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  Encuentra en lo negativo lo positivo

7. “Porque si perdonáis a otros hombres su culpa, también os perdonará a vosotros vuestro Padre celestial. Pero si no perdonáis a los hombres su culpa, tampoco vuestro Padre en el Cielo os perdonará vuestra culpa.
8. “Igualmente cuando ayunéis, no parezcáis tristes como los hipócritas, pues ellos desfiguran sus rostros para tener la apariencia de hombres que ayunan. En verdad os digo, ya tienen su recompensa.
9. “Yo os digo que jamás encontraréis el Reino de los Cielos, a no ser que os guardéis del mundo y de su malicia. Y jamás veréis al Padre en el Cielo, a no ser que guardéis el sábado y ceséis en vuestro afán de acumular riquezas. Tú, cuando ayunes, úngete la cabeza y lava tu cara, para no darte importancia ante los hombres con tu ayuno. Y el Uno santo, que ve en lo oculto, te recompensará abiertamente. (Cap. 26, 7-9)
Cristo explica, rectifica y profundiza la palabra:
El mandamiento de perdonar y pedir perdón tendrá validez hasta que todo lo que no corresponde a las leyes eternas haya sido expiado y purificado. El mandamiento de perdonar y pedir perdón pertenece a la ley de siembra y cosecha. Quedará abolido cuando todo lo humano haya sido expiado y cada alma haya llegado a ser un ser espiritual puro e inmaculado.
Hasta entonces tendrá por tanto validez el mandamiento: perdonad, y obtendréis perdón. Cuando pidáis perdón y vuestro prójimo os perdone, también os habrá perdonado vuestro Padre en el Cielo. Pero si pedís perdón y vuestro prójimo aún no os perdona, porque todavía no está dispuesto a hacerlo, tampoco os perdonará vuestro Padre eterno. Quien ha pecado contra su prójimo, también tiene que obtener perdón de parte de su prójimo. Sólo entonces quita Dios el pecado.
El eternamente Justo ama a todos Sus hijos —también a aquellos que todavía no tienen la fuerza para perdonar—. Si sólo perdonara al que dio ocasión de que se pecase, y no perdonara al que ha sido seducido por éste a cometer un pecado y que todavía no puede perdonar —¿dónde estaría en ello la justicia de Dios?—. Ambos podrán entrar en el Cielo tan sólo cuando sus pecados hayan sido saldados.
Por tanto, cuidad lo que sale de vuestra boca, y fijaos en si vuestros actos corresponden a la ley eterna, es decir, si son desinteresados. Con mucha ligereza se pronuncia o hace algo contrario a la ley divina —pero puede pasar mucho tiempo hasta que esté perdonado.
Si habéis pedido perdón y vuestro prójimo aún no está dispuesto a perdonaros, la gracia de Dios se incrementará en vosotros, envolviéndoos y apoyándoos —pero no quitará de vosotros lo que todavía no haya sido purificado—. La misericordia de Dios también se incrementará entonces en vuestro prójimo y le conducirá, respetando su libre albedrío, de manera que reconozca más pronto sus faltas, se arrepienta y os perdone. Sólo cuando os hayan perdonado todos aquellos contra los que hayáis pecado —es decir, cuando todo esté saldado—, podréis entrar en los Cielos, porque Dios habrá transformado entonces todo lo humano en fuerza divina.
Dios es omnipresente; por tanto también es activo en la ley de siembra y cosecha. También en todo lo negativo está lo positivo, Dios, la ley eterna. Cuando el hombre reconozca sus pecados y faltas y se arrepienta de ellos, se activarán en ellos las fuerzas positivas y fortalecerán al hombre que ha llegado a reconocer su culpa, para que purifique sus pecados con la fuerza de Cristo.
Comprended la ley de Dios, que es vida eterna de eternidad a eternidad —todo en todo: todo está contenido en todo; en lo grande, lo más pequeño, y, en lo más pequeño, lo grande; en el pecado, la fuerza para perdonar, y, en la fuerza que se libera por el acto del perdón, el elevarse a la vida interna, al eterno SER.
Por eso, también en lo negativo puede actuar lo divino —en el momento en que el hombre pida perdón de corazón, perdone y no vuelva a pecar—. No obstante, el hombre tiene que dar el primer paso hacia la vida interna.
Comprended: en todo lo que hagáis —ya sea que oréis, ayunéis o deis limosna—, si no lo hacéis desinteresadamente, sino para ser vistos por vuestros semejantes, ya habréis recibido vuestra recompensa de los hombres. En ese caso, Dios no os recompensará. Y si sólo ayunáis debido a vuestra obesidad, no aumentaréis el espíritu de vuestro Padre en vosotros. Pero quien acoja los alimentos en nombre del Altísimo, sea moderado y ayune de vez en cuando, para relajar su cuerpo y desintoxicarlo, para que la fuerza de Dios pueda abastecer a todas las células y órganos de forma correcta, se estará ejercitando de buena fe en aceptar y acoger la vida proveniente de Dios, a fin de vivir en ella. Y al mismo tiempo consagrará en la oración su vida a Dios, el Eterno, para de esta forma convertirse paulatinamente en oración vivida.
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«El Sermón de la Montaña»
Siendo Jesús de Nazaret, Cristo nos dio el Sermón de la Montaña -y actualmente lo explica y profundiza, a través de Su palabra profética, en Su gran obra manifestada en Vida Universal, «Ésta es Mi Palabra. Alfa y Omega. El Evangelio de Jesús. La manifestación de Cristo que ya conocen los verdaderos cristianos en todo el mundo»
Esta amplia obra se ha reproducido en forma de extractos, en el presente libro "El Sermón de la Montaña" que lo puede adquirir si lo desea en la Editorial La Palabra.
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