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  Ay de vosotros

5. “¡Ay de vosotros los ricos!, porque habéis recibido en esta vida vuestro consuelo. Ay de vosotros los que ahora estáis saciados, porque tendréis hambre. Ay de vosotros los que ahora reís, porque entristeceréis y lloraréis. Ay de vosotros cuando todos los hombres hablen bien de vosotros, porque así hicieron sus padres con los falsos profetas. (Cap. 25, 5)
Cristo explica, rectifica y profundiza la palabra:
“¡Ay de vosotros los ricos!, porque habéis recibido en esta vida vuestro consuelo”.
Los hombres que consideran sus riquezas como propiedad suya, son pobres en el espíritu. A muchos de los ricos en bienes materiales, se les dio desde la cuna la tarea espiritual, para su vida terrenal, de ser un ejemplo para aquellos ricos que se atan a sus riquezas con un corazón obstinado e intransigente y cuyos únicos pensamientos y aspiraciones son aumentarlas para sí mismos. Un hombre que es rico en bienes terrenales, que ha comprendido que su riqueza es un don que tan sólo ha recibido de Dios para aportarlo a la gran totalidad para el bien de todos, y que lo administra para todos legítimamente —ése está realizando la ley de la igualdad, la libertad, la unidad y la fraternidad. El está colaborando como donante desinteresado para que los pobres no tengan que sufrir necesidades ni los ricos vivan con lujo.
De esta manera se producirá paulatinamente un equilibrio, una clase media elevada para todos los que estén dispuestos a cumplir desinteresadamente la ley “ora y trabaja”. Así, muy paulatinamente crecerá la verdadera humanidad de una colectividad cuyos miembros no acumularán bienes terrenales personales, sino considerarán todo como propiedad común, que les ha sido dada por Dios.
Si el rico considera el dinero y los bienes como algo propio y en razón de sus riquezas es bien visto en el mundo, vivirá en las próximas vidas terrenales —como efecto de sus causas— en países pobres, mendigando el pan que como rico en su día les negó a los pobres. Esto se dará mientras aún sean posibles encarnaciones de este tipo.
El alma de un rico tal tampoco encontrará reposo en los planos de purificación. Las almas pobres en luz, que por su causa tuvieron que soportar sufrimientos y hambre en vestido terrenal, lo reconocerán como aquel que les retuvo sin derecho lo que les habría podido ayudar a salir de los enredos del yo humano. Muchas lo acusarán, y entonces sentirá su alma misma cómo éstas sufrieron y pasaron hambre. De esta manera, un alma que como hombre en vestido terrenal fue rica y bien vista, puede sufrir grandes penas. Estas penas son más grandes que si en vestido terrenal hubiese tenido que mendigar pan.
Comprended: de acuerdo con las leyes del Eterno, a todo el que guarda desinteresadamente el mandamiento “ora y trabaja” le corresponde lo mismo; pues Dios da a cada cual lo que necesita y aún más. Pero mientras no todos los hombres se atengan a este mandamiento, habrá en la Tierra los llamados ricos. Su tarea es distribuir sus riquezas acumuladas y vivir como los que desinteresadamente cumplen el mandamiento “ora y trabaja”. Si de esta manera no piensan en su bien, sino en el bien de todos, la riqueza interna se volverá paulatinamente hacia afuera, y ningún hombre pasará hambre o necesidades.
¡Ay de vosotros, los ricos, que llamáis a vuestro dinero y vuestros bienes propiedad vuestra, y hacéis que vuestro prójimo trabaje para que vuestros bienes se incrementen! Yo os digo que no veréis el trono de Dios, sino que seguiréis viviendo allá donde están los pies de Dios —en la Tierra, una y otra vez en vestidos terrenales, mientras aún sea posible—. También si fomentáis centros y establecimientos sociales, pero sois mucho más ricos que aquellos que de ahí reciben apoyo, estáis sujetos al satanás de los sentidos, que quiere mantener las diferencias entre pobres y ricos.
Mediante estas diferencias surgen poder y servilismo, envidia y odio. De ello resultan desavenencias y guerras. Por esto los que se agarran a sus riquezas, aunque piensen de vez en cuando socialmente, están sirviendo al satanás de los sentidos y actuando contra la ley de la vida: contra la igualdad, la libertad, la unidad y la fraternidad.
Quien considera que el dinero y los bienes son propiedad suya y acapara para sí, en lugar de dejar fluir estas energías materiales, es un ladrón según la ley de la vida, ya que sin derecho está reteniendo a su prójimo una parte de la herencia espiritual de éste; pues todo es energía. Quien la ata mediante el “mi y mío”, está actuando contra la ley, que es energía fluente.
“Ay de vosotros los que ahora estáis saciados, porque tendréis hambre”.
