El texto original así como el resto de las
ediciones de esta publicación gratuita
pueden solicitarse en la siguiente dirección:
Universelles Leben e.V., Haugerring 7, 97070 Würzburg, Tel. (0)931/39030, Fax
(0)931/3903-233
| ... envíenem por favor inmediatamente: |
| Mayo 2000 | año 1 se publica de forma no periódica | n° 15 |
¿Hay dos Dioses universales,

Cuando Yo saqué de Egipto a vuestros padres, no fue de holocaustos
(Jeremías 7, 22-28)
A decir verdad, ya no queda ni una sombra
Indice
La enseñanza de la Iglesia en un callejón sin salida
"No debes...": Dios respeta el libre albedrío de Sus hijos
Jesús de Nazaret luchó a favor de los
animales.
Testimonios en "Esta es Mi Palabra"
Jesús estaba en contra de cualquier forma de derramamiento de sangre
Martín Lutero: ¿Vida y enseñanza en el espíritu cristiano del amor al prójimo?
¿"Matar" o "asesinar"?
Jesús cumplió la Ley y profundizó la enseñanza
Suntuosidad y ceremonias para la
consagración e investidura
de sacerdotes en los Libros de Moisés
El sacrificio de redención que trajo Jesús. "El chivo expiatorio"
Los primeros cristianos originarios no conocían ninguna ceremonia
Las Sagradas Escrituras el Antiguo y
el Nuevo Testamento
"están inspiradas por el Espíritu Santo"
En el catecismo de la Iglesia católica:
"Dios confió los animales a la administración del hombre..."
El comer carne - ¿una concesión de Dios a
la debilidad humana?
¿Comió Jesús carne?
Declaraciones sobre animales en el catecismo luterano-protestante
Jesús de Nazaret sobre el tema de los
"animales"
en la Manifestación de Cristo "Esta es Mi Palabra"
Los animales claman. El profeta denuncia
¿Hay dos Dioses
universales,
el Dios de Moisés y el Dios de Jesús
o es Uno que cambia?
"Yo, el Señor, no cambio..."
(Malaquías 3, 6)
"La vida en Dios no sólo incluye al prójimo, sino también a todas las otras formas de vida, como animales, plantas, minerales y piedras, pues todo lo que es lleva en sí la vida, Dios". (Esta es Mi Palabra, pág. 801)
Quien lea en el título
de esta nueva edición de "El Profeta" el doble tema, seguramente se preguntará
qué tiene que ver la pregunta "¿Dos Dioses o un Dios que cambia?" con lo que
los animales tienen que sufrir en nuestro tiempo. ¿No se encuentran ambos aspectos de
este tema a niveles completamente diferentes?
Sin embargo, el que investiga las causas del sufrimiento de los
animales, que son despreciados, esclavizados y reducidos a objetos de uso y consumo,
topará sin más remedio con raíces que están fundamentadas en las prácticas religiosas
de épocas antiguas, en el Antiguo Testamento.
El término "prácticas religiosas" ya da aquí que pensar.
Pues religión es el ámbito de la unión con Dios y con lo divino. Pero que esto sea a lo
que en aquella época aspiraron y alcanzaron los "practicantes" responsables,
hay que ponerlo en duda.
En lo que usted va a leer a continuación no habla en última instancia sólamente el profeta, a pesar de que en esta ocasión no se trata de un diálogo con un contemporáneo, sino que hablan muchos hechos, muchos testimonios en palabras y también en imágenes. Ellos nos hablan y el que tenga oídos para oír, que oiga. Ellos dan que pensar y a quien utilice su entendimiento se le hará la luz. Ellos nos plantean preguntas y quien tenga un corazón que aún pueda sentir, sentirá el mensaje.
Lo que él haga luego con el mensaje o si permite que a éste siga una decisión junto con una actuación correspondiente, eso es asunto de cada uno.
Han pasado 2.000 años
desde Jesús de Nazaret. El Hijo de Dios vino a nosotros como hombre, como el Hijo del
hombre, para traernos el mensaje de Dios, Su Padre, que es también nuestro Padre. El
mensaje que Jesús nos trajo de Dios, Su y nuestro Padre, es el amor.
El camino hacia el amor comienza con la reconciliación entre los
hombres, y entre los hombres, los animales y la Tierra. Unicamente de esta manera el
hombre llega a la unidad con Dios y con toda Su creación, incluyendo el universo.
Dios es el amor. Su ser infinito es por lo tanto amor. Jesús dijo a
los hombres que Su Padre y El, Jesús, el Cristo, son uno. Con ello Jesús quería decirle
a los hombres que Su mensaje es la verdad que viene de los Cielos, de Dios, Su Padre, que
también es el Padre de todos los hombres. Jesús nunca mantuvo distancia alguna entre sí
y los hombres, sino que en su calidad de hijos e hijas de Dios los puso como a Sus
iguales, expresando palabras del siguiente sentido: Debéis llegar a ser perfectos como
lo es vuestro Padre en el Cielo (Mateo 5, 48). El nos dió además la oración que
comienza con la frase: Padre nuestro, que estás en los Cielos ...
Jesús nos dió entre otras la siguiente indicación transcendental que igualmente es transmitida en la Biblia: No penséis que he venido para abolir la Ley o los Profetas; no he venido a abolirla, sino a consumarla Pasarán cielo y tierra antes que falte una jota o una tilde de la Ley hasta que todo se cumpla. Si, pues, alguno descuidase uno de esos preceptos menores y enseñare así a los hombres, será tenido por el menor en el reino de los cielos; pero el que practicare y enseñare, éste será tenido por grande en el reino de los cielos (Mateo 5, 17-19).
Jesús habló con estas, Sus palabras, de la Ley eterna, y con ello del Dios eterno invariable. Con ello expresó, sin dar cabida a equívocos, que los profetas enviados por Dios hablaron legítimamente, o sea la verdad, que es Dios, que anunciaron por medio de la palabra profética.
Quien compara los "libros de Moisés" del Antiguo Testamento con las enseñanzas de Jesús, se planteará muy pronto la pregunta: ¿Habló Jesús legítimamente, también cuando dijo que El cumpliría la palabra de los profetas? ¿O aquello que se puede leer en Moisés es la verdad? ¿Y cómo es en este sentido con los profetas que vinieron después de Moisés? El contenido de sus declaraciones fue en muchos casos muy diferente a las palabras transmitidas por Moisés; en parte decían lo contrario. ¿O es que a través de los profetas de la Antigua Alianza hablaron diferentes deidades? Las diferencias entre las declaraciones e indicaciones de los profetas nos hacen llegar a la conclusión de que hay varios dioses. Y por otra parte Jesús nos enseñó un Dios diferente al "Dios" que, por ejemplo, habló a través de "Moisés".
Quien ahora piense que
las iglesias "cristianas" podrían tener una respuesta convincente y que además
le podrían ayudar a alcanzar claridad y seguridad en toda esta confusión e inseguridad,
sufrirá una decepción: ellas nos aclaran más o menos que cada palabra de la Biblia es
la verdad de Dios, de lo cual se deduce que lo que Dios habló a través de Moisés se
encuentra en la Biblia en su forma auténtica. Según ello, Dios ordenó, entre otras
cosas, matar animales en sacrificios sangrientos y crueles para ofrecérselos a El. El, el
Señor, habría escogido a determinadas personas, los sacerdotes, para que llevaran a cabo
los actos de sacrificio en rituales detallados y ya prescritos, "tal y como el Señor
se lo ordenó a Moisés".
Si seguimos las enseñanzas de las Iglesias, esto sería entonces la
verdad.
¿Pero cómo es ahora con los otros profetas del Antiguo Testamento,
como por ejemplo Amos, Isaías, Jeremías y muchos otros, a través de los cuales Dios
habló en contra de sacrificios de fuego, de matanza y similares? Jesús, el profeta más
grande de todos los tiempos, también se manifestó contra las declaraciones e
indicaciones que supuestamente Dios habría anunciado a través del profeta Moisés.
La contradicción que está contenida en estas diferentes
"declaraciones de Dios" es evidente. ¿Es que entonces ambas cosas deberían ser
verdad, según lo afirma la doctrina de la Iglesia?
Observemos una vez más
las diferentes imágenes de Dios:
Jesús nos enseñó el Dios de los Diez Mandamientos, que es un Dios
bondadoso y sabio, un Dios del amor y de la reconciliación, un Creador que está a favor
de la vida de los animales y de toda la naturaleza.
El "Dios" de los Libros de Moisés sería en comparación un
Dios duro, cruel y brutal, que impone castigos duros a los hombres, incluso les castiga
con la muerte, pero que sobre todo permite que el mundo animal sea torturado y masacrado
de forma indecible, para poder calmarse con el humo de los sacrificios. ¿Se puso por
consiguiente el "Dios" de los Libros de Moisés en el Antiguo Testamento con sus
instrucciones sobre prácticas crueles por encima del Dios de los Diez Mandamientos?
Una y otra vez nos encontramos ante la pregunta: ¿es el Dios del
Antiguo Testamento principalmente el Dios de los "Libros de Moisés"
un Dios diferente al del Nuevo Testamento? Si es el mismo y único Dios, o bien el Antiguo
Testamento tiene que haber sido falsificado especialmente los "Libros de
Moisés", o Jesús no ha dicho la verdad. ¿O es que acaso Dios cambia?
En su edición número 13 de Abril de 1998, El Profeta trató
esta pregunta en un diálogo con un experto en teología católica y con otro en teología
protestante-luterana. Esta pregunta será retomada aquí de nuevo, pero en especial
relación con el sacrificio de animales.
Los primeros cristianos originarios no se
preocupaban de semejantes preguntas. Para ellos estaba claro que la palabra, la
enseñanza, el mensaje y la vida de Jesús, el Hijo de Dios, el Cristo, era la palabra
auténtica de Dios, que corresponde a la voluntad de Dios para hombres y almas y con ello
tenía que servir de medida para aquello que en otras partes y en otras épocas había
sido y sería presentado como la Palabra de Dios.
Nosotros los hombres no tendríamos ahora ninguna necesidad de
reflexionar sobre "la Palabra de Dios ayer y hoy - ¿verdad o no?", sí, incluso
ni siquiera habría sido necesario que Dios tuviera que enviar una vez más a un profeta
de enseñanza a la Tierra, si es decir, si el desarrollo del
cristianismo originario hubiese continuado orientándose hacia Jesús, el Cristo. Sin
embargo no se derarrolló así por mucho tiempo, con el resultado de que el mal espíritu
atribuido a Moisés, y que Jesús corrigió de muchas formas, aún hoy puede seguir
actuando, incluso de forma mucho más penetrante, masiva y "global" de lo que
les es consciente a muchos. No obstante, aquello que al hombre no le es consciente, puede
influirle y manipularle.
Dios es amor, bondad y
mansedumbre. El no necesita ser apaciguado con costumbres crueles y paganas.
¿Como se llegó, pues, a las declaraciones e instrucciones en el Libro
de Moisés? ¿Quién podría tener interés en atribuirle a Moisés la ordenanza de
costumbres sangrientas y paganas? Es Dios mismo quien da la respuesta. El habló un tiempo
más tarde a través del profeta Jeremías:
Cuando Yo saqué de
Egipto a vuestros padres, no fue de holocausto y sacrificios de lo que les hablé y
ordené, sino que les dí este mandamiento: Oíd Mi voz y seré vuestro Dios, y vosotros
seréis Mi pueblo, y seguid los caminos que Yo os mando, y os irá bien.
Pero ellos no Me escucharon, no Me prestaron oído, y siguieron los
consejos y vicios de su mal corazón, y Me mostraron la espalda y no el rostro. Desde el
día que vuestros padres salieron de Egipto hasta hoy os he enviado a Mis siervos, los
profetas, día tras día sin cesar, pero no Me escucharon, no me prestaron oído, y
endurecieron su cerviz y obraron peor que sus padres.
Dirás todo esto, y no escucharán; los llamarás, y no te
responderán. Díles, pues: Es una nación que no oye la voz del Señor, su Dios; que no
acepta corrección. Ha perecido la fidelidad y ha desaparecido de su boca (Jeremías 7,
22-28).
Por consiguiente Dios
ha puesto al descubierto a través de Jeremías la falsedad de los "Libros de
Moisés" y con ello ha rehabilitado al profeta Moisés.
Moisés ha sido igualmente rehabilitado en nuestro tiempo, por un lado
por medio de las investigaciones bíblicas modernas, que demuestran que la palabra de Dios
por boca de Moisés, tal y como se encuentra en el Antiguo Testamento, no es auténtica, y
que el texto más bien fue intencionadamente corregido y "redactado" muchas
veces. Grandes partes de la "versión final" transmitida en la Biblia las
atribuyen los científicos de forma unánime a los sacerdotes.
Pero no es sólo esto lo que habla a favor de Moisés. La
"Instancia" más elevada, la Inteligencia originaria, la Sabiduría y Justicia
divinas, el Espíritu del Cristo de Dios, en la grandiosa obra manifestada "Esta
es Mi Palabra. Alfa y Omega. El Evangelio de Jesús. El libro que ya conocen todos los
verdaderos cristianos en todo el mundo", que nos regaló el Cristo de Dios
a través de Su profetisa del tiempo actual, da un testimonio evidente y aclarador de
Moisés con las siguientes palabras:
Moisés ni ordenó el sacrificio de animales ni lo aprobó. Sin embargo, no interfirió en la voluntad satánica de los que querían comer carne. Les instruyó y enseñó que tanto el consumo como el sacrificio de animales es pecado. Sin embargo, como los obstinados israelitas insistieron en ello, Moisés tuvo que callar, pues también los israelitas eran hijos de Dios y tenían el libre albedrío. Veían todo sólo desde su pecado, y por eso consideraron el callar de Moisés como asentimiento (pág. 591).
El Espíritu de Dios
corrobora en repetidas ocasiones en Su gran manifestación que Moisés era un siervo fiel
de Dios y que transmitió la Palabra de Dios a los hombres de su tiempo de forma
fidedigna. Por ello Dios rehabilita a Moisés de nuevo.
Quien lea con el corazón las palabras de Dios a través de Jeremías,
llegará al convencimiento de que los "Libros de Moisés" tienen que ser los
libros de los sacerdotes de aquel tiempo, quienes atribuyeron a Moisés sus ideas y su
culto pagano cruel y asesino. Según parece, los sacerdotes querían seguir ejerciendo lo
que había quedado del antiguo paganismo y que los israelitas habían llevado consigo a su
esclavitud en Egipto.
La enseñanza de la Iglesia en un
La pregunta del título de esta edición de El Profeta: "Dos Dioses universales, el Dios de Moisés y el Dios de Jesús -¿o es Uno que cambia?", en realidad ya ha sido respondida. Dios mismo lo dice claramente a través del profeta Malaquías: Yo, el Señor, no cambio... (Malaquías 3, 6).
De ello resulta,
después de lo que hasta ahora ha sido dicho, que el sentido de la declaración de la
Iglesia, que dice: La Biblia es en todas sus partes la palabra directa y verdadera de
Dios... tiene que ser falsa.
En las amplias aclaraciones que seguirán a continuación, brilla ahora
la luz de la verdad igual que a través de las distintas facetas de un cristal
tallado en esta mezcolanza impenetrable de verdad y mentira que ha traído
confusión a tantas mentes, desconsuelo a tantos corazones, que ha causado desesperanza y
el sentirse perdido, y ha contribuido de forma decisiva al desarrollo que al final ha
conducido al mecanismo de presión y mentira, que se autodenomina "Iglesia
cristiana".
La Verdad os hará libres (Juan 8, 32), dijo Jesús de Nazaret. La Palabra de Dios siempre ha sido la luz de la verdad que El ha dado a través de los mensajeros de luz de los Cielos a los hombres, para que éstos se puedan liberar de sus cargas, de la esclavitud interna y externa, de la atadura y opresión. Desde siempre el adversario de Dios fue el enemigo de la verdad y de lo bueno. El siempre se esforzó y se esfuerza en oscurecer la luz. Para ello cualquier método es bueno, y el abusar del nombre de Dios y del nombre de Jesús, el Cristo, se muestra como uno de los métodos más refinados hoy diríamos: psicológicamente efectivos-, para envenenar los corazones de los creyentes y devotos de Dios, para atar sus almas y permitir la entrada de la mentira y el engaño, de lo no divino.
"No debes...": Dios respeta
Dios, la Verdad y la
Luz, es invariable. Esto lo enseñó Jesús, el Cristo, una y otra vez. También en los
Diez Mandamientos, que Dios dió a la humanidad a través de Moisés, vemos el Dios que
nos trajo Jesús, el Cristo, y que no dijo nada de todo aquello que supuestamente ordenó
el "Dios" de los "Libros de Moisés".
Dios deja en los Diez Mandamientos la libertad a cada uno para cumplir
Sus Mandamientos, o para no seguirlos. Dios no obliga. Dios dice: "Tú debes".
Por el contrario, en los "Libros de Moisés", aquel "Dios del Antiguo
Testamento" dió instrucciones obligatorias. El no respetó el libre albedrío de Sus
hijos. En los Diez Mandamientos Dios no nos enseña a los hombres ni crueldad ni crimen,
tampoco el matar a personas ni el degollar animales. Si Dios, el Eterno, hubiese ordenado
todo lo que se encuentra en los "Libros de Moisés", habría pecado contra Sus
propios Mandamientos y sería, por consiguiente, un Dios pecador.
Alguno podría alegar ahora que el matar está permitido y sólo el
asesinar no, pues el "No matarás", según reflexiones actuales de la ciencia de
la teología, significa ahora "No asesinarás". De igual modo fueron cambiados
los Diez Mandamientos en la llamada Biblia de la Nueva Jerusalén, edición en alemán de
1985. Si esto fuese así, Jesús le hubiese dado a un joven una respuesta errónea, cuando
éste Le preguntó: Maestro, ¿qué obra buena he de realizar para alcanzar la vida
eterna? Jesús respondió al joven (en la misma edición de la Biblia): ¿Por qué
me preguntas sobre lo bueno? Uno sólo es bueno: si quieres entrar en la vida, guarda los
mandamientos. Díjole él: ¿cuáles? Jesús respondió: No debes matar, no debes cometer
adulterio, no debes robar, no debes levantar falso testimonio; honra a tu padre y a tu
madre y ama a tu prójimo como a ti mismo (Mateo 19, 17-19).
O sea, que Jesús dijo: "Guarda los mandamientos" y
advirtió al joven: "No debes matar." Jesús no dijo: "No debes
asesinar". Tampoco dijo: "Sólo debes matar en casos de excepción".
Jesús de Nazaret luchó a favor de los animales.
Jesús tampoco hizo
ninguna diferencia entre hombre y animal, pues el Mandamiento decía y dice: "No
debes matar". Esta es una indicación general con el significado: No debemos
matar ni a personas ni a animales.
En Esta es Mi Palabra leemos, entre otras cosas, lo que Cristo
dijo y enseñó a los hombres de Su tiempo, cuando El estuvo en esta Tierra, también en
relación con el trato hacia los animales.
Siendo Jesús de
Nazaret hablé a muchos hombres acerca de la ley de la vida; así también acerca de los
animales, los cuales, de forma similar a los hombres, sienten dolor, sufrimiento y
alegría. De la misma manera que el hombre no debe estar en contra, sino a favor de su
prójimo, también debe estar a favor de los animales y asumir responsabilidad para con
ellos, pues ellos sirven al hombre.
Una y otra vez enseñé a los hombres que también los animales son
criaturas de Dios, que el hombre no debe menospreciar, sino amar. Quien les pegue y
torture, experimentará algún día en su alma y en su cuerpo algo igual o parecido; pues
lo que el hombre hace a sus semejantes y a las criaturas, los animales, se lo está
haciendo a sí mismo (pág. 429).
La Biblia cuenta que durante la "multiplicación de los panes", además de éstos Jesús también repartió peces para que comiesen los que se habían reunido. En el evangelio de Marcos podemos leer: El, tomando los cinco panes y los dos peces, alzando los ojos al cielo, bendijo y partió los panes y se los entregó a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Y también los dos peces los hizo repartir entre todos (Marcos 6, 41).
¿No son los peces también animales?, puede que se pregunte alguno. En Esta es Mi Palabra leemos lo que realmente ocrrió:
Mis discípulos Me
trajeron panes y uvas para su multiplicación. Ese día también Me fueron entregados
peces muertos para su multiplicación. Cuando tomé en Mis manos esta sustancia muerta,
expliqué a los hombres que de ella el potencial de fuerza de Mi Padre, la elevada fuerza
vital, se había retirado en gran medida, y que Yo no creo peces vivos para que a su vez
sean matados.
Expliqué a los hombres que la vida está en todas las formas de vida y
que el hombre no debe matarla intencionadamente. Los hombres, especialmente los niños, Me
miraron con tristeza. No Me podían entender, pues vivían mayormente de peces, pan y
pocas cosas más. Entonces les hablé en el sentido siguiente: las energías de la Tierra
hacen que los peces muertos todavía mantengan su cohesión. Así que no os regalaré
peces vivos provenientes del Espíritu del Padre, sino que os crearé peces que están
muertos, o sea pobres en vibración, provenientes de la energía de la Tierra. Nunca
llevarán vida, y no podrán ser matados. Quiero mostraros cómo sabe lo que está vivo
pan y frutos-, en comparación con el alimento muerto.
Y creé para ellos peces a partir de las energías de la
Tierra que llevaban poca sustancia espiritual. Les di los peces muertos y les mandé
comer al mismo tiempo el pan y los frutos, para que notaran la diferencia entre alimento
vivo y muerto, entre alimentos de vibración alta y de vibración baja.
De éste y de parecido modo instruí a los hombres (pág. 379-380).
Así vemos cuán
prudente, comprensiva y cuidadosamente hablaba Jesús a Sus semejantes y les acercaba las
leyes de Dios de forma comprensible en una situación concreta.
En Esta es Mi Palabra Cristo nos da también las siguientes
indicaciones:
Quien ame a su prójimo desinteresadamente, no le hará violencia ni
lo matará. Y quien ame desinteresadamente a su prójimo, tampoco matará
intencionadamente a animales. Quien respeta a hombres y a animales, tampoco tiene
intenciones belicosas, porque respeta las leyes de Dios, a las cuales también pertenecen
las leyes de la naturaleza. Quien se esfuerce en cumplir las leyes de Dios, se abstendrá
cada vez más de la alimentación cárnica y aceptará agradecido los dones de la tierra
es decir, aquel alimento que viene de Dios para Sus hijos humanos (pág. 475).
Cristo luchó a favor de los animales donde Le fue posible. El que en
la Biblia no haya nada más al respecto no sorprende, pues no formaba parte de los
intereses de los sacerdotes el enseñar al pueblo en el sentido de Jesús de Nazaret, sino
en su sentido, en el sentido de la Iglesia que aspira al poder terrenal. Por ello, el
aspecto relacionado con el "animal" no fue recogido en el Nuevo Testamento de
las "Sagradas Escrituras", como tampoco lo fue el mandamiento de Jesús de
abstenerse de tomar alimentos cárnicos.
Sigamos leyendo cómo Jesús reaccionó ante el sufrimiento de los
animales en Esta es Mi Palabra:
1. Aconteció que el
Señor salió de la ciudad, e iba por la montaña con Sus discípulos. Y llegaron a un
monte de caminos muy escarpados. Allí encontraron a un hombre con un animal de carga.
2. El caballo se había desplomado a causa de la sobrecarga, y el
hombre lo golpeaba hasta hacerle sangrar. Y Jesús se le acercó y dijo: "tú, hijo
de la crueldad, ¿por qué golpeas a tu animal? ¿No ves acaso que es demasiado débil
para su carga, y no sabes que sufre?"
3. Pero el hombre respondió: "¿qué tienes que ver Tú con esto?
Puedo golpear a mi animal cuanto me plazca; pues me pertenece y lo compré por una buena
suma de dinero. Pregunta a los que están contigo, pues son de mi vecindario y lo
saben".
4. Y algunos de los discípulos respondieron diciendo: "sí,
Señor, es tal como dice; estábamos presentes mientras compraba el caballo". Y el
Señor respondió:"¿no veis acaso cómo sangra y no oís cómo gime y se
lamenta?" Pero ellos respondieron diciendo: "¡No, Señor, no oímos que gima y
se lamente!"...
5. Y el Señor se entristeció y dijo: "¡ay de vosotros, que por
la insensibilidad de vuestro corazón no oís cómo se lamenta y clama piedad al Creador
celestial, y tres veces ay de aquel contra el que clama y se lamenta en su tortura!"
6. Se acercó y tocó al caballo, y el animal se levantó, y sus
heridas estaban curadas. Dijo al hombre: "prosigue ahora tu camino y en adelante no
lo golpees más, si es que también esperas hallar piedad" (pág. 205-211).
Jesús no solamente llevaba en su corazón a los hombres y animales, sino a toda la naturaleza. El estaba unido con todas las formas de la Creación, también con los astros y las fuerzas elementales. Nos ha sido transmitido que la tormenta Le obedeció y que el agua Le permitió que El caminase sobre ella. Tal y como El, siendo Jesús, instruía a Sus hermanos y hermanas, así también nos instruye hoy, por ejemplo en Esta es Mi Palabra:
¡Respetad, valorad y
honrad la fuerza creadora en todo lo que es! Ved: todo lo que es fuerza y luz, lo lleva
cada hombre en lo más interno de su alma. El cuerpo espiritual del hombre es la sustancia
de todo lo que es, porque Dios, el Padre eterno, ha dado todo como esencia, como herencia,
a cada uno de Sus hijos. En todas las formas de vida está el Espíritu eterno, y fluye
también desde todas las formas de vida.
Cuando el hombre ha llegado a ser conscientemente hijo de Dios, la
omnipotencia de Dios le sirve a través de todas las formas de vida; a través de la
piedra, la madera, el fuego y el agua, a través de las flores, las hierbas, las plantas y
los animales. Todos los astros sirven al que vive en Mí, el Espíritu de la verdad.
Cuando la fuerza creadora puede traspasar a la criatura, porque su alma está llena de luz
y de fuerza, ella vuelve a ser conscientemente el hijo o la hija del infinito y ha vuelto
a retomar la herencia, la fuerza universal.
Cada día terrenal es un regalo al hombre, para que en él se reconozca
y se encuentre a sí mismo. Los reinos de la naturaleza se ofrecen al hombre. Fuego y agua
le sirven, y también los astros día y noche. ¡Ved cuán rico es el día para cada cual!
(Pág. 184).
Antes de que pasemos a los textos de los Libros de Moisés, veamos otro acontecimiento en la vida de Jesús de Nazaret transmitido en Esta es Mi Palabra:
1. Y yendo Jesús hacia
Jericó, se encontró con un hombre con palomas jóvenes y una jaula llena de pájaros que
había capturado. Y vio la aflicción de éstos por haber perdido su libertad, además de
sufrir hambre y sed.
2. Y dijo al hombre: "¿qué haces con ellos?" Y el hombre
respondió: "vivo de la venta de los pájaros que capturo".
3. Y Jesús le dijo: "¿qué pensarías si alguien más fuerte o
más astuto que tú te atrapara y encadenara a ti, o a tu mujer o a tus hijos, y te
arrojara en prisión para venderte en su propio provecho y para ganarse con ello su
sustento?
4. ¿No son estas criaturas tu prójimo, sólo que más débiles que
tú? ¿Y no cuida el mismo Dios, Padre y Madre, de ellos, lo mismo que de ti? Deja en
libertad a estos tus pequeños hermanos y hermanas y procura no hacer tal cosa nunca más,
sino gana honradamente tu pan".
5. Y se maravillaba el hombre de estas palabras y de Su poder, y dejó
a los pájaros en libertad. Al verse libres volaron hacia Jesús y se posaron en Sus
hombros y Le cantaban.
6. Y el hombre continuó preguntando acerca de Su enseñanza, y siguió
su camino, aprendiendo el oficio de canastero. Con su trabajo ganó su pan y rompió sus
jaulas y trampas y se hizo discípulo de Jesús (pág. 494-495).
El espíritu de los Libros de Moisés
Jesús vino, como El
dijo, para cumplir la Ley de Dios. El lo hizo con Su vida y Sus obras. Y El enseñó cómo
nosotros los hombres podemos cumplir la Ley de los Cielos en cada paso de la vida diaria;
el testimonio esencial de ello es Su Sermón de la Montaña.
Antes de pasar a la pregunta de cómo fue posible que el verdadero
camino cristiano, el camino del seguimiento de Jesús, no fuese recorrido por muchos de
los así llamados cristianos, volvamos una vez más a los Libros de Moisés. Las
enseñanzas e instrucciones registradas en ellos, así como el sistema de poder
religioso-social, siguieron teniendo vigor hasta que Cristo en Jesús viniera a esta
Tierra, a pesar de que Dios había enviado una y otra vez a Sus mensajeros, los profetas,
para aclarar al pueblo y moverlo hacia la fe y vida verdaderas. La ceguera y la carga de
los hombres que resultó de ello, fue una de las mayores razones del por qué Jesús no
fue acogido ni aceptado por Sus contemporáneos y del por qué tuvo que recorrer el camino
hacia el Gólgota. Además, también después de Su muerte física, a los primeros
cristianos originarios pronto se les unieron corrientes contrarias a la Ley de Dios que
finalmente se impusieron.
El nuevo cristianismo, que por cierto se hacía llamar así, tomando el
nombre de Cristo, pero no estaba con Cristo, se muestra así de forma diferente a la vida
religiosa y social descrita en los Libros de Moisés. ¿Pero cómo son las raíces? Estas
siempre traen frutos de igual naturaleza, con el mismo contenido. Y Jesús dijo: "Por
sus frutos los reconoceréis".
Qué espíritu sopla en las ceremonias, que se pueden leer en los Libros de Moisés, lo podemos extraer de la siguiente cita del tercer libro de Moisés, el Levítico:
Si su ofrenda es de
holocausto de ganado mayor, será de un macho inmaculado; lo traerá a la puerta del
tabernáculo del testimonio, para que sea grato al Señor; pondrá su mano sobre la cabeza
de la víctima, y será aceptada ésta para expiación suya, e inmolará la res ante el
Señor. Los sacerdotes, hijos de Arón, llevarán la sangre y la derramarán en torno del
altar que está a la entrada del tabernáculo de la reunión. Desollará el holocausto y
lo descuartizará. Los hijos del sacerdote Arón pondrán fuego en el altar y dispondrán
la leña sobre el fuego, y ordenarán sobre ella los trozos con la cabeza y el redaño
sobre la leña que arde en el altar, las entrañas y las patas, lavadas antes en agua, y
todo lo quemará el sacerdote sobre el altar. Es holocausto, ofrenda encendida de suave
olor para el Señor.
Si la ofrenda es de ganado menor, holocausto de oveja o cabra,
ofrecerá un macho inmaculado, y lo inmolará al lado del altar que mira al norte ante el
Señor; y los sacerdotes, hijos de Arón, derramarán la sangre en torno al altar. Lo
descuartizarán, y con la cabeza y el sebo lo dispondrá el sacerdote sobre la leña
encendida del altar. Las entrañas y las patas se lavarán en agua, y todo lo quemará el
sacerdote sobre el altar. Es holocausto, ofrenda encendida de suave olor para el Señor.
Si la ofrenda al Señor fuere un holocausto de aves, ofrecerá
tórtolas o pichones. El sacerdote llevará la víctima al altar, y quitándole la cabeza,
la quemará en el altar; la sangre la dejará correr sobre un lado del altar; los
intestinos con sus excrementos los tirará junto al altar, al lado de oriente, en el lugar
donde se echa la ceniza. Le romperá las alas, y sin separarlas del todo, el sacerdote la
quemará sobre la leña encendida en el altar. Es holocausto, ofrenda encendida de suave
olor para el Señor (1, 3-17).
"De suave olor
para el Señor". ¿Por qué habría que calmar al Señor con el así llamado
"suave olor", que seguramente no era ningún olor agradable, sino más bien un
hedor? Según las enseñanzas de Jesús, Dios es el amor, la reconciliación, la
compasión y la bondad, el equilibrio en todas las cosas. ¿Por qué debe ser, pues,
tranquilizado? Como bien es conocido, los así llamados animales salvajes nosotros
los denominamos a menudo bestias- son tranquilizados con trozos de carne o son conducidos
así hacia una trampa. ¿Se pensaba acaso o se quería dar la impresión, de que Dios, el
Absoluto eternamente existente, puede ser manipulado, como a menudo lo podemos ser
nosotros los hombres, o como se piensa en manipular a otros? Un intento semejante da
testimonio de lejanía de Dios.
Dios no tiene debilidades. Por ello tampoco se Le puede manipular.
En el tercer libro de Moisés, el Levítico, seguimos leyendo:
Quien ofrezca al Señor
una oblación de ofrenda incruenta, su oblación será de flor de harina, sobre la cual
habrá derramado aceite y pondrá incienso. La llevará a los sacerdotes, los hijos de
Arón, quienes, tomando un puñado de la harina con aceite y todo el incienso, la
quemarán sobre el altar, como combustión, en memoria, en olor suave para el Señor.
