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El Profeta

La voz de la verdad.
La profetisa de Dios habla en nuestra época actual.

Mayo 2000 año 1 se publica de forma no periódica 15

Lo fundamental en nuestro tiempo
para la reflexión y el autorreconocimiento

 

 

¿Hay dos Dioses universales,
el Dios de Moisés y
el Dios de Jesús –
o es Uno que cambia?

 

¡Los animales claman!
¡El profeta denuncia!

Cuando Yo saqué de Egipto a vuestros padres, no fue de holocaustos
y sacrificios de lo que les hablé y ordené, sino que les di este mandamiento:
Oíd Mi voz y seré vuestro Dios, y vosotros seréis Mi pueblo, y seguid los caminos
que Yo os mando, y os irá bien.
Pero ellos no Me escucharon,
no Me prestaron oído,
y siguieron los consejos y vicios
de su mal corazón,
y Me mostraron la espalda
y no el rostro.

Desde el día que vuestros padres salieron
de Egipto hasta hoy os he enviado
a Mis siervos, los profetas, día tras día
sin cesar, pero no Me escucharon,
no Me prestaron oído,
y endurecieron su cerviz
y obraron peor que sus padres.

(Jeremías 7, 22-28)

 

A decir verdad, ya no queda ni una sombra
de la enseñanza apostólica
en nuestra Iglesia ...
hemos dado lugar a otra enseñanza
y disciplina.
Lo más importante es procurar
que a nadie se le permita leer,
especialmente en
lo que atañe al idioma común,
ni lo más mínimo
del evangelio.
Es suficiente con lo poco
que se lee en la misa.
Todo aquel que examine concienzudamente
lo que suele suceder en las Iglesias,
y lo considere en todos sus detalles, encontrará que nuestra enseñanza
es diferente a la del evangelio,

más aún, que le es diametralmente opuesta.

(Extraido de un informe de tres obispos al Papa Julio III
del libro de Hans-Jürgen Wolf "Los pecados de la Iglesia")

 

 

Indice

Prólogo

La Palabra de Dios anteayer, ayer y hoy; ¿verdad o no?
Dios rehabilita a Moisés a través de otros profetas

La enseñanza de la Iglesia en un callejón sin salida

"No debes...": Dios respeta el libre albedrío de Sus hijos

Jesús de Nazaret luchó a favor de los animales.
Testimonios en "Esta es Mi Palabra"

El espíritu de los Libros de Moisés sopla hoy en las Iglesias.
Paralelismos con las ceremonias sangrientas de la magia del vudú

Jesús estaba en contra de cualquier forma de derramamiento de sangre

"...aquél debe ser eliminado". Matar una conciencia.
O: cómo convertirse en esclavo del poder de los sacerdotes

Ceremonias con sacrificios "tal y como el Señor se lo había mandado a Moisés".
La ley de causa y efecto era conocida en el Antiguo Testamento.
Jesús estaba en contra de sacrificios de animales

El Nuevo Testamento "consuma" el Antiguo y lo "ilumina".
Ambos son la "verdadera Palabra de Dios". Los millones de víctimas de la Iglesia

Martín Lutero: ¿Vida y enseñanza en el espíritu cristiano del amor al prójimo?

"Lo que el hombre hace a otros, se lo hace a sí mismo".
¿Cómo se siente el animal en su situación?
El animal, un objeto de uso y de consumo

El Dios del espíritu de esta época. "Consumación" del Antiguo Testamento
en nuestro tiempo: delitos sexuales de sacerdotes contra niños.
¿Tras las huellas del Nazareno o de las de las autoridades eclesiásticas?

¿"Matar" o "asesinar"?
Jesús cumplió la Ley y profundizó la enseñanza

Instrucciones para llevar a cabo violencia y guerras en el Antiguo Testamento.
Jesús: "Amad a vuestros enemigos". Jesús reprende la hipocresía de los escribas y fariseos

Suntuosidad y ceremonias para la consagración e investidura
de sacerdotes en los Libros de Moisés

El sacrificio de redención que trajo Jesús. "El chivo expiatorio"

Los primeros cristianos originarios no conocían ninguna ceremonia

Pablo de Tarso destruyó el cristianismo originario vivo,
falsificó las enseñanzas de Jesús y estableció el fundamento
para una religión estatal y una Iglesia de culto exteriorizada

Constantino: colaboración entre la Iglesia y el Estado.
Una separación más de la enseñanza de Jesús:
la Iglesia estatal, la religión externa de poder

Las Sagradas Escrituras –el Antiguo y el Nuevo Testamento–
"están inspiradas por el Espíritu Santo"

"Yo, el Señor, no cambio..." Palabras de Dios contra el sacrificio de animales
a través de profetas después de Moisés

En el catecismo de la Iglesia católica:
"Dios confió los animales a la administración del hombre..."

Uso de los animales, pero "sin ser separado del respeto a las exigencias morales".
"No debes amar a los animales"

Lugar que ocupan los animales en la fe luterana-protestante.
"Carne del cordero de Dios"; el carnicero, ¿un sacerdote secular?

El comer carne - ¿una concesión de Dios a la debilidad humana?
¿Comió Jesús carne?

Declaraciones sobre animales en el catecismo luterano-protestante

Jesús de Nazaret sobre el tema de los "animales"
en la Manifestación de Cristo "Esta es Mi Palabra"

Los animales claman. El profeta denuncia

Este es el hombre cruel

 

 

¿Hay dos Dioses universales,
el Dios de Moisés y el Dios de Jesús –
o es Uno que cambia?

 

¡Los animales claman!
¡El profeta denuncia!

 

"Yo, el Señor, no cambio..."

(Malaquías 3, 6)

 

"La vida en Dios no sólo incluye al prójimo, sino también a todas las otras formas de vida, como animales, plantas, minerales y piedras, pues todo lo que es lleva en sí la vida, Dios".

(Esta es Mi Palabra, pág. 801)

 

Prólogo

    Quien lea en el título de esta nueva edición de "El Profeta" el doble tema, seguramente se preguntará qué tiene que ver la pregunta "¿Dos Dioses o un Dios que cambia?" con lo que los animales tienen que sufrir en nuestro tiempo. ¿No se encuentran ambos aspectos de este tema a niveles completamente diferentes?
    Sin embargo, el que investiga las causas del sufrimiento de los animales, que son despreciados, esclavizados y reducidos a objetos de uso y consumo, topará sin más remedio con raíces que están fundamentadas en las prácticas religiosas de épocas antiguas, en el Antiguo Testamento.
    El término "prácticas religiosas" ya da aquí que pensar. Pues religión es el ámbito de la unión con Dios y con lo divino. Pero que esto sea a lo que en aquella época aspiraron y alcanzaron los "practicantes" responsables, hay que ponerlo en duda.

    En lo que usted va a leer a continuación no habla en última instancia sólamente el profeta, a pesar de que en esta ocasión no se trata de un diálogo con un contemporáneo, sino que hablan muchos hechos, muchos testimonios en palabras y también en imágenes. Ellos nos hablan –y el que tenga oídos para oír, que oiga. Ellos dan que pensar –y a quien utilice su entendimiento se le hará la luz. Ellos nos plantean preguntas –y quien tenga un corazón que aún pueda sentir, sentirá el mensaje.

    Lo que él haga luego con el mensaje o si permite que a éste siga una decisión junto con una actuación correspondiente, eso es asunto de cada uno.

 

 

La Palabra de Dios anteayer, ayer y hoy;
¿verdad o no? Dios rehabilita a Moisés
a través de otros profetas

 

    Han pasado 2.000 años desde Jesús de Nazaret. El Hijo de Dios vino a nosotros como hombre, como el Hijo del hombre, para traernos el mensaje de Dios, Su Padre, que es también nuestro Padre. El mensaje que Jesús nos trajo de Dios, Su y nuestro Padre, es el amor.
    El camino hacia el amor comienza con la reconciliación entre los hombres, y entre los hombres, los animales y la Tierra. Unicamente de esta manera el hombre llega a la unidad con Dios y con toda Su creación, incluyendo el universo.
    Dios es el amor. Su ser infinito es por lo tanto amor. Jesús dijo a los hombres que Su Padre y El, Jesús, el Cristo, son uno. Con ello Jesús quería decirle a los hombres que Su mensaje es la verdad que viene de los Cielos, de Dios, Su Padre, que también es el Padre de todos los hombres. Jesús nunca mantuvo distancia alguna entre sí y los hombres, sino que en su calidad de hijos e hijas de Dios los puso como a Sus iguales, expresando palabras del siguiente sentido: Debéis llegar a ser perfectos como lo es vuestro Padre en el Cielo (Mateo 5, 48). El nos dió además la oración que comienza con la frase: Padre nuestro, que estás en los Cielos ...

    Jesús nos dió entre otras la siguiente indicación transcendental que igualmente es transmitida en la Biblia: No penséis que he venido para abolir la Ley o los Profetas; no he venido a abolirla, sino a consumarla … Pasarán cielo y tierra antes que falte una jota o una tilde de la Ley hasta que todo se cumpla. Si, pues, alguno descuidase uno de esos preceptos menores y enseñare así a los hombres, será tenido por el menor en el reino de los cielos; pero el que practicare y enseñare, éste será tenido por grande en el reino de los cielos (Mateo 5, 17-19).

    Jesús habló con estas, Sus palabras, de la Ley eterna, y con ello del Dios eterno invariable. Con ello expresó, sin dar cabida a equívocos, que los profetas enviados por Dios hablaron legítimamente, o sea la verdad, que es Dios, que anunciaron por medio de la palabra profética.

    Quien compara los "libros de Moisés" del Antiguo Testamento con las enseñanzas de Jesús, se planteará muy pronto la pregunta: ¿Habló Jesús legítimamente, también cuando dijo que El cumpliría la palabra de los profetas? ¿O aquello que se puede leer en Moisés es la verdad? ¿Y cómo es en este sentido con los profetas que vinieron después de Moisés? El contenido de sus declaraciones fue en muchos casos muy diferente a las palabras transmitidas por Moisés; en parte decían lo contrario. ¿O es que a través de los profetas de la Antigua Alianza hablaron diferentes deidades? Las diferencias entre las declaraciones e indicaciones de los profetas nos hacen llegar a la conclusión de que hay varios dioses. Y por otra parte Jesús nos enseñó un Dios diferente al "Dios" que, por ejemplo, habló a través de "Moisés".

    Quien ahora piense que las iglesias "cristianas" podrían tener una respuesta convincente y que además le podrían ayudar a alcanzar claridad y seguridad en toda esta confusión e inseguridad, sufrirá una decepción: ellas nos aclaran más o menos que cada palabra de la Biblia es la verdad de Dios, de lo cual se deduce que lo que Dios habló a través de Moisés se encuentra en la Biblia en su forma auténtica. Según ello, Dios ordenó, entre otras cosas, matar animales en sacrificios sangrientos y crueles para ofrecérselos a El. El, el Señor, habría escogido a determinadas personas, los sacerdotes, para que llevaran a cabo los actos de sacrificio en rituales detallados y ya prescritos, "tal y como el Señor se lo ordenó a Moisés".
    Si seguimos las enseñanzas de las Iglesias, esto sería entonces la verdad.
    ¿Pero cómo es ahora con los otros profetas del Antiguo Testamento, como por ejemplo Amos, Isaías, Jeremías y muchos otros, a través de los cuales Dios habló en contra de sacrificios de fuego, de matanza y similares? Jesús, el profeta más grande de todos los tiempos, también se manifestó contra las declaraciones e indicaciones que supuestamente Dios habría anunciado a través del profeta Moisés.
    La contradicción que está contenida en estas diferentes "declaraciones de Dios" es evidente. ¿Es que entonces ambas cosas deberían ser verdad, según lo afirma la doctrina de la Iglesia?

    Observemos una vez más las diferentes imágenes de Dios:
    Jesús nos enseñó el Dios de los Diez Mandamientos, que es un Dios bondadoso y sabio, un Dios del amor y de la reconciliación, un Creador que está a favor de la vida de los animales y de toda la naturaleza.
    El "Dios" de los Libros de Moisés sería en comparación un Dios duro, cruel y brutal, que impone castigos duros a los hombres, incluso les castiga con la muerte, pero que sobre todo permite que el mundo animal sea torturado y masacrado de forma indecible, para poder calmarse con el humo de los sacrificios. ¿Se puso por consiguiente el "Dios" de los Libros de Moisés en el Antiguo Testamento con sus instrucciones sobre prácticas crueles por encima del Dios de los Diez Mandamientos?
    Una y otra vez nos encontramos ante la pregunta: ¿es el Dios del Antiguo Testamento –principalmente el Dios de los "Libros de Moisés"– un Dios diferente al del Nuevo Testamento? Si es el mismo y único Dios, o bien el Antiguo Testamento tiene que haber sido falsificado –especialmente los "Libros de Moisés", o Jesús no ha dicho la verdad. ¿O es que acaso Dios cambia?
    En su edición número 13 de Abril de 1998, El Profeta trató esta pregunta en un diálogo con un experto en teología católica y con otro en teología protestante-luterana. Esta pregunta será retomada aquí de nuevo, pero en especial relación con el sacrificio de animales.