El hombre rico y saciado, que sólo llena “sus” graneros, está vacío en el corazón. Sólo conoce el “mío” y el “tuyo”. Sus sentidos y pensamientos giran alrededor de “mis” propiedades, “mis” pertenencias, “mi” pan, “mis” alimentos; “todo esto me pertenece” —este es su mundo—. Un hombre tal algún día padecerá hambre y necesidades, hasta que comprenda esto: todo participa del SER; todo pertenece a Dios y a todos los hombres que se esfuerzan en hacer las obras de Dios: cumplir el amor desinteresado y la ley de la vida para la Tierra, “ora y trabaja”.
Los hombres que sólo hablan del “mío” y “tuyo”, son hombres pobres en luz, que ya en esta encarnación preparan otro camino terrenal o un largo caminar de su alma en el reino de las almas, en cualquier caso con atuendo de mendigo.
El alma cegada por la materia, inconscientemente tiene hambre de luz, porque es pobre en luz. Intenta forzadamente compensar esto con cosas externas, tales como riqueza terrenal o codicia; con gula, embriaguez u otras avideces y placeres. Es insaciable.
“Ay de vosotros los que ahora reís, porque entristeceréis y lloraréis”.
Quien se ría de su prójimo y se burle de él, algún día estará muy triste y llorará a causa de sí mismo —porque subestimó a aquellos de los que se burló y mofó—. Tendrá que reconocer que en última instancia se rió e hizo escarnio y burla de sí mismo; pues quien condena y juzga a su prójimo, y se ríe, hace escarnio y se burla de él, Me está juzgando y condenando, y está riéndose, haciendo escarnio y burlándose de Mí, el Cristo.
Comprended: quien peca contra el más humilde de Mis hermanos, está pecando contra la ley de la vida y habrá de sufrir por ello. Al mismo tiempo se habrá atado a los que menospreció. Por eso, precaveos y practicad el autocontrol. No lo que entra por la boca contamina a vuestra alma, sino lo que sale de vuestra boca es lo que carga al alma y al hombre.
“Ay de vosotros cuando todos los hombres hablen bien de vosotros, porque así hicieron sus padres con los falsos profetas”.
Si habláis al gusto de vuestros semejantes, para que os alaben y seáis bien vistos por ellos, sois iguales que los falsificadores de monedas, que por su propio provecho pagan con moneda falsa.
De manera parecida ha ocurrido y ocurre con los falsos profetas. Estos han sido y son bien vistos por el pueblo, porque le han hablado a su gusto y porque los bien vistos por el pueblo les han apoyado, dado que con ello esperaban conseguir alguna ventaja y provecho personales.
Comprended vosotros, hombres en el Reino de Paz: en el mundo pecaminoso, muchos profetas justos, y también hombres y mujeres iluminados, fueron calumniados y perseguidos —y muchos de ellos martirizados y matados— por los ricos terrenales y poderosos de este mundo, por autoridades de las Iglesias y sus seguidores. En todos los tiempos lo satánico ha utilizado como instrumentos a aquellos que querían quedarse con —e incrementar para sí mismos— su riqueza terrenal y que ambicionaban poder, y también a los que seguían ciegamente a los ricos y a los poderosos.
Esto debéis saberlo para que comprendáis por qué el viejo mundo pecaminoso se hundió de una manera cruel.
Falsos profetas, entre otros, también han sido aquellos que, si bien predicaban el evangelio del amor, no vivían de acuerdo con él. Y también lo han sido todos aquellos que se llamaban “cristianos” y que en su vida diaria se comportaban de un modo indigno para un cristiano. Han sido a menudo elogiados por su arte de oratoria y honrados y alabados por su riqueza y prestigio.
Oh ved que, no obstante, todos los verdaderos profetas e iluminados contribuyeron en el transcurso de los tiempos a que el cristal de la vida interna, con sus muchas facetas de la verdad eterna, reluzca y brille cada vez más. De esta forma se fue edificando, muy paulatinamente, el Reino de Dios en la Tierra.
Para vosotros, amados hermanos y hermanas en el Reino de Paz, se trata de cuidar con cariño, conservar y guardar, como a una flor preciosa, a este ahora perfecto, reluciente y brillante cristal, la vida interna: la ley del amor y de la sabiduría de Dios, Su Orden, Su Voluntad, Su Sabiduría, Su Seriedad, Su bondad, Su infinita irradiación de amor y Su mansedumbre.
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«El Sermón de la Montaña»
Siendo Jesús de Nazaret, Cristo nos dio el Sermón de la Montaña -y actualmente lo explica y profundiza, a través de Su palabra profética, en Su gran obra manifestada en Vida Universal, «Ésta es Mi Palabra. Alfa y Omega. El Evangelio de Jesús. La manifestación de Cristo que ya conocen los verdaderos cristianos en todo el mundo»
Esta amplia obra se ha reproducido en forma de extractos, en el presente libro "El Sermón de la Montaña" que lo puede adquirir si lo desea en la Editorial Vida Universal
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