Lo que resta de la oblación será, para Arón y sus hijos, cosa
santísima de las combustiones del Señor (2, 1-3).
Lo que resta de la
oblación, que era para Arón y sus hijos, era seguramente la mejor parte. ¿Es hoy
diferente? Los más pobres comen de las migajas que caen de la mesa de los ricos, entre
los que se pueden contar también a los "altos dignatarios" de la Iglesia.
Lo "sagrado", incluso lo "santísimo" le
correspondía a los sacerdotes. ¿Lo había ordenado Dios, por ejemplo a través de
Moisés? Ellos mismos se otorgaron el mérito de lo "sagrado", y esto incluso de
forma hereditaria, sin tener que considerar el "merecimiento" de cada uno.
En el Levítico seguimos leyendo:
Quien ofreciere un
sacrificio pacífico, si lo ofrece de ganado mayor, macho o hembra, sin defecto lo
ofrecerá al Señor. Pondrá la mano sobre la cabeza de la víctima y la degollará a la
entrada del tabernáculo de la reunión; y los sacerdotes, hijos de Arón, derramarán la
sangre en torno del altar. De este sacrificio pacífico ofrecerá al Señor en combustión
el sebo que envuelve las entrañas y cuanto hay sobre ellas, los dos riñones, con el sebo
que los recubre y el que hay entre los riñones y los lomos, y el que hay en el hígado
sobre los riñones, y lo quemarán los hijos de Arón en el altar, encima del holocausto
puesto sobre la leña encendida. Es sacrificio de combustión de suave olor para el
Señor.
Si lo que ofrece es ganado menor, macho o hembra, en sacrificio
pacífico al Señor, lo ofrecerá inmaculado. Si es cordero, lo presentará ante el
Señor, pondrá su mano sobre la cabeza de la víctima, y la degollará ante el
tabernáculo de la reunión. Los hijos de Arón derramarán la sangre en torno del altar.
De este sacrificio pacífico ofrecerán al Señor en combustión la cola toda entera, que
se cortará desde la rabadilla; el sebo que envuelve las entrañas y cuanto hay sobre
ellas, los dos riñones, el sebo que los recubre y el que hay entre ellos y los lomos, y
la redecilla del hígado sobre los riñones. El sacerdote lo quemará sobre el altar. Es
alimento de combustión para el Señor.
Si ofreciere una cabra, la presentará al Señor, pondrá su mano sobre
la cabeza de la víctima y la degollará a la entrada del tabernáculo de la reunión, y
los hijos de Arón derramarán la sangre en torno al altar (3, 1-13).
Con semejantes instrucciones para llevar a cabo ceremonias sangrientas
y otras parecidas, con carácter de magia, uno piensa automáticamente en magia de vudú.
En el diccionario encontramos sobre magia de vudú lo siguiente: Culto secreto
mágico-religioso sincrético en la isla de Haití, procedente del Oeste de Africa y
combinado con elementos católicos. En la enciclopedia alemana de Meyers leemos: Nombre de
un culto secreto sincrético extendido sobre la isla de Haití, en el que tienen una
especial importancia danzas de éxtasis que deben conducir a los participantes a la
identificación con las deidades.
Si la magia vudú está combinada con elementos católicos, seguramente que este
"enriquecimiento" del culto no ha ocurrido por casualidad. ¿Impera aquí
posiblemente la ley de la atracción de cosas iguales? De este modo, los que pagan
impuestos a la Iglesia deberían pensar para qué los están pagando.
En el Levítico podemos leer:
La piel del novillo,
sus carnes, la cabeza, las piernas, las entrañas y los excrementos, lo llevará todo
fuera del campamento a un lugar puro, donde se tiran las cenizas, y lo quemará
sobre leña. Se quemará en el lugar donde se tiran las cenizas (4, 11-12).
O sea que aquí se nos dice lo que es un "lugar puro".
Quien desee seguir leyendo otras historias macabras de la tradición
pagana más oscura, puede echarle una mirada a lo siguiente:
Si uno pecare, oyendo a
otro imprecar, y siendo testigo de la imprecación, porque lo vio, o de otro modo lo
conoció, y sin embargo no lo denunció, contrayendo así culpa, o si tocare sin darse
cuenta algo impuro, sea el cadáver impuro de una bestia, sea el cadáver impuro de un
reptil, haciéndose impuro él mismo y contrayendo culpa; o tocare sin darse cuenta
cualquier impureza humana, dándose cuenta de ello después, contrayendo así culpa; o
vanamente jurare de ligero hacer algo, de mal o bien, de lo que uno suele jurar vanamente,
sin darse cuenta, y cae después en ella: el que de uno de estos modos incurre en culpa,
por la culpa de uno de estos modos contraída confesará su pecado, y ofrecerá al Señor
por su pecado una hembra de ganado menor, oveja o cabra, y el sacerdote le expiará de su
pecado.
Si no pudiese ofrecer una res, ofrecerá al Señor dos tórtolas o dos
pichones, uno por el pecado y otro en holocausto, y los llevará al sacerdote, que
ofrecerá primero el que es por el pecado, quitándole la cabeza sin separarla del todo, y
haciendo con la sangre la aspersión de un lado del altar, dejando que el resto fluya al
pie del altar; es sacrificio por el pecado (Levítico 5, 1-9).
Jesús estaba en contra de cualquier
Jesús nunca habría
derramado sangre o lo hubiese aprobado. La frase El que haga uso de la espada, por la
espada perecerá (Mateo 26, 52) también se refiere al delito contra el reino animal y
contra toda la naturaleza, y no tiene por qué ser el matar con la espada. Existen muchos
niveles de falta de amor. Los animales sienten de forma muy fina, mientras que las
emociones del hombre son en muchas ocasiones toscas y torpes.
Nada ni nadie "nos puede liberar de un pecado", sino nuestro
Redentor Cristo, cuya fuerza y luz redentoras han tomado morada en nosotros. La condición
para que El pueda llevar a cabo la redención de alguna culpa en nuestra alma es que nos
arrepintamos de nuestro sentir, pensar, hablar y actuar faltos de amor, que pidamos
perdón en nuestro interior a nuestro prójimo o a nuestro prójimo animal contra el que
hayamos pecado, por nuestra parte también le perdonemos por lo que nos haya podido
ocasionar, nos empeñemos en reparar el mal hecho, mientras esto sea posible, y aquello
que hayamos reconocido de malo en nosotros no lo volvamos a hacer más. Sólo entonces nos
perdonará también Dios, así como rezamos desde hace casi 2.000 años en el
Padrenuestro: Perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros
deudores...
No sólo un sacrificio de animales añade más culpa a las nuestras ya
existentes, sino todo aquello que de modo visible o no visible sale de nosotros de maldad,
de falta de aprecio o de rechazo, de crueldad, pero también de falta de comprensión,
falta de consideración o indiferencia. Esto es válido para la humanidad así como para
cada uno en particular.
Cristo está en contra
de cualquier forma de derramamiento de sangre. Cuando Cristo, quien se manifiesta de nuevo
a la humanidad por medio de la palabra profética, habla sobre sacrificio de animales,
también sobre experimentos con animales y otros delitos de la ciencia contra la sabia
Creación de Dios, emplea a menudo la palabra "atrocidad".
Nosotros los hombres debemos considerar a nuestro prójimo animal como
a nuestros hermanos y hermanas animales los que a pesar de que no se hicieron
culpables ante la Ley, Dios, como se hicieron los seres de la Caída-,
también bajaron a las profundidades para que nosotros los hombres nos alegremos de la
vida de la naturaleza y estemos unidos a ella en amor. La naturaleza quiere servir a los
hombres. Ella no quiere ser torturada, martirizada y asesinada para luego ser preparada
para la comida de caníbales.
El hombre, quien en lo más interno es un ser proveniente de Dios, se muestra en muchas ocasiones como un ser de la crueldad.
"... aquél debe ser eliminado".
Lo que sigue a continuación también lo dice el "Dios" de los "Libros de Moisés" contra las enseñanzas de Jesús y al mismo tiempo contra Sus propios Mandamientos. En el Levítico, por ejemplo, podemos seguir leyendo:
Y todo aquel que tocare inmundicia de hombre, de animal o cualquier otra abominación inmunda, y comiere de esta carne, será eliminado de su pueblo (7, 21).
Del sebo de un animal
muerto o destrozado por una alimaña podréis serviros para cualquier uso, pero de ninguna
manera lo comeréis. Y quienquiera que comiere sebo de animales de los que se ofrecen al
Señor en holocausto, será eliminado de su pueblo (7, 24-25).
Bajo el término "eliminado" debemos entender la pena de
muerte que por aquel entonces era común, la lapidación. La lapidación era en tiempos de
Jesús de Nazaret todavía lo más usual. Pensemos sólamente en la ramera que Jesús en
el último minuto salvó de ser lapidada. También Jesús habría tenido algunas veces que
ser llevado a la muerte por Sus semejantes, según dictaban "las Leyes de Dios dadas
a través de Moisés". "Pero El siguió Su camino entre la masa de gente y se
alejó de ellos".
En el tercer libro de Moisés, el Levítico, capítulo 11, se encuentra
detallado qué animales eran considerados puros y cuáles eran impuros. Allí se explica
que el consumo de carne impura tiene como consecuencia la impureza del hombre hasta la
noche de dicho día.
Hoy en día tampoco es raro que aquellos que se consideran amigos de
los animales todavía sigan comiendo carne. Al parecer no se hacen conscientes de que por
ejemplo el filete que ellos compran al carnicero ya cortado y preparado para ser freído,
y en ocasiones ya condimentado, procede de un ternero que apenas hace un par de días
pastaba pacífica y armoniosamente en la pradera. Es posible que éste se dejara acariciar
por los niños de aquellos que ahora piden un filete de ternera en la carnicería; los
niños le miraban a sus ojos grandes y oscuros, de largas pestañas, y estaban encantados
con él. Pocas veces alguien reflexiona sobre lo que ese animalito, que no le había hecho
ningún mal a nadie, ha tenido que sufrir antes de llegar al mostrador de la tienda en
forma de filetes, salchichas y otras cosas más: el horror, el miedo, la crueldad, el
pánico, el dolor, el espanto.
Los amigos de los animales, nosotros los hombres, tenemos animales
domésticos sobre todo si se adaptan a nosotros y son fáciles de cuidar- que nos dan mucha alegría. Sin embargo, por ejemplo en 1990 sólamente
en Alemania fueron abandonados aproximadamente medio millón de animales, sobre todo
perros y gatos, durante la época de vacaciones. Hoy, diez años más tarde, con toda
seguridad esta cifra no ha disminuido. ¿Es esto el amor a los animales?
Del mundo espiritual nos fue manifestado, entre otras cosas:
Sed... serios y
correctos en la relación con vuestro prójimo animal. Los animales os ven con sus
sensaciones puras como al hermano mayor luminoso o como a la hermana mayor luminosa...
Tened, por consiguiente, respeto hacia vuestros hermanos animales, pues ellos desean ser
vuestros verdaderos amigos. Esforzaos en tratarlos de igual modo a como queréis ser
tratados vosotros. De ese modo aprenderéis rápidamente a entenderlos y ellos estarán en
comunicación positiva con vosotros. (La vida con nuestros hermanos animales. Tú, el
animal tú, el hombre. ¿Quién tiene valores más elevados? Pág. 114).
La capacidad de sentir de los hombres se ha embrutecido, su conciencia
apenas si advierte de algo. Pero esto no concierne únicamente al hombre actual.
La conciencia es en el hombre el guardia que vela sobre lo bueno y lo
malo, lo correcto y lo incorrecto. Si está intacta, reacciona, independientemente de
ideas exteriores de justicia, al fin y al cabo de acuerdo con la medida de los Diez
Mandamientos. Pero las costumbres de los hombres y el sello que les imprime su entorno
también influyen e impregnan su consciencia.
Si leemos aquí sobre crueles sacrificios de animales y lapidaciones de
personas no deberíamos pensar sólamente sobre cómo les ha ido a los animales.
Para hacernos conscientes de cómo posiblemente le iba a un hombre en
aquella época, nos podríamos imaginar lo siguiente: dos hombres jóvenes del pueblo
habían comido carne de liebre. Habían capturado a una liebre y la había asado para
comerla. Según los capítulos 10 y 11 del Levítico se habrían hecho impuros hasta el
anochecer, haciéndose a pesar de todo cargo de ello. Pero cuando los dos amigos por
imprudencia o insolencia penetraron en el lugar donde se encontraban las ofrendas
"sagradas" para el sacrificio, uno de ellos fue descubierto y condenado a morir
lapidado. El otro permaneció sin ser descubierto. La lapidación fue ejecutada, pues en
el Levítico 22 se establece:
Habló el Señor a Moisés, diciendo: Habla a Arón y a sus hijos para que respeten las cosas santas que me consagran los hijos de Israel y no profanen Mi santo nombre. Yo soy el Señor. Diles: Cualquiera de vuestra estirpe de vuestras generaciones que tenga sobre sí alguna impureza, guárdese de acercarse a las cosas santas que los hijos de Israel ofrecen al Señor; si lo hiciere, será eliminado de ante Mí. Yo soy el Señor (22, 1-3).
Pongámonos en el lugar
del joven superviviente tras la lapidación de su amigo. Sentimientos de culpabilidad le
torturan. Se rebela contra la sentencia y contra el duro castigo que en realidad también
tendría que haberle alcanzado a él. El se rebela contra los sacerdotes que han dictado
la sentencia, y se tiene que decir a sí mismo que ellos sólo llevan a cabo aquello que
"Dios ha ordenado a través de Moisés". O sea que dirige su rabia contra Dios,
quien ha proclamado semejante Ley inmisericorde. Pero cuando se hace consciente de que
Dios es considerado "justo", que El es la instancia suprema que no se puede
equivocar, le entran dudas sobre sí mismo. Lo que ha observado le muestra que los demás
no tienen ningún reparo en lapidar. Por consiguiente llega a la conclusión de que algo
tiene que fallar con sus propios sentimientos y su sentido de la justicia, pues tanto los
sacerdotes escogidos por Dios como los hermanos de fe de la tribu sienten y piensan de
forma diferente a él. Así él decide cambiar su forma de pensar, en el futuro orientarse
estrictamente a los sacerdotes y a sus semejantes en todas las cosas, en lugar de pensar
de forma independiente y en decidir libremente. A partir de ahora ya no buscará más la
medida para su pensar y actuar en sí mismo, sino que se atendrá, aunque su corazón le
diga lo contrario, a hacerlo todo como los demás, porque "Dios lo quiere así".
De esta manera se consuma un proceso de adaptarse a los demás. El carácter de este
hombre se transforma. Igualmente ya no se vive más a sí mismo. Su corazón se enfría,
su sentir se vuelve oscuro y embrutecido, su ser se endurece. La imagen que tiene de Dios
se consume y se seca. Ya no puede confiar más en este Dios colérico que castiga, y ni
que hablar de amarle. Sus oraciones dejan de ser verdaderas, y por último se alegra de
que existan oraciones ya formuladas, que simplemente se pueden repetir...
Después de un tiempo se ha producido una transformación
convirtiéndose en un conformista, un vasallo, un seguidor obediente de los sacerdotes y
de la "tradición". Este hombre no sólo ya no se fía más de su medida
interna, su conciencia, sino que piensa y actúa únicamente por costumbre, incluso contra
un mejor punto de vista.
Ahora se puede confiar en él en su proselitismo, su obediencia,
su lealtad, su fidelidad.
Aproximadamente de este modo ha podido ser en aquel entonces. En cualquier caso y ya sólo por principio esto podría haber sido así. Por el contrario, y visto de forma práctica, es bastante probable que un hombre alcanzara una edad adulta sin estar totalmente embebido e impregnado de los contenidos de la práctica tradicional de la fe, de los sacrificios de animales, incluyendo las lapidaciones de seres humanos.
La situación interna
de una persona, así como se ha explicado antes, se ha repetido en innumerables ocasiones
y en distintas variantes en el curso de la historia. ¿No nos resulta de algún modo
familiar?
Pensemos por ejemplo en la Edad Media, dentro del círculo cultural
europeo, donde situaciones similares y conflictos de conciencia tuvieron lugar de muchas
maneras a causa de la Inquisición. Los sacerdotes por cierto ya no mataban más ellos
mismos a los animales, sino que los hacían y siguen haciendo matar. No encendían ellos
mismos la hoguera en la que personas correctas y fieles eran quemadas, personas que
estaban a favor del único Dios verdadero, misericordioso y bondadoso, que es la Verdad, y
que se habían alzado contra la mentira. Los sacerdotes "solamente" estaban de
pie delante con el crucifijo en alto, "bendiciendo" y cantando canciones de
alabanza a Dios, perdonando los pecados y repartiendo absoluciones del "castigo por
los pecados" a aquellos que portaban la leña hasta la hoguera ...
Ceremonias con sacrificios "tal y como el Señor
Volvamos a los sacrificios de animales en el Antiguo Testamento. Quien desee leer aún más sobre magia al estilo del vudú, puede encontrar en el Levítico lo siguiente:
Hizo que acercaran el
carnero del holocausto, y Arón y sus hijos le pusieron sus manos sobre la cabeza. Moisés
lo degolló, y derramó su sangre en torno al altar. Lo descuartizó, y Moisés quemó la
cabeza y los trozos y el sebo. Se lavaron en agua las entrañas y las patas, y Moisés
quemó todo el carnero en el altar; era holocausto de suave olor, un sacrifico por el
fuego, como se lo había mandado el Señor a Moisés.
Hizo que acercasen el otro carnero, el de la inauguración, y Arón y
sus hijos le pusieron la mano sobre la cabeza. Moisés lo degolló, tomó su sangre y
untó con ella el lóbulo de la oreja derecha de Arón, el pulgar de su mano derecha y el
de su pie derecho. Hizo acercar los hijos de Arón, y untó de la sangre el lóbulo de su
oreja derecha, el pulgar de su mano derecha y el de su pie derecho, derramando luego la
sangre en torno del altar. Tomó después el sebo, la cola, todo el sebo que cubre las
entrañas, la redecilla del hígado, los dos riñones con su sebo y la pierna derecha.
Tomó del cestillo de los ácimos, una torta ácima amasada con aceite y un frisuelo, y
los puso sobre el sebo y sobre la pierna derecha; y después de haber puesto todo esto en
las manos de Arón y sus hijos, lo balancearon éstos como ofrenda al Señor. Moisés lo
tomó de sus manos y lo quemó en el altar encima del holocausto, pues era el sacrificio
de inauguración de suave olor, combustión al Señor (8, 18-28).
A quien aún no le sea suficiente con estas escenas macabras, puede seguir leyendo en el Levítico:
Arón se acercó al altar y degolló el novillo, víctima del sacrificio por el pecado, ofrecido por él. Los hijos de Arón le presentaron la sangre, y mojando él su dedo, untó de ella los cuernos del altar y la derramó al pie del altar. Quemó en el altar el sebo, los riñones y la redecilla del hígado de la víctima por el pecado, como el Señor se lo había mandado a Moisés; pero la carne y la piel se quemó fuera del campamento. Degolló el holocausto, y sus hijos le presentaron la sangre, que él derramó en torno al altar. Le presentaron el holocausto descuartizado, con la cabeza, y él los quemó en el altar. Lavó las entrañas y las patas y las quemó encima del holocausto (9, 8-14).
Más adelante dice así:
Y el sebo del toro y
del carnero, la cola, el sebo que recubre las entrañas, los riñones y la redecilla del
hígado, las partes grasas las puso sobre los pechos. Arón quemó los sebos en el altar,
después balanceó los pechos ante el Señor, y la pierna derecha en ofrenda balanceada,
como lo había mandado Moisés (Levítico 9, 19-21).
"Como el Señor se lo había mandado a Moisés..." ¿Y hoy en
día? Se bautiza a los bebés, aparentemente por recomendación de Cristo; se coloca a los
sacerdotes por encima de los sencillos creyentes, aparentemente con el poder que les ha
sido otorgado a través de Jesús, el Cristo; se perdonan los pecados, aparentemente por
encargo de Jesús, el Cristo; se elige a un "Santo Padre" y se afirma que Jesús
le ha escogido para ello, etc., etc., etc. ...
Jesús se distanció de la tradición de los sacrificios. El citó en dos ocasiones al profeta Oseas ante los fariseos: Misericordia quiero y no sacrificio (Mateo 9, 13 y 12, 7), a través del cual Dios habló en el Antiguo Testamento: Pues prefiero la misericordia al sacrificio, y el conocimiento de Dios al holocausto (Oseas 6, 6).
En Esta es Mi Palabra leemos:
...He venido para terminar con los sacrificios y las fiestas de sangre. Si no cesáis de sacrificar y comer carne y sangre de animales, la ira de Dios no cesará de venir sobre vosotros, tal como en el desierto vino sobre vuestros padres, los cuales, ávidos del disfrute de la carne, se llenaron de podredumbre y fueron destrozados por plagas (pág. 214).
En la página 78 de esta gran manifestación de Dios encontramos:
... pues quien ponga su vida en la filiación de Dios, no matará ni a hombres ni a animales.
Jesús habló de una
forma más que clara contra las instrucciones de los "Libros de Moisés". De
forma parecida también habló Dios, como ya oimos, a través del profeta Jeremías.
En las declaraciones de Jesús, el Cristo de Dios, captamos que el
nombre del profeta Moisés fue utilizado para el culto pagano y cruel. En el libro Esta
es Mi Palabra está escrito, manifestado por Cristo mismo:
"He venido para
terminar con los sacrificios y las fiestas de sangre", significa: he venido a
enseñaros el evangelio, la ley del amor, y a vivirlo con Mi ejemplo, para que
comprendáis que interiormente sólo es rico en fuerza espiritual aquel hombre que guarda
las leyes de Dios. A los hombres que posean valores internos nada les faltará, ya que
quien sea rico en su corazón, estará de parte de su prójimo y no contra él y con
ello a favor de Dios, la Vida, que es la plenitud. Los hombres con valores internos
están también de parte de los reinos animal y vegetal, y no contra lo que Dios ha
creado. Quien esté contra su prójimo, luchará contra él y lo matará. Y quien esté
contra su prójimo, no estará a favor de otras vidas ni de la de los animales, ni
de las plantas y piedras.
Quien está contra la vida en Mí, el Cristo, tiene hambre y sed de
éxito, riquezas, poder y prestigio. Para sus fiestas y sus gustos del paladar mata
animales y come su carne. Con ello está mostrando que está lejos de Dios.
Para Dios, el Eterno, también el sacrificar animales es una atrocidad.
El no quiere que se Le sacrifiquen o consagren animales. Dios ha dado la vida a todas las
formas de SER, también por tanto a los animales. ¿Por qué hay que sacrificárselos, si
El mismo, la Vida, habita en ellos?
Pero si el hombre sacrificara su yo humano, sus pasiones y su avidez a
Mí, el Cristo, y aspirara a una vida como Dios quiere, es decir, consagrada a Dios, y la
siguiera, eso contribuiría a la unidad de todas las formas de vida. ¡Dios es el
espíritu del amor y de la libertad! Por eso cada hombre debería sacrificar
voluntariamente su yo. Sólo entonces llegará a ser manso y de corazón humilde y
hallará la gran unidad: Dios. Este desarrollo del hombre hacia El, lo ama Dios en Sus
hijos.
Y quien se entregue al eterno Dios Padre-Madre, transformando lo humano
que haya en él en divino, no matará animal alguno para comer su carne, y tampoco matará
animal alguno deliberadamente. Tales hombres también tratarán con amor desinteresado al
reino vegetal, ya que es igualmente un regalo que Dios ha creado para Sus hijos humanos.
Las plantas y los frutos del campo y del bosque se regalan gustosos al hombre y quieren
servirle como alimento y como medios curativos para su cuerpo enfermo.
La "ira de
Dios", viene al mundo de ideas de los paganos, que en la Antigua Alianza todavía era
muy vivo: se creía que los "dioses" se vengaban de los hombres. Sería bueno
que el hombre pecaminoso comprendiera que él mismo ha creado la llamada "ira de
Dios". El "Dios iracundo" es el yo humano que ejerce venganza por lo que
él mismo ha causado; pues lo que el hombre siembre, es lo que cosechará.
También las palabras, "ojo por ojo, diente por diente", han
sido y son erróneamente interpretadas. El hombre no debe vengarse de su prójimo,
desquitándose a base de hacerle lo mismo. Se le ha mandado perdonar a su prójimo,
pedirle perdón y no hacer más algo igual o parecido. Quien no cumpla este mandamiento,
se estará poniendo él mismo bajo la ley de la expiación, que dice: "ojo por ojo,
diente por diente". En este caso cosechará "ojo por ojo, diente por
diente" lo que haya sembrado (pág. 214-216).
La ley de siembra y cosecha, que nos permite reconocer las causas de
nuestro destino, ya la había enseñado Dios a través de los antiguos profetas. En
Isaías, por ejemplo, encontramos: ¡Ay de los que arrastran el pecado con cuerdas de
falsedad y como con coyundas de carro! (Isaías 5, 18). En la traducción alemana
unificada podemos leer del Libro de la Sabiduría en el Antiguo Testamento: Para que
conocieran que por donde uno peca, por ahí es castigado (11, 17).
Dios no castiga ni da instrucciones que sean pecado. Nuestro pecado es
nuestro castigo creado por nosotros mismos, nuestro tribunal personal.
Jesús quería abolir por consiguiente las crueldades para con hombres y animales. Sin embargo, los representantes de las instituciones eclesiásticas actuales permiten que éstas sigan ejerciéndose con personas y animales, sólo que con otros métodos, que a decir verdad son aún más crueles. Con ello están afirmando lo que hoy ocurre a este respecto. El esfuerzo de unos pocos a favor de los animales es la excepción que confirma la regla.
El Nuevo Testamento "consuma" el Antiguo y lo "ilumina".
En el catecismo de la
Iglesia católica, número 140, el clero romano pone en el papel lo siguiente: ...El
Antiguo Testamento prepara el Nuevo, mientras que este consuma el Antiguo. Ambos se
iluminan mutuamente; ambos son la verdadera Palabra de Dios.
La tortura de los animales sigue adelante, los mataderos siguen abiertos.
Hoy en día los animales son sacrificados, los cadáveres de los animales son cortados y
troceados para el bienestar de los "dioses"-hombres, que satisfacen su paladar.
También personas han
sido torturadas y llevadas a la muerte de forma cruel y brutal. Y el pasado puede volverse
presente.
Lo qué significa "consumar" aquello que había sido
preparado en el Antiguo Testamento, se muestra con toda claridad en los frutos que han
dado las así llamadas Iglesias cristianas a lo largo de los siglos.
Hace algunos días tuve en mis manos un prospecto, una documentación
de la iniciativa "Un monumento recordatorio para los millones de víctimas de la
Iglesia". En él se puede leer lo siguiente:
Los millones de víctimas de la Iglesia:
Inquisición: siglos XIII-XVIII, entre 1 y 10 millones de muertos, así como innumerables torturados, maltratados e intimidados (Revista Der Spiegel, 1.6.1998).
Cruzadas: siglos XI-XIII, hasta 22 millones de muertos, entre ellos miles de judíos alemanes (Hans Wollschläger, "Las peregrinaciones armadas hacia Jerusalén").
"Paganos": siglos IX-XII. Durante la Edad Media, cientos de miles de "paganos" germanos y eslavos son convertidos al "cristianismo", o cruelmente asesinados por reyes y príncipes alemanes. La Iglesia otorga su bendición y proclama "cruzadas" contra los eslavos (Karlheinz Deschner, "Historia criminal del cristianismo", tomos 4,5 y 6).
Judíos: durante la Edad Media entre los siglos XI y XIV, una y otra vez pogromes de judíos con miles de muertos, preparados por medio de la persecución encarnizada de la Iglesia durante siglos. Durante los Juicios de Nuremberg el jerarca nazi Julius Streicher, en su defensa por el holocausto judío, se remite con énfasis a los discursos de Martín Lutero que incitan al pueblo contra los judíos (Friedrich Heer, "El primer amor de Dios").
La conquista de América: en los primeros 150 años tras la conquista de los españoles "en nombre de Dios" mueren 100 millones de personas : el "mayor genocidio de todos los tiempos" (Teólogo Boff, Publik-Forum, 31.5.1991).
Cátaros, Valdenses, Husitas, Baptistas: miles de personas de otra fe mueren por orden de las Iglesias (también de la luterana).
"Brujas": siglos XVI-XVIII: entre 40.000 y 1 millón de personas, la mayoría mujeres, sufren una muerte cruel, aproximadamente la mitad de ellas en Alemania. Lutero también hizo quemar brujas. Las instrucciones para ello, el libro alemán "Martillo de brujas" (Malleus maleficarum), procede de dos monjes dominicanos alemanes (Hubertus Mynarek, "La nueva inquisición").
¿Y cómo es hoy? Las raíces del Antiguo Testamento, sobre todo en los "Libros de Moisés", "iluminan" según el catecismo católico el Nuevo Testamento, o sea, nuestro tiempo. En el citado prospecto seguimos leyendo:
Genocidio en Croacia: aún a mitades del siglo XX, entre 1941 y 1943, son asesinados unos 750 mil serbios ortodoxos con la decisiva participación de religiosos católicos y con el consentimiento del Vaticano... El Vaticano está informado sobre todo, pero trata al régimen sangriento con evidente afecto. La jerarquía católica, a la cabeza de todos el Vicario Militar y Arzobispo Stepinac (hecho santo por el Papa en 1998) sostiene moralmente hasta el final al régimen fascista (Consultar al respecto a los autores Deschner "Un siglo de historia de gloria", tomo 2, 1983, así como Vladimir Dedijer, "Jasenovac el Auschwitz yugoslavo y el Vaticano", 1988).
Abuso de niños por parte de curas y sacerdotes: Las víctimas de abuso a menores sufren a menudo durante años animicamente a causa de estas humillaciones. Expertos calculan que 2.000 de los 51.000 curas católicos que hay en los EE.UU. fueron acusados de abuso sexual (periódico alemán Hanauer Anzeiger, 13.7.1998). Esto equivale aproximadamente a un 4%, las cifras desconocidas no están incluidas. El catedrático universitario Hubertus Mynarek calcula la cifra de sacerdotes pederastas en Alemania igualmente entre el 3 y el 5% (Acta 97, 14.9.1999).
Martín Lutero: ¿Vida y enseñanza en el espíritu
La mayoría de los
asesinatos ya nombrados y otros crímenes "en nombre de Dios" van a cuenta de la
Iglesia católica. ¿Se debe deducir de ello que se puede valorar a la Iglesia protestante
de forma más positiva?
¿Cómo es con la amabilidad hacia otras personas, el liberalismo y la
tolerancia por parte del fundador de la religión, Martín Lutero? ¿Cómo se comportó
él con sus semejantes, con el amor al prójimo, que debe ser el mayor mandamiento?
Un hombre como Martín Lutero goza todavía hoy de buena fama. Su
iglesia sigue sus huellas; esto lo confirmó Hermann von Loewenich (obispo regional de
Baviera hasta 1999) en Internet: Nosotros queremos mantener la herencia histórica de
la tradición luterana como nuestro hogar cultural y espiritual.
Un teólogo luterano-protestante reunió las demandas de Lutero en
un amplio prospecto: El Teólogo número 3:
Lutero pide a la nobleza que mate a los campesinos amotinados: que apuñale,
golpee, estrangule aquí quien pueda. Si en ello mueres, bienaventurado de ti, una muerte
más bendita nunca la vas a alcanzar. Pues tú mueres en la obediencia hacia la Palabra y
la Orden divinas (Contra los campesinos amotinados, Edición de Weimar de los
manuscritos de Lutero).
Lutero pide la persecución de predicadores de otras creencias: ...
si enseñar quieren el evangelio puro, sí, si ángel y Gabriel fueren de los Cielos... si
quiere predicar, que demuestre el oficio o la orden... si no quiere, que la autoridad
entregue al mozo al auténtico maestro, que se llama maestro Hans (sinónimo de verdugo,
en alemán)...
Lutero testimonia en falso contra la población judía y exige su
persecución:
Si yo pudiese, le
tumbaría (al ciudadano judío) y en mi ira lo traspasaría con mi espada.
...que sus sinagogas o colegios sean quemados y aquello que no quiera
arder, sea cubierto con tierra y tapado, para que nadie vea jamás una piedra o algún
resto. Que esto se haga para honra de nuestro Señor y de la cristiandad, para que Dios
vea que somos cristianos.
...que sus casas sean arrasadas y destruidas...
...esos bribones y saqueadores no son merecedores de misericordia ni
compasión alguna.
...que se les prohiba... alabar, agradecer, rezar a Dios y enseñar en
público, bajo pérdida de sus cuerpos y su vida... (Martín Lutero, De los judíos y sus
mentiras, Wittemberg 1543).
Lutero: algo tan desesperado, lleno de maldad, de veneno, traspasado por lo diabólico está con los judíos, de forma que han sido estos 1400 años nuestro castigo, nuestra pestilencia y toda desdicha, y aún lo son. Summa, tenemos al verdadero diablo en ellos.
