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El quinto Mandamiento



En la mayoría de las Biblias el texto del quinto mandamiento es sencillo y claro: «No matarás».

Así es también en la «Biblia Scofield», en la que sin embargo hay un pie de página que dice: «La lengua hebrea utiliza diversas palabras para expresar el concepto ‘matar’. El verbo que aquí se utiliza es una palabra especial, que sólo puede significar asesinato y siempre da parte de un matar de forma intencionada». En la traducción unificada de las Iglesias católica y protestante luterana de Alemania es ya algo «oficial». Allí se lee ahora: «No asesinarás».

Esto suscita preguntas. ¿Qué es entonces lo correcto? ¿Es ahora: «No matarás o No asesinarás»? ¿Cómo debemos comportarnos ahora en nuestra calidad de cristianos?

El pie de página de la Biblia Scofield dice que no tenemos que matar de forma intencionada. Considerando al reino animal, el Mandamiento de no matar de forma intencionada tendría un sentido, pues dondequiera que nosotros los hombres pongamos el pie en el suelo, debajo de nuestros pies hay muchos animales, en parte diminutos. Pisamos algunos animales, pero esto no lo hacemos intencionadamente. Si nos apoyamos en un árbol, eventualmente matamos así del mismo modo algunos pequeños animales; no los vemos y por lo tanto no lo hacemos de forma intencionada. Pero si queremos matar una persona, esto lo haremos de forma intencionada. Y esto, según el uso general del idioma, no es otra cosa que asesinato. Por lo tanto matar, tomado en el sentido estricto de la palabra es lo mismo que asesinar.

Si observamos más de cerca los hechos, constataremos que cuando un hombre mata a una persona antes ha tenido pensamientos concretos, y los pensamientos son fuerzas. Es cierto que no vemos los pensamientos, pero ellos son energías, realidades, y actúan. Por ejemplo si en la guerra tenemos pensamientos de miedo, de que el enemigo –así denominamos a nuestro hermano– nos podría matar. A consecuencia de esto lo matamos nosotros primero. Si uno es soldado, tiene que pensar que tendrá que matar; pues un soldado aprende y se ejercita en matar, para después hacerlo.

Si una institución está a favor de la guerra, como por ejemplo la institución católica o la protestante luterana, entonces no es de extrañar que un pie de página como el que hay en la Biblia Scofield le venga muy a propósito.

Ya sea matar o asesinar –cualquiera sabe que el que va a la guerra, si las circunstancias lo requieren, matará a su hermano–. Y como Jesús de Nazaret nos enseñó que todos nosotros somos hermanos y hermanas, hijos de un mismo Padre, el matar o asesinar es un fratricidio.

Una pregunta a Usted, querido lector: ¿Qué diferencia ve Usted entre que le maten o le asesinen? Probablemente ninguna, pues un muerto es un muerto.

Si somos verdaderos cristianos tenemos que hacernos la pregunta: ¿qué diría Jesús al respecto? El dijo a Pedro, cuando éste le cortó la oreja a un soldado: «Envaina tu espada», y Jesús le curó la oreja. ¿Por qué? «No seas injusto ni utilices la violencia con nadie».

Jesús expresó palabras con el sentido: «El que tome la espada, perecerá por la espada». Por consiguiente es válido que el que toma la pistola y mata a su hermano, será matado igualmente de un disparo de pistola –a no ser que aspire a la misericordia de Dios, escuche a su conciencia y purifique su culpa de todo corazón. Pero si ya de entrada decimos: «Hoy mato a mi hermano, que es mi enemigo y mañana ya purificaré esto», no nos ayudará.

La violencia engendra siempre violencia. Reconocemos que las guerras no tienen sentido. Se dice que se envían soldados a la guerra para que haya paz. Pero, ¿se puede establecer la paz con armas, cañones, matando a nuestro prójimo?