Los primeros cristianos originarios no se preocupaban de semejantes preguntas. Para ellos estaba claro que la palabra, la enseñanza, el mensaje y la vida de Jesús, el Hijo de Dios, el Cristo, era la palabra auténtica de Dios, que corresponde a la voluntad de Dios para hombres y almas y con ello tenía que servir de medida para aquello que en otras partes y en otras épocas había sido y sería presentado como la Palabra de Dios.
    Nosotros los hombres no tendríamos ahora ninguna necesidad de reflexionar sobre "la Palabra de Dios ayer y hoy - ¿verdad o no?", sí, incluso ni siquiera habría sido necesario que Dios tuviera que enviar una vez más a un profeta de enseñanza a la Tierra, si –es decir, si– el desarrollo del cristianismo originario hubiese continuado orientándose hacia Jesús, el Cristo. Sin embargo no se derarrolló así por mucho tiempo, con el resultado de que el mal espíritu atribuido a Moisés, y que Jesús corrigió de muchas formas, aún hoy puede seguir actuando, incluso de forma mucho más penetrante, masiva y "global" de lo que les es consciente a muchos. No obstante, aquello que al hombre no le es consciente, puede influirle y manipularle.

    Dios es amor, bondad y mansedumbre. El no necesita ser apaciguado con costumbres crueles y paganas.
    ¿Como se llegó, pues, a las declaraciones e instrucciones en el Libro de Moisés? ¿Quién podría tener interés en atribuirle a Moisés la ordenanza de costumbres sangrientas y paganas? Es Dios mismo quien da la respuesta. El habló un tiempo más tarde a través del profeta Jeremías:

    Cuando Yo saqué de Egipto a vuestros padres, no fue de holocausto y sacrificios de lo que les hablé y ordené, sino que les dí este mandamiento: Oíd Mi voz y seré vuestro Dios, y vosotros seréis Mi pueblo, y seguid los caminos que Yo os mando, y os irá bien.
    Pero ellos no Me escucharon, no Me prestaron oído, y siguieron los consejos y vicios de su mal corazón, y Me mostraron la espalda y no el rostro. Desde el día que vuestros padres salieron de Egipto hasta hoy os he enviado a Mis siervos, los profetas, día tras día sin cesar, pero no Me escucharon, no me prestaron oído, y endurecieron su cerviz y obraron peor que sus padres.
    Dirás todo esto, y no escucharán; los llamarás, y no te responderán. Díles, pues: Es una nación que no oye la voz del Señor, su Dios; que no acepta corrección. Ha perecido la fidelidad y ha desaparecido de su boca (Jeremías 7, 22-28).

    Por consiguiente Dios ha puesto al descubierto a través de Jeremías la falsedad de los "Libros de Moisés" y con ello ha rehabilitado al profeta Moisés.
    Moisés ha sido igualmente rehabilitado en nuestro tiempo, por un lado por medio de las investigaciones bíblicas modernas, que demuestran que la palabra de Dios por boca de Moisés, tal y como se encuentra en el Antiguo Testamento, no es auténtica, y que el texto más bien fue intencionadamente corregido y "redactado" muchas veces. Grandes partes de la "versión final" transmitida en la Biblia las atribuyen los científicos de forma unánime a los sacerdotes.
    Pero no es sólo esto lo que habla a favor de Moisés. La "Instancia" más elevada, la Inteligencia originaria, la Sabiduría y Justicia divinas, el Espíritu del Cristo de Dios, en la grandiosa obra manifestada "Esta es Mi Palabra. Alfa y Omega. El Evangelio de Jesús. El libro que ya conocen todos los verdaderos cristianos en todo el mundo", que nos regaló el Cristo de Dios a través de Su profetisa del tiempo actual, da un testimonio evidente y aclarador de Moisés con las siguientes palabras:

    Moisés ni ordenó el sacrificio de animales ni lo aprobó. Sin embargo, no interfirió en la voluntad satánica de los que querían comer carne. Les instruyó y enseñó que tanto el consumo como el sacrificio de animales es pecado. Sin embargo, como los obstinados israelitas insistieron en ello, Moisés tuvo que callar, pues también los israelitas eran hijos de Dios y tenían el libre albedrío. Veían todo sólo desde su pecado, y por eso consideraron el callar de Moisés como asentimiento (pág. 591).

    El Espíritu de Dios corrobora en repetidas ocasiones en Su gran manifestación que Moisés era un siervo fiel de Dios y que transmitió la Palabra de Dios a los hombres de su tiempo de forma fidedigna. Por ello Dios rehabilita a Moisés de nuevo.
    Quien lea con el corazón las palabras de Dios a través de Jeremías, llegará al convencimiento de que los "Libros de Moisés" tienen que ser los libros de los sacerdotes de aquel tiempo, quienes atribuyeron a Moisés sus ideas y su culto pagano cruel y asesino. Según parece, los sacerdotes querían seguir ejerciendo lo que había quedado del antiguo paganismo y que los israelitas habían llevado consigo a su esclavitud en Egipto.

 

 

La enseñanza de la Iglesia en un
callejón sin salida

 

    La pregunta del título de esta edición de El Profeta: "Dos Dioses universales, el Dios de Moisés y el Dios de Jesús -¿o es Uno que cambia?", en realidad ya ha sido respondida. Dios mismo lo dice claramente a través del profeta Malaquías: Yo, el Señor, no cambio... (Malaquías 3, 6).

    De ello resulta, después de lo que hasta ahora ha sido dicho, que el sentido de la declaración de la Iglesia, que dice: La Biblia es en todas sus partes la palabra directa y verdadera de Dios... tiene que ser falsa.
    En las amplias aclaraciones que seguirán a continuación, brilla ahora la luz de la verdad –igual que a través de las distintas facetas de un cristal tallado– en esta mezcolanza impenetrable de verdad y mentira que ha traído confusión a tantas mentes, desconsuelo a tantos corazones, que ha causado desesperanza y el sentirse perdido, y ha contribuido de forma decisiva al desarrollo que al final ha conducido al mecanismo de presión y mentira, que se autodenomina "Iglesia cristiana".

    La Verdad os hará libres (Juan 8, 32), dijo Jesús de Nazaret. La Palabra de Dios siempre ha sido la luz de la verdad que El ha dado a través de los mensajeros de luz de los Cielos a los hombres, para que éstos se puedan liberar de sus cargas, de la esclavitud interna y externa, de la atadura y opresión. Desde siempre el adversario de Dios fue el enemigo de la verdad y de lo bueno. El siempre se esforzó y se esfuerza en oscurecer la luz. Para ello cualquier método es bueno, y el abusar del nombre de Dios y del nombre de Jesús, el Cristo, se muestra como uno de los métodos más refinados –hoy diríamos: psicológicamente efectivos-, para envenenar los corazones de los creyentes y devotos de Dios, para atar sus almas y permitir la entrada de la mentira y el engaño, de lo no divino.

 

 

"No debes...": Dios respeta
el libre albedrío de Sus hijos

 

    Dios, la Verdad y la Luz, es invariable. Esto lo enseñó Jesús, el Cristo, una y otra vez. También en los Diez Mandamientos, que Dios dió a la humanidad a través de Moisés, vemos el Dios que nos trajo Jesús, el Cristo, y que no dijo nada de todo aquello que supuestamente ordenó el "Dios" de los "Libros de Moisés".
    Dios deja en los Diez Mandamientos la libertad a cada uno para cumplir Sus Mandamientos, o para no seguirlos. Dios no obliga. Dios dice: "Tú debes". Por el contrario, en los "Libros de Moisés", aquel "Dios del Antiguo Testamento" dió instrucciones obligatorias. El no respetó el libre albedrío de Sus hijos. En los Diez Mandamientos Dios no nos enseña a los hombres ni crueldad ni crimen, tampoco el matar a personas ni el degollar animales. Si Dios, el Eterno, hubiese ordenado todo lo que se encuentra en los "Libros de Moisés", habría pecado contra Sus propios Mandamientos y sería, por consiguiente, un Dios pecador.
    Alguno podría alegar ahora que el matar está permitido y sólo el asesinar no, pues el "No matarás", según reflexiones actuales de la ciencia de la teología, significa ahora "No asesinarás". De igual modo fueron cambiados los Diez Mandamientos en la llamada Biblia de la Nueva Jerusalén, edición en alemán de 1985. Si esto fuese así, Jesús le hubiese dado a un joven una respuesta errónea, cuando éste Le preguntó: Maestro, ¿qué obra buena he de realizar para alcanzar la vida eterna? Jesús respondió al joven (en la misma edición de la Biblia): ¿Por qué me preguntas sobre lo bueno? Uno sólo es bueno: si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos. Díjole él: ¿cuáles? Jesús respondió: No debes matar, no debes cometer adulterio, no debes robar, no debes levantar falso testimonio; honra a tu padre y a tu madre y ama a tu prójimo como a ti mismo (Mateo 19, 17-19).
    O sea, que Jesús dijo: "Guarda los mandamientos" y advirtió al joven: "No debes matar." Jesús no dijo: "No debes asesinar". Tampoco dijo: "Sólo debes matar en casos de excepción".

 

 

Jesús de Nazaret luchó a favor de los animales.
Testimonios en "Esta es Mi Palabra"

 

    Jesús tampoco hizo ninguna diferencia entre hombre y animal, pues el Mandamiento decía y dice: "No debes matar". Esta es una indicación general con el significado: No debemos matar ni a personas ni a animales.
    En Esta es Mi Palabra leemos, entre otras cosas, lo que Cristo dijo y enseñó a los hombres de Su tiempo, cuando El estuvo en esta Tierra, también en relación con el trato hacia los animales.

    Siendo Jesús de Nazaret hablé a muchos hombres acerca de la ley de la vida; así también acerca de los animales, los cuales, de forma similar a los hombres, sienten dolor, sufrimiento y alegría. De la misma manera que el hombre no debe estar en contra, sino a favor de su prójimo, también debe estar a favor de los animales y asumir responsabilidad para con ellos, pues ellos sirven al hombre.
    Una y otra vez enseñé a los hombres que también los animales son criaturas de Dios, que el hombre no debe menospreciar, sino amar. Quien les pegue y torture, experimentará algún día en su alma y en su cuerpo algo igual o parecido; pues lo que el hombre hace a sus semejantes y a las criaturas, los animales, se lo está haciendo a sí mismo (pág. 429).

    La Biblia cuenta que durante la "multiplicación de los panes", además de éstos Jesús también repartió peces para que comiesen los que se habían reunido. En el evangelio de Marcos podemos leer: El, tomando los cinco panes y los dos peces, alzando los ojos al cielo, bendijo y partió los panes y se los entregó a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Y también los dos peces los hizo repartir entre todos (Marcos 6, 41).

    ¿No son los peces también animales?, puede que se pregunte alguno. En Esta es Mi Palabra leemos lo que realmente ocrrió:

    Mis discípulos Me trajeron panes y uvas para su multiplicación. Ese día también Me fueron entregados peces muertos para su multiplicación. Cuando tomé en Mis manos esta sustancia muerta, expliqué a los hombres que de ella el potencial de fuerza de Mi Padre, la elevada fuerza vital, se había retirado en gran medida, y que Yo no creo peces vivos para que a su vez sean matados.
    Expliqué a los hombres que la vida está en todas las formas de vida y que el hombre no debe matarla intencionadamente. Los hombres, especialmente los niños, Me miraron con tristeza. No Me podían entender, pues vivían mayormente de peces, pan y pocas cosas más. Entonces les hablé en el sentido siguiente: las energías de la Tierra hacen que los peces muertos todavía mantengan su cohesión. Así que no os regalaré peces vivos provenientes del Espíritu del Padre, sino que os crearé peces que están muertos, o sea pobres en vibración, provenientes de la energía de la Tierra. Nunca llevarán vida, y no podrán ser matados. Quiero mostraros cómo sabe lo que está vivo –pan y frutos-, en comparación con el alimento muerto.
    Y creé para ellos peces –a partir de las energías de la Tierra– que llevaban poca sustancia espiritual. Les di los peces muertos y les mandé comer al mismo tiempo el pan y los frutos, para que notaran la diferencia entre alimento vivo y muerto, entre alimentos de vibración alta y de vibración baja.
    De éste y de parecido modo instruí a los hombres (pág. 379-380).

