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Da lo que esperas



5. “Pues ¿quién de vosotros es el que, si su hijo le pide pan, le da una piedra, o si le pide un pez, le da una serpiente? Si vosotros, a pesar de ser malos, sabéis dar dones buenos a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre, que está en los Cielos, dará cosas buenas a aquellos que se las pidan!

6. “Cuanto queráis que los hombres os hagan a vo­sotros, hacedlo vosotros a ellos; y lo que no queráis que ellos os hagan, tampoco lo hagáis vosotros a ellos; porque esta es la Ley y los Profetas.(Cap. 27, 5-6)

 

Cristo explica, rectifica
y profundiza la palabra:

 

Comprended: no debéis exigir de vuestros semejan­tes lo que vosotros mismos no estáis dispuestos a dar.

Cuando esperéis algo de vuestro prójimo, que él de­be hacer para beneficio vuestro, haceos la pregunta: ¿por qué no lo hacemos nosotros mismos? Quien por ejemplo espera de su prójimo dinero y bienes, para que él mismo, que está en la comodidad, no tenga que traba­jar, o quien espera fidelidad de su prójimo, sin ser él mismo fiel, o quien, aunque desea ser aceptado y acogido por su prójimo, no acepta ni acoge él mismo a sus semejantes —ése es egocéntrico y pobre en el espíri­tu.

Cualquier cosa que exijas de tu prójimo, tú mismo no la posees en el corazón.

 

Es ilegítimo que, por una actitud de espera, se coac­cione a los semejantes a actos, declaraciones o compor­tamientos que por sí mismos no estarían dispuestos a hacer.

Cuando reconozcas tu actitud de espera en tus de­seos para con tu prójimo, da rápidamente la vuelta y haz primero tú mismo lo que exiges de él.

Cada coacción es una presión que a la vez produce coacción y contrapresión. Con tal comportamiento chantajista para con tu prójimo, te atas a él y te haces —tanto a ti mismo como a la persona que se dejó chanta­jear— esclavo de la baja naturaleza. Tales métodos de coacción como, por ejemplo, “yo espero de ti, y tú esperas de mí; cada uno da al otro lo que éste le exige”, llevan a ataduras.

 

Lo que está atado, no tiene un lugar en el Cielo. Los dos que se hayan atado recíprocamente, volverán a encontrarse algún día, ya sea en la vida en la materia sutil o en otras encarnaciones.

Esta forma de atadura no rige en el puesto de tra­bajo. Si tú te has incorporado voluntariamente, en la vida profesional, a un ámbito laboral, y el responsable te da tareas que tú debes ejecutar dentro del margen de tu actividad, ya al entrar en la empresa has dado tu sí. Tú te has incorporado voluntariamente al ámbito de trabajo y en el equipo de trabajo, para hacer lo que te sea encargado. Si tú, pues, eliges un lugar de trabajo, también debes ejecutar lo que de acuerdo con el ámbito de trabajo elegido por ti mismo se te encargue. La afir­mación, “cuanto queráis que los hombres os hagan a vosotros, hacedlo vosotros a ellos...”, no es válida para la profesión elegida por uno mismo o el ámbito laboral.

“Lo que no queráis que ellos [los hombres] os hagan, tampoco lo hagáis vosotros a ellos”, significa: si no queréis que se rían ni hagan burla de vosotros, o no queréis que os roben ni os mientan, o no queréis ser despojados de vuestros bienes y fortuna, o no queréis que se os tutele, o no queréis que se os robe vuestro libre albedrío, o no queréis que se os pegue ni insulte, tampoco hagáis esto a vuestros semejantes; pues lo que hagáis al más humilde de vuestros hermanos, Me lo estáis haciendo a Mí —y a vosotros mismos—. Lo que no queráis que se os haga, no lo hagáis a vuestro prójimo —pues todo lo que sale de vosotros, vuelve a vosotros—. ¡Por lo tanto, examinad vuestros pensamientos y vigi­lad vuestra lengua!



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«El Sermón de la Montaña»

Siendo Jesús de Nazaret, Cristo nos dio el Sermón de la Montaña -y actualmente lo explica y profundiza, a través de Su palabra profética, en Su gran obra manifestada en Vida Universal, «Ésta es Mi Palabra. Alfa y Omega. El Evangelio de Jesús. La manifestación de Cristo que ya conocen los verdaderos cristianos en todo el mundo»

Esta amplia obra se ha reproducido en forma de extractos, en el presente libro "El Sermón de la Montaña" que lo puede adquirir si lo desea en la Editorial La Palabra.

 

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