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Donde esté tu tesoro,
ahí estará también tu corazón



12. “No acumuléis para vosotros tesoros en la tierra, que la polilla y el orín corroen y los ladrones desentierran y roban. Acumulad tesoros en el Cielo, donde ni la polilla ni el orín los corroen, y donde los ladrones no excavan ni roban; pues donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

13. “Las luces del cuerpo son los ojos. Por eso, si ves con claridad, todo tu cuerpo estará lleno de luz. Pero si te faltan los ojos o si ellos están nublados, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Si, pues, la luz que hay en ti es tiniebla, ¡cuán grandes serán las tinieblas!

14. “Nadie puede servir a dos señores. O bien odiará al uno y amará al otro; o bien, adhiriéndose al uno, despreciará al otro. No podéis servir al mismo tiempo a Dios y a Mammon [la riqueza]. (Cap. 26, 12-14)

 

Cristo explica, rectifica
y profundiza la palabra:

 

Sólo acumula tesoros en la Tierra el hombre que no cree en Dios, en Su amor, sabiduría y bondad. Muchos hombres fingen creer en Dios; sin embargo, ¡por sus obras los reconoceréis! Muchos hombres hablan del amor y de las obras de Dios —mas sólo por sus actos les reconoceréis.

Muchos hombres hablan del reino interno y de la ri­queza interna y, sin embargo, trabajan para llenar sus propios graneros y acumulan riquezas terrenales para sí mismos, a fin de ser bien vistos por los hombres.

Quien sólo se fije en su bien personal, no presentirá al ave rapaz que ya ha alzado sus alas para destruir el nido y arrebatar la riqueza que el rico, el constructor del nido, llama propiedad personal suya.

En cambio, quien aspire en primer lugar al Reino de Dios, acumulará valores internos, tesoros internos. Re­cibirá también en lo temporal todo lo que necesite, y más aún.

Quien sea rico internamente, no sufrirá necesidades externas. Pero quien sea rico externamente y acumule sus riquezas, algún día sufrirá necesidades. A quien acumule tesoros en la Tierra, le serán quitados, para que se acuerde del tesoro del interior y pueda entrar en la vida, en la riqueza interna.

Al alma le faltará luz divina hasta que aspire en pri­mer lugar al Reino de Dios. Y mientras en la Tierra aún sea posible, el alma pobre en luz encarnará de nuevo en un cuerpo pobre en luz, y quizás viva en la pobreza entre los pobres. El reconocimiento llegará, de que el tesoro, la riqueza, está únicamente en Dios.

Aquel cuyo corazón esté cerca de Dios, será rico en valores internos, y entrará en el reino de la paz.

Yo, Cristo, os doy una medida para que os deis cuenta de dónde os encontráis —en la luz o en las sombras—: “pues donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón”; allí estará algún día vuestra alma.

Tened en cuenta: ¡quien lea estas palabras y se en­cuentre en el cambio del viejo al Nuevo Tiempo, debe­ría darse prisa para poder hallar aún su vida espiritual!; pues cuando el Nuevo Tiempo, el tiempo del Cristo, se haga manifiesto en toda la Tierra y la vida interna se viva, no habrá más encarnaciones para aquellos que aspiren a valores externos. Tampoco habrá más encar­naciones para los ricos terrenales, para que expíen, como los más pobres entre los pobres, lo que desaten­dieron como ricos.

Cuando el Reino de Paz de Jesucristo haya dado más pasos evolutivos, no habrá ni pobres ni ricos. Todos los hombres serán entonces ricos en Mi espíritu, ya que habrán abierto el reino interno. También vivirán en la nueva Tierra del modo que a ello corresponde, bajo otro cielo.

Por tanto, estad preparados para servir a Dios y, por amor a Dios, también a vuestros semejantes.

 

Comprended: nadie puede servir a dos señores, a Dios y a Mammon [la riqueza]. Unicamente el amor desinteresado une a todos los hombres y pueblos. El hombre en la Tierra y el alma en los lugares de purifi­cación —ambos serán algún día llevados a decidirse: a servir a Dios, o a Mammon [la riqueza]; a estar a favor, o en contra de Dios—. No hay nada entre medio: a favor de Dios, o a favor de lo satánico.



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«El Sermón de la Montaña»

Siendo Jesús de Nazaret, Cristo nos dio el Sermón de la Montaña -y actualmente lo explica y profundiza, a través de Su palabra profética, en Su gran obra manifestada en Vida Universal, «Ésta es Mi Palabra. Alfa y Omega. El Evangelio de Jesús. La manifestación de Cristo que ya conocen los verdaderos cristianos en todo el mundo»

Esta amplia obra se ha reproducido en forma de extractos, en el presente libro "El Sermón de la Montaña" que lo puede adquirir si lo desea en la Editorial Vida Universal

 

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