    Así vemos cuán prudente, comprensiva y cuidadosamente hablaba Jesús a Sus semejantes y les acercaba las leyes de Dios de forma comprensible en una situación concreta.
    En Esta es Mi Palabra Cristo nos da también las siguientes indicaciones:
    Quien ame a su prójimo desinteresadamente, no le hará violencia ni lo matará. Y quien ame desinteresadamente a su prójimo, tampoco matará intencionadamente a animales. Quien respeta a hombres y a animales, tampoco tiene intenciones belicosas, porque respeta las leyes de Dios, a las cuales también pertenecen las leyes de la naturaleza. Quien se esfuerce en cumplir las leyes de Dios, se abstendrá cada vez más de la alimentación cárnica y aceptará agradecido los dones de la tierra –es decir, aquel alimento que viene de Dios para Sus hijos humanos (pág. 475).
    Cristo luchó a favor de los animales donde Le fue posible. El que en la Biblia no haya nada más al respecto no sorprende, pues no formaba parte de los intereses de los sacerdotes el enseñar al pueblo en el sentido de Jesús de Nazaret, sino en su sentido, en el sentido de la Iglesia que aspira al poder terrenal. Por ello, el aspecto relacionado con el "animal" no fue recogido en el Nuevo Testamento de las "Sagradas Escrituras", como tampoco lo fue el mandamiento de Jesús de abstenerse de tomar alimentos cárnicos.
    Sigamos leyendo cómo Jesús reaccionó ante el sufrimiento de los animales en Esta es Mi Palabra:

    1. Aconteció que el Señor salió de la ciudad, e iba por la montaña con Sus discípulos. Y llegaron a un monte de caminos muy escarpados. Allí encontraron a un hombre con un animal de carga.
    2. El caballo se había desplomado a causa de la sobrecarga, y el hombre lo golpeaba hasta hacerle sangrar. Y Jesús se le acercó y dijo: "tú, hijo de la crueldad, ¿por qué golpeas a tu animal? ¿No ves acaso que es demasiado débil para su carga, y no sabes que sufre?"
    3. Pero el hombre respondió: "¿qué tienes que ver Tú con esto? Puedo golpear a mi animal cuanto me plazca; pues me pertenece y lo compré por una buena suma de dinero. Pregunta a los que están contigo, pues son de mi vecindario y lo saben".
    4. Y algunos de los discípulos respondieron diciendo: "sí, Señor, es tal como dice; estábamos presentes mientras compraba el caballo". Y el Señor respondió:"¿no veis acaso cómo sangra y no oís cómo gime y se lamenta?" Pero ellos respondieron diciendo: "¡No, Señor, no oímos que gima y se lamente!"...
    5. Y el Señor se entristeció y dijo: "¡ay de vosotros, que por la insensibilidad de vuestro corazón no oís cómo se lamenta y clama piedad al Creador celestial, y tres veces ay de aquel contra el que clama y se lamenta en su tortura!"
    6. Se acercó y tocó al caballo, y el animal se levantó, y sus heridas estaban curadas. Dijo al hombre: "prosigue ahora tu camino y en adelante no lo golpees más, si es que también esperas hallar piedad" (pág. 205-211).

    Jesús no solamente llevaba en su corazón a los hombres y animales, sino a toda la naturaleza. El estaba unido con todas las formas de la Creación, también con los astros y las fuerzas elementales. Nos ha sido transmitido que la tormenta Le obedeció y que el agua Le permitió que El caminase sobre ella. Tal y como El, siendo Jesús, instruía a Sus hermanos y hermanas, así también nos instruye hoy, por ejemplo en Esta es Mi Palabra:

    ¡Respetad, valorad y honrad la fuerza creadora en todo lo que es! Ved: todo lo que es fuerza y luz, lo lleva cada hombre en lo más interno de su alma. El cuerpo espiritual del hombre es la sustancia de todo lo que es, porque Dios, el Padre eterno, ha dado todo como esencia, como herencia, a cada uno de Sus hijos. En todas las formas de vida está el Espíritu eterno, y fluye también desde todas las formas de vida.
    Cuando el hombre ha llegado a ser conscientemente hijo de Dios, la omnipotencia de Dios le sirve a través de todas las formas de vida; a través de la piedra, la madera, el fuego y el agua, a través de las flores, las hierbas, las plantas y los animales. Todos los astros sirven al que vive en Mí, el Espíritu de la verdad. Cuando la fuerza creadora puede traspasar a la criatura, porque su alma está llena de luz y de fuerza, ella vuelve a ser conscientemente el hijo o la hija del infinito y ha vuelto a retomar la herencia, la fuerza universal.
    Cada día terrenal es un regalo al hombre, para que en él se reconozca y se encuentre a sí mismo. Los reinos de la naturaleza se ofrecen al hombre. Fuego y agua le sirven, y también los astros día y noche. ¡Ved cuán rico es el día para cada cual! (Pág. 184).

    Antes de que pasemos a los textos de los Libros de Moisés, veamos otro acontecimiento en la vida de Jesús de Nazaret transmitido en Esta es Mi Palabra:

    1. Y yendo Jesús hacia Jericó, se encontró con un hombre con palomas jóvenes y una jaula llena de pájaros que había capturado. Y vio la aflicción de éstos por haber perdido su libertad, además de sufrir hambre y sed.
    2. Y dijo al hombre: "¿qué haces con ellos?" Y el hombre respondió: "vivo de la venta de los pájaros que capturo".
    3. Y Jesús le dijo: "¿qué pensarías si alguien más fuerte o más astuto que tú te atrapara y encadenara a ti, o a tu mujer o a tus hijos, y te arrojara en prisión para venderte en su propio provecho y para ganarse con ello su sustento?
    4. ¿No son estas criaturas tu prójimo, sólo que más débiles que tú? ¿Y no cuida el mismo Dios, Padre y Madre, de ellos, lo mismo que de ti? Deja en libertad a estos tus pequeños hermanos y hermanas y procura no hacer tal cosa nunca más, sino gana honradamente tu pan".
    5. Y se maravillaba el hombre de estas palabras y de Su poder, y dejó a los pájaros en libertad. Al verse libres volaron hacia Jesús y se posaron en Sus hombros y Le cantaban.
    6. Y el hombre continuó preguntando acerca de Su enseñanza, y siguió su camino, aprendiendo el oficio de canastero. Con su trabajo ganó su pan y rompió sus jaulas y trampas y se hizo discípulo de Jesús (pág. 494-495).

 

 

El espíritu de los Libros de Moisés
sopla hoy en las Iglesias.
Paralelismos con las ceremonias sangrientas
de la magia del vudú.

 

    Jesús vino, como El dijo, para cumplir la Ley de Dios. El lo hizo con Su vida y Sus obras. Y El enseñó cómo nosotros los hombres podemos cumplir la Ley de los Cielos en cada paso de la vida diaria; el testimonio esencial de ello es Su Sermón de la Montaña.
    Antes de pasar a la pregunta de cómo fue posible que el verdadero camino cristiano, el camino del seguimiento de Jesús, no fuese recorrido por muchos de los así llamados cristianos, volvamos una vez más a los Libros de Moisés. Las enseñanzas e instrucciones registradas en ellos, así como el sistema de poder religioso-social, siguieron teniendo vigor hasta que Cristo en Jesús viniera a esta Tierra, a pesar de que Dios había enviado una y otra vez a Sus mensajeros, los profetas, para aclarar al pueblo y moverlo hacia la fe y vida verdaderas. La ceguera y la carga de los hombres que resultó de ello, fue una de las mayores razones del por qué Jesús no fue acogido ni aceptado por Sus contemporáneos y del por qué tuvo que recorrer el camino hacia el Gólgota. Además, también después de Su muerte física, a los primeros cristianos originarios pronto se les unieron corrientes contrarias a la Ley de Dios que finalmente se impusieron.
    El nuevo cristianismo, que por cierto se hacía llamar así, tomando el nombre de Cristo, pero no estaba con Cristo, se muestra así de forma diferente a la vida religiosa y social descrita en los Libros de Moisés. ¿Pero cómo son las raíces? Estas siempre traen frutos de igual naturaleza, con el mismo contenido. Y Jesús dijo: "Por sus frutos los reconoceréis".

    Qué espíritu sopla en las ceremonias, que se pueden leer en los Libros de Moisés, lo podemos extraer de la siguiente cita del tercer libro de Moisés, el Levítico:

    Si su ofrenda es de holocausto de ganado mayor, será de un macho inmaculado; lo traerá a la puerta del tabernáculo del testimonio, para que sea grato al Señor; pondrá su mano sobre la cabeza de la víctima, y será aceptada ésta para expiación suya, e inmolará la res ante el Señor. Los sacerdotes, hijos de Arón, llevarán la sangre y la derramarán en torno del altar que está a la entrada del tabernáculo de la reunión. Desollará el holocausto y lo descuartizará. Los hijos del sacerdote Arón pondrán fuego en el altar y dispondrán la leña sobre el fuego, y ordenarán sobre ella los trozos con la cabeza y el redaño sobre la leña que arde en el altar, las entrañas y las patas, lavadas antes en agua, y todo lo quemará el sacerdote sobre el altar. Es holocausto, ofrenda encendida de suave olor para el Señor.
    Si la ofrenda es de ganado menor, holocausto de oveja o cabra, ofrecerá un macho inmaculado, y lo inmolará al lado del altar que mira al norte ante el Señor; y los sacerdotes, hijos de Arón, derramarán la sangre en torno al altar. Lo descuartizarán, y con la cabeza y el sebo lo dispondrá el sacerdote sobre la leña encendida del altar. Las entrañas y las patas se lavarán en agua, y todo lo quemará el sacerdote sobre el altar. Es holocausto, ofrenda encendida de suave olor para el Señor.
    Si la ofrenda al Señor fuere un holocausto de aves, ofrecerá tórtolas o pichones. El sacerdote llevará la víctima al altar, y quitándole la cabeza, la quemará en el altar; la sangre la dejará correr sobre un lado del altar; los intestinos con sus excrementos los tirará junto al altar, al lado de oriente, en el lugar donde se echa la ceniza. Le romperá las alas, y sin separarlas del todo, el sacerdote la quemará sobre la leña encendida en el altar. Es holocausto, ofrenda encendida de suave olor para el Señor (1, 3-17).

    "De suave olor para el Señor". ¿Por qué habría que calmar al Señor con el así llamado "suave olor", que seguramente no era ningún olor agradable, sino más bien un hedor? Según las enseñanzas de Jesús, Dios es el amor, la reconciliación, la compasión y la bondad, el equilibrio en todas las cosas. ¿Por qué debe ser, pues, tranquilizado? Como bien es conocido, los así llamados animales salvajes –nosotros los denominamos a menudo bestias- son tranquilizados con trozos de carne o son conducidos así hacia una trampa. ¿Se pensaba acaso o se quería dar la impresión, de que Dios, el Absoluto eternamente existente, puede ser manipulado, como a menudo lo podemos ser nosotros los hombres, o como se piensa en manipular a otros? Un intento semejante da testimonio de lejanía de Dios.
    Dios no tiene debilidades. Por ello tampoco se Le puede manipular.
    En el tercer libro de Moisés, el Levítico, seguimos leyendo:

    Quien ofrezca al Señor una oblación de ofrenda incruenta, su oblación será de flor de harina, sobre la cual habrá derramado aceite y pondrá incienso. La llevará a los sacerdotes, los hijos de Arón, quienes, tomando un puñado de la harina con aceite y todo el incienso, la quemarán sobre el altar, como combustión, en memoria, en olor suave para el Señor.
    Lo que resta de la oblación será, para Arón y sus hijos, cosa santísima de las combustiones del Señor (2, 1-3).

    Lo que resta de la oblación, que era para Arón y sus hijos, era seguramente la mejor parte. ¿Es hoy diferente? Los más pobres comen de las migajas que caen de la mesa de los ricos, entre los que se pueden contar también a los "altos dignatarios" de la Iglesia.
    Lo "sagrado", incluso lo "santísimo" le correspondía a los sacerdotes. ¿Lo había ordenado Dios, por ejemplo a través de Moisés? Ellos mismos se otorgaron el mérito de lo "sagrado", y esto incluso de forma hereditaria, sin tener que considerar el "merecimiento" de cada uno.
    En el Levítico seguimos leyendo:

    Quien ofreciere un sacrificio pacífico, si lo ofrece de ganado mayor, macho o hembra, sin defecto lo ofrecerá al Señor. Pondrá la mano sobre la cabeza de la víctima y la degollará a la entrada del tabernáculo de la reunión; y los sacerdotes, hijos de Arón, derramarán la sangre en torno del altar. De este sacrificio pacífico ofrecerá al Señor en combustión el sebo que envuelve las entrañas y cuanto hay sobre ellas, los dos riñones, con el sebo que los recubre y el que hay entre los riñones y los lomos, y el que hay en el hígado sobre los riñones, y lo quemarán los hijos de Arón en el altar, encima del holocausto puesto sobre la leña encendida. Es sacrificio de combustión de suave olor para el Señor.
    Si lo que ofrece es ganado menor, macho o hembra, en sacrificio pacífico al Señor, lo ofrecerá inmaculado. Si es cordero, lo presentará ante el Señor, pondrá su mano sobre la cabeza de la víctima, y la degollará ante el tabernáculo de la reunión. Los hijos de Arón derramarán la sangre en torno del altar. De este sacrificio pacífico ofrecerán al Señor en combustión la cola toda entera, que se cortará desde la rabadilla; el sebo que envuelve las entrañas y cuanto hay sobre ellas, los dos riñones, el sebo que los recubre y el que hay entre ellos y los lomos, y la redecilla del hígado sobre los riñones. El sacerdote lo quemará sobre el altar. Es alimento de combustión para el Señor.
    Si ofreciere una cabra, la presentará al Señor, pondrá su mano sobre la cabeza de la víctima y la degollará a la entrada del tabernáculo de la reunión, y los hijos de Arón derramarán la sangre en torno al altar (3, 1-13).
    Con semejantes instrucciones para llevar a cabo ceremonias sangrientas y otras parecidas, con carácter de magia, uno piensa automáticamente en magia de vudú. En el diccionario encontramos sobre magia de vudú lo siguiente: Culto secreto mágico-religioso sincrético en la isla de Haití, procedente del Oeste de Africa y combinado con elementos católicos. En la enciclopedia alemana de Meyers leemos: Nombre de un culto secreto sincrético extendido sobre la isla de Haití, en el que tienen una especial importancia danzas de éxtasis que deben conducir a los participantes a la identificación con las deidades.
Si la magia vudú está combinada con elementos católicos, seguramente que este "enriquecimiento" del culto no ha ocurrido por casualidad. ¿Impera aquí posiblemente la ley de la atracción de cosas iguales? De este modo, los que pagan impuestos a la Iglesia deberían pensar para qué los están pagando.