Lutero incluso asegura
que Moisés, si hoy viviese, sería el primero que prendería fuego a las "casas y
escuelas de los judíos".
Además de ello, Lutero exige que se les quite a los judíos toda su
literatura religiosa, se les mantenga bajo arresto, se les desprovea de todos sus bienes y
dinero y se les envíe a trabajos forzados.
Lutero llama a la guerra y a "asesinar" a los enemigos
turcos: ...y con alegría alzar el puño y golpear llenos de consuelo, asesinar, robar
y causar tanto daño como siempre quieran ...
Lutero exige la muerte de los "usureros": ...si a los
ladrones y asesinos... se les impone el suplicio de la rueda (sobre la que se ataba a los
condenados y se les rompía los huesos. Nota de los traductores) y decapita, cuanto más
aún se debe destrozar y vetar a los usureros y cazar a todos los tacaños, maldecirlos y
decapitarlos...
Lutero exige la muerte de la pareja infiel: ¿Por qué no se mata a
quien comete adulterio?, y la pena de muerte para las prostitutas: si yo fuera
juez, quisiera hacer poner sobre la rueda y desangrar a semejante ramera venenosa
francesa.
Mujeres con capacidades de magia debían ser, según Lutero, torturadas y
matadas: a las brujas no las debes dejar con vida... Es una ley justa el que sean
matadas. ...Si no se dejan convertir, las mandaremos a los ayudantes del verdugo para que
las torturen.
Lutero sobre niños
incapacitados: Pero si hablamos de los niños similares al diablo... así considero...
que o bien están deformados por el diablo... o son el verdadero diablo. Muchas de las
personas incapacitadas que fueron confiadas a asilos y hogares de la Iglesia protestante
(por ejemplo en Neuendettelsau, en Baviera) fueron entregadas en los años 1940/41 a las
autoridades estatales, basándose en la enseñanza de Lutero sobre el Estado (obediencia
hacia la autoridad). El que estas personas iban a ser asesinadas les era conocido a los
responsables.
Lutero quería matar incluso al Papa: el Papa es el diablo; si
pudiese matar al diablo, ¿por qué no iba a querer hacerlo?
También la Iglesia luterana se autodenomina "cristiana". Pero,
¿dónde está el espíritu cristiano, el espíritu del amor a Dios y al prójimo en lo
que Lutero proclamaba? Sus recomendaciones y máximas fueron llevadas a la práctica
sangrientamente de muchas maneras por el pueblo y por la nobleza hasta llegar
incluso a los jerarcas del Tercer Reich.
De quien da semejantes brutales y asesinas instrucciones contra sus
semejantes, que bajo otra forma encuadran en nuestro tiempo actual, de aquel tampoco se
puede esperar un corazón que sienta por los animales o que tenga misericordia con ellos.
Tanto si se trata de guerras, de la destrucción de muchos hombres, animales y paisajes,
como si se trata de experimentos con animales o de la manipulación genética, la ética y
moral de ambas Iglesias apenas si muestra diferencias entre sí; cuando menos, ambas
Iglesias son no-cristianas.
"Lo que el hombre hace a otros, se lo hace a sí mismo".
Echemos una vez más una mirada a los testimonios del Antiguo Testamento, en el tercer libro de Moisés que como ya se explicó se supone que es la verdadera Palabra de Dios, donde también se dan instrucciones a los funcionarios actuales de las instituciones de las Iglesias, sobre qué animal deben comer y cuál deben dejar. Allí se puede leer:
Todo animal de casco
partido y pezuña hendida y que rumie lo comeréis (Levítico 11, 3).
Y tres versículos más adelante viene una apelación a los cazadores:
La liebre, que rumia y
no parte la pezuña, es inmunda; el cerdo, que divide la pezuña y no rumia, es inmundo
para vosotros. No comeréis su carne ni tocaréis sus cadáveres; serán inmundos para
vosotros (11, 6-7).
Esta cita es completada en el Levítico 11, 26-27:
Todo animal que tenga
pezuña, pero no partida ni rumie, será para vosotros inmundo, y quien tocare su cadáver
será inmundo. Los cuadrúpedos que andan sobre la planta de los pies serán para vosotros
inmundos, y quien tocare su cadáver estará inmundo hasta la tarde...
Quien sea obediente a la Iglesia tendría que atenerse a las indicaciones
del Antiguo Testamento, pues según la enseñanza eclesiástica éstas son la Palabra de
Dios. Si el creyente se atuviese a ello, por lo menos liebres y jabalíes tendrían una
oportunidad de escapar sin metralla o una bala en el cuerpo.
Para justificar la cacería a veces se añade que es necesario
"diezmar" el número de determinadas especies, ya que de lo contrario su número
crecería excesivamente. El Espíritu de Dios sin embargo nos aclaró: Dios ha llevado a
cabo Su Creación, la naturaleza sobre esta Tierra, de tal forma, que ella misma cuida por
la compensación, por regular el equilibrio. ¡Dios no le ha dado esta tarea a los
cazadores!
A los pescadores y a todos aquellos que le arrebatan al mar lo que al
mar pertenece, las indicaciones de "Dios" a través de "Moisés" son
como sigue:
Pero abominaréis de
cuanto no tiene aletas y escamas en el mar y en los ríos, de entre los animales que se
mueven en el agua y de entre todos los vivientes que en ella hay (Levítico 11, 10).
Quien, por consiguiente, coma frutos marinos como langostas y similares
se vuelve impuro. Los lectores podrían reflexionar ahora si hoy ya se han vuelto impuros.
¿Dónde estarán después de esta vida terrenal todos los clérigos
que quieren completar el Antiguo Testamento con el Nuevo y se sientan a mesas bien
decoradas y comen cadáveres de liebres, de jabalíes y similares o frutos marinos, que no
tienen aletas ni escamas y después, en estado de impureza, posiblemente llevan a cabo
ceremonias sacramentales? Hoy día por cierto ya no serán lapidados por sus pecados
contra lo "sagrado" y contra el Santo, Dios, pero ¿no sigue siendo considerada
válida aún la "Palabra de Dios" que ha sido transmitida en las escrituras,
según declaraciones clericales?
Si hubiesen animales impuros y "abominables", deberíamos
hacernos la siguiente pregunta: ¿Por qué ha creado Dios entonces semejantes animales,
siendo El la pureza absoluta?
Jesús no habló nada de ello. Jesús amaba a todos los animales. El
nunca hizo daño a ningún animal, sino todo lo contrario: El era el mayor amigo de todas
las criaturas; El habló y actuó a favor de los animales.
Muchos hombres sin embargo apenas si reflexionan cuando los animales
son torturados y matados. En Esta es Mi Palabra Jesús aclara en la página 429 que
los animales sienten de forma parecida a los hombres:
En Jesús de Nazaret
hablé a muchos hombres acerca de la ley de la vida; así también acerca de los animales,
los cuales, de forma similar a los hombres, sienten dolor, sufrimiento y alegría. De la
misma manera que el hombre no debe estar en contra, sino a favor de su prójimo, también
debe estar a favor de los animales y asumir responsabilidad para con ellos, pues ellos
sirven al hombre.
Una y otra vez enseñé a los hombres que también los animales son
criaturas de Dios, que el hombre no debe menospreciar, sino amar. Quien les pegue y
torture, experimentará algún día en su alma y en su cuerpo algo igual o parecido; pues
lo que el hombre hace a sus semejantes y a las criaturas, los animales, se lo está
haciendo a sí mismo.
Muchos hombres se dieron cuenta de sus brutalidades y comenzaron a
realizar Mi enseñanza. Se arrepintieron y acogieron a los animales como amigos suyos. Y
más de uno entendió Mis palabras y Me siguió (pág. 429-430).
Yo repito las palabras de Jesús, el Cristo: "Lo que el hombre
hace a sus semejantes y a las criaturas, los animales, se lo está haciendo a sí
mismo". Sigamos estas palabras y relacionemos por una vez aquello que le ocurre a los
animales inocentes con nosotros mismos. Pongámonos en pensamientos en su lugar y
compartamos su destino en sensaciones, imágenes y pensamientos.
Por ejemplo, poniéndose en el lugar de un animal, usted podría
hacerse la siguiente pregunta: ¿desea usted ser matado o asesinado? Quien de verdad se
pueda situar en sensaciones en esta pregunta o situación que ahora se le plantea de
terminar su vida por muerte o asesinado, seguramente no elegirá entre muerte y asesinato,
pues ser matado o asesinado significa para él, sin que haya ninguna diferencia, el que
tenga que terminar su vida.
¿Y cómo reaccionaríamos si alguien nos atrapase y nos encerrara en
una jaula decidiendo por nosotros cuándo podemos de vez en cuando disfrutar de libertad?
Imagínese que se encuentra en la situación de un hámster, el cual
por naturaleza necesita mucho movimiento. Imagínese y procure sentirse cómo sería estar
un par de semanas encerrado en un espacio reducido. Para moverse dispone de una rueda
giratoria que se mueve rápidamente bajo sus pies, de forma que puede andar, andar, andar
... sin moverse del mismo sitio ni avanzar. ¿Cuánto tiempo encontrará usted esto
divertido? De esta forma se puede usted dar cuenta muy pronto de cómo le va al hamster
que tiene que caminar día tras día de una forma tan estúpida en una rueda estrecha.
O siéntase en el lugar
de la vaca que se encuentra encerrada en un establo para ser engordada, con sus
compañeros que igualmente sufren, pegados los unos a los otros, envenenados por la
química que está en los piensos de engorde, y siendo consciente de que el carnicero
puede aparecer en cualquier momento, el cual le mata y corta su cuerpo en trocitos como
comida de sacrificio, por ejemplo para obesos dignatarios eclesiásticos. Usted oye a sus
hermanos y hermanas, a las otras vacas y becerros, que de vez en cuando mugen bajito y
sienten que les preocupan los mismos miedos que a usted. Pero el destino que se encuentra
ante ellos es inevitable. Usted se encuentra a merced del carnicero-hombre, expuesto a su
egocentrismo, a la frialdad de sus sensaciones y a su codicia, también a su codicia de
obtener beneficio de todo.
Muchos hombres pasan por encima de personas y animales sobre
todo si esto no les afecta personalmente. Por ello en determinados casos se arrogan el
derecho a matar a personas y, por supuesto, cuánto más a animales. ¿Quién tiene acaso
el derecho a quitarle conscientemente la vida al prójimo, así como también al animal?
¿Quién ha creado el alma del hombre, que es inmortal? ¿Quién le ha dado la
respiración? ¿Y quién le ha dado la respiración a los animales y, con ello la vida? No
el hombre, sino Dios, el Eterno, el Espíritu creador del infinito. Dios no le quita la
vida ni al hombre ni al animal, pues Dios es el donante. Y Dios no obliga a nada; El
jamás hace uso de la violencia; tampoco influye en nadie contra su voluntad. El es la
libertad y otorga la libertad. Solamente el hombre, quién no le ha dado la vida ni al
alma del hombre ni a la del animal, mata la casa del alma, el cuerpo, y mata al animal.
¿Quién le ha dado al hombre permiso para hacer esto? ¡Jesús no habló nada de ello!
Quien haga diferencia entre "matar" y "asesinar",
es a mi parecer un paranoico que no respeta la vida de otros y que, según la Ley
universal, que es la vida, se hace indigno por consiguiente de su propia vida. Pues: lo
que el hombre haga a otros, se lo está haciendo a sí mismo.
Lo mismo vale para animales que son mantenidos en jaulas. Dios previó
a la naturaleza como el espacio donde los animales deben vivir, donde ellos, según su
especie, se puedan mover libremente, tal y como las formas espirituales de animales lo
hacen en el SER eterno. El no creó jaulas para Sus criaturas. Solamente los hombres se
arrogan el derecho a encerrar a los animales y hacerles que vivan vegetando en un espacio
reducido.
Jesús, el Cristo, dijo: Por eso, cuanto quisiereis que os hagan a vosotros, hacédselo vosotros a ellos (Mateo 7, 12). Esta indicación de Jesús la podemos entender de la siguiente manera: Lo que no quieras que otros te hagan a ti, no lo hagas tú a los otros. ¿Vale esta indicación solamente para nosotros los hombres o, considerando el amor de Jesús a los animales, también para ellos?
Dios dió a los hombres
y a los animales toda la Tierra y con ella la libertad. Los hombres sin embargo dividen la
Tierra en parcelas. Cada uno intenta de forma legal o ilegal- recibir la mayor
parte. El trozo de tierra es entonces "su propiedad". Esto es lo que "le
pertenece", con todo lo que vive en ella. Pero de lo que nos hemos apropiado en esta
Tierra es una ilusión, un engaño, pues la muerte nos arrebata lo que le hemos arrebatado
a la Tierra.
Para muchos hombres los animales sólo son objetos que se pueden
comprar o vender, utilizar pero también consumir como un artículo en un
supermercado. Ellos acorralan a los animales en su mundo de ideas, el corral, en el que
ellos mismos van dejando pasar su existencia.
Quien haya aprendido a sentir cómo les va a los otros, nota que los
animales también sienten de forma parecida a nosotros, los hombres. Ellos sienten
alegría, dolor y sufrimiento. Una antigua y sabia frase de los indios nos podría ayudar
a aprender a entender a los animales. Dice así: Nunca juzgues a un hombre antes de
haber caminado durante al menos media luna con sus mocasines. Aplicado a los animales
se podría decir: Antes de mantener aprisionados a animales, abuses de ellos para tu
interés y los tortures, o sea les impongas condiciones que limiten o que no correspondan
a su naturaleza, pruébalo primero contigo mismo. Oblígate a ir a la rueda giratoria
antes citada y sentirás por lo que tiene que pasar el pequeño prójimo animal. Quien
desee alcanzar de otro modo la visión viva del destino que sufren los animales, podría
situarse en el lugar de la vaca que es cebada o de la gallina en la jaula de una granja
avícola, o en el de un bebé foca que se encuentra tranquilamente en la orilla tomando el
sol y al que se le acercan hombres con garrotes en la mano, que quieren arrancarle la
piel.
Quizás también se imagina usted qué es lo que siente la madre foca
cuando vuelve de coger pescados y en lugar de su bebé encuentra una masa de carne cruda
...
El Dios del espíritu de esta época.
Jesús, el Cristo, es
la Verdad. El expresó palabras del siguiente sentido: El Padre y Yo somos uno
(Juan 10, 30). Reflexionemos una vez más sobre las siguientes palabras de Jesús: No
penséis que he venido a abolir la Ley o los Profetas; no he venido a abolirla, sino a
cumplirla (Mateo 5, 17). Jesús no cumplió en muchos casos lo que el "Dios"
del Antiguo Testamento ordenó a través del profeta Moisés. Jesús se refirió rara vez,
y sólo de forma indirecta, al "Dios" de los "Libros de Moisés". El
dijo más bien: Habéis oído que ha sido dicho... Pero yo os digo... O bien: Habéis
oído que le fue dicho a vuestros padres... Pero yo os digo... El que tenga oídos para
oir, que oiga: Jesús rara vez mencionó al "Dios" de los "Libros de
Moisés".
Jesús se distanció por consiguiente de aquella idea falsificada de
Dios, de aquella imagen falsa de Dios. El habló del "Padre en los Cielos", de
Su Padre, de "Dios, vuestro Padre". El habló desde la Verdad, que es la
realidad eterna, la Ley de los Cielos.
Alguno podría alegar que lo que Dios dijo en aquel entonces era
válido para los hombres de entonces; que esto ya no es válido hoy en día y que hoy es
todo totalmente diferente. Aquí se plantea la pregunta: ¿Eran los hombres de entonces
peores, tenían un carácter más miserable que la humanidad actual? En lo que a esto
concierne seguramente no necesitamos investigar mucho para saber cómo eran los hombres de
aquel entonces. Cualquiera que aún tenga una chispa de entendimiento sabe, sin tener que
hacer un gran análisis, y con ayuda de los datos mencionados de la página 32, que la
humanidad actual es aún peor que la de entonces. El que esto también vale con relación
a su postura hacia sus hermanos de la naturaleza, los animales, en la naturaleza, en los
laboratorios de los científicos, etc., lo demuestra el destino de los animales.
A muchos les parece que ellos son personas creyentes. Precisamente aquellos que muestran ostentosamente su creencia en Dios cuando están en las iglesias y en los recibimientos oficiales del Estado, y que se van convirtiendo así más y más en sobre-dioses, que no sólo permiten que los experimentos más crueles y brutales sean realizados en animales vivos, sino que además los aprueban, son los que con ello eclipsan las prácticas de los "Libros de Moisés". El clero de Roma naturalmente no habla de eclipsar. El dice: "El Antiguo Testamento prepara al Nuevo, mientras que éste consuma el Antiguo. Ambos se iluminan mutuamente..." ¿Deben ser consideradas las hogueras ardientes de la Edad Media como un iluminar del Antiguo Testamento al Nuevo y, por el contrario, los acontecimientos sangrientos de la Edad Media y los graves cambios que la enseñanza de Jesús, el Cristo, tuvo que sufrir en los últimos 2000 años, vierten una luz "luminosa" sobre lo que ocurrió con la Palabra y el mensaje de Dios en el Antiguo Testamento? Valdría la pena seguirle la pista a esta pregunta... ¿Qué tipo de fuerzas también llamadas poderes- podrían ser éstas hoy en día? Si no puede ser Dios pues El es la Ley, y esta ley es amor, benevolencia, paz y el bien para todos y para todo-, ¿quién lo es entonces?
Hace poco he leído cómo el Antiguo Testamento encuentra su consumación en el Nuevo, sólo que con otras características adaptadas al tiempo actual. Se trata de la publicación escrita de un programa de televisión llamado "Reportaje del extranjero", del 2° canal alemán de televisión ZDF-, que fue emitido el 2.9.1999 con el título "Abuso de menores en Irlanda". A continuación repetimos un extracto del mismo:
Un escándalo agita a
Irlanda. El tema central es la Iglesia católica, el pilar de la sociedad irlandesa.
Durante muchos años el gobierno ha confiado niños a una orden católica. La
consternación en la isla es hoy grande, pues un documental muestra lo que al principio
nadie quería creer: abuso en lugar de cuidado, violencia en lugar de amor. No son casos
aislados cientos de niños han sufrido claramente el infierno en la tierra, bajo el
cuidado de la Iglesia. Ahora se rompe el muro de silencio; la verdad sale a la luz.
El gobierno envía a John Prior de 3 años de edad a un internado porque
sus padres aparentemente han descuidado sus obligaciones de cuidar de él. El internado es
dirigido por la orden católica de los Christian Brothers. Los niños deben ser educados
por ellos en la fe en Dios.
John, ahora de 54 años, informa que fue abusado sexualmente a la edad
de 7 años por dos hermanos de la orden y por un sacerdote católico.
Las peores palizas que
recibí fueron cuando conté a la enfermera que un hermano había abusado sexualmente de
mí. Yo tenía 9 años y medio o 10. Ella me pegó y después se lo contó al hermano. El
me sacó de allí y dos hermanos me pegaron, y pegaron, y pegaron. Tenía heridas por todo
el cuerpo...
Teníamos duchas comunes; en ellas tenían que entrar 20 chicos. El
hermano (de la orden) se desnudó... y abusó de algunos chicos ante los ojos de los otros
y les obligó a que se tocasen mutuamente. El me violó una vez, me arrojó sobre su cama
y me poseyó, penetrando en mí violentamente. Yo sangré de tal forma que la enfermera
tuvo que utilizar yodo, lo que me hizo gritar de dolor.
En marzo de 1998 los hermanos (de la orden) se disculparon
públicamente por el abuso de los menores en el internado y organizaron, conjuntamente con
otras órdenes, un teléfono de ayuda para los afectados. Hubo más de 8.000 llamadas y la
Iglesia envió a 600 víctimas a terapeutas.
1999: un documental denuncia
al gobierno y demuestra que los organismos oficiales sabían desde hace décadas del abuso
a menores en los colegios de la Iglesia, y a pesar de ello los siguieron financiando. A
raíz de esto, el gobierno organiza una comisión de investigación, promete cambios en la
legislación y pone a disposición 10 millones de marcos alemanes para las terapias de las
víctimas.
John se encuentra ahora bajo tratamiento psicoterapéutico. Tiene ataques
de miedo, no puede dormir, no confía en nadie. Casi todas las relaciones han fracasado
y nunca ha alcanzado nada a nivel profesional.
Un terapeuta: John sufre ininterrumpidamente; tiene complejos de
inferioridad, se siente inútil; no tiene ninguna confianza en sí mismo...
John no es ningún caso aislado. Miles de niños fueron entregados
en Irlanda a la protección de hogares de la Iglesia... John informa sobre el destino de
su mejor amigo, Joseph:
El tenía una larga
correa de cuero y pegó a Joseph con ella en los hombros y en la cabeza. Joseph se cayó
de la silla y el hermano le golpeó por todo el cuerpo y luego le dió patadas con
aquellas pesadas botas militares que los hermanos utilizaban para trabajar en el campo. Y
le dió patadas y más patadas y más patadas, hasta que Joseph no se pudo mover más.
Joseph había perdido el conocimiento y fue llevado al hospital. Allí fue donde murió.
Todos se enteraron de ello. Pero ellos dijeron que se trataba de leucemia; yo sé que no
murió de leucemia.
La locutora: Desde entonces, John no cree más en Dios.
Este informe habla por
sí mismo...
En la edición recientemente publicada de la revista "Dentro de la
Iglesia" (Austria), se podía leer en un artículo con el título "Abuso sexual.
Terapia de monasterio":
Sacerdotes y miembros
de la orden van cayendo cada vez más bajo la sospecha de estar implicados en delitos de
abuso sexual. Motivo suficiente para que el abad de la fundación G., J.A., se ponga en
movimiento. Este mismo año desea abrir un centro psiquiátrico para el clero, miembros de
la orden y colaboradores pastorales en el monasterio P.
Sería aconsejable leer lo que el "Dios de Moisés" dice sobre
cosas iguales o similares. Si esta vieja "ley", que realmente demuestra tener
una larga tradición y dispone de la valoración de la Iglesia como parte de las
"Sagradas Escrituras" estuviese hoy vigente, muy rápidamente habría menos
hombres de este tipo.
El hombre actual no
sólo abusa de personas o animales en concreto, sino que lo hace en una estrategia global
contra personas y animales. El incluso es de la opinión de que tiene que mejorar la
creación de Dios. El cruel hombre dominador interviene de muchas formas y lleno de
brutalidad en la vida de los animales tampoco el reino vegetal y mineral se libran-,
y otros, la gran masa sorda y ciega a causa de su egoísmo y de su burda indiferencia,
dejan a las criaturas martirizadas abandonadas a su destino. El hombre también trata a
sus similares de la misma forma.
Los sacerdotes actuales se han confeccionado un Dios a su medida al
igual que en los tiempos de Moisés. Sólo que el "Dios" actual no corresponde
ni al Antiguo Testamento ni a la enseñanza de Jesús. Los altos dignatarios
eclesiásticos en todos los tiempos adaptaron su Dios o sus dioses "a la época"
o sea: a sus propias ideas correspondientes, a sus necesidades y metas. El verdadero
Dios, por el contrario, no es el Dios de la Iglesia que corresponde al espíritu de esta
época, sino que es el Dios que nunca cambia y que nos enseñó Jesús. El Dios de la
Iglesia que corresponde al espíritu de esta época es inconstante y no se puede confiar
en él. Tampoco ayuda el querer tapar esta falta de estabilidad con frases formuladas de
modo absoluto. La mentira no puede persistir eternamente, aunque se pueda parchar
provisoriamente durante un tiempo las grietas y agujeros de la olla con el parche de que
"eso es un secreto de Dios". La luz de la verdad destapa todo en su momento.
¿Por qué no se atienen los dignatarios eclesiásticos a sus propias
declaraciones? Si permitieran que el Antiguo Testamento llegara a su consumación con
todos sus detalles en el Nuevo, ellos serían los primeros que el "Dios" de los
"Libros de Moisés" mandaría matar.
Los hombres del tiempo actual sobre todo los creyentes de Iglesia- siguen las huellas de las autoridades eclesiásticas, quienes anuncian
al "Dios" que se transforma, es decir que se adapta a su tiempo y se somete al
espíritu de la época, para que sus cuellos no sean aprisionados por la cuerda de la
horca del Antiguo Testamento, que el "Dios" de los "Libros de Moisés"
ya les habría puesto y apretado hace ya mucho tiempo. Por ello necesitan a su espíritu
de la época, al que ellos llaman "Dios".
Este se adapta con flexibilidad a las exigencias que son actuales para
los que gobiernan, para tener las menos dificultades posibles en presentárselo a los
creyentes de modo que éstos sean molestados lo menos posible en su letargo, en su
egocentrismo y en sus vicios de los sentidos. Por ello permanecen a gusto en el seno de
esta Iglesia cómoda, que les ahorra ciertos conflictos de conciencia y les proporciona en
la puerta de su casa la coartada para crueldades de todo tipo.
El verdadero Eterno es el Absoluto. El es la Ley universal
omnisapiente, que es amor. Repito: Dios, el amor, no castiga ni reprende, El no condena,
mata ni asesina. Dios tampoco entregará ni a personas ni a animales a otras personas. Que
esto es así nos lo enseñó Jesús. El vivió la ley de su Padre y es un ejemplo y un
modelo para nosotros.
Si aprendemos a comprender la profundidad de su enseñanza y su frase: ¡Seguidme!
(Mateo 4, 19), sabremos por qué Jesús nos insistió en que siguiéramos sus huellas.
¿Quiso Jesús decirnos tal vez con ello entre otras cosas que no siguiéramos las huellas
de los sacerdotes que enseñan un espíritu de la época, o sea un Dios que corresponde al
espíritu de la época, que conduce a los hombres irremediablemente a la perdición, lo
que lo está demostrando nuestro tiempo actual, nuestro mundo? También el visionario de
Patmos lo reconoció, pues en la manifestación de Juan está escrito: Sal de ella,
pueblo Mío, para que no os contaminéis con sus pecados y para que no os alcancen sus
plagas (18, 4).
Una vez más sea dicho de forma clara y sin dar lugar a malentendidos:
Jesús habló en contra de las ejecuciones brutales y bestiales de animales y contra el
matar y asesinar a personas. Deberíamos preguntarnos una y otra vez hasta que alcancemos
la iluminación y reconozcamos en lo profundo de nosotros por qué Jesús anunció un Dios
diferente al "Dios de los Libros de Moisés" y al de los dignatarios
eclesiásticos actuales. O bien creemos en varios dioses de diferente calidad; en este
caso se trata de la filosofía de cada uno, que no necesita ninguna instancia
eclesiástica; a menos que en relación a ello le falte imaginación, pues entonces se
encuentra en la Iglesia como miembro "religioso" en el sitio correcto. Pero si
el Unico Dios fuese variable, ay de aquellos que se han distanciado de la Iglesia estatal
de culto pagano.
¡Por ello sopesemos sabiamente y reflexionemos bien! Dios no sólo ha
provisto al hombre de un corazón de cuyos impulsos ya no nos podemos fiar a menudo
a causa de la pérdida de la conciencia-, sino también de un
entendimiento. Se recomienda utilizarlo y volver a despertar la capacidad de pensar de
forma independiente, capacidad que posiblemente no hemos utilizado durante un largo
tiempo.
Para alcanzar la propia claridad es un buen método hacerse preguntas a
sí mismo o también a Dios en una oración profunda.
Pues: quien pregunta con sinceridad, puede ser conducido.
Después de 2000 años es tiempo de que el hombre que cree en Jesús y
le quiere seguir tome la decisión: o seguir las huellas de Jesús, el Cristo, o sea,
aplicar Su enseñanza, o bien seguir las huellas de las autoridades eclesiásticas
actuales, quienes no van de ningún modo a la zaga de la casta sacerdotal de los tiempos
de Moisés.
¿"Matar" o "asesinar"?
A pesar de que al
adversario de Dios le fue posible falsificar por completo la palabra de Dios dada a
través del profeta Moisés, el texto de los Diez Mandamientos, que son un extracto de la
ley eterna absoluta de los Cielos ha permanecido en su mayor parte inalterado.
El quinto mandamiento decía y sigue diciendo: No matarás.
Sin embargo: en la traducción unificada de las Iglesias alemanas de la
Biblia Nueva Jerusalén del año 1985 ya se encuentra entre los Mandamientos de Dios: No
asesinarás. Esta nueva formulación sin duda nos remite al Dios del espíritu de la
época, al Dios del espíritu temporal. Ella muestra un debilitamiento de la amplia
expresión "No matarás". Jesús, sin embargo, en Su Sermón de la Montaña dijo
incluso: Habéis oído que se dijo a los antiguos: no matarás; el que matare será reo de
juicio. Pero yo os digo que todo el que se irrita contra su hermano será reo de juicio;
el que le dijere "tonto" será reo ante el Sanedrín y el que le dijere
"loco falto de Dios" será reo de la gehenna del fuego (Mateo 5, 21-22).
Jesús no suavizó la declaración "No matarás", ni limitó
su significado a determinados casos concretos todo lo contrario. Jesús la
profundizó. El enseñó que no únicamente en el acto consumado del matar se encuentra el
estar contra el prójimo, sino ya en palabras hirientes o de desprecio junto con las
sensaciones y sentimientos que éstas albergan. Con ello El nos advirtió que ya algo que
se mueva en nosotros en el sentido de rechazar a nuestro prójimo, quizá también en
contra de nuestros hermanos animales, es un pecado ante Dios. Jesús nos pidió al mismo
tiempo que sensibilizáramos nuestra conciencia.
Y: Jesús habló explícitamente de "matar", y no de
"asesinar".
Jeremías ya advirtió al pueblo sobre la falsificación de "Las
Escrituras". El habla en Jeremías 8, 8 de "las mentirosas plumas de los
escribas" que "convirtieron en mentira la Palabra del Señor". ¿Qué
"mentirosas plumas" han falsificado de nuevo la Palabra de Dios a través de
Moisés? ¿Qué debe ser justificado con la expresión "No asesinarás"? ¿Debe
servir para seguir acallando la conciencia de los hombres, para que ésta no avise cuando
ocurra una injusticia?
El espíritu maligno del Antiguo Testamento preparó esto
significa: él proporcionó los métodos, en el Nuevo Testamento se sigue propagando
hasta hoy lo que se introdujo con éxito, haciéndose de forma metódica y conscientemente
dirigida según el plan. Ante los ojos de millones de personas de gran talento intelectual
se vuelve ¡Abracadabra!, lo blanco en negro. ¿Son éstos los
"milagros" de nuestro tiempo?
A quien el abismo que existe entre las dos declaraciones matar y
asesinar, le sea indiferente, está sentado sobre dos sillas e intenta servir a dos
Señores, al espíritu del "Dios" cruel de los "Libros de Moisés" y
con ello a las instituciones Iglesia, y un poco a Jesús, el Cristo, quien enseñó el
Dios del amor misericordioso.
Jesús dijo: El Padre y
Yo somos uno. Donde dos son uno, ambos hablan el mismo idioma. ¡Quien tenga oídos para
oír, que oiga!
¿Qué enseñó Jesús en Su Sermón de la Montaña? Todo el que ya
sólo se irrita contra su hermano es reo de juicio. Y: Y el que dijere "tonto"
será reo ante el Sanedrín. Y quien tenga una conciencia, seguirá a Jesús, el Cristo, y
hará lo que está escrito en el Apocalipsis, que de nuevo repito: Sal de ella, pueblo
Mío, para que no os contaminéis con sus pecados y para que no os alcancen sus plagas
(Apocalipsis 18, 4).
Instrucciones para llevar a cabo violencia y guerras
Jesús no colaboró al
ablandamiento de nuestra conciencia. El tampoco nos pidió adormecerla ni hacerla callar
con artimañas, trucos ni con formulaciones sutiles. Esto sólo lo hace quien está y
actúa en contra de Dios y ya ha transformado la Palabra de Dios a través de Moisés en
lo contrario. Otro ejemplo de ello:
En el segundo libro de Moisés, El Exodo, traducción unificada
alemana, está escrito: El que hiera mortalmente a otro será castigado con la muerte (Exodo
21, 12).
El que hiera a su padre
o a su madre será muerto. El que robe a un hombre, háyalo vendido o téngalo en su
poder, será muerto. El que maldijere a su padre o a su madre será muerto (21,
15-17).
En el Exodo 21, 24 se sigue diciendo:
Ojo por ojo, diente por
diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, cardenal
por cardenal.
Y esto fue utilizado bastante a menudo literalmente para legitimar actos
de venganza de todo tipo.
Jesús no habló de ello en el Sermón de la Montaña. Aquí dice:
Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente. Pero yo os digo: No resistáis
al mal, y si alguno te abofetea en la mejilla derecha, dale también la otra; y al que
quiera litigar contigo para quitarte la túnica, déjale también el manto, y si alguno te
requiriera para una milla, vete con él dos. Da a quien te pida y no vuelvas la espalda a
quien desea de ti algo prestado (Mateo 5, 38-42).
