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Prólogo



Dios dió los Diez Mandamientos a la humanidad a través de Su siervo Moisés. El pueblo de Israel había sido escogido para traer a la humanidad la salvación, la Ley de Dios vivida, a través de una vida ejemplar. Como los israelitas se enredaron cada vez más en las causas que ellos fueron creando, a pesar de la ayuda y orientación que ofrecían los Mandamientos, el Hijo de Dios encarnó en Jesús de Nazaret. En El se acercó de nuevo a nosotros los hombres el Padre, el Dios del amor, de la bondad, del perdonar y de la misericordia; pues El mostró el camino, que a través del autorreconocimiento y de la purificación de los pecados, y con la realización y cumplimiento de las Leyes de Dios, nos conduce de vuelta al Hogar eterno. Jesús de Nazaret vivió y enseñó este camino. Este camino está resumido en el Sermón de la Montaña, que contiene indicaciones para su realización concreta en la vida diaria. Este ofrecimiento era y es válido para todos los hombres que desean vivir cristianamente.
En nuestro tiempo Cristo nos habla de nuevo a los hombres a través de boca profética. En innumerables manifestaciones y a través de la obra de Su profetisa de enseñanza y mensajera, El profundizó y continúa profundizando los Diez Mandamientos y el Sermón de la Montaña. Así el Espíritu de Dios nos da ayudas para la aplicación de Su enseñanza, nos muestra las causas y las correlaciones espirituales, y nos conduce hacia respuestas, hacia caminos y soluciones en las más diversas situaciones de la vida. De este modo el Espíritu de Dios trae Sus Leyes eternas a nuestra vida de cada día, para que experimentemos cómo se puede pensar y vivir de forma «legítima», es decir, en el Espíritu de Dios.

Todo depende de si lo que reconocemos también lo ponemos en práctica en nuestra vida. Si hacemos lo que Jesús nos enseñó –¡y Jesús habló de hacer!–, creamos un poderoso potencial positivo, es decir de energía divina, y ganamos también intuición y comprensión hacia nuestros semejantes, y al fin y al cabo tolerancia, para dejar a nuestro prójimo el libre albedrío.

 

Este librito, que surgió de los textos de tres programas de radio de «La pequeña Mesa Redonda en Vida Universal», contiene algunas explicaciones importantes sobre los Diez Mandamientos. «Los Diez Mandamientos» son extractos de la Ley de Dios absoluta y perfecta. Esta Ley de Dios es  l a V i d a. La vida, Dios, es en suma la infinita variedad y plenitud del SER. Ella es la vida en cada legitimidad, también en cada Mandamiento, que se desarrolla en nosotros los hombres a través de realización y cumplimiento, a través de nuestra forma de vivir y actuar. Quien lo pueda captar, que lo capte. Quien lo quiera dejar, que lo deje. Quien lo quiera captar, puede comprender cada Mandamiento como un portal hacia la plenitud de la vida, de la vida en Dios, en el Espíritu de Dios.

Si nos sumergimos con nuestra forma de pensar y actuar en la profundidad de la vida, descubriremos que cada Mandamiento está contenido en los otros. Este librito no puede transmitir la experiencia de que todo está contenido en todo; sin embargo da impulsos, indicaciones y ejemplos para aquel que sinceramente quiera vivir de forma cristiana, o sea para el que quiera seguir al Cristo de Dios en la época actual.
Al igual que hace 2000 años, Cristo nos hace conscientes del mandamiento principal: «¡Ama a Dios, tu Padre eterno, sobre todas las cosas, y a tu prójimo como a ti mismo!» En esta legitimidad de la vida interna están contenidos todos los Mandamientos de Dios.

Lo importante en esto es que los Mandamientos –al igual que todas las verdades divinas– no estén sólo en el papel, sino que sean vividos; sólo entonces podremos captar con profundidad la Palabra de Dios, Sus indicaciones para la vida para nosotros los hombres, Sus Mandamientos. Así lo indicó Jesús, el Cristo: «Aquel que escuche estas Mis palabras y las ponga en práctica, es un hombre sabio... »

 

Ninguno de nosotros, Cristianos Originarios, es ya un perfecto «practicante de la Palabra», pero nos esforzamos diariamente en seguir a Cristo, reconociéndonos a nosotros mismos en el día, purificando lo pecaminoso, y no volviéndolo a cometer más; y en vez de ello cumplimos las legitimidades de Dios, que concuerdan con el Mandamiento principal del amor desinteresado, con los Diez Mandamientos y con el Sermón de la Montaña. Hasta que los hombres no cumplan completamente las Leyes de Dios, es decir hagan en todo la voluntad de Dios, de manera que Su Espíritu pueda actuar sin cesar a través de ellos, continuará la lucha diaria. Sucede así que todavía «caemos» en pensamientos, palabras y actos, es decir, que cometemos errores y tomamos decisiones equivocadas. En este caso se trata de no quedarse caído, sino de levantarnos con la ayuda y la fuerza de Cristo y orientarnos de nuevo a Sus leyes. De esta forma continuamos aspirando al cumplimiento y acogemos cada vez más nuestra herencia divina, que es el sentido y finalidad de nuestra vida terrenal. Esto es para nosotros el seguir a Cristo y nuestra vida en el Espíritu de Dios.


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Los Diez Mandamientos de DIOS

«La letra sólo llega a hacerse viva cuando el hombre comienza a cumplir los mandamientos. De ese modo madura y entra, muy paulatinamente, en la ley omniabarcante del amor y de la vida. Sólo quien cumpla los mandamientos con el corazón y en el espíritu del amor, reconocerá la ley omniabarcante y encontrará la verdad, que está dentro del alma del hombre»

Extraído del libro «Ésta es Mi Palabra».
Si lo desea, puede adquirir el libro en la Editorial La Palabra

 

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