    En el Levítico podemos leer:

    La piel del novillo, sus carnes, la cabeza, las piernas, las entrañas y los excrementos, lo llevará todo fuera del campamento a un lugar puro, donde se tiran las cenizas, y lo quemará sobre leña. Se quemará en el lugar donde se tiran las cenizas (4, 11-12).
    O sea que aquí se nos dice lo que es un "lugar puro".
    Quien desee seguir leyendo otras historias macabras de la tradición pagana más oscura, puede echarle una mirada a lo siguiente:

    Si uno pecare, oyendo a otro imprecar, y siendo testigo de la imprecación, porque lo vio, o de otro modo lo conoció, y sin embargo no lo denunció, contrayendo así culpa, o si tocare sin darse cuenta algo impuro, sea el cadáver impuro de una bestia, sea el cadáver impuro de un reptil, haciéndose impuro él mismo y contrayendo culpa; o tocare sin darse cuenta cualquier impureza humana, dándose cuenta de ello después, contrayendo así culpa; o vanamente jurare de ligero hacer algo, de mal o bien, de lo que uno suele jurar vanamente, sin darse cuenta, y cae después en ella: el que de uno de estos modos incurre en culpa, por la culpa de uno de estos modos contraída confesará su pecado, y ofrecerá al Señor por su pecado una hembra de ganado menor, oveja o cabra, y el sacerdote le expiará de su pecado.
    Si no pudiese ofrecer una res, ofrecerá al Señor dos tórtolas o dos pichones, uno por el pecado y otro en holocausto, y los llevará al sacerdote, que ofrecerá primero el que es por el pecado, quitándole la cabeza sin separarla del todo, y haciendo con la sangre la aspersión de un lado del altar, dejando que el resto fluya al pie del altar; es sacrificio por el pecado (Levítico 5, 1-9).

 

 

Jesús estaba en contra de cualquier
forma de derramamiento de sangre

 

    Jesús nunca habría derramado sangre o lo hubiese aprobado. La frase El que haga uso de la espada, por la espada perecerá (Mateo 26, 52) también se refiere al delito contra el reino animal y contra toda la naturaleza, y no tiene por qué ser el matar con la espada. Existen muchos niveles de falta de amor. Los animales sienten de forma muy fina, mientras que las emociones del hombre son en muchas ocasiones toscas y torpes.
    Nada ni nadie "nos puede liberar de un pecado", sino nuestro Redentor Cristo, cuya fuerza y luz redentoras han tomado morada en nosotros. La condición para que El pueda llevar a cabo la redención de alguna culpa en nuestra alma es que nos arrepintamos de nuestro sentir, pensar, hablar y actuar faltos de amor, que pidamos perdón en nuestro interior a nuestro prójimo o a nuestro prójimo animal contra el que hayamos pecado, por nuestra parte también le perdonemos por lo que nos haya podido ocasionar, nos empeñemos en reparar el mal hecho, mientras esto sea posible, y aquello que hayamos reconocido de malo en nosotros no lo volvamos a hacer más. Sólo entonces nos perdonará también Dios, así como rezamos desde hace casi 2.000 años en el Padrenuestro: Perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores...
   No sólo un sacrificio de animales añade más culpa a las nuestras ya existentes, sino todo aquello que de modo visible o no visible sale de nosotros de maldad, de falta de aprecio o de rechazo, de crueldad, pero también de falta de comprensión, falta de consideración o indiferencia. Esto es válido para la humanidad así como para cada uno en particular.

    Cristo está en contra de cualquier forma de derramamiento de sangre. Cuando Cristo, quien se manifiesta de nuevo a la humanidad por medio de la palabra profética, habla sobre sacrificio de animales, también sobre experimentos con animales y otros delitos de la ciencia contra la sabia Creación de Dios, emplea a menudo la palabra "atrocidad".
    Nosotros los hombres debemos considerar a nuestro prójimo animal como a nuestros hermanos y hermanas animales los que –a pesar de que no se hicieron culpables ante la Ley, Dios, como se hicieron los seres de la Caída-, también bajaron a las profundidades para que nosotros los hombres nos alegremos de la vida de la naturaleza y estemos unidos a ella en amor. La naturaleza quiere servir a los hombres. Ella no quiere ser torturada, martirizada y asesinada para luego ser preparada para la comida de caníbales.

El hombre, quien en lo más interno es un ser proveniente de Dios, se muestra en muchas ocasiones como un ser de la crueldad.

 

 

"... aquél debe ser eliminado".
Matar una conciencia. O: cómo convertirse en esclavo
del poder de los sacerdotes

 

    Lo que sigue a continuación también lo dice el "Dios" de los "Libros de Moisés" contra las enseñanzas de Jesús y al mismo tiempo contra Sus propios Mandamientos. En el Levítico, por ejemplo, podemos seguir leyendo:

    Y todo aquel que tocare inmundicia de hombre, de animal o cualquier otra abominación inmunda, y comiere de esta carne, será eliminado de su pueblo (7, 21).

    Del sebo de un animal muerto o destrozado por una alimaña podréis serviros para cualquier uso, pero de ninguna manera lo comeréis. Y quienquiera que comiere sebo de animales de los que se ofrecen al Señor en holocausto, será eliminado de su pueblo (7, 24-25).
    Bajo el término "eliminado" debemos entender la pena de muerte que por aquel entonces era común, la lapidación. La lapidación era en tiempos de Jesús de Nazaret todavía lo más usual. Pensemos sólamente en la ramera que Jesús en el último minuto salvó de ser lapidada. También Jesús habría tenido algunas veces que ser llevado a la muerte por Sus semejantes, según dictaban "las Leyes de Dios dadas a través de Moisés". "Pero El siguió Su camino entre la masa de gente y se alejó de ellos".
    En el tercer libro de Moisés, el Levítico, capítulo 11, se encuentra detallado qué animales eran considerados puros y cuáles eran impuros. Allí se explica que el consumo de carne impura tiene como consecuencia la impureza del hombre hasta la noche de dicho día.
    Hoy en día tampoco es raro que aquellos que se consideran amigos de los animales todavía sigan comiendo carne. Al parecer no se hacen conscientes de que por ejemplo el filete que ellos compran al carnicero ya cortado y preparado para ser freído, y en ocasiones ya condimentado, procede de un ternero que apenas hace un par de días pastaba pacífica y armoniosamente en la pradera. Es posible que éste se dejara acariciar por los niños de aquellos que ahora piden un filete de ternera en la carnicería; los niños le miraban a sus ojos grandes y oscuros, de largas pestañas, y estaban encantados con él. Pocas veces alguien reflexiona sobre lo que ese animalito, que no le había hecho ningún mal a nadie, ha tenido que sufrir antes de llegar al mostrador de la tienda en forma de filetes, salchichas y otras cosas más: el horror, el miedo, la crueldad, el pánico, el dolor, el espanto.
    Los amigos de los animales, nosotros los hombres, tenemos animales domésticos –sobre todo si se adaptan a nosotros y son fáciles de cuidar- que nos dan mucha alegría. Sin embargo, por ejemplo en 1990 sólamente en Alemania fueron abandonados aproximadamente medio millón de animales, sobre todo perros y gatos, durante la época de vacaciones. Hoy, diez años más tarde, con toda seguridad esta cifra no ha disminuido. ¿Es esto el amor a los animales?
    Del mundo espiritual nos fue manifestado, entre otras cosas:

    Sed... serios y correctos en la relación con vuestro prójimo animal. Los animales os ven con sus sensaciones puras como al hermano mayor luminoso o como a la hermana mayor luminosa... Tened, por consiguiente, respeto hacia vuestros hermanos animales, pues ellos desean ser vuestros verdaderos amigos. Esforzaos en tratarlos de igual modo a como queréis ser tratados vosotros. De ese modo aprenderéis rápidamente a entenderlos y ellos estarán en comunicación positiva con vosotros. (La vida con nuestros hermanos animales. Tú, el animal – tú, el hombre. ¿Quién tiene valores más elevados? Pág. 114).
    La capacidad de sentir de los hombres se ha embrutecido, su conciencia apenas si advierte de algo. Pero esto no concierne únicamente al hombre actual.
    La conciencia es en el hombre el guardia que vela sobre lo bueno y lo malo, lo correcto y lo incorrecto. Si está intacta, reacciona, independientemente de ideas exteriores de justicia, al fin y al cabo de acuerdo con la medida de los Diez Mandamientos. Pero las costumbres de los hombres y el sello que les imprime su entorno también influyen e impregnan su consciencia.
    Si leemos aquí sobre crueles sacrificios de animales y lapidaciones de personas no deberíamos pensar sólamente sobre cómo les ha ido a los animales.
    Para hacernos conscientes de cómo posiblemente le iba a un hombre en aquella época, nos podríamos imaginar lo siguiente: dos hombres jóvenes del pueblo habían comido carne de liebre. Habían capturado a una liebre y la había asado para comerla. Según los capítulos 10 y 11 del Levítico se habrían hecho impuros hasta el anochecer, haciéndose a pesar de todo cargo de ello. Pero cuando los dos amigos –por imprudencia o insolencia– penetraron en el lugar donde se encontraban las ofrendas "sagradas" para el sacrificio, uno de ellos fue descubierto y condenado a morir lapidado. El otro permaneció sin ser descubierto. La lapidación fue ejecutada, pues en el Levítico 22 se establece:

    Habló el Señor a Moisés, diciendo: Habla a Arón y a sus hijos para que respeten las cosas santas que me consagran los hijos de Israel y no profanen Mi santo nombre. Yo soy el Señor. Diles: Cualquiera de vuestra estirpe de vuestras generaciones que tenga sobre sí alguna impureza, guárdese de acercarse a las cosas santas que los hijos de Israel ofrecen al Señor; si lo hiciere, será eliminado de ante Mí. Yo soy el Señor (22, 1-3).

    Pongámonos en el lugar del joven superviviente tras la lapidación de su amigo. Sentimientos de culpabilidad le torturan. Se rebela contra la sentencia y contra el duro castigo que en realidad también tendría que haberle alcanzado a él. El se rebela contra los sacerdotes que han dictado la sentencia, y se tiene que decir a sí mismo que ellos sólo llevan a cabo aquello que "Dios ha ordenado a través de Moisés". O sea que dirige su rabia contra Dios, quien ha proclamado semejante Ley inmisericorde. Pero cuando se hace consciente de que Dios es considerado "justo", que El es la instancia suprema que no se puede equivocar, le entran dudas sobre sí mismo. Lo que ha observado le muestra que los demás no tienen ningún reparo en lapidar. Por consiguiente llega a la conclusión de que algo tiene que fallar con sus propios sentimientos y su sentido de la justicia, pues tanto los sacerdotes escogidos por Dios como los hermanos de fe de la tribu sienten y piensan de forma diferente a él. Así él decide cambiar su forma de pensar, en el futuro orientarse estrictamente a los sacerdotes y a sus semejantes en todas las cosas, en lugar de pensar de forma independiente y en decidir libremente. A partir de ahora ya no buscará más la medida para su pensar y actuar en sí mismo, sino que se atendrá, aunque su corazón le diga lo contrario, a hacerlo todo como los demás, porque "Dios lo quiere así". De esta manera se consuma un proceso de adaptarse a los demás. El carácter de este hombre se transforma. Igualmente ya no se vive más a sí mismo. Su corazón se enfría, su sentir se vuelve oscuro y embrutecido, su ser se endurece. La imagen que tiene de Dios se consume y se seca. Ya no puede confiar más en este Dios colérico que castiga, y ni que hablar de amarle. Sus oraciones dejan de ser verdaderas, y por último se alegra de que existan oraciones ya formuladas, que simplemente se pueden repetir...
    Después de un tiempo se ha producido una transformación convirtiéndose en un conformista, un vasallo, un seguidor obediente de los sacerdotes y de la "tradición". Este hombre no sólo ya no se fía más de su medida interna, su conciencia, sino que piensa y actúa únicamente por costumbre, incluso contra un mejor punto de vista.
    Ahora se puede confiar en él – en su proselitismo, su obediencia, su lealtad, su fidelidad.

    Aproximadamente de este modo ha podido ser en aquel entonces. En cualquier caso y ya sólo por principio esto podría haber sido así. Por el contrario, y visto de forma práctica, es bastante probable que un hombre alcanzara una edad adulta sin estar totalmente embebido e impregnado de los contenidos de la práctica tradicional de la fe, de los sacrificios de animales, incluyendo las lapidaciones de seres humanos.

    La situación interna de una persona, así como se ha explicado antes, se ha repetido en innumerables ocasiones y en distintas variantes en el curso de la historia. ¿No nos resulta de algún modo familiar?
    Pensemos por ejemplo en la Edad Media, dentro del círculo cultural europeo, donde situaciones similares y conflictos de conciencia tuvieron lugar de muchas maneras a causa de la Inquisición. Los sacerdotes por cierto ya no mataban más ellos mismos a los animales, sino que los hacían y siguen haciendo matar. No encendían ellos mismos la hoguera en la que personas correctas y fieles eran quemadas, personas que estaban a favor del único Dios verdadero, misericordioso y bondadoso, que es la Verdad, y que se habían alzado contra la mentira. Los sacerdotes "solamente" estaban de pie delante con el crucifijo en alto, "bendiciendo" y cantando canciones de alabanza a Dios, perdonando los pecados y repartiendo absoluciones del "castigo por los pecados" a aquellos que portaban la leña hasta la hoguera ...

