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Vive conforme a lo que hayas captado



10. “En verdad, los que crean y obedezcan salvarán su alma, y los que no obedezcan la perderán; porque os digo que si vuesta justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos. (Cap. 25, 10)

  

Cristo explica, rectifica
y profundiza la palabra:

 

La afirmación, “...los que crean y obedezcan sal­varán su alma, y los que no obedezcan la perderán”, significa: quien crea y cumpla las leyes de Dios, salvará su alma de la rueda del renacimiento, que le atraerá a la carne hasta que haya expiado todo lo que una y otra vez le ha atraído a las encarnaciones.

 

Comprended: la sola fe en la ley de la vida no basta. Tan sólo la fe en la vida y la realización de las leyes de la vida conducen al hombre y al alma fuera de la rueda del renacimiento.

Quien no guarda las leyes de Dios, está traicionando a Dios y vendiendo su alma a las tinieblas. Con ello tapa la luz de su alma, su verdadera vida. Este hombre vivirá entonces en el pecado, y el alma en el sueño de este mundo. La ley de la encarnación, la rueda del renacimiento, que atrae al alma a la encarnación, aún será activa por cierto tiempo, para que el alma encar­nada capte que no es de este mundo, sino que está en vestido terrenal para desprenderse de lo que es humano —y para sacar a la luz lo que es divino, su verdadera vida eterna.

 

No todos los que conocen los signos de escritura los interpretan sólo según la letra —sino según el sentido—. Por eso hay que decir: si vuestra justicia no es mayor que la de muchos escribas —que fingen ser justos y enseñan Mi ley, pero sin cumplirla ellos mismos—, no entraréis en el Reino de los Cielos.

Por eso no os atéis a opiniones y puntos de vista de los hombres. Realizad lo que hayáis captado de la ley de la vida; entonces veréis los siguientes pasos que llevan a legitimidades más elevadas.

Comprended: la justicia de Dios es el amor y la sa­biduría de Dios. Quien no los desarrolla dentro de sí, tampoco los irradia, ni ve las profundidades del eterno SER ni llega hasta el fondo de su verdadera vida. Su vida terrenal es un vegetar; vegetando, se le pasa de largo la verdadera vida. Tanto en este mundo como en el más allá, será un espiritualmente muerto. No tendrá ni en esta existencia terrenal ni en el más allá la orienta­ción correcta, porque no habrá vivido de acuerdo con las leyes de la vida. No es sabio, sino que sólo trans­mite el saber que ha registrado. Con ello llega a ser un seguidor del pecado y, por último, un pecador. Obra contra la ley eterna y cae con ello cada vez más profun­damente en la ley de siembra y cosecha.



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«El Sermón de la Montaña»

Siendo Jesús de Nazaret, Cristo nos dio el Sermón de la Montaña -y actualmente lo explica y profundiza, a través de Su palabra profética, en Su gran obra manifestada en Vida Universal, «Ésta es Mi Palabra. Alfa y Omega. El Evangelio de Jesús. La manifestación de Cristo que ya conocen los verdaderos cristianos en todo el mundo»

Esta amplia obra se ha reproducido en forma de extractos, en el presente libro "El Sermón de la Montaña" que lo puede adquirir si lo desea en la Editorial La Palabra.

 

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