De Jesús leemos por consiguiente palabras totalmente distintas de las
del "Dios" de los "Libros de Moisés". Quien desee ser un cristiano
honesto, tendría que tomar la decisión: o bien a favor de Dios a través de Jesús, el
Cristo, o a favor del Dios de la institución Iglesia, pues no se puede servir a dos
señores. El Dios falso nos hará caer algún día. El mejor ejemplo para ello es nuestra
sociedad indiferente e inmisericorde.
En el quinto libro de Moisés, el Deuteronomio, se habla entre otras
cosas, de la ley del talión:
No tendrá tu ojo
piedad; vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie
(Deuteronomio 19, 21).
La guerra y los guerreros. Cuando vayas a hacer la guerra a tus
enemigos, al ver los caballos y los carros de un pueblo más poderoso que tú, no los
temerás, porque el Señor, tu Dios, que te sacó de Egipto, está contigo. Cuando se vaya
a dar la batalla, avanzará el sacerdote y hablará al pueblo, y le dirá: ¡Oye, Israel!
Hoy vais a dar la batalla a vuestros enemigos; que no desfallezca vuestro corazón; no
temáis, no os asustéis ni os aterréis ante ellos, porque el Señor, vuestro Dios,
marcha con vosotros para combatir con vosotros contra vuestros enemigos, y El os salvará
(20, 1-4).
Hoy se hace de forma similar, como si Jesús no hubiese estado en esta
Tierra desde entonces: los sacerdotes de hoy bendicen las guerras e incluso las armas en
la creencia de que los que han sido bendecidos por ellos tienen a Dios a su lado en contra
del "enemigo".
En el mismo libro de Moisés se dice:
La conquista de las
ciudades.
Cuando te acerques a una ciudad para atacarla, le brindarás la paz. Si
la acepta y te abre, la gente de ella será hecha tributaria y te servirá. Si en vez de
hacer las paces contigo quiere la guerra, la sitiarás; y cuando el Señor, tu Dios, la
pusiere en tus manos, pasarás a todos los varones al filo de la espada, pero las mujeres,
los niños y los ganados y cuanto haya en la ciudad, todo su botín, lo tomarás para ti y
podrás comer los despojos de tus enemigos, que el Señor, tu Dios, te da. Así harás con
todas las ciudades situadas lejos de ti, que no sean de las ciudades de estas gentes. Pero
en las ciudades de las gentes que el Señor, tu Dios, te da por heredad, no dejarás con
vida a nada de cuanto respira (Deuteronomio 20, 10-16).
Los cruzados de la Edad Media vadeaban en la sangre de aquellos a
los que habían vencido en nombre de la Cruz. Entre 1941 y 1943 no fue muy distinto en
Croacia. La Iglesia lo hace realidad: El Antiguo Testamento "ilumina" el Nuevo
Testamento, ¡pero no con la luz de Dios, que Cristo anunció y hoy anuncia de nuevo!
Dios es la paz. Cristo vino como Jesús para traer la paz a todos los
hombres. El vendrá de nuevo en espíritu como Príncipe de la Paz, eso es
seguro.
Jesús habló en Su Sermón de la Montaña del amor a los enemigos. En
Mateo leemos:
Habéis oído que fue
dicho: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo.
Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos y orad por los que os
persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre, que está en los Cielos, que hace salir
el sol sobre malos y buenos, y llueve sobre justos e injustos. Pues si amáis a los que os
aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen esto también los publicanos? Y si saludáis
solamente a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen eso también los
gentiles? Sed, pues, perfectos, como perfecto es vuestro Padre celestial.
Jesús reprendió la hipocresía de los escribas y fariseos en Mateo
23:
Entonces Jesús habló
a las muchedumbres y a sus discípulos, diciendo: En la cátedra de Moisés se han sentado
los escribas y fariseos. Haced, pues, y guardad lo que os digan, pero no los imitéis en
las obras, porque ellos dicen y no hacen. Atan pesadas cargas y las ponen sobre las
espaldas de los hombres, pero ellos ni con un dedo hacen por moverlas. Todas sus obras las
hacen para ser vistos por los hombres. Ensanchan sus filacterias y alargan los flecos;
gustan de los primeros asientos en los banquetes, y de las primeras sillas en las
sinagogas, y de los saludos en las plazas, y de ser llamados por los hombres rabí
(maestro). Pero vosotros no os hagáis llamar rabí, porque uno sólo es vuestro Maestro,
y todos vosotros sois hermanos. Ni llaméis padre a nadie sobre la Tierra, porque uno
sólo es vuestro Padre, el que está en los Cielos. No os hagáis llamar doctores, porque
uno sólo es vuestro Doctor, el Mesías. El más grande de vosotros sea vuestro servidor.
El que se ensalce será humillado, y el que se humillare será ensalzado.
¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas, que cerráis a los
hombres el reino de los cielos! Ni entráis vosotros ni permitís entrar a los que
querrían. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas, que recorréis mar y tierra
para hacer un solo prosélito, y luego de hecho, le hacéis hijo de la gehenna dos veces
más que vosotros! ¡Ay de vosotros, guías ciegos, que decís: Si uno jura por el templo,
eso no es nada; pero si jura por el oro del templo, queda obligado! ¡Insensatos y ciegos!
¿Qué vale más, el oro o el templo, que santifica el oro? Y si alguno jura por el altar,
eso no es nada; pero si jura por la ofrenda que está sobre él, ése queda obligado.
Ciegos, ¿qué es más, la ofrenda o el altar, que santifica la ofrenda? Pues el que jura
por el altar, jura por él y por lo que está encima de él. Y el que jura por el templo,
jura por él y por quien lo habita. Y el que jura por el Cielo, jura por el trono de Dios
y por el que en él se sienta.
¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas, que diezmáis la
menta, el anís y el comino, y dejáis lo más grave de la Ley: la justicia, la
misericordia y la lealtad! Bien sería hacer aquello, pero sin omitir esto. Guías ciegos,
que coláis un mosquito y os tragáis un camello. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos,
hipócritas, que limpiáis por fuera la copa y el plato, que por dentro están llenos de
rapiñas y codicias! Fariseo ciego, limpia primero por dentro la copa, para que también
su exterior quede limpio.
¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, que os parecéis a sepulcros
blanqueados, hermosos por fuera, mas por dentro llenos de huesos de muertos y de toda
suerte de inmundicia! Así también vosotros por fuera parecéis justos a los hombres, mas
por dentro estáis llenos de hipocresía y de iniquidad.
¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas, que edificáis
sepulcros a los profetas y adornáis los monumentos de los justos, y decís: Si
hubiéramos vivido nosotros en tiempo de nuestros padres, no hubiéramos sido cómplices
suyos en la sangre de los profetas! Ya con esto os dais por hijos de los que mataron a los
profetas. Colmad, pues, la medida de vuestros padres. Serpientes, raza de víboras,
¿cómo escaparéis al juicio de la gehenna?
Por esto os envío yo los profetas, sabios y escribas, y a unos los
mataréis y los crucificaréis, a otros los azotaréis en vuestras sinagogas y los
perseguiréis de ciudad en ciudad, para que caiga sobre vosotros toda la sangre inocente
derramada sobre la Tierra, desde la sangre del justo Abel hasta la sangre de Zacarías,
hijo de Baraquías, a quien matasteis entre el templo y el altar. En verdad os digo que
todo esto vendrá sobre esta generación (Mateo 23, 1-36).
Jesús dijo, entre otras cosas: No llaméis padre a nadie sobre la
Tierra, porque uno sólo es vuestro Padre, el que está en los Cielos (Mateo 23, 9).
¿Por qué existe entonces el "Santo Padre" en la Tierra?
Quien como católico crea en las palabras de Jesús se tendría que hacer la pregunta de
si no está aclamando a un "mascarón de proa" y con ello está de acuerdo en
difamar el nombre de Jesús y Sus enseñanzas, en poner en ridículo al mayor profeta de
todos los tiempos, que es nuestro Redentor.
Jesús habló contra
los sacerdotes: Pero vosotros no os hagáis llamar rabí, porque uno sólo es vuestro
Maestro, y todos vosotros sois hermanos (Mateo 23, 8).
Jesús se hacía llamar Maestro, o sea, maestro de sabiduría. La
Iglesia católica hizo a Jesús sacerdote, en contra de Su enseñanza y contra Su
voluntad. En el catecismo católico, número 1548, leemos: "En el servicio eclesial
el ministro ordenado es Cristo mismo, quien está presente en su Iglesia como Cabeza de su
cuerpo, Pastor de su rebaño, sumo sacerdote del sacrificio redentor y Maestro de la
verdad".
El catecismo católico dice: "... y Maestro de la verdad".
Esto es de nuevo una blasfemia contra Jesús, el Cristo, por parte de los dignatarios
actuales de la Iglesia. Ellos hablan del maestro de la verdad, pero no hacen lo que Jesús
enseñó y quiso.
Suntuosidad y ceremonias para la consagración
Jesús, el sencillo
hombre en el pueblo de Israel, un judío con una túnica sencilla de lino, el Hijo del
Hombre, como es llamado, el hijo de un carpintero, era totalmente lo contrario de los
sacerdotes de entonces y de los actuales.
Los sacerdotes de entonces llevaban túnicas correspondientes a su
dignidad y a sus pretensiones, y también los cardenales, obispos curas y sacerdotes de
nuestro tiempo actual se presentan en togas majestuosas. Dios dejó sin embargo caminar
por esta Tierra a Su hijo, el Corregente de los Cielos, con una túnica sencilla, sin
bienes, como carpintero. ¿Por qué no vistió Dios a Jesús, Su hijo, con una túnica
sacerdotal, y por qué no le hizo prestar Sus servicios en el Templo de Jerusalén? ¿Hace
Dios excepciones? Leamos lo que dijo el "Dios a través de Moisés" y cómo
"El" otorgó el sacerdocio a Arón y a sus hijos, y cómo les invistió como
sacerdotes. En el libro del Exodo podemos leer:
La sobretúnica. La tela de la sobretúnica del efod la harás toda entera de jacinto. Tendrá en medio una abertura para la cabeza, y esta abertura tendrá todo en torno un refuerzo tejido como el que llevan las orlas de los vestidos para que no se rompan. En la parte inferior pondrás granadas de jacinto, de púrpura y de carmesí, alternando con campanillas de oro, todo en derredor; una campanilla de oro y una granada sobre la orla de la vestidura, todo en torno. Arón se revestirá de ella para su ministerio, para que se haga oír el sonido de las campanillas cuando entre y salga del santuario del Señor; si no tiene que morir (28, 31-35).
Y sigue así:
La diadema. Harás una lámina de oro puro, y grabarás en ella como se graban los sellos: "Santidad del Señor". La sujetarás con una cinta de jacinto a la tiara por delante. Estará sobre la frente de Arón, y Arón llevará las faltas cometidas en todo lo santo que consagren los hijos de Israel en toda suerte de santas ofrendas; estará constantemente sobre la frente de Arón ante el Señor, para que hallen gracia ante El (28, 36-38).
Las indicaciones del
"Dios a través de Moisés", que están en absoluta contradicción con lo que se
dice sobre la enseñanza y la forma de vida del Hijo de Dios entre los hombres, debemos
repetirlas detalladamente en el siguiente texto, para que a aquél que lo lea con el
corazón, le resulte más fácil la decisión de seguir a los dignatarios de la Iglesia o
a Jesús, el Cristo.
Sobre la vestimenta de los sa-cerdotes dice así:
La túnica la harás de lino y una tiara también de lino y un cinturón de varios colores. Para los hijos de Arón harás túnicas, cinturones y tiaras, para gloria y ornamento. De estas vestiduras revestirás a Arón, tu hermano, y a sus hijos. Los ungirás, les llenarás las manos y los santificarás, para que me sirvan de sacerdotes. Hazles calzones de lino para cubrir su desnudez, que lleguen desde la cintura hasta los muslos. Los llevarán Arón y sus hijos cuando entren en el tabernáculo de la reunión y cuando se acerquen al altar para servir en el santuario; así no incurrirán en falta y no morirán. Es ley perpetua ésta para Arón y para sus descendientes después de él (Exodo 28, 39-43).
Purificación, investidura y unción. Haz a Arón y a sus hijos avanzar a la entrada del tabernáculo de la reunión y lávalos con agua. Después, tomando las vestiduras, viste a Arón la túnica, la sobretúnica, el efod y el pectoral, y cíñele el efod con el cinturón. Pon sobre su cabeza la tiara, y en la tiara la lámina de la santidad. Toma el óleo de unciones, derrámalo sobre su cabeza y le unges. Haz que se acerquen sus hijos, y les revistes las túnicas, los ciñes con los cinturones y les pones las tiaras. A ellos les corresponderá el sacerdocio por ley perpetua. Tú consagrarás a Arón y a sus hijos. Trae luego el novillo ante el tabernáculo de la reunión, y Arón y sus hijos pondrán sus manos sobre la cabeza del novillo. Degüella el novillo ante el Señor, a la entrada del tabernáculo de la reunión; toma la sangre del novillo, y con tu dedo unta de ella los cuernos del altar, y la derramas al pie del altar. Toma todo el sebo que cubre las entrañas, la redecilla del hígado y los dos riñones con el sebo que los envuelve, y lo quemas todo en el altar. La carne del novillo, la piel y los excrementos los quemarás fuera del campamento. Este es el sacrificio por el pecado.
Tomarás luego uno de los carneros, y Arón y sus hijos pondrán sus manos sobre la cabeza de aquél; degüella el carnero y riega con su sangre el altar todo en alrededor. Descuartiza el carnero, y lavando las entrañas y las piernas, las pones sobre los otros trozos y la cabeza, y lo quemarás todo sobre el altar. Es el holocausto al Señor de suave olor; el sacrifico al Señor por el fuego.
Toma luego el otro carnero, y Arón y sus hijos le pondrán sus manos sobre la cabeza. Degüella el carnero, y tomando su sangre, unta de ella el lóbulo de la oreja derecha de Arón y el lóbulo de la oreja derecha de sus hijos, el pulgar de sus manos derechas y el pulgar de sus pies derechos, y regarás de sangre el altar todo en alrededor. Toma de la sangre que habrá sobre el altar y el óleo de unción, y rocía y unge a Arón y sus vestiduras, y a sus hijos y sus vestiduras, y así será consagrado él y sus vestiduras, sus hijos y sus vestiduras.
La institución de los
sacerdotes. Toma el sebo del carnero, la cola, el sebo que cubre sus entrañas, la
redecilla del hígado, los dos riñones con el sebo que los envuelve y la pierna derecha,
pues este carnero es carnero de consagración. También el cestillo de ácimos puesto ante
el Señor; toma un pan, una torta y un frisuelo, y pon todo esto en las palmas de las
manos de Arón y de sus hijos, y haz que las agiten como ofrenda agitada ante el Señor.
Luego los tomarás de sus manos y los quemarás en el altar; encima del holocausto, en
suave olor ante el Señor, para ofrecérselo. Tomarás el medio pecho del carnero de
inauguración que sería de Arón, y lo agitarás como ofrenda agitada ante el Señor;
ésa será tu parte. Santificarás el otro medio pecho de agitación y la pierna de
elevación, que han sido agitados y elevados del carnero de inauguración, lo que cede en
favor de Arón y de sus hijos, y ésa será la parte de Arón y de sus hijos. Esa será la
parte de Arón y sus hijos por ley perpetua que guardarán los hijos de Israel, pues es
ofrenda de elevación, y en los sacrificios eucarísticos de los hijos de Israel, la
ofrenda de elevación es del Señor.
Las vestiduras sagradas que usará Arón serán después de él las de
sus hijos; con ellas serán ungidos y con ellas serán consagrados. Siete días las
llevará el que de sus hijos sea sacerdote en lugar suyo y entre en el tabernáculo de la
reunión para ministrar el santuario. Tomarás la carne del carnero de inauguración y la
harás cocer en lugar santo.
Comida santa. Arón y sus hijos comerán a la entrada del tabernáculo de la reunión la carne del carnero y los ácimos del cestillo. Comerán lo que ha servido para su expiación, para llenarles las manos y consagrarlos. No comerá de ello ningún extraño porque son cosas santas. Si algo queda de las carnes de consagración o de los panes para el día siguiente, lo quemarás y no se comerá, porque es cosa santa. Cumplirás respecto de Arón y de sus hijos todo cuanto te he mandado. Durante siete días los consagrarás.
Consagración del altar. Cada día ofrecerás el novillo en sacrifico por el pecado sobre el altar, para expiación, y le ungirás y le santificarás. Durante siete días expiarás el altar y lo santificarás, y el altar será santísimo y cuanto a él toque será santo (29, 4-37).
Con el jacinto, la
púrpura y el carmesí se hicieron también las vestiduras sagradas para el ministerio del
santuario; las vestiduras sagradas de Arón, como lo había mandado el Señor; el efod, de
oro, hilo torzal de lino, jacinto, púrpura y carmesí, en obra plumaria. Laminó el oro,
y cortó las laminas en hilos para entretejerlos con el jacinto, la púrpura y el
carmesí, en obra plumaria; las dos hombreras que unían una a otra las dos bandas por dos
extremos: el cinturón del efod que ésta lleva unido y es el del mismo tejido, oro,
jacinto, púrpura y carmesí. Talló dos piedras de ónice, encerradas en dos cápsulas de
oro, para el engaste, y con los nombres de los hijos de Israel, grabados según el arte de
los grabadores de sellos, y las puso a las hombreras del efod, para memoria de los hijos
de Israel, como a Moisés se lo mandó el Señor.
Se hizo el pectoral, artísticamente trabajado, del mismo tejido del
efod, oro, jacinto, púrpura y carmesí, en hilo torzal de lino. Era cuadrado y doble, de
un palmo de largo y uno de ancho doble. Se le guarneció de cuatro filas de piedras; en la
primera fila, una sardónice, un topacio y una esmeralda; en la segunda, un rubí, un
zafiro y un diamante; en la tercera, un ópalo, un ágata y una amatista; y en la cuarta,
un crisólito, una ónice y un jaspe. Las piedras estaban engastadas en cápsulas de oro y
correspondían a los nombres de los hijos de Israel, las doce según sus nombres grabados
en ellos como se graban los sellos, un nombre en cada una. Se hicieron para el pectoral
cadenillas de oro torcidas en forma de cordones; dos cápsulas de oro y dos anillos de
oro, y se pusieron los anillos a los extremos superiores del pectoral. Se pasaron los dos
cordones de oro por los dos anillos de los extremos del pectoral a las dos cápsulas
colocadas delante de las hombreras del efod. Se hicieron otros dos anillos de oro, que se
pusieron a los extremos inferiores del pectoral, a la parte baja del efod por defuera; se
hicieron otros dos anillos de oro, que se pusieron en las dos hombreras del efod, abajo,
en la parte delantera, cerca de la juntura, por encima del cinturón del efod, y fijaron
el pectoral, uniéndole por sus anillos a los anillos del efod con una cinta de jacinto,
para que se sostuviese el pectoral sobre la cintura del efod, sin separarse de él, como
el Señor se lo había mandado a Moisés.
Se hizo la sobretúnica del efod, toda de una pieza, tejida en jacinto.
Tenía en medio una abertura semejante a la de una cota y con un reborde todo en torno
para que no se rasgase. Se pusieron en la orla inferior granadas de jacinto, de púrpura y
carmesí, en hilo de lino torzal, y se hicieron las campanillas de oro puro, poniéndolas
entre las granadas, en el borde inferior de la vestidura, todo en derredor, una campanilla
y una granada, en el borde de la vestidura todo en derredor, para el ministerio, como se
lo había mandado el Señor a Moisés (Exodo 39, 1-26).
La diadema. Hicieron de oro puro la lámina, diadema sagrada, y grabaron en ella como se graban los sellos, "Santidad al Señor", y se la ató con una cinta de jacinto a la tiara, arriba, como se lo había mandado el Señor a Moisés (39, 30-31).
Presentaron a Moisés... las vestiduras sagradas para el servicio del santuario, las del sacerdote Arón y las de sus hijos para las funciones sacerdotales. Los hijos de Israel habían hecho todas sus obras conforme a lo que el Señor había mandado a Moisés. Moisés lo examinó todo, viendo lo que habían hecho, y todo lo habían hecho como el Señor se lo había mandado, y Moisés los bendijo (39, 33-43).
Colocación y consagración del santuario. Alzarás el atrio en torno, y pondrás la cortina a la entrada del atrio. Tomarás óleo de unción, ungirás el habitáculo y cuanto en él se contiene; los consagrarás con todos sus utensilios y será santo; ungirás el altar de los holocaustos y todos sus utensilios; consagrarás el altar y será santísimo; ungirás el pilón con su base, y lo consagrarás. Harás avanzar a Arón y a sus hijos cerca de la entrada del tabernáculo, y los lavarás con el agua; y luego revestirás a Arón de sus vestiduras sagradas, y le ungirás, y le consagrarás, y será sacerdote a mi servicio; harás acercar a sus hijos, y después de vestirlos de sus túnicas, los ungirás como ungiste al padre, y serán sacerdotes a mi servicio. Esta unción los ungirá sacerdotes perpetuamente entre sus descendientes (40, 8-15).
Esto último muestra
que el adquirir este cargo no era a raíz de cualidades como cercanía de Dios,
sabiduría, una elevada madurez moral o similares; había solamente que haber nacido en la
familia correcta.
Un alma que deja que le vaya bien en una encarnación, a menudo
seguirá como alma queriendo vivir de nuevo como hombre allí donde se le ofrecen
comodidades, satisfacciones y admiración, y donde la dignidad le sea ofrecida en bandeja.
En relación a la pomposidad que era necesaria para vestir a Arón y a
sus hijos, de acuerdo con su posición especial, y para honrar su dignidad en ceremonias
majestuosas, se pueden encontrar ciertos paralelismos con los actuales dignatarios de la
Iglesia.
Las autoridades eclesiásticas de nuestro tiempo actual ya no sacrifican animales para la honra y amansamiento de "Dios". Los sacerdotes de hoy sacrifican animales para fines muchos más directos y cercanos. Ellos dejan que los carniceros como ya dijimos maten a los animales en los mataderos, corten sus cadáveres o hagan trocitos de ellos, y que los cocineros y cocineras los preparen para deleitar con el sabor del bocado delicioso de la víctima el "glorificado" paladar y para llenar el cuerpo. Todo esto no tiene nada que ver con las enseñanzas de Jesús, el Cristo, el Hijo de Dios, el Corregente de los Cielos, quien como Hijo del Hombre caminó por esta Tierra y enseñó y vivió como ejemplo a los hombres lo que es verdad y sigue siendo verdad eternamente.
El sacrificio de Redención que trajo Jesús.
Las autoridades
eclesiásticas actuales hablan del "sacrificio redentor" que Jesús consumó.
Jesús supuestamente se hizo cargo y acogió todos los pecados pasados, presentes y
futuros; para ello sufrió en la cruz. En el catecismo de la Iglesia católica podemos
leer en el número 605: "No hay, ni hubo ni habrá hombre alguno por quien no haya
padecido Cristo". (Cc. de Quiercy en el año 853: DS 624). ¿Quién Le hizo
sufrir? ¿Fue Jesús voluntariamente a la cruz o fue empujado a la cruz por el pueblo
sublevado por los sacerdotes?
Sobre la Redención a través del Cristo de Dios en la
"consumación" de Jesús en la cruz, encontramos en ambas Iglesias
"cristianas" solamente cosas que no corresponden a lo sucedido. Según el
catecismo de la Iglesia católica Jesús llevó a cabo la sustitución del Siervo
doliente que "se dio a sí mismo en expiación", "cuando llevó el pecado
de muchos", a quienes "justificará y cuyas culpas soportará" (Isaías
53, 10-12). Jesús repara por nuestras faltas y satisface al Padre por nuestros pecados
(Número 615).
En los Escritos de profesión de fe de la Iglesia luterana-protestante,
Martín Lutero incluso escribe que sólo él es el "cordero de Dios, que quita el
pecado del mundo", Juan 1,3 y "Dios le cargó con nuestros pecados"
Isaías 53,4; ídem: "Todos ellos son pecadores y, sin merecerlo, se vuelven
justos por su compasión por medio de la Redención de Jesucristo en su sangre",
etc. Romanos 3, 6.
Porque esto debe ser
creído y si no no hay obra, ley ni mérito con el que conseguir ser captados, es claro y
seguro, que sólo semejante fe nos hace justos ... (ASII Art. 1).
El padre de la Iglesia Ambrosio escribe: Ya que todo el mundo tiene
pecado, él le ha quitado al mundo sus pecados (AP. IV).
El hombre de nuestro
tiempo actual se basa en su lógica, así que pensemos lógicamente por una vez. Dios no
puede tener nada secreto, pues El es en todo la manifestación, Su Ley es el Logos y con
ello lógica.
Si Jesús, el Cristo, se hubiese "llevado los pecados del
mundo", o sea anulado el pecado, la carga del alma, ¿por qué se muestra el mundo,
la humanidad, de otra forma, en muchas ocasiones con los pecados más bajos? ¿Por qué no
es la Tierra con su naturaleza, el paraíso, el SER de los Cielos que los cristianos
quieren hacer bajar al rezar el "Padrenuestro"?
¿Y qué ocurrió en realidad? Jesús, el Cristo, lo dice en Su manifestaciones divinas en este tiempo. Con las palabras en la cruz "Está consumado", una parte de Su herencia espiritual, la Fuerza Parcial de la Fuerza Primaria, pasó como luz de redención, también llamada chispa redentora, a todas las almas cargadas. En Esta es Mi Palabra leemos:
Aunque la luz de la salvación, la Redención, brilla en todas las almas, sólo se vuelve perfecto quien purifica su alma y la mantiene pura. Mi acto redentor no saldó los pecados del mundo, los pecados de todas las almas y hombres. Es la fuerza y el manantial de fuerza para todos los que se arrepienten de sus pecados y no vuelven a hacerlos. La Redención es el soporte del alma y la protección contra la disolución del alma. También es la luz en el camino que conduce al corazón de Dios (pág. 903).
La sola fe en Mí, el Redentor de todas las almas y hombres, no produce la pureza del alma y del hombre (pág. 904).
Nadie llega al Padre en los Cielos sino por Mí, el Hijo de Dios y Corregente de los Cielos, que se convirtió en Redentor de todas las almas y hombres (pág. 866).
Pero la Iglesia, que se ha autoproclamado portadora de bendición, enseñó y enseña: sólo aquellos que renacen por medio de los sacramentos y del bautizo en Cristo reciben el beneficio de Su sacrificio. De esta manera la Iglesia pretende actuar como un "colador" por el que solamente pasan sus ovejitas.
Aunque El ha muerto por todos (2 Corintios 5, 15), no todos reciben la buena obra de Su muerte, sino únicamente aquellos a quienes les es dado una parte del beneficio de Su sufrimiento... (Neuner-Roos, La Fe de la Iglesia, edición 12°, 1986, número 793).
Esa parte la ganan los hombres a través del bautizo:
... pues mediante este renacer les es regalada la misericordia, por medio del mérito de su sufrimiento, gracias a la cual se vuelven justos (número 793).
... la herramienta que
lo causa es el sacramento del bautizo, esto es el sacramento de la fe, sin el cual nadie
recibe el ser justos, la exculpación (número 799).
En lugar de conducir a los creyentes hacia Cristo, la Iglesia los ató
y ata a ella a través del bautizo y demás sacramentos otorgados por sacerdotes que
supuestamente han sido instituidos por Jesús. Jesús estaba sin embargo en contra de una
casta de sacerdotes. El dijo: No os hagáis llamar rabí. El nunca se elevó a Sí
mismo a sacerdote.
Cuando leo sobre el "sacrificio redentor" y que Jesús ha
quitado a los hombres sus pecados y los ha cargado sobre sí, pienso automáticamente en
el sacrificio del chivo expiatorio en el tercer libro de Moisés, el Levítico:
Después de la muerte
de los dos hijos de Arón, al acercarse ante el Señor dijo el Señor a Moisés: "Di
a tu hermano Arón que no entre nunca en el santuario a la parte interior del velo,
delante del propiciatorio que está sobre el arca, no sea que muera, pues yo me muestro en
la nube sobre el propiciatorio.
He aquí el rito según el cual entrará Arón en el santuario: Tomará
un novillo para el sacrificio por el pecado y un carnero para el holocausto. Se revestirá
de la túnica santa de lino y se pondrá sobre sus carnes el calzón de lino; se ceñirá
un cinturón de lino y cubrirá su cabeza con la tiara de lino vistiéndolos después de
haberse lavado en el agua. Recibirá de la asamblea de los hijos de Israel dos machos
cabríos, para el sacrifico por el pecado, y un carnero para el holocausto; Arón
ofrecerá su novillo por el pecado, y hará la expiación por sí y por su casa. Tomará
después los dos machos cabríos, y presentándolos ante el Señor a la entrada del
tabernáculo de la reunión, echará sobre ellos las suertes, una la del Señor, otra la
de Azazel. Arón hará acercar el macho cabrío sobre el que recayó la suerte del Señor,
lo ofrecerá en sacrificio por el pecado; el macho cabrío sobre el que recayó la suerte
de Azazel le presentará vivo ante el Señor, para hacer la expiación y soltarle después
a Azazel. Arón ofrecerá el novillo del sacrificio por el pecado, haciendo la expiación
por sí y por su casa (16, 1-11).
El comentario de la Biblia de Jerusalén dice:
Azazel es ... el nombre
de un demonio que, según las antiguas creencias de los hebreos y los Cananeos, habita en
el desierto, aquella tierra no fructífera, en la que Dios no lleva a cabo Su obra
fructificadora.Obsérvese que el animal no es sacrificado a este demonio, sino que el
"chivo expiatorio" lleva consigo los pecados del pueblo al desierto, donde
habita Azazel. El traspaso de los pecados al animal y los ritos de expiación "ante
Jahvé", V. 10, ocurren por medio del sacerdote, V. 21. De esta forma, el culto a
Jahvé acoge una antigua costumbre popular, pero al hacerlo se le cambia la forma y se la
aclara quitándole las impurezas (Nota 16a).
¡Hagámonos conscientes de qué blasfemia es esto! El macho cabrío
"para Azazel" debe "ser presentado vivo ante el Señor para hacer la
expiación y soltarle después para Azazel en el desierto". En el Antiguo Testamento,
como ya se dijo, ya se conocía sin embargo la ley de causa y efecto, que Jesús, el
Cristo, llamó de "siembra y cosecha". Dios lo ha enseñado con toda seguridad a
través de todos los profetas. Pues sin conocimiento de esta legitimidad fundamental nadie
puede reconocer su culpa y volverse libre de ella. Tampoco podrá apenas comprender que
Dios le ama y que El es justo.
Por consiguiente cada uno tendría que haber sabido que el hombre
cosecha lo que él mismo ha sembrado. Esta cosecha no se la puede quitar nadie.
El uso de la "antigua costumbre popular" del chivo expiatorio
en el pueblo de Dios, al que al fin y al cabo le habían sido dados los Diez Mandamientos
por Dios, es a mi parecer aún más reprochable que cuando los pueblos paganos hacían
cosas similares por desconocimiento. Y con sorpresa se puede leer que esta costumbre ya
explicada anteriormente era incluso clarificada y purificada cuando se acogía a alguien
en el culto de Yahvé.
¡Pobre animal, el chivo expiatorio, tan solo en el desierto! Un animal
no obstante no se puede cargar. Aunque sí el hombre que realiza esta antigua costumbre, o
participa de ella ¡clarificada y libre de impurezas, se sobreentiende! Y: quien
actua en contra de su prójimo o de su prójimo animal, experimentará cosas iguales o
parecidas.
El que tenga oídos para oír, que oiga. Y quien tenga un corazón para Cristo, nuestro Redentor, que se oriente por las palabras de Juan: Sal de ella, pueblo Mío, para que nos os contaminéis con sus pecados y para que no os alcancen sus plagas (Apocalipsis 18, 4).
Según
"Moisés", Dios mismo instauró a sacerdotes. Jesús, sin embargo, dijo: Yo
soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie llega al Padre, sino por Mí (Juan 14, 6). Y
además: El Reino de Dios está dentro de vosotros (Lucas 17, 21).
Y: Si alguno guardare Mi palabra, jamás verá la muerte (Juan
8, 51).
Y: ¡Seguidme! (Mateo 4, 19).
De nuevo oímos de Jesús, que El, que es uno con el Padre, es el
camino, la verdad y la vida, y que nadie llega al Padre, sino por El. Esto significa que
no necesitamos ninguna autoridad eclesiástica ni ninguna Iglesia externa; deberíamos
orientarnos a la vida de Jesús, el Cristo, y seguir Sus huellas.