 

 

Ceremonias con sacrificios "tal y como el Señor
se lo había mandado a Moisés".
La ley de causa y efecto era conocida
en el Antiguo Testamento.
Jesús estaba en contra de sacrificios de animales

 

    Volvamos a los sacrificios de animales en el Antiguo Testamento. Quien desee leer aún más sobre magia al estilo del vudú, puede encontrar en el Levítico lo siguiente:

    Hizo que acercaran el carnero del holocausto, y Arón y sus hijos le pusieron sus manos sobre la cabeza. Moisés lo degolló, y derramó su sangre en torno al altar. Lo descuartizó, y Moisés quemó la cabeza y los trozos y el sebo. Se lavaron en agua las entrañas y las patas, y Moisés quemó todo el carnero en el altar; era holocausto de suave olor, un sacrifico por el fuego, como se lo había mandado el Señor a Moisés.
    Hizo que acercasen el otro carnero, el de la inauguración, y Arón y sus hijos le pusieron la mano sobre la cabeza. Moisés lo degolló, tomó su sangre y untó con ella el lóbulo de la oreja derecha de Arón, el pulgar de su mano derecha y el de su pie derecho. Hizo acercar los hijos de Arón, y untó de la sangre el lóbulo de su oreja derecha, el pulgar de su mano derecha y el de su pie derecho, derramando luego la sangre en torno del altar. Tomó después el sebo, la cola, todo el sebo que cubre las entrañas, la redecilla del hígado, los dos riñones con su sebo y la pierna derecha. Tomó del cestillo de los ácimos, una torta ácima amasada con aceite y un frisuelo, y los puso sobre el sebo y sobre la pierna derecha; y después de haber puesto todo esto en las manos de Arón y sus hijos, lo balancearon éstos como ofrenda al Señor. Moisés lo tomó de sus manos y lo quemó en el altar encima del holocausto, pues era el sacrificio de inauguración de suave olor, combustión al Señor (8, 18-28).

    A quien aún no le sea suficiente con estas escenas macabras, puede seguir leyendo en el Levítico:

    Arón se acercó al altar y degolló el novillo, víctima del sacrificio por el pecado, ofrecido por él. Los hijos de Arón le presentaron la sangre, y mojando él su dedo, untó de ella los cuernos del altar y la derramó al pie del altar. Quemó en el altar el sebo, los riñones y la redecilla del hígado de la víctima por el pecado, como el Señor se lo había mandado a Moisés; pero la carne y la piel se quemó fuera del campamento. Degolló el holocausto, y sus hijos le presentaron la sangre, que él derramó en torno al altar. Le presentaron el holocausto descuartizado, con la cabeza, y él los quemó en el altar. Lavó las entrañas y las patas y las quemó encima del holocausto (9, 8-14).

    Más adelante dice así:

    Y el sebo del toro y del carnero, la cola, el sebo que recubre las entrañas, los riñones y la redecilla del hígado, las partes grasas las puso sobre los pechos. Arón quemó los sebos en el altar, después balanceó los pechos ante el Señor, y la pierna derecha en ofrenda balanceada, como lo había mandado Moisés (Levítico 9, 19-21).
    "Como el Señor se lo había mandado a Moisés..." ¿Y hoy en día? Se bautiza a los bebés, aparentemente por recomendación de Cristo; se coloca a los sacerdotes por encima de los sencillos creyentes, aparentemente con el poder que les ha sido otorgado a través de Jesús, el Cristo; se perdonan los pecados, aparentemente por encargo de Jesús, el Cristo; se elige a un "Santo Padre" y se afirma que Jesús le ha escogido para ello, etc., etc., etc. ...

    Jesús se distanció de la tradición de los sacrificios. El citó en dos ocasiones al profeta Oseas ante los fariseos: Misericordia quiero y no sacrificio (Mateo 9, 13 y 12, 7), a través del cual Dios habló en el Antiguo Testamento: Pues prefiero la misericordia al sacrificio, y el conocimiento de Dios al holocausto (Oseas 6, 6).

    En Esta es Mi Palabra leemos:

    ...He venido para terminar con los sacrificios y las fiestas de sangre. Si no cesáis de sacrificar y comer carne y sangre de animales, la ira de Dios no cesará de venir sobre vosotros, tal como en el desierto vino sobre vuestros padres, los cuales, ávidos del disfrute de la carne, se llenaron de podredumbre y fueron destrozados por plagas (pág. 214).

    En la página 78 de esta gran manifestación de Dios encontramos:

    ... pues quien ponga su vida en la filiación de Dios, no matará ni a hombres ni a animales.

    Jesús habló de una forma más que clara contra las instrucciones de los "Libros de Moisés". De forma parecida también habló Dios, como ya oimos, a través del profeta Jeremías.
    En las declaraciones de Jesús, el Cristo de Dios, captamos que el nombre del profeta Moisés fue utilizado para el culto pagano y cruel. En el libro Esta es Mi Palabra está escrito, manifestado por Cristo mismo:

    "He venido para terminar con los sacrificios y las fiestas de sangre", significa: he venido a enseñaros el evangelio, la ley del amor, y a vivirlo con Mi ejemplo, para que comprendáis que interiormente sólo es rico en fuerza espiritual aquel hombre que guarda las leyes de Dios. A los hombres que posean valores internos nada les faltará, ya que quien sea rico en su corazón, estará de parte de su prójimo y no contra él –y con ello a favor de Dios, la Vida, que es la plenitud–. Los hombres con valores internos están también de parte de los reinos animal y vegetal, y no contra lo que Dios ha creado. Quien esté contra su prójimo, luchará contra él y lo matará. Y quien esté contra su prójimo, no estará a favor de otras vidas –ni de la de los animales, ni de las plantas y piedras.
    Quien está contra la vida en Mí, el Cristo, tiene hambre y sed de éxito, riquezas, poder y prestigio. Para sus fiestas y sus gustos del paladar mata animales y come su carne. Con ello está mostrando que está lejos de Dios.
    Para Dios, el Eterno, también el sacrificar animales es una atrocidad. El no quiere que se Le sacrifiquen o consagren animales. Dios ha dado la vida a todas las formas de SER, también por tanto a los animales. ¿Por qué hay que sacrificárselos, si El mismo, la Vida, habita en ellos?
    Pero si el hombre sacrificara su yo humano, sus pasiones y su avidez a Mí, el Cristo, y aspirara a una vida como Dios quiere, es decir, consagrada a Dios, y la siguiera, eso contribuiría a la unidad de todas las formas de vida. ¡Dios es el espíritu del amor y de la libertad! Por eso cada hombre debería sacrificar voluntariamente su yo. Sólo entonces llegará a ser manso y de corazón humilde y hallará la gran unidad: Dios. Este desarrollo del hombre hacia El, lo ama Dios en Sus hijos.
    Y quien se entregue al eterno Dios Padre-Madre, transformando lo humano que haya en él en divino, no matará animal alguno para comer su carne, y tampoco matará animal alguno deliberadamente. Tales hombres también tratarán con amor desinteresado al reino vegetal, ya que es igualmente un regalo que Dios ha creado para Sus hijos humanos. Las plantas y los frutos del campo y del bosque se regalan gustosos al hombre y quieren servirle como alimento y como medios curativos para su cuerpo enfermo.

    La "ira de Dios", viene al mundo de ideas de los paganos, que en la Antigua Alianza todavía era muy vivo: se creía que los "dioses" se vengaban de los hombres. Sería bueno que el hombre pecaminoso comprendiera que él mismo ha creado la llamada "ira de Dios". El "Dios iracundo" es el yo humano que ejerce venganza por lo que él mismo ha causado; pues lo que el hombre siembre, es lo que cosechará.
    También las palabras, "ojo por ojo, diente por diente", han sido y son erróneamente interpretadas. El hombre no debe vengarse de su prójimo, desquitándose a base de hacerle lo mismo. Se le ha mandado perdonar a su prójimo, pedirle perdón y no hacer más algo igual o parecido. Quien no cumpla este mandamiento, se estará poniendo él mismo bajo la ley de la expiación, que dice: "ojo por ojo, diente por diente". En este caso cosechará –"ojo por ojo, diente por diente"– lo que haya sembrado (pág. 214-216).
    La ley de siembra y cosecha, que nos permite reconocer las causas de nuestro destino, ya la había enseñado Dios a través de los antiguos profetas. En Isaías, por ejemplo, encontramos: ¡Ay de los que arrastran el pecado con cuerdas de falsedad y como con coyundas de carro! (Isaías 5, 18). En la traducción alemana unificada podemos leer del Libro de la Sabiduría en el Antiguo Testamento: Para que conocieran que por donde uno peca, por ahí es castigado (11, 17).
   Dios no castiga ni da instrucciones que sean pecado. Nuestro pecado es nuestro castigo creado por nosotros mismos, nuestro tribunal personal.

    Jesús quería abolir por consiguiente las crueldades para con hombres y animales. Sin embargo, los representantes de las instituciones eclesiásticas actuales permiten que éstas sigan ejerciéndose con personas y animales, sólo que con otros métodos, que a decir verdad son aún más crueles. Con ello están afirmando lo que hoy ocurre a este respecto. El esfuerzo de unos pocos a favor de los animales es la excepción que confirma la regla.

 

 

El Nuevo Testamento "consuma" el Antiguo y lo "ilumina".
Ambos son la "verdadera Palabra de Dios".
Los millones de víctimas de la Iglesia

 

    En el catecismo de la Iglesia católica, número 140, el clero romano pone en el papel lo siguiente: ...El Antiguo Testamento prepara el Nuevo, mientras que este consuma el Antiguo. Ambos se iluminan mutuamente; ambos son la verdadera Palabra de Dios.
   La tortura de los animales sigue adelante, los mataderos siguen abiertos. Hoy en día los animales son sacrificados, los cadáveres de los animales son cortados y troceados para el bienestar de los "dioses"-hombres, que satisfacen su paladar.

    También personas han sido torturadas y llevadas a la muerte de forma cruel y brutal. Y el pasado puede volverse presente.
    Lo qué significa "consumar" aquello que había sido preparado en el Antiguo Testamento, se muestra con toda claridad en los frutos que han dado las así llamadas Iglesias cristianas a lo largo de los siglos.
    Hace algunos días tuve en mis manos un prospecto, una documentación de la iniciativa "Un monumento recordatorio para los millones de víctimas de la Iglesia". En él se puede leer lo siguiente:

Los millones de víctimas de la Iglesia:

Inquisición: siglos XIII-XVIII, entre 1 y 10 millones de muertos, así como innumerables torturados, maltratados e intimidados (Revista Der Spiegel, 1.6.1998).

Cruzadas: siglos XI-XIII, hasta 22 millones de muertos, entre ellos miles de judíos alemanes (Hans Wollschläger, "Las peregrinaciones armadas hacia Jerusalén").

"Paganos": siglos IX-XII. Durante la Edad Media, cientos de miles de "paganos" germanos y eslavos son convertidos al "cristianismo", o cruelmente asesinados por reyes y príncipes alemanes. La Iglesia otorga su bendición y proclama "cruzadas" contra los eslavos (Karlheinz Deschner, "Historia criminal del cristianismo", tomos 4,5 y 6).

Judíos: durante la Edad Media entre los siglos XI y XIV, una y otra vez pogromes de judíos con miles de muertos, preparados por medio de la persecución encarnizada de la Iglesia durante siglos. Durante los Juicios de Nuremberg el jerarca nazi Julius Streicher, en su defensa por el holocausto judío, se remite con énfasis a los discursos de Martín Lutero que incitan al pueblo contra los judíos (Friedrich Heer, "El primer amor de Dios").

La conquista de América: en los primeros 150 años tras la conquista de los españoles "en nombre de Dios" mueren 100 millones de personas : el "mayor genocidio de todos los tiempos" (Teólogo Boff, Publik-Forum, 31.5.1991).

Cátaros, Valdenses, Husitas, Baptistas: miles de personas de otra fe mueren por orden de las Iglesias (también de la luterana).

"Brujas": siglos XVI-XVIII: entre 40.000 y 1 millón de personas, la mayoría mujeres, sufren una muerte cruel, aproximadamente la mitad de ellas en Alemania. Lutero también hizo quemar brujas. Las instrucciones para ello, el libro alemán "Martillo de brujas" (Malleus maleficarum), procede de dos monjes dominicanos alemanes (Hubertus Mynarek, "La nueva inquisición").

