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Perdona - y pide perdón



12. “Llega lo antes posible a un acuerdo con tu ad­versario, mientras aún vas con él de camino, para que tu adversario no te entregue en su día al juez y el juez te entregue al alguacil, y no salgas hasta que hayas pagado el último céntimo. (Cap. 25, 12)

  

Cristo explica, rectifica
y profundiza la palabra:

 

“Llega lo antes posible a un acuerdo con tu adversa­rio, mientras aún vas con él de camino...”, significa: ¡no dejes pendiente el pecado que hayas cometido contra tu prójimo! Purifícalo lo antes posible, pues todavía está contigo en el camino de la vida en la existencia terrenal. Si su alma se ha ido de la Tierra, eventualmente tendrás que esperar hasta que de nuevo pueda haber un encuen­tro y le puedas pedir perdón.

Comprended: el juez es la ley de siembra y cosecha. Cuando se active, el hombre no saldrá de allí hasta que haya pagado “el último céntimo” —es decir, hasta que esté expiado todo lo que ha causado y de lo cual no se arrepintió a tiempo.

Aprovechad por tanto la oportunidad de pedir per­dón a vuestro prójimo y de perdonarle, mientras todavía caminéis con él en la Tierra y el pecado no se haya grabado aún en el alma, convirtiéndose en causa. Quien no perdone y pida perdón, tendrá que cargar con los efectos hasta que haya pagado “el último céntimo”.

 

Poneos por lo tanto de acuerdo cuanto antes con vuestro prójimo. Si las causas —por ejemplo, desave­nencias, rivalidad o envidia— ya han echado raíces en vuestra alma y si esto también ha sucedido en vuestro prójimo, contra el cual estáis, es posible que vuestro prójimo no os perdone tan pronto —tampoco aunque hayáis reconocido vuestro pecado y os hayáis arrepen­tido—; pues en su alma puede haberse endurecido el complejo de la culpa, a través de la forma de pensar igual o parecida que habéis provocado en él. Mediante vuestro comportamiento pecaminoso, que habéis ali­mentado durante bastante tiempo, también él ha fomen­tado en su alma el rencor contra vosotros —y ha creado, como asimismo vosotros, un amplio campo energético contrario a la ley divina, el complejo de la culpa, que ahora debe ser trabajado por ambos—. El momento de purificar se os puede presentar aún en esta existencia terrenal, o en los reinos de las almas o en posteriores encarnaciones.

Comprended: antes de que un golpe del destino sobrevenga al ser humano, éste es advertido por el Espíritu de la vida, que también es la vida del alma, y también por el espíritu protector o por hombres. Las advertencias provenientes del Espíritu son sensaciones finísimas, que efluyen del alma o que el espíritu pro­tector infiltra en el mundo de sensaciones o de pensa­mientos del hombre. Advierten al hombre para que cambie de forma de pensar o para que purifique lo que ha causado. El Espíritu eterno de la vida y el espíritu protector pueden impulsar a hombres a acercarse a aquel que está a punto de sufrir un golpe del destino. Se acercan a la persona en cuestión y comienzan una con­versación que, de modo espontáneo, se refiere al asun­to. De ahí podría ser reconocida la causa del golpe del destino que se está preparando, y ser purificada.

Podéis ver, pues, que la luz eterna da advertencias e indicaciones de múltiples maneras —tanto al prójimo con el que habéis creado causas como a vosotros mis­mos.

También mediante impulsos que vienen a través de acontecimientos del día en curso el hombre es advertido a tiempo, antes de que lo que ha causado le sobrevenga en forma de destino.

Quien tome en serio tales advertencias y purifique lo que haya reconocido de pecados, mediante el arrepen­timiento, el perdonar, el pedir perdón y el reparar el mal, no tendrá que sufrir lo que haya causado. Si el pecado es grande, es posible que tenga que cargar con una parte de éste, pero no con la totalidad de lo que quería desprenderse del alma. Sin embargo, quien haga como si no viera ni oyera ninguna de las advertencias, porque se aturde con cosas humanas, tendrá que cargar con las causas creadas por él hasta que esté “pagado el último céntimo”.



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«El Sermón de la Montaña»

Siendo Jesús de Nazaret, Cristo nos dio el Sermón de la Montaña -y actualmente lo explica y profundiza, a través de Su palabra profética, en Su gran obra manifestada en Vida Universal, «Ésta es Mi Palabra. Alfa y Omega. El Evangelio de Jesús. La manifestación de Cristo que ya conocen los verdaderos cristianos en todo el mundo»

Esta amplia obra se ha reproducido en forma de extractos, en el presente libro "El Sermón de la Montaña" que lo puede adquirir si lo desea en la Editorial Vida Universal

 

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