
  ¿Basta con solo tener fe? ¿Se puede demostrar la existencia de Dios?

Gabriele, la profetisa y mensajera de Dios para nuestro tiempo, dio explicaciones sobre estas preguntas en la Escuela Cósmica de Vida del 21 de mayo del 2000. Aquí les invitamos a leer un breve extacto:
Nadie de nosotros, puede demostrar la existencia de Dios con palabras, no hay ninguna persona en toda la Tierra que pueda demostrar la existencia de Dios con palabras. Hay una religión que proclama que ya sólo el tener fe trae bienaventuranza. Pero la bienaventuranza es la pureza en el ánimo, la pureza en los pensamientos, la pureza en las obras. Es por tanto la cercanía del gran Amor que es Dios. Así que “sólo el tener fe“ no trae la bienaventuranza.
Yo he podido observar en muchas personas cómo por “sólo tener fe“ en Dios se han vuelto insensibles. Pues la fe sola no trae nada. Si yo digo: “Sí, sí creo“ y sin embargo hago lo que quiero, no podré nunca experimetar a Dios.
Jesús nunca dijo que solo el tener fe trajera bienaventuranza. El habló de obrar. “Pon por obra Mis enseñanzas“ Si cumplimos paso a paso los Mandamientos de Dios y el Sermón de la Montaña, si nos tomamos un poco de tiempo para dejar que los Mandamientos de Dios, así como las enseñanzas de Jesús, que se encuentran en el Sermón de la Montaña actúen en nosotros, entonces sentiremos que percibimos más en las palabras de los Mandamientos y en las palabras del Sermón de la Montaña y que surgen más cosas de nuestro corazón. Comenzaremos a comprender de verdad los Diez Mandamientos de Dios y el Sermón de la Montaña. Y aunque sean pequeños los aspectos que comprendamos, estos pequeños aspectos nos muestran que no es nada difícil seguir a Jesús. El no nos pide que de inmediato seamos absolutamente puros. El espera que demos los pasos hacia El. No que nos “arrastremos corriendo“ hacia El, sino que queramos ir a El paso a paso, ya que somos hijos e hijas de Dios.
Nos hemos de comportar con respeto y dignamente con Dios y acercarnos paso a paso a Jesús llevando también a la práctica en nuestra vida aquello que hayamos reconocido de los Mandamientos y del Sermón de la Montaña. Si todo esto lo aplicamos a lo largo de nuestra existencia, de nuestra vida terrenal, nos volveremos internamente libres. Nuestra forma de comportarnos cambiará muy poco a poco. Nos volveremos más tranquilos. Nos volveremos más seguros. Seremos más benevolentes con nuestro prójimo. Sabremos lo que de verdad necesita e intentaremos ayudarle. Si no quiere nuestra ayuda le dejaremos tranquilo, pero no lo sacaremos de nuestro corazón.
Estos pasos hacia Jesús, el Cristo, nos dan la fuerza para hacernos conscientes de que somos hijos de Dios, hijos e hijas de nuestro Padre eterno. Nuestra forma de actuar será cada vez más seria. La fe se habrá convertido en confianza. Nos habremos confiado a Jesús, el Cristo, y sentiremos en nosotros mismos que nos estamos acercando a El. Se da un cambio total en nuestra forma de pensar y en todo nuestro comportamiento. Una felicidad interna, una seguridad interna, una alegría interna nos hacen sentir que no estamos sólos. Este gran Espíritu del Universo se ha vuelto vivo en nosotros.
De pronto percibimos la naturaleza de un modo diferente. Nos damos cuenta de que cada flor, cada árbol, cada animal tiene un cierto leguaje. Es el lenguaje del Espíritu todopoderoso. Notamos lo que necesitan la naturaleza y los animales. Sentimos en el corazón cómo se encuentra nuestro prójimo, cómo le podemos ayudar y sabemos si le tenemos que decir o hacer algo. Es el gran Espíritu que se acerca a nosotros, que nos guía. Tenemos menos miedos y temores. Sabemos que en nosotros hay una fortaleza; es el Espíritu de Dios, es el gran Amor. Podemos regresar en todo momento a esta fortaleza, repostar en Aquel que nos ama, porque paso a paso vamos hacia El y nuestra forma de actuar y toda nuestra forma de pensar, hablar y obrar ha cambiado. Nos hemos transformado positivamente.
“Sed perfectos, así como perfecto es vuestro Padre en el Cielo“. Este ser perfectos significa dar los pasos hacia Cristo, haciéndonos conscientes de los Mandamientos de Dios y de las enseñanzas de Jesús, tomándonos un momento de tiempo para captar la esencia y dar los pasos, de aquello que hemos reconocido de lo que nos fue dado por Dios. Lo que sucede en nosotros no se lo podemos demostrar a los demás. Los otros tal vez vean que hemos cambiado, que somos como personas completamente diferentes. Y si es un grupo el que sigue los pasos de este gran Espíritu –Jesús el Cristo-, los demás lo notarán en el grupo, en las obras de esta comunidad, pero nadie podrá demostrarlo. La prueba de que Dios existe se encuentra únicamente en nosotros.
El tener sólo fe con el tiempo nos insensibiliza y llena de dudas, sin embargo la fe activa nos da la seguridad de que en nosotros hay una fortaleza; y en cualquier momento podemos entrar en esta fortaleza. En esta fortaleza está el amor que nos da la fuerza para dar los pasos siguientes. Es el gran Espíritu del amor que actúa en Su casa –que somos nosotros, ya que nosotros somos el templo de Dios- y que nos muestra el siguiente paso a dar.
Por tanto no necesitamos iglesias de piedra. Necesitamos a Jesús, el Cristo, y con la buena voluntad de seguirle podremos afrontar lo que sea.
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Este es un pequeño extracto de la Escuela Cósmica de Vida, la Reunión de los que buscan a Dios, que tiene lugar todos los domingos a las 10:00 h. en muchos Lugares de Encuentro Cristiano Originario.
¿Le interesan estos temas? ¿Le gustaría participar en directo de una de estas reuniones? Encontrará más informaciones en: Reuniones de los que buscan a Dios.
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