    ¿Y cómo es hoy? Las raíces del Antiguo Testamento, sobre todo en los "Libros de Moisés", "iluminan" según el catecismo católico el Nuevo Testamento, o sea, nuestro tiempo. En el citado prospecto seguimos leyendo:

Genocidio en Croacia: aún a mitades del siglo XX, entre 1941 y 1943, son asesinados unos 750 mil serbios ortodoxos –con la decisiva participación de religiosos católicos y con el consentimiento del Vaticano... El Vaticano está informado sobre todo, pero trata al régimen sangriento con evidente afecto. La jerarquía católica, a la cabeza de todos el Vicario Militar y Arzobispo Stepinac (hecho santo por el Papa en 1998) sostiene moralmente hasta el final al régimen fascista (Consultar al respecto a los autores Deschner "Un siglo de historia de gloria", tomo 2, 1983, así como Vladimir Dedijer, "Jasenovac – el Auschwitz yugoslavo y el Vaticano", 1988).

Abuso de niños por parte de curas y sacerdotes: Las víctimas de abuso a menores sufren a menudo durante años animicamente a causa de estas humillaciones. Expertos calculan que 2.000 de los 51.000 curas católicos que hay en los EE.UU. fueron acusados de abuso sexual (periódico alemán Hanauer Anzeiger, 13.7.1998). Esto equivale aproximadamente a un 4%, las cifras desconocidas no están incluidas. El catedrático universitario Hubertus Mynarek calcula la cifra de sacerdotes pederastas en Alemania igualmente entre el 3 y el 5% (Acta 97, 14.9.1999).

 

 

Martín Lutero: ¿Vida y enseñanza en el espíritu
cristiano del amor al prójimo?

 

    La mayoría de los asesinatos ya nombrados y otros crímenes "en nombre de Dios" van a cuenta de la Iglesia católica. ¿Se debe deducir de ello que se puede valorar a la Iglesia protestante de forma más positiva?
    ¿Cómo es con la amabilidad hacia otras personas, el liberalismo y la tolerancia por parte del fundador de la religión, Martín Lutero? ¿Cómo se comportó él con sus semejantes, con el amor al prójimo, que debe ser el mayor mandamiento?
    Un hombre como Martín Lutero goza todavía hoy de buena fama. Su iglesia sigue sus huellas; esto lo confirmó Hermann von Loewenich (obispo regional de Baviera hasta 1999) en Internet: Nosotros queremos mantener la herencia histórica de la tradición luterana como nuestro hogar cultural y espiritual.
   
Un teólogo luterano-protestante reunió las demandas de Lutero en un amplio prospecto: El Teólogo número 3:
    Lutero pide a la nobleza que mate a los campesinos amotinados: que apuñale, golpee, estrangule aquí quien pueda. Si en ello mueres, bienaventurado de ti, una muerte más bendita nunca la vas a alcanzar. Pues tú mueres en la obediencia hacia la Palabra y la Orden divinas (Contra los campesinos amotinados, Edición de Weimar de los manuscritos de Lutero).
    Lutero pide la persecución de predicadores de otras creencias: ... si enseñar quieren el evangelio puro, sí, si ángel y Gabriel fueren de los Cielos... si quiere predicar, que demuestre el oficio o la orden... si no quiere, que la autoridad entregue al mozo al auténtico maestro, que se llama maestro Hans (sinónimo de verdugo, en alemán)...
   Lutero testimonia en falso contra la población judía y exige su persecución:

    Si yo pudiese, le tumbaría (al ciudadano judío) y en mi ira lo traspasaría con mi espada.
    ...que sus sinagogas o colegios sean quemados y aquello que no quiera arder, sea cubierto con tierra y tapado, para que nadie vea jamás una piedra o algún resto. Que esto se haga para honra de nuestro Señor y de la cristiandad, para que Dios vea que somos cristianos.
    ...que sus casas sean arrasadas y destruidas...
    ...esos bribones y saqueadores no son merecedores de misericordia ni compasión alguna.
    ...que se les prohiba... alabar, agradecer, rezar a Dios y enseñar en público, bajo pérdida de sus cuerpos y su vida... (Martín Lutero, De los judíos y sus mentiras, Wittemberg 1543).

    Lutero: algo tan desesperado, lleno de maldad, de veneno, traspasado por lo diabólico está con los judíos, de forma que han sido estos 1400 años nuestro castigo, nuestra pestilencia y toda desdicha, y aún lo son. Summa, tenemos al verdadero diablo en ellos.

    Lutero incluso asegura que Moisés, si hoy viviese, sería el primero que prendería fuego a las "casas y escuelas de los judíos".
    Además de ello, Lutero exige que se les quite a los judíos toda su literatura religiosa, se les mantenga bajo arresto, se les desprovea de todos sus bienes y dinero y se les envíe a trabajos forzados.
    Lutero llama a la guerra y a "asesinar" a los enemigos turcos: ...y con alegría alzar el puño y golpear llenos de consuelo, asesinar, robar y causar tanto daño como siempre quieran ...
   Lutero exige la muerte de los "usureros": ...si a los ladrones y asesinos... se les impone el suplicio de la rueda (sobre la que se ataba a los condenados y se les rompía los huesos. Nota de los traductores) y decapita, cuanto más aún se debe destrozar y vetar a los usureros y cazar a todos los tacaños, maldecirlos y decapitarlos...
   Lutero exige la muerte de la pareja infiel: ¿Por qué no se mata a quien comete adulterio?, y la pena de muerte para las prostitutas: si yo fuera juez, quisiera hacer poner sobre la rueda y desangrar a semejante ramera venenosa francesa.
   Mujeres con capacidades de magia debían ser, según Lutero, torturadas y matadas: a las brujas no las debes dejar con vida... Es una ley justa el que sean matadas. ...Si no se dejan convertir, las mandaremos a los ayudantes del verdugo para que las torturen.

    Lutero sobre niños incapacitados: Pero si hablamos de los niños similares al diablo... así considero... que o bien están deformados por el diablo... o son el verdadero diablo. Muchas de las personas incapacitadas que fueron confiadas a asilos y hogares de la Iglesia protestante (por ejemplo en Neuendettelsau, en Baviera) fueron entregadas en los años 1940/41 a las autoridades estatales, basándose en la enseñanza de Lutero sobre el Estado (obediencia hacia la autoridad). El que estas personas iban a ser asesinadas les era conocido a los responsables.
    Lutero quería matar incluso al Papa: el Papa es el diablo; si pudiese matar al diablo, ¿por qué no iba a querer hacerlo?
   También la Iglesia luterana se autodenomina "cristiana". Pero, ¿dónde está el espíritu cristiano, el espíritu del amor a Dios y al prójimo en lo que Lutero proclamaba? Sus recomendaciones y máximas fueron llevadas a la práctica sangrientamente de muchas maneras por el pueblo y por la nobleza –hasta llegar incluso a los jerarcas del Tercer Reich.
    De quien da semejantes brutales y asesinas instrucciones contra sus semejantes, que bajo otra forma encuadran en nuestro tiempo actual, de aquel tampoco se puede esperar un corazón que sienta por los animales o que tenga misericordia con ellos. Tanto si se trata de guerras, de la destrucción de muchos hombres, animales y paisajes, como si se trata de experimentos con animales o de la manipulación genética, la ética y moral de ambas Iglesias apenas si muestra diferencias entre sí; cuando menos, ambas Iglesias son no-cristianas.

 

 

"Lo que el hombre hace a otros, se lo hace a sí mismo".
¿Cómo se siente el animal en su situación?
El animal, un objeto de uso y de consumo

 

    Echemos una vez más una mirada a los testimonios del Antiguo Testamento, en el tercer libro de Moisés –que como ya se explicó se supone que es la verdadera Palabra de Dios–, donde también se dan instrucciones a los funcionarios actuales de las instituciones de las Iglesias, sobre qué animal deben comer y cuál deben dejar. Allí se puede leer:

    Todo animal de casco partido y pezuña hendida y que rumie lo comeréis (Levítico 11, 3).
    Y tres versículos más adelante viene una apelación a los cazadores:

    La liebre, que rumia y no parte la pezuña, es inmunda; el cerdo, que divide la pezuña y no rumia, es inmundo para vosotros. No comeréis su carne ni tocaréis sus cadáveres; serán inmundos para vosotros (11, 6-7).
    Esta cita es completada en el Levítico 11, 26-27:

    Todo animal que tenga pezuña, pero no partida ni rumie, será para vosotros inmundo, y quien tocare su cadáver será inmundo. Los cuadrúpedos que andan sobre la planta de los pies serán para vosotros inmundos, y quien tocare su cadáver estará inmundo hasta la tarde...
   Quien sea obediente a la Iglesia tendría que atenerse a las indicaciones del Antiguo Testamento, pues según la enseñanza eclesiástica éstas son la Palabra de Dios. Si el creyente se atuviese a ello, por lo menos liebres y jabalíes tendrían una oportunidad de escapar sin metralla o una bala en el cuerpo.
    Para justificar la cacería a veces se añade que es necesario "diezmar" el número de determinadas especies, ya que de lo contrario su número crecería excesivamente. El Espíritu de Dios sin embargo nos aclaró: Dios ha llevado a cabo Su Creación, la naturaleza sobre esta Tierra, de tal forma, que ella misma cuida por la compensación, por regular el equilibrio. ¡Dios no le ha dado esta tarea a los cazadores!
    A los pescadores y a todos aquellos que le arrebatan al mar lo que al mar pertenece, las indicaciones de "Dios" a través de "Moisés" son como sigue:

    Pero abominaréis de cuanto no tiene aletas y escamas en el mar y en los ríos, de entre los animales que se mueven en el agua y de entre todos los vivientes que en ella hay (Levítico 11, 10).
    Quien, por consiguiente, coma frutos marinos como langostas y similares se vuelve impuro. Los lectores podrían reflexionar ahora si hoy ya se han vuelto impuros.
    ¿Dónde estarán después de esta vida terrenal todos los clérigos que quieren completar el Antiguo Testamento con el Nuevo y se sientan a mesas bien decoradas y comen cadáveres de liebres, de jabalíes y similares o frutos marinos, que no tienen aletas ni escamas y después, en estado de impureza, posiblemente llevan a cabo ceremonias sacramentales? Hoy día por cierto ya no serán lapidados por sus pecados contra lo "sagrado" y contra el Santo, Dios, pero ¿no sigue siendo considerada válida aún la "Palabra de Dios" que ha sido transmitida en las escrituras, según declaraciones clericales?
    Si hubiesen animales impuros y "abominables", deberíamos hacernos la siguiente pregunta: ¿Por qué ha creado Dios entonces semejantes animales, siendo El la pureza absoluta?
    Jesús no habló nada de ello. Jesús amaba a todos los animales. El nunca hizo daño a ningún animal, sino todo lo contrario: El era el mayor amigo de todas las criaturas; El habló y actuó a favor de los animales.
    Muchos hombres sin embargo apenas si reflexionan cuando los animales son torturados y matados. En Esta es Mi Palabra Jesús aclara en la página 429 que los animales sienten de forma parecida a los hombres:

    En Jesús de Nazaret hablé a muchos hombres acerca de la ley de la vida; así también acerca de los animales, los cuales, de forma similar a los hombres, sienten dolor, sufrimiento y alegría. De la misma manera que el hombre no debe estar en contra, sino a favor de su prójimo, también debe estar a favor de los animales y asumir responsabilidad para con ellos, pues ellos sirven al hombre.
    Una y otra vez enseñé a los hombres que también los animales son criaturas de Dios, que el hombre no debe menospreciar, sino amar. Quien les pegue y torture, experimentará algún día en su alma y en su cuerpo algo igual o parecido; pues lo que el hombre hace a sus semejantes y a las criaturas, los animales, se lo está haciendo a sí mismo.
    Muchos hombres se dieron cuenta de sus brutalidades y comenzaron a realizar Mi enseñanza. Se arrepintieron y acogieron a los animales como amigos suyos. Y más de uno entendió Mis palabras y Me siguió (pág. 429-430).
    Yo repito las palabras de Jesús, el Cristo: "Lo que el hombre hace a sus semejantes y a las criaturas, los animales, se lo está haciendo a sí mismo". Sigamos estas palabras y relacionemos por una vez aquello que le ocurre a los animales inocentes con nosotros mismos. Pongámonos en pensamientos en su lugar y compartamos su destino en sensaciones, imágenes y pensamientos.
    Por ejemplo, poniéndose en el lugar de un animal, usted podría hacerse la siguiente pregunta: ¿desea usted ser matado o asesinado? Quien de verdad se pueda situar en sensaciones en esta pregunta o situación que ahora se le plantea de terminar su vida por muerte o asesinado, seguramente no elegirá entre muerte y asesinato, pues ser matado o asesinado significa para él, sin que haya ninguna diferencia, el que tenga que terminar su vida.
    ¿Y cómo reaccionaríamos si alguien nos atrapase y nos encerrara en una jaula decidiendo por nosotros cuándo podemos de vez en cuando disfrutar de libertad?
    Imagínese que se encuentra en la situación de un hámster, el cual por naturaleza necesita mucho movimiento. Imagínese y procure sentirse cómo sería estar un par de semanas encerrado en un espacio reducido. Para moverse dispone de una rueda giratoria que se mueve rápidamente bajo sus pies, de forma que puede andar, andar, andar ... sin moverse del mismo sitio ni avanzar. ¿Cuánto tiempo encontrará usted esto divertido? De esta forma se puede usted dar cuenta muy pronto de cómo le va al hamster que tiene que caminar día tras día de una forma tan estúpida en una rueda estrecha.

