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Energía:
Más de la tercera
parte de todas las materias primas y de
los combustibles fósiles en los EEUU se
utilizan para la crianza de animales
para el consumo humano.
Efecto
invernadero:
La producción de
carne libera grandes cantidades de
dióxido de carbono,
especialmente por las quemas
forestales. Además, los animales
producen energía oxidando los compuestos
orgánicos que contienen carbono, lo que
conduce a la liberación de dióxido de
carbono (CO2) y agua. El 21% de la
emisión total de dióxido de carbono que
se asigna a la actividad humana proviene
en realidad de los animales que nosotros
mismos comemos.
«Para bajar la densidad de dióxido
de carbono en la atmósfera, no es que se
deba quemar menos petróleo y gas, sino
que la humanidad debería cambiar sus
costumbres alimenticias: Si todos los
seres humanos fuesen vegetarianos, se
podría controlar el calentamiento
global.», escribe el físico
británico Alan Calverd en la publicación
Physics World.
Además, las
ganaderías vacuna y ovina esparcidas por
la superficie terráquea son responsables
de una cuarta parte del total de
emisiones de gas metano sobre la Tierra,
pues debido a la
cría de ganado se producen anualmente
115 millones de toneladas de gas metano.
Una oveja produce siete kilogramos de
metano al año y una vaca llega hasta los
114 kilogramos. El gas metano es 21
veces más activo que el dióxido de
carbono en la formación del efecto
invernadero.
El director del
Instituto para el Clima, Medio
ambiente y Energía de Wuppertal
(Alemania), Ernest U. v. Weizsäcker
constató que: «La
contribución de la cría de ganado vacuno
sobre el efecto invernadero es de similar
magnitud a la contribución total del
tráfico de automóviles, si
incluimos a esto la deforestación para
la formación de pastos para el ganado
vacuno y para la producción de
forraje... y la conversión de sabanas en
desiertos, la erosión en zonas de
montaña, la excesiva necesidad de agua
del ganado vacuno, las gigantescas
necesidades energéticas del ganado de
engorde.»
Eso lo comprobó
también la Enquete
Kommission, una comisión de
investigación del Parlamento alemán para
proteger la atmósfera terrestre:
«Por medio de una
disminución del consumo de carne en una
medida adecuada para la salud, se podría
evitar una cuarta parte o más de las
emisiones que dañan el clima. La
transición hacia una alimentación más
orientada a los productos vegetales,
abriría con esto incomparablemente el
mayor potencial de ahorro (equivalente a
100 millones de toneladas de dióxido de
carbono) en el sistema alimenticio. Más
aún, los costos económicos resultantes,
provocados por las enfermedades causadas
por la mala alimentación (anualmente 25
mil millones de euros), se podrían
reducir enormemente. En relación a la
contaminación climática habría que
destacar que en la producción de
alimentos que contienen carne (p. ej.,
albóndigas) se libera una cantidad de
dióxido de carbono trece veces mayor que
en la producción de alimentos que no la
contienen (p. ej., albóndigas de
cereales).»
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«La
concentración de metano en la atmósfera
prácticamente se ha multiplicado por 6
en los últimos 50 años», declara
el profesor Winfried Drochner de la
universidad de Hohenheim. «Esta
concentración de metano provoca en una
quinta parte el efecto invernadero».
«También en la ganadería tenemos una
posibilidad de luchar contra el
calentamiento global». En realidad las
reses vacunas, al ser una de los mayores
productores de metano, han contribuido
en un 4% en el cambio climático. Y con
tendencia a aumentar.
(Welt online,
15.03.2007)
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El ser humano
productor de CO2
... El "balance climático" personal
muestra algunas sorpresas, sobre todo en
lo que respecta a cómo se alimenta cada
uno. Los vegetarianos y las mujeres, que
comen relativamente poco (unas 2000
Kilocalorías al día), se muestran en la
práctica como protectores del medio
ambiente. Con su forma de alimentarse
producen anualmente sólo entre 0,65 y
0,98 toneladas de
CO2. Una persona que come
carne por el contrario causa anualmente
1,82 toneladas de CO2, según
cálculos de la oficina de Medio Ambiente
del gobierno de Baviera. La diferencia
es tan grande que los vegetarianos y las
mujeres podrían tranquilamente hacer ida
y vuelta en avión desde Alemania hasta
Mallorca, y su balance de CO2
seguiría siendo más favorable que el de
las personas que comen carne.
(Spiegel
online, 09.03.2007) |