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El tercer Mandamiento



En la «Biblia según la traducción de Martín Lutero» el tercer Mandamiento dice: «Santifica el sábado y mantenlo sagrado. En seis días tienes que trabajar y hacer tus obras. Pero el séptimo día es el sábado (día de descanso) del Señor, tu Dios. Ese día no tienes que hacer ningún trabajo, ni tampoco tu hijo, tu hija, tu esclavo, tu sirvienta, tu ganado, ni tampoco el extranjero que vive en tu ciudad».

 

¿Cómo tenemos que santificar el sábado? ¿Cómo lo hacemos nosotros los Cristianos Originarios?

Este Mandamiento no significa que un día de la semana no tenga que hacerse absolutamente nada, sino que nosotros lo entendemos así:

Ese día tenemos que reunirnos en la comunidad, revisar juntos la semana, haciendo balance de la misma, y concluirla con la fuerza del Señor. Lo que haya de pecaminoso, lo que todavía no esté purificado, lo tenemos que purificar con nuestro prójimo para que así podamos empezar la nueva semana sin obstáculos. Cuando todo esté revisado y concluido en la medida de lo posible, deberíamos honrar y alabar a Dios, dándole las gracias, así como también hablar sobre El, que es el amor infinito y que nos ha acompañado durante la semana que está concluyendo.

Así lo hacemos nosotros los Cristianos Originarios cada sábado por la tarde. Juntos rezamos y juntos hacemos la revisión de la semana; concluimos la semana que ha transcurrido y celebramos después todos juntos una cena con el Señor. Damos las gracias a Dios, Le alabamos y glorificamos, e incluimos conscientemente a Cristo para que esté a nuestro lado en la semana siguiente y nos ayude a cumplir los Mandamientos y el Sermón de la Montaña.

Nosotros los Cristianos Originarios honramos así a nuestro Padre eterno el «sábado» orientándonos ese día más a lo interno que a lo externo. De este modo ese día es para nosotros una fuente de energía. No desperdiciaremos nuestra fuerza inútilmente, sino que ese día nos uniremos a la Fuente, que es Dios, para conseguir la esperanza, la fuerza, la confianza y también la alegría para la nueva semana.

Además, los Cristianos Originarios nos alegramos también por nuestras horas libres, en las que podemos hacer algo personal para nosotros mismos, algo que nos dé alegría. Pero evitamos vivir el denominado «strés del tiempo libre», pues sus efectos determinarían la semana siguiente. ¿Qué efectos tendría esto por ejemplo el lunes, que debería ser un día dinámico, un día de actividad?

Nosotros los Cristianos Originarios nos esforzamos en los días libres en estar más tranquilos y orientados, en interiorizarnos más, en recobrar fuerzas, en «llenar nuestro depósito» de fuerza para poder empezar la nuea semana con Cristo, nuestro Redentor, llenos de energía.

En el texto de la Biblia «La buena noticia» el tercer Mandamiento dice así: «No te olvides del día de la tranquilidad. Es un día especial que pertenece al Señor. Seis días a la semana tienes tiempo para hacer tu trabajo. Pero el séptimo día es un día de descanso».

 

Si comparamos los textos de ambas Biblias reconoceremos una vez más que la verdad está en ambos libros, pero descrita con otras palabras. Vemos que no tenemos que aferrarnos a las palabras, sino que tenemos que captar el sentido, y sólo podemos profundizar en él cuando aspiramos a cumplir los Diez Mandamientos y el Sermón de la Montaña viviendo cada vez más según ellos.



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Los Diez Mandamientos de DIOS

«La letra sólo llega a hacerse viva cuando el hombre comienza a cumplir los mandamientos. De ese modo madura y entra, muy paulatinamente, en la ley omniabarcante del amor y de la vida. Sólo quien cumpla los mandamientos con el corazón y en el espíritu del amor, reconocerá la ley omniabarcante y encontrará la verdad, que está dentro del alma del hombre»

Extraído del libro «Ésta es Mi Palabra».
Si lo desea, puede adquirir el libro en la Editorial La Palabra

 

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