Los primeros cristianos originarios
Hasta el momento de su
muerte en la cruz Jesús había hecho algunos preparativos para anunciar Su enseñanza a
muchos hombres de todo el mundo. Por ejemplo El envió a hombres y mujeres para anunciar
el mensaje del Reino de Dios que estaba próximo. El enseñó e instruyó a algunos
apóstoles, quienes tras Su muerte fundaron comunidades cristianas. En estas comunidades,
más adelante comunidades primarias, hablaba el espíritu profético y conducía a los
primeros cristianos. Así Cristo conducía a Sus comunidades a través de la palabra
profética. Durante la Ultima Cena, cuando Jesús, como a menudo cuando se reunían,
partía el pan lo cual también nos ha sido transmitido sólo en parte, El
dijo: Haced esto en conmemoración Mía (Lucas 22, 19), lo que significa que los
hombres que Le siguen deben compartir el pan.
¿Qué significa: compartir el pan?
En una comunidad de vida interna, en la que todos son iguales, en la
que todos son libres, pues nadie se ata a través de la envidia, del querer ser y tener y
cosas parecidas, sino que hacen con gusto lo que Dios ha mandado, surgen hermandad
el uno es hermano, hermana y amigo del otro y unidad, la unión en base a la
meta común. El que tiene, da; todos actúan y se aportan al bien de la totalidad según
sus cualidades; así se crea el equilibrio justo que no prefiere a nadie. Esta es la vida
impersonal, la vida en el Espíritu de Dios, la vida de la comunidad cristiano-originaria.
La Iglesia hizo una
ceremonia del acontecimiento de partir el pan durante la vida de Jesús. Un sacrificio de
pecado al fin y al cabo para atar a los creyentes a la Iglesia y a sus sacramentos, que
son "necesarios para la salvación". Esta atadura impide al mismo tiempo que el
hombre vaya a Dios en su interior y pueda alcanzar a raíz de su reconocimiento,
arrepentimiento y purificación activa la liberación de sus pecados con la ayuda de
la fuerza redentora del espíritu del Cristo de Dios.
Unicamente la vida activa legítima nos trae el beneficio interno, nos
llena el corazón, nos refortalece, nos hace libres, alegres, sanos y dinámicos. Esto es
lo que da un sentido a nuestra vida, el contenido pero nunca lo harán gestos,
ritos, ceremonias; con ello tampoco cambia nada, no importa cuán a menudo las repitamos.
Los primeros cristianos, un poco después los cristianos originarios,
que se sentían espiritualmente en casa en las primeras comunidades primarias en
Jerusalén bajo la dirección de algunos apóstoles, y que como ya hemos dicho eran
guiados por el espíritu profético, no conocían ni ceremonias ni ritos, por tanto
ningún culto. No mataban animales para sacrificárselos a un Dios; tampoco mataban para
comer animales, sí, tampoco comían carne. Ellos se esforzaban en vivir según los
Mandamientos de Dios y el Sermón de la Montaña de Jesús, para purificar la iglesia
interna, el templo, el alma y el cuerpo, para que el espíritu del Cristo de Dios pueda
actuar en el alma y en el cuerpo. Sus reuniones cristiano-originarias consistían en
partir el pan y rezar. Ellos compartían el pan entre sí.
Pablo de Tarso destruyó
De un teólogo
escuchamos: Saulo de Tarso, en el Asia Menor, un fariseo judío, era un enemigo
encarnizado de Jesús de Nazaret y que también persiguió a la comunidad de los primeros
cristianos. Saulo explicó un día haber oído una manifestación de Cristo en sí. El
también contó que Le había visto en una visión. Después de esto Saulo cambió de
orientación, pretendiendo ahora querer luchar por El, ya no más contra El. El fariseo
judío Saulo no se hizo sin embargo miembro de la comunidad cristiano-originaria, sino que
comenzó con sus prédicas sin haber hecho preparativos, sin haber hablado anteriormente
con los apóstoles y sin saber lo que el espíritu profético manifestaba en la comunidad
originaria.
Pronto se comprobó que Saulo, quien después de su supuesta
conversión pasó a llamarse Pablo, mezclaba la enseñanza de Jesús, el Cristo, con sus
ideas romanas y se enemistó con algunos grupos cristiano-originarios que surgían en
diversos lugares. Saulo, ahora supuestamente Pablo, no se deja corregir ni por cristianos
originarios ni por el espíritu profético en las comunidades cristiano-originarias, sino
todo lo contrario: el cuenta de "manifestaciones" propias. Y a raíz de la
discusión que tuvo con Pedro, a quien Pablo acusa abiertamente de actuar con hipocresía
(Gálatas 2, 11-13), se avivan otras diferencias, también en relación con el consumo de
carne y con la comida cristiano-originaria.
También se trataba de la validez de normas de fe judías en las
comunidades cristiano-originarias, a lo que también pertenecen normas sobre la comida.
Pablo reprocha a Pedro de no haber participado de comidas en comunidad con paganos
convertidos a causa de sus ideas judías, y que también ha seducido a Barnabás, el
acompañante de Pablo. ¿Se atuvo Pedro por consiguiente a las normas judías sobre la
comida, con un consumo de carne reducido? ¿O renunció por completo a la alimentación
cárnica, tal y como lo había aprendido junto con los otros apóstoles de Jesús?
Pablo por el contrario no había conocido a Jesús y no sabía cómo
Jesús había enseñado a sus discípulos. Pablo también era judío, pero gozaba al mismo
tiempo de los derechos de un ciudadano romano y comía carne sin limitación alguna, al
igual que otros romanos, sobre todo los de buena clase. El no tenía ninguna consciencia
para comprender que alguien renunciara al placer de la carne por amor y unidad al prójimo
animal. Tampoco le importaba si la carne había sido sacrificada a "dioses"
paganos antes de ofrecerla en venta en el mercado, pues según Pablo no existen dioses.
Pablo también apoyó el comer carne en las comidas de las comunidades
cristiano-originarias y posiblemente también en las cenas en memoria del Señor, mientras
nadie pusiese objeciones. Sólo entonces prescindiría de ello. El escribió: "Todo
cuanto se vende en el mercado comedlo sin hacer averiguaciones para que no carguéis la
conciencia" (1 Corintios 10, 25). Con ello él no pensaba en el sufrimiento de los
animales, sino en el sacrificio a dioses paganos.
Los cristianos rezan en el Padrenuestro: Venga a nosotros Tu Reino,
hágase Tu voluntad. Si el Reino de Dios debe venir a los hombres, el hombre debe
prepararse para ello. En el Reino de Dios no se come ninguna carne.
La Iglesia sin embargo facilita mucho las cosas a sí misma y a sus
creyentes, asegurando: El nuevo mundo que viene y por ello también la paz con la
naturaleza, son para la fe cristiana la obra de Dios. Los hombres no pueden elevar las
condiciones que existen en el Reino de Dios. Esto dice la Iglesia protestante-luterana
de Alemania en su declaración del año 1991 sobre la responsabilidad del hombre hacia el
animal como criatura, pág. 9.
Volvamos a Pablo:
Cada vez se hizo más claro que Pablo falsificaba la enseñanza de
Jesús, pues las diferencias entre Pablo, por una parte, y los apóstoles y Jesús de
Nazaret, por otra, eran cada vez mayores. Los apóstoles fueron directamente enseñados e
instruidos por Jesús. Saulo, el ahora supuestamente Pablo, no conoció a Jesús. O sea
que Pablo apenas si tenía una relación interna con el verdadero cristianismo. En lugar
de dejar que se le informara sobre Jesús y pudiera orientarse así a El lo más posible,
como ejemplo a seguir, Pablo declaró su déficit en relación con las instrucciones de
Jesús como algo no esencial. El creía estar ya unido internamente con Cristo (Gálatas
2, 20), y con altiva presunción escribe sobre la situación de los cristianos originarios
de su tiempo: Y aunque a Cristo le conocimos según la carne (refiriéndose a los
apóstoles), ahora ya no le conocemos (2 Corintios 5, 16). Saulo, que eligió ser
Pablo, con su intelectual posición religiosa de base romana reprogramó la enseñanza de
Jesús. Por ejemplo Pablo dijo que la sangre derramada por Jesús cuando fue ejecutado
tenía un efecto expiatorio ante Dios de una vez por todas (Romanos 3, 25; 6, 10), de
forma que ya no eran necesarios más sacrificios de animales. Por consiguiente para él
Jesús había sido al mismo tiempo el "animal sacrificado". En la carta a los
romanos dice Pablo: Pero Dios probó Su amor hacia nosotros en que, aún siendo
pecadores, murió Cristo por nosotros (Romanos 5, 8). Las palabras aún siendo
pecadores muestran que para Pablo el sacrifico redentor de Cristo tenía el carácter
de la expiación difinitiva.
Hasta aquí el teólogo.
Jesús por el contrario
predicó una enseñanza completamente distinta. El no quiso en ningún caso
"sacrificios expiatorios", sino deseaba que todos los hombres cumplieran los
Mandamientos de Dios y el Sermón de la Montaña de Jesús, para poder estar así a favor
del prójimo. Pablo dijo entre otras cosas que el hombre ha sido elevado "sin haberlo
merecido" a la verdadera vida por la simple fe en la muerte de Jesús como energía
de salvación. Este es por supuesto un mensaje agradable para personas que dejan que otros
piensen por ellas, que se conforman con palabras, pero sin que éstas vayan seguidas por
sus hechos.
Una gran parte de la enseñanza de Pablo es una mezcolanza de sus ideas
que no tiene nada que ver con las enseñanzas de Jesús, el Cristo. Jesús enseñó el
cumplir los Mandamientos de Dios y el Sermón de la Montaña, pues los hombres deben
alcanzar el Reino de Dios en sí mismos. Quien lo haga, llega a Dios en el núcleo de ser
de su alma, a través del seguimiento de la enseñanza de Jesús, el Cristo, sin
sacerdotes, o sea superioridades religiosas; él no necesita ningún intermediario.
Por el motivo que sea, a Pablo le atacó el capricho de tomar la
responsabilidad por las comunidades originarias. El introdujo sus ideas intelectuales
dentro de la comunidad de pescadores, carpinteros y apóstoles. Los sencillos creyentes
que se orientaban a Jesús, el Cristo, aparentemente no tenían mucha práctica en debatir
y no puedieron ofrecer resistencia al arrogante fariseo "Pablo". Pablo, muy
experimentado en artes retóricas, hizo uso de su saber teológico israelita y cambió con
ello imperceptiblemente la enseñanza cristiana, la enseñanza de Jesús. El la infiltró
poco a poco.
Al haberse colocado Pablo al frente de las comunidades originarias y
haber introducido en ellas sus ideas, las cuales estaban impregnadas de actos del culto
religioso romano, estableció el fundamento para la religión del estado y del pueblo del
Imperio Romano, en la que la enseñanza central de Jesús, los Diez Mandamientos y el
Sermón de la Montaña, ya no jugaba ningún papel.
Pablo destruyó así el cristianismo originario vivo en el que actuaba
el espíritu profético. El puso la piedra angular para una Iglesia de culto con obispos y
sacerdotes que hicieron revivir los antiguos rituales, los ritos, las ceremonias, sotanas,
púlpitos y altares, a lo que estaban acostumbradas las personas en sus antiguas
religiones. El culto pagano edificó cada vez más una religión externa, en la que cada
cual ya no se dedicaba a purificar su templo, el alma y el cuerpo, sino en entregarse a
ritos de culto y a escuchar a aquellos que se hacían honrar y celebrar como pastores de
la Iglesia de culto.
La Iglesia de culto, lo exteriorizado, celebró triunfos la
interiorización quedó a medio camino. Sobre el fundamento de la Iglesia de culto Pablo
formó una doctrina estatal, en la que con hábiles palabras intelectuales hizo creer a
los cristianos que debían obedecer a las autoridades de este mundo, ya que éstas habían
sido instauradas y colocadas por Dios, y que "como servidoras de Dios" cumplían
con la espada "el juicio de Dios".
En los casi 2.000 años
siguientes la enseñanza de Saulo, de "Pablo", tuvo un efecto nefasto. Todo esto
ya no tiene nada que ver con Jesús de Nazaret ni con el cristianismo originario vivo.
Jesús y los apóstoles enseñaron: Dad al César lo que es del
César, y a Dios lo que es de Dios (Mateo 22, 21), pero también: Es preciso
obedecer más a Dios que a los hombres (Hechos de los Apóstoles 5, 29).
Constantino: colaboración entre la Iglesia y el Estado.
El teólogo sigue
mostrando el desarrollo posterior del cristianismo hasta Constantino: en los primeros tres
siglos a menudo tuvieron lugar persecuciones de cristianos, pero muchos, adhiriéndose a
Pablo, reaccionaron con incrementada adaptación y sometimiento al Estado, para demostrar
que lo que les estaba ocurriendo era injusto. Al principio los responsables de la
conducción de las comunidades eran ancianos, profetas y un "ángel", quien con
una vida sin compromisos mediante el seguimiento de Jesús mantuvo la unión con Dios
(compárese manifest. 2 y 3: cartas enviadas a los "ángeles de la comunidades). Pero
ángeles y profetas se pudieron mantener sólo pocos años. Pablo mencionó por cierto
"apariciones y manifestaciones del Señor", pero atrajo con fuerza la atención
hacia su persona y rechazó con actitud amenazante otras posibles manifestaciones que
pusieran en duda su enseñanza: Si nosotros o un ángel del cielo os anunciásemos otro
evangelio distinto del que os hemos predicado, que sea anatema (Gálatas 1, 8).
Pablo (o algún alumno que utilizó su nombre) autorizó a los
seguidores de Pablo, Timoteo y Tito, a colocar a un obispo junto a los ancianos como
dirigente de la comunidad. En la Biblia leemos en la primera carta de Timoteo: Si
alguno desea el episcopado, buena obra desea (1 Timoteo 3, 1).
Ya a comienzos del siglo II se desarrolló en base a estas medidas una
institución jerárquica firme con un obispo a la cabeza, un peldaño más abajo los
ancianos, otro peldaño más abajo los diáconos, y los obispos pronto dirigieron las
comunidades como reyes, hablándose al respecto de "episcopado monárquico". Los
obispos pronto fueron seguidos por los obispos metropolitanos encargados de regiones más
grandes, o sea, los "patriarcas", y el obispo de la capital Roma se convirtió
en el "Papa".
Al parecer los dignatarios eclesiásticos se esforzaron cada vez más
por conseguir una buena imagen de las comunidades y su capacidad de ser parte de la
sociedad, si bien también para evitar posibles persecuciones. Los principios
cristiano-originarios pasaron cada vez más a un segundo término o se renunció a ellos.
Pablo mismo por ejemplo aprobó la esclavitud, pronto hubo también dueños de esclavos en
las comunidades. Como consecuencia de este modo de pensar que se ciñe estrictamente a lo
que disponen las autoridades, cada vez más miembros de las comunidades apoyaron el
servicio militar de los cristianos.
Un lector de los libros de Karlheinz Deschner (el mayor crítico
alemán actual de la Iglesia a nivel histórico. Nota de los traductores) recopila cómo
continuó este cam-bio:
Este desarrollo le vino al emperador Constantino, nacido alrededor del
año 285, como a pedir de boca. El se unió muy pronto con la Iglesia. Esta simbiosis
entre Estado e Iglesia, un compañerismo clásico según el principio: una mano lava
la otra; un cuervo no le arranca el ojo a otro cuervo, se mostró como una unión de
intereses extraordinariamente eficaz y a largo plazo para lograr el dominio y la
manipulación de súbditos. El poder, el "privilegio de dominio" del Estado, se
alió con la autoridad "de Dios" constituyendo una invencible herramienta
de represión y disciplina para imponer al pueblo prácticamente todo lo que se
deseaba.
En el libro Historia
criminal del cristianismo de Karlheinz Deschner encontramos un amplio capítulo sobre
ello (Tomo 1, pág. 213 y siguientes): Constantino nació en el año 285 en la actual
Bulgaria. Su padre era tribuno militar y a partir del año 305 emperador (soberano
absoluto) de la parte occidental del Imperio Romano, el cual había sido divido por
Diocleciano en cuatro zonas, para su mejor gobierno.
Constantino era, al igual que su padre, muy guerrero y además cruel.
Continuamente dirigía campañas bélicas contra tribus germánicas. A los enemigos
capturados los hacía arrojar a las fieras del circo; a dos príncipes vencidos los dejó
ser despedazados por osos.
Así también consiguió poner bajo su dominio a los otros tres
co-emperadores en una guerra civíl que duró diez años, donde de vez en cuando se unió
con uno de ellos, Licinio, y luego, después de que Licinio hubiera vencido al
co-emperador Máximo, él mismo le traicionó. Constantino se había liberado
anteriormente del competidor Maxentio en la famosa batalla del Puente Mílvico (312),
donde supuestamente había tenido un sueño: "Con este símbolo vencerás".
Los seguidores y familiares de los enemigos vencidos en batalla fueron
eliminados sin compasión. Constantino le había prometido perdón al más tarde
igualmente vencido Licinio, pero un año después también le hizo ahorcar.
Las crueldades de Constantino no se detuvieron ante su propia familia.
El historiador británico Shelly escribe al respecto: "Este bárbaro sanguinario y
santurrón le cortó el gaznate a su hijo, estranguló a su mujer, asesinó a su suegro y
a su cuñado...", aunque esto no lo hiciera con sus propias manos. El dejó matar a
su mujer porque fue acusada de adulterio (no demostrado) sin embargo él mismo era
un adúltero empedernido.
Constantino hizo construir para sí un palacio majestuoso, se vestía
con toda pompa y lujo, se hacía llamar por los otros "representante de Dios",
como a "su divinidad" (nostrum numen), y se hacía celebrar por el clero como
"salvador" y "redentor".
Con ello llegamos al beneficio mutuo: Constantino otorgó privilegios a
la Iglesia; ésta, a cambio, justificó su desmesurado poder.
Durante su vida, hasta poco antes de su muerte (337), Constantino no
fue oficialmente cristiano. Sólo ya al final se hizo bautizar, y ni siquiera como
"católico", sino como "hereje", o sea, ariano. En los primeros años
de su dominio, cuando aún regía en la Galia, Constantino favoreció el paganismo
también más tarde evitó comprometerse abiertamente dejando por ejemplo que se
acuñaran monedas con la imagen del dios sol.
O sea que no puede haberse tratado de una convicción interna lo que
llevó a Constantino a aliarse con la Iglesia.
Decisivo fue: en las Galias había pocos cristianos. Y a pesar de ello
Constantino se dedicó a conquistar Italia, donde ya había muchos. En el Asia Menor, que
él conquistó al final, los cristianos representaban la mitad de la población. Allí la
ayuda de la Iglesia era bienvenida.
El autor Deschner escribe al respecto: Constantino, quien desde un
principio viajó mucho, estaba bien informado, también en lo relacionado con la política
religiosa, especialmente sobre los rigurosos y casi militarmente disciplinados militantes
de la Iglesia católica, que se habían extendido por todo el imperio, que a su vez
integraban la organización más cerrada de la antigüedad. Y él vió en esta Iglesia
algo así como el modelo configurado para su imperio (pág. 242).
El trabajo conjunto de Constantino con la Iglesia impregnada de Pablo
funcionó de maravilla desde el comienzo. La Iglesia desencadenó una campaña injuriosa
contra su oponente Maxentio. Este es considerado aún hoy día como un sanguinario
perseguidor de cristianos y como un compendio de maldad y tiranía. En realidad, Maxentio
fue un soberano capaz y generoso, sin embargo poco guerrero y tolerante con los
cristianos. Sólo que: hizo desterrar a dos obispos, ya que tras la elección de estos
hubo grandes discusiones entre los "cristianos". Maxentio cargó de impuestos a
todos por igual, también a los ricos y ya en aquel entonces la Iglesia no estaba
al lado de los pobres y de los menos dotados para la guerra, o sea, de los políticos
menos poderosos.
Tan pronto como Constantino se hubo establecido en Roma tras su
victoria sobre Maxentio, ya se puso de manifiesto: la Iglesia recibió grandes extensiones
de tierra de regalo y recibió de vuelta antiguas posesiones de la Iglesia; ya sólo la
Iglesia de Roma se hizo cargo de "más de una tonelada de oro y casi diez
toneladas de plata" (pág. 236). De los fondos del Estado, que Constantino
había acumulado por medio de la explotación de sus súbditos, hizo construir iglesias
inmensas y majestuosas por todo el reino. Pero no sólo esto: él liberó a los clérigos
del pago de impuestos, les dió el derecho a ser designados como herederos (lo que cultos
paganos habían tenido anteriormente sólo en casos excepcionales), e incluso dio a la
Iglesia competencia judicial, no habiendo posibilidades ya de elevar protesta contra
la sentencia judicial de un obispo.
Deschner: No eran pocos los obispos que imitaban la pomposidad y
ceremonialidad de la corte imperial en sus oficinas y dependencias. Tenían derecho a
títulos especiales, a incienso, eran saludados de rodillas por los demás y se sentaban
en tronos que eran una copia del trono divino. ¡A los demás predicaban humildad!
(Pág. 238).
En poco tiempo la Iglesia se había vuelto tan rica y privilegiada que
Constantino tuvo que adoptar otra actitud: él limitó por ejemplo la posibilidad de que
los ricos pudieran hacerse clérigos ¡pues con ello querían evitar tener que pagar
impuestos! Bajo los seguidores de Constantino también se redujo la posiblidad de que la
Iglesia heredara a pesar de que esto no duró mucho tiempo.
Una mano lava a la
otra: ya en el año 314 la Iglesia decidió expulsar a los cristianos que desertaran del
servicio militar. Un giro de 180 grados, pues antes era expulsado aquel que iniciara el
servicio militar.
Las funciones estaban claramente repartidas: el emperador era el que
ejercía el poder, también en asuntos religiosos; él proclamó por ejemplo en el año
325 el Concilio de Nicea y dictó la proclamación de fe que desde entonces es válida. El
emperador era el soberano supremo, similar a Dios, los altos dignatarios de la Iglesia le
seguían de inmediato, y a menudo vivían en la misma pompa. Y por su parte mostraban su
agradecimiento justificando el poder del emperador y sus guerras, tapando sus malos actos
y halagándolo continuamente con adulaciones desmesuradas.
Constantino es así la imagen primaria de la simbiosis entre la Iglesia
y el Estado. Deschner escribe sobre ello: los antecesores de Constantino habían temido
al cristianismo y en parte lo habían combatido. El lo reclutó para sí a base de
otorgarles grandes muestras de benevolencia y derechos especiales... En efecto, él tomó
al clero a su servicio y le impuso su voluntad... La Iglesia sí que se volvió poderosa,
pero perdió toda la libertad... El y ellos (Constantino y los obispos) hicieron de la
Iglesia una Iglesia estatal... (pág. 242 y sig.).
A pesar de no ser un católico convencido Constantino dió vía libre a
la Iglesia cuando ésta empezó a perseguir a los que pensaban de otra forma, como cuando
el populacho "cristiano" destruyó templos paganos. Proclamó leyes antijudías
bajo evidente influencia clerical; la conversión de un cristiano al judaísmo era así
por ejemplo condenada con la muerte. Constantino también persiguió en varias ocasiones,
como táctica política, pero curiosamente no de forma continua a los movimientos herejes
de los Donatistas en el Norte de Africa y de los Marquionistas. Los Donatistas en el Norte
de Africa estaban en contra de una alianza entre trono y altar y se aliaron con campesinos
sublevados contra los grandes terratenientes. ¡Naturalmente que esto no era lo que
querían la Iglesia y el Estado!
Bajo el imperio de Constantino aparece por primera vez tampoco
seguramente por casualidad la palabra "católico" para distinguirse de
las así llamadas "herejías".
Hasta aquí el repaso histórico.
El que tenga oídos
para oír, que oiga; y quien tenga un corazón para Cristo, que siga lo que está escrito
en el Apocalipsis: Sal de ella, pueblo Mío, para que no os contaminéis con sus
pecados y para que no os alcancen sus plagas (Apocalipsis 18, 4).
La Iglesia pagana de culto se edificó en base a Pablo, quien
interpretó las enseñanzas de Jesús erróneamente, las introdujo en la tradición pagana
de los romanos y las decoró con todas sus belicosas estructuras de poder, ansiosas de
dominio.
Pablo desvalorizó a la mujer calificándola como un reflejo del
hombre. El hombre, por el contrario, es para Pablo un reflejo de Dios. A través de ello
surgió el machismo "cristiano" de la Iglesia, que aún dura en el tiempo
actual. Por el contrario Jesús enseñó la igualdad entre hombre y mujer. El no hizo
ninguna diferencia; El no elevó al hombre a ser el reflejo de Dios ni rebajó a la mujer
al reflejo del hombre. Esto es de nuevo Saulo, que es lo mismo que Pablo, pero no Jesús,
el Cristo.
Constantino hizo de la Iglesia de culto pagana una Iglesia del Estado,
que es lo mismo que una religión estatal, cuyas raíces sangrientas y crueles aún hoy se
encuentran entrelazadas con el culto pagano. Los cultos religiosos sangrientos, crueles y
bárbaros ya se desarrollaron después de Moisés y siguieron propagándose en el Imperio
Romano de entonces. Las Iglesias estatales actuales de la Iglesia romana de poder y
de culto surgieron ramificaciones-, son religiones de poder exteriorizadas que tienen poco
que ver con Jesús, el Cristo. Ellas utilizan, que es lo mismo que abusan del nombre de
Jesús, el Cristo. La resaca del Antiguo Testamento y de las pretensiones brutales y
presuntuosas de Constantino siguió siendo vigente.
Las Sagradas Escrituras
La verdadera religión cristiana, la del caminar hacia dentro para alcanzar el reino del interior, para abrir el corazón para todos los hombres, también para los animales y para el mundo vegetal y mineral, fue sacrificada por la casta sacerdotal a Saulo y al emperador pagano Constantino. Y todas estas y otras actuaciones terribles, pasando por la Edad Media hasta nuestro tiempo, fueron supuestamente mandadas por Dios. Esto lo corrobora el Vaticano en el Concilio Vaticano Segundo:
Dios es el autor de las
Sagradas Escrituras. "Las verdades reveladas por Dios, que están contenidas y se
manifiestan en las Sagradas Escrituras, se registraron por inspiración del Espíritu
Santo".
La santa madre Iglesia, fiel a la fe apostólica, reconoce que todos
los libros tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento en su totalidad y con todas sus
partes son sagrados y canónicos (es decir: pertenecen a la palabra manifestada de Dios),
en cuanto que, escritos por inspiración del Espíritu Santo tienen a Dios como autor, y
como tales han sido confiados a la Iglesia. (Concilio Vaticano Segundo: "Dei
Verbum" 11, citado según el catecismo de la Iglesia católica, número 105).
Dios ha inspirado a los autores humanos de las Sagradas Escrituras. "En la composición de los libros sagrados, Dios se valió de hombres elegidos, que usaban de todas sus facultades y talentos; de este modo, obrando Dios en ellos y por ellos, como verdaderos autores, pusieron por escrito todo y sólo lo que Dios quería" (número 106).
Aparentemente las
Sagradas Escrituras son veneradas por la Iglesia. Del catecismo de la Iglesia católica
tomamos entre otras las siguientes afirmaciones:
La Iglesia ha venerado siempre las divinas Escrituras como venera
también el Cuerpo del Señor. No cesa de presentar a los fieles el Pan de la vida que se
distribuye en la mesa de la Palabra de Dios y del Cuerpo de Cristo (número 103).
En la Sagrada Escritura, la Iglesia encuentra sin cesar su alimento y su fuerza... (número 104).
"Como todo lo que
afirman los hagiógrafos, o autores inspirados, lo afirma el Espíritu Santo, se sigue que
los libros sagrados enseñan sólidamente, fielmente y sin error la verdad que Dios hizo
consignar en dichos libros para salvación nuestra" (número 107).
Que la Iglesia siempre encuentra "su alimento y su fuerza" en
Las Sagradas Escrituras viene fundamentado con las palabras "En los Libros
Sagrados, el Padre, que está en los Cielos, viene amoroso al encuentro de Sus hijos y
mantiene un diálogo con ellos (Concilio Vaticano Segundo: "Dei Verbum" 21,
Número 104) en relación a los Libros de Moisés, de los cuales ya hemos leído
algunas cosas, habría que preguntarse sin embargo, si es el Padre celestial el que allí
nos viene al encuentro, y en consideración a las instrucciones crueles, a las intenciones
macabras así como a las duras amenazas de castigos, seguro que no se puede hablar de que
sea "amoroso".
Aquí no debemos ni podemos ocuparnos de todas las expresiones que se
burlan de la verdad y de Dios, el Uno universal, que es la verdad. Lo absurdo de la
enseñanza de la Iglesia está tan claramente puesto a la luz, que uno sólo se puede
sorprender de que sean tan pocos los que hasta hoy se hayan dado cuenta de ello, y de que
sean tantos los que lo aceptan sin objetarlo.
En el catecismo de la Iglesia católica sigue así:
El Antiguo Testamento es una parte de la Sagrada Escritura de la que no se puede prescindir. Sus Libros son libros divinamente inspirados y conservan un valor permanente, porque la Antigua Alianza no ha sido revocada (número 121).
"El fin principal
del plan de salvación del Antiguo Testamento era preparar la venida de Cristo, redentor
universal". "Aunque contienen elementos imperfectos y pasajeros", los
libros del Antiguo Testamento dan testimonio de toda la divina pedagogía del amor
salvífico de Dios: Contienen "enseñanzas sublimes sobre Dios y sabiduría salvadora
acerca del hombre, encierran tesoros de oración y esconden el misterio de nuestra
salvación" (número 122).
Esto sin duda lo podemos confirmar: esconden, sí, lo esconden muy bien
...
En el último párrafo
leemos: "Aunque contienen elementos imperfectos y pasajeros, "los libros del
Antiguo Testamento dan testimonio de toda la divina pedagogía del amor salvífico de Dios
... De acuerdo con esta afirmación, Dios, que debería ser el Absoluto y Perfecto, ha
inspirado algo imperfecto. Además ha manifestado supuestamente algo "pasajero".
Si fuera así, las leyes de Dios también serían determinadas por el
tiempo y Dios sería un espíritu que va cambiando con el tiempo. Según las palabras de
Dios a través de Jeremías fueron sin embargo los sacerdotes de entonces los que se
apropiaron del nombre de Moisés e introdujeron el espíritu de aquella época, que aún
sigue desplegándose y actuando hasta hoy. Es el culto pagano, la barbarie y el crimen
contra animales y personas, personas que por ejemplo en la Edad Media o en Croacia, no se
dejaron atar a la Iglesia católica.
Para conseguir una visión de las palabras de la casta sacerdotal
actual tenemos que leer con el corazón y con el entendimiento. En el catecismo de la
Iglesia católica está escrito:
En la formación de los
evangelios se pueden distinguir tres etapas:
La vida y la Enseñanza de Jesús
La Iglesia mantiene firmemente que los cuatro evangelios, "cuya
historicidad afirma sin vacilar, comunican fielmente lo que Jesús, Hijo de Dios, viviendo
entre los hombres, hizo y enseñó realmente para la salvación de ellos, hasta el día en
que fue elevado al cielo" (número 126).
Que se note bien: la Iglesia habla de afirmar aquello que el Hijo
de Dios, enseñó como hombre; pero ella no dice que ella aplica, o sea, representa la
enseñanza de Jesús.
En el siguiente texto dice así:
2. La tradición oral
Los apóstoles ciertamente después de la ascención del Señor
predicaron a sus oyentes lo que El había dicho y obrado, con aquella crecida inteligencia
de que ellos gozaban, amaestrados por los acontecimientos gloriosos de Cristo y por la luz
del Espíritu de la verdad" (número 126).
Supuestamente, los apóstoles transmitieron entonces a sus oyentes
después de la ascensión del Señor lo que El mismo había dicho y hecho, con aquella
crecida inteligencia de que ellos gozaban. Esto difícilmente puede haber sido posible si
Saulo, Pablo, se entrometió e introdujo su punto de vista en la Iglesia católica y en la
protestante, pues tanto la Iglesia católica como la protestante se rigen más por Pablo
que por los apóstoles. Si los apóstoles transmitieron con la crecida inteligencia de que
gozaban aquello que Jesús había dicho y hecho y que ellos habían recibido a través de
la experiencia de la glorificación de Cristo y mediante la luz del espíritu de la
verdad, ¿para qué entonces Pablo, que no era ningún apóstol? En vez de que los
apóstoles sean las personas competentes de las Iglesias institucionales lo es Pablo, el
"santo", quien supuestamente había recibido instrucciones de Jesús, el Cristo.
Pablo fue el que infiltró el cristianismo originario, en el que hablaba el espíritu
profético, con sus "sabidurías" y las aportó a la historia de la Iglesia. Las
"Iglesias cristianas" no tienen por tanto el derecho a llamarse cristianas, pues
son mayoritariamente paulinas.
Además uno se plantea la pregunta de por qué en Roma se encuentra el
trono de Pedro y no el trono de Jesús, el Cristo. ¿Está Pedro sobre Cristo o Cristo
sobre Pedro? Desde Roma se difunde la enseñanza paulina, a pesar de que Pedro y Pablo
raramente estuvieron de acuerdo. ¿Tiene Pedro que ceder ante Pablo o Pablo ante Pedro?
¿O es que ambos se han puesto de acuerdo para falsear la enseñanza de Jesús, la vida
cristiano-originaria, en la que flamea el espíritu profético?
