Usted está aquí: Página inicial > Quiénes somos > El Sermón de la Montaña

Vuélvete perfecto como tu Padre en el Cielo



17. “Y si deseas algo que causa pena y preocupación a otro, arráncalo de tu corazón. Sólo así obtendrás paz. Pues mejor es padecer preocupación que ocasio­nar preocupación a aquellos que son más débiles que vosotros.

18. “Sed, pues, perfectos, como perfecto es vuestro Padre en el Cielo”. (Cap. 25, 17-18)

  

Cristo explica, rectifica
y profundiza la palabra:

 

Todo lo no divino que sale de ti —tal como pensa­mientos, palabras y actos contrarios a la ley divina—, no sólo puede ocasionarle pena y preocupación a tu pró­jimo, sino también a ti mismo; pues lo que el hombre siembre, es lo que cosechará.

La cosecha se corresponde con la siembra. Siempre es cosechada por el que ha sembrado —no por su prójimo—. Tu prójimo no ha sembrado tu siembra ni cosechará tu cosecha.

 

Tus semillas, sin embargo, pueden ser semillas vola­doras —como las semillas de diferentes clases de flores, que son llevadas por el viento después del tiempo de la floración y enraizan allí donde pueden afianzarse—. De la misma forma tus pensamientos, palabras y acciones pueden también caer, como semillas voladoras, en el campo del alma de tu prójimo y brotar, si encuentran allí condiciones iguales o parecidas.

Algo igual o parecido a lo que hay en ti está en él si se irrita y enfada por tus palabras y actos, si con ello le ocasionas preocupación y él piensa, habla o hace algo igual o parecido, estimulado por tus semillas voladoras. Pero tú has provocado esto y, en la ley de siembra y cosecha, se te pueden pedir cuentas. Te ha sido mandado que ames desinteresadamente a tu prójimo y que le sirvas y ayudes —y no que le ocasiones pena y preocupación con tu comportamiento.

Si entonces tu prójimo carga su alma por tu compor­tamiento ilegítimo, por haber irrumpido tú en el campo de su alma y haber hecho entrar en vibración causas bajo las cuales luego tendrá que sufrir y llevar una pe­sada carga, tú estarás atado a él. Y si a tu comporta­miento reacciona de forma igualmente ilegítima, se ata­rá a su vez a ti. En esta o en otra forma de existencia tendréis que purificar esto juntos.

Comprended: una pequeña e insignificante semilla voladora del yo humano puede crear una gran causa, que ya lleva en sí su efecto.

Comprended, pues: ¡cada causa debe ser eliminada!

Otro ejemplo: si tú envías como semillas voladoras tus pensamientos, palabras y actos negativos, y tu pró­jimo oye lo que dices sobre él, pero no hace caso porque en el campo de su alma no tiene algo análogo a eso, entonces sólo tú cargarás tu alma, y estarás atado a él —y no él a ti—. Tu prójimo puede entrar en el Cielo, al no haber aceptado ni acogido tus semillas negativas, por­que no pensó ni habló de modo igual o parecido al tuyo. Sin embargo, si mediante tu comportamiento erróneo has despertado causas en tu prójimo que en él no hubieran tenido que llegar a su efecto, puesto que podría haberlas purificado en un tiempo posterior sin penas ni preocupaciones, tú tendrás la culpa más grande y tendrás que cargar con la parte que has causado en tu prójimo.

Así pues, si tienes que soportar penas y preocu­paciones, no le eches la culpa a tu prójimo por tu esta­do. Tú mismo eres el causante —y no tu prójimo—. Tus penas y preocupaciones son la siembra en tu alma, que ha brotado —y que también se muestra en tu cuerpo, como cosecha.

Sólo Yo, Cristo, tu Redentor, te puedo liberar de ello —y sólo cuando te arrepientas y no vuelvas a hacer algo igual o parecido—. Entonces la carga habrá sido quitada de tu alma y te irá mejor en tu vida.

Comprended: quien se da cuenta de que sus penas y preocupaciones son sus propias siembras y acepta su sufrimiento, muestra verdadera grandeza interna. Este es un signo de crecimiento espiritual; y el crecimiento espiritual lleva paulatinamente a la perfección.

Los seres puros son perfectos; son la imagen y seme­janza del Dios Padre-Madre. Viven en Dios, y Dios vive a través de los seres puros.

 

Bienaventurados los de corazón puro, porque ellos verán a Dios —ya que han llegado a ser nuevamente la imagen y semejanza del Padre celestial—. De un corazón puro entregado a Dios, fluyen dulzura y humildad.



                                         siguiente  / atrás  /  índice de capítulos

«El Sermón de la Montaña»

Siendo Jesús de Nazaret, Cristo nos dio el Sermón de la Montaña -y actualmente lo explica y profundiza, a través de Su palabra profética, en Su gran obra manifestada en Vida Universal, «Ésta es Mi Palabra. Alfa y Omega. El Evangelio de Jesús. La manifestación de Cristo que ya conocen los verdaderos cristianos en todo el mundo»

Esta amplia obra se ha reproducido en forma de extractos, en el presente libro "El Sermón de la Montaña" que lo puede adquirir si lo desea en la Editorial La Palabra.

 

© 2007 Universelles Leben e.V. • E-Mail: info@universelles-leben.orgImpressum