    O siéntase en el lugar de la vaca que se encuentra encerrada en un establo para ser engordada, con sus compañeros que igualmente sufren, pegados los unos a los otros, envenenados por la química que está en los piensos de engorde, y siendo consciente de que el carnicero puede aparecer en cualquier momento, el cual le mata y corta su cuerpo en trocitos como comida de sacrificio, por ejemplo para obesos dignatarios eclesiásticos. Usted oye a sus hermanos y hermanas, a las otras vacas y becerros, que de vez en cuando mugen bajito y sienten que les preocupan los mismos miedos que a usted. Pero el destino que se encuentra ante ellos es inevitable. Usted se encuentra a merced del carnicero-hombre, expuesto a su egocentrismo, a la frialdad de sus sensaciones y a su codicia, también a su codicia de obtener beneficio de todo.
    Muchos hombres pasan por encima de personas y animales – sobre todo si esto no les afecta personalmente. Por ello en determinados casos se arrogan el derecho a matar a personas y, por supuesto, cuánto más a animales. ¿Quién tiene acaso el derecho a quitarle conscientemente la vida al prójimo, así como también al animal? ¿Quién ha creado el alma del hombre, que es inmortal? ¿Quién le ha dado la respiración? ¿Y quién le ha dado la respiración a los animales y, con ello la vida? No el hombre, sino Dios, el Eterno, el Espíritu creador del infinito. Dios no le quita la vida ni al hombre ni al animal, pues Dios es el donante. Y Dios no obliga a nada; El jamás hace uso de la violencia; tampoco influye en nadie contra su voluntad. El es la libertad y otorga la libertad. Solamente el hombre, quién no le ha dado la vida ni al alma del hombre ni a la del animal, mata la casa del alma, el cuerpo, y mata al animal. ¿Quién le ha dado al hombre permiso para hacer esto? ¡Jesús no habló nada de ello!
    Quien haga diferencia entre "matar" y "asesinar", es a mi parecer un paranoico que no respeta la vida de otros y que, según la Ley universal, que es la vida, se hace indigno por consiguiente de su propia vida. Pues: lo que el hombre haga a otros, se lo está haciendo a sí mismo.
    Lo mismo vale para animales que son mantenidos en jaulas. Dios previó a la naturaleza como el espacio donde los animales deben vivir, donde ellos, según su especie, se puedan mover libremente, tal y como las formas espirituales de animales lo hacen en el SER eterno. El no creó jaulas para Sus criaturas. Solamente los hombres se arrogan el derecho a encerrar a los animales y hacerles que vivan vegetando en un espacio reducido.

    Jesús, el Cristo, dijo: Por eso, cuanto quisiereis que os hagan a vosotros, hacédselo vosotros a ellos (Mateo 7, 12). Esta indicación de Jesús la podemos entender de la siguiente manera: Lo que no quieras que otros te hagan a ti, no lo hagas tú a los otros. ¿Vale esta indicación solamente para nosotros los hombres o, considerando el amor de Jesús a los animales, también para ellos?

    Dios dió a los hombres y a los animales toda la Tierra y con ella la libertad. Los hombres sin embargo dividen la Tierra en parcelas. Cada uno intenta –de forma legal o ilegal- recibir la mayor parte. El trozo de tierra es entonces "su propiedad". Esto es lo que "le pertenece", con todo lo que vive en ella. Pero de lo que nos hemos apropiado en esta Tierra es una ilusión, un engaño, pues la muerte nos arrebata lo que le hemos arrebatado a la Tierra.
    Para muchos hombres los animales sólo son objetos que se pueden comprar o vender, utilizar pero también consumir –como un artículo en un supermercado. Ellos acorralan a los animales en su mundo de ideas, el corral, en el que ellos mismos van dejando pasar su existencia.
    Quien haya aprendido a sentir cómo les va a los otros, nota que los animales también sienten de forma parecida a nosotros, los hombres. Ellos sienten alegría, dolor y sufrimiento. Una antigua y sabia frase de los indios nos podría ayudar a aprender a entender a los animales. Dice así: Nunca juzgues a un hombre antes de haber caminado durante al menos media luna con sus mocasines. Aplicado a los animales se podría decir: Antes de mantener aprisionados a animales, abuses de ellos para tu interés y los tortures, o sea les impongas condiciones que limiten o que no correspondan a su naturaleza, pruébalo primero contigo mismo. Oblígate a ir a la rueda giratoria antes citada y sentirás por lo que tiene que pasar el pequeño prójimo animal. Quien desee alcanzar de otro modo la visión viva del destino que sufren los animales, podría situarse en el lugar de la vaca que es cebada o de la gallina en la jaula de una granja avícola, o en el de un bebé foca que se encuentra tranquilamente en la orilla tomando el sol y al que se le acercan hombres con garrotes en la mano, que quieren arrancarle la piel.
    Quizás también se imagina usted qué es lo que siente la madre foca cuando vuelve de coger pescados y en lugar de su bebé encuentra una masa de carne cruda ...

 

 

El Dios del espíritu de esta época.
   "Consumación" del Antiguo Testamento en nuestro tiempo:
delitos sexuales de sacerdotes contra niños.
¿Tras las huellas del Nazareno
o de las de las autoridades eclesiásticas?

 

    Jesús, el Cristo, es la Verdad. El expresó palabras del siguiente sentido: El Padre y Yo somos uno (Juan 10, 30). Reflexionemos una vez más sobre las siguientes palabras de Jesús: No penséis que he venido a abolir la Ley o los Profetas; no he venido a abolirla, sino a cumplirla (Mateo 5, 17). Jesús no cumplió en muchos casos lo que el "Dios" del Antiguo Testamento ordenó a través del profeta Moisés. Jesús se refirió rara vez, y sólo de forma indirecta, al "Dios" de los "Libros de Moisés". El dijo más bien: Habéis oído que ha sido dicho... Pero yo os digo... O bien: Habéis oído que le fue dicho a vuestros padres... Pero yo os digo... El que tenga oídos para oir, que oiga: Jesús rara vez mencionó al "Dios" de los "Libros de Moisés".
    Jesús se distanció por consiguiente de aquella idea falsificada de Dios, de aquella imagen falsa de Dios. El habló del "Padre en los Cielos", de Su Padre, de "Dios, vuestro Padre". El habló desde la Verdad, que es la realidad eterna, la Ley de los Cielos.
    Alguno podría alegar que lo que Dios dijo en aquel entonces era válido para los hombres de entonces; que esto ya no es válido hoy en día y que hoy es todo totalmente diferente. Aquí se plantea la pregunta: ¿Eran los hombres de entonces peores, tenían un carácter más miserable que la humanidad actual? En lo que a esto concierne seguramente no necesitamos investigar mucho para saber cómo eran los hombres de aquel entonces. Cualquiera que aún tenga una chispa de entendimiento sabe, sin tener que hacer un gran análisis, y con ayuda de los datos mencionados de la página 32, que la humanidad actual es aún peor que la de entonces. El que esto también vale con relación a su postura hacia sus hermanos de la naturaleza, los animales, en la naturaleza, en los laboratorios de los científicos, etc., lo demuestra el destino de los animales.

    A muchos les parece que ellos son personas creyentes. Precisamente aquellos que muestran ostentosamente su creencia en Dios cuando están en las iglesias y en los recibimientos oficiales del Estado, y que se van convirtiendo así más y más en sobre-dioses, que no sólo permiten que los experimentos más crueles y brutales sean realizados en animales vivos, sino que además los aprueban, son los que con ello eclipsan las prácticas de los "Libros de Moisés". El clero de Roma naturalmente no habla de eclipsar. El dice: "El Antiguo Testamento prepara al Nuevo, mientras que éste consuma el Antiguo. Ambos se iluminan mutuamente..." ¿Deben ser consideradas las hogueras ardientes de la Edad Media como un iluminar del Antiguo Testamento al Nuevo – y, por el contrario, los acontecimientos sangrientos de la Edad Media y los graves cambios que la enseñanza de Jesús, el Cristo, tuvo que sufrir en los últimos 2000 años, vierten una luz "luminosa" sobre lo que ocurrió con la Palabra y el mensaje de Dios en el Antiguo Testamento? Valdría la pena seguirle la pista a esta pregunta... ¿Qué tipo de fuerzas –también llamadas poderes- podrían ser éstas hoy en día? Si no puede ser Dios –pues El es la Ley, y esta ley es amor, benevolencia, paz y el bien para todos y para todo-, ¿quién lo es entonces?

    Hace poco he leído cómo el Antiguo Testamento encuentra su consumación en el Nuevo, sólo que con otras características adaptadas al tiempo actual. Se trata de la publicación escrita de un programa de televisión llamado "Reportaje del extranjero", del 2° canal alemán de televisión –ZDF-, que fue emitido el 2.9.1999 con el título "Abuso de menores en Irlanda". A continuación repetimos un extracto del mismo:

    Un escándalo agita a Irlanda. El tema central es la Iglesia católica, el pilar de la sociedad irlandesa. Durante muchos años el gobierno ha confiado niños a una orden católica. La consternación en la isla es hoy grande, pues un documental muestra lo que al principio nadie quería creer: abuso en lugar de cuidado, violencia en lugar de amor. No son casos aislados –cientos de niños han sufrido claramente el infierno en la tierra, bajo el cuidado de la Iglesia. Ahora se rompe el muro de silencio; la verdad sale a la luz.
   El gobierno envía a John Prior de 3 años de edad a un internado porque sus padres aparentemente han descuidado sus obligaciones de cuidar de él. El internado es dirigido por la orden católica de los Christian Brothers. Los niños deben ser educados por ellos en la fe en Dios.
    John, ahora de 54 años, informa que fue abusado sexualmente a la edad de 7 años por dos hermanos de la orden y por un sacerdote católico.

    Las peores palizas que recibí fueron cuando conté a la enfermera que un hermano había abusado sexualmente de mí. Yo tenía 9 años y medio o 10. Ella me pegó y después se lo contó al hermano. El me sacó de allí y dos hermanos me pegaron, y pegaron, y pegaron. Tenía heridas por todo el cuerpo...
    Teníamos duchas comunes; en ellas tenían que entrar 20 chicos. El hermano (de la orden) se desnudó... y abusó de algunos chicos ante los ojos de los otros y les obligó a que se tocasen mutuamente. El me violó una vez, me arrojó sobre su cama y me poseyó, penetrando en mí violentamente. Yo sangré de tal forma que la enfermera tuvo que utilizar yodo, lo que me hizo gritar de dolor.
    En marzo de 1998 los hermanos (de la orden) se disculparon públicamente por el abuso de los menores en el internado y organizaron, conjuntamente con otras órdenes, un teléfono de ayuda para los afectados. Hubo más de 8.000 llamadas y la Iglesia envió a 600 víctimas a terapeutas.

    1999: un documental denuncia al gobierno y demuestra que los organismos oficiales sabían desde hace décadas del abuso a menores en los colegios de la Iglesia, y a pesar de ello los siguieron financiando. A raíz de esto, el gobierno organiza una comisión de investigación, promete cambios en la legislación y pone a disposición 10 millones de marcos alemanes para las terapias de las víctimas.
   John se encuentra ahora bajo tratamiento psicoterapéutico. Tiene ataques de miedo, no puede dormir, no confía en nadie. Casi todas las relaciones han fracasado y nunca ha alcanzado nada a nivel profesional.
   Un terapeuta: John sufre ininterrumpidamente; tiene complejos de inferioridad, se siente inútil; no tiene ninguna confianza en sí mismo...
   
John no es ningún caso aislado. Miles de niños fueron entregados en Irlanda a la protección de hogares de la Iglesia... John informa sobre el destino de su mejor amigo, Joseph:

    El tenía una larga correa de cuero y pegó a Joseph con ella en los hombros y en la cabeza. Joseph se cayó de la silla y el hermano le golpeó por todo el cuerpo y luego le dió patadas con aquellas pesadas botas militares que los hermanos utilizaban para trabajar en el campo. Y le dió patadas y más patadas y más patadas, hasta que Joseph no se pudo mover más. Joseph había perdido el conocimiento y fue llevado al hospital. Allí fue donde murió. Todos se enteraron de ello. Pero ellos dijeron que se trataba de leucemia; yo sé que no murió de leucemia.
   La locutora: Desde entonces, John no cree más en Dios.

    Este informe habla por sí mismo...
    En la edición recientemente publicada de la revista "Dentro de la Iglesia" (Austria), se podía leer en un artículo con el título "Abuso sexual. Terapia de monasterio":

    Sacerdotes y miembros de la orden van cayendo cada vez más bajo la sospecha de estar implicados en delitos de abuso sexual. Motivo suficiente para que el abad de la fundación G., J.A., se ponga en movimiento. Este mismo año desea abrir un centro psiquiátrico para el clero, miembros de la orden y colaboradores pastorales en el monasterio P.
   Sería aconsejable leer lo que el "Dios de Moisés" dice sobre cosas iguales o similares. Si esta vieja "ley", que realmente demuestra tener una larga tradición y dispone de la valoración de la Iglesia como parte de las "Sagradas Escrituras" estuviese hoy vigente, muy rápidamente habría menos hombres de este tipo.