 

Sabemos que todo lo pecaminoso que emitimos volverá de nuevo a nosotros. El miedo de nuestro prójimo, que siente el disparo en el corazón y siente que va a morir, su sufrimiento, sus muchos pensamientos, su odio, su deseo de venganza, todo esto son energías que no se disuelven en la nada. En algún sitio tienen que depositarse; en parte en el que ha fallecido, pues él también fue soldado. El se lleva esta parte de las energías negativas como carga al ámbito de las almas y en la mayoría de los casos a la siguiente existencia terrenal. Los sentimientos y pensamientos del que ha fallecido recaen también sobre el hechor. El hechor ha matado intencionadamente, pues ya sabía antes que como soldado tendría que matar.

Lo que no se expía en esta vida nos conduce en siguientes vidas terrenales a situaciones similares. Por ejemplo nos encarnamos en un país que está en guerra. A través de la rueda de la reencarnación el hechor y la víctima siempre se volverán a encontrar. Una y otra vez hechor y víctima son enemigos, hasta que alguna vez se tiendan la mano y juntos establezcan la paz entre ellos. La culpa que los une, y que al mismo tiempo los encadena, se puede purificar y disolver solamente ahora a través del mutuo pedir perdón y perdonar.

La rueda del volver a encarnar, el hecho de la reencarnación, se hace visible en muchos acontecimientos del tiempo actual. Todo es energía, y ninguna energía se pierde. Por ejemplo en las guerras se hace activa una enorme ola de energías negativas de agresiones acumuladas, un potencial de pecados no purificados de muchos hombres, que –eventualmente durante siglos– se han ido acumulando y formando.

En la Biblia dice: «Lo que el hombre siembre, eso cosechará». Si sembramos la muerte, matando a nuestro prójimo de forma intencionada, también cosecharemos una muerte de forma similar, a no ser que reconozcamos a tiempo nuestras causas, las purifiquemos con la ayuda y la gracia de Dios y no las volvamos a hacer más. Así nos lo ha enseñado Jesús.

La rueda de la reencarnación gira y trae una y otra vez a la carne a aquellas almas que se han cargado con una culpa que todavía no ha sido expiada. Si observamos las diversas guerras de este mundo en modo retrospectivo, reconoceremos que en el pasado han tenido lugar guerras similares en los mismos países o en países vecinos. ¿Por qué? Porque las causas todavía no han sido purificadas y pasan así a convertirse en efectos.

 

Dios dio a través de Moisés el Mandamiento: «No matarás». ¿Por qué se ha falseado recientemente esta parte de la Biblia con las palabras «No asesinarás»? Miremos lo que se esconde detrás de esto. La siguiente explicación guarda relación con ello:

Las dos Iglesias que han realizado ese falseamiento están a favor de la guerra. Con la transformación del quinto Mandamiento tienen ahora una justificación bíblica para ella, pues desde su punto de vista el dar muerte a una persona en la guerra es «sólo» matar y no asesinar. Como entonces matar está permitido desde hace poco, consecuentemente se pueden hacer guerras sin mayores preocupaciones, así como también matar gente en dichas guerras.

Si consideramos en mayor profundidad las relaciones que hay en estos hechos reconoceremos también aquí la rueda de la encarnación, la reencarnación. En épocas pasadas la Iglesia católica indujo a participar en la guerra «santa», para cristianizar a la fuerza o para matar a los de otras creencias. Así por ejemplo, los ejércitos de Franconia se dirigieron en la primera Cruzada contra los judíos en el valle del Rhin y en la Hungría cristiana y contra los sarracenos. Lo mismo sucedió a cientos de miles de indios en el tiempo del descubrimiento de América. Así sucedió en el siglo XX, cuando los estados balcánicos sólo debían estar habitados por «cristianos». Allí se mató y robó –y esto supuestamente en nombre de Cristo.