Más que otras cosas debería asustarnos la afirmación del catecismo
de la Iglesia católica que dice:
...El Antiguo
Testamento prepara el Nuevo, mientras que éste completa el Antiguo (número 140).
Con ello se establece que la Iglesia en cualquier momento puede
continuar con sus actos funestos. Si el Nuevo Testamento completa el Antiguo, el Antiguo
Testamento, sobre todo en relación con los "Libros de Moisés", fue sólo el
comienzo de toda brutalidad, crueldad y violencia. Si los "Libros de Moisés"
son consumados en el Nuevo Testamento, en el futuro será mucho peor de lo que ya fue en
el pasado y lo es en nuestro tiempo.
Si Jesús, el Cristo,
viviera como hombre entre nosotros hombres, ¿estaría de acuerdo con esta argumentación
de las Iglesias y con la vida de los cristianos de iglesia, o repetiría lo que dijo hace
2.000 años? (Traducción unificada alemana, Mateo 15, 7-9): ¡Hipócritas! Bien
profetizó de vosotros Isaías cuando dijo: "Este pueblo me honra con los labios,
pero su corazón está lejos de mí; en vano me rinden culto, enseñando doctrinas que son
preceptos humanos". O repetiría de sus `ay de vosotros´ lo siguiente (Mateo 23,
27-28): ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas, que os parecéis a
sepulcros blanqueados, hermosos por fuera, mas por dentro llenos de huesos de muertos y de
toda suerte de inmundicia! Así también vosotros por fuera parecéis justos a los
hombres, mas por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad contra la ley de Dios.
Un documento del tiempo después de la Reforma demuestra que los
dignatarios de la Iglesia católica son plenamente conscientes de haber falseado la
enseñanza de Jesús y que por ello no querían permitir que nadie del pueblo leyera la
biblia. Tres obispos escribieron un informe para el Papa Julio III, en el que se puede
leer:
A decir verdad, ya no
queda ni una sombra de la enseñanza apostólica en nuestra iglesia ... hemos dado lugar a
otra enseñanza y disciplina.
Lo más importante es procurar que a nadie se le permita leer,
especialmente en lo que atañe al idioma común, ni lo más mínimo del evangelio.
Es suficiente con lo poco que se lee en la misa. Todo aquel que examine
concienzudamente lo que suele suceder en las Iglesias, y lo considere en todos sus
detalles, encontrará que nuestra enseñanza es diferente a la del evangelio, más aún,
que le es directamente opuesta. (Autor: Hans-Jürgen Wolf, Pecados de la Iglesia, Sociedad
editora EFB, primera edición 1995, pág. 151).
Ellos saben entonces lo que hacen
"Yo, el Señor, no cambio ... "
Hagámonos presente una vez más lo que Dios dijo a través de Malaquías: "Yo, el Señor, no cambio..." El es el mismo eternamente; Su ser nos fue explicado por Jesús. Dios se manifestó como Aquel que El es a través de todos los verdaderos profetas. A continuación podemos leer algunas palabras de Dios contenidas en el Antiguo Testamento:
El habló a través de Isaías:
¿Qué tengo que ver
Yo, dice el Señor, con vuestros numerosos sacrificios? Harto estoy de holocaustos de
carneros, del sebo de vuestros bueyes cebados. No quiero sangre de toros, ni de ovejas, ni
de machos cabríos (Isaías 1, 11).
Y sigue:
No me traigáis esas
vanas ofrendas. El incienso me es abominable (1, 13).
O bien, ¿citaría Jesús a Isaías, si El estuviera entre nosotros
como hombre?
Cuando alzáis vuestras
manos, yo aparto mis ojos de vosotros; cuando multiplicáis las plegarias, no escucho.
Vuestras manos están llenas de sangre. Lavaos, limpiaos, quitad de ante mis ojos la
iniquidad de vuestras acciones. ¡Dejad de hacer el mal! (1, 15-16).
En el primer libro de Samuel podemos leer: ...¿No quiere mejor el
Señor la obediencia a sus mandatos que no los holocaustos y las víctimas? Mejor es la
obediencia que las víctimas. Y mejor escuchar que ofrecer el sebo de los carneros (1
Samuel 15, 22).
Dios habló a través de Oseas: Pues prefiero la misericordia al
sacrificio, y el conocimiento de Dios al holocausto (6, 6).
Y: Efraím ha multiplicado sus altares para purificarse del pecado;
pero sólo para pecar le han servido. Escribí para él las palabras de mi ley, pero las
tienen por palabras de extranjeros. ¡Aman los sacrificios, que sacrifiquen!¡Aman la
carne, que la coman! El Señor no se agrada en ellos (Oseas 8, 11-13).
Dios habló a través
de Amós de nuevo con palabras claras y comprensibles contra las disposiciones de los
"Libros de Moisés": Yo odio y aborrezco vuestras solemnidades y no me
complazco en vuestras congregaciones. Si me ofrecéis holocaustos y me presentáis
vuestros dones, no me complaceré en ellos ni pondré mis ojos en vuestras cebadas
víctimas de sacrificio. Aleja de mí el ruido de tus cantos, que no escucharé el sonar
de tus cítaras. Como agua impetuosa se precipitará el juicio, como torrente que no se
seca, la justicia.
¿Me ofrecisteis sacrificios y oblaciones en el desierto en cuarenta
años, casa de Israel? Mas llevaréis (al dios) Sikkut, vuestro rey, y a Kewan, vuestros
ídolos, la estrella de vuestro dios que os habéis fabricado. Y os deportaré más allá
de Damasco, dice el Señor, cuyo nombre es Dios de los ejércitos (Amós 5, 21-27).
A través de Jeremías habló Dios lo siguiente: ¿A mí qué el
incienso de Saba y las cañas aromáticas de tierras lejanas? Vuestros holocaustos no me
son gratos, vuestros sacrificios no me deleitan (6, 20).
Y: Cuando yo saqué de Egipto a vuestros padres, no fue de holocaustos
y sacrificios de lo que les hablé y ordené, sino que les di este mandato: Oíd mi voz y
seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo, y seguid los caminos que yo os mando, y
os irá bien. Pero ellos no me escucharon, no me prestaron oído, y siguieron los consejos
y vicios de su mal corazón, y me mostraron la espalda y no el rostro. Desde el día en
que vuestros padres salieron de Egipto hasta hoy os he enviado a mis siervos, los
profetas, día tras día sin cesar, pero no me escucharon, no me prestaron oído, y
endurecieron su cervíz y obraron peor que sus padres. Dirás todo esto, y no escucharán:
los llamarás, y no te reprenderán. Diles, pues: Es una nación que no oye la voz de el
Señor, su Dios; que no acepta corrección; ha perecido la fidelidad y ha desaparecido de
su boca (7, 22-28).
Del profeta Miqueas leemos:
¿Con qué me
presentaré yo ante el Señor, y me postraré ante el Dios de lo alto? ¿Vendré a El con
holocaustos, con becerros primales? ¿Se agradará el Señor de los miles de carneros y de
las miríadas de arroyos de aceite? ¿Daré mis primogénitos por mis prevaricaciones, y
el fruto de mis entrañas por los pecados de mi alma?
¡Oh hombre!, bien te ha sido declarado lo que es bueno y lo que de ti
pide el Señor: hacer justicia, amar el bien y caminar en la presencia de tu Dios (6,
6-8).
En Salmos 50: No tomaré becerros de tu casa ni machos cabríos de tus
apriscos. Porque mías son todas las bestias de la selva y los miles de animales de los
montes. Yo conozco todas las aves de los cielos, y todo lo que en el campo se mueve me
pertenece. Si tuviera hambre, no te lo diría a ti, porque mío es el mundo y cuanto lo
llena. ¿Como yo acaso la carne de los toros? ¿Bebo yo acaso la sangre de los cabritos?
Ofrece a Dios sacrificios de alabanza y cumple tus votos al Altísimo.
E invócame en el día de la angustia; yo te libraré y tú me glorificarás.
Pero al impío dícele Dios: ¿Quién eres tú para enumerar mis
mandamientos y tomar en tu boca mi alianza, tú, que aborreces la disciplina y echas a la
espalda mis palabras? Si ves a un ladrón, corres con él, y tienes tu parte con el
adúltero. Abandonas tu boca al mal, y tu lengua urde el engaño. Sentado hablas contra tu
hermano, y contra el hijo de tu madre esparces la calumnia. Esto haces, ¿y voy a
callarme? ¿Creíste que era yo como tú? Yo quisiera corregirte, poniendo esto ante tus
ojos (9, 21).
Desde que la Iglesia
exteriorizada que Pablo había creado a su gusto fue elevada con sus sacerdotes a Iglesia
del Estado por Constantino, permaneció siendo hasta nuestros días una Iglesia romana y
pagana de culto, con algunos fragmentos cristianos. Los dignatarios actuales de la Iglesia
están tan ansiosos de poder como los de entonces. Ellos son el mayor peligro para todos
aquellos que no son fieles a la Iglesia. De acuerdo a la documentación presentada en el
Catecismo católico, declaran que cumplirán lo que contiene el Antiguo Testamento.
Recordémoslo de nuevo: El Antiguo Testamento prepara el Nuevo, mientras que éste
completa el Antiguo. Ambos se iluminan mutuamente; ambos son la verdadera Palabra de Dios.
Hagámonos una vez más conscientes: los representantes de las
instituciones eclesiásticas actuales se han propuesto completar el Antiguo Testamento en
el Nuevo. Para todos los que no pertenecen a la Iglesia esto significa persecución,
calumnia, discriminación y anulación de todos los derechos, también por medio del
Estado, si fuese necesario. Tanto en el pasado como en el tiempo reciente han demostrado
que están dispuestos a hacer realidad lo que han documentado en su catecismo. Como ya se
dijo antes, los actos crueles en el Antiguo Testamento hace tiempo que fueron superados
con creces con todo lo que ha sucedido en el Nuevo. En el Antiguo Testamento cientos de
miles de personas fueron matadas e innumerables animales fueron torturados cruelmente.
Pero en el Nuevo Testamento son millones las personas que la Iglesia carga en su
conciencia, sin hablar de los animales que para ella sólo son objetos que son
sacrificados en las mesas de los carniceros para el bien del dios Baal-hombre.
El Principito de Saint Exupéry dijo: Sólo se puede ver bien con el
corazón. Yo quisiera añadir: Sólo se lee bien con el corazón. Jesús de Nazaret
dijo a menudo: El que tenga oídos para oír, que oiga. Y la voz del corazón dice: El que
escuche, lea y sopese con el corazón, podrá guiarse por su corazón, por su conciencia
si así lo desea.
En el catecismo de la Iglesia católica:
Quien busque dentro de las Iglesias así llamadas "cristianas" un corazón para los animales, se esforzará tan en vano como si buscase un corazón para las personas. En el catecismo de la Iglesia católica del año 1993, en ese manual escrito en Roma que contiene cerca de 800 páginas, leemos en las páginas 527, 528 y 536 lo siguiente sobre los animales:
El séptimo mandamiento exige el respeto de la integridad de la creación. Los animales, como las plantas y los seres inanimados, están naturalmente destinados al bien común de la humanidad pasada, presente y futura. El uso de los recursos minerales, vegetales y animales del universo no puede ser separado del respeto a las exigencias morales. El dominio concedido por el Creador al hombre sobre los seres inanimados y los seres vivos no es absoluto; está regulado por el cuidado de la calidad de la vida del prójimo incluyendo la de las generaciones venideras; exige un respeto religioso de la integridad de la creación (N° 2415).
Los animales son criaturas de Dios, que los rodea de su solicitud providencial. Por su simple existencia, lo bendicen y le dan gloria. También los hombres les deben aprecio. Recuérdese con qué delicadeza trataban a los animales S. Francisco de Asís o S. Felipe Neri (N° 2416).
Dios confió los animales a la administración del que fue creado por él a su imagen. Por tanto, es legítimo servirse de los animales para el alimento y la confección de vestidos. Se los puede domesticar para que ayuden al hombre en sus trabajos y en sus ocios. Los experimentos médicos y científicos en animales, si se mantienen en límites razonables, son prácticas moralmente aceptables, pues contribuyen a cuidar o salvar vidas humanas (N° 2417).
Es contrario a la dignidad humana hacer sufrir inútilmente a los animales y sacrificar sin necesidad sus vidas. Es también indigno invertir en ellos sumas que deberían remediar más bien la miseria de los hombres. Se puede amar a los animales; pero no se puede desviar hacia ellos el afecto debido únicamente a los seres humanos (N° 2418).
El dominio, concedido por el Creador, sobre los recursos minerales, vegetales y animales del universo, no puede ser separado del respeto de las obligaciones morales frente a todos los hombres, incluidos los de las generaciones venideras (N° 2456).
Los animales están
confiados a la administración del hombre que les de benevolencia. Pueden servir a la
justa satisfacción de las necesidades del hombre (N° 2457).
Causa una impresión de paranoia el leer, por ejemplo: Los animales,
como las plantas y los seres inanimados, están naturalmente destinados al bien común de
la humanidad pasada, presente y futura. Dios, que es la vida, nunca creó algo
inanimado. No existe ningún "ser inanimado" en toda la creación ni ninguna
"naturaleza sin vida". Esto es una vez más la interpretación de hombres que no
captan la vida, que presumen y se dan aires de creador y que se burlan y engañan a los
creyentes ingenuos, a aquellos que no se esfuerzan en utilizar su cerebro para investigar
en profundidad toda esta hipocresía paranoica. Si Dios hubiese creado seres inanimados o
aspectos sin vida de la naturaleza, no habría ninguna vida omniabarcante, que es Dios,
sino una parte de "masa inanimada"; no existe sin embargo ninguna forma, ninguna
sustancia, ninguna masa sin vida. La vida mantiene la forma. Si la forma, o sea la masa,
se deshace, la vida pasa a otro estado.
Dios es vida eterna ilimitada. Dios es el amor. El puso su amor en las
siguientes palabras: Someteos la Tierra. La naturaleza es la creación de Dios. Ella nos
presta sus servicios para que nos alegremos por ella. Nuestro anhelo debería ser vernos
como una unidad con la naturaleza y vivir según ello. Pero el llamado bien común del que
habla la Iglesia es explotación en beneficio del hombre a costa de los animales, plantas
y minerales.
Uso de los animales,
En la página 527 del catecismo de la Iglesia católica se puede leer además: El uso de los recursos minerales, vegetales y animales del universo no puede ser separado del respeto a las exigencias morales.
¿A qué se referirá
la Iglesia con la expresión exigencias morales? Posiblemente a nuestros mataderos,
verdaderos cementerios de animales torturados y asesinados que como cadáveres sirven a la
"sociedad moralmente elevada".
¿Con "exigencias morales" quizá se refieran también a no
matar a los animales ante los ojos de sus consumidores, a no hacerles oír los gritos de
muerte sino a ocultar todos estos procesos criminales tras las gruesas paredes de un
matadero?
Imaginémonos que el cliente de un hotel que ha pedido un "filete
Stroganoff" tuviese primero que mirar los ojos llenos de pavor del animal y ver cómo
éste es sacrificado, que es lo mismo que descuartizado, siendo cortado con rapidez
mientras su cuerpo sigue temblando, después despellejado, destrozado con una sierra y
hecho trocitos mientras que un penetrante olor a sangre envuelve al fino cliente, hasta
que por fin los trozos del cadáver, los necesarios y bien escogidos trozos de carne son
pasados al cocinero del hotel para que éste elabore la exquisita comida.
¿Podría ser posible que al final el cliente del hotel ya no deseara
más el menú? En este caso tener consideración sería por cierto una "exigencia
moral" justificada. ¿O tal vez su sentido estético se vería alterado
desagradablemente y él podría pensar que semejante exigencia atenta contra las normas de
los buenos modales? ¿Se le revolvería al cliente bajo ciertas circunstancias tal vez no
sólo el estómago sino también el "tacto moral"? Por ello con toda razón no
se debería dejar de lado el mencionado "tener en consideración las exigencias
morales" en la "explotación de los animales", mejor dicho en la
utilización de los trozos de cadáveres.
¿Podría ser también una exigencia moral el que la utilización de
animales para fines científicos, para su explotación masiva, para utilizarlos como
suministradores de pieles u otras formas de utilización y aplicación ocurriera a ser
posible sin afectar a aquellos que sufren de un sistema nervioso débil o a los que
tienden al sentimentalismo?
¿Posiblemente haya también que agradecer al hecho de tener en
consideración las exigencias morales el que a los animales en los laboratorios y espacios
destinados a experimentos por ejemplo con perros, monos, cerdos, etc. le sean cortadas las
cuerdas vocales para fines científicos? Sus gritos, lloros, quejas, suspiros y otros
sonidos podrían escandalizar a los peatones que pasan por la calle. O bien los sonidos
articulados por los animales "utilizados" podrían irritar incluso a los
guardas, ayudantes de laboratorio, médicos y a otros que colaboran al desarrollo de la
ciencia, que con seguridad tienen nervios de acero, un ánimo inamovible y no tienen
cargos de conciencia, si estos en algún momento tuviesen un mal día. Esto le puede pasar
a cualquiera de vez en cuando, ¿no es así?
Más adelante se puede
seguir leyendo: Los animales son criaturas de Dios, que los rodea de su solicitud
providencial. Por su simple existencia, lo bendicen y le dan gloria. Y: Dios
confió los animales a la administración del hombre ... Si esta hipocresía paranoica
no viniese de la institución Iglesia, uno se tendría que preguntar si Dios ha perdido
tal vez la visión sobre el hombre y el animal. ¿Pues quién que no sea la institución
Iglesia confiaría los animales "a la administración del hombre", en vista de
una sociedad humana salvaje y con sentidos tan bajos que mata, asesina, tortura animales
de forma bestial y los sacrifica de forma cruel?
Dios creó al hombre a Su imagen, para que este se convirtiera en Su
imagen y semejanza, tal y como Jesús dijo: Sed, pues, perfectos, como perfecto es
vuestro Padre celestial (Mateo 5, 48).
Sigamos leyendo en el
catecismo católico. En él se lee que es legítimo servirse de los animales para el
alimento y la confección de vestidos.
¿Ha escuchado usted cantar alguna vez a un mirlo? El canta
maravillosamente. Algunas personas opinan que en este sentido podría competir sin
problemas con el aún más famoso ruiseñor.
En el sur de Europa se colocan redes de captura y otras trampas para
los pájaros cantores, los cuales, preparados de forma correspondiente, son considerados
como un manjar exquisito para los gourmets; es decir que aquí alguien se sirve" de
estos animales para "el alimento". Por consiguiente "está permitido"
cazarlos, matarlos y comerlos sin necesidad de tener mala conciencia. Con la aprobación
de la Iglesia "le estuvo permitido" así al mirlo que vemos en la foto (pág.
86) morir estrangulado en una red de crin después de una lucha horrible con la muerte.
"Lo que no quieras que otros te hagan a ti, no lo hagas tú a
otros". ¿Hará la ley de causa y efecto una gran diferencia si es una persona o un
animal el que sufre por nuestra causa? También nuestro prójimo animal es nuestro
prójimo, un ser de la creación. La ley causal no mira a la persona, es impersonal. Dolor
es dolor, sufrimiento es sufrimiento, asesinato es asesinato, crueldad es crueldad.
Y el sibarita que se deleita con el pajarito muerto, ¿sabe a quién o
qué tiene sobre el plato? Dureza de corazón y frialdad de sentimientos no surgen por
casualidad. El hombre ha dejado de lado de forma consciente y deliberada muchos impulsos
de su conciencia, antes de que ésta calle.
El que no aspire al cumplimiento de la ley de Dios, que es amor,
tampoco debería apoyarse en la expresión del Señor: Llenad la tierra y sometedla ...
(Génesis 1, 28, traducción de Lutero) Poblad la tierra y sometéosla... (Traducción
unificada alemana) El paranoico llamado hombre actúa en muchos casos conscientemente
contra la ley de Dios, contra el amor a Dios y al prójimo.
En el relato sobre la creación, el primer libro de Moisés, el
Génesis, leemos: Y vio Dios lo que había creado, y vio que era bueno. (1, 31)
¿Cómo podemos nosotros hombres atrevernos a pisotear, maltratar,
matar y cambiar intencionadamente lo que Dios afirma como Su creación y ve como algo
bueno?
Al hombre le gusta referirse a la expresión: Someteos la tierra para
justificar su falta de humanidad. ¿No han explicado investigadores y científicos ya hace
tiempo que en el gran circuito de dar y recibir el uno influye en el otro? El hombre sin
embargo no piensa en regalarle amor a la tierra, sino que se dedica a explotarla para el
bien de su cuerpo y para el sufrimiento de la vida sobre y en la tierra, en el aire y en
el agua.
La Iglesia es naturalmente de la opinión de que no solamente es
legítimo servirse de los animales para la alimentación y la confección de vestidos,
sino que también se les puede domesticar para que ayuden al hombre en sus trabajos y
en sus ocios. Pero atención: esto lo dice la Iglesia, mas no Dios.
Las instituciones eclesiásticas se autodenominan
"cristianas". Ofrecen a sus creyentes muchas excepciones, mucho paganismo y poco
de cristiano. La palabra "cristiano" se pierde a causa del intenso movimiento de
la hélice del barco del Estado de culto pagano, cuya tripulación enrola a todos aquellos
que son de un pensar débil. El "hacer uso" de los animales llega incluso a
"diversiones en el tiempo libre" extremas como luchas de perros, de gallos,
corridas de toros y similares, hasta llegar a matar a estas criaturas.
La tripulación del barco del Estado de culto pagano y todos los que se
amontonan en cubierta y se sienten bien allí, se dejan preparar los cadáveres
sacrificados para luego consumirlos con cuchillo y tenedor en mesas noblemente decoradas
o, por ejemplo, pollo, pavo y similares con los dedos, donde tienen anillos de oro y
plata, partiéndolos a tirones para llevarlos a sus paladares de gourmets y llenarse el
estómago, para que el tamaño del cuerpo del que es la "imagen y semejanza de
Dios" sea cada vez más ancho. Y si por causa de ello el antiguo y valioso abrigo de
pieles se queda pequeño, ya se tiene al próximo en vista para el "bien" del
"hombre de sociedad". Las nutrias que tienen que perder su piel y su vida para
este fin estarán posiblemente sufriendo mientras tanto en las estrechas jaulas de las
"granjas de piel de animales".
Con el "domesticar" a los animales las Iglesias seguramente
se referían a pegarles, darles palizas, hacerlos sumisos para ponerlos al servicio del
hombre en su tiempo libre, para mantenerlos así como esclavos sin voluntad propia o para
encontrarles un uso adecuado en el trabajo. Esto es orden de la Iglesia, pero no la
voluntad divina. ¡Jesús no habló de ello!
Seguimos leyendo: Los experimentos médicos y científicos en
animales, si se mantienen en límites razonables, son prácticas moralmente aceptables,
pues contribuyen a cuidar o salvar vidas humanas.
Primeramente deberíamos preguntarnos: ¿qué significa "límites
razonables" y qué es "moralmente aceptable"?
¿Es "moralmente aceptable" torturar animales y matarlos para
cuidar y salvar vidas humanas? Dios nos dió a los hombres plantas curativas y minerales
que ayudan a sanar. Para la alimentación El nos dió los frutos del campo y del bosque.
El verdadero Dios no dió a los hombres ningún mandamiento que diga: Matad a vuestro
prójimo animal y comed sus cadáveres. O bien: torturadlos de forma bestial haciendo
vuestros experimentos con ellos para ayudar a vuestros similares y curarles. Quien se
oriente a las indicaciones de los dignatarios eclesiásticos está en contra de Dios.
Más adelante dice: "Es contrario a la dignidad humana hacer
sufrir inútilmente a los animales y sacrificar sin necesidad sus vidas". Esto es una
contradicción muy clara de lo que se ha dicho anteriormente, que experimentos médicos y
científicos con animales, si se mantienen en límites razonables, son prácticas
moralmente aceptables, pues contribuyen a cuidar o salvar vidas humanas. Todo experimento
con animales es hacer sufrir y matar. Utilizar animales para la alimentación y la
confección de vestuario es hacer sufrir y matar.
Además de ello según
el catecismo católico es también indigno invertir en ellos, o sea en los
animales, sumas que deberían remediar más bien la miseria de los hombres. La
preocupación por la "miseria de los hombres" se puede extraer muy claramente de
estas palabras. ¿Se decidirán por ello los representantes de la Iglesia a utilizar sus
inmensas riquezas para el bien de los pobres? ¿Y dónde quedó la preocupación por la
"miseria humana" cuando la Iglesia estuvo por ejemplo en mayor o menor medida a
favor de la guerra en Bosnia? Se debería también tener en cuenta lo que cuestan los
aparatos médicos para realizar experimentos científicos con animales, así como los
elevados salarios de aquellos que se apoyan entre otras cosas en la opinión de la Iglesia
en el sentido de que los experimentos con animales en límites razonables son moralmente
aceptables para sanar y salvar vidas humanas. ¿Es esto digno? Ya que Dios, el Eterno, no
habló de ello, aquellos que defienden la justicia y el amor también para con los
animales deberían tomar una decisión clara en lo que se refiere a su relación con la
Iglesia, pues no se puede servir a dos señores.
En el catecismo encontramos otra blasfemia. En él se encuentra bajo Respeto
de la integridad de la creación:
Se puede tener afecto a los animales; pero no se puede desviar hacia
ellos el amor debido únicamente a los seres humanos (N° 2418). ¿Ha mandado Dios
algo así? Querido lector, ¿tiene usted la sensación de cometer un pecado cuando quiere
de corazón a sus animales domésticos, cuando no solamente los aprecia superficialmente
sino que los ama? Si para usted es entonces importante que le vaya bien al animal; cuando
se alegra de que el animal se alegre de verle; cuando usted hace algo con gusto por amor
al prójimo animal; cuando usted entiende al animal y éste sabe cómo le va a usted y se
adapta a su estado anímico; ¿qué hay de malo en ello? Querido hermano, querida hermana,
sólo con el corazón se puede ver y reconocer bien. Dios no nos dió ningún mandamiento
que diga: sólo debes tener aprecio a los animales pero no amarlos; el amor sólo
corresponde a los seres humanos.
La Iglesia
luterana-protestante de Alemania dice en su publicación "Sobre la responsabilidad
del hombre hacia el animal como ser de la creación", del año 1991: El amor a los
animales y a los seres humanos puede llevar a tensiones entre sí (pág 6). Y en un
"Escrito Pastoral de los obispos alemanes" (Futuro de la creación futuro
de la humanidad, 1980) en este caso católico se encuentra escrito: A
diferencia de los seres humanos como personas, las plantas y los animales no tienen
ningún derecho individual e irrefutable a la vida... Nosotros hombres estamos autorizados
a disponer del rendimiento y de la vida de los animales. Aunque sigue una limitación:
Pero no se puede justificar el hecho de que los animales como seres que sienten sean
torturados o matados sin motivos serios, sólo por simple diversión o para elaborar
artículos de lujo. ¿Dónde están sin embargo los hechos?
El hombre encuentra muchas excusas y sabe presentar los "motivos
serios" con mucha astucia y de forma elocuente si se trata de su propio provecho. ¿Y
quién se responsabiliza de lo injusto que le ocurre a los animales? Todos los que lo
llevan a la práctica, pero también aquellos que lo saben y callan y también los que
expresan palabras de advertencia y no se atienen a ellas. Y aquellos que han motivado en
gran medida que la conciencia viva se haya perdido en muchas personas.
Hacia dónde puede conducir el que la ética y la moral sean mantenidas
por tradición tan bajas y el que la conciencia de muchos esté tapada lo muestran las
siguientes informaciones publicadas en el periódico Schwäbische Zeitung en su edición
del 12 de marzo de 1991. Se trata de ejemplos de crueldades españolas con animales que
son mantenidas como "tradición" y frente a las cuales tanto los
curas católicos como la policía local permanecen indiferentes.
Aquí encontramos entre
otras cosas la pena de muerte por lapidación, sólo que practicada con un animal: Montar
en burro en V.: en el último día de la fiesta del pueblo se saca del establo al burro
más viejo y más débil del pueblo. El vecino más pesado pasea montado sobre él hasta
que el burro se desploma agotado. Entonces se le lapida y golpea hasta que muere.
En C. algunos toros son guiados por los callejones. Cientos de personas
colocadas a ambos lados de las callejuelas golpean y dan patadas al animal y le rasgan
profundas heridas con arpones de hierro. El toro es empujado hasta ocho horas para que
corra por los callejones siendo al fin redimido de su sufrimiento matándolo.
En G. casi lo mismo:
los invitados a la fiesta apuntan a un toro con una cerbatana y lo van llevando así hasta
la plaza del pueblo. Banderillas adornadas con muchos colores se van clavando en su piel,
en la cabeza, en los ojos. Cuando el toro está debilitado por la gran perdida de sangre
sufrida, los hombres se "atreven" a acercarse con navajas al animal.
T: Algunos novillos son cazados por hombres con largas lanzas, quienes
intentan atravesárselas por los costados.
C. en la provincia de G.: recipientes llenos de aceite son atados con
cuerdas estiradas firmemente en el cuello y en los cuernos de los toros y encendidos con
una antorcha. Los toros, ardiendo y casi locos por el dolor, son conducidos hasta la plaza
del pueblo donde los hombres ya los están esperando para matarlos definitivamente con
puñales y tijeras.
¿Cómo es aquí con la pregunta de quién es responsable de ello?
Seguro que no solamente aquellos que se divierten de esta forma tan macabra y perversa.
Aquí el hombre verdaderamente se comporta "más animal que cualquier animal".
Repito: Dios, el Eterno, no tiene en Su ley eterna ninguna
legitimidad que diga: "Ten afecto a los animales, pero no los ames". Dios es el
amor. Desde Su ley del amor creó a los animales, que son amados por El, ya que El es el
amor. La palabra "afecto" corresponde a la "moral" de la Iglesia, que
seguro no puede ser muy elevada, pues si las autoridades eclesiásticas al menos tuviesen
afecto a los animales ya se habría acabado el canibalismo con los animales.
La Iglesia dice: El amor sólo corresponde a los seres humanos. Comparemos
la riqueza sobredimensional de las Iglesias con la pobreza de los países del Tercer
Mundo, y así podemos intuir cuán grande es el amor de las autoridades eclesiásticas
hacia los seres humanos. ¿Qué dijo Jesús al respecto?: Es más fácil que un camello
pase por el ojo de una aguja que entre un rico en el reino de los cielos (Mateo 19,
24). Como consecuencia de esta aseveración las autoridades eclesiásticas, incluyendo a
su instrumento de poder Iglesia, no entrarán en el Reino de los Cielos. Los dignatarios
eclesiásticos, incluyendo a su Iglesia estatal, tienen primero que adelgazar, y mucho,
para poder pasar por el ojo de la aguja.
En el catecismo
católico seguimos leyendo en la página 536, N° 2456: El dominio concedido (al
hombre) por el Creador sobre los recursos minerales, vegetales y animales del universo... Esto,
como tantas otras cosas, es una arrogancia inconmensurable de los dignatarios
eclesiásticos, si se piensa en cómo tiene que sufrir la tierra y los reinos de la
naturaleza bajo la sociedad que la explota tan bestialmente.
Las palabras que acabamos de citar son completadas con la siguiente
declaración de gran pretensión ética: ... no puede ser separado (por el hombre) del
respeto de las obligaciones morales frente a todos los hombres, incluidos los de las
generaciones venideras.
¿Qué debemos entender bajo "obligaciones morales"? Se nombra
a las que tenemos hacia las generaciones venideras. ¿Significa esto que el hombre puede
explotar y arruinar la naturaleza, pero por ahora no de forma tan radical que las
generaciones venideras no tengan nada para comer ni agua que beber ni aire que respirar?
No obstante gracias a la riqueza de inventos de los científicos
tampoco en este sentido el hombre tiene que dejarse limitar pues como oímos y leemos todo
se hará de nuevo. ¡El dilema en realidad cada dilema se podrá resolver con
el rendimiento fabuloso de la ingeniería genética! O sea que podemos seguir explotando
con toda confianza a la madre tierra, llenándola de ácidos, dejando que se desertice,
envenenando la naturaleza, torturándola, enfermándola y matándola gracias a la
ingeniería genética la vida en la Tierra continúa, tal y como oímos incluso mejor que
nunca. Pero quizá precisamente mediante la ingenieria genética la humanidad coseche
aquello que ha sembrado.
En el número 2457 sigue diciendo: Los animales están confiados a la administración del hombre que les debe benevolencia. Pueden servir a la justa satisfacción de las necesidades del hombre. ¿Cómo va el animal a servir a los hombres, si éstos no respetan ni a los animales ni a las plantas ni a los minerales? En su arrogante egoísmo el hombre destruye todo lo que toma a su disposición. Algún día correspondiendo a la inamovible ley causal será azotado una y otra vez por la varilla de castigo que él mismo ha creado, su destino, hasta que haya encontrado el camino hacia las leyes cósmicas del amor a Dios y al prójimo y vuelva a ser la imagen y semejanza de Dios.
