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Hijo Mío, aunque dudes o seas incrédulo – Yo hablo. Pues Yo Soy el Dios que habla en lo profundo de tu alma. Yo Soy el Dios que habla en todos los soles y astros; Yo Soy el Dios que habla en cada planta, en cada piedra, en cada animal. Yo Soy el Dios que habla en cada gota de agua, en cada irradiación de los astros. El infinito, el universo, Soy Yo; y tú, hijo Mío, llevas como esencia todo el infinito, todo el SER, en ti, en lo más profundo de tu alma. Hijo mío, reconoce las profundidades de tu vida interna y siénteme en ti. Hazte consciente de que jamás estás sólo ni abandonado. La fuerza primaria y la fuerza de Cristo tienen efecto en ti y te irradian incansablemente. Debes saber, hijo Mío, que tú estas fusionado con el poderoso universo, que es tu hogar eterno; pues tú eres un hijo del infinito, un hijo del universo. Mira, cuando te visualicé, creé y te di como ser de la luz a las esferas celestiales, también inhalé en ti la libertad. Ser libre significa vivir la ley del amor, la ley del universo. Quien vive la ley del amor, la ley del universo, tiene también absoluta libertad de movimiento en todo el infinito. Al ser puro nada le es extraño. El ser puro puede usar cada irradiación del infinito, porque cada irradiación es activa en él, siendo por tanto perfecta. A raíz de la Caída, al haberse cargado el alma, el ser espiritual se estrechó más y más, disminuyó en irradiación, se entregó a la voluntad propia de ser más que Dios; todavía más, ser igual a El, para entonces estar por encima de El. De este modo los seres cargados se crearon su propia ley, vosotros la llamáis la ley de siembra y cosecha. Aquel que vive en esta ley de siembra y cosecha, es pecador, y mientras más peque, tanto más se apartará de la ley eterna, de la ley universal del amor; y con ello de Mí, su Padre. El Padre, que Yo Soy, le será entonces extraño. Es un Dios que está muy lejos, tal vez incluso el Dios que castiga y azota; porque tus propias causas se hacen efectivas y tú me las atribuyes a Mí. A raíz de ello surgieron el miedo, el odio, las disputas y muchas cosas más. Cada vez más pecaron muchos de Mis hijos. Cada vez más se enredaron en los hilos de la ley de siembra y cosecha. Cada vez más cayeron, cayeron y se apartaron de la luz interna. El amor, que Yo Soy, fue tras ellos a través de los profetas. En todos los tiempos hablé a través de boca profética, porque muchos de los Míos, que se habían entretejido en la ley de siembra y cosecha, ya no Me podían entender, ni siquiera captar.
Estas manifestaciones las puedes adquirir en forma de libro o cassette.
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