    El hombre actual no sólo abusa de personas o animales en concreto, sino que lo hace en una estrategia global contra personas y animales. El incluso es de la opinión de que tiene que mejorar la creación de Dios. El cruel hombre dominador interviene de muchas formas y lleno de brutalidad en la vida de los animales –tampoco el reino vegetal y mineral se libran-, y otros, la gran masa sorda y ciega a causa de su egoísmo y de su burda indiferencia, dejan a las criaturas martirizadas abandonadas a su destino. El hombre también trata a sus similares de la misma forma.
    Los sacerdotes actuales se han confeccionado un Dios a su medida al igual que en los tiempos de Moisés. Sólo que el "Dios" actual no corresponde ni al Antiguo Testamento ni a la enseñanza de Jesús. Los altos dignatarios eclesiásticos en todos los tiempos adaptaron su Dios o sus dioses "a la época" –o sea: a sus propias ideas correspondientes, a sus necesidades y metas. El verdadero Dios, por el contrario, no es el Dios de la Iglesia que corresponde al espíritu de esta época, sino que es el Dios que nunca cambia y que nos enseñó Jesús. El Dios de la Iglesia que corresponde al espíritu de esta época es inconstante y no se puede confiar en él. Tampoco ayuda el querer tapar esta falta de estabilidad con frases formuladas de modo absoluto. La mentira no puede persistir eternamente, aunque se pueda parchar provisoriamente durante un tiempo las grietas y agujeros de la olla con el parche de que "eso es un secreto de Dios". La luz de la verdad destapa todo en su momento.
    ¿Por qué no se atienen los dignatarios eclesiásticos a sus propias declaraciones? Si permitieran que el Antiguo Testamento llegara a su consumación con todos sus detalles en el Nuevo, ellos serían los primeros que el "Dios" de los "Libros de Moisés" mandaría matar.
    Los hombres del tiempo actual –sobre todo los creyentes de Iglesia- siguen las huellas de las autoridades eclesiásticas, quienes anuncian al "Dios" que se transforma, es decir que se adapta a su tiempo y se somete al espíritu de la época, para que sus cuellos no sean aprisionados por la cuerda de la horca del Antiguo Testamento, que el "Dios" de los "Libros de Moisés" ya les habría puesto y apretado hace ya mucho tiempo. Por ello necesitan a su espíritu de la época, al que ellos llaman "Dios".
    Este se adapta con flexibilidad a las exigencias que son actuales para los que gobiernan, para tener las menos dificultades posibles en presentárselo a los creyentes de modo que éstos sean molestados lo menos posible en su letargo, en su egocentrismo y en sus vicios de los sentidos. Por ello permanecen a gusto en el seno de esta Iglesia cómoda, que les ahorra ciertos conflictos de conciencia y les proporciona en la puerta de su casa la coartada para crueldades de todo tipo.
    El verdadero Eterno es el Absoluto. El es la Ley universal omnisapiente, que es amor. Repito: Dios, el amor, no castiga ni reprende, El no condena, mata ni asesina. Dios tampoco entregará ni a personas ni a animales a otras personas. Que esto es así nos lo enseñó Jesús. El vivió la ley de su Padre y es un ejemplo y un modelo para nosotros.
    Si aprendemos a comprender la profundidad de su enseñanza y su frase: ¡Seguidme! (Mateo 4, 19), sabremos por qué Jesús nos insistió en que siguiéramos sus huellas. ¿Quiso Jesús decirnos tal vez con ello entre otras cosas que no siguiéramos las huellas de los sacerdotes que enseñan un espíritu de la época, o sea un Dios que corresponde al espíritu de la época, que conduce a los hombres irremediablemente a la perdición, lo que lo está demostrando nuestro tiempo actual, nuestro mundo? También el visionario de Patmos lo reconoció, pues en la manifestación de Juan está escrito: Sal de ella, pueblo Mío, para que no os contaminéis con sus pecados y para que no os alcancen sus plagas (18, 4).
    Una vez más sea dicho de forma clara y sin dar lugar a malentendidos: Jesús habló en contra de las ejecuciones brutales y bestiales de animales y contra el matar y asesinar a personas. Deberíamos preguntarnos una y otra vez hasta que alcancemos la iluminación y reconozcamos en lo profundo de nosotros por qué Jesús anunció un Dios diferente al "Dios de los Libros de Moisés" y al de los dignatarios eclesiásticos actuales. O bien creemos en varios dioses de diferente calidad; en este caso se trata de la filosofía de cada uno, que no necesita ninguna instancia eclesiástica; a menos que en relación a ello le falte imaginación, pues entonces se encuentra en la Iglesia como miembro "religioso" en el sitio correcto. Pero si el Unico Dios fuese variable, ay de aquellos que se han distanciado de la Iglesia estatal de culto pagano.
    ¡Por ello sopesemos sabiamente y reflexionemos bien! Dios no sólo ha provisto al hombre de un corazón –de cuyos impulsos ya no nos podemos fiar a menudo a causa de la pérdida de la conciencia-, sino también de un entendimiento. Se recomienda utilizarlo y volver a despertar la capacidad de pensar de forma independiente, capacidad que posiblemente no hemos utilizado durante un largo tiempo.
    Para alcanzar la propia claridad es un buen método hacerse preguntas a sí mismo –o también a Dios en una oración profunda.
    Pues: quien pregunta con sinceridad, puede ser conducido.
    Después de 2000 años es tiempo de que el hombre que cree en Jesús y le quiere seguir tome la decisión: o seguir las huellas de Jesús, el Cristo, o sea, aplicar Su enseñanza, o bien seguir las huellas de las autoridades eclesiásticas actuales, quienes no van de ningún modo a la zaga de la casta sacerdotal de los tiempos de Moisés.

 

 

 

¿"Matar" o "asesinar"?
Jesús cumplió la ley y profundizó la enseñanza

 

    A pesar de que al adversario de Dios le fue posible falsificar por completo la palabra de Dios dada a través del profeta Moisés, el texto de los Diez Mandamientos, que son un extracto de la ley eterna absoluta de los Cielos ha permanecido en su mayor parte inalterado.
    El quinto mandamiento decía y sigue diciendo: No matarás.
    Sin embargo: en la traducción unificada de las Iglesias alemanas de la Biblia Nueva Jerusalén del año 1985 ya se encuentra entre los Mandamientos de Dios: No asesinarás. Esta nueva formulación sin duda nos remite al Dios del espíritu de la época, al Dios del espíritu temporal. Ella muestra un debilitamiento de la amplia expresión "No matarás". Jesús, sin embargo, en Su Sermón de la Montaña dijo incluso: Habéis oído que se dijo a los antiguos: no matarás; el que matare será reo de juicio. Pero yo os digo que todo el que se irrita contra su hermano será reo de juicio; el que le dijere "tonto" será reo ante el Sanedrín y el que le dijere "loco falto de Dios" será reo de la gehenna del fuego (Mateo 5, 21-22).
    Jesús no suavizó la declaración "No matarás", ni limitó su significado a determinados casos concretos – todo lo contrario. Jesús la profundizó. El enseñó que no únicamente en el acto consumado del matar se encuentra el estar contra el prójimo, sino ya en palabras hirientes o de desprecio junto con las sensaciones y sentimientos que éstas albergan. Con ello El nos advirtió que ya algo que se mueva en nosotros en el sentido de rechazar a nuestro prójimo, quizá también en contra de nuestros hermanos animales, es un pecado ante Dios. Jesús nos pidió al mismo tiempo que sensibilizáramos nuestra conciencia.
    Y: Jesús habló explícitamente de "matar", y no de "asesinar".
    Jeremías ya advirtió al pueblo sobre la falsificación de "Las Escrituras". El habla en Jeremías 8, 8 de "las mentirosas plumas de los escribas" que "convirtieron en mentira la Palabra del Señor". ¿Qué "mentirosas plumas" han falsificado de nuevo la Palabra de Dios a través de Moisés? ¿Qué debe ser justificado con la expresión "No asesinarás"? ¿Debe servir para seguir acallando la conciencia de los hombres, para que ésta no avise cuando ocurra una injusticia?
    El espíritu maligno del Antiguo Testamento preparó –esto significa: él proporcionó los métodos–, en el Nuevo Testamento se sigue propagando hasta hoy lo que se introdujo con éxito, haciéndose de forma metódica y conscientemente dirigida según el plan. Ante los ojos de millones de personas de gran talento intelectual se vuelve –¡Abracadabra!–, lo blanco en negro. ¿Son éstos los "milagros" de nuestro tiempo?
    A quien el abismo que existe entre las dos declaraciones –matar y asesinar–, le sea indiferente, está sentado sobre dos sillas e intenta servir a dos Señores, al espíritu del "Dios" cruel de los "Libros de Moisés" y con ello a las instituciones Iglesia, y un poco a Jesús, el Cristo, quien enseñó el Dios del amor misericordioso.

    Jesús dijo: El Padre y Yo somos uno. Donde dos son uno, ambos hablan el mismo idioma. ¡Quien tenga oídos para oír, que oiga!
    ¿Qué enseñó Jesús en Su Sermón de la Montaña? Todo el que ya sólo se irrita contra su hermano es reo de juicio. Y: Y el que dijere "tonto" será reo ante el Sanedrín. Y quien tenga una conciencia, seguirá a Jesús, el Cristo, y hará lo que está escrito en el Apocalipsis, que de nuevo repito: Sal de ella, pueblo Mío, para que no os contaminéis con sus pecados y para que no os alcancen sus plagas (Apocalipsis 18, 4).

 

 

Instrucciones para llevar a cabo violencia y guerras
en el Antiguo Testamento.
Jesús: "Amad a vuestros enemigos".
Jesús reprende la hipocresía de los escribas y fariseos

 

    Jesús no colaboró al ablandamiento de nuestra conciencia. El tampoco nos pidió adormecerla ni hacerla callar con artimañas, trucos ni con formulaciones sutiles. Esto sólo lo hace quien está y actúa en contra de Dios y ya ha transformado la Palabra de Dios a través de Moisés en lo contrario. Otro ejemplo de ello:
    En el segundo libro de Moisés, El Exodo, traducción unificada alemana, está escrito: El que hiera mortalmente a otro será castigado con la muerte (Exodo 21, 12).

    El que hiera a su padre o a su madre será muerto. El que robe a un hombre, háyalo vendido o téngalo en su poder, será muerto. El que maldijere a su padre o a su madre será muerto (21, 15-17).
    En el Exodo 21, 24 se sigue diciendo:

    Ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, cardenal por cardenal.
   Y esto fue utilizado bastante a menudo literalmente para legitimar actos de venganza de todo tipo.
    Jesús no habló de ello en el Sermón de la Montaña. Aquí dice: Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente. Pero yo os digo: No resistáis al mal, y si alguno te abofetea en la mejilla derecha, dale también la otra; y al que quiera litigar contigo para quitarte la túnica, déjale también el manto, y si alguno te requiriera para una milla, vete con él dos. Da a quien te pida y no vuelvas la espalda a quien desea de ti algo prestado (Mateo 5, 38-42).
    De Jesús leemos por consiguiente palabras totalmente distintas de las del "Dios" de los "Libros de Moisés". Quien desee ser un cristiano honesto, tendría que tomar la decisión: o bien a favor de Dios a través de Jesús, el Cristo, o a favor del Dios de la institución Iglesia, pues no se puede servir a dos señores. El Dios falso nos hará caer algún día. El mejor ejemplo para ello es nuestra sociedad indiferente e inmisericorde.
    En el quinto libro de Moisés, el Deuteronomio, se habla entre otras cosas, de la ley del talión:

    No tendrá tu ojo piedad; vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie (Deuteronomio 19, 21).
   La guerra y los guerreros. Cuando vayas a hacer la guerra a tus enemigos, al ver los caballos y los carros de un pueblo más poderoso que tú, no los temerás, porque el Señor, tu Dios, que te sacó de Egipto, está contigo. Cuando se vaya a dar la batalla, avanzará el sacerdote y hablará al pueblo, y le dirá: ¡Oye, Israel! Hoy vais a dar la batalla a vuestros enemigos; que no desfallezca vuestro corazón; no temáis, no os asustéis ni os aterréis ante ellos, porque el Señor, vuestro Dios, marcha con vosotros para combatir con vosotros contra vuestros enemigos, y El os salvará (20, 1-4).
    Hoy se hace de forma similar, como si Jesús no hubiese estado en esta Tierra desde entonces: los sacerdotes de hoy bendicen las guerras e incluso las armas en la creencia de que los que han sido bendecidos por ellos tienen a Dios a su lado en contra del "enemigo".
    En el mismo libro de Moisés se dice:

    La conquista de las ciudades.
   Cuando te acerques a una ciudad para atacarla, le brindarás la paz. Si la acepta y te abre, la gente de ella será hecha tributaria y te servirá. Si en vez de hacer las paces contigo quiere la guerra, la sitiarás; y cuando el Señor, tu Dios, la pusiere en tus manos, pasarás a todos los varones al filo de la espada, pero las mujeres, los niños y los ganados y cuanto haya en la ciudad, todo su botín, lo tomarás para ti y podrás comer los despojos de tus enemigos, que el Señor, tu Dios, te da. Así harás con todas las ciudades situadas lejos de ti, que no sean de las ciudades de estas gentes. Pero en las ciudades de las gentes que el Señor, tu Dios, te da por heredad, no dejarás con vida a nada de cuanto respira (Deuteronomio 20, 10-16).
    Los cruzados de la Edad Media vadeaban en la sangre de aquellos a los que habían vencido en nombre de la Cruz. Entre 1941 y 1943 no fue muy distinto en Croacia. La Iglesia lo hace realidad: E