Experimentar libremente a Dios significa experimentar al Dios libre, porque nosotros somos seres libres en el Espíritu de Dios. Dios no obliga, Dios libera.
Nosotros experimentamos al Dios libre en la naturaleza, en la conversación, en nuestro pensar, y sobre todo en la oración comunitaria.
En este sentido nos reunimos como hermanos y hermanas; también sin sentirnos presionados, porque no existe la condición de socio, sino que cada uno es libre y permanece libre; no presionados tampoco porque no existe ninguna estructura de servicio religioso, sino que cada reunión tiene un transcurso diferente, de manera que podamos experimentar a Dios en común. Por ejemplo escuchamos una meditación y a continuación una oración comunitaria; o pedimos a Cristo por la sanación de nuestra alma. En otra ocasión se exponen pensamientos sobre un tema determinado, o dejamos que una lectura actúe en nosotros; también hay cuentos, poemas con sentido profundo, canciones o música instrumental.