Lugar que ocupan los animales en la fe luterana-protestante.
Según la información
de alguien que estudió teología luterana-protestante, los animales no juegan ningún
papel importante en la fe luterana. En los escritos de profesión de la fe de 1530 de la
Iglesia luterana-protestante que hasta hoy son válidos no aparecen los animales.
El mismo Martín Lutero fue acusado de gula por sus enemigos. Por
entonces sólo quienes ocupaban puestos muy altos podían permitirse comer carne, para los
pobres era una excepción. Posiblemente Lutero comía mucha carne, las dimensiones de su
cuerpo y sus enfermedades lo indican. En cada comida le servían dos litros de vino del
sur y además bebía cerveza en abundancia.
Cuando su compañero de
lucha Philipp Melanchton volvió a Núremberg le sirvieron lo siguiente: Cabeza y lomo
de cerdo en salsa agria, trucha y tímalo, perdices con maruchos y esturión en fiambre,
cocido de jabalí con salsa de pimienta ... Así fue cuando llegó el señor Philip ... en
la vida diaria era todo más modesto (De: Eventos en tierras de Lutero, revista
cultural para las regiones alemanas de Sajonia-Anhalt y Thüringen, 1997, pág. 12).
¿Cómo fue lo que dijo "el Principito" de Saint Exupéry?: Se
puede ver bien sólo con el corazón. Posiblemente él nos diría hoy también: se
puede leer bien sólo con el corazón, como en el artículo de la revista alemana ZEIT del
2 de abril de 1998 con el título Carne del cordero de Dios. Este artículo trata
sobre la relación que existe entre carniceros y sacerdotes y termina con la frase: Ante
una ya olvidada tradición que se refiere a las criaturas de Dios que excluye de la Buena
Nueva de Jesús la creación no humana, la teología cristiana no ha llevado a cabo lo que
le correspondería por su parte.
Aquí repetimos el texto en forma de extractos:
La hermandad de los
carniceros celebra su centenario en la Iglesia de la Paz en el barrio de Federwardergroden
en la ciudad de Wilhelmshaven. El punto culminante de la misa ecuménica es la bendición
de la nueva bandera de la asociación confeccionada para la ocasión, la cual muestra el
cordero de Pascua con la bandera de la resurrección. "Cristo, tú cordero de
Dios que llevas los pecados del mundo, compadécete de nosotros", decía el
texto de la canción que la comunidad había cantado poco antes.
Pero la misa de aniversario de la asociación de carniceros de
Wilhelmshaven ha provocado un escándalo. El movimiento para la protección de animales
del pueblo vecino de Schorten ha confrontado a los sacerdotes con una pregunta
sorprendente: ¿cómo pueden permitir las Iglesias que el cordero de Cristo luzca como
símbolo en la bandera de asesinos de animales? Impotentes de contestar, los clérigos
pasan la pregunta a los carniceros, quienes se defienden haciendo mención de que el
símbolo de su gremio es muy antiguo.
Esto es sólo un episodio, pero que nos conduce a la recelosa pregunta:
¿qué tienen los carniceros y los hombres de Dios en común?
De forma curiosa la corporación de carniceros se remite al ritual de
la práctica de los sacerdotes de sacrificar animales: "Si hay una corporación que
merezca fama y alabanza, es el gremio de los carniceros, que son de por sí altamente
reconocidos y también si se considera su origen. Pues como ha sido demostrado éste surge
de la orden misma de los Levitas, que en la Antigua Alianza sacrificaban la ofrenda de
ganado para que fuese ofrecida al Altísimo en el altar", dice el texto de una
antigua canción de la corporación de carniceros que cita el escrito conmemorativo del
aniversario del gremio de carniceros de la ciudad de Heilbronn".
Y el redactor del
artículo plantea la pregunta: El carnicero, ¿un sacerdote secular?...
La bandera de gremio más antigua aún conservada es la
"Venli" de los carniceros de Berna en Suiza que viene del siglo XV y muestra
ambos motivos, el cordero de Cristo con la bandera de la resurrección y un toro sobre el
que se balancean amenazantes dos hachas.
La siguiente descripción de un "espectáculo de matanza
individual" puede decirle algunas cosas a aquél que lea con el corazón:
Un disparo retumba. La
bala de metal penetra en el cerebro del cerdo. Los ojos se hacen pedazos. El animal cae al
suelo. Dos carniceros arrojan el cuerpo del animal hacia un lado, uno sostiene las patas
traseras que aún se agitan, el otro, que es el maestro carnicero, las patas delanteras y
la cabeza del cerdo. Con la velocidad de un relámpago le perfora el cuello al animal. La
mujer del carnicero se apresura con una pequeña tinaja de hierro para recoger en ella la
sangre que salta en chorros del animal. El cuerpo desangrante aún se agita y da patadas.
El carnicero acaricia la cabeza del cerdo y explica al grupo de vecinos
vegetarianos al igual que al equipo de televisión: "El animal no se puede defender.
Está totalmente a merced mía. Con mi mano siento cómo la vida se escapa de él".
Mientras tanto su compañera, con las facciones de la cara tensas por la tensión y la
compasión, introduce la mano en el líquido rojo oscuro de la vida que aún espumea en el
cubo del carnicero.
Después de una media hora el animal cuelga sin piel y destripado
cabeza abajo en el gancho del carnicero. La tensión de los participantes que han
sobrevivido desaparece gracias a una ronda de licor. "¡Ya no es ningún animal,
ahora sólo es carne! ¡Salud!".
El carnicero, "señor de la vida y la muerte": ...él "acaricia
la cabeza del cerdo." - "Con mi mano siento cómo la vida se escapa de
él". Deje usted que ahora hablen sus sensaciones y sentimientos.
En fábricas de productos cárnicos, en las cuales son matados
700 cerdos por hora a contra reloj, naturalmente no se dan las condiciones para
aplicar un procedimiento "humano" semejante en el proceso inevitable de utilizar
a los animales con fines alimenticios.
El artículo sigue diciendo:
Muy interesante es la relación que existe entre carnicero e Iglesia, la cual se encuentra como quinto punto en la ordenanza de carniceros de Württemberg redactada en 1651 e impresa en Stuttgart en 1701. Con el castigo de un florín se prohíbe: "He aquí que ningún ganado será conducido al matadero ni sacrificado durante el sermón / como tampoco especialmente durante la noche". Aquí no se trata de una disposición de ética hacia los animales, sino de un reglamento de protección contra el ruido. El grito agonizante del ganado que es sacrificado no debe molestar ni el sermón ni la tranquilidad de la noche.
El cordero de Pascua con la bandera de la resurrección es el sello oficial del gremio de carniceros.
El comer carne -¿una concesión de Dios
En el artículo Carne
del cordero de Dios también se puede leer una frase importante: El comer carne es
... una concesión divina a la debilidad humana. Esto se acerca a la verdad. Del
Cristo de Dios en Esta es Mi Palabra y de otras manifestaciones sabemos que el
profeta Moisés, quien tenía que soportar a un pueblo obstinado que añoraba los
"cocidos de carne de Egipto", sí que enseñó claramente "No
matarás", pero aceptó en silencio que el pueblo sin embargo comiera carne. O sea
que es correcto: una concesión a la debilidad humana pero ninguna concesión
divina.
Más de uno a quien le gusta comer carne toma como argumento el que
Jesús, como se cuenta en la Biblia, también comió el cordero de Pascua. Pero
escuchémosle a El mismo referente a esta pregunta:
Ni por los apóstoles
ni por los discípulos fue ordenada la matanza de un cordero; pero tanto a Mí como a los
apóstoles y discípulos nos fueron servidos, como ofrenda de amor, trozos de un cordero
aderezado. Nuestro prójimo nos quiso obsequiar con ello; no sabían hacerlo mejor. Yo
bendije la ofrenda y comencé a comer la carne. Mis apóstoles y discípulos lo hicieron
igual que Yo. A continuación Me hicieron una pregunta, con el siguiente sentido: debemos
abstenernos del consumo de carne. Así nos lo ordenaste. Ahora Tú mismo has comido carne.
Yo instruí a los Míos: el hombre no debe matar intencionadamente a
ningún animal, ni consumir la carne de animales que han sido matados para el consumo de
su carne. Pero cuando hombres que todavía son ignorantes han preparado carne como
alimento y se lo ofrecen al huésped como regalo y se lo sirven en la comida, el huésped
no debería rechazar la ofrenda; pues hay que diferenciar el hecho de comer el hombre la
carne por avidez de la misma, del de comerla en agradecimiento al anfitrión, por su
esfuerzo.
Sin embargo, el que esto sabe debe, si le es posible y las
circunstancias externas y el tiempo lo permiten, dar indicaciones generales al anfitrión,
pero sin querer escarmentarle. Cuando el tiempo haya madurado, el anfitrión también
entenderá estas indicaciones generales.
Al amor desinteresado también pertenecen en este mundo la comprensión
y la tolerancia. Dejad al albedrío de cada hombre el querer entender y aceptar, o no,
vuestras indicaciones generales. Si siempre pensáis, habláis y actuáis
desinteresadamente, permaneceréis en el amor y el amor os bendecirá. Lo que entonces os
sea servido como regalo de amor, estará bendecido.
Jesús no comía por lo tanto carne, pues El vivió la ley de Dios.
Declaraciones sobre animales
El catecismo luterano-protestante habla poco sobre los animales. Para las instituciones eclesiásticas los animales son poco menos que un objeto y por ello no merecen mayor atención. Esto es lo que se puede extraer del artículo "Carne del cordero de Dios" de la revista ZEIT. Ahora paso a citar las pocas referencias que hace el catecismo luterano-protestante para adultos (quinta edición, 1989):
El hombre tiene el
encargo de "construir y cuidar" el jardín. Por consiguiente el trabajo
corresponde al hombre desde su comienzo. Con este trabajo el hombre debe explorar el
entorno que se le ha confiado (animales, plantas, agua, aire) y al mismo tiempo cuidar de
él. A ello corresponde también la narración de la creación de los animales. Dios da a
los hombres los animales y los confía a su cuidado... amor y honra hacia el Creador deben
permanecer reconocibles en la forma del cuidado de la creación. El hombre permanece
responsable ante el Creador por todo su comportamiento (pág. 40).
Esta declaración del catecismo luterano al parecer tiene la función
de blasfemar a Dios si se compara con aquel artículo de la revista ZEIT.
Seguimos con el catecismo luterano:
...precisamente en el animal encontramos lo profano, el descaro libre de tabús en relación a la procreación, al nacimiento y a la muerte como lo más inhumano y lo más ajeno al ser. Solamente con el sentido del pudor y con los ritos funerarios comienza realmente la historia del hombre. Ningún animal oculta sus genitales, ninguno honra ni entierra a sus muertos (el teólogo Illies, pág. 508).
Precisamente el
catecismo luterano habla de lo profano, del descaro libre de tabús en relación a la
creación, mientras que el venerable creador de esta religión usaba un lenguaje
increíblemente vulgar, por ejemplo: ¿Por qué no eruptáis ni ventoseáis, es que no
os ha gustado? (hablando en la mesa). O de las calumnias a los judíos: El diablo
se ha cagado en los pantalones y ha vaciado el estómago varias veces. Esto es algo
sagrado que los judíos y aquello que sea judío debe besar, comer, beber y adorar, y el
diablo debe comer y beber otra vez lo que semejantes discípulos vomitan y pueden arrojar
por arriba y por abajo ...El diablo devora después con su hocico inglés, y devora con
ganas, lo que los judíos vomitan y salpican por arriba y por debajo del hocico. (Edición
de Erlangen de los Escritos de Lutero XXXII, pág. 282). O bien: Aquí en nuestra
capilla de Wittenberg hay una cerda esculpida en piedra; debajo de ella se encuentran
cochinillos y judíos que maman; tras la cerda hay un rabino que levanta la pata derecha
de la cerda y con su mano izquierda le tira las tetas hacia sí, se inclina y mira con
gran esfuerzo a la cerda debajo de sus tetas y dentro del Talmud, como si quisiera leer o
vislumbrar algo fuerte o especial ...
Así pues se habla entre los alemanes de uno que dice poseer gran
inteligencia, sin tener motivos para ello: ¿Dónde ha leído todo? Dicho directa y
vastamente: en el culo de la cerda (ibid., pág. 298).
Aquel que lea sobre el descaro libre de tabús en relación a la
procreación, al nacimiento y a la muerte como lo más inhumano y lo más ajeno al ser,
piensa inevitablemente en la sexualidad libre de tabús y sin pudor de los seres humanos
que recomiendan su desenfreno en la televisión y en internet y lo hacen público en los
periódicos. El animal procrea en determinados períodos de tiempo, el ser humano agota
sus energías vitales y da salida a sus apetitos sensuales con quien y donde le apetece.
No hay nada que sea más ajeno al ser, o sea ajeno a su ser originario espiritual, que el ser humano mismo. A causa de su vida profana y atea ha llegado a ser lo que hoy es. La mayor parte de culpa la tienen los altos dignatarios de la Iglesia, quienes son tal y como Dios no quiere. Según mi opinión el nacimiento de un animal es una de las cosas más nobles. El animal da a luz según las leyes de la naturaleza. Muy rara vez grita o se queja al nacer como lo hace por ejemplo el hombre. ¿Y cómo es con la muerte? El animal se retira de la manada, va hacia un lugar tranquilo y muere. Muere lleno de dignidad, como corresponde a las leyes de la naturaleza si lo comparamos con algunos seres humanos que al final tienen una verdadera lucha con la muerte, ya que durante su vida estuvieron luchando contra el amor a Dios y al prójimo.
¿A dónde ha ido a parar el sentido del pudor? ¡Seguro que no donde los hombres! El animal no necesita ningún sentido del pudor, él vive según las leyes de la naturaleza. Y ceremonias funerarias tampoco las necesita ningún animal. La naturaleza no nos enseña esto, sólo lo hace la Iglesia. Además el animal tampoco necesita ocultar sus genitales porque no peca con ellos en comparación al ser humano, que sí lo hace. ¿O es que debería llevar puestas las llamadas braguitas para no tentar aún más al "diablo" que ya por sí solo se quita las suyas sin mostrar vergüenza alguna?
El catecismo luterano-protestante nos da una visión aún "más profunda":
Comparando el
comportamiento social del animal y del hombre vemos que ningún animal tiene tras de sí
una infancia comparablemente tan larga como tiempo de desarrollo y en los diferenciados
procesos de aprendizaje y asimilación cuando alcanza la madurez sexual como en el caso
del ser humano (pág. 509).
¿Qué etiqueta y qué "dignidad" tiene el hombre a pesar de
su larga infancia? A todo lo que conduce la madurez sexual en el hombre serviría para
llenar libros. La fanfarronería sexual no debería ser comparada en ningún caso con el
animal. El animal tampoco lo consentiría. Si comparásemos los valores y la falta de
valores de los seres humanos y de los animales, ¿hacia qué lado pensamos que se
inclinaría la balanza?
El catecismo luterano sigue aclarando:
Quien piense en los
grandes éxitos de los viajes espaciales se preguntará: ¿cómo es posible que solamente
el hombre sea capaz de semejante rendimiento? El hombre está concebido por naturaleza
para superar sus propios límites (pág. 640).
El hombre realmente ha superado sus propios límites. El hace todo lo
posible para destruir su entorno, al que también pertenecen los animales.
El progreso de la técnica y de la ciencia hasta ahora no ha ayudado a
la humanidad a alcanzar unidad, paz, bienestar para todos, salud y la verdadera felicidad.
Si comprendemos el que el hombre supere sus propios límites en el sentido de un orgullo
desmesurado y de una locura que no respeta ni a los hombres ni a la creación, sin duda
que se puede confirmar que el hombre en este sentido está superando sus fronteras de
formas muy variadas y de un modo tan desmedido como nunca lo había hecho hasta ahora.
Que el hombre haya sido concebido de esta forma por naturaleza
corresponde al punto de vista de las Iglesias, pero no a la voluntad de Dios, quien dijo
por ejemplo a través de Jesús de Nazaret: Si no os volvéis como los niños... y:
Debéis volveros perfectos como vuestro Padre en el Cielo. Con ello quería
decirnos que lo que prima es volver a acoger nuestra herencia divina mediante la
superación de nuestra naturaleza inferior, de lo no-divino. El no habló de la conquista
del espacio por el hombre ni tampoco de la creación de un nuevo hombre sacado de forma
artificial, ni de la creación de una nueva naturaleza y una nueva Tierra por medio de la
manipulación genética y de otras intervenciones contra el sabio orden de la creación de
Dios.
A aquél que lea todo esto y lo que sigue debería surgirle
automáticamente la pregunta de si aún tiene ganas de seguir siendo luterano.
Jesús de Nazaret sobre el tema de los "animales"
La Iglesia calla, pero Jesús, el Cristo, habla y se manifiesta también en nuestro tiempo. En el libro Esta es Mi Palabra también manifiesta entre otras muchas cosas la ley eterna del amor en relación con los animales. Quisiera repetir aquí algunos extractos de las muchas indicaciones, enseñanzas y explicaciones sobre los animales.
Sed por eso considerados, bondadosos, compasivos y amables, no solamente con vuestros semejantes sino también con todas las criaturas a vuestro cuidado; pues para ellas sois como dioses a los que alzan la vista en sus necesidades. Guardaos de la ira, porque muchos pecan cuando están airados, arrepintiéndose de ello cuando su ira ha pasado (pág. 184).
Benditos vosotros los del círculo interior, vosotros los que oís Mi palabra, a los que son revelados los misterios, vosotros los que no encerráis o matáis a criatura inocente alguna, sino que buscáis lo bueno en todo, porque a tales pertenece la eterna vida (pág. 200).
Sólo el alma y el hombre que están llenos de Mi espíritu guardan lo que les he mandado. Los hombres del espíritu no capturarán, mantendrán cautiva o matarán a criatura inocente alguna. Quien vive en la Verdad, sabe que en cada criatura opera y actúa el amor infinito (págs. 201-202).
El hombre egocéntrico, el hombre dominador, espera que sus semejantes le sirvan. También exige del animal que le sirva por encima de sus posibilidades y fuerzas. El mismo manda en vez de servir. Por eso ocasiona torturas indecibles a hombres y animales. Si el hombre hace a sus semejantes dependientes de él en cierto modo esclavos, también subyugará a los animales. Quien ya no escuche a su conciencia, se volverá duro de corazón para con hombres y animales... Tampoco sentirá ya lo que su prójimo y el animal necesitan. Cuando los sentidos del hombre se han embrutecido, todo el hombre tiene poca sensibilidad (págs. 207-208).
Iba Jesús hacia
Jerusalén y se encontró con un camello, pesadamente cargado con madera. El camello no la
podía arrastrar monte arriba, y el camellero le golpeaba y maltrataba cruelmente, pero no
podía hacer avanzar al animal.
Y viéndolo Jesús, le dijo: "¿por qué pegas a tu hermano?"
El hombre replicó: "no sabía que fuera mi hermano. ¿No es un animal de carga,
hecho para servirme?"
Y Jesús dijo: "¿no ha creado el mismo Dios de igual sustancia a
este animal y a tus hijos que te sirven?, y ¿no tenéis vosotros el mismo aliento de vida
que todos habéis recibido de Dios?" (Pág. 428).
¿No está escrito en los profetas?: ¡Cesad vuestros sacrificios de
sangre y vuestros holocaustos! Dejad de comer carne, pues no hablé de ello a vuestros
padres ni se lo ordené, cuando les saqué de Egipto... (Pág. 440).
En la ley de Dios no
figura nada sobre sacrificios de sangre ni holocaustos, ni sobre el matar conscientemente
a animales, y tampoco sobre el consumir la carne de animales...
Es ley: el hombre practicará la justicia y la misericordia y caminará
humildemente al Reino de Dios del interior, donde está el verdadero y eterno Hogar del
alma...
Desde el principio dio Dios al hombre los frutos, las semillas y las
hierbas para su alimentación... (Pág. 442).
Quien derrama sangre inocente, quien come carne, es inmisericorde y tendrá que padecer en sí mismo su inmisericordia (pág. 443).
Jesús entró en un
pueblo y vio a un gatito que no tenía dueño, y tenía hambre y Le gemía. El lo
levantó, lo puso dentro de Su túnica, dejándolo reposar en Su pecho.
Y mientras pasaba por el pueblo dio de comer y de beber al gato, que
comió y bebió y Le mostró su agradecimiento. Y El lo dio a una de sus discípulas, a
una viuda llamada Lorenza, que cuidó de él (págs. 446-447).
Y algunos de Sus discípulos vinieron a El y Le hablaron acerca de un egipcio, hijo de Belial, que enseñaba que no es contrario a la ley atormentar a los animales, cuando sus sufrimientos son de provecho para los hombres... (pág. 469).
Quien cace animales,
algún día será cazado él mismo.
Quien atormente animales, algún día será atormentado él mismo...
Quien atormenta o mata a animales, tiene las manos manchadas con
sangre. Quien come carne de animales, o contamina y ultraja a la naturaleza, es impuro.
Tales personas no pueden ni cuidar de las cosas sagradas ni saber los llamados
"misterios" de los Cielos, y así tampoco enseñar ni explicar la ley de los
Cielos (pág. 470).
El así llamado clero, que habla contra la naturaleza y contra el amor
hacia los animales, que come carne y pescado no puede cuidar de las cosas sagradas ni
saber los "misterios" de los Cielos, así como tampoco puede enseñar ni
explicar la ley de los Cielos. Se trata de guías ciegos que conducen a otros ciegos al
precipicio. Son los muertos espirituales que sólo se ocupan con hombres que igualmente
están muertos espiritualmente, los cuales les rodean.
Y os digo de nuevo:
todo aquél que trata de poseer el cuerpo de cualquier criatura para alimento, diversión
o beneficio, se mancha con ello.
Pues quien hace violencia a hombres o animales y desprecia la vida,
está pecando contra la vida del hombre o del animal. Lo mismo es válido para plantas,
piedras y minerales. Todas las formas de vida llevan en sí mismas la vida que proviene de
Dios. Presienten las intenciones que su prójimo tiene para con ellas y sienten eso en
forma de alegría o dolor. Lo que el hombre hace a su prójimo o a una forma de vida,
recae sobre él (pág. 553).
¿No sabéis lo que
está escrito? Mejor es la obediencia que los sacrificios, y, escuchar mejor que la grasa
de los carneros. Yo, el Señor, estoy cansado de vuestros holocaustos y vanas ofrendas,
pues vuestras manos están llenas de sangre.
¿Y no está escrito: cuál es el verdadero sacrificio? Lavaos y
limpiaos y alejad el mal de delante de Mis ojos; cesad de hacer el mal y aprended a hacer
el bien. Practicad la justicia con los huérfanos y las viudas y con todos los que son
oprimidos. De este modo cumpliréis la ley.
Llegará el día en que todo lo que se encuentra en el patio exterior y
pertenece a los sacrificios de sangre será abolido, y los adoradores puros adorarán al
Eterno, en pureza y verdad (pág. 571).
...El que es sanguinario sigue siendo sanguinario y medita una venganza y quiere seguir derramando la sangre de su prójimo... En su obcecación ve el derramar la sangre de otros incluso como honroso, y tampoco le da reparo ofrecer animales al Eterno, como holocausto. Cada sacrificio de sangre es satánico y una profanación de la vida que proviene de Dios. Mediante tales seres vengativos y que vienen de las tinieblas, las tinieblas quieren escarnecer a Dios (pág. 572).
Os digo que améis a vuestros enemigos, que bendigáis a quienes os maldigan y les déis luz que alumbre sus tinieblas, y que el espíritu del amor habite en vuestros corazones y se derrame sobre todos. Y una vez más os digo: amaos los unos a los otros, y a todas las criaturas de Dios (págs. 814-815).
Los hombres que hayan alcanzado mayores grados de pureza se amarán unos a otros, y a todas las criaturas de Dios, como Yo los he amado y amo (pág. 815).
Jesús, el Cristo,
habló contra las normas y el comportamiento del sacerdocio descritos en los "Libros
de Moisés" y contra las indicaciones actuales de los altos dignatarios de la
Iglesia. En las enseñanzas de Jesús no se encuentra nada, absolutamente nada, que
indique que El quisiera consumar el Antiguo Testamento en el Nuevo. Esto es únicamente el
pensar institucional del sacerdocio actual. Quien se una a esta forma de pensar ha vendido
su libertad a los dominadores orgullosos de la Iglesia de la religión estatal constantina
y pagana.
La Iglesia no sólo tenía esclavos antiguamente, sino que hoy
también. La esclavitud de hoy es más sutil. Al que no hace lo que exige la Iglesia se le
impone el signo de la maldición y es condenado por toda la eternidad. La gente sencilla
se asusta con ello, los que tienen altos cargos en el gobierno pecan en público contra lo
que la Iglesia ha condenado hasta ahora. Frente a las actuaciones de aquel que ante los
ojos de la Iglesia tiene una posición importante, ésta hace la vista gorda.
Los animales claman.
Estimado lector, lo que
usted verá y leerá a continuación le obliga a decidirse, dependiendo esto de si su
corazón late por los animales: a favor de Dios o de la Iglesia; pues no se puede servir a
dos señores.
En nombre de Dios o en nombre de la Iglesia.
En la misma medida en la que seres humanos se precian de sí mismos,
desprecian a los animales.
Muchos seres humanos creen que son libres. Sin embargo, la así llamada
libertad del hombre corresponde a su estado de consciencia, que a menudo es parecido al
borde de un plato, sobre cuyo borde él rara vez es capaz de ver algo.
Según las leyes cósmicas el hombre es el microcosmos en el
macrocosmos.
En lo más interno de nuestro SER somos seres de la luz, seres
espirituales que han alcanzado su total madurez, que es a lo que nosotros como seres
humanos tenemos que llegar a ser de nuevo, pues Jesús de Nazaret dijo: Sed, pues,
perfectos, como perfecto es vuestro Padre celestial (Mateo 5, 48). Los animales portan
igualmente la vida de Dios, pero las fuerzas de la vida, de la Ley, Dios, aún no están
desarrolladas y activas en sus cuerpos espirituales. Los animales se encuentran un
peldaño de evolución más bajo en el proceso de maduración hacia la filiación de Dios.
Aunque durante el proceso en el que nos volvimos humanos nos
oscurecimos a raíz de nuestro sentir, pensar, hablar y actuar contrarios a la ley divina
y nos envolvimos con energías transformadas hacia lo inferior, nuestras cargas creadas
por nosotros mismos, la unión con el SER eterno, el macrocosmos espiritual puro, sigue
manteniéndose, aunque debilitada. La vida, Dios, al que un día pertenecimos, es unidad,
libertad, el cosmos sin límites.
Nuestro prójimo animal no se puede cargar. Los animales viven al
contrario que el hombre- de forma correspondiente a su grado de desarrollo espiritual.
Quien se haga consciente de los acontecimientos espirituales
reconocerá que el microcosmos, el hombre, no sólo vive de forma limitada, sino que deja
pasar su vida en una cárcel que corresponde a su estrecho mundo de deseos y necesidades.
De acuerdo con la capacidad de pensar de cada uno, cada persona mira únicamente dentro
del margen de su limitación, a la que denomina "mundo".
Su "libertad" la refiere el ser humano a sus mayores y
menores bienes y posesiones que él llama su propiedad. Su "propiedad" es
su pequeño mundo, al fin y al cabo su "personalidad" con sus opiniones e ideas,
con sus prejuicios, su envidia, su presunción, su propio sentido de la justicia y el
desprecio de otros, que es algo que él defiende con todas sus fuerzas. Dicho en forma de
imagen, el hombre levanta en torno a sí mismo un grueso muro de defensa y rechazo,
disparando desconfiadamente con energías de pensamientos y emociones a través de las
pequeñas ranuras de las troneras a todo aquel que de un modo u otro le podría disputar
alguna cosa. A su "espacio de movimiento", a su así llamada
"propiedad", le pone límites mediante las señales de detención
correspondientes como son las delimitaciones de tierras, las alambradas y los setos y
vallados. Su "propiedad" le transmite entonces su "sensación de
libertad", la que sin embargo no tiene nada en común con la libertad cósmica.
El animal en cambio es
libre; el Creador le cedió toda la Tierra, la naturaleza que no conoce ninguna
separación. Alguno podría contradecir esta aseveración diciendo que los animales, sobre
todo los seres vivos más elevados, también demarcan su territorio y tienen un espacio
vital limitado. En este sentido habría que decir: el que por una parte un animal demarque
un territorio tiene un mensaje para los de su raza. El territorio de un animal es sin
embargo al mismo tiempo el espacio donde viven muchas otras clases de animales. Por otra
parte, en la forma espiritual del animal no siempre se encuentran desarrollados todos los
aspectos de la vida de la creación, de la consciencia espiritual, también podríamos
decir: de la ley divina. Al grado de desarrollo de la consciencia lo podemos llamar estado
de consciencia. Los ámbitos de vida de los animales, también de los animales en cuerpo
terrenal, corresponden al estado de consciencia actual que ya lleva consigo los siguientes
peldaños de evolución.
Cada peldaño de evolución de un animal corresponde por tanto a su
estado de consciencia que el macrocosmos, la ley universal, poco a poco construye y
desarrolla en el animal. Esto significa que cada animal se sigue desarrollando
correspondientemente a los ciclos de la vida que son activos en el macrocosmos y que
acompa-ñan los pasos de evolución de los animales.
Dios, el Espíritu universal, es vida, y vida es evolución constante.
Ya que Dios es el infinito, no existe ningún estancamiento, sino evolución continua.
Esto significa: el infinito está incesamentemente en movimiento, en una evolución
perpetua.
Si en este contexto se habla del comportamiento del animal, se trata de
la exposición de los acontecimientos básicos naturales. Con ello nos referimos al animal
que aún no ha sido deformado ni falsamente programado por el hombre. El que el hombre
haya influido desde siempre sobre el animal a nivel energético, no sólamente de forma
directa por medio del adiestramiento, amaestramiento, mediante cruzamientos y crianza de
animales, sino también de forma indirecta por medio de su "ejemplo", de todo su
comportamiento con su modo de sentir, pensar, hablar y actuar, y que haya impuesto sus
programas negativos a los animales es algo que no se tratará en este contexto.
Nosotros los hombres al estado de consciencia de los animales le
llamamos instinto, que es el que les pone ciertos límites. Sin embargo, el estado de
consciencia de los animales no se ha desarrollado en base a un comportamiento erróneo,
como es el caso del hombre, sino que el estado de consciencia de un animal es el estado de
evolución natural momentáneo, el paso de evolución de esta forma de vida.
En oposición a esto, nuestro comportamiento humano negativo está
dirigido contra nuestra verdadera consciencia y la limita cada vez más. Nos limitamos a
nosotros mismos a través de querer tener aquello que calificamos como nuestra propiedad,
que sin embargo es ilusión. Esta ilusión nuestra desaparece con la muerte, pues como
almas no podemos llevarnos nada terrenal, ni bienes ni dinero ni ninguna propiedad.
Nuestro ego, que es nuestro pequeño mundo, es nuestra
"propiedad" y tiene muchas variantes.
Nuestra así llamada "propiedad" puede por ejemplo ser
obsesión de poder, avaricia, brutalidad, deseo de dominio, placer de hacer sufrir a
hombres y animales. Cada hombre se comporta de acuerdo con lo que se encuentra en la
escala de su predisposición humana, de su ego, que se convirtió en su estado de
consciencia a través de su forma de pensar y actuar. El animal por el contrario vive
correspondientemente a su estado de evolución, justamente a lo que en el momento es
activo en su consciencia. Este es el estado actual de evolución, esto es, de consciencia
del animal.
El hombre debería ser
la imagen de Dios: amor, bondad, unidad, benevolencia y libertad. En esta consciencia el
hombre sería uno con los animales y las plantas, con todos los reinos de la naturaleza,
también con las fuerzas elementales, con los astros, con el cosmos, con el universo
y consigo mismo. Por medio de su postura egoísta el hombre se volvió en sí un
ser dividido, perverso y falto de libertad. El intenta inculcar a los animales su
comportamiento anormal y bajo. Sin embargo el animal es libre porque vive de forma
"normal", que corresponde a las leyes de la naturaleza, siendo fiel a sí mismo.
Cada animal lleva conscientemente la libertad divina en sí, la que se va desarrollando en
él peldaño tras peldaño de evolución. En ciclos ya determinados el macrocosmos conduce
al microcosmos, el animal, no importa qué estado de consciencia éste tenga. Por eso el
animal se siente libre.
El hombre también lleva consigo la libertad cósmica. Esta está
tapada sin embargo por la estrechez del ego, por ejemplo por el mundo de los sentidos
aprisionados en lo externo y por su enmarañado laberinto de pensamientos, que algunos
denominan inteligencia.