En las almas de los hechores de antaño, en tanto no hayan cambiado, sigue existiendo ese masivo potencial de energía negativo. Por lo tanto esto lo tienen en su alma muchas de las autoridades eclesiásticas actuales, que bajo determinadas circunstancias estuvieron encarnadas en aquellos tiempos y participaron en las denominadas guerras santas. Como esto se encuentra todavía en sus almas, la palabra «matar» quizás se pone en vibración en elguno de los denominados príncipes de la Iglesia. Le surgen pensamientos y sensaciones. Pero en vez de roconocer sus pensamientos y sensaciones y purificarlos con Cristo, propone que el matar en la guerra está permitido, ya que en las guerras «santas» también estaba permitido.

El asesinar, es decir el denominado matar intencionadamente, el masacrar, ya estaba en aquel entonces subordinado al mandamiento «No matarás». ¿Qué sucedió en realidad? ¿Cómo se llevó a la muerte a los de otras creencias?

¿Qué les pasó a los germanos?: ¡ bien bautizados, o decapitados! ¿Qué les sucedió a los indios?: ¡bien «con nosotros, los cristianos», o al «infierno»! ¿Y qué les pasó a los herejes?: ¡con la iglesia, o a la muerte! Fueron ridiculizados, mutilados, matados, quemados, cientos de miles, millones, y ¿quién lo hizo?

La rueda de la reencarnación gira. Las mismas almas vienen de nuevo en otros cuerpos humanos. ¿A dónde van? Allí donde las cargas del alma las atraen.

Hagámonos una vez más la pregunta: ¿qué fue esto entonces, matar o asesinar? Y ¿qué nos gustaría más: ser matados o asesinados?

Las dos cosas significan: muerte. Se acabó con la vida de manera intencional.

El quinto Mandamiento vale también para nuestro comportamiento con los animales. Las dos instituciones, católica y protestante luterana de Alemania, están a favor de la experimentación con animales.

¡Los animales también sienten! Los animales gritan en los mataderos porque sienten que en pocos minutos se les quitará la vida. Ellos sienten que no van a fallecer según las leyes de la naturaleza, sino que un disparo pondrá fin a sus vidas.

Y todo va aún más lejos. Preguntemos: ¿por qué tantos animales están tristes? Porque han sufrido conscientemente o porque sienten que van a sufrir de manera indecible, eventualmente a raíz de la experimentación con animales. Las experiencias, el sufrimiento y los sufrimientos de siglos y siglos lo llevan consigo las almas parciales de muchos animales. Esto pone tristes a muchos animales, a otros los vuelve agresivos. ¿Quién es culpable de esto?

¿Qué más da que se mate a millones y millones intencionadamente, es decir que sean masacrados conscientemente y utilizados en experimentos? «Es sólo un animal», dice el hombre, pero el animal también siente. Un animal al que se le pega, siente, llora, se queja. Si se le grita a un animal, se retrae y se aparta de nosotros. Vemos que siente y le afecta. El siente de forma más sutil que un hombre, y sabe cuándo se le lleva al matadero; sabe cuándo se le va a utilizar para hacer experimentos.

 

¿Podría deducirse tal vez de la frase «No asesines» incluso una justificación para las corridas de toros, para las luchas de gallos: para todas las ocasiones en las que los hombres por deseoa de lucha, de aniquilar al «contrario» o para divertirse permiten que se mate? En este caso no se trataría de «asesinar».

El hombre es cruel. ¿Por qué entonces se puede matar, pero no asesinar? Sobre este por qué los cristianos deberíamos reflexionar.



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Los Diez Mandamientos de DIOS

«La letra sólo llega a hacerse viva cuando el hombre comienza a cumplir los mandamientos. De ese modo madura y entra, muy paulatinamente, en la ley omniabarcante del amor y de la vida. Sólo quien cumpla los mandamientos con el corazón y en el espíritu del amor, reconocerá la ley omniabarcante y encontrará la verdad, que está dentro del alma del hombre»

Extraído del libro «Ésta es Mi Palabra».
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Editorial Vida Universal

 

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