La ORACIÓN activa

La oración activa, la oración llevada a la práctica, nos lleva a alcanzar conscientemente una cierta calidad en nuestra vida y nos resulta de ayuda en las enfermedades, necesidades, golpes del destino, así como en el puesto de trabajo, en conversaciones, en todas las situaciones que el día nos trae. 
La expresión “oración activa” nos indica que nuestra oración ha de volverse viva, poniendo en práctica lo que rezamos; que, por ejemplo, si oramos por un buen día, no hemos de menospreciar más a nuestros compañeros de trabajo, sino que aprenderemos a comprenderlos y en lo posible tener la mejor disposición hacia ellos, también con conversaciones buenas, que traigan unidad.
En una oración activa también se puede pedir por la sanación de uno mismo o de otra persona. Pensamientos que traen sanación son por ejemplo la fe consciente de que en Dios todo es bueno y que Dios, el Eterno, nos regala la fuerza para la sanación. 
Por eso los que oramos hemos de pensar o hablar cada vez menos de la enfermedad, del sufrimiento y de los golpes del destino; en su lugar tendremos pensamientos que reconstituyen, palabras y pensamientos luminosos de oración activa, que haremos fluir hacia nuestro cuerpo o hacia los enfermos, como por ejemplo: Todas las células y órganos, todos los ámbitos del cuerpo que necesiten sanación son traspasados por el manantial de salud del Cristo de Dios, el campo de fuerza de la vida.

Con la ayuda del campo de fuerza divina, nos deberíamos arrepentir de lo que esté en contra de estos pensamientos de salud que nos reconstituyen, como por ejemplo menospreciar al prójimo, también el odio, la envidia, la enemistad o el orgullo personal, purificándolo y no haciéndolo más. 
De ello resulta la oración activa, la fe activa y el estar sano o el sanar mediante la fe.

Los pensamientos positivos, las oraciones activas las dirigimos a través de Cristo hacia el prójimo por quien oramos, pero es decisivo obrar uno mismo en el Espíritu de Jesús, el Cristo. Esto disuelve las desarmonías en nosotros y ayuda también a nuestros semejantes por los que rezamos, para que disuelvan las desarmonías en su cuerpo. 
La oración activa es siempre la fuente de fuerza que nos reconstituye y que también puede ayudar a disolver las tensiones, que equivalen a desarmonías, para así alcanzar la armonía. Armonía es vida, pues Dios es armonía y vida.



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