El amor es la fuente
más elevada del SER. El amor, que el Espíritu creador también ha puesto en el animal,
se reconoce por ejemplo en el amor maternal de los mamíferos. De qué forma tan
considerada y cuidadosa trata la gata a sus crías, una leona que, aunque por ejemplo
persigua a una gacela, entrega a sus cachorros todo su instinto maternal, su dulzura y
cuidado. Estos pueden juguetear sobre su cuerpo todo el tiempo y tanto como quieran; ella
permanece tranquila y se alegra de la vitalidad de sus cachorros. También un mirlo hembra
muestra su sentimiento de madre durante largo tiempo. La cría de mirlo es alimentada por
ella hasta que sea capaz de buscar su propio alimento, y lo hace sin limitación alguna.
También pienso en la lealtad de los animales, como la de los caballos que se entregan
sacrificando su vida, para transportar al hombre a kilómetros de distancia. O bien la
lealtad de un perro que por ejemplo guía a un ciego o intenta rescatar a alguien que se
encuentra enterrado bajo un derrumbe.
Usted podría objetar: nosotros los hombres hemos enseñado esto a los
animales. ¿Pero por qué podemos conseguirlo? ¿Por qué podemos adiestrar a perros por
ejemplo para que sean perros guías de ciegos? Esto sólo es posible porque ese animal y
muchos otros poseen de forma instintiva la inteligencia para satisfacer las necesidades
del hombre, o sea, para servirle. Quien se haga consciente de todo lo que los animales
hacen por los hombres, de cómo a menudo se sacrifican para servir y ayudar al hombre,
debería estar lleno de gratitud hacia ellos. Quien por el contrario haya sido vencido por
las exigencias de su ego, utilizará a personas y animales únicamente para sus propios
fines. Si después de esto él todavía puede ser calificado como imagen de Dios, esto
habría que dudarlo.
En cada animal así
como también en cada planta se encuentra la poderosa fuerza credora, Dios, el eterno
Espíritu universal omnipresente, la Inteligencia universal. Aquel que tenga ya sólo un
poco de corazón para la naturaleza podría intuir en la expresión de un animal, en la
belleza de una planta, en la forma de una piedra o en las sustancias líquidas, que la
Tierra podría ser un paraíso.
Para justificar la explotación desmesurada de los reinos de la
naturaleza a menudo se cita la frase del Creador: Someteos la tierra. (Génesis 1,
28). Sin embargo, la palabra "someter" no significa torturar a los animales,
destruir los bosques y plantas y destrozar todo de lo que el hombre puede disponer. Con la
palabra "someter" se hace referencia al mandamiento de cuidar los reinos de la
naturaleza, sí, toda la Tierra. Se nos ha indicado que tratemos y cuidemos la Tierra con
amor. Se nos ha mandado que respetemos todas las formas de vida en la Tierra, sí, toda la
Tierra, que la apreciemos y amemos, pues todo en todo es la obra del Todopoderoso, el amor
al hombre, al animal, a la planta y a la piedra, sí, a toda la Tierra.
Quien alguna vez haya cuidado a un animal siente que se ha vuelto
internamente más rico y más consciente de la naturaleza. En aquel que por el contrario
instale fábricas de productos animales, o sea mataderos, o los apruebe, lo que se muestra
en que come carne de su prójimo animal, su consciencia se volverá cada vez más estrecha
porque un hombre semejante empobrece internamente.
Todo lo que hacemos por egoísmo se vengará de nosotros según la ley:
Lo que el hombre siembre, es lo que cosechará. Dios es amor. Por amor a los hombres Dios
nos dió la Tierra, la madre que nos alimenta. Quien trate a la Tierra con amor, con
altruismo, con entrega y cuidado, recibirá ricamente de la Tierra y con ello cosechará
también ricamente.
Qué respondería el
párroco de la capilla de San Egidio a los animales si pudiese entenderlos cuando repitan:
¿Por qué no pides donativos de corazón para tu capilla? ¿Por qué permites que nos
maten para renovar una capilla, una iglesia?
La falta de corazón y la frialdad del hombre es nuestro miedo. Nos
espantamos ante el cruel ser de dos pies que es el hombre.
El profeta denuncia:
Los religiosos
responsables de la iglesia de San Egidio invitan a una fiesta de la matanza después de la
misa. Hay salchichas de sangre y de hígado con ensalada, sopa de cerdos descuartizados y
además cerveza. Más de uno pensará: esto no es nada desacostumbrado, es simplemente
algo usual. Está permitido matar tanto a seres humanos como a animales.
Quien tenga corazón puede pensar con nosotros. El sacrificio de sangre
de los cerdos tiene lugar para renovar la capilla de San Egidio. En la capilla de San
Egidio cuelga por una parte la sangre y los gritos de pavor de los animales que sienten
para qué serán utilizados, por otra parte la carne condimentada y preparada que está
empapada de miedo a la muerte penetra en el aparato digestivo de los creyentes. Esto
significa que la matanza criminal de los animales atraviesa de un extremo a otro la
capilla y los creyentes, a los que se puede calificar de muertos en espíritu, ya que
quien hace algo semejante para fomentar la renovación de una "casa de Dios"
(otra expresión alemana para iglesia. Nota de los traductores), sólo puede ser
considerado como un muerto en espíritu.
Los religiosos responsables de San Egidio y sus creyentes son en verdad
ejemplares impresionantes. Los religiosos responsables permiten que los animales sean
matados para renovar su capilla en lugar de pedir simplemente a sus creyentes un donativo
de corazón. La carne culinaria de los cadáveres de los cerdos aparentemente aporta más
beneficios que la petición de un donativo de corazón para la capilla. Seguramente el
corazón de los dignatarios eclesiásticos y de sus creyentes se ha perdido por el camino.
Los corazones de los cerdos aportan más.
Los animales claman:
Sus ojos están paralizados por el sufrimiento, dolor y miedo. Ellos sienten para qué son mantenidos. Sus miradas acusan a los hombres.
¿Por qué nos matáis?
¿Por qué cocináis, asáis y despedazáis nuestro cuerpo? ¿No os ha dado el Creador las
hierbas y los frutos del campo y del bosque? ¿Qué os hemos hecho para que nos
mantengáis en jaulas y nos alimentéis con vuestros desperdicios?
Vuestro corazón es pobre de sentimientos e inmisericorde. Una piedra
contiene la vida; vuestros corazones por el contrario son de piedra. En vuestro pecho
sólo palpita un músculo para vosotros mismos y para vuestro bienestar. Aprended a sentir
compasión poniéndoos en nuestro lugar. Aunque seamos animales vivimos y sentimos de
forma parecida a vosotros, pues la vida es sentir y captar. Nosotros captamos el motivo de
por qué mantenéis a animales.
El profeta denuncia:
El hombre se ha convertido en un bárbaro sin corazón que destruye, derriba y encierra todo lo que podría ser útil a su avaricia. Con ello olvida que algún día él también vivirá en un espacio reducido y sucio o incluso en prisión, pues lo que el hombre ha sembrado es lo que cosechará. Su delito contra los animales se puede comparar con un delito contra los hombres, ya que hombres y animales tienen el mismo hálito, que es la vida, y eso es Dios. El mantener animales para su utilización es igual que el matarlos a conciencia. Es un pecado contra la vida que es Dios.
El animal clama:
¿Por qué todo esto? ¿Por qué me torturáis? ¿Por qué me queréis adiestrar para ser un perro de lucha? Yo soy una criatura del Creador y no un animal para vuestro capricho, para vuestros juegos. Me duele todo el cuerpo, mis músculos y huesos están a punto de partirse en dos. Dolor, dolor por todas partes. ¿Por qué todo esto - qué os he hecho a vosotros?
El profeta denuncia:
El hombre es el hombre
de presa asesino que ha criado a un "terrier" para adiestrarlo y así poder
deleitar sus placeres insaciables de sensaciones con la lucha de perros. Las muchas
imágenes tristes simbolizan claramente como el hombre será ajusticiado según la ley de
siembra y cosecha.
Jesús dijo: Lo que le hagáis al más pequeño de mis hermanos, me
lo habéis hecho a Mí. Sus hermanos no son sólamente los hombres, sino también el
prójimo animal, pues también ellos al igual que los hombres han recibido la vida de
Dios. Lo que el hombre causa a sus semejantes y a los animales se lo está causando a
Cristo.
El hombre interviene en el poder universal de Dios y tortura al mundo
animal. Esto significa que todos aquellos que torturan animales, los adiestran o como
vemos en la foto hacen correr al hermano perro en una banda giratoria, experimentarán
algún día lo mismo o algo comparable en su propio cuerpo.
No os quejéis vosotros torturadores de animales, que sois crueles y
sin corazón, si algún día sois perseguidos durante kilómetros para ser cazados, o bien
sois acosados a través del desierto, si un animal os ataca y os devora, al que habéis
entrenado alguna vez para que devore a los de su raza. No os quejéis si vuestros miembros
os duelen y vuestro cuerpo está cubierto de heridas y llagas. No os quejéis si vuestros
semejantes no tienen ninguna compasión con vosotros, ya que son así como vosotros os
habéis comportado y os comportáis con los animales. Tampoco culpéis a Dios; vosotros lo
habéis causado; sufrís del mismo modo como habéis hecho sufrir a personas y animales.
El animal clamó:
antes de que fuese
obligado a participar en la mortal carrera de caballos con obstáculos al estilo militar. No
tengo la fuerza para resistir lo que vosotros hombres exigís de mí. ¡No tengo los
huesos ni los músculos que permitan a mi cuerpo soportar esto!
¡Tened compasión! El Creador de todos los seres nos ha confiado a
nosotros animales a vosotros, para que nos déis el amor que el Creador también os ha
dado a vosotros. ¿Dónde se ha quedado el amor piadoso hacia vuestro prójimo animal?
¿Habéis cambiado el amor y la compasión por crueldad, brutalidad y asesinato?
Me dirijo a una muerte anticipada a causa de vuestro comportamiento.
¿Cómo acabaréis vosotros algún día, y dónde os encontraréis vosotros algún día
cuando la vida se haya retirado de vosotros hombres?
El profeta denuncia:
¿Dónde se
encontrarán algún día todos aquellos que han montado un animal matándolo de esa forma?
¿Cuándo y cómo se encontrarán con la muerte en la pista de carreras de su vida? Según
la ley de causa y efecto aquel que ha creado semejantes causas tiene que experimentar el
sufrimiento de estos animales también en su propio cuerpo o en el cuerpo de su alma tras
la muerte física, pues todo lo que hagamos, que ha sido precedido por nuestro modo de
pensar y desear, será grabado en nuestra alma y en las células de nuestro cuerpo.
No os sorprendáis, vosotros mis semejantes, si se os rompe la columna
vertebral por causas aparentemente inexplicables. No os sorprendáis ni tampoco claméis a
Dios si experimentáis una rotura de pierna complicada que no quiere curar. No os
sorprendáis si como almas sois cazados por vuestro mundo de deseos, de la misma forma en
que habéis montado animales conduciéndolos a la muerte. No os sorprendáis si como
hombre o como alma tenéis que sufrir y soportar los dolores de aquellos que habéis
torturado, cazado y asesinado de forma cruel, tanto si fueron personas como animales. No
os sorprendáis ni tampoco claméis a Dios ni a personas ni a animales -vosotros mismos
sois los acusados, pues en vuestro cuerpo y en vuestra alma sólo brota la semilla que
vosotros mismos habéis sembrado. Y si pidieseis misericordia y compasión a Dios, pensad
en el Padrenuestro que habéis rezado alguna que otra vez. En él se dice: ... y
perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Si el
hombre sin embargo no alcanza ningún perdón porque no se ha arrepentido de sus
crueldades, ¿qué le será concedido? Sólo aquello que él mismo ha sembrado. Sólo
puede recibir la misericordia y la compasión de Dios el hombre que se arrepiente, pide
perdón y no hace más cosas iguales o parecidas. El que crea que está sufriendo sin
tener la culpa, como alma seguirá sufriendo también después de su muerte.
Los animales claman:
Yo no clamo a los de mi
especie que me han dañado mi vestido de plumas. Cada animal intenta ganar más espacio a
causa de la desesperación y el sufrimiento en la estrechez de los corrales. Esto es un
engaño. Cuando una animal u otro se da la vuelta, parece que hubiese más espacio.
Nuestra vida es la naturaleza. Lo que la vida de la naturaleza nos
ofrece es nuestro alimento. No queremos vuestros cebos bestiales que están tratados para
conseguir más carne, peso y ganancia. Queremos movernos en libertad y comer -sí: comer y
no "tragar"-, lo que nos regala la naturaleza.
¿Acaso no sabéis vosotros hombres que aquello que nos hacéis
recaerá sobre vosotros mismos? El Creador, que es la vida y de quien todos nosotros somos
criaturas, no ha ordenado lo que vosotros hombres practicáis con nosotros. ¿Quién os ha
ordenado algo así?
El profeta denuncia:
¿Quién ha ordenado a los hombres cometan crueldades semejantes y parecidas? El Creador del infinito no nos ha dado ningún mandamiento de este tipo, sino Satanás. El mal se introdujo en los corazones y en el mundo de los sentidos de los hombres. Es el satanás de los sentidos que quiere torturar y matar de forma asesina la Creación de Dios. Para este fin utiliza a hombres sin corazón que son como él, y cada vez hay más de ellos. Pues quien ya no tiene conciencia, tampoco tiene corazón para personas ni animales. Si un día la semilla que él ha sembrado comienza a brotar en un hombre semejante, el "maestro" de la tortura lo deja caer como una piedra. Este ya no le concede más las orgías para los nervios del sentido del gusto, la embriaguez de la gula y las ganas acuciantes de carne como pago e incentivo para que cometa más actos contrarios a la ley de Dios. El, Satanás, el mal, sólo utiliza al hombre para sus fines mientras éste le sea útil. Si la causa sembrada comienza a ser activa en un hombre así, él ya no es necesario ni utilizable para lo malvado. Entonces cae en el vacío.
No os lamentéis, vosotros hombres, si os va de la misma forma que a los muchos animales que habéis tratado, torturándolos y matándolos. No os sorprendáis si vuestros cuerpos están cubiertos de úlceras y llagas. No os sorprendáis si los demás no muestran misericordia. No os sorprendáis si se os arrancan los vestidos del cuerpo y se abusa de vosotros. ¿No habéis dejado también vosotros arrancar el vestido de plumas? ¿No habéis dejado también vosotros matar y asar pollos? ¿No habéis arrancado los muslos de sus cuerpos muertos y asados y los habéis comido o "devorado" chupándoos los dedos? Aquí se plantea la pregunta: ¿Quién come, y quién devora? ¿Es el devorar algo innato de los animales o de los hombres que creen representar valores más elevados que el animal?
Queridos hermanos, observad a un caballo, a una vaca o a un burro cuando pastan en el prado. Y luego miraos a vosotros mismos en el espejo cuando arranquéis los muslos de un pato o de un pollo asado, que son prójimo animal, si ¿coméis o "devoráis"? ¿Quién se encuentra ética y moralmente más elevado en relación al comer y al devorar, el animal o el hombre? ¿Quién puede decir en vista de estos hechos que el hombre se encuentra ética y moralmente por encima del animal? Considerando estos abusos, ¿quién tiene una calidad de vida más elevada, el hombre gordo y obeso que "come" los cadáveres de su prójimo animal, o el animal que tiene que ser sacrificado en los establos, mataderos, en asadores y en sartenes para fomentar la obesidad y el bienestar del hombre "ética y moralmente más elevado"?
Los animales claman:
¿Por qué, por qué
estos actos crueles? ¿Es esto lo que el Espíritu de la naturaleza, el Espíritu creador,
os ha enseñado? Sufrimos torturas indecibles, pues ¿quién desea ir al poste de martirio
o incluso ser colgado vivo por las patas?
¿Cuándo van a comprender los hombres que nosotros sentimos, y que por
ello sufrimos? Vosotros sólo nos atribuís el instinto. Pero el instinto también
pertenece a la capacidad de captar. Nosotros captamos lo que nos hacéis y quién o qué
viene a nosotros. Nosotros no huímos de los hombres sin tener un motivo. Instintivamente
captamos quién es el hombre y las intenciones de algunos.
El profeta denuncia:
Estos pavos son
colgados vivos por las patas. Estimados semejantes : colgaos de las vigas de vuestros
techos por las piernas para experimentar cómo le va a nuestro prójimo animal. Hasta poco
antes de perder el conocimiento podéis captar cómo os va y qué sentís, y si aún
todavía después de esto queréis comer carne de pavo o de otras aves, no os defináis
más como hombres, sino como anormales fieras feroces de dos patas.
Alguno podría objetar ahora que los hombres son la imagen de Dios y
ninguna fiera feroz anormal de dos patas. Una de las posibles respuestas podría ser:
Muchas de estas "imágenes de Dios" se han entregado al mal, que no persigue
otra cosa que torturar y matar a las criaturas de Dios, transformando también a animales
y plantas mediante cruzamientos. La así llamada imagen de Dios, el hombre, permitió ser
transformado por el mal hasta que de la imagen de Dios se convirtió en la imagen del mal,
del que los animales huyen y las plantas se retiran.
A largo plazo el mal no vencerá, ya que la semilla de lo bueno perdura
también en el mal. El bien superará el mal, aunque sea después de que el hombre haya
saboreado, que es lo mismo que caminado, por su mala siembra durante muchas encarnaciones,
hasta que reconozca que debe convertirse en la imagen de Dios, que él es en el fondo de
su alma, en lo más profundo de su alma. Quien se haga consciente de que él es la imagen
de Dios empezará también a amar animales, plantas y minerales y entonces la Tierra
podrá respirar aliviada.
Los animales claman:
No soy ningún pavo
tonto (insulto usual en alemán. Nota de los traductores), no importa lo que se diga sobre
mí.
El espíritu de la naturaleza me ha provisto de inteligencia. De forma
instintiva capto lo que me acontece. Mi raza es sólamente "mantenida" de muchas
maneras sólo para ser sacrificada a la gula del hombre. Nosotros los animales preguntamos
una y otra vez: ¿por qué torturáis vosotros hombres a vuestro prójimo animal? ¿Se ha
apoderado el mal de todos los corazones de los hombres? Nosotros los animales también
queremos vivir nuestra vida, como lo hace también cualquier ser humano.
Vosotros hombres recibís muchos dones de la naturaleza durante todo el
año. ¿Por qué tenéis que cebarnos a los pavos para comer nuestro hígado como paté?
La crueldad del hombre es nuestro destino. Nosotros no tememos a la
muerte cuando nuestra vida está realizada y tiende a una nueva existencia. Nuestro terror
es el ser matados con indiferencia y frialdad por nuestro prójimo hombre, quien debería
cuidar y amar la Tierra y todo lo que ella alberga. Nosotros, vuestro prójimo animal,
deseamos ir a vuestro encuentro como amigos, como hermanos. ¿Y vosotros? Nosotros no os
hemos hecho nada. ¿Por qué nos hacéis esto?
El profeta denuncia:
Los animales no le han
causado ningún dolor a los hombres. ¿Por qué causan los hombres un sufrimiento tan
indecible a los animales? La gran masa humana no tiene ningún ejemplo a seguir. Los altos
dignatarios de la Iglesia, quienes deberían ser un ejemplo de ética y moral para los
hombres, se volvieron desalmados y resbalaron por el tobogán del ego. Por ejemplo en
Navidad ellos bendicen a sus creyentes con el estómago lleno de paté de hígado. Ellos
hablan por cierto de atenerse a una cierta norma en la mantención de animales y de la
matanza de estos, pero cualquier norma ya es demasiado, pues si un animal sufre tampoco se
puede hablar más de atenerse a las normas. ¿Quién quiere justificar la norma, esto es
el animal que sufre, ante su Creador? ¿El alto dignatario o los "Libros de
Moisés"?
Los "Libros de Moisés" no contienen en muchos de sus
capítulos la palabra de Dios a través de Moisés, sino crueles instrucciones de los
sacerdotes de entonces, quienes suplantaron sus excesos y sus cultos paganos
atribuyéndoselos a Moisés. Las ideas sangrientas de los sacerdotes de entonces son
superadas con creces por la forma de pensar del hombre actual, incluyendo a sus ejemplos,
los dignatarios eclesiásticos. Lo que los representantes eclesiásticos manifestaron en
su obra de enseñanza y de comportamiento, el catecismo, sobrepasa en la práctica a
menudo el grado de crueldad del Antiguo Testamento. El Antiguo Testamento, así dice el
catecismo católico, se consuma en el Nuevo; el Antiguo Testamento ilumina el Nuevo, y
viceversa. Que se fuese a volver tan "claro"-oscuro, sí, incluso tenebroso, no
se lo habría podido imaginar ninguna persona de carácter.
El animal clama:
Me habéis implantado
la muerte, miseria y cada vez más miseria, aflicción, cada vez más aflicción, dolor y
sufrimiento indecibles. ¿Qué os aporta todo esto? ¿No oís vosotros hombres? ¿Es que
no véis? ¿Es que no sentís? Vosotros hombres, poneos por una vez en mi situación, en
mi lugar. No soy el único que tiene este destino. Millones de ratas y ratones claman al
igual que yo. ¿No escucháis el llanto, los gritos, las quejas, el dolor de vuestro
prójimo animal?
¿Cuál será vuestro clamor algún día?
Pensad en ello: crueldad no trae otra cosa que crueldad al hombre que
es cruel. Me asusta la frialdad de corazón de los hombres.
Ahora "investigáis" en mi cuerpo explotado, destrozado y
muerto para encontrar la prueba de lo que habéis pensado. ¿Cuál será el resultado de
vuestra vida?
El profeta denuncia:
Los hombres deben ser
la imagen de Dios. Una gran parte de la humanidad se ha convertido en la imagen de su
destino, ya que la tortura y el sufrimiento del prójimo animal se convertirán en la
tortura, el sufrimiento y de muchas formas también en la muerte cruel del hombre.
Quien ya no tenga más conciencia está espiritualmente muerto, pues en
su corazón es insensible, sordo e indolente frente a la vida, que en verdad es una parte
de cada hombre. La balanza de la vida sopesa de forma exacta; ella sopesa de forma justa.
¿Cuál será mañana el destino de los que torturan y matan animales?
¿Qué impulsa al hombre a actuar tan inhumanamente? ¿Cree el hombre
que la crueldad puede traer buenos frutos? Quien crea que fama y honor en el trabajo de
investigación científica traen a la larga beneficio para su alma está viviendo un
engaño. Puede que el hombre "famoso" lleve hoy un sombrero de doctorado,
mañana llevará un manto negro de muerto, tal y como se ha vuelto su alma.
Muchos han
"sacrificado" el calor del corazón a la "ciencia". Pero si sin
embargo se tratase del propio gatito o del perrito faldero tan simpático que deben ser
sacrificados a la ciencia, ¿qué dirían los "propietarios"? Seguramente se
indignarían, pues algo así no se les puede hacer a estos animales. Quien sea de la
opinión de que los otros animales sienten de forma diferente que el gatito o el perrito
faldero, ha perdido su corazón por los caminos del egocentrismo.
Hagámonos al fin conscientes: cada hombre cosecha sus frutos, y
también los tendrá que comer. Para algunos estos serán muy, muy amargos.
El animal clama:
¿Creéis vosotros
hombres que no sentimos lo que se nos avecina cuando nos amontonáis en los camiones que
nos han de llevar al matadero?
¿Conocéis el horror, el espanto, el pánico ante lo que supera toda
facultad de comprensión? ¿Pensáis acaso en algo vosotros hombres en el momento en que
véis un transporte de animales? ¿Sentís acaso lo que significa estar expuesto a la
muerte a manos del poderoso hombre dominador?
Muchos hombres se han vuelto portadores del terror, en cuyos ojos
llamea una violencia brutal, frialdad e inmisericordia. Nos aterrorizamos ante aquellos
que deberían amar la Tierra y todo lo que ella alberga, la vida. ¿Cuántas cosas hace el
hombre por un bocado de carne? ¿Cómo es si os ponéis en el lugar de mi cuerpo
despedazado para vuestra comida? ¿No tenéis ya ningún sentimiento? ¿No sabéis que
coméis una parte del cuerpo despedazado y torturado hasta la muerte de un animal que fue
obligado por vosotros a convertirse en un cadáver con el cual os deleitáis y os
regocijáis con un buen apetito y el deseo de que sepa bien?¡Que os aproveche!
Entre otras cosas también coméis aquello que se encuentra impregnado
en la carne preparada con especias, como por ejemplo miedo, pánico, sufrimiento y dolor.
Lo que entre en vosotros tomará también lugar en vosotros. Algún día nuestro miedo
será el vuestro. También vosotros sentiréis algún día lo que significa el pánico.
Quizá entonces comprenda uno que otro torturador y asesino de animales lo que hoy
considera y desprecia como a una cosa.
El profeta denuncia:
Las sensaciones y
sentimientos de los hombres son energías al igual que sus pensamientos, palabras y actos.
Estas energías no se disipan. Ellas permanecen en aquellos que las han creado. Los
causantes, por ejemplo los culpables, pero también los cómplices de los torturadores y
asesinos de animales, lo sentirán en su propio cuerpo según la ley: lo que el hombre
siembra, es lo que cosechará.
Cómplices son todos aquellos que consienten en silencio la tortura y
matanza de animales y sacan provecho de ello. Repito quizá alguna repetición
consigue derretir uno que otro corazón que se ha convertido en hielo : la carne de
las criaturas maltratadas está traspasada por su miedo, su desamparo, su sufrimiento, su
horror, su espanto. Estas energías tampoco se disuelven en la nada al preparar un plato
de carne. Al entrar en el aparato digestivo del que come la carne, estas actúan en otros
ámbitos del cuerpo, como por ejemplo en la sangre, en los nervios, en los músculos, en
los órganos, en los fluidos del cuerpo físico, pero también en el ánimo. Mientras el
cuerpo duerme, ¿dónde estarán las almas del culpable y del cómplice durante la noche,
la del torturador de animales y del que saca su provecho de ello? Tal vez se despierte el
uno o el otro empapado en sudor, perseguido en sueños, amenazado por una fuerza
inexplicable.
Más de uno pensará: "una pesadilla". Hoy como hombre él
tal vez se desprende de las impresiones que el sueño le ha transmitido y las ignora. Pero
esto ya no es más posible como alma en el más allá. La situación una vez soñada se
vuele allí real, el alma tiene que aprender de su falta cuando era hombre. La pesadilla
de ahora se vuelve realidad, lo que significa una expiación llena de dolor.
El animal clama:
¿No le ha regalado
Dios al hombre todo lo que éste necesita para vivir? ¿No existen fibras de plantas y
algodón para una vestimenta contra el frío? Hombres ladrones que torturan y matan me han
quitado la vida de forma bestial. ¿Para qué? Mi vestido, mi piel, me era necesaria para
poder vivir. ¿Es mi piel para vosotros necesaria para vivir?
Yo hubiese vivido con gusto mi vida tal y como me la ha dado el
Espíritu creador de la naturaleza. Me la habéis quitado de una forma brutal. ¿Cómo se
puede responsabilizar por ello el hombre, a quien le fue confiada la Tierra y todo lo que
ella alberga para que la ame y respete? La luz más grande debe servir a la más pequeña.
En muchos hombres nosotros los animales apenas si captamos la luz; sólo sombras oscuras y
el chisporroteo estridente de sensaciones, pensamientos y pasiones agresivas. ¿Cuándo
van a acabar tanta tortura y matanza de animales?
El profeta denuncia:
¡El hombre, el "ser dotado de raciocinio"! El "ser dotado de raciocinio", el hombre, podría tener la siguiente excusa para justificar su tortura y matanza de animales: algunas especies de animales devoran incluso a los de su propia especie, o sea a animales. Hagámonos conscientes: ningún animal sano mata para apropiarse de la piel de su hermano animal. Esto sólo lo hace el hombre "que ética y moralmente está por encima de todo", que se designa como la coronación de la Creación y que sin embargo se convirtió en lobo feroz en piel de cordero.
A quien ha aprendido a observar no le sorprende que precisamente los ricos, que son los que llevan abrigos de pieles, a menudo sientan tan poco calor en su fría pomposidad. A muchos hombres, precisamente a aquellos que tienen que ostentar de su "fría pomposidad", de sus bienes, ya que pueden mostrar muy pocos valores internos, les falta claridad para pensar. Tampoco se puede apelar entonces al sentido común a que capte algunos procesos y legitimidades cósmicas. A aquellos pocos que aún las puedan captar, sea dicho:
La vida de los animales
como la vida de los hombres es la vida que es Dios. Dios es la vida y Dios la
ha dado a todos los hombres, animales y plantas. La Tierra es vida de Dios. Al hombre le
ha sido mandado mantener la Tierra con amor, y con ello todo lo que ésta alberga. Dios no
le ha indicado al hombre que ultraje el planeta y torture y mate todo lo que se encuentra
en él para sacrificarlo a su ego. Lo que los hombres hagan con la Tierra, con la vida de
la naturaleza y con su vida es asunto de ellos. El actuar de cada uno será su dicha o su
desgracia, pues lo que el hombre siembra es lo que cosechará.
Nuestra existencia física y la de todas las formas de vida de la
naturaleza es un don de Dios. El hombre toma mucho más de lo que él por ejemplo le da a
la madre tierra. Esto significa irremediablemente la explotación de la Tierra y la muerte
de la raza humana que se vanagloria de sí misma, de una sociedad que realmente se ha
vuelto una sociedad de brutales ultrajadores y ladrones, asaltantes y asesinos de la madre
tierra.
Hagámonos conscientes: los animales viven en armonía con la Tierra,
con la naturaleza. Una gran parte de la humanidad se comporta como una bestia criada en la
inmundicia del Yo, que todo lo destruye y se lo traga.
Quien encuentre presuntuoso lo que he escrito se podría plantear y
también responder a sí mismo la siguiente pregunta: ¿Qué le da el hombre a la Tierra
en amor y benevolencia? La foto ha mostrado de nuevo cómo lo hace el hombre: la masa
humana roba, arrasa, asesina, lo toma todo para sí en beneficio de su ego; a la Tierra le
da los desperdicios, el "resto" que para el egoísta es sin valor, que en
determinadas circunstancias, como se acaba de ver en la foto, ayer aún era vida.
¿Es este cuerpo muerto, por ejemplo el de la nutria, el producto de
desecho de una muerte o de un asesinato? Decídase usted como quiera. Una cosa sí que es
segura: la joven nutria no puede vivir la vida tal y como la naturaleza y el Creador lo
tenían previsto, ni puede cumplir su tarea de desarrollar sus fuerzas. La madre tierra
aún da y da, una oportunidad tras la otra, también para nosotros los hombres. ¿Cuánto
tiempo aún?
Este es el hombre cruel
Esta es la bestia
cruel, esto somos nosotros, y éste será el sufrimiento de los hombres hasta que hayan
aprendido a no sólamente "tener afecto" a la naturaleza para sí personalmente
como lo manda el catolicismo, sino a amarla de verdad.
Las palabras "tener afecto" están en contradicción total
con el amor a Dios, que es el amor al prójimo. "Tener afecto" significa hacer
diferencias entre el uno y el otro. "Tener afecto" también puede significar el
considerar al prójimo animal como algo inferior. Si el hombre, que debe ser la imagen de
Dios, no aspira al amor a Dios y al prójimo, a lo que se considera inferior, por ejemplo
al animal al que sólamente se debe "tener afecto" se le pegará, torturará y
matará ... "Yo siento afecto por el cerdo, porque a mí me gusta la carne de cerdo
asada". O bien: "Con gusto le arranco el muslo a un pollo asado, porque lo como
con placer".
El amor de Dios, que no quiere nada para sí, sino que lleva al
prójimo humano y al prójimo animal en el corazón como una parte de sí mismo, es el
mandamiento de la verdadera vida, sin dolor, sin sufrimiento, sin muerte espiritual.
El Antiguo Testamento
se consuma en el Nuevo, dice el catecismo católico. ¿Pero cuándo encontrará su
consumación? ¿En el momento en que al hombre le vaya así como él trata a los animales?
Entonces el final del hombre se habrá consumado. Los animales vivirán en libertad y el
león dormirá junto al cordero.
El uno o el otro puede plantear aquí la pregunta de quién tiene la
culpa. Por una parte es la casta sacerdotal ignorante y fanática que hasta nuestros días
no enseñó a los hombres lo que querían Dios y Jesús. Por otra parte la falta de
sensibilidad y la limitación de los hombres, de aquellos que por ejemplo permiten que
otros, por ejemplo la casta sacerdotal, dominen sobre ellos.
Muchos amigos de los animales ya están colaborando para que podamos repartir este escrito gratuitamente. Si Usted desea que también pueda llegar a otras personas, tiene la posibilidad de ayudar a una más amplia difusión enviando su colaboración a alguna de las direcciones de los países indicados a continuación:
en España:
Apartado 8458, 28080 Madrid
Caja del Mediterraneo, No de cuenta: 20900172650040276275, Finalidad: Profeta 15
en Chile: Casilla 2969, Santiago 1
en Colombia: Apartado Aéreo 57021, Bogotá
en Venezuela: Apartado 50546, Sabana Grande, Caracas
en Perú: Apartado 0552, Limall
indicando como referencia: "para El Profeta 15"
¡Muchas gracias!