, por ejemplo, pensó y habló de ti de modo contrario a la ley divina. Ahora tiene la posibilidad de purificar esto. Si lo hace, a base de arrepentirse y no volviendo en adelante a pensar o a hacer algo igual o parecido, eso es borrado de su alma, es decir, transfor­mado. Sólo entonces te verá con los ojos de la luz in­terna.

Un signo de que en un alma se ha transformado algo de contrario a la ley divina en positivo, es la benevolen­cia y comprensión para con el prójimo.



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«El Sermón de la Montaña»

Siendo Jesús de Nazaret, Cristo nos dio el Sermón de la Montaña -y actualmente lo explica y profundiza, a través de Su palabra profética, en Su gran obra manifestada en Vida Universal, «Ésta es Mi Palabra. Alfa y Omega. El Evangelio de Jesús. La manifestación de Cristo que ya conocen los verdaderos cristianos en todo el mundo»

Esta amplia obra se ha reproducido en forma de extractos, en el presente libro "El Sermón de la Montaña" que lo puede adquirir si lo desea en la Editorial Vida Universal

 

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