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Reconcíliate con tu prójimo



11. “Si vas, pues, a presentar tu ofrenda sobre el al­tar, y te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda ante el altar, ve primero a reconci­liarte con tu hermano y luego vuelve a presentar tu ofrenda. (Cap. 25, 11)

  

Cristo explica, rectifica
y profundiza la palabra:

 

“...Si vas, pues, a presentar tu ofrenda sobre el altar, y te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda ante el altar, ve primero a reconciliarte con tu hermano y luego vuelve a presentar tu ofrenda”, significa: si deseas consagrarme tu vida a Mí, el Cristo, y quieres entregarme tus faltas y pecados y reconoces que aún no has hecho las paces con tu prójimo, deposita por de pronto el pecado ante el altar interno. Ve a ver a tu prójimo y reconcíliate con él —y entonces, si ya no quieres seguir haciendo algo igual o parecido, que te ha llevado al pecado, coloca éste sobre el altar—. El altar se encuentra en lo más interno de tu templo de carne y hueso. Luego, el Espíritu del amor y de la vida trans­formará el pecado en fuerza y vida; pues de lo que tú libremente, sin coacción, Me entregues gustosamente, es decir, no volviendo a hacer algo igual o parecido, de esto alcanzarás la liberación. Tu alma recibirá entonces incrementadamente la luz que proviene de Mí.

Tened en cuenta la siguiente legitimidad: cuando hayáis pecado contra vuestro prójimo exclusivamente en pensamientos, con pensamientos faltos de amor, envidiosos, vengativos, celosos o llenos de odio, no vayáis a él para hablar de esto con él. Sabed que vues­tro prójimo no conoce vuestro mundo de pensamientos. Si de palabra lo hacéis manifiesto, él reflexionará sobre ello. Venid sólo a Mí, el Cristo, a Mí que estoy en vues­tro interior, arrepentíos de vuestros pensamientos y enviad al alma de vuestro prójimo, al mismo tiempo, pensamientos positivos desinteresados, pensamientos pidiéndole perdón y pensamientos de unión interna. Entonces Yo disolveré lo que haya sido causado en pensamientos. Y si no volvéis a pensar algo igual o parecido, ya estaréis perdonados.

Comprended: si habláis a vuestro prójimo de vues­tros pensamientos humanos podéis, eventualmente, tocar en él aspectos humanos en vías de transforma­ción, que podrían abrirse de nuevo en él. Así comen­zaría nuevamente a pensar y a hablar de forma nega­tiva, y volvería a cargar su alma.

La ley dice: no sólo carga su alma el que ha sido im­pulsado por vuestro comportamiento erróneo a refle­xionar, sino también cargáis vuestra alma vosotros, que habéis expresado vuestros pensamientos y con ello habéis activado en vuestro prójimo aspectos humanos que estaban en proceso de transformación.

Si en cambio han salido de vuestra boca ilegitimida­des inculpando a vuestro prójimo, insultándolo y di­famándolo —también si él se entera de esto por segun­dos o terceros— id y pedidle perdón. Si os ha perdonado, también os habrá perdonado el Padre celestial eterno en Mí, el Cristo. Pero si no os ha perdonado, tampoco os podrá perdonar vuestro Padre celestial en Mí, el Cristo. No obstante el amor del Dios Padre-Madre tocará cada vez más el corazón todavía rígido, a fin de que el hom­bre reflexione en menos tiempo y os perdone, de mane­ra que también Dios en Mí, el Cristo, os pueda perdonar y así esté saldado y transformado todo lo que en su día fue contrario a la ley divina.

¡Tened cuidado con vuestra propia lengua!; pues lo que de ilegítimo sale de vuestra boca, puede causar a vuestro prójimo y a vosotros mismos un daño más grande que vuestros pensamientos que habéis reco­nocido a tiempo, antes de que tengan efecto, y que Me habéis entregado a Mí, el Cristo en vosotros.

Comprended otra legitimidad: vosotros no veis ni escucháis pensamientos —y, sin embargo, están ahí—. Vibran en la atmósfera, y a quien piense algo igual o parecido le pueden influenciar. Si Me los entregáis a tiempo, serán disueltos —a no ser que el alma de vuestro prójimo los haya registrado ya en sí misma—. En este caso, seréis conducidos de manera que podáis hacer el bien a esta persona sobre la que habéis pensado negativamente. Y si hacéis el bien desinteresadamente, sin expresar vuestros anteriores pensamientos, en el alma de aquel sobre el que habéis pensado negativa­mente se borrará lo que ya se había grabado. Entonces también se habrá borrado en vosotros lo que vuestra alma irradió.



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«El Sermón de la Montaña»

Siendo Jesús de Nazaret, Cristo nos dio el Sermón de la Montaña -y actualmente lo explica y profundiza, a través de Su palabra profética, en Su gran obra manifestada en Vida Universal, «Ésta es Mi Palabra. Alfa y Omega. El Evangelio de Jesús. La manifestación de Cristo que ya conocen los verdaderos cristianos en todo el mundo»

Esta amplia obra se ha reproducido en forma de extractos, en el presente libro "El Sermón de la Montaña" que lo puede adquirir si lo desea en la Editorial